Ideas para vivir mejor

Rafa Nadal, un ejemplo a seguir

Febrero 6, 2010 · Dejar un comentario

Esta semana postearé un extraordinario artículo de Santiago Alvarez de Mon publicado en el último Boletín del IESE Insight sobre el extraordinario tenista Rafael Nadal y lo mucho que podemos aprender de él:

Rafa Nadal es un campeón de ley. No es una cuestión de talento, aunque está claro que lo tiene. Muchos nacen con habilidad, pero pocos se preparan tan a conciencia como él para llegar a lo más alto. Y todavía menos luchan como él cuando están contra las cuerdas. Nadal, uno de los mejores tenistas del mundo, es un ejemplo. Un ejemplo, ahora más que nunca, para España, sus empresas y sus trabajadores.

Los primeros pasos

Rafael Nadal Parera nació en Mallorca el 3 de junio de 1986, en el seno de una familia muy unida. Sus abuelos habían creado lazos muy fuertes y de hecho, muchos miembros del clan hacen negocios juntos. También era una familia unida al deporte, y de hecho su tío Miquel Ángel Nadal había llegado a la élite del fútbol. Un día, con tres años, su padre le llevó a ver a su tío Toni Nadal, entrenador del club de tenis de Manacor. “Coge la raqueta, a ver si le das”, le dijeron. Y el niño golpeó la bola como la cosa más natural del mundo. Toni se quedó sorprendido, y ahí empezó todo. Tenía talento.

Aunque no hay que confundir talento con facilidad, avisa su tío y entrenador. Muchos jóvenes tienen facilidad pero no llegan a la élite. “La cabeza no les da para más”, dice. El talento es la capacidad de aprender, de perfeccionar una habilidad. No se trata tan sólo de dar los primeros pasos, sino también querer llegar a los últimos. Cuando Rafa fue campeón de España con diez años, Toni Nadal le mandó un aviso: le enseñó la lista de los últimos 25 jugadores que habían ganado ese torneo. Nadal sólo reconoció a uno: Alex Corretja. Los demás se quedaron en el camino.

 Una base sólida

Los padres de Rafa han cuidado mucho su educación, aunque compaginar libros y raqueta le llevara a jornadas maratonianas de 8 a 23h. Completar la ESO no fue fácil para el jugador, y por ello, en los momentos clave, los estudios pasaron por delante de torneos tan importantes como Roland Garros Junior. Pese a estudiar la posibilidad de trasladarse al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, la fábrica del tenis de élite español, decidieron que se quedase en Palma. Lo querían cerca de la familia.

 En lo deportivo, los entrenamientos de su tío Toni se basan simple y llanamente en el esfuerzo. Cree que el éxito se entrena a los 7 u 8 años, no a los 20. Siempre le ha exigido el máximo a Rafa, aún a costa de una tensión a veces excesiva y de mandarlo a casa agotado. Las sesiones van desde las 3 horas entre torneos hasta jornadas casi de sol a sol en pretemporada. Le ha preparado para los momentos difíciles, para la frustración, y sobre todo, para la perseverancia.

Nunca le ha permitido excusas: por ejemplo, en un partido contra el estadounidense Blake, Rafa se quejaba de que las pelotas no cogían efecto. Toni le respondió: “pierde, vete a casa, deja de quejarte tanto”. Nadal perdió, pero la semana siguiente ganó un torneo con las mismas pelotas. Las excusas no valen, porque el rival juega en las mismas condiciones. Otro detalle: nadie verá a Rafa tirar una raqueta al suelo. Sabe lo caras que son y que mucha gente no puede permitírselas. Tampoco le han dejado acomodarse. Incluso después de victorias importantes como su primer Roland Garros, su entrenador le ha obligado a analizar los puntos débiles de su juego. Siempre hay tiempo para la crítica constructiva.

 Crecer con el equipo

Como cualquier otra empresa, el equipo de Rafa ha ido creciendo con la llegada de nuevos triunfos y nuevos retos. Se ha pasado de un núcleo de dos personas (su tío y él) a un grupo compuesto por 7 personas: jugador, entrenador, manager, fisioterapeuta, preparador físico, segundo entrenador y jefe de prensa. Una ampliación que se ha hecho progresivamente y siguiendo un espíritu de cercanía. El manager, Carlos Costa, trabaja con ellos desde que el jugador tenía 14 años. Tanto el preparador como el fisioterapeuta son gente de confianza del entorno de Mallorca, profesionales que antes no se movían en la élite. Es decir, no se ha ido a cazar figuras mundiales. Tampoco se ha crecido por crecer. El jefe de prensa llegó cuando ya era imposible atender todos los medios, y el segundo entrenador se incorporó porque Toni, cansado de tantos viajes, quería pasar más tiempo con su familia.

 Cada miembro tiene delimitada su función, aunque de manera tácita, sin formalismos. Además, el proceso de decisiones es ahora más rico: el jugador tiene más puntos de vista donde escoger. Pero esta evolución no ha alterado el orden básico de las cosas. El equipo sabe de dónde viene el éxito: del trabajo constante de Rafa, al que su tío le ha llevado desde hace más de 15 años. Todo depende de su esfuerzo y de sus ganas de aprender. Ahora mismo, el jugador lleva meses mejorando su saque, y su tío sigue pensando que los progresos son insuficientes. Igual que las empresas saben que hay que innovar para seguir adelante, Nadal sabe que si no mejora sus rivales le atraparan. Él mismo logró destronar a Federer, el jugador que todos señalan como el más hábil del circuito. En un momento tan duro para muchos como el actual, el mensaje de Rafa es claro: no importan las condiciones, no importa el rival, no sirven las quejas. El esfuerzo lo puede todo y las dificultades están ahí para superarlas: las vences o te vencen.

