¿Te gustaría tener un equipo más productivo? Las 4 dimensiones del Gobierno de personas en el futuro

Resumen de artículo publicado en Harvard Deusto Business Review, Febrero 2017

Gran parte de los profesionales que tienen el encargo de liderar personas no se dan el tiempo necesario para abandonar su zona de confort, cuestionar si la manera en que actúan es la correcta y, menos aún, para diseñar una estrategia para desarrollar al máximo el potencial de sus equipos. El modelo que aquí se propone se enfoca en cuatro prácticas fundamentales a la hora de gobernar personas:

1.    conocerlas,

2.    motivarlas,

3.    desarrollarlas y

4.    exigirles

La función principal de cualquier líder es sacar a relucir la mejor versión de las personas que tiene a su cargo, hacerlas crecer y conseguir que esas mejoras se mantengan incluso en su ausencia, alineando esta estrategia con los objetivos de la empresa.

1. Conocer al equipo

No es fácil conocer la realidad personal de cada uno de los miembros del equipo y no podemos darlo por sentado. Se les conoce en el día a día, con el trato cercano.

Juan Fernando Sellés, filósofo español, dice que quien dirige da una orden según su personalidad y quien la obedece, la cumple según la suya, lo cual nos obliga a conocer lo que es común a todas las personas, y lo que es personal de cada una. Esto nos lleva a reflexionar sobre la relevancia de conocer a cada uno de los miembros de nuestros equipos y sus modos de ser.

2. Motivar al equipo

Escuchar también es ponerse en los zapatos del otro para intentar comprenderle y entender su posición. Solo desde allí, conociendo sus intereses reales, se puede plantear una estrategia de motivación. A unos les motiva el dinero; a otros, su línea carrera; a otros afrontar los retos de la posición que ocupan; un horario flexible o autonomía, etc.

Al final, no es el trabajo realizado lo que importa, sino el significado que tiene para uno mismo. La gente no se compromete si no tiene un motivo para hacerlo y, como líder, se debe ayudar a los trabajadores a encontrar sentido a su trabajo y a cumplir con la estrategia mediante acciones bien definidas y concretas.

3. Desarrollar al equipo

Para desarrollar al equipo, el líder debe definir cuales son las competencias necesarias para asegurar los resultados y la sostenibilidad de la empresa en todos sus reportes directos, que lo harán a su vez, con las personas que tengan a su cargo, generando así un efecto cascada. Luego de ello determina un plan de acción para implementarlo y finalmente, identifica y evalúa los puntos de mejora. Todo esto debe medirse de forma regular.

4. Exigir al equipo

Para cerrar el círculo es necesario generar una cultura de exigencia, lo cual se traducirá en buenos resultados. Pero, para ello, no hay que enfocarse en el fin, sino en el proceso: que el equipo tenga el talento, que se esfuerce y que dicho esfuerzo se combine con la perseverancia para terminar lo que se empieza y con la paciencia para tener la tranquilidad de que, si se está haciendo lo correcto, los buenos resultados caerán por su propio peso.

Aquí, el papel de la exigencia es vital. Hay que exigir que el proceso se desarrolle con el mayor nivel de rigurosidad, aplicando los valores mencionados. Un ejemplo: los mejores entrenadores del mundo lo son por que no les tiembla la mano a la hora de exigir, y porque llevan al limite a sus deportistas para sacar lo mejor de ellos. Pero es una exigencia desde la cercanía en el trato, sin dejar de ser estricto con las funciones y amable con los resultados. Y es que exigir tiene mucho que ver con querer lo mejor para la empresa, para la otra persona y para uno.

Conclusiones

No existe un manual perfecto para gobernar personas, sin embargo, no por ello, podemos dejar esta tarea tan importante al azahar.

Los resultados son una feliz consecuencia de una buena gestión de las personas. Hay que centrarse en la gente. Vivimos y trabajamos con personas, y ellas serán las responsables de los resultados del futuro que tanto nos preocupan.

Somos responsables de la vida de nuestros equipos. Por ello, nuestra principal función es formarnos bien primero para luego ayudarlos a ellos.

Necesitamos desarrollar políticas más adaptables a la realidad de cada uno de nuestros colaboradores. El “One size fits all” no va más. No se trata de ver números, sino personas. Ya lo decía Ernesto Sabato, “¿Por qué el hombre no evoluciona?” Porque cambia la tecnología pero no el corazón.

