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Felices Vacaciones, Feliz viaje interior

wg838_endlesssummer2015, Año nuevo, vida nueva! Estamos a punto de tomar 2 semanas de vacaciones para relajarnos, reflexionar, hacer propósitos claves, poner los controles para cumplirlos y volver con las pilas puestas. Momento ideal para cuestionarnos sobre lo que hicimos bien, lo que hicimos mal y lo que pudimos hacer mejor, en los cinco ámbitos de nuestra vida, a nivel espiritual, personal, familiar, laboral y social.

¿Será que podemos pasar un día sin celular o laptop y estar a solas con nosotros mismos y dejar a Internet el lugar informativo y complementario que le corresponde?. A veces es útil y necesario, salir del rol del pincel, y ver el cuadro desde el rol del pintor, para verlo con perspectiva, entenderlo, solo así, nos daríamos cuenta de nuestros errores, aprenderíamos mucho y nuestro cuerpo nos lo agradecería, nuestra mente se relajaría y nuestra comunicación brotaría espontánea sobre nuevos proyectos.

Estos últimos días, sumamente estresantes, he estado en tantos sitios mentalmente a la vez, que no he podido estar como quisiera en ninguno. La vida es demasiado corta como para vivirla a mil por hora. Como me cuesta entenderlo! Tarde o temprano nos damos cuenta que no es una carrera, que la felicidad no está en alcanzar un determinado lugar ni posición ni sueldo, sino en saborear y sacarle el jugo a cada momento y paisaje del camino. No se puede correr una maratón con la impaciencia de un corredor de 100 metros. El tiempo nos dará una mano si hoy nos centramos en las tareas importantes y trascendentes que la vida nos encarga. Caminar despacio y concentrado es la mejor receta para llegar lejos, muy lejos. Y como decía en mi post anterior, ¿a dónde llegaremos? No importa, eso no depende de nosotros, lo que está en nuestra cancha es en dar todo lo que llevamos dentro para seguir adelante.

Por eso, muero por vivir estos días de paz que se vienen para extraer propósitos claros. Seguramente entre el mar, deporte, buena compañía, excelente música, buenos vinos, grandes libros y el estar al lado de mi familia, harán que la vida buena puede tener otra oportunidad de amistarse conmigo. Y claro, seguramente cuando pase por eso, a lo mejor, volveré a gozar de cada minuto, y mi cerebro, volverá a preguntarme como cada fin de año las preguntas de la vida ¿Viví más feliz? ¿Hice algo más felices a los que tengo cerca?

Antes cada fin de año, me proponía cambiar el mundo, ahora, lo único que quiero es cambiarme a mi mismo, cambiar mis defectos, (que tengo muchos) y repotenciar mis fortalezas. Desde dentro hacia fuera, ese es el orden natural del cambio. Hay gente se enfoca en lo que tiene que hacer y otros muchos que viven del “Hay que hacer…”. Debemos escoger de que lado estamos, de los que ponen énfasis en lo que les falta o de los que valoran y agradecen lo que tienen y con ello ven como pueden hacer más.

Imagino en esta época a muchos profesionales proponiéndose para el 2015 pasar más tiempo con su familia, para luego volver a ser los mismos workaholics de siempre (incluyéndome). Prometiéndose leer más, para luego olvidar lo leído y no poner en practica nada. Otros planteándose el comenzar a correr, a ir al gimnasio, para luego, dejarlo al primer mes y darse al abandono. Y así año tras año: propósitos, objetivos, muchas ganas que finalmente en un % mínimo se vuelven realidad. Es allí cuando la confianza en nosotros mismos se pierde, nuestra energía se evapora y la autoestima baja a niveles insignificantes.

Espero querido lector, que sea de esa minoría que finalmente tenga las agallas para perseguir sus sueños y no parar hasta alcanzarlos, de tener la prudencia para tomar mejores decisiones, la perseverancia para no traicionar sus ideales y la pasión (la única que puede elevar el alma a hacer grandes cosas) para mirar siempre hacia adelante. Como consecuencia de ello, ojalá en los próximos 12 meses, usted y yo, seamos un poco más humildes, perseverantes, apasionados, resilientes y pacientes, receta perfecta para ganar cualquier batalla.

El nacimiento del niño Jesús siempre es un buen momento para pedirle que nos ayude a lograr estos propósitos y a vivir mejor. No olvidemos que El vino para que seamos más felices, acá y si logramos serlo realmente, luego en el cielo, donde lo seremos para siempre.

