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Las reglas de la vida

reglas-de-la-vidaEn una leyenda de los nativos americanos, un viejo Cherokee daba lecciones de vida a su nieto: En mi interior tengo una pelea terrible entre dos lobos. Uno es malo, orgulloso, mal intencionado y mentiroso. El otro es bueno, alegre, servicial, humilde y luchador. El nieto preguntó -¿Qué lobo ganará?-. -El viejo contestó – “El que tú alimentes”. Lo mismo pasa con la vida. Hay una lucha permanente en nuestro interior entre esos dos lobos.

Un partido de futbol, un trabajo, un club, tienen reglas. Pues la vida también las tiene y cuanto antes las entiendas, aceptes y gestiones, mejor te irá. Que difícil intentar resumirlas en un artículo de 600 palabras. Acá van mis preferidas:

  1. Camina siempre con las luces altas, con la mirada a largo plazo, con un propósito y un porqué. La vida tiene que ver más con el viaje, que con la meta. Es incierta. Nada es seguro ni para siempre. El futuro pertenece a la gente que acepta y gestiona la incertidumbre, el hábitat natural del ejecutivo.

Siembra para cosechar luego. Los valores (esfuerzo, perseverancia,                           paciencia) se cosechan para usarlos en momentos difíciles. Son la                             mejor arma para luchar.

  1. Entiende la realidad hoy, aquí y ahora. No te pelees con los hechos. No transformas una realidad que minimizas o disimulas, solo si la reconoces y haces las paces con ella.

Aprende a vivir en el hoy, ese regalo. Mañana será mejor si gestionas                       mejor el presente. ¿Qué sentido tiene vivir en un ayer que se fue?                             Nos aferramos a sueños que nunca se realizarán. Saber cerrar                                   páginas dolorosas de nuestra historia es un arte que pocos dominan.                       Y el otro   extremo, el mañana, es el tiempo de los que no tienen                               tiempo.

  1. Aprende a perder y pierde para aprender. Gestionar los momentos felices y las derrotas, que se entrecruzan con mucha facilidad. En la vida ganamos y perdemos todo el tiempo. Por lo tanto, el que viva obsesionado con ganar y no contempla la posibilidad de perder, pues ya perdió. Muchas veces la pérdida, el error nos da un mayor aprendizaje que la victoria en si.

Hay gente que no ha terminado ni el primer tiempo y ya perdió el                             partido de su vida. Puedes perder, pero lo que no puedes es perder                           antes. Tirar la toalla en pleno partido. Se lucha hasta el pitazo final.

  1. Ordena tu mente, para darle la importancia y el peso ponderado a cada cosa en cada etapa de tu vida (religión, familia, trabajo, amigos). Muchas veces, tenemos hipotecada la cabeza con pensamientos que no valen la pena y la vida nos pasa por encima.

Decía Santiago Alvarez de Mon del IESE que cuando les pregunta a                         empresarios “exitosos” por el paisaje que tienen a su alrededor, no lo                       conocen, porque no lo disfrutan, porque cuando consiguen algo, ya                         están pensando en el próximo. “Llévate muchos mapas, pero disfruta                       del territorio. Porque no esté  esa colina en el mapa de tu vida, no                             dejes de visitarla. Las cumbres más altas no están en nuestras                                   planificaciones sino en lo que ocurre una vez visitadas.

La vida es paradójica. Para estar bien acompañados hay que                                       aprender a estar solos, quien sabe mucho, escucha; quien sabe poco,                       habla; quien sabe, pregunta; quien no sabe, dogmatiza; Para vivir                             hay que aprender a morir. Morir a una idea, a un argumento, a una                         relación.”

El partido más importante de la vida no es el exterior, el que otros ven lo que quieres aparentar, sino el que juegas contra ti mismo, y que si te esfuerzas, lo ganas siempre, porque habrás sido capaz de dar la mejor versión de ti mismo.

