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Escucha con los ojos

SILENCIOEn la vida, lo más importante es que lo más importante tiene que ser lo más importante. Parece un juego de palabras pero es bastante más profundo. Y es que muchas veces no sabemos identificar y priorizar las cosas que realmente van a mover la aguja de nuestro desempeño.

Hace unos meses, asistí a un Seminario sobre técnicas para potenciar la creatividad en el trabajo. Y el reto era: ¿Qué tendríamos que hacer para duplicar la facturación en nuestras empresas?. Alguien dijo que generar ideas para fabricar el producto por la mitad del costo. Muy ambicioso y sin duda, de ser viable, sería la idea del millón, pero la realidad es que muchas empresas se han dedicado el año pasado a ahorrar costos al máximo y si bien, han sobrevivido, el hacerlo sin otra estrategia en paralelo, claramente las ha dejado en una posición débil de cara al nuevo contexto.

¿Han probado con algo tan básico pero a la vez tan escaso en estos tiempos como enfocarse en su gente, conectarse con ellos? A lo mejor no doblamos ninguna facturación, pero con seguridad aumentaremos la productividad. Una de las competencias que sin duda, van a tomar una enorme relevancia en un mundo hiper conectado, son las habilidades de comunicación y persuasión, vale decir, dominar el arte de la conversación.

Los que lo hacen son los que construyen relaciones a largo plazo. Hay que generar lazos, tender puentes. Los que realmente entienden y conectan con la realidad y con la gente son aquellos que pueden liderar e inspirar.

¿Y cómo hacerlo? Pablo Ferreiro del Pad me decía que lo más importante era la cercanía para conocer y el conocimiento para querer, no para criticar, no para censurar, no para establecer distancia. Si yo soy más alto que el resto, puedo usar esa ventaja para servir de faro a los demás. Si yo soy más bajo, puedo ver qué pasa por debajo. El sentido de las capacidades tiene que ver con cómo se colabora con el resto.

Escucharlos! Escuchar es más importante que hablar, porque cuando escuchas es increíble lo que puedes aprender. Cuando pones en practica lo que aprendes, es increíble lo que puedes cambiar.

La comunicación no es solo palabras, son miradas, movimientos del cuerpo, le llaman comportamiento no verbal. Peter Drucker decía que lo más importante de la comunicación es escuchar lo que no se dice. Escuchar con los ojos implica leer caras, interpretar gestos, captar lo que se dice entre líneas, distinguir timbres de voz, descifrar silencios. Esto inclusive es a veces más importante que lo que te dicen con las palabras, y es que éstas pueden engañar, lo gestos no.

Santiago Alvarez de Mon del IESE decía que un detector de mentiras y exageraciones es el arma de cualquier persona atenta y curiosa que domina el arte de preguntar y escuchar. Y es que aquí reside el toque distintivo de las personas persuasivas. Si la conversación tiene que ver con la habilidad de convencer al otro, ¿qué mejor que hacerlo desde su propia realidad, desde sus argumentos, conceptos, valores y estados de ánimo? A eso es lo que Daniel Goleman le llama Inteligencia Emocional.

Pero no es nada fácil, muchas veces decimos “Es que no te entiendo”. Y es que no hay que entender, hay que comprender. Existen dos expresiones muy valiosas que resumen el arte de conversar:

  1. Explícame tu punto de vista
  2. Estudiemos el problema

Con la primera cambia sobre todo el que habla porque no se pone a la defensiva o al ataque , no desea convencer a toda costa, sino que muestra su sincera disposición a acoger los argumentos de la otra persona, quien tiende a abrirse, bajar la guardia y hablar con confianza justamente porque se siente escuchada.

Con la segunda frase, se hace mucho más fácil expresar los puntos de vista sin agresividad, sin vehemencia, sin autoritarismo, y sobre todo, genera un clima de confianza en el que cada parte aporte serenamente todas las razones para convencer al otro.

Y para terminar, un consejo rápido y gratis. La pregunta más importante que podemos hacer para ganar la atención en una reunión, en una conversación es ¿Cómo te puedo ayudar? Háganla y se sorprenderán del resultado.