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¿Cómo administrar mi carrera? 2da parte

Enero 30, 2010 · Dejar un comentario

Eligiendo un nuevo trabajo

Si luego de hacer la evaluación del post anterior nos damos cuenta que estamos en el trabajo equivocado, o si es que estamos en un proceso de recolocación laboral, comienza nuestra etapa de búsqueda, en la cual, es crucial saber escoger la mejor opción. Muchos de nosotros basamos la elección del nuevo trabajo en base al sueldo bruto mensual. Pero no es la única variable a tomar en cuenta, hay otras que vale la pena incluirlas para nuestro proceso de toma de decisiones. A continuación algunas de estas:

       Remuneración:

–         Sueldo fijo y sueldo variable

–         Bonos e incentivos al contado y a largo plazo

       Oportunidades de desarrollo

–         Capacitación

       Condiciones y características del trabajo

–         Naturaleza del trabajo

–         Libertad y autonomía

–         Ubicación geográfica

–         Flexibilidad horaria

       Gusto y habilidad por las funciones

       Ambiente y relaciones de trabajo

–         Clima laboral

–         Jefatura

–         Balance vida – trabajo / Calidad de vida

       Características de la organización

–         Prestigio de la empresa

–         Título y nivel del cargo

–         Estabilidad laboral

       Conveniencia general para la persona y la familia

       Qué nos dice el subconsciente

Vale la pena tomar en cuenta todas estas variables, ponderarlas, para tener una visión mucho más clara del trabajo que más nos conviene.

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¿Cómo administrar mi carrera? Primera parte

Enero 24, 2010 · Dejar un comentario

Hoy en día no basta estar trabajando en un buen trabajo. Para surgir en este competitivo mundo es necesario tener un plan de administración de carrera muy claro que nos indique si vamos en la dirección correcta y cuestionarlo cada año.

Un buen comienzo es hacerse las siguientes preguntas:

  • ¿Mi trabajo actual me reta? ¿Disfruto lo que hago?
  • ¿Cómo me gustaría  que fuera mi vida personal, estoy contento con la que tengo actualmente?
  • ¿En qué situación me gustaría estar en 5, 10, 15 años?
  • ¿Qué tipos de trabajo me gustan, en qué ambientes me desarrollo mejor?
  • ¿Las personas con las que trabajo me hacen sentir bien?
  • ¿Cuáles son mis destrezas más destacadas?

Son algunas preguntas de auto análisis que buscan validar o cuestionar nuestro trabajo actual. No digo que haya que cambiarlo, y menos en estos tiempos, sino que identifiquemos si realmente nos apasiona y si no lo hace, encontrar el porqué, tratar de modificar nuestros hábitos o comportamientos para que lo haga e inclusive logremos el tan esperado ascenso y si no, sólo en ese caso, ver en el mercado otras opciones.

Una manera de identificar lo anterior es mirarse a si mismo, conocer que es lo que nos distingue, qué es lo que más valoramos, qué nos hace sentir felices. Luego de ello, preguntar a los demás qué nos caracteriza, quizá una rápida descripción, que tipo de trabajo sería el ideal para nosotros, y finalmente hay también herramientas psicológicas de evaluación para validar lo anterior.

Jack Welch, Ex CEO de General Electric y nombrado por la revista Fortune como el mejor gerente de todos los tiempos, nos dice que es posible acelerar la progresión de nuestra carrera para llegar de manera más rápida al objetivo que deseamos. Para ello recomienda su método 10-10-10, que no es más que el proceso de considerar sistemáticamente las consecuencias de una decisión a lo largo de los siguientes 10 minutos, 10 meses y 10 años.

Recomienda cuestionarse si el trabajo nos permite trabajar con aquellos que comparten nuestra forma de ver la vida, o debemos asumir una personalidad distinta para trabajar durante el día. Nuestra motivación, nuestra satisfacción laboral, dependerá en gran medida del nivel de compenetración (valores, comportamientos, características personales) con aquellos a quienes vemos por más de 8 o 12 horas cada día.

Otro punto importante que recomienda es identificar si el actual trabajo nos reta, nos hace pensar cada día más, logra sacar lo mejor de nosotros o nos emociona cuando lo hacemos bien.

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La sonrisa, ese abrepuertas

Enero 17, 2010 · Dejar un comentario

Esta semana les traigo un artículo que me envió la semana pasada Marco Suarez, un buen amigo, Director de Chopin. Marco fue Gerente de Marketing de Supemercados Wong por lo que es todo una autoridad para escribir sobre estos temas. Los dejo con su artículo:

Está comprobado, la sonrisa es contagiosa. Igualmente, los gestos de afirmación mientras se conversa predisponen positivamente al otro, y al revés, los micro-gestos que denotan negatividad inflaman el espíritu del cliente. Cuando los clientes se enfrentan a un colaborador que los recibe con una sonrisa y sabe mantener una actitud positiva durante la transacción, se sienten muy bien. Al sentirse bien, buscarán saber el nombre del colaborador, porque íntimamente se les despierta el deseo de desarrollar una relación con esta persona que lleva alegría a su vida. La sonrisa de los colaboradores  predispone positivamente a los clientes frente a la empresa y logra sean más benévolos en su evaluación.

 Es posible enseñar a sonreír. Por supuesto no estamos hablando de simular una sonrisa aunque, increíblemente, esto también ayuda. Los niños se parecen mucho a los padres más por imitación que por genética; lo mismo sucede con los colaboradores: se parecen mucho a sus jefes. Por ello, si tienes gente a tu cargo, tienes que sonreir más. Una regla sencilla para sonreir más es imaginar que tienes un lapicero puesto horizontalmente entre tus dientes. Verás cuán útil es iniciarse con ese gesto.