Y por último, la regla más difícil, conócete a ti mismo, tus fortalezas y debilidades. Heráclito decía: “Descubre el que ya eres”. Nos hace falta pensar. Educar y formar el cerebro y el corazón. Es la única salida. Los tiempos cambian, las reglas no. Ya lo decía Ernesto Sabato, “¿Por qué el hombre no evoluciona? Porque cambia la tecnología pero no el corazón.” No entender a tiempo las reglas de esta vida es quizá el precio más caro que hay que pagar por vivirla.

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¿Qué voy a hacer con el resto de mi vida?

encruzilhada-brunoernicablogCuenta la mitología griega que la ambición por vivir la buena vida llevó a Sibilia

de Cumas a pedir a Apolo, vivir tantos años como granos de arena pudiese encerrar en su mano, pero, pequeño detalle, se le olvidó pedir que dichos años vengan acompañados de la eterna juventud, así que con el paso de los años empezó a envejecer. La leyenda dice que vivió nueve vidas de 110 años cada una. Vivía con un solo deseo: morir.

Y es que la vida es lo que viene. Cuanta gente hoy, parece vivir así, muerta en vida, esperando que se acabe, mientras que otros viven sin límites, “como si todo se acabara aquí abajo.” Almas vacías, desilusionadas, insatisfechas, enfocadas en si mismas. Así, no hay quien tenga alegría en el viaje. La vida resulta rutinaria, aburrida. Sin fe, sin esperanza y sin amor.

Cuando se tiene un porque, se encuentra fácilmente el cómo, y la vida se vuelve más llevadera. Por el contrario, tienen destrozado el corazón quienes no conocen el para qué están aquí. Y una vida así, sin sentido, es una carga inaguantable que se llena de vacíos, de angustias y depresión.

Cuantas tristezas por no cuestionarnos a tiempo que tipo de vida vivimos y si vamos por el camino correcto. Al final, la vida no se mide en años, meses o días sino en momentos, y éstos, mueren rápido. Lo importante de esta carrera no es correr, es lo que vivimos mientras corremos hoy, aquí y ahora. El presente es el único momento que tenemos.

¿Estamos cumpliendo nuestros objetivos? ¿Cuáles eran? ¿Éxito?, ¿Felicidad? A lo mejor, antes de eso, debiéramos preguntarnos ¿Qué es el éxito para nosotros? ¿Quién lo define? Si nos vamos a pasar la vida persiguiendo un éxito que es definido por otros, siempre estaremos frustrados. Nunca habrán suficientes victorias, porque una vez que las consigamos, nos daremos cuenta que seguimos siendo infelices. Contra el pensamiento de la gran mayoría, primero se busca ser feliz, y como consecuencia de eso, uno es más productivo y tiene un mejor trabajo que le genera éxito. No al revés.

Cualquier edad es buena para darse cuenta de lo que hemos hecho mal y enmendar. Aprendemos a caminar cuando nos caemos. Y para ello hay que cambiar de chip, ir contracorriente, vencer las trampas mentales y darse cuenta de que todo lo que nos vende la vida en verdad no es tan bonito ni dura tanto como pareciera. Y es que…

  • La cabeza tenía que estar por encima del corazón,
  • La persona siempre fue más importante que la cosa,
  • La familia más importante que el trabajo,
  • El camino más importante que la meta,
  • El esfuerzo más importante que el resultado,
  • El ser feliz más importante que el hacer creer a los demás que eres feliz,
  • La capacidad de interpretar la realidad más importante que la realidad
  • El hoy más importante que el mañana porque éste depende de lo que hagamos ahora,
  • El tiempo era lo que teníamos que priorizar y no el dinero, en lugar de pensar en cómo ganar más dinero, pensar en como aprovechar mejor el que tenemos, en experiencias únicas y memorables que enriquecen la vida de los demás y la de uno.

