Voy a tener una vida cuando me jubile…

Captura de pantalla 2015-01-06 a la(s) 01.47.02O cuando esté más tranquilo, o cuando mis hijos se vayan de la casa, o cuando cambie de trabajo, o cuando viva de mis rentas, etc, etc, etc. Falso! La vida es ahora! Uno comienza a envejecer desde que nace, por lo tanto, dilatar las cosas importantes para un mañana que a lo peor no llegará, no parece ser muy inteligente.

Mientras escribo, hay miles de personas trabajando jornadas interminables en empleos que no les gustan, para comprar cosas que no necesitan e impresionar a personas que no quieren. ¿Cómo se explica esto? Simplemente porque vivimos sin cuestionarnos las cosas importantes de la vida.

Plutarco cuenta que un día Pirro hacía proyectos de conquista: “Primero vamos a someter a Grecia, después ganaremos Africa, luego pasaremos al Asia, conquistaremos Asia Menor. ¿Y después? Iremos hasta las Indias. ¿Y después de las Indias? Ah, dice Pirro, descansaré. ¿Por qué no descansar entonces ahora?, le dice Cineas con bastante lógica.

Los que manejamos personas, tenemos una responsabilidad ineludible, enfocarnos en la rentabilidad de la empresa, por supuesto, pero a la vez, sacar lo mejor de las personas con las que trabajamos y ayudarlas a mejorar. La pelota está en nuestra cancha.

Aunque antes de hacerlo, sería bueno que veamos como estamos nosotros en ese sentido. ¿Sabemos aprovechar realmente el tiempo? Ojo, les escribe un workaholic que todavía no sabe aprovecharlo muchas veces. Y es que es fácil escribir pero muy difícil poner en practica la teoría. Entiendo bien que hay contextos en los que la empresa necesita más de nuestro tiempo, por ejemplo en el contexto en que estamos viviendo. Hoy, si no tenemos gente en el equipo muy comprometida con el trabajo, y esto implica más horas de las normales, éste, no sale adelante. Pero bueno, este artículo no se refiere al hoy, se refiere a la vida que debiéramos llevar en contextos normales.

Hoy en día la mayoría de empresas están enfocadas en conseguir el máximo provecho de sus trabajadores, a cualquier costa. Y esto implica necesariamente dejar de lado otros aspectos de nuestras vidas. Y porsiacaso, no se trata de meterse a un gimnasio. Probablemente con ello soluciones el problema de bajar la barriga, si, pero tu calidad de vida no se soluciona con ello. La calidad de vida implica un equilibrio entre nuestras necesidades emocionales, espirituales, intelectuales, familiares y sociales. ¿Les estamos dando el espacio que necesitan con urgencia cada una de ellas?

Tener más equilibrio no significa cambios dramáticos en la vida. Es manejar mejor el tiempo, es enfocarse en lo que uno vive hoy, si estoy en el trabajo, focus en el trabajo, si estoy con mi familia, focus en ellos. Tener la mente donde está el cuerpo. Destinar horas fijas para hablar con los hijos, para el deporte semanal, para salir con los amigos de toda la vida a tomar unos tragos, para hacer oración, para hablar con tu esposa sobre como está realmente, como se siente, no para quejarse del trabajo o de los hijos, tiempo para leer, para los hobbies. Los ejecutivos más exitosos, blindan su tiempo libre.

Imagínate que te levantas un día cualquiera, sales a la calle y te encuentras 1,440 dólares. ¿Qué harías con ellos? Podrías gastarlos en comida, ropa, o regalarlos a alguien, o ahorrarlos, pero la cosa es que al final del día desaparecerán. Lo mismo ocurre en la vida real, la diferencia es que lo que nos encontramos cada día no son 1,440 dólares, son 1,440 minutos. ¿Cómo los vamos a utilizar para sacarles el máximo provecho?

Entonces, ¿Cómo manejar la agenda del profesional? Acudo a Pablo Ferreiro, Profesor Principal de Gobierno de Personas del PAD y Profesor Invitado del IESE. Nos dice que con tres preguntas.

1. ¿Esto debe hacerse?

2. Si suponemos que sí debe hacerse, ¿debo hacerlo yo?

3. Asumiendo que si, ¿debo hacerlo ahora?

Cada día, solo pasa una vez. Hay que vivirlo, gozarlo, y no malgastarlo. Y eso depende exclusivamente de nosotros. Si claro, suena bonito, pero… ¿y el estrés? Pues hay que aprender a convivir con él. El problema no es nuestra exposición al estrés –despertador que nos saca de la somnolencia–, sino nuestra escasa capacidad para responder a sus demandas. Si no aprendemos a vivir en la inseguridad, el estrés es un ladrón que nos roba tiempo, concentración, salud, paz y alegría. Pero no nos engañemos, el estrés es el síntoma, nosotros somos el problema.