Estas fiestas navideñas abren una gran oportunidad para que tus clientes y tu gente sientan una nueva disposición positiva mutua. ¡Todos lo agradecerán!

Recientemente las neurociencias han redescubierto (esta vez científicamente) lo que la intuición dice: la clave del éxito de un buen gerente está directamente relacionada a cómo se siente su gente. David Rock, profesor de la Universidad de Nueva York, acaba de publicar un artículo en el que explica el SCARF, que en inglés significa bufanda, tal vez queriéndonos decir, subliminalmente, que nuestra gente necesita la calidez y el calor de sus jefes. Esto es, servicio al cliente puro.

SCARF es el acróstico de Status, Certainty, Autonomy, Relatedness, Fairness (www.chopin.pe   casos de negocio ). Veamos suscintamente qué necesita nuestra gente de nosotros:

1.        Status . Todos sabemos que el trabajo dignifica al hombre, pero también sabemos que hay trabajos más pesados, más “sucios” y de aparente menor importancia. Si el colaborador no siente (mejor dicho no le hacemos sentir) que la pieza del rompecabezas que le corresponde poner en el mapa de procesos es clave para la satisfacción del cliente, entonces hará su trabajo de mala gana y acumulará sentimientos negativos contra la gerencia, contra los clientes.

Decir “¡Buen trabajo!”, con una mirada franca y una sonrisa de reconocimiento, activa las mismas zonas cerebrales que se activarían con un reconocimiento económico inesperado. Dar status no sólo es dar promociones o aumentos. No hay sentido alguno en que el jefe sea egoísta en elogios.

2.        Certeza. Nuestra gente necesita tener la certeza de que su trabajo es bueno y el jefe la debe transmitir. El dolor emocional que las personas sufren al sentirse ignorados es comparable al dolor físico (Antonio Damasio – El error de Descartes), las fMRI (resonancias magnéticas) lo demuestran. Tal vez el pecado más grave que atenta contra el buen servicio al cliente es que nuestra gente se sienta ignorada por el jefe. Es tan simple de corregir con un saludo al pasar, con una mirada democrática, con una sonrisa, o con unos cuantos minutos de cuando en cuando con cada persona de nuestro equipo…

3.        Autonomía. La percepción de autonomía de una persona aumenta su sensación de seguridad y disminuye el stress. Pensemos cuánto de nuestra propia inseguridad la trasladamos al respirar en la nuca a nuestros colaboradores. Una regla simple de “empowerment” no es dar autonomía plena al primer frente, sino darles la posibilidad de conversar, de llamar libremente por teléfono al jefe, o al jefe de su jefe, o si ellos lo consideran, al jefe del jefe del jefe. Esta línea abierta hacia arriba genera una sensación de equipo inconmensurable.

4.        Pertenencia.  Maslow ponía esta necesidad humana como posterior a sus necesidad básicas; hoy queda claro que la pertenencia es una necesidad básica. Una relación sana con nuestra gente requiere confianza y empatía. Y no podemos tener empatía si no tenemos una mirada para las otras personas. Dejemos de rumiar nuestros propios problemas y miremos a nuestra gente. La ganancia secundaría será, además, que pondremos nuestros problemas en su real dimensión y no los sobreestimaremos. El sentido de pertenencia a un grupo, a un gran equipo, es fun-da-men-tal.

5.        Transparencia. La percepción (y las percepciones hacen realidades) de que una situación es injusta, es un brutal golpe al plexo del servicio al cliente. La transparencia, el compartir información, el evitar grupos de privilegio hace que la gente esté motivada y lista a atender a los clientes como ellos son atendidos por la empresa.

Como vemos, la receta es simple. Pero no nos engañemos, implementar esta receta en la vida personal de cada uno de nosotros tomará tiempo, de modo que podríamos recomenzar hoy. Por ejemplo, podrías pasar este mail a los jefes que están debajo tuyo, a tus pares, a tus jefes. Sin embargo, lo más importante está en el trabajo con uno mismo.

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Mis metas laborales del 2010

Enero 10, 2010 · Dejar un comentario

Uno siempre se traza metas, y el comienzo de un nuevo año siempre es un buen momento para revisar lo pasado, ver en que fallamos y trazarse una serie de objetivos concretos y medibles para el año que viene.

En el plano laboral, mi ilusión es:

Dentro de las limitaciones de recursos y sobre todo propias, hacer mi mejor esfuerzo para administrar de la mejor manera la compañía en la que trabajo.

Ganarme los corazones y las mentes de todo mi equipo de trabajo. Preguntar más, escuchar mejor, ponerme en sus zapatos de ustedes para ver una película distinta, ni mejor ni peor, sino con otra perspectiva.

No aspirar a dominar, sino tratar de limitarme a ser de utilidad.

Formar una empresa muy competitiva, muy rentable para el accionista y para todos los que trabajamos en ella, económica y financieramente sólida, con unos niveles de gestión de máxima eficiencia, pero cuyo índice final para definirla como verdaderamente exitosa sea la “sonrisa y bienestar” de aquellas personas que dan sentido a nuestra vida, que son nuestras familias. Si mi liderazgo permite, fomenta y cultiva esta meta, si promueve el crecimiento profesional, personal y espiritual, en resumen, de mejorar la calidad de vida de todo el equipo que trabaja conmigo, me sentiré satisfecho. A eso aspiro, nada  más…y nada menos.