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¿El segundo lugar es el primer perdedor?

descarga“No lo puedo creer. No entiendo nada. No se cómo gané este partido. La luché hasta el final”. Juan Martín del Potro temblaba mientras lo entrevistaban luego de ganarle a Rafael Nadal. Luego se quebró en llanto. Al día siguiente dejó todo en la cancha contra Murray, perdió y se quedó con la de plata. Dicen que el 2do lugar es el 1er perdedor…

¿Del Potro fracasó? ¿O quizá es un tema de calibrar mejor la realidad con las expectativas?. Cuando tenemos metas y no llegamos… ¿Hemos fracasado? No ganó el oro, ok, pero, es el 141 en el ranking, le ganó al No.1, al No. 5 y perdió la final con el No. 2.

Me encantan las olimpiadas porque el deporte visto con otros ojos me ayuda a trabajar mejor. ¿Si fuesen gerentes, cuál de los 4 tenistas tuvo el mejor desempeño? ¿Qué define a los buenos gerentes? ¿Un currículum lleno de logros? ¿Venderse como líder, seguro de sí mismo, y muy inteligente? Hay toda una industria afuera dispuesta a fabricar profesionales tan perfectos y preparados que me asombra que no sean los Presidentes de las empresas en las que trabajan. Quizá no todo es lo que parece y al igual que Del Potro habría que enfocarse en algunos puntos que lo llevaron a la final y que podríamos traducir en competencias directivas:

  1. Resiliencia

Decía del Potro: “Lo que me pasó es un reflejo de la vida, te puede cambiar todo en un segundo. El 2009 me cambió la vida ganando el US Open, pero pocos meses después me volvió a cambiar la vida con una lesión en la mano. Pasé de ser el futuro N° 1 del mundo a no ser nada. Estabas en la cima del mundo y de golpe todo se derrumbó.”

El resiliente es el que sufre pero resiste. En el deporte y el trabajo, triunfan aquellos que han aprendido a luchar por dar lo mejor de sí mismos, a ser felices a través de la superación de sufrimientos, y de aprender de los fracasos. Y es que festejamos la victoria y odiamos la derrota, sin embargo, ambas son complementarias en el juego de la vida, y necesitamos aprender a vivir en las dos, si queremos ganarlo.

Pero no basta con el conocimiento de las técnicas de la batalla para alcanzar la victoria, es necesario pelear. No es suficiente con enterarse por donde hay que caminar para llegar al cielo, hay que recorrer el camino.

  1. Perseverancia en el trabajo

En esta vida no hay lonche gratis. Los resultados del éxito son hijos de la disciplina, de trabajar mucho y bien, del esfuerzo constante. Decía Santiago Alvarez de Mon que la experiencia per se no es un valor supremo. Los años, si no se saben leer con inteligencia y humildad, no bastan por si solos, necesitan de la perseverancia para arrojar un saldo positivo.

  1. Confianza

Las cosas buenas les pasan a los que las persiguen. La suerte se suele aparecer a los que han hecho sus tareas antes. Hay que disfrutar el partido. El resto ocurirá, y si no, no era nuestro tren. El nerviosismo, la angustia, la impaciencia, nos precipitan muchas veces a decisiones que luego nos pasarán factura.

  1. Enfoque en lo importante

Phil Jackson, mítico entrenador de la NBA, ganador de once anillos, resaltaba la importancia para competir con éxito de una mente concentrada. “En cualquier modalidad deportiva la capacidad de concentración es un factor crucial de rendimiento. En cualquier ámbito de la vida el priorizar lo importante es un elemento distintivo de excelencia.”

Y para ello hay que saber encontrarlo. No podemos sanar de una enfermedad si no la reconocemos como tal y no aceptamos los remedios oportunos. Es muy peligroso confundir un resfrío con una neumonía. Hay que distinguir los diagnósticos que nos dan luces para encontrar y priorizar los comportamientos que hay que cambiar.

Y luego, no sirven los pequeños pasos, la autocompasión, sino el golpe decidido que nos aleje de lo que nos tira para abajo. En el caso de recaída y de que parezca imposible vencer, recomenzar la lucha sin perder el ánimo!!! Es lo que hizo Del Potro hace dos días. ¿Y si lo intentamos? ¿Qué perdemos?