Salga o se quede este fin de año, Feliz Navidad, Feliz Año Nuevo y Feliz viaje interior. Siempre viene bien algo de arqueología interna para reflexionar y darnos tiempo para pensar las cosas importantes de la vida. Que sea más feliz en el 2015!!!

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Para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos

soñar despierto 3Decía Luis Huete, Profesor de Harvard, del IESE y considerado el gurú español más importante del panorama actual, que los mejores sueños se reservan a las personas que optan por complicarse la vida y por ensanchar sus conocimientos, competencias, actitudes y creencias.

Mi padre, me decía siempre, que para soñar en grande, hay que estar bien despiertos. Y es que la vida es complicada, pero… y quién te dijo que iba a ser fácil?

Construir un sueño es desarrollar las potencialidades y capacidades que tenemos dentro. Este es un trabajo para toda la vida. A medida que alcance uno, se crea otro nuevo, y así sucesivamente. En lo personal, sigo soñando con hacer mejores los años que me queden, en disfrutar del camino que me queda por recorrer. Y en hacer cosas más valiosas.

De hecho, uno de mis sueños/objetivos del próximo año es correr la Maratón de Nueva York, hacerla en 10 horas, no importa, pero llegar, disfrutar del camino. Para ello, se que debo desde ahora comenzar con un plan de entrenamiento, es decir, ir aterrizando en acciones concretas mi sueño.

Como decía Peter Drucker, el padre de la administración, la fuente más común de errores es hacer la respuesta correcta en lugar de la pregunta correcta. A lo mejor, no nos hemos planteado en la vida, las preguntas más trascendentales, las metas reales a las que queremos llegar, en cada plano de nuestra vida, en el espiritual, personal, familiar, laboral y social y si estamos en capacidad de hacerlas, o si es realmente lo mejor para nosotros. Un buen comienzo es preguntarse constantemente ¿Para qué? A estas alturas del partido es posible que la idea que tienes de ti mismo se ajuste algo a la realidad. O tal vez no mucho. Antes de llegar a una conclusión definitiva siempre es bueno contrastar tu resultado con un familiar o un amigo. A veces uno se lleva sorpresas.

Y es que tus sueños solo pueden construirse sobre el conocimiento sólido de tu personalidad y de tus capacidades, incluido tu lado escuro, al que puedes sacar partido si puedes gestionarlo. Todos tenemos defectos, ese no es el problema, el problema es ignorarlos o no hacer nada por mejorarlos.

Decía Huete en su reciente libro “Construye tu sueño” que la segunda columna sobre la que se asienta la construcción de tus sueños es tu plan personal de futuro. La idea es tener algo por lo valga la pena luchar y por lo que valga la pena esforzarse y superarse. Es algo que acaba convirtiéndose en un imán que tira de ti y que te permite dar sentido al día  día, especialmente en los momentos difíciles.

El secreto para cambiar, para avanzar es encontrar razones de verdadero peso para hacerlo. Tu plan personal de futuro se crea poniendo por escrito una lista de deseos y de sueños muy concretos y con contornos muy nítidos.

Empieza eligiendo un año lejano en el tiempo. Tiene que ser un año al que le des un sentido subjetivo muy especial. Por ejemplo, el 2025. Es decir, que tu plan personal tenga como fecha de vencimiento el 2025.

Tu plan personal de futuro tiene que estar compuesto por tres elementos bien diferenciados. El primer ámbito debe ser la ambición personal, los sueños relacionados con la persona en la que te quieres convertir. El foco aquí se pone en ti mismo, en los hábitos que quieres desarrollar, en las características de la personalidad que quieres desarrollar, en los defectos que deseas corregir, en el estado de vitalidad y energía que aspiras a tener y también en la forma física de la que quieres disfrutar.

Los sueños han de empezar con la ambición de mejora de los recursos personales. Esta es la base de todos los sueños. Lo que acabas haciendo contigo mismo es la base de todo lo que te acaba sucediendo en la vida. Una manera de concretar el primer elemento consiste en visionar la distribución que quieres dar a las 24 horas de tus días en el año de referencia y contrastarla con la distribución de un día actual.

El segundo elemento es decidir en que tres o cuatro cosas quieres destacar y convertirte en una autoridad mundial. La definición de mundial se hace en función del mundo en donde te manejas cómodamente.  algo que te ilusione.

El tercer elemento son todas las recompensas que legítimamente aspiras haber conseguido en la fecha prevista. Aquí entran las recompensas materiales que te ilusionen como una casa de ensueño, viajes especiales, etc. Ver crecer a tu familia unida, rodearse del aprecio y agradecimiento de otros, destacar en prestigio profesional, convertirte en referente, inspirador, etc.