Que la empresa en la que trabajo, rompa esquemas, rompa paradigmas, rompa records de ventas, utilidades, comisiones, pero sobre todo records de satisfacción de la gente que forma parte de ella. Se que en papel suena muy bonito, muy prometedor, pero en la cancha, la cosa es distinta,

Mezclar posiciones aparentemente opuestas como trabajar y divertirse, sudar y disfrutar, razonar e imaginar, pensar y actuar, esforzarse y relajarse, perder y ganar. Nuestro éxito estará en saber utilizar en su debido momento cada una de estas variables. Dicen que bajo el sol existe un tiempo para cada actividad.

Convertir a Laborum (la empresa en la que trabajo) en una fuente inagotable de talento, que los mejores profesionales maten por venir a trabajar con nosotros (como ha pasado hasta ahora). Una vez que se nos unan y conozcan, que decidan quedarse, porque sientan que son felices en el trabajo, la pasan bien, ganan muy bien, y sientan que se dan al máximo, que el trabajo los reta. Que sientan que con la misma vara que se les exige, se les retribuye.

Sueño con una empresa de profesionales que sean los mejores del Perú cada uno en su especialidad, responsables, automotivados, que se ayudan y respetan unos a otros en un contexto muy exigente pero a la vez familiar.

Sueño con una forma de trabajar que incluya pasión y diversión, porque así se trabaja mejor. Nuestros gestos al entrar y salir dirán si entre todos lo hemos conseguido. ¿Qué necesitamos? Un equipo que no necesariamente sean los Superamigos, pero que si se respeten, que sepan que si uno se cae, inmediatamente saldrá el del costado a dar la cara por él, que se miren a los ojos, que se rían, que tengan hambre de crecer, que sean humildes para reconocer errores y carencias, que cuando se caigan se levanten rápido e insistan cuando el resto se cierra y se retira, que no caigan en la tentación de hablar a espaldas del otro, que cuando se peleen, sean los que tiendan la mano para amistarse así tengan la razón.

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Reflexiones para comenzar bien el 2010

Enero 3, 2010 · 2 comentarios

Feliz año para todos ustedes!!!!!!! Espero que este 2010 sea realmente un gran año, que se aleje el 2009 y que no vuelva más. Esta semana, me he permitido repetir un artículo que ya había escrito pero que sin embargo, cae muy bien para estos días, en los que vale la pena revisar varios conceptos para empezar muy bien este año.

“Si uno avanza con confianza en la dirección de sus sueños, y se esfuerza por vivir la vida que se ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado” Thoureau


Ya estamos terminando el 2009 y estos días son ideales para revisar si hemos logrado nuestros objetivos, si hemos alcanzado el éxito y en qué nos hemos equivocado, para en base ello, planificar el 2010. En él,  viven nuestros sueños, ideales y proyectos, pero sólo entendiendo las claves del presente, hurgando en sus secretos y pliegues, podemos hacer que algunos de esos sueños tengan lugar durante el año que viene.

Siempre, en mayor o menor grado, habrá una diferencia entre nuestros planes y el dictamen final de la vida.  El secreto está en caminar ese trecho y analizar el porqué de la desviación, el porqué del error, y eso es justamente lo que trataré de mostrar en este artículo, guiándome de algunos expertos que ya lo han hecho antes, y les ha ido muy bien.

Dice la conocida frase, Errare humanum est, pero también es humano y útil analizar los fracasos que hemos tenido este año. Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores:  “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, llovía a mares. Muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante, ¿Qué pensarían mis compañeros de equipo? De ciento once corredores acabé último, terminé a media hora del ganador. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional.  Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida”  Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo preparado de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “

Al respecto, comentaba Santiago Álvarez de Mon: “Gracias Lance, necesitaba oír a un deportista en términos tan familiares y esperados. En la derrota hay que tragarse el orgullo, comerse la furia que te da el desprecio público, sentir el coraje y la frustración internos de tu mediocre rendimiento y bregar con la alternativa fatalista y cobarde de escapar del lugar de los hechos. En la victoria, así cabe calificar ese segundo puesto en Zurich, reaparece la mirada altiva y confiada, las ganas de batir a los demás como revancha de su vergüenza anterior, la vanidad restablecida que cosecha aplausos en lugar de pitos, y sobre todo, esa sensación de poder y dominio imperiales. Ganar es placentero, embriagador y además el mejor salvoconducto social que se puede expedir. La victoria es un fenomenal abrelatas, nada se le resiste. Al ganador se le abren todos los despachos, ningún gerentaso está reunido cuando llama, todos los políticos y periodistas están disponibles. Es la persona que todos quieren visitar, ver, tocar y agarrar. Perder, por el contrario, es doloroso, desconsolador, hiriente, y además antisocial y discriminatorio. Las puertas se cierran, las llamadas de teléfono se atragantan incontestadas, las reuniones se prolongan. Al menos sirve para prepararse para la soledad futura, los políticos, periodistas y amigos de antes, aduladores profesionales, te ignoran y ningunean. Solo quedan los sufridos familiares, flaco consuelo. La victoria es saludable y gozosa, la derrota es masoquista y desoladora, así de sencillo.” Álvarez recomienda nunca estudiar el pasado buscando fracasos sino más bien, analizarlo como una gran experiencia.

Los errores son parte principal del proceso de construcción, tienen que ser cometidos. Cómo actúas cuando tienes un error es crítico. Así es como las personas y las empresas crecen y mejoran. El fracaso es parte del éxito. Leía hace poco parte de la biografía de Valero Rivera, el técnico de balonmano más exitoso de todos los tiempos. DT del Barcelona que lo ganó todo, la copa Europea y muchos campeonatos nacionales. En una parte decía que estaba agradecido a sus errores. Cada vez que ganaba algo se volvía para atrás, buscaba  en el cofre de los recuerdos, encontraba una derrota anterior, le guiñaba el ojo cómplice y le reconocía su apoyo. Ojalá esa fuera la tónica general en personas y empresas.