Si cambias tú, lo hará tu equipo. El liderazgo se basa en el ejemplo. No puedes promover un mensaje que no vives. Preocúpate por ellos y además, si no te convence lo que escribo y lo quieres ver por el lado frio, si lo haces, así serán más productivos. Y si logras que lo haga tu equipo, los habrás hecho mejores personas.

Hay que desterrar la filosofía de que la persona que muera con más dinero, gana el juego de la vida. NO! Gana la persona que al morir pudo vivir su vida de la mejor manera de acuerdo a sus principios y luchar por mantenerlos, así caiga muchas veces (como nos pasa a muchos), a levantarse.

Comparto con ustedes, esta oración que aprendí hace unos años y que me ha servido mucho: “Dios, dame paciencia para soportar lo inevitable, fuerza para enfrentarme a lo que se puede cambiar y sabiduría para distinguir una cosa de otra.” Toda persona viene al mundo con una serie de talentos y habilidades naturales. Vivir tiene mucho que ver con descubrirlos, disfrutarlos y ponerlos al servicio de una causa mayor que uno mismo. Y no, no quiero comenzar a tener una vida cuando me jubilé, voy a comenzar a tenerla, HOY, AQUÍ, AHORA!

La adversidad, ese túnel doloroso

Captura de pantalla 2015-01-06 a la(s) 01.42.54Tristeza, frustración, impotencia, rabia, miedo, angustia, pesimismo; devoradores de nuestra salud, parásitos que se hacen fuertes en la adversidad. Sentimientos por los que todos hemos pasado, o estamos pasando o pasaremos. “Ríe y el mundo entero reirá contigo, llora, y llorarás solo.” A. Wilcox.

La adversidad es una visita siempre inoportuna que separa a personas admirables que saben como vencerla de otras que se ahogan el mar. Es inútil querer huir de ella. No se puede cambiar. Lo que sí podemos es elegir nuestra respuesta y utilizarla como palanca de aprendizaje. Es un despertador, que nos llama a afianzar la auto-confianza, y a desempolvar la ilusión, el coraje, la perseverancia y las ganas de salir de ese túnel doloroso.

Yo no admiro a la gente que ve cuando hay luz, sino a aquellos que ven desde la oscuridad, es decir, a la gente que aún cuando las cosas se han puesto feas sigue creyendo en sí misma. La semana pasada fui a visitar a un cliente y además amigo, que me contó que le acababan de diagnosticar leucemia. La hora que estuve con él, me hizo el día. Un gran ejemplo realmente, la forma como había tomado las cosas y estaba llevando la enfermedad. Y es que el miedo a perder te encoje los músculos. Perder a un ser querido, una relación, una illusion, un trabajo. Es fácil escribir, pero difícil, muy difícil ser el protagonista de estos episodios y adoptar una actitud positiva y luchar por salir adelante.

Otras veces no es un hecho puntual lo que desencadena una tristeza, la mayoría de las personas tenemos viejas heridas que no han terminado de cicatrizar. Y a veces se hacen más presentes para recordarnos que siguen allí, abiertas, y que deberíamos ponernos a trabajar para cerrarlas de una manera definitiva. Creemos que el tiempo lo cura todo y eso sería muy cómodo, pero no es cierto, el dolor no desaparece por cerrar los ojos. El tiempo solamente pasa, pero las viejas heridas seguirán presentes en nuestra vida a no ser que nos ocupemos de sanarlas.

Y la pregunta del millón, ¿Cómo salimos de una gran crisis personal? Acudo a Bernabé Tierno, psicólogo español y autor de más de 10 libros sobre resiliencia. Nos dice “En primer lugar considera otras formas de interpretar y leer los hechos problemáticos. Frena en seco tu mente calenturienta, corta por lo sano pensamientos negativos que tu mente desarrolla al dramatizar sobre la situación preocupante. Busca lo positivo de ese hecho problemático. No vale la pena pelearte con lo que no puedes modificar. Hay que estar en paz con lo irreversible.

No digo que seamos perdedores, todos queremos ganar pero ¿qué va a pasar si pierdes? Reinterpreta el pasado con actitud mental positiva y reafírmate en la idea de que hasta las mayores desgracias y los hechos más dolorosos te reportaron algún beneficio. Busca alternativas y soluciones practicas. No es cuestión de encontrar la solución perfecta, sino de dar con una salida airosa que te alivie y permita recuperarte. Después de la tempestad viene la calma.