¿Qué voy a hacer con el resto de mi vida?

encruzilhada-brunoernicablogCuenta la mitología griega que la ambición por vivir la buena vida llevó a Sibilia

de Cumas a pedir a Apolo, vivir tantos años como granos de arena pudiese encerrar en su mano, pero, pequeño detalle, se le olvidó pedir que dichos años vengan acompañados de la eterna juventud, así que con el paso de los años empezó a envejecer. La leyenda dice que vivió nueve vidas de 110 años cada una. Vivía con un solo deseo: morir.

Y es que la vida es lo que viene. Cuanta gente hoy, parece vivir así, muerta en vida, esperando que se acabe, mientras que otros viven sin límites, “como si todo se acabara aquí abajo.” Almas vacías, desilusionadas, insatisfechas, enfocadas en si mismas. Así, no hay quien tenga alegría en el viaje. La vida resulta rutinaria, aburrida. Sin fe, sin esperanza y sin amor.

Cuando se tiene un porque, se encuentra fácilmente el cómo, y la vida se vuelve más llevadera. Por el contrario, tienen destrozado el corazón quienes no conocen el para qué están aquí. Y una vida así, sin sentido, es una carga inaguantable que se llena de vacíos, de angustias y depresión.

Cuantas tristezas por no cuestionarnos a tiempo que tipo de vida vivimos y si vamos por el camino correcto. Al final, la vida no se mide en años, meses o días sino en momentos, y éstos, mueren rápido. Lo importante de esta carrera no es correr, es lo que vivimos mientras corremos hoy, aquí y ahora. El presente es el único momento que tenemos.

¿Estamos cumpliendo nuestros objetivos? ¿Cuáles eran? ¿Éxito?, ¿Felicidad? A lo mejor, antes de eso, debiéramos preguntarnos ¿Qué es el éxito para nosotros? ¿Quién lo define? Si nos vamos a pasar la vida persiguiendo un éxito que es definido por otros, siempre estaremos frustrados. Nunca habrán suficientes victorias, porque una vez que las consigamos, nos daremos cuenta que seguimos siendo infelices. Contra el pensamiento de la gran mayoría, primero se busca ser feliz, y como consecuencia de eso, uno es más productivo y tiene un mejor trabajo que le genera éxito. No al revés.

Cualquier edad es buena para darse cuenta de lo que hemos hecho mal y enmendar. Aprendemos a caminar cuando nos caemos. Y para ello hay que cambiar de chip, ir contracorriente, vencer las trampas mentales y darse cuenta de que todo lo que nos vende la vida en verdad no es tan bonito ni dura tanto como pareciera. Y es que…

  • La cabeza tenía que estar por encima del corazón,
  • La persona siempre fue más importante que la cosa,
  • La familia más importante que el trabajo,
  • El camino más importante que la meta,
  • El esfuerzo más importante que el resultado,
  • El ser feliz más importante que el hacer creer a los demás que eres feliz,
  • La capacidad de interpretar la realidad más importante que la realidad
  • El hoy más importante que el mañana porque éste depende de lo que hagamos ahora,
  • El tiempo era lo que teníamos que priorizar y no el dinero, en lugar de pensar en cómo ganar más dinero, pensar en como aprovechar mejor el que tenemos, en experiencias únicas y memorables que enriquecen la vida de los demás y la de uno.

Para darnos cuenta de esto, necesitamos identificar donde tenemos el corazón. No es difícil, basta mirar lo que hacemos sin mayor esfuerzo, a lo que le dedicamos más tiempo o lo que nos preocupa con verdadera ansiedad. Descubiertas nuestras verdaderas motivaciones, recién podremos definir si son las que nos hacen bien.

Ya se ve que la cabra tira al monte, que no es fácil desprenderse de hábitos y costumbres de los que somos prisioneros y quizá esa sea la tarea más impostergable urgente e importante que tenemos hoy.

¿Y qué voy a hacer con el resto de mi vida? Pensar bien, ser consecuente entre mis principios, pensamientos y acciones, para no llegar a la vejez con la amargura de haber vivido la vida que otros querían para mi y no tener el valor de tomar las riendas de la misma. En esta vida no hay mal tiempo, hay mala elección de ropa, de nosotros depende.