 

En estas fecha, es común ver a los ejecutivos exitosos que se comprometen a prestarle mayor atención a sus vidas, sus familias, sus trabajos y a hacer planes para el próximo año. Sin embargo, en cuestión de semanas, la mayoría de dichos planes fracasan invariablemente. No es difícil entender por qué. En la mayoría de los casos, la causa principal es que las metas estuvieron mal definidas, el concepto de éxito no fue el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a una buena oficina, un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia, la tranquilidad personal, el desarrollo de las virtudes humanas.

De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir.

¿Cómo escaparse de los peligros del éxito? Dejaré que Rivera lo diga con sus palabras:  “Estando muy encima, alerta, teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán, luego los leeremos con cuidado y atención y extraeremos consecuencias. Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia.

Como contrapartida se ha trabajado la humildad, única arma para protegerse de la autocomplacencia y la vanidad, administrar el presente y edificar el futuro. Con el éxito los equipos se aburguesan, se miran el ombligo, se acostumbran al aplauso, y sin darse cuenta, se autodestruyen. “

 

En este 2009 he sentido muchas veces que me he esforzado mucho pero el resultado ha sido malo. Y es que hay una cierta incompatibilidad de las formas de evaluación en nuestros quehaceres diarios. Por un lado, a Dios no le importan nuestros resultados, le importa nuestro esfuerzo para conseguirlos. Lo demás depende de El. Por otro lado, en el trabajo es al contrario, normalmente en las empresas lo que importa es el resultado final. Sabemos que no todo esfuerzo genera un resultado positivo, como también, no todo resultado positivo es fruto del esfuerzo de una persona o equipo, hay muchas variables adicionales que intervienen. Pero al final, ¿Qué es más importante?

Siguiendo con nuestro invitado virtual, nos responde Valero: “Si te vas a pasar la vida persiguiendo un éxito que no es definido por alguien que no eres tú, que es medido por variables y factores exógenos, ajenos a ti mismo, siempre estarás frustrado. Nunca habrá suficientes victorias. Y, si eres afortunado y las consigues, sólo serán números. Alguien te dirá que eres grande, que eres un ganador, pero en tu fuero interno sabes que es un éxito vacío. La única forma de salir de allí es que cada uno defina constantemente su propia idea de éxito, en términos deportivos, debería tener mayor profundidad y calado que ganar. Debería estar relacionada con la pasión interior que hace sentir y vibrar a nuestro corazón.

No estoy hambriento de victorias, estoy hambriento de excelencia profesional y personal. Mi meta, mi pasión, mi último objetivo no es el éxito sino la excelencia. Si se alcanza y se renueva periódicamente, el éxito, tarde o temprano le sigue. Si desarrollar todo nuestro potencial se convierte en el gran objetivo, si la búsqueda de la excelencia es la pulsión interior que moviliza fibras y nervios oxidados e indiferentes cuando se trata de fines más vulgares, no sólo se modifica el concepto de victoria, sino que se redefine también qué entendemos por derrota.  Sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro”.

Muchas veces, los resultados no acompañan, paciencia, dicen que la excelencia anda molesta con las prisas y los nervios. No sé si este habrá sido el caso de algunos de ustedes, si fuese así lo mas importante es analizar las causas, quizá una estrategia mal definida, o mal implementada, o el equipo humano no tiene el perfil necesario, aunque quizá lo más importante sea fijarse si esfuerzo realizado fue realmente el necesario.

Parafraseando lo dicho anteriormente,   ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro. Antes de acabar un partido, una ya sabe si ha ganado o perdido, independientemente del árbitro, de los demás. Antes de cerrar el año laboralmente hablando, ya sabemos si ha sido bueno o malo para nosotros, independientemente de las metas fijadas por la empresa, ya sabemos si hemos sido realmente productivos, al margen de promociones, traslados, aumentos de remuneración  o despidos. Igual pasa con la vida, antes de acabarla, uno ya sabe si ha sido plena y abundante, si hemos dejado huella o si pasamos desapercibidos.

Como dice Alvarez de Mon, “¿Quién no ha amonestado a un alumno que saca notable, cuando sus talentos reclaman un sobresaliente? ¿Quién no ha propuesto a un colaborador subir un peldaño en la escalera de la excelencia, cuando él, cómodo y listo, se ha sentado en un descansillo, que, siendo parada y fonda, se transforma en morada y refugio permanente? ¿A qué padre o madre no se le ha caído la baba cuando ve a un hijo sudoroso perder un partido y dejar la cancha fatigado, y, en cambio, fruncir el seño cuando el mismo hijo abandona sobrado y descansado un partido, que pese a ganarlo, no conoció lo mejor de él?”.

El verdadero éxito es algo más íntimo, no sé si llama felicidad, pero si no lo es, se le parece mucho. Es  equilibrio, es vivir con la conciencia tranquila de saber que se ha esforzado al máximo por hacer las cosas bien. Este concepto difiere muchísimo de lo que pensábamos cuando éramos más jóvenes, en el que definíamos como exitosos únicamente a aquellos que tenían más dinero o a los que tenían su propia empresa.

La gente persigue la meta de maximización de la felicidad y mide su productividad en la cantidad de dinero ganado. Según una encuesta de este año incluida en una investigación realizada por Manel Baucells y M. Sarin del IESE y UCLA respectivamente y publicada en el boletín de Wharton, en la que se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, la respuesta más frecuente fue “más dinero.”. Sin embargo los indicadores de la felicidad han permanecido estables en los últimos 5 años a pesar de los aumentos significativos de la renta real que se han producido a lo largo del tiempo.  Esto no hace más que confirmar que la felicidad depende también de otros factores. Según Baucells estos son la composición genética de una persona, las relaciones familiares, la comunidad y los amigos, la salud, el trabajo (desempleo, seguridad de empleo), el entorno externo (libertad, guerras o trastornos sociales, crimen) y los valores personales (perspectivas sobre la vida, religión, espiritualidad). No obstante, los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad.  

Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. Quizá el reorientar nuestras metas para este 2010 y enfocarlas en los factores que realmente nos darán satisfacción será un buen punto de inicio.  Pero tan importante como fijarlas, es definir como implementarlas y cómo  controlar su cumplimiento durante el año. Año nuevo, lucha nueva. En fin, ya se me acabó el material y las ideas por hoy. Tengo que tener sentido de la oportunidad y saber cuando sobro en un lugar o cuando ya el artículo está demasiado largo.

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Empeñarse en la propia felicidad, camino seguro a la depresión

Diciembre 26, 2009 · 3 comentarios

Les deseo que hayan pasado una muy feliz navidad y que el 2010 llegue lleno de muchos éxitos a nivel profesional, pero sobre todo a nivel personal y familiar que al final es lo más importante.

Cuidado con las trampas de la mente 

En su libro “Tropezarse con la felicidad”, Daniel Gilbert, plantea una hipótesis en relación a como uno mismo puede tomar la actitud de vivir la vida feliz. Está estrechamente relacionada a la forma como entiende la realidad el cerebro, y para ello, es crítica la lectura que le da al pasado, el cual está compuesto en parte de invenciones, recuerdos y percepciones. A pesar de ser variables poco objetivas, son aceptadas como parte de nuestra realidad., que suele ser ambigua. En un resumen de este libro, se menciona que las ilusiones ópticas ilustran muy bien este fenómeno. Por ejemplo, en un dibujo muy conocido el fondo y el primer plano se intercambian entre sí. ¿Estamos viendo una copa o los perfiles de dos rostros? Podemos ver ambas cosas con absoluta precisión. Sin embargo, si tenemos razones para interpretar una percepción ambigua de un modo y no de otro, entonces el cambio de planos ya no se hará al azar. El cerebro escogerá la imagen que prefiera. Y de lo que se trata es de educar al cerebro para que le de preferencia a la imagen que le rinde mejores frutos.

Sabiendo que es el cerebro el que elige de manera inconciente la imagen que quiere tomar como realidad, ¿De que forma podemos “educarlo”? Una de las recetas que da el libro es pedirles consejo a las personas que hayan pasado por las mismas circunstancias. Si una persona se sintió feliz tras tomar cierta decisión, entonces lo más probable es que a nosotros también nos pase lo mismo.  Funciona porque la mayoría de los seres humanos se parecen.

Empeñarse en la propia felicidad, camino seguro a la depresión

Julián Marías ha definido a la felicidad el “imposible necesario”, la gran paradoja, porque todos tenemos necesidad de ser felices pero no acabamos de conseguirlo en esta vida.

Empeñarse en la propia felicidad es billete seguro a la depresión y a la frustración. La felicidad, nos dice Javier Cuadras en su excelente libro, “Después de amar, te amaré”, es como el sueño en una noche de insomnio: cuanto más se concentra uno en aprehenderlo,  más esquivo se hace. Sin embargo, si, como dicen los especialistas en sueño, uno  se olvida, se levanta, lee…entonces es más probable que el sueño acuda.

La conclusión de esto es que uno no vive para ser feliz, sino para hacer feliz. Por ejemplo, en el matrimonio el compromiso del amor es la felicidad del otro, no la propia, porque a nadie se le oculta que si la única o la primera felicidad que buscamos es la nuestra, no amamos al otro, sino a nosotros mismos, cosa, por otra parte, bastante natural. Amar a los demás requiere esfuerzo. Pero es un esfuerzo muy bien remunerado: olvidarnos de nuestra felicidad tiene como recompensa esa misma felicidad. La experiencia de cada uno de nosotros lo confirma.

No busquemos la alegría en grandes profundidades. Desde luego, como recuerda Martí, lo primero es la paz interior, con ella, la alegría está asegurada pase lo que pase.

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Aprendiendo a tomar la actitud de vivir la vida feliz (Segunda parte)

Diciembre 21, 2009 · Dejar un comentario

En estos tiempos de crisis, uno no sabe bien que puede pasar mañana. Ante esta situación, nos quedan dos opciones, o ir por la vida seguros y con la alegría de saber de lo que viene será para nuestro bien, o andar preocupados, inseguros, decepcionados de la vida, con lo cual, independientemente de lo que hagamos o lo que nos pase, ya perdimos gran parte de la batalla.  

La vida, tiene mucho que ver con la forma como la veamos, una cosa es la realidad y otra muy distinta la forma como es percibida por nosotros. Es crítico para sobrellevar bien estos tiempos, nuestra actitud ante lo que nos pase, sean cosas que esperemos o inesperadas, hechos alegres o desgracias. La gravedad de los hechos no está dada por el mismo hecho, sino por el efecto que causa en nosotros el conocerlo, y pasará rápidamente en la medida en que tengamos la suficiente claridad de pensamiento y control de nuestras emociones para entender que ha pasado por nuestro bien, si es que obramos con la conciencia tranquila. Al respecto, se me viene a la memoria un texto que leí hace poco en el que Etty Hillesum, joven judía muerta en Austwicht en Septiembre de 1942 decía: “Pueden hacernos la vida muy dura, pueden despojarnos de algunos bienes materiales…pero es nuestra lamentable actitud psicológica la que nos despoja de nuestras mejores fuerzas: la valentía para enrumbar y luchar nuevamente por nuestros objetivos y la perseverancia para mantener firme esa decisión. Cuando experimentamos un sufrimiento, lo que más daño nos hace no es tanto éste como su rechazo, porque entonces al propio dolor le añadimos otro tormento: el de nuestra oposición, nuestra rebelión, nuestro resentimiento y la inquietud que provoca en nosotros. Desde el momento en que me he mostrado dispuesta a afrontarlas, las pruebas siempre se han transformado en retos. Los peores sufrimientos del hombre son los que se temen. El sufrimiento malo no es el vivido, sino el “representado”, ese que se apodera de la imaginación y nos coloca en situaciones falsas”.