Por último acepta lo irreversible, lo inevitable, lo que no admite otra estrategia que la simple aceptación serena de algo que ya es y no puede dejar de ser, pero hazlo con mente positiva, recordando que hasta lo inevitable nos enriquece y nos enseña a vivir.” Hellen Keller, sorda, muda y ciega desde los primeros meses de vida, escribe: “La mayoría de la gente mide su felicidad en términos de placer físico y posesión material. Si la felicidad se pudiera medir y palpar, yo que no puedo ver ni oír, tengo todos los motivos para sentarme en una esquina y llorar sin parar. Si a pesar de mis privaciones, soy feliz. Si mi felicidad es tan profunda que se convierte en una filosofía de vida, entonces resulta que soy una persona optimista por elección.”

Recientes estudios de Harvard realizados por Martin Seligman y Tal Ben Shahar confirman que las personas sin un Dios son más infelices en promedio que las que sí lo tienen. La religión a lo mejor no te hace mucho más feliz cuando estás bien, pero si es un remedio infalible el utilizarla cuando estás de malas. En mi experiencia personal, aunque tenga ahora y haya tenido mil razones para estar triste, como católico siempre tendré por lo menos una para estar alegre, que Dios está conmigo. Por paradójico que parezca, afirma Martin Seligman, las personas que logran mas cosas buenas en la vida, no son, en general, más felices que las menos afortunadas. Hay varios estudios que demuestran que las cosas buenas y los grandes logros ejercen una influencia sorprendentemente baja en el incremento de la felicidad.

En un reciente estudio realizado por Bernabé Tierno, indica que en cuanto a los multimillonarios con patrimonios por encima de los 100 millones de dólares, con grandes mansiones, yates y aviones privados, tan solo se sienten ligeramente más felices que el ciudadano medio. Lo que si influye son los demás: cuanto más feliz es alguien, más desea comunicar su estado a quienes le rodean, y cuando más hundido está, más necesita de una compañía que le ayude a salir de ese estado. Nadie puede ser feliz solo. Las cosas que nos gustan suelen venir de fuera. La clave de la felicidad está en el modo en el que usamos el tiempo.

El dinero si puede dar felicidad y mucha, siempre y cuando, lo compartas, o con los que mas quieres o en obras de ayuda social. Tierno decía que así como el hombre mira con los ojos, pero ve con la mente, no nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Como recibimos procesamos y almacenamos los cuentos de la vida es un proceso decisivo en nuestra relación con la misma.

Los hechos son aquello en lo que uno los convierte. La adversidad y las tristezas no provienen de la realidad, sino de cómo la interpretamos. La felicidad tiene que ver con saber que quiero hacer con mi vida. El que no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Cada día está lleno de posibilidades, si sabemos leerlo adecuadamente. Podemos convertirlo en un valle de lágrimas o en un paraíso. Cambiemos ahora, antes de que sea tarde. Vamos para adelante!

Enamorarse muchas veces… de la misma persona

groundbreakerEl matrimonio no es difícil, es humanamente imposible! Seguramente por eso Dios lo hizo sacramento. Y es que uno no puede estar loco de amor por una misma persona durante 50 años. A veces baja y a veces sube la cuota. Robert Anderson decía que en todo matrimonio que ha durado más de una semana, existen motivos para el divorcio. La clave consiste en encontrar motivos para seguir casados. Bien dicen que es más fácil morir por una mujer que vivir con ella.

Lo curioso es que muchas veces seguimos creyendo en cuentos de hadas y cuando las cosas empiezan a bajar su ritmo natural, se nos viene el mundo encima. Pues no! El príncipe azul deja de serlo en el momento en que por primera vez pasa con su esposa por la puerta de su casa.

John Gottman, en su libro “Siete reglas de oro para vivir en pareja”, sugiere lo siguiente:

1. No hay felicidad sin amor, no hay amor sin sacrificio.

2. Mantener la admiración por la otra persona, a pesar de los mil problemas vividos, el otro sigue siendo valorado por sus principales virtudes.

3. Respeto mutuo, de palabra y de hechos. Tu y yo no somos más que una sola cosa, no puedo hacerte daño sin herirme.

4. Tener un proyecto común: Hay un programa conjunto que se prolonga en los hijos.

5. Tener relaciones íntimas satisfactorias, es un lenguaje íntimo que va cambiando con el paso de los años, pero que debe tener su sitio.

6. Capacidad para perdonar al otro. Perder es luchar por olvidar los sinsabores y dificultades vividos. La vida de pareja no va bien sin buenas dosis de olvido. El amor se perfecciona con el perdón.

7. Cuidar los detalles pequeños de la convivencia con esmero. Al final, la familia es el lugar donde se vuelve cuando todos los demás se van. Donde nos quieren por lo que somos , con nuestros defectos, y no por lo que aparentamos ser.