Cuando el éxito consiste en fracasar…

Vintage-Sports-Michael-Jordan-Poster-Famous-Foul-Line-Dunk-Large-Canvas-Printing-24Inch-Wall-Stickers-Retro (1)Michael Jordan dijo «He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera. He perdido más de 300 partidos. Me equivoqué una y otra vez en mi vida deportiva. Por eso triunfé.”

Pensamos que el error no es aceptable en un buen profesional. Pero si no lo asumimos, solo sumaremos frustración y perderemos oportunidades de mejora. Ganamos cuando nos levantamos en la derrota con optimismo y cuando no nos creemos la victoria.

El fracaso es la otra cara del éxito. No se pueden encontrar rosas que no vengan con espinas. No entendemos el concepto de ganar y perder en la vida. Y es que sale muchas veces derrotado el “aparente” vencedor. Buscamos la felicidad y nos sale al encuentro la tristeza. Así, la victoria y la derrota se cruzan con facilidad, quizá justamente por ser dos caras de la misma moneda. “A veces nuestra suerte sería tener mala suerte. Ciertos triunfos son engaños, ciertas derrotas preparan lejanas victorias,” decía Paul Guth.

Muchos exitosos, probablemente en lugar de estar obsesionados con esa realidad, estaban más pendientes del proceso, de su inteligencia y de su esfuerzo. El esfuerzo es muchas veces la tarea pendiente que tenemos. Hoy en día, en un mundo light, en el que nos gusta todo rápido, fácil, en cantidad y gratis, el esfuerzo está devaluado y se asocia con algo pasado de moda o inútil. Sin embargo, no conozco ningún profesional realmente exitoso que no se haya esforzado, se haya caído y se haya vuelto a levantar.

Leí en el libro “Desde la adversidad” de Santiago Alvarez de Mon, Profesor Principal de Gobierno de Personas en el IESE, el caso de Randy Snow, quien sufrió un accidente que le inmovilizó las piernas. Fue el único deportista en la historia de los juegos para olímpicos que ha ganado medallas en tres disciplinas diferentes: atletismo, tenis y basquet. Nos cuenta: “Mi accidente me dio una nueva perspectiva en la vida. Como si estuviera mirando la vida con un solo ojo. Curiosamente me dio una claridad que antes permanecía escondida. Sé que suena de locos pero me alegro de lo que pasó. Gracias a mi situación he adquirido una nueva dimensión de la vida. Nos rodeamos en nuestra zona de autocomplacencia de cosas y necesidades que nos atan y esclavizan. Gracias al accidente he conseguido desprenderme de muchas ataduras estúpidas. Obvio que deseaba que mi accidente no hubiese ocurrido, pero ahora podía manejar lo que la vida me solicitaba. Mi nuevo reto era volver a hacer aquellas cosas que tanto me apasionaban”. Al respecto, comentaba Santiago “No cabe duda que Randy lo logró. Dichos éxitos y logros son señales luminosas que tienen su enchufe inicial de energía en esa sabia y humilde aceptación de las nuevas reglas de juego.”

Antoine de Saint Exupery, en su obra maestra, El Principito, decía que “Solo a través de experiencias de sufrimiento y prueba, el alma del ser humano se fortalece, la visión se aclara, y el verdadero éxito se alcanza.”

Para salir a flote y sentir la sensación de respirar con el alma, hay que estar ahogándose. Es ahí donde entra la automotivación, el “tú puedes”. La fuerza de voluntad se puede cultivar en cualquier persona. Pablo Ferreiro, Fundador del PAD, decía que la inteligencia tiene límites, la voluntad no. Si te empeñas, movilizas tu energía, esfuerzo y ganas.

Yo no admiro a la gente que ve cuando hay luz, sino a aquellos que ven desde la oscuridad, es decir, a la gente que aun cuando las cosas se han puesto feas sigue creyendo en sí misma y sale adelante a base de esfuerzo, perseverancia y paciencia porque ganar es la consecuencia de ello.

El error y la pérdida nos dan la posibilidad de sacar lo mejor de nosotros, quizá hoy he perdido, pero no fracasado. “Si estás pasando por un infierno, sigue caminando… y terminarás saliendo de él’, decía Winston Churchill. Solo interiorizando nuestras derrotas alcanzaremos las victorias. Si no aprendemos a perder, nunca ganaremos. Aquellos que no aprenden de los errores están condenados a repetirlos. La aceptación serena, humilde y consciente de esa realidad irrefutable, es la única plataforma válida para desafiar los límites y ganar partidos imposibles.