Cuando nos lo proponemos, podemos ser nuestro peor enemigo, peor inclusive que la misma realidad que nos pasa. Y es que muchas veces en nuestras vidas ha sido más importante la reacción que la acción que la provoca. Desde una enfermedad que hayamos tenido, la muerte de alguien, un despido, o cualquier otro evento, pensemos si nuestra forma de responder ante ello ha tenido mayor peso que el problema en sí. No sabemos gestionar los eventos inoportunos, estamos acostumbrados a gestionar lo esperado, pero lo imperfecto nos atormenta, nos angustia, en lugar de entender que pasó, y pasó por algo positivo que quizá ahora no entendamos, somos presa de la angustia, la depresión, el miedo, lo cual obviamente provoca que nuestra lectura del problema se agrande inclusive a tamaños completamente desmesurados.

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Aprendiendo a tomar la actitud de vivir feliz (Primera parte)

Diciembre 13, 2009 · 1 comentario

 “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

 J. Kierkegaard

Actualmente hay diversos estudios sobre la felicidad que tratan de explicar que es lo que nos hace realmente felices. La antigua creencia de que el dinero es la principal fuente de felicidad está quedando obsoleta a la luz de nuevas investigaciones que prueban lo contrario. Y es que aunque el progreso económico es uno de los factores que mejora nuestro bienestar, nos seguimos engañando pensando que tener más dinero nos hará más felices de lo que en realidad nos hace.

Para entender bien estos conceptos, es importante en primer lugar definir que es felicidad. Una de las definiciones más actuales gira en relación a la  satisfacción que nos procura el consumo de bienes y servicios, ya sean las necesidades y comodidades de la vida o el tiempo que pasamos con la familia y amigos, haciendo deporte, descansando, etc. A partir de este concepto, la felicidad se puede definir como la maximización de los comportamientos propios capaces de aumentar esas variables, es decir, la capacidad de satisfacer nuestras necesidades.

Bajo este esquema, se desprende que el recurso escaso es el tiempo. ¿Qué relación guarda el tiempo con el dinero y la felicidad?

En su artículo “Happiness and Time Allocation” (“Felicidad y reparto del tiempo”), el profesor del IESE Manel Baucells y Rakesh K. Sarin, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California, plantean que las personas más felices son aquellas que alcanzan un equilibrio adecuado entre trabajo y descanso. Si el trabajo proporciona dinero para consumir, y el consumo proporciona felicidad, lo mismo sucede con el descanso. La amistad, la familia, dormir bien y hacer ejercicio aumentan la satisfacción personal. Aun así, muchos suelen renunciar a las actividades de descanso para trabajar y ganar más dinero en la falsa creencia de que en la medida que tengan más ingresos más felices serán.

Si bien es cierto, los autores señalan que los ricos son generalmente más felices que los pobres,  demuestran también que la evolución de los índices de felicidad ha permanecido constante a lo largo de los años a pesar del espectacular aumento del PBI y de la renta real en los países desarrollados. En Japón, por ejemplo, aunque el PBI per cápita se ha quintuplicado, no se ha registrado un aumento del índice medio de satisfacción personal. Una de las razones es justamente que lo que ha aumentado también es la cantidad de trabajo para llegar a ese nivel de desarrollo, que sin embargo se ha hecho a costa de perder horas con la familia, los amigos, o el descanso personal. Es decir, tienen más dinero, pero son más infelices porque no tienen tiempo para gastarlo ni en ellos ni en sus seres queridos, que quizá hayan sido momentos inolvidables que ninguna suma de dinero hubiese sido suficiente para satisfacerlos.  Ya lo decía Picasso: “Quisiera tener más dinero para vivir tranquilo como los pobres”.

Una de las variables que más influyen en la felicidad es la comparación social.  Y es que solemos compararnos con personas de un estatus y nivel de vida parecidos al nuestro. Por ejemplo, es poco probable que un gerente se compare con un futbolista famoso, lo más probable es que se compare con un empresario u otro gerente como él. Y dicha comparación normalmente genera infelicidad, porque uno se compara con alguien mejor. Los autores recomiendan no compararse en sueldos, sino en virtudes y valores. Primero porque nadie conoce la vida de nadie a fondo, y detrás de ese gran salario, se pueden esconder mil dificultades. Normalmente la gente está más interesada en hacer creer a los demás que son felices que realmente tratar de serlo. En la medida en la que uno se enfoque comparándose en virtudes, la comparación será mucho más productiva, ya que el enfocarse en conseguirlas, hará que el éxito caiga por su propio peso.

Los autores concluyen también que la meditación y la oración son algunos “ejercicios de reencuadre” que pueden ayudarnos a ver las cosas en su justa medida y atenuar la insatisfacción que produce la insidiosa comparación social.