Dirigir empresas no es cosa de definir si se hace una cosa o la otra, es cuestión de ver más allá de lo evidente, ser ambidiestros y pensar cómo hacer una cosa y la otra. Los invito a salir de su zona de confort y a liderar sus vidas y luego las vidas de las personas que nos acompañan en el viaje de la vida, con seguridad, nos dará grandes satisfacciones. ¿Lo intentamos?captura-de-pantalla-2017-01-31-a-las-19-47-16

Feliz Navidad!!!!

1490alorenzo_costa“Los dos días más importantes de tu vida son el día que naciste y el día en el que descubres para qué naciste.” MT. Quizá hoy es un buen día para recordar para que vino Jesús al mundo – su vida fue su mensaje – y pedirle ayuda para imitarlo y darle un sentido a la nuestra. Nunca es tarde para convertirnos en lo que siempre quisimos ser. Ya lo decía Tagore “El hombre que soy saluda llorando a aquel que quisiera ser.” No hagamos concesiones en lo urgente e importante. Este 2017, recuperemos una manera de vivir que merezca más la pena.

¿Por qué las esposas son tan difíciles de amar?

wb1_the-five-year-engagement-movie-posterComienzo aclarando que este no es un artículo de “Casos del corazón”. No es el foco de lo que escribo, sin embargo, es un tema que me interesa mucho porque resulta que no somos robots, sino personas con alma, cabeza y corazón y en la medida en que tengamos un buen matrimonio, podremos vivir y trabajar mejor. El matrimonio es el proyecto más importante que tenemos, por lejos. Sí, más que nuestro trabajo. Es muy difícil que alguien que le dedique su vida al trabajo, tenga una buena familia.

Pues bien, ¿Quién en su sano juicio no se ha planteado alguna vez por qué le resulta tan difícil amar? (porsiacaso me refiero a esposas Y esposos). ¿No es lo más natural que los esposos se amen? ¿Por qué se iban a casar si no fuera así?.

Pensamos que no hace falta preocuparnos del matrimonio. Nunca, ni en los mejores días, hay que dar nada por supuesto. Desde el primer momento hay que cuidar ese amor para que crezca y se haga cada vez más fuerte.

Nadie se casa para separarse. Nadie decide amar a otra persona para hacerla infeliz. Brad Pitt y Angelina Jolie tenían la receta perfecta para el matrimonio feliz y para siempre: dinero, apariencia física, fama, poder… y se acabó. ¿Qué pasó? A lo mejor no son los ingredientes más importantes y apostar solo por ellos puede ser el error más grande de nuestras vidas.

Es más importante el obsesionarse con hacer feliz al cónyuge, no solo con grandes cosas, sino sobretodo, en los detalles diarios (que son por lo general una tarea más difícil), y esto, a pesar de que muchas veces las cosas se pongan feas. Y es que es bien ingenuo pensar que una vez que dos personas deciden casarse, todo irá bien.

Es como la chica que le dice a su enamorado: “Casémonos y vivamos felices”. El la mira y le dice, “Mujer, Decídete!”

Hay aspectos de la vida que de tan naturales no se les presta mucha atención. Pareciera que su desarrollo y crecimiento fueran automáticos. Así pasa con el amor matrimonial. Es curioso que en esta vida nos preparamos para todo, para la universidad, para el éxito profesional, hasta para viajar nos informamos, sin embargo en el matrimonio procedemos al azar.

Nuria Chinchilla profesora del IESE y Fundadora del movimiento mundial de “Empresas familiarmente responsables”, decía que cuando desaparecen los fuegos artificiales del flechazo y posterior enamoramiento tiene que haber una decisión de amar, y de mantener ese amor. El amor es como un fuego, que hay que avivarlo día a día, sino se apaga. Siempre habrán tentaciones (estamos casados pero no muertos), pero vale la pena luchar con todo. Si no blindamos el matrimonio, cada vez amaremos menos, cada vez habrán más fracasos.

Cuando amar resulta sencillo, todos somos capaces de hacerlo, pero ese amor aguanta poco. Después de los primeros años, dedicar un tiempo a reflexionar, darnos cuenta de nuestros errores y aplicar remedios prácticos es vital para relanzar nuestra relación. Bien dicen que para salvar matrimonios, es preferible un año antes que un día después.

Uno de estos remedios es controlar nuestros pensamientos. Nuestra imaginación es la responsable del amor, no la otra persona. Muchos problemas de “crisis” sólo existen en la cabeza de quien los piensa que al no tener un dominio de su imaginación, provoca que realmente contaminen el matrimonio.