Tres sesiones de 20 minutos deberían ser suficientes para producir tu plan personal de futuro. Necesitas tiempo para soñar. Se aconseja que el contenido del plan sea irrazonable pero por otro lado obtenible.

Continúa diciendo Huete que las 4 áreas en las que debes invertir para no perder capital humano son las fisiológicas, intelectuales, emocionales y espirituales. La primera área es cuidar tu salud. Dentro de ésta, es fundamental que  sepas alimentarte con cabeza, desarrollar masa muscular, capacidad aeróbica y descansar. El capital intelectual suele estar asegurado con tiempo para leer, escribir y disfrutar de la música. Emocionalmente, el capital humano se desarrolla con tiempo para la familia y para los amigos y las actividades solidarias. Por último el capital espiritual. Tiempo para clarificar creencias, valores, hacer introspección, conectar con el Creador, etc. A esas cuatro áreas debieras dedicar unas 20 horas a la semana. Si no lo haces, se desafila tu sierra. Por ejemplo, diez horas de Lunes a Viernes y 10 horas el fin de semana.  Deben ser espacios que reserves y planifiques de antemano. Ha de ser tiempo de calidad, intenso y vital.

Hay que soñar más. La vida está hecha de oportunidades. Están ahí. Al alcance de los que han hecho los deberes. Construir un sueño es desarrollar las potencialidades y capacidades que tenemos dentro. Ése es un trabajo para toda la vida. Debieras llevarlo siempre en la agenda y en tu propia memoria. ¿Cuáles son tus sueños?

Solo gana el que acepta la derrota…

Actualmente uno encuentra fácilmente cursos y diplomados para todo, ventas, contabilidad, marketing, etc. Sin embargo, cuando tiene un gran problema personal, que difícil saber como gestionarlo. Si algo he aprendido sobre esto, es que cuando uno sufre momentos complicados en su vida, éstos no nos dejan indiferentes, o sacan lo mejor de nosotros o nos quiebran de manera definitiva. Hay un antes y un después de nuestra propia crisis. Y generalmente, si sabemos gestionarla, lo que sale es una persona más madura y fuerte. Michel Jordan dijo: «He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera.  He perdido más de 300 partidos.  En 26 ocasiones se me concedió la responsabilidad de encestar la última canasta y me equivoqué.  He fallado una y otra vez en mi vida deportiva.  Por este motivo triunfé.” El error es la otra cara de la excelencia.

Tarde o temprano llegará de visita la adversidad, siempre inoportuna por cierto, disfrazada de la muerte de un ser querido o de un desencanto amoroso, ya sea divorcio o enfriamiento de la relación, o de una pérdida de trabajo o de la marcha de un amigo del alma.

¿Cómo gestionarla?

Nadie mejor que Santiago Alvarez de Mon, Profesor principal del IESE de España y uno de los mejores coach del mundo para darnos una respuesta coherente. Nos dice que ante la visita de esa “exigente maestra” (ya que nos obliga a estudiarla, a aprender  de ella y a sacar lo mejor de nosotros), hay que reconocerla y hacer las paces con ella. JK Rowling, la autora de Harry Potter comentó recientemente en una entrevista que el fracaso le enseñó cosas de sí misma que no hubiera podido aprender de otra manera.  Descubrió que tenía más voluntad y disciplina de lo que pensaba. Uno nunca acaba de conocerse ni conocer hasta donde es capaz, hasta que no sea probado por la adversidad. «Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo.  Lo que cura al hombre no es huir del dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella» decía Benedicto XVI.

No transformas una realidad que niegas, tienes derecho al “bajón”, al miedo inicial, a la frustración y una vez que interiorizas esas emociones eres capaz de gobernarlas. Esto nos obliga a hacer “arqueología interior”, a recurrir a recursos que están allí inexplotados, profundizar, identificar nuestras fortalezas y debilidades y saber utilizarlas. Hay varios que pueden quebrarse, normalmente aquellos que han tenido la intención de salir pero la fuerza de voluntad ha estado débil.

Nos dice Alverez de Mon: “Cuando se presenta la adversidad, fabricar una respuesta esperanzada, me parece patrimonio de gente singular y creo que allí más que nunca, es donde  movilizas tu talento, donde cosechas todo lo que has invertido antes, en paciencia, perseverancia, lucha, disciplina y una mentalidad de optimismo. En los desiertos de la adversidad es cuando más lo necesitas. Con la forma habitual de pensar, con el andamiaje meramente  intelectual, no llegas, no ganas el partido, necesitas de todos tus recursos. Necesitas sacar a la superficie emociones, afectos, lucha interior y mucha fuerza de voluntad y energía.”