Para darnos cuenta de esto, necesitamos identificar donde tenemos el corazón. No es difícil, basta mirar lo que hacemos sin mayor esfuerzo, a lo que le dedicamos más tiempo o lo que nos preocupa con verdadera ansiedad. Descubiertas nuestras verdaderas motivaciones, recién podremos definir si son las que nos hacen bien.

Ya se ve que la cabra tira al monte, que no es fácil desprenderse de hábitos y costumbres de los que somos prisioneros y quizá esa sea la tarea más impostergable urgente e importante que tenemos hoy.

¿Y qué voy a hacer con el resto de mi vida? Pensar bien, ser consecuente entre mis principios, pensamientos y acciones, para no llegar a la vejez con la amargura de haber vivido la vida que otros querían para mi y no tener el valor de tomar las riendas de la misma. En esta vida no hay mal tiempo, hay mala elección de ropa, de nosotros depende.

Recuerda quien eres…

No dejen de leer siempreVamos por la vida consumiendo kilómetros, buscando respuestas y nos encontramos con preguntas. Buscamos certezas y el mundo responde con incertidumbre.

Últimamente he hablado con muchos profesionales que han sido despedidos por la bendita desaceleración. La mayoría me muestran un nivel de ansiedad enorme. Y es que hoy en día hay muchísimo stress, muchas pastillas, mucha preocupación que saca lo peor de nosotros.

El problema de la desaceleración no es ella, sino la crisis emocional que puede causar en nosotros cuando nuestro estado de ánimo se llena de pesimismo, nuestra mente se paraliza y nuestros miedos se disparan. Si bien, no podemos vivir a espaldas de la realidad, (eso sería irresponsable), las personas más serenas y equilibradas que conozco son las que han hecho las paces con lo irreversible y lejos de quedarse sin respuestas, se han dedicado a buscar oportunidades para salir adelante. Y esto muchas veces comienza por hacerse las preguntas correctas.

Definimos nuestro futuro a través de las preguntas que escogemos hacernos y hacemos a otros. ¿Quién soy? ¿En qué soy bueno y en qué no?¿Qué me haría mejorar en mi familia y en mi trabajo? ¿Cuáles son nuestros diferenciadores y como vamos a potenciarlos? Las respuestas requieren que hagamos algo de arqueología interior.

En este contexto tan cambiante en el que nos ha tocado vivir, es necesario poner las cosas en perspectiva y sacar a relucir nuestra mejor versión para liderar y protagonizar nuestra propia vida. “Tal vez, he vivido la vida de otro”, decía Neruda al final de su viaje.

Acabo de terminar las sesiones de feedback en mi trabajo y mi equipo me ha recomendado escuchar más. Y la verdad es que me hace falta. Y creo que le hace falta a muchos profesionales. Una persona es exitosa en la medida que aprenda a gestionarse a sí misma, y para ello, nada mejor que conocerte. Hay solo dos fuentes, como te ves tú, y como te ven los demás. Y es en ésta última donde fallamos. Hay un divorcio entre lo que uno piensa de sí mismo y lo que los demás piensan.

Como profesionales, estamos obligados en formarnos en ambos conceptos, en tener una visión más cercana de la realidad y ayudarla a tenerla a los demás. Conversaba sobre estos temas con Pablo Ferreiro, Fundador del PAD, y Profesor Invitado del IESE, y me decía que hoy en día la gente no está identificada con la empresa, porque siente que la empresa no está identificada con la gente. Esto pasa inadvertido a los que tenemos gente a nuestro cargo. Por eso me decía que existen los brutos, los brutísimos y los Gerentes. Y es que hoy en día, a los gerentes se nos enseña a distribuir, no a producir, a producir gente exitosa, gente buena.

La gente renuncia muchas veces por falta de buen trato. La gente no se va identificar, no va a tener lealtad con la empresas porque éstas no son personas, son sociedades anónimas, las personas se identifican con el resto del equipo, se identifican con los jefes. Por ello, que tremenda responsabilidad para los que tenemos gente a nuestro cargo.