Debemos tener en cuenta que no nos hemos casado con una persona sino con tres. La persona que pensamos que es, la persona que realmente es, y la persona en la que se va a convertir como resultado de estar casada con nosotros. Y ello implica que necesitamos amoldarnos a las 3 y no solo a la primera. Nuestras parejas no son perfectas, pero (pequeño detalle), nosotros tampoco! No existe la perfección acá abajo, y mal hacemos cuando la exigimos en el otro y peor aun cuando nos frustramos al no encontrarla. Si se espera demasiado del matrimonio, necesariamente se acabara desilusionado. Así se explican muchos divorcios. Pero ojo, tampoco hay que rendirse en la tarea de sacar lo mejor de nuestros cónyuges.

Los matrimonios como el de mis padres, felices, con más de 50 años de casados, no son fruto de la buena suerte, son hijos del esfuerzo, la disciplina, el compromiso, el no darse por vencidos cuando hay temporales, y sobre todo de un amor sincero que busca el bien en el otro.

¿Nuestro reto para el 2017? Enamorarnos muchas veces… de la misma persona.

Las reglas de la vida

reglas-de-la-vidaEn una leyenda de los nativos americanos, un viejo Cherokee daba lecciones de vida a su nieto: En mi interior tengo una pelea terrible entre dos lobos. Uno es malo, orgulloso, mal intencionado y mentiroso. El otro es bueno, alegre, servicial, humilde y luchador. El nieto preguntó -¿Qué lobo ganará?-. -El viejo contestó – “El que tú alimentes”. Lo mismo pasa con la vida. Hay una lucha permanente en nuestro interior entre esos dos lobos.

Un partido de futbol, un trabajo, un club, tienen reglas. Pues la vida también las tiene y cuanto antes las entiendas, aceptes y gestiones, mejor te irá. Que difícil intentar resumirlas en un artículo de 600 palabras. Acá van mis preferidas:

  1. Camina siempre con las luces altas, con la mirada a largo plazo, con un propósito y un porqué. La vida tiene que ver más con el viaje, que con la meta. Es incierta. Nada es seguro ni para siempre. El futuro pertenece a la gente que acepta y gestiona la incertidumbre, el hábitat natural del ejecutivo.

Siembra para cosechar luego. Los valores (esfuerzo, perseverancia,                           paciencia) se cosechan para usarlos en momentos difíciles. Son la                             mejor arma para luchar.

  1. Entiende la realidad hoy, aquí y ahora. No te pelees con los hechos. No transformas una realidad que minimizas o disimulas, solo si la reconoces y haces las paces con ella.

Aprende a vivir en el hoy, ese regalo. Mañana será mejor si gestionas                       mejor el presente. ¿Qué sentido tiene vivir en un ayer que se fue?                             Nos aferramos a sueños que nunca se realizarán. Saber cerrar                                   páginas dolorosas de nuestra historia es un arte que pocos dominan.                       Y el otro   extremo, el mañana, es el tiempo de los que no tienen                               tiempo.

  1. Aprende a perder y pierde para aprender. Gestionar los momentos felices y las derrotas, que se entrecruzan con mucha facilidad. En la vida ganamos y perdemos todo el tiempo. Por lo tanto, el que viva obsesionado con ganar y no contempla la posibilidad de perder, pues ya perdió. Muchas veces la pérdida, el error nos da un mayor aprendizaje que la victoria en si.

Hay gente que no ha terminado ni el primer tiempo y ya perdió el                             partido de su vida. Puedes perder, pero lo que no puedes es perder                           antes. Tirar la toalla en pleno partido. Se lucha hasta el pitazo final.

  1. Ordena tu mente, para darle la importancia y el peso ponderado a cada cosa en cada etapa de tu vida (religión, familia, trabajo, amigos). Muchas veces, tenemos hipotecada la cabeza con pensamientos que no valen la pena y la vida nos pasa por encima.

Decía Santiago Alvarez de Mon del IESE que cuando les pregunta a                         empresarios “exitosos” por el paisaje que tienen a su alrededor, no lo                       conocen, porque no lo disfrutan, porque cuando consiguen algo, ya                         están pensando en el próximo. “Llévate muchos mapas, pero disfruta                       del territorio. Porque no esté  esa colina en el mapa de tu vida, no                             dejes de visitarla. Las cumbres más altas no están en nuestras                                   planificaciones sino en lo que ocurre una vez visitadas.