Otra de las conclusiones más interesantes del artículo se basa en lo que llaman el “sesgo de proyección”.  Nosotros tendemos a pensar que el dinero nos dará más felicidad de la que realmente nos da. Baucells comenta: “Por eso creemos que tener más dinero nos hará más felices. Trabajamos más y ganamos más dinero, nos mudamos a una casa más grande en un barrio mejor, pero el sesgo de proyección hace que subestimemos los efectos de la adaptación y demos más valor del que tiene a la utilidad derivada de los artículos de consumo. Disfrutamos de un nivel de vida mayor que antes, pero no cuando nos comparamos y empezamos a identificarnos con nuestros nuevos vecinos. Un efecto pernicioso del sesgo de proyección es que empezamos a dedicar más y más tiempo al trabajo a costa del descanso, creyendo en vano que si trabajamos más seremos más felices, cuando en realidad el aumento de nuestro salario simplemente conlleva una menor utilidad total y, perversamente, una menor felicidad.”

Claramente la utilidad real obtenida bajo los efectos del sesgo de proyección es menor de la esperada. Lamentablemente el día tiene sólo 24 horas y la idea es como optimizar ese tiempo para trabajar fuerte pero también para poder disfrutarlo entre nosotros y con nuestras familias.

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“Qué mejor que escribir un libro para ayudar a otros a mejorar”

Diciembre 6, 2009 · 1 comentario

Esta semana quería adjuntarles la entrevista que me hizo Planeta sobre el libro de este blog. Quizá les interese regalarlo a alguien por navidad:

Ya se encuentra disponible en librerías y supermercados el libro de crecimiento personal Aprende a ser feliz. 45 ideas para vivir mejor. En esta entrevista conoce a su autor, Rafael Zavala, quien nos cuenta algunos pormenores de su primer libro.

¿Qué te motivó a escribir Aprende a ser feliz?

Quise compartir con los demás algunas ideas de los libros y artículos que he leído y que me han ayudado a formarme como persona. Desde siempre, me ha gustado leer y escribir, y qué mejor que escribir un libro para ayudar a otros a mejorar como personas.

Antes del libro, sin embargo, creaste un blog llamado Ideas para vivir mejor.

El blog fue el origen del libro. Tras el éxito de Ideas para vivir mejor vino la oportunidad de escribir el libro, porque hay gente que lee blogs pero no lee libros.

¿El contenido del libro es el mismo que se encuentra en el blog?

No. El libro tiene varias cosas que no tiene el blog, pero la esencia es la misma: ideas para vivir mejor.

Aprende a ser feliz, sin embargo, no es precisamente un libro de autoayuda.

No hay una clasificación para el libro, ya que en él se tocan varios temas del ámbito personal, familiar, laboral y social. Cómo hacer un curriculum, por ejemplo, no guarda relación con la autoayuda. Además, muchas de las ideas que expongo en mi libro las he tomado de libros que no son de autoayuda. Quizá por la variabilidad de sus temas, Aprende a ser feliz se parece más a un libro de autoayuda.

¿Cuánto tiempo tardaste en recopilar los 45 consejos que ofreces en tu libro?

He tardado 34 años, toda mi vida. Cuando estaba en el colegio recortaba artículos de revistas y periódicos y los archivaba en un fólder. Luego, cuando estaba en la universidad, los transcribía o resumía, y guardaba los documentos en mi computadora.

¿Y tienes algún recorte que guardas con cariño?

Tengo un artículo que mi papá escribió para los enfermos, en 1978; él es médico.

¿Recurriste varias veces a los artículos que hoy son materia de tu libro?

Los artículos me han ayudado mucho. Si bien no tengo una vida fácil ni complicada, he pasado por crisis, como todos.
Hablando de tantos recortes, cualquiera podría pensar que Aprende a ser feliz es una mera compilación de artículos…

Para nada. He vinculado un artículo con otro a través de mis propias reflexiones. Y lo más importante es que en muchos casos he ‘aterrizado’ las ideas de autores extranjeros a la realidad peruana. A veces ocurre que leemos un estudio interesante de la universidad Harvard, pero no entendemos nada de él porque ha sido escrito para estadounidenses. En mi libro, además, presento artículos de mi autoría. Uno de ellos se titula Planeamiento estratégico personal.

¿Qué es el Planeamiento estratégico personal?

Es un planeamiento estratégico empresarial aplicado a la vida personal. Consiste en saber cuál es la razón de nuestra existencia, así como cualquier empresa tiene bien claro qué hace en el mercado. Por ejemplo, Starbucks no vende simplemente cafés a sus clientes, sino la idea de ser un espacio que se encuentra entre la casa y la oficina. En ese sentido, el Planeamiento estratégico personal propone cada persona se pregunte para qué vino al mundo, ¿a morir en una tumba? Personalmente, mi razón de ser es hacer puntos en la tierra para irme al cielo una vez muerto.
¿Qué es la felicidad?

Mucha gente habla de la felicidad, pero desconoce qué es verdaderamente la felicidad. La felicidad es un estado de paz de la conciencia, es decir que alguien es feliz mientras sabe que hace lo correcto. Sin embargo, solemos confundir ’estar feliz’ con ’ser feliz’. ‘Estar feliz’ está relacionado al dinero. Si recibimos 100 000 mil dólares de manera inesperada, seguramente estaremos felices en ese momento, pero puede que al mismo tiempo estemos padeciendo algún problema que no permite que seamos felices más allá de un instante.

Entonces, ¿cómo poder ser felices?

Buscando lo que hace que la conciencia esté tranquila. En mi caso, soy feliz realizando lo que debo realizar en su momento y haciendo felices a los demás. Por ejemplo, soy feliz ayudando a mi esposa a limpiar los desechos del perro, porque sé que ella será feliz así.

Por: Pedro Curico.
*Adquiere Aprende a ser feliz. 45 ideas para vivir mejor a sólo S/. 25.

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