Si das lo mejor de ti, aprendes en el camino. Y si cuando llega la ducha al final del partido estás agotado, puedes haber perdido, pero no fracasado porque solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro. No es la victoria la que hace grandes a las personas sino su capacidad para luchar por dar lo mejor de si mismos.

¿Dónde hago falta?

david-luiz-consolo-jamesConstantemente necesitamos demostrar nuestro talento, nuestro valor o nuestros logros. Somos incapaces de creernos algo si los demás no lo confirman así mediante un “like”. No nos creemos exitosos si es que no salimos en periódicos, o en las fotos de sociales o si no hablan de nosotros. Necesitamos vernos reflejados en los demás, como un espejo, para convencernos de que somos importantes. De hecho, muchos inclusive pierden familia y amigos a cambio de un “ideal” de realización personal. Sin embargo el éxito de una persona está en lo que es, no en lo que posee o en lo que otros piensen o digan de ella.

Y partiendo de ello, creo que una pregunta que deberíamos hacernos para ser realmente exitosos no es como aparentar más, sino “¿Dónde hago falta?”. Es decir, enfocarme en hacerle la vida más feliz a los que me rodean. Hoy en día, mucha gente necesita ayuda, o simplemente que la escuchen, sentirse acompañada. Muchos piensan que lo están, pero nadie los escucha realmente.

Un buen ejemplo son las redes sociales, en las que parecemos coleccionar amigos como monedas, sin diferenciar entre calidad y cantidad; reduciendo una verdadera amistad a un intercambio de fotos, saludos de cumpleaños y opiniones por messenger. Al hacer esto sacrificamos una buena conversación por simple conexión. Es paradójico porque aseguramos tener muchos amigos cuando en realidad estamos solos.

Y es que Facebook nos hace creer que siempre seremos escuchados y que nunca estaremos solos y esto crea una nueva mentalidad: “Comparto, luego existo”. Posteamos para comunicar algo y así sentirnos vivos. Creemos que al estar siempre conectados nos sentiremos menos solos, pero en realidad ocurre sin darnos cuenta lo contrario. Obviamente no estoy en contra de Facebook, lo uso, y al margen de que creo que es un canal para vender felicidad a granel, creo también que, bien utilizado, es una excelente herramienta para reconectar con muchos amigos y posicionarse en el mercado.

Decía Shini Cohen que el sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente relacionarse con otras, pero con el tiempo la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo o la vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.

Desde luego, tampoco debemos llegar a extremos huyendo de la soledad, porque hay una soledad buena, buscada, querida, que tiene mucho que ver con el silencio y la reflexión. Y es que si no somos capaces de estar solos ,terminaremos mal acompañados. Saber estar solo y en silencio es un aprendizaje que sirve para reconectar con uno mismo, nos dice Nuria Chinchilla del IESE en un reciente artículo en el que analiza la soledad que sufren hoy en día muchas personas.

Escuchar! Escuchar para comprender, escuchar para ayudar. Benedicto decía que callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; Hablando nunca aprendemos nada. En el silencio, se acogen los momentos más auténticos de la comunicación: la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo, como signos que manifiestan la persona. En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa.

Y termino preguntándome nuevamente, ¿Donde hago falta?. Pablo Ferreiro me decía que se trata de pensar más en los demás y menos en uno mismo. “El YO es el gran problema porque no da espacio al TU. No se trata de estar pendientes de lo que YO necesito. Estás ofendiendo a un TU que está esperando que lo atiendas. Búscalo. Sé capaz de percibir qué hace falta en un lugar determinado y como puedes ayudar.”

A final, el ingrediente para ser feliz, y por ende ser exitoso, es hacer felices a otros y la felicidad sin personas es como una empresa sin gente.

Ideas para liderar mejor

Funny-Quotes-On-Leadership-5Habiendo millones de artículos sobre liderazgo me atrevo a escribir un resumen de lo mejor que he leído y escuchado con el fin de compartir algunas ideas para liderar mejor. No soy nadie para dar consejos, pero médico enfermo también puede curar.