La vida es paradójica. Para estar bien acompañados hay que                                       aprender a estar solos, quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco,                       habla; quien sabe, pregunta; quien no sabe, dogmatiza; Para vivir                             hay que aprender a morir. Morir a una idea, a un argumento, a una                         relación.”

El partido más importante de la vida no es el exterior, el que otros ven lo que quieres aparentar, sino el que juegas contra ti mismo, y que si te esfuerzas, lo ganas siempre, porque habrás sido capaz de dar la mejor versión de ti mismo.

Y por último, la regla más difícil, conócete a ti mismo, tus fortalezas y debilidades. Heráclito decía: “Descubre el que ya eres”. Nos hace falta pensar. Educar y formar el cerebro y el corazón. Es la única salida. Los tiempos cambian, las reglas no. Ya lo decía Ernesto Sabato, “¿Por qué el hombre no evoluciona? Porque cambia la tecnología pero no el corazón.” No entender a tiempo las reglas de esta vida es quizá el precio más caro que hay que pagar por vivirla.

Lo que me hubiese gustado saber a los 20

landon-icarusanddaedalusPor alguna extraña razón, cuando pasas los 40 parece que la vida pinta más a drama que a comedia y si no aprendes a gestionarla, probablemente, termine en tragedia griega.

A los 20 nos preocupamos por aprender los cursos de la Universidad. Recién me he dado cuenta de que pasada esa etapa lo que tengo que aprender es a cuestionarme las preguntas importantes, a pensar lo que pienso, a tomar decisiones apoyándome en un corazón inteligente y en una razón sensible y en alinear lo que pienso, digo y hago.

Hoy me cuestiono si lo importante es solo el dinero que puedo ganar o lo feliz que puedo ser. Estoy aprendiendo a buscar mi felicidad limitando mis deseos en vez de satisfacerlos. Y es que entender la realidad para gestionar mejor mi vida es crítico porque mi felicidad no depende de mi realidad sino de cómo la interprete. Neil Pasricha, New York Times Best Seller 2010-2015, con más de 1 millón de libros vendidos, dice que solo un 10% de tu felicidad (o tu tristeza) dependen de las circunstancias y el 90% de la actitud con la que las asumas.

Si no tenemos claros ciertos conceptos, buscaremos la felicidad donde no está. Como decía el Papa Francisco: “Me gustaría que recordaras que ser feliz, no es tener un cielo sin tempestades, camino sin accidentes, trabajos sin cansancio, relaciones sin decepciones. Ser feliz no es sólo vivir de sonrisas, sino también reflexionar sobre la tristeza.”

Y Santo Tomás la describía muy bien: “La tristeza es un vicio causado por el desordenado amor a sí mismo, que no es un vicio especial, sino la raíz general de todos ellos. Ya se ve que el remedio para escapar de ello es que cuando uno se siente triste, es cuando más necesita pensar y hacer algo por los demás.”

¿Y cómo aplico todo esto para trabajar mejor?

La mitología griega nos puede dar algunas pistas. Cuentan que Dédalo era un inventor muy hábil que vivía en Atenas. Tuvo dos hijos: Ícaro y Yápige.

Minos encerró a Dédalo e Icaro en un laberinto en Creta. Desesperados por salir, se le ocurrió a Dédalo fabricar alas con plumas de pájaros y cera de abejas, con las que podrían escapar volando del laberinto. Y el esfuerzo valió la pena. Pero antes de salir, Dédalo le advirtió a Ícaro que no volara demasiado alto, porque si se acercaba al Sol, la cera de sus alas se derretiría y tampoco demasiado bajo porque las alas se le mojarían, y se harían demasiado pesadas para seguir volando.

Empezaron el viaje y al principio Ícaro obedeció sus consejos, pero después se creyó inmortal, empezó a volar cada vez más alto olvidándose de los consejos de su padre y se acercó tanto al sol que se derritieron sus alas, cayó al mar y se ahogó.

Y creo que a los 40, muchas veces nos pasa lo mismo que a Icaro porque nos terminamos quemando con el sol. Y esto pasa cuando:

  • Buscamos el aplauso de los demás para alimentar nuestra soberbia y no soportamos las correcciones.
  • Trabajamos únicamente para hacerle creer al gerente de turno que lo hacemos bien, sin revisar realmente si es un trabajo bien acabado.
  • Olvidamos que el trabajo debe servir para mejorar la vida de otros y como una feliz consecuencia de ello, ganar dinero, y no al revés.