Ganamos mucho escuchándolos, valorando opiniones, tomándolas en cuenta. Pero no solo eso, hay que entrenar a la gente en escuchar y saberla aconsejar.

Hoy se habla mucho del Coaching, y Pablo me decía que Coaching no es más que estar cerca y preocuparte por tu gente, y ¿por qué? Porque la quieres. ¿Y por qué la tengo que querer? Porque trabajas con ella. La gente debería ser lo más importante en las empresas, pero los gerentes no somos conscientes de ello. Muchos se venden diciendo que la empresa es una familia para los empleados y la verdad es que no. Esto es un engaño. El gerente que realmente me quiera, me dirá: “Distingue; tu casa es aquella, a veinte cuadras y aquí trabajas, aquí te desempeñas y tienes que desarrollar virtudes; tienes un escenario más importante que la empresa que es tu casa. Si lo más importante que tenemos todos es nuestra familia, pues cuidémosla.

Focus en la gente. Vivimos y trabajamos con personas, no con laptops. Ellos serán los responsables de los resultados del futuro que tanto nos preocupa. Hay que formar gente que tenga interés por los demás. Los gerentes, somos responsables de la vida de nuestros equipos. Por ello nuestra principal función es formarnos bien primero nosotros, para ayudarlos a ellos. Muchas veces, que difícil es sacar tiempo para reflexionar esto, para hablar de estas cosas con nuestra familia, y con nuestro equipo de trabajo. Si no tenemos tiempo para ellos, para escucharlos, para aprender de ellos, no estamos haciendo bien nuestro trabajo. Es como un taxista que no tiene tiempo para manejar. Si ese es el “core” de nuestra función, obtener resultados, a través del equipo, de las personas! Para eso nos pagan.

¿Y entonces qué? Hagamos las cosas de una manera distinta!

“Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los días lo mismo. Muere lentamente quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir tras un sueño. Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo. Evitemos la muerte en suaves cuotas.” Pablo Neruda

La educación de nuestros sentimientos

Esta semana les traigo un resumen de la entrevista que leí hace unos días a Alfonso Aguiló, Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación (IEEE) sobre la educación de los sentimientos, un tema del que muy poca gente se preocupa pero que genera un impacto grande en nuestra forma de ser.

“-Siendo tan importante la educación de los sentimientos, ¿por qué tantas personas consideran el coeficiente intelectual como el principal indicador del talento personal?

-El asunto viene de antiguo. Desde comienzos del siglo XX, se difundió mucho la idea de que el coeficiente intelectual es un dato de partida invariable y decisivo en la vida de una persona. Afortunadamente, esa idea entró en crisis hace ya bastantes años, pues está claro que poseer un elevado coeficiente intelectual puede predecir tal vez quién obtendrá éxito académico -tal como suele evaluarse hoy en nuestro sistema educativo-, pero no mucho más. No es una garantía de éxito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz.

Hay otras muchas capacidades que tienen más importancia, y entre ellas están las relativas a la educación de los sentimientos, como el conocimiento propio, el autocontrol y el equilibrio emocional, la capacidad de motivarse a uno mismo y a otros, el talento social, el optimismo, la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos de los demás, etc.

-¿Y cómo puede buscarse ese equilibrio?

-De entrada, no podemos desacreditar el corazón porque algunos lo consideren simple sentimentalismo; ni la inteligencia porque otros la vean como un mero racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntarismo. La clave está en encontrar una buena armonía.

Por ejemplo, en las últimas décadas se han declarado diversas cruzadas contra diferentes problemas que amenazan nuestra sociedad: fracaso escolar, alcoholismo, embarazos de adolescentes, drogas, violencia juvenil, etc. Sin embargo, una y otra vez se comprueba que suele llegarse demasiado tarde, cuando la situación ha alcanzado ya grandes proporciones y está fuertemente arraigada en la vida de esas personas.