La mejor definición que he escuchado, se la pregunté a Harry Kraemmer, una autoridad a nivel mundial en este tema, luego de una clase en Kellogg: “Hacer que otros hagan cosas que ordinariamente no harían dado que tienen una habilidad para influenciar y motivar a la gente a que cumpla algún objetivo.”

¿Pero, por qué es tan difícil influenciar en las personas? Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE, comentaba que es porque creemos que dirigir se hace sólo con la cabeza y que con aprender cinco conceptos, leer libros y asistir a algunas conferencias es suficiente. Cualquiera de nosotros puede improvisar una conferencia sobre trabajo en equipo o liderazgo, pero luego no hacer nada de eso porque no lo siente. Estamos cojos en gestión de sentimientos… hacemos demasiado uso de la lógica y poco de las emociones. El éxito está en articular una mente que piensa y sienta, donde pensamientos y emociones, razón y sentimiento, lógica y pasión caminen juntos. Los líderes excepcionales son los que impactan en la cabeza y el corazón de la gente.

Cuando me hablan de liderazgo, se me viene a la mente una palabra: ejemplo. Liderar desde el ejemplo es quizá la única forma de hacerlo. Los valores no se pueden enseñar, solo se pueden aprender. Se contagian. Ya lo decía Waldo Emerson: “Sus acciones hablan tan fuerte que no puedo escuchar lo que está diciendo”.

Y todo comienza por liderar primero la vida de uno. Enfocarme en sacar la mejor versión de mí mismo y luego la mejor versión de los demás. Y es en esta etapa donde cosechamos los valores que hemos sembrado antes como la humildad, la escucha activa, el esfuerzo y la perseverancia.

Solo una vez cumplida esa tarea podemos aspirar a liderar a otros. Me gusta la definición de empresa que daba Giovanni Agnelli, CEO de Fiat, quizá porque no es académica, sino práctica: “Una empresa está formada por personas con diferentes historias, culturas, inclinaciones, aspiraciones (…). Y todas esas personas, de diferentes edades y culturas, con diferentes empleos, tienen que llevar a cabo el milagro de trabajar juntos, de modo que los resultados de la empresa sean los adecuados. Hoy y mañana”. Y el líder es el responsable de liderarlos.

Si estamos alineados con esta definición, las personas debieran estar en el corazón de la tarea de dirigir, que como decía Argandoña, no es otra cosa que tomar las distintas motivaciones, capacidades, experiencias e ilusiones, y hacer de todo eso el motor de un proyecto común al servicio de consumidores, proveedores, propietarios, directivos y empleados. Porque queremos empresas más humanas, sí. Y también más exitosas.

Napoleón decía que los líderes son distribuidores de esperanza. Y es que influenciar es crear cosas espectaculares a través de otros, crear valor. Los líderes le recuerdan a su gente lo que es realmente importante. Inspiran confianza, ejecutan con excelencia y como una feliz consecuencia de ello, producen resultados extraordinarios.

Los líderes tienen que tener autoconfianza, sé lo que sé pero también lo que no sé. Implica conocer sus debilidades. Tienen que tener también humildad, como llegaron hasta donde están. Valorar al equipo que los ayudó a llegar. Los mejores líderes se preocupan por el lado personal de sus equipos. No es un tema de poder sino de autoridad. El poder no basta para comprometer y seducir y ahora menos, implica tener una visión y compartirla con otros. El poder, el afán de dominar, es la obsesión de los débiles. Es parte de su complejo de inferioridad.

Ya lo decía Jack Welch, reconocido como el mejor gerente del siglo XX por la revista Fortune “Compromete a tu gente y pregúntale ¿Qué haces? ¿Por qué crees que es importante? ¿Qué puedes ganar si lo haces bien?” No es el trabajo que haces el que importa, es el significado que tiene para ti. La gente no se da si es que no tiene un motivo para hacerlo. Como líderes, debemos invitar a la gente a que encuentren sentido a su trabajo.

Conversando sobre la adversidad

Actor Christopher Reeve is shown in the title role in the 1983 sequel "Superman III."  (AP Photo/TMS & DC Comics Inc.)

Actor Christopher Reeve is shown in the title role in the 1983 sequel “Superman III.” (AP Photo/TMS & DC Comics Inc.)