Luis Huete, Profesor de Harvard me comentó que la calidad de la relación es la calidad de la conversación. Una conversación es buena cuando hay presencia, es decir , se ponen los 5 sentidos. Un matrimonio funciona cuando hay confianza para decirse las cosas y cuando hay respeto. Cuando una persona se siente valorada y querida.

En su libro “Los 5 lenguajes del amor” Gary Chapman nos dice que la primera forma de expresar afecto es con palabras. La segunda es el tiempo que le dedicas a la otra parte. El tercero es el servicio, hacer feliz al otro. El cuarto es con detalles, regalos. Y el quinto es el tacto. Mientras más idiomas hables más feliz serás.

Una de las principales virtudes ( o acaso la más importante) es la humildad. Como bien describe Sandalio Gómez del IESE, muestras de humildad en la familia y en el trabajo son conocerse, y aceptarse como uno es, valorar, respetar y escuchar a los demás, conocer el límite de sus fuerzas y no creerse superior a los demás, pedir consejo, aprender del cónyuge o de tus compañeros de trabajo, rectificar cuando uno se equivoca, vivir con la mente abierta siendo flexible, compartir, pedir ayuda, tener empatía, y agradecer cuando corresponda.

Por el contrario, uno de los principales enemigos es la falta de auto control. “Habla cuando estés enfadado y habrás hecho el mejor discurso que puedas lamentar” Ambroise Bierce. Cuantos pleitos míos y de otros matrimonios, se han originado por no morderse la lengua.

Un amigo me dijo, Rafa, cuando estés con la cabeza caliente, métela en la refrigeradora, y al día siguiente, si tienes algo que decir a tu esposa, se lo dices, pero verás que tu mensaje llegará mejor, y serás más objetivo.

Y los hijos… Si por supuesto, no podría dejar de mencionarlos. Razón de supervivencia de muchos matrimonios. Platón decía que la finalidad de la educación de los hijos es enseñarles a desear lo deseable. Un buen padre vale más que 100 maestros.

Leopoldo Abadía, en su libro “36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien” resaltaba la formación de los hijos, que no quiere decir solamente que sepan mucho. “La formación no se mide por las toneladas de conocimientos que tenga un señor. Se mide por el tipo de personas que estamos ayudando a poner eso que llaman el mercado de trabajo. Y no me gusta ese nombre porque el mercado de trabajo es un trocito insignificante del mercado de la vida.”

“El mejor regalo que le pueden hacer los padres a sus hijos es una educación que ame los retos, que disfrute el esfuerzo, que persevere en el aprendizaje, y que no les haga esclavos del reconocimiento». Santiago Alvarez de Mon.

O como decía Claudel, “Apprendsleur quils nont dautre devoir au monde que le joie.” Enseñarles que la única obligación en el mundo es la felicidad. Y es que si ayudamos a nuestros hijos a que sean y estén felices, no necesitamos más. El ser felices ya implica preocuparse por la formación de su conciencia, por ser buenos hijos, padres, esposos, trabajadores y amigos, ya que su felicidad dependerá de la de ellos.

Abadía termina su libro diciendo que “La mujer y el marido hacen el amor desde que se casan. Hacer el amor es fabricarlo día a día, con alegrías, con tristezas, con algunos éxitos, con muchos fracasos, con la idea clara de que “aunque me canse, aunque no pueda, aunque reviente, aunque me muera, ese matrimonio lo saco adelante, pase lo que pase.”

Los peligros del éxito

el limite es el cielo“Si trabajo más duro tendré más éxito y si tengo más éxito seré más feliz.” Falso! Porque cuando llegamos al éxito la meta cambia y si la felicidad viene después, nunca la vamos a alcanzar.

¿Qué perseguimos en la vida y que deberíamos perseguir? A lo mejor si enfocamos bien el objetivo, el impacto en los resultados cambiará significativamente.

Si, lo sé. Estamos muy interesados en ser exitosos, pero ¿Qué es el éxito para ti?. El problema es que nuestra idea de éxito, no es necesariamente nuestra. La tomamos del marketing, los periódicos, las revistas, que son los que nos definen quienes son exitosos: actores de cine, grandes empresarios, los ricos y famosos, etc.

No es que deberíamos abandonar nuestras ideas de éxito sino que deberíamos asegurarnos de que sean nuestras. Cada uno, tiene una realidad distinta, una escala de valores distinta, y una forma de interpretar el contexto en el que vive, distinta.

Decía un buen amigo, Luis Huete, Profesor del IESE que la sociedad te valora por el dinero, el poder, la imagen que das a los demás y las relaciones que tienes. El riesgo es que te valores a ti mismo en función de estas 4 variables, porque si lo haces, vas a matar por conseguirlas. Y entre más las persigas, más vivirás de la apariencia, de tener todo en la vitrina, y más infeliz te sentirás.