Y eso sucede porque la información, siendo importante, por sí sola suele resolver muy poco. La mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas, y que les llevan a buscar refugio en esos errores.

-¿La solución entonces es educar mejor los sentimientos?

-En gran parte sí. Al hombre no siempre le basta con comprender lo que es razonable para luego, sólo con eso, practicarlo. El comportamiento humano está lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la lógica, y que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la voluntad y los sentimientos.

Pero tener mucho corazón a veces también traiciona…

-Está claro que hay numerosos vicios y defectos que pueden coexistir con un gran corazón. Hay gente de mucho corazón que son alcohólicos, irascibles, mentirosos o poco honrados. Pero de modo general puede decirse que la riqueza y la plenitud de una persona dependen en gran medida de su capacidad afectiva.

Lo más propiamente humano es ser una persona de corazón, pero sin dejar que nos tiranice. Es decir, sin considerarlo la guía suprema de nuestra vida, sino logrando que sea la inteligencia quien se encargue de educarlo. Educarlo para que nos lleve a apasionarnos con cosas grandes, con ideales por los que merezca la pena luchar. Es verdad que las pasiones hacen llorar y sufrir, pero no por eso han de ser algo negativo, porque ¿acaso se puede dar una buena clase, o sacar adelante un proyecto importante, o amar de verdad a otra persona, desde la indiferencia? Sin apasionamiento, ¿habrían existido los grandes hombres que han llenado de luz y de fuerza nuestra historia, nuestra literatura, nuestra cultura? Educar bien nuestras pasiones nos hace más humanos, más libres, más valiosos.

-¿Y cree que la educación de los sentimientos es una tarea un tanto descuidada?

-Sí. Como ha señalado José Antonio Marina, la confusa impresión de que los sentimientos son una realidad oscura y misteriosa, poco racional, casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un considerable desinterés por profundizar en su educación. Sin embargo, los sentimientos son influenciables, corregibles, estimulables. Pueden modelarse bastante más de lo que a primera vista parece.

Es cierto que la mayoría de los sentimientos no se pueden producir directa y libremente. No podemos generar sentimientos de alegría o de tristeza con la misma facilidad con que hacemos otros actos de voluntad (como gobernamos, por ejemplo, los movimientos de los brazos). Pero sí podemos influir en nuestra alegría o nuestra tristeza de modo indirecto, preparando el terreno en nuestro interior, estimulando o rechazando las respuestas afectivas que van surgiendo espontáneamente en nuestro corazón.

-Algunos consideran que eso es esconder los sentimientos espontáneos para sustituirlos por otros que en realidad no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

-Pienso que no debe verse así, pues lo que se busca no es el falseamiento de los sentimientos, sino construir nuestro propio estilo emocional. Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida, en vez de pensar que estamos atados a un inexorable destino sentimental.

Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los correspondientes sentimientos positivos. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquellos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.

-¿Los sentimientos influyen en las virtudes?

 -Cada estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicológicamente sana, y favorece o entorpece la práctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa.”

Administren su energía, no su tiempo

 A continuación un resumen de un reciente artículo de Tony Schwartz publicado en Harvard Business Review sobre Time Management. A medida que aumentan las exigencias en el lugar de trabajo, mucha gente responde con más horas de trabajo, que cansan al empleado y que le cuestan tanto a este como a la organización. Por otra parte, la gente da por sentado lo que la capacita para trabajar; es decir, la energía. Incrementar esta capacidad es el mejor modo de hacer más en menos tiempo. El tiempo es un recurso finito; pero la energía es diferente. Proviene de cuatro fuentes: el cuerpo, las emociones, la mente y el espíritu, y puede aumentar y renovarse en cada una de estas.