Y por otro lado, volamos demasiado bajo y nos ahogamos cuando

  • Nos rendimos a la mitad, sin dar todo el esfuerzo del que somos capaces para sacar la empresa adelante.
  • Le ponemos peros a todo, somos pesimistas y lo contagiamos a los demás. (Y es que somos como “focos con patas” porque transmitimos energía, unos tienen 3,000 megas y otros van quemados.)
  • Trabajamos mal, sin ilusión, aburridos y solo por cumplir con lo mínimo indispensable.
  • No nos preocupamos por aprender más, seguir estudiando para especializarnos y ser referentes en lo que hacemos.

En fin, cada uno escoge la vida que quiere vivir. Cuanto me hubiese servido saber todo esto a los 20…

Escucha con los ojos

SILENCIOEn la vida, lo más importante es que lo más importante tiene que ser lo más importante. Parece un juego de palabras pero es bastante más profundo. Y es que muchas veces no sabemos identificar y priorizar las cosas que realmente van a mover la aguja de nuestro desempeño.

Hace unos meses, asistí a un Seminario sobre técnicas para potenciar la creatividad en el trabajo. Y el reto era: ¿Qué tendríamos que hacer para duplicar la facturación en nuestras empresas?. Alguien dijo que generar ideas para fabricar el producto por la mitad del costo. Muy ambicioso y sin duda, de ser viable, sería la idea del millón, pero la realidad es que muchas empresas se han dedicado el año pasado a ahorrar costos al máximo y si bien, han sobrevivido, el hacerlo sin otra estrategia en paralelo, claramente las ha dejado en una posición débil de cara al nuevo contexto.

¿Han probado con algo tan básico pero a la vez tan escaso en estos tiempos como enfocarse en su gente, conectarse con ellos? A lo mejor no doblamos ninguna facturación, pero con seguridad aumentaremos la productividad. Una de las competencias que sin duda, van a tomar una enorme relevancia en un mundo hiper conectado, son las habilidades de comunicación y persuasión, vale decir, dominar el arte de la conversación.

Los que lo hacen son los que construyen relaciones a largo plazo. Hay que generar lazos, tender puentes. Los que realmente entienden y conectan con la realidad y con la gente son aquellos que pueden liderar e inspirar.

¿Y cómo hacerlo? Pablo Ferreiro del Pad me decía que lo más importante era la cercanía para conocer y el conocimiento para querer, no para criticar, no para censurar, no para establecer distancia. Si yo soy más alto que el resto, puedo usar esa ventaja para servir de faro a los demás. Si yo soy más bajo, puedo ver qué pasa por debajo. El sentido de las capacidades tiene que ver con cómo se colabora con el resto.

Escucharlos! Escuchar es más importante que hablar, porque cuando escuchas es increíble lo que puedes aprender. Cuando pones en practica lo que aprendes, es increíble lo que puedes cambiar.

La comunicación no es solo palabras, son miradas, movimientos del cuerpo, le llaman comportamiento no verbal. Peter Drucker decía que lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice. Escuchar con los ojos implica leer caras, interpretar gestos, captar lo que se dice entre líneas, distinguir timbres de voz, descifrar silencios. Esto inclusive es a veces más importante que lo que te dicen con las palabras, y es que éstas pueden engañar, lo gestos no.

Santiago Alvarez de Mon del IESE decía que un detector de mentiras y exageraciones es el arma de cualquier persona atenta y curiosa que domina el arte de preguntar y escuchar. Y es que aquí reside el toque distintivo de las personas persuasivas. Si la conversación tiene que ver con la habilidad de convencer al otro, ¿qué mejor que hacerlo desde su propia realidad, desde sus argumentos, conceptos, valores y estados de ánimo? A eso es lo que Daniel Goleman le llama Inteligencia Emocional.

Pero no es nada fácil, muchas veces decimos “Es que no te entiendo”. Y es que no hay que entender, hay que comprender. Existen dos expresiones muy valiosas que resumen el arte de conversar:

  1. Explícame tu punto de vista
  2. Estudiemos el problema

Con la primera cambia sobre todo el que habla porque no se pone a la defensiva o al ataque , no desea convencer a toda costa, sino que muestra su sincera disposición a acoger los argumentos de la otra persona, quien tiende a abrirse, bajar la guardia y hablar con confianza justamente porque se siente escuchada.

Con la segunda frase, se hace mucho más fácil expresar los puntos de vista sin agresividad, sin vehemencia, sin autoritarismo, y sobre todo, genera un clima de confianza en el que cada parte aporte serenamente todas las razones para convencer al otro.