Solemos comparamos con nuestro “marco de referencia” y siempre hay gente “más exitosa”, “con mejores sueldos, mejores cargos, mejores carros”. La envidia de no tener ese éxito nos corroe. Entre más cercanas sean dos personas, en edad, carrera, etc. mayor el peligro de la envidia. Llega a su cuota máxima en los almuerzos de exalumnos.

Tal Ben Shahar, Profesor de psicología positiva en Harvard decía que la felicidad no es la culminación del éxito, sino sólo su inicio. Las personas que no aspiran a ser el más listo, guapo o rico, sino que aprecian lo que ya son, son más felices. Y, a partir de ello, suelen tener éxito.

Pero entonces, ¿qué es el éxito? Después de leer cientos de definiciones, comparto con ustedes ésta de Santiago Alvarez, Profesor Principal de Gobierno de Personas del IESE, «Éxito es el estado de paz y serenidad interior alcanzado como consecuencia de la satisfacción de saber que has hecho todo lo que eres capaz. Es hacer las cosas y entrenar hasta el límite de tus habilidades. Los resultados, ganar, perder, las consecuencias de tu labor, forman parte de otro partido en el que no llevas las riendas. El éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide. Sólo lo alcanzan quienes han llegado a comprender que toda adversidad lleva en su entraña la semilla de un beneficio.”

Y aun así, seguimos pensando que primero hay que tener éxito y como consecuencia de ello, ser felices, pero el cerebro trabaja en sentido opuesto.

Shawn Achor, Magna Cum Laude de Harvard en Psicología positiva, en una de las 20 conferencias más vistas de TED, decía que si hoy haces feliz a alguien, te sentirás feliz, es decir, tu serás el principal beneficiado porque el cerebro en positivo funciona mejor que cuando está en negativo porque eleva la energía y la creatividad. Ojo, optimistas pero permanentemente abrochados a la realidad. Si hay algo más peligroso que un pesimista es un optimista divorciado de ésta, ya que va camino al precipicio.

Ahora bien, lo complicado es programar el cerebro en positivo. El contexto actual no ayuda. Comenzamos el día y las noticias son sobre desaceleración económica, robos, corrupción, crisis, etc. Nuestro cerebro está programado sin quererlo en negativo. Achor sostiene que en 21 días podemos readaptar el cerebro con estas acciones:

1. Anotar cada noche 3 cosas por las que agradecer

2. Meditar/Rezar 10 minutos al día (5 al empezar y 5 al terminar)

3. Ejercicio 3 veces por semana

4. Actos de servicio, hacer felices a los que trabajan con nosotros, a nuestra familia y amigos que lo necesiten por la situación que estén pasando.

Al entrenar el cerebro al igual que el cuerpo podemos invertir la fórmula. Pero ese cambio de chip exige un esfuerzo. Ya lo decía Rafael Nadal en una reciente entrevista: “Parece que la alegría te la da el triunfo, pero si éste no te ha costado nada, la felicidad no es ni mucho menos la misma. La alegría del triunfo te la da el trabajo que tú has hecho para alcanzar la victoria. Si no te cuesta, no la valoras. La pasión, las ganas de triunfar te las dan todas las horas de trabajo que has llevado a cabo.”

Y es que la felicidad está en la lucha, en el esfuerzo por tener una conciencia recta. No depende del dinero, del poder, la imagen. En el mundo hay personas felices e infelices en todas las condiciones. Y lo son porque deciden aceptar su condición y su pasado, y asumir la vida tal como es en ese momento.“Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia adentro, quien se empeña en empujar en ese sentido, sólo consigue cerrarla. Se abre hacia afuera, hacia los otros.” Soren Aabye Kierkegaard.

En mi última conferencia una persona se acercó al final a preguntarme ¿Cómo escapar de los peligros del éxito? (por eso se me ocurrió escribir este artículo): Teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No hablemos de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia.

Los libros de autoayuda nos venden la idea de que si somos optimistas y tenemos ganas, seremos muy exitosos, y ojalá fuera así de simple. Es un buen comienzo, pero si no hay otras variables como el talento, esfuerzo, perseverancia y paciencia, los resultados no suelen aparecer. Por ende, que importante cultivar estas virtudes hoy, aquí, ahora. ¿Y la suerte? Se suele aparecer cuando nos hemos enfocado en esos valores antes.

No es el éxito lo que transforma nuestro mundo sino los lentes con los que vemos la realidad. Si conseguimos cambiar de lentes, cambiará nuestra forma de ver nuestra realidad y por ende de interpretar nuestra felicidad. Ésta, no deriva del éxito, sino que lo causa, es decir, no esperemos a tener éxito para ser felices.