 En este artículo Schwartz y McCarthy, señalan cómo establecer rituales para aumentar la energía en las cuatro fuentes. Por ejemplo, hacer recesos constantes restablece la energía física. Dejar de lado el papel de víctima evita la pérdida de energía a través de las emociones. Evitar las constantes distracciones que la tecnología ofrece (como vivir pendiente de los mails e interrumpir el trabajo para responderlos inmediatamente)  incrementa la energía mental. Y participar en actividades que le den sentido a la vida aumenta la energía del espíritu.

 Los nuevos rituales funcionan sólo si los líderes permiten su implementación. Y, cuando esto sucede, los resultados son increíbles. Un grupo de empleados del Wachovia Bank, que hizo un programa de gerencia de energía, superó en rendimiento a otro grupo, y mejoró su productividad, su satisfacción y sus relaciones con los clientes.

 Todo esto corrobora las pruebas recabadas sobre la efectividad de este enfoque en otras compañías, como Ernst & Young, Sony y Deutsche Bank. Cuando las organizaciones invierten en todas las dimensiones de la vida de los empleados, los individuos responden concentrando toda su energía en el trabajo. Y esto permite que tanto la compañía como su gente crezcan en valor.

Decidir bien no siempre es acertar

Esta semana me he permitido transcribir un artículo publicado en el último boletín del IESE de Barcelona por Miguel Angel Ariño, uno de sus mejores profesores y a quien tuve el honor de escuchar personalmente justamente una clase sobre este tema.

Tomar decisiones y ponerlas en práctica es la tarea más importante no sólo de los directivos en el ejercicio de sus cargos, sino de cualquier persona en su día a día. Decidir bien es fundamental para solucionar los problemas a medida que van apareciendo pero a la hora de hacerlo se debe pensar más allá de la dificultad concreta que se plantea y analizar las posibles repercusiones que esa decisión tendrá en un futuro.

Los autores ponen el acento sobre una cuestión fundamental: para tomar una buena decisión hay que perder el miedo a no acertar. De hecho, una decisión puede tener resultados desfavorables y no por ello ser incorrecta. El profesor Miguel Ángel Ariño y el colaborador científico Pablo Maella, dibujan cuatro posibles escenarios que permiten entender la importancia de interiorizar unos principios básicos a la hora de decidir.

  • Una decisión correcta con resultados favorables es la situación ideal, pero no siempre se produce.
  • Una decisión correcta con resultados desfavorables puede deberse a la mala suerte o a un factor exógeno y de imposible previsión. En este caso se obtiene un aprendizaje que mejorará futuras decisiones y el éxito acabará por llegar.
  • Una decisión incorrecta con resultados desfavorables también permite aprender, pero hay que hacer todo lo posible para evitar que la situación se vuelva a producir.
  • Una decisión incorrecta con resultados favorables es el escenario más peligroso, ya que los errores se perpetuarán mientras que la suerte se acabará. Y el resultado de una empresa no puede depender de la suerte.

De estas cuatro posibles situaciones se desprende que lo importante no son los resultados, si no el proceso que lleva a tomar una decisión.
Definir objetivos y ser realista
Acotar claramente lo que se pretende conseguir, plantearse metas ambiciosas y comprometerse con su logro son elementos básicos para decidir bien. A la hora de definir objetivos es imprescindible priorizar adecuadamente para evitar que lo secundario se confunda con lo principal y, como resultado, se tome una decisión que no ayude a conseguir lo verdaderamente esencial.

Una vez definidos claramente los objetivos, es necesario ser realista. Muchas decisiones se toman en función de presupuestos erróneos repetidos hasta alcanzar la consideración de verdad incuestionable. Cuando un consenso común es la base de la toma de una decisión, ésta tendrá los pies de barro. Ser realista implica también plantear los problemas de manera adecuada. Es decir, centrarse en las causas principales del mismo, preguntarse por las razones últimas que lo provocan. Sólo así se podrá obtener una solución adecuada.