Menciona también que el tiempo tiene una relación directa con la adversidad. En 1993, final de  Wimbledon, jugaban la final Jana Novotna contra Steffi Graff, en ese entonces No1. del ranking. Iba 6-7 el primer set, 6 a 1 el segundo y 4 a 1 y 30 a cero a favor de Novotna, decir, a dos pasos del 5 a 1 y  campeonar. Perdió el punto y en 10 minutos Steffi remontó y ganó el set y el campeonato. ¿Qué pasó con Novotna? Su cabeza en lugar de quedarse en el presente, viajó al futuro, se imaginó la gloria, el recibimiento apoteósico en su país celebrando su primer triunfo, como le cambiaría la vida, y cuando se fue dos pasos adelante, la concentración se fue y perdió. No ganó Steffi, perdió Novotna.

En otro episodio, Greg Norman, el mejor golfista en ese año, en 1997, jugando el Abierto de Augusta, a 4 hoyos tenía 5 golpes de ventaja, la pelota cae en una zona difícil del campo, viajó al pasado, se acordó que había fallado hace dos años en una situación muy parecida, entrena el swing y con el pensamiento de no tirarla al lago y se dice a sí mismo: “Greg, acuérdate de la vez pasada, fallaste, ten cuidado” y vuelve a tirarla al lago, se desconcentra y pierde el campeonato. El siguiente torneo le pasó exactamente lo mismo. Su cabeza en lugar de viajar para adelante como en el caso anterior, viajó hacia atrás.

En ambos casos hay una mente hiperactiva, viajera, que no es capaz de coserse al presente y en ese sentido pierden tenista y golfista. En la adversidad, la vida te urge a descifrar, a exprimir, las claves del presente, que no es capaz de quebrarnos, incluso cuando es más cruel.

Cuando hay angustia (el miedo a lo que pasará en el futuro) es que nos hemos ido al mañana, la incertidumbre, el hábitat natural del ser humano, llega a niveles altísimos innecesariamente. Y cuando nuestra mente piensa demasiado en el pasado, nos vamos a la nostalgia, en la que algunos viven anclados en lo peor.

Que importante tener una visión circular del tiempo, en la que el presente está lleno de un futuro que sueñas para ti y para tus seres queridos y de un pasado agradecido cuando piensas en tus padres o cuando ves fotos de cuando eres pequeño. Al final, lo único que tienes es el presente. Y si uno escucha o lee a muchas personas que han pasado por grandes problemas y han salido de ellos, todas ellas hablan de la intensidad, la energía, el nivel de concentración que tenían para limitarse a estar en el presente. Las mentes dispersas no pueden conquistar el futuro, el futuro se hace hoy, con esfuerzo, con capacidad de luchar, solo eso ya es suficiente para triunfar en nuestro fuero interno, los resultados, ganar o perder, las consecuencias de lo que hacemos, forman parte de otro partido en el que no llevamos las riendas. Que importante pero a la vez difícil es aprender a gestionar la adversidad, en lugar de tratar de escapar de la misma. Deberíamos tener muy claro que parte del camino que lleva a la felicidad implica, necesariamente, luchar y gestionar  la adversidad.

 

«Los muros existen para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto deseamos algo.  Los muros están para frenar a la gente que no desea suficientemente algo.  Están para frenar a los demás. Sin embargo, el éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide.” Santiago Álvarez de Mon

Sueño con volver a soñar

“Parece que no somos felices”, como lo dijo a principios del siglo pasado Enrique Mac Iver. Parece que todo lo que nos vende la vida en verdad no es tan bonito ni dura tanto como pareciera. Algunos días parece que alguna vez fuimos felices pero hoy no y que tal vez la paciencia, esa oriental virtud, sea la única alternativa en días así para reflexionar y recordar que el tiempo era lo que teníamos que priorizar y no el dinero, que la cabeza tenía que estar por encima del corazón, que la persona siempre fue más importante que la cosa, que el esfuerzo es más importante que el resultado, que la capacidad de soñar e ilusionarse era más importante que la realidad y que el hoy es más importante que el mañana.