El perfil del profesional del 2015

go-your-own-roadPor mi trabajo en Laborum varios clientes me suelen preguntar cual es el perfil ideal del profesional para estos tiempos. Pues bien, he intentado hacer un muy breve repaso de las cualidades que considero más importantes.

Hoy en día y así como está el Perú, necesitamos en primer lugar profesionales humildes, que aprendan de los errores y pidan perdón (palabra mágica) cuando haya que hacerlo. El orgullo, el contravalor, es el peor de los defectos, elimina la capacidad de aprendizaje.

Necesitamos profesionales muy astutos para entender el “dolor” del cliente (sus necesidades reales), ágiles, capaces de cambiar de opinión y adaptarse a los cambios rápidamente. Es mejor ser humilde y contradecirse que estrellarse por iluminado. Personas que se esfuercen, que se comprometan realmente, “all in”, que saben que solo ganan cuando se dan enteras, independientemente del resultado, ya que ése no depende exclusivamente de nosotros. Saben que el camino a la victoria es siempre el más complicado. En la presión y cuando las papas queman se crecen, encuentran la calma y a base de autoconfianza, perseveran en el tiempo.

Profesionales con sentido del humor, no para contar chistes todo el día, sino para reírse de si mismos y convertirse en arquitectos de un ambiente estimulante. La vida es lo suficientemente seria como tomársela por su lado trágico, siempre podemos darle la vuelta a la tortilla y cambiar un día triste, desanimado, en un día divertido.

Santiago Alvarez de Mon del IESE recomienda contratar gente que tenga una mente analítica, lógica, racional, rigurosa, que no se limita a tratar los síntomas sino que rastrea sus causas y fundamentos. Una mente creativa y visionaria, que en plena tormenta divisa claros y oportunidades que otros ni sospechan. Optimistas si claro, pero permanentemente pegados a la realidad, entendiéndola, evalúan bien los riesgos y definen acciones para neutralizarlos, sabiendo que a veces las cosas no salen bien y hay que enmendar el camino.

Cuídense mucho de optimistas falsos, que en su fuga de la realidad, se acercan peligrosamente al precipicio. Mucho cuidado también con los pesimistas, como dije en otro artículo, son contagiosos y siempre tienen razón ya que anticipan un resultado mediocre que terminan alcanzando.

No podía faltar el coraje, del que por cierto, se habla muy poco. Nelson Mandela dijo: “Aprendí entonces que coraje no era la ausencia del miedo sino la superación sobre éste. Sentí miedo muchas más veces de las que puedo recordar, pero lo ahogaba en una máscara de atrevimiento. El hombre bravo no es aquel que no siente miedo sino el que lo conquista y domina.“ Coraje para no callar cuando toca mantener la opinión. Coraje para tomar decisiones difíciles, impopulares, asumiendo el costo de las mismas. Para decirle al jefe lo que piensas. Coraje para decir que no. Para vivir tus valores, en lugar de predicarlos cual santurrones (esto me cae a pelo). Coraje para dejar de quejarse de la situación y hacer algo por los demás.

Y finalmente, la prima hermana del coraje: la valentía. Son valientes los que le dan al trabajo la posición que tiene en su vida y priorizan cuando haya que hacerlo, su vida espiritual, su vida familiar y su vida personal y cuando haya que hacerlo, su vida profesional. Los que cuando los visita la adversidad disfrazada de la muerte de un ser querido, un divorcio, una pérdida de trabajo, escarban y sacan a flote lo mejor de ellos, una gran fortaleza interior. Pueden doblarse, pero nunca se quiebran. Por supuesto que sufren y tienen miedo, pero su capacidad de reconocer e interiorizar el sufrimiento, les proporciona la suficiente gasolina para sacar a relucir sus mejores valores, esfuerzo, resiliencia, perseverancia, optimismo y luchar con acciones concretas para superar esa etapa. Un consejo rápido y gratis.

Cuando vayan a contratar a alguien, imagínense como reaccionará en tiempos difíciles. ¿Se asustará, ahogará o saldrá nadando contra corriente? Ojo, el cv no dice nada al respecto, allí todos somos superman.

Con profesionales como éstos, la desaceleración ni se sentirá, al contrario, podremos crecer exponencialmente, mientras que a otras empresas sí las va a matar. La diferencia se llama actitud. A trabajar! No se aprende a nadar leyendo tratados sobre natación sino tirándose a la piscina. ¿Lo intentamos?

Diseñando una vida más feliz

happy_11“Los dos días más importantes de tu vida son el día que naciste y el día que descubriste para que naciste.” R. Wenk.