Y para terminar, un consejo rápido y gratis. La pregunta más importante que podemos hacer para ganar la atención en una reunión, en una conversación es ¿Cómo te puedo ayudar? Háganla y se sorprenderán del resultado.

¿El segundo lugar es el primer perdedor?

descarga“No lo puedo creer. No entiendo nada. No se cómo gané este partido. La luché hasta el final”. Juan Martín del Potro temblaba mientras lo entrevistaban luego de ganarle a Rafael Nadal. Luego se quebró en llanto. Al día siguiente dejó todo en la cancha contra Murray, perdió y se quedó con la de plata. Dicen que el 2do lugar es el 1er perdedor…

¿Del Potro fracasó? ¿O quizá es un tema de calibrar mejor la realidad con las expectativas?. Cuando tenemos metas y no llegamos… ¿Hemos fracasado? No ganó el oro, ok, pero, es el 141 en el ranking, le ganó al No.1, al No. 5 y perdió la final con el No. 2.

Me encantan las olimpiadas porque el deporte visto con otros ojos me ayuda a trabajar mejor. ¿Si fuesen gerentes, cuál de los 4 tenistas tuvo el mejor desempeño? ¿Qué define a los buenos gerentes? ¿Un currículum lleno de logros? ¿Venderse como líder, seguro de sí mismo, y muy inteligente? Hay toda una industria afuera dispuesta a fabricar profesionales tan perfectos y preparados que me asombra que no sean los Presidentes de las empresas en las que trabajan. Quizá no todo es lo que parece y al igual que Del Potro habría que enfocarse en algunos puntos que lo llevaron a la final y que podríamos traducir en competencias directivas:

  1. Resiliencia

Decía del Potro: “Lo que me pasó es un reflejo de la vida, te puede cambiar todo en un segundo. El 2009 me cambió la vida ganando el US Open, pero pocos meses después me volvió a cambiar la vida con una lesión en la mano. Pasé de ser el futuro N° 1 del mundo a no ser nada. Estabas en la cima del mundo y de golpe todo se derrumbó.”

El resiliente es el que sufre pero resiste. En el deporte y el trabajo, triunfan aquellos que han aprendido a luchar por dar lo mejor de sí mismos, a ser felices a través de la superación de sufrimientos, y de aprender de los fracasos. Y es que festejamos la victoria y odiamos la derrota, sin embargo, ambas son complementarias en el juego de la vida, y necesitamos aprender a vivir en las dos, si queremos ganarlo.

Pero no basta con el conocimiento de las técnicas de la batalla para alcanzar la victoria, es necesario pelear. No es suficiente con enterarse por donde hay que caminar para llegar al cielo, hay que recorrer el camino.

  1. Perseverancia en el trabajo

En esta vida no hay lonche gratis. Los resultados del éxito son hijos de la disciplina, de trabajar mucho y bien, del esfuerzo constante. Decía Santiago Alvarez de Mon que la experiencia per se no es un valor supremo. Los años, si no se saben leer con inteligencia y humildad, no bastan por si solos, necesitan de la perseverancia para arrojar un saldo positivo.

  1. Confianza

Las cosas buenas les pasan a los que las persiguen. La suerte se suele aparecer a los que han hecho sus tareas antes. Hay que disfrutar el partido. El resto ocurirá, y si no, no era nuestro tren. El nerviosismo, la angustia, la impaciencia, nos precipitan muchas veces a decisiones que luego nos pasarán factura.

  1. Enfoque en lo importante

Phil Jackson, mítico entrenador de la NBA, ganador de once anillos, resaltaba la importancia para competir con éxito de una mente concentrada. “En cualquier modalidad deportiva la capacidad de concentración es un factor crucial de rendimiento. En cualquier ámbito de la vida el priorizar lo importante es un elemento distintivo de excelencia.”

Y para ello hay que saber encontrarlo. No podemos sanar de una enfermedad si no la reconocemos como tal y no aceptamos los remedios oportunos. Es muy peligroso confundir un resfrío con una neumonía. Hay que distinguir los diagnósticos que nos dan luces para encontrar y priorizar los comportamientos que hay que cambiar.

Y luego, no sirven los pequeños pasos, la autocompasión, sino el golpe decidido que nos aleje de lo que nos tira para abajo. En el caso de recaída y de que parezca imposible vencer, recomenzar la lucha sin perder el ánimo!!! Es lo que hizo Del Potro hace dos días. ¿Y si lo intentamos? ¿Qué perdemos?