Ser realista es no intentar justificar lo injustificable. En ocasiones se fundan decisiones sobre explicaciones convincentes pero alejadas de la realidad. El ser humano puede justificar con palabras sus acciones y decisiones, pero el recurso a sofismos son el primer paso hacia el fracaso. Y es que el autoengaño es el peor enemigo para la toma de decisiones.

Uno de los pilares necesarios para ser realista es contar con la información necesaria para poder tomar una decisión correcta. A más elementos de análisis, más posibilidades de decidir correctamente. Sin embargo, el coste de la información nunca debe ser superior a los beneficios esperados de la toma de decisión.
La irracionalidad también cuenta
Si bien todos los principios apuntados en el libro Iceberg a la vista, principios para tomar decisiones sin hundirse, conducen hacia una racionalidad y objetivación del proceso decisorio, hay que tener en cuenta que el elemento irracional también juega un papel importante.

En ocasiones, las decisiones tomadas de forma intuitiva pueden funcionar, pero para ello son necesarias tres condiciones:

  • Llevar a cabo esa solución ha de suponer un riesgo controlado.
  • Esa solución intuitiva sólo debe ensayarse una vez se haya analizado todo lo que sea posible analizar.
  • Tanto si van bien las cosas como si salen mal, es bueno aprender el camino para evitar posibles errores en el futuro.

La hora de la ejecución
Tomar decisiones es complejo. Valorar los diferentes escenarios, considerar todas las variables y estudiar las posibles repercusiones de una decisión supone un gasto de tiempo significativo. Sobre todo si se hace correctamente. Por este motivo, una vez tomada la decisión es necesario ejecutarla. Si no hay una ejecución de la decisión, el tiempo invertido habrá sido perdido y el tiempo tiene un coste. Además, no implementar una decisión tomada inevitablemente crea frustración y ésta puede condicionar futuras decisiones.

Los autores también ponen de relieve la importancia de ganar aliados a la hora ejecutar una decisión. Muchas veces una buena idea no se aplica porque alguien dentro de la misma organización ve la decisión como una amenaza hacia su departamento o hacia su propia persona. Para evitar esta situación es necesario recurrir a la pedagogía, modular el lenguaje en función del interlocutor y, sobre todo, hacer entender a la otra parte las ventajas que la ejecución de dicha decisión le reportará.

Nada puede asegurar que después de seguir todos estos principios los resultados sean favorables. Decidir bien no es sinónimo de éxito y la corrección de una decisión no puede medirse en función de sus resultados. Lo que sí se puede afirmar es que si se interiorizan estos principios de decisión, los buenos resultados, tarde o temprano, llegarán.

¿Soñar o dejar de soñar?

Dream Theater - Falling Into InfinityDifícil pregunta en estos tiempos de incertidumbre. Por un lado, escucho a los gurús diciendo que el único camino para salir adelante pasa por tener objetivos muy altos, pero por otro escucho que no se puede vivir soñando la vida, sino viviendo tus sueños aterrizándolos lo más pronto posible.

 Como ya lo he dicho anteriormente en mi artículo “Soñar, que importante hacerlo despierto”, me considero un soñador, pero un soñador de sueños reales. Reconozco que algunas veces los sueños inalcanzables son el reflejo de mi ego, perspicaz y tramposo, que cree que puede dar mucho más de lo que realmente da y se resiste a abandonarlos, lo cual me produce una cierta desazón de no poder llegar. Sin embargo, el no tener esos sueños tan retadores, me haría un mediocre que se contenta con lo que tiene y me quitaría las ganas de seguir mejorando. ¿Dónde está entonces ese punto medio?