¿Para qué vivo? Para ser feliz acá en la tierra, y luego felicísimo en el cielo. ¿Y por qué me interesa escribir sobre la felicidad? Porque es algo que va a determinar la calidad de cada instante de mi vida.

En una encuesta a nivel mundial realizada por Diener & Scollion en la que preguntaron que es lo que más quieren las personas en la vida, salió en primer lugar la felicidad, luego el amor, luego la salud y luego el bienestar. Lo curioso es que ninguna de estas variables son medidas por los países. Hasta ahora casi nadie piensa en el progreso de un país en estos términos.

Paradójicamente, acá vivimos obsesionados con el crecimiento del PBI, que mide todo menos aquello que hace que la vida valga la pena. No se trata de cuanto producimos, sino de cuan felices vivimos. Japón tiene uno de los índices más altos de PBI per cápita y a la vez de tasa de depresiones y de suicidios. Allí como en muchos países, nunca fue tan fácil vivir cómodamente, y sin embargo nunca fue tan difícil ser feliz.

Aristóteles decía: “Toda acción humana busca siempre algún bien: el médico busca el bien de la salud; el soldado busca la victoria; etc. Todo hombre elige un objetivo –honor, gloria, cultura, riqueza – y apunta hacia él con toda la conducta. Pues no ordenar la vida a un fin es señal de necedad… Previamente es necesario determinar en qué consiste vivir bien, y bajo qué condiciones se alcanza esa meta. Se reconoce sin duda que la felicidad es el mayor y el mejor de los bienes humanos.

Casi todo el mundo llama felicidad al máximo bien que se puede conseguir, pero nadie sabe exactamente en qué consiste ese máximo bien. Unos creen que es el placer, la riqueza o los honores. A menudo, la misma persona cambia de opinión y, cuando está enferma, piensa que la felicidad es la salud o si es pobre, la riqueza. También se confunde con el placer. Muchas de las cosas por las que merece la pena luchar, no son placenteras. Por tanto, ni el placer se identifica con el bien, ni todo placer se debe apetecer.”

Cuando a uno le preguntan que es ser feliz, se equivoca al conjugar el verbo, porque menciona siempre tener, por ejemplo, tener salud, tener dinero, tener comodidades, y la verdadera felicidad está más en dar que en tener, la verdadera felicidad la da la tranquilidad de conciencia. De allí la importancia en formarla como se debe. Mahatma Gandhi decía que la alegría está en la lucha, en el esfuerzo, en el sufrimiento que supone la lucha, y no en la victoria. Ojo, no hablo de estar felices, ese es otro tema. Eso es bienestar. Hablo de ser felices. Para “estar” felices (algo momentáneo) solo hace falta ir por la vida acumulando placeres y evitando sufrimientos a cualquier costo. Estar en exceso aburre, ser en exceso dignifica.

El Papa Francisco nos dejó recientemente unas recetas para ser felices:

1. “Haz felices a otros. Si miras a la masa, no actúas nunca, si miras a una persona, sí. Crear felicidad nos hace mejores y más felices. Tu vida es lo que has dado.

2. Comparte los Domingos con la familia.

3. Olvídate rápido de lo negativo. La necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro.

4. Da y recibe amor, la gente necesita establecer conexiones significativas con otras personas para sentir verdadera alegría.”

Y es que finalmente lo que define a las emociones positivas, aquellas que brindan felicidad, es que no puedes experimentarlas si no tienes vínculos. Robocop no siente amor, alegría, ni compasión. Las personas solitarias y que no se interesan por los demás, suelen ser infelices. Es curioso como hoy en día, tenemos cada vez más amigos en el facebook y nos sentimos más aislados.

La felicidad es una consecuencia de un modo de ser, de estar, de vivir, de pensar y de actuar hoy. La felicidad está en el camino y no en la meta. Cuando acabe el colegio, cuando termine la Universidad, cuando me case, cuando tenga hijos, cuando se vayan, cuando sea gerentaso, cuando gane miles de dólares, cuando adelgace y llegue a mi peso ideal, y podría seguir….siempre hay un mañana donde se guardan nuestros mejores sueños e ilusiones. A lo peor cuando llega, desilusiona, porque nos damos cuenta de que por mirar el futuro, dejamos de saborear el presente, y que nuestro futuro, nuestra felicidad, dependerá de lo que hagamos hoy.

A veces perdemos, y???

Upsidedown todo depende de como miremos las cosasSi, ya sé. Normalmente escribo sobre lo contrario, “No te rindas”, motivación, éxito, etc. Pero la vida no es tan linda como parece. No todo lo que brilla es oro. A veces, fracasamos, nos rendimos, y???