Navidad, es también un tiempo de nostalgia para algunos. Por eso escribo sobre un tema que a todos nos ha pasado en más de una ocasión, que es la depresión, el desánimo, la tristeza. No soy ningún experto en el tema, por eso, solamente voy a citar a héroes de carne y hueso que la han pasado muy mal y han sabido salir adelante, ellos harán algo mucho más valioso, ayudarnos a superar esta etapa.

Mi hijo Rafita, es fanático de Superman, confieso que yo soy fanático de Christopher Reeve, el actor que lo encarnó y que luego de una caída montando a caballo quedó hemipléjico. Decía en su libro “Still me”: “Cuando me despierto, tengo que superar el shock de no ser capaz de moverme. Envidio a los que corren. Ser bruscamente privado a los 42 años de muchas de las cosas que disfrutas de la vida es desalentador. Depender totalmente de los demás es muy frustrante. Durante meses me asaltaron diversos pensamientos y estados de humor, horror, gratitud, autocompasión, confusión, enfado, vergüenza y humillación. Con 45 años cuando todos los días 2 personas te tienen que dar la vuelta y ponerte los calzoncillos es una lección de paciencia y aceptación difícil de digerir. Pero mi optimismo permanece intacto.

Dejé de pensar en la vida que me quedaba y comencé a considerar, ¿Qué vida puedo construir a partir de lo sucedido? ¿Hay alguna forma de ponerse a trabajar de nuevo, algún camino que me conduzca a ser otra vez esposo y padre?.” Reeve, de quererse suicidar a las dos semanas, le dio un vuelco a su vida dotándola de sentido. Su lucha diaria se convirtió en una constante.

Veamos otro caso, Etty Hillesum, joven judía quien mantuvo un diario que testimonia su propio fin en Auschwitz, escribió días antes de morir en 1943: “El dolor en sí mismo causa a veces menos sufrimiento que el hecho de no entender su sentido. Desde el momento en que me he mostrado dispuesta a afrontarlas, las pruebas siempre se han transformado en belleza…Los peores sufrimientos del hombre son los que se temen. El sufrimiento malo no es el vivido, sino el “representado”, ese que se apodera de la imaginación y nos coloca en situaciones falsas”.

Nuestra última invitada de hoy, Mar Cogollos, joven psicóloga mundialmente famosa, que por un accidente quedó también hemipléjica, nos dice en plena depresión, en su libro Elogio de la debilidad: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Aterricé pronto y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me quedé allí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida. Apoyar a los demás me ayudó muchísimo en mi recuperación. Mis compañeras tenían que levantarse e ir al gimnasio. Les urgía a que se arreglaran, que siguieran siendo mujeres, la vida continúa. Cuando abandoné el hospital una persona me dijo, que no te miren con pena sino con admiración, y eso va a depender exclusivamente de ti. Y es que cuando te enfrentas a una adversidad, muchas veces te saca de dentro esa necesidad de darte mas generosamente a los demás”.

Al respecto, Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE decía: “El que se presta mucha atención, es más propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.”

Podemos aprender mucho más de la gente llena de problemas, que de los gerentasos, inteligentes y famosos. A través de su crecimiento, aceptación y entrega, la gente herida nos enseña que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices.

¿Qué hacer cuando llega la adversidad? ¿Volver a leer notas tomadas de un curso de motivación? Probablemente sirvan de poco. Lo único que sirve es la seguridad de que todo pasa por algo y nada es casualidad en esta vida, Dios sabe porqué hace las cosas. Tenemos dos opciones, o llevamos la adversidad con angustia, molestia, pena y sufrimiento, o le sacamos provecho a la vida, y le vemos el lado bueno. Podemos tener el semblante serio y el corazón compungido, pero nadie nos quitará la felicidad de tener la conciencia tranquila, de saber que hacemos lo correcto, que luchamos por salir adelante.

“El niño tonto llora y patalea cuando su madre hinca un alfiler en su dedo para sacar la espina que lleva clavada, el niño discreto, quizá con los ojos llenos de lágrimas, porque la carne es flaca, mira agradecido a su madre que le ha hecho sufrir un poco para evitar mayores males…Hay veces que uno no se explica porqué la pasan tantas cosas malas, y no sabe que finalmente son por su bien.” San Josemaría Escrivá de Balaguer