 Para aclarar mis ideas me he acompañado de Etty Hillesum, aquella mujer que sobrevivió al Holocausto, decía que “Detrás del telón, sumergido en la soledad y silencio del patio trasero, es posible que mi yo más auténtico se decida a vivir su vida real y “vulgar”, no la alternativa de confetis y fuegos artificiales. Hay que evitar soñar permanentemente con una vida distinta, es preferible aceptar la actual de corazón. La vida es buena y bella tal como es, incluso en su parte de dolor. Soñando la empresa perfecta, el país de las maravillas, la familia angelical, la aldea fraternal, me voy haciendo huraña y amargada, que broma tan pesada!.

 ¿Todo se reduce entonces a dejar de soñar, a tirar por la borda proyectos y causas nobles que nos significan y alimentan espiritualmente? No por Dios, de ser así sería un muerto andante, el peor de los muertos. Si uno avanza con confianza en la dirección de sus sueños, y se esfuerza por vivir la vida que se ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado”.

 Pero entonces, ¿Qué hacemos con nuestro orgullo? ¿Cómo encausarlo para que sea un aliado nuestro y no un enemigo que lo único que busca es intranquilizarnos proponiendo constantemente situaciones en las que por ahora no podemos llegar (te mereces un aumento de sueldo, te mereces un viaje a Europa, te mereces ser el Presidente del Directorio, te mereces la chica más linda, te mereces…etc,etc,etc? Decía Erasmo de Rotterdam: “La vida entera es como un teatro. Es una comedia como cualquiera en la que unos y otros salen disfrazados con diferentes máscaras a representar sus respectivos papeles hasta que terminando el espectáculo se retiran de la escena. A veces, en la vida real como en el teatro, un mismo actor se disfraza con diferentes trajes, y así, el que llevó sobre su cabeza la corona de rey, viste  luego los andrajos del siervo. Todo es simulación, en la escena como en la vida, y hemos de reconocer que no hay manera de representar la comedia de otro modo.”

 Y así nos pasa, en esa “comedia”, en la que nos toca vivir, ahora que nuestro personaje es un ejecutivo, es decisivo tener presente que es tan sólo una función teatral, que el espectáculo llegará a su fin, el público se irá a su casa, el personaje se quitará sus máscaras y quedará sola la persona. Entonces,  si la vida tiene mucho de esta comedia ¿Por qué creer que uno se merece todo? Hoy estoy aquí, mañana, ¿Quién sabe?. Siendo la misma persona, de repente mañana te mueven el sillón, el jefe y el contrato, más aun ahora en estos tiempos de crisis. A veces uno tiene una visión de si mismo que piensa que es “la última Coca Cola del desierto”, y no lo es. Para muestra un botón, la vez pasada, haciendo un análisis profundo, descubrí que en general, se menos de lo que mi currículum vende.

 Quizá el arte está en saber ponderar en su justa medida y escoger ese punto medio entre ser ambicioso, tener objetivos nobles, muy altos y retadores, y a la vez vivir la vida que nos ha tocado, enfocándonos en que es lo que hay, (sea buena, mala o regular), y tratar de vivir contentos con lo que tenemos. Dicen que para ser feliz no hay que hacer lo que uno quiere sino querer lo que uno hace, y tiene mucho sentido. Cuantos nos dejamos llevar por esos objetivos completamente inalcanzables y vivimos angustiados de no alcanzarlos, y cuando lo hacemos, nos trazamos otros más inalcanzables todavía, de forma tal que lo único que hacemos es buscar vivir en la angustia. Y claro, cuantos también nos contentamos con lo que tenemos y no buscamos más, con lo cual nos quedamos anclados en nuestra zona de confort, pero que a la larga nos tira para abajo, cuando hemos podido estar mucho mejor. Vale la pena analizarnos e identificar cuales son los objetivos que tenemos por los que realmente vale la pena luchar y hasta morir en el intento, y cuales es mejor dejarlos de lado. Dicen que el arte de ganar una guerra no es querer pelear todas las batallas, sino escoger las que valen la pena, y ceder el resto.