Como decía Leopoldo Abadía, en este mundo no hay ganadores. Hay gente que trabaja, que se esfuerza, a la que como a todos, unas cosas les salen bien y otras no tan bien. Lo que si hay y mucho, somos los que nos enfocamos más en hacer creer a los demás que somos felices, que en tratar de serlo. Sino, pregúntenle al Facebook, la herramienta perfecta para aparentar y venderle a nuestros amigos que somos unos “winners”. Vendemos felicidad a granel para demostrar lo bien que la vida nos trata, fotos de nuestros viajes, nuestras juergas, tenemos la necesidad de decir donde estamos por más que a nadie le interese con frases como “Rafael@salón VIP aeorpuerto”, y ese tipo de comportamientos de niño que todos tenemos. Estupideces. Que tire la primera piedra quien no sea (en mayor o menor grado) así.

A veces el “winner” no cuenta completa la historia, y olvida decir por ejemplo que antes de que le salga ese super negocio, fracasó en muchos otros, y que sigue perdiendo dinero, esa foto en la que sale feliz y borracho en el Facebook no es más que algo posado porque la procesión va por dentro y la vida es otra.

No hay “mal” que dure 100 años, ni tampoco “bien” que los dure. A veces solo estamos mirando lo mal que nos ha ido (enfocados más en lo que no tenemos que en lo que tenemos), o a veces nos confiamos y nos creemos perfectos. Pues ni lo uno ni lo otro.

Así es la vida, no se entiende la luz sin la oscuridad, la alegría sin la tristeza, la palabra sin el silencio, la paz sin el conflicto, la compañía sin la soledad. Son las cartas de una baraja con la que hemos de aprender a ganar el partido de la vida, decía Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE.

Los malos tiempos muchas veces se traducen en fracasos profesionales, negocios que no rinden lo que pensamos, pleitos con jefes, pares o subordinados, etc. Como recordaba Leopoldo, aunque angustien, no son esenciales, porque no afectan a tu familia, si está bien formada. Le afectan y mucho si te has dedicado a enseñar, con tu forma de vida, a tu marido o a tu mujer y a tus hijos que lo fundamental es tener mucho dinero y que los “winners” son los que ganan S/. 500,000 al año o más. El día en que entre tu mujer y tu , con mucho esfuerzo lleven S/. 75,000 al año los hijos pensarán: mi padre es un “looser” que no gana más que esa “miseria”. Si la familia está bien formada, esos apuros sirven para que todos apoyen.

Se trata también de diferenciar cuando perdemos y cuando fracasamos. Los niños yerran no fracasan, por eso aprenden. Los adultos mantenemos una muy mala relación con el error y por eso estamos como estamos. Una de las interpretaciones más útiles del fracaso, dada por Dan Gilbert, profesor de Harvard en su charla en http://www.ted.com, es la idea de que ni siquiera existe. Llamémosle retroalimentación, o aprendizaje, pero nunca fracaso. ¿La estamos pasando mal?

Una buena receta de Alejandro Dumas: “La esperanza es el mejor médico que conozco. Hace que agite el náufrago sus brazos en medio de las aguas, aun cuando no vea tierra por ningún lado… El hombre se descubre cuando se mide con el obstáculo.”

¿Cuántos profesionales exitosos son consecuencia feliz de errores correctamente leídos e interpretados? ¿Cuántos hay también que necios y orgullosos, no interpretaron bien los errores y la mente los traicionó? Betsabé Tierno, psicólogo mundialmente conocido, decía que los límites están construidos por nuestros miedos, dudas y pensamientos derrotistas. “Un pasado que se niega a retirarse y un futuro que se empeña en asustarme”, cocktail perfecto para explotar. Los pensamientos siempre tienen consecuencias y si continuamente pensamos en problemas y tristezas, nuestra actitud será una consecuencia de ello. Por eso, que importante aprender a pensar lo que pensamos.

Quien deja todo lo que lleva dentro en la cancha, quien pierde el partido con el depósito de gasolina vacío, puede perder, pero no fracasar. Si actuamos de forma tal que siempre vamos “all in”, siempre ganaremos, porque ése es el único partido que depende de nosotros, el único que nos vale para la eternidad. Los resultados lamentablemente dependen en buena parte del esfuerzo, pero también de muchas variables externas y que no podemos manejar.

En fin, para poder juzgar hay que haber jugado el partido. Que fácil imaginar el dolor ajeno, los problemas cuando ni nos ha tocado vivirlos. No se si por suerte o por desgracia, pero yo sí he perdido y me he rendido miles de veces. Pero bueno, no se acabó el mundo. Si en la caída, el desánimo prende y arraiga, allí sí fracasaremos. Si aprendemos del mismo y enmendamos el camino, la cosa cambia.