Cuando tenía 18 años pensaba que cuando entre a una buena universidad, sería feliz. Y llegué a una buena universidad y fui feliz por un mes y luego volví a mi hábitat natural. Luego me dije cuando consiga un excelente trabajo seré feliz, y lo conseguí y fui feliz por un mes, y luego regresé a mi hábitat natural. Quizá pasaba mi vida pensando en que cuando logre el siguiente reto sería completamente feliz y eso no pasaba nunca y es que las ilusiones son peligrosas porque no tienen defectos. La vida me enseñó que la felicidad no depende de los retos que consiga, de las cosas o posesiones que tenga, sino de cuan feliz estoy con mi conciencia. Creo que el concepto de verdadera felicidad está muy relacionado a hacer lo que creo que tengo que hacer.

Tal Ben Shahar, profesor de Harvard de Psicología Positiva decía que “Es más feliz la persona que tiene unas expectativas moderadas. La felicidad consiste en la administración inteligente del deseo. En no equivocarse con las expectativas.” La felicidad consiste en el sufrimiento superado. La capacidad para superar las adversidades del pasado es buena para la salud mental. En el fondo todo está en la cabeza. La felicidad depende de la interpretación de la realidad que uno hace.

En circunstancias adversas, complicadas, uno puede ser feliz. Nelson Mandela, en la cárcel de Robben Island, era feliz luchando por la libertad de Sudáfrica, tenía la posibilidad de dejar la cárcel con solo arrepentirse de lo que dijo, y nunca lo hizo. Nguyên van Thuân, estuvo trece años en una cárcel de Hanoi, nueve de ellos en régimen de aislamiento, y escribió un gran libro “Testigos de esperanza”. Y en el otro lado del ring, existe gente que lo tiene aparentemente “todo” para ser feliz, dinero, poder y está muy lejos de serlo, gente que se ahoga en un jacuzzi, mientras otros nadan a puro pulmón en plena tempestad.

Uno de los grandes errores que cometen las personas sobre la felicidad es que piensan que ser feliz significa felicidad siempre. Por eso, cuando experimentan problemas, tristeza o rabia piensan que hay algo malo en ellos. Y no es así. Una vida feliz incluye dificultades, momentos duros, momentos de éxito y de fracaso, de lucha, de caer y levantarse.

Nadie es feliz todo el tiempo, todos en algún momento de nuestras vidas, tarde o temprano, soñamos con volver a soñar despiertos, con volver a tener la ilusión, la felicidad, que es ingrata, porque es como la sombra, mientras más te obsesionas por tenerla y la persigues, más se te escapa, sin embargo, cuando haces lo que tienes que hacer, te persigue sin que te des cuenta. Por ello, que importante el tener referentes de donde sacar un modelo a seguir, el aprender a pensar, el cuestionarse continuamente con preguntas sencillas como “¿Para qué hago lo que hago?, el leer, el orar, San Josemaría Escrivá de Balaguer decía que “el efecto catártico de la oración se hace realidad porque, cada vez que el hombre reza, experimenta la misericordia de Dios y comparte sus preocupaciones y problemas, cuando y donde quiere, recibiendo al mismo tiempo una señal casi intangible de su Amor. Te quiero feliz en la tierra. No lo serás, si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras ‘caminamos’, en el dolor está precisamente la felicidad. La vida sin dolor es como un cuadro sin sombras, solo lleno de luces, no tiene sentido, que sería del mundo sin dolor, sería una pena, el dolor llevado por amor es valiosísimo.”

Además, son los momentos de sufrimiento y dolor, los más valiosos, de los que más aprende uno en la vida. Aunque el dolor es una de las experiencias más comunes de la vida, siempre sorprende y continuamente nos exige aprender y adaptarnos a las nuevas circunstancias. Sin embargo, hay momentos en este recorrido en los que la experiencia del dolor forja la vida de un hombre. No se trata ya de una cuestión de aceptación o rechazo del dolor, sino de aprender a considerar el sufrimiento como parte de nuestra propia existencia.

Ya lo decía el Papa Benedicto, No hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismos. Muchas veces no entendemos el porqué de las cosas, cuestionamos a Dios, una vieja oración decía: “Le pedí a Dios fuerzas y me dio dificultades para hacerme más fuerte, le pedí valor y me dio peligros para vencer”, y es que normalmente no recibimos lo que deseamos sino lo que necesitamos en ese momento. Las cosas no vienen gratis, hay que ganárselas, hay que lucharlas. Justamente la paz interior es consecuencia de la guerra que hemos ganado contra nosotros mismos.

Cuando pasamos por etapas en las que parece que no hay en que soñar, que las ilusiones se han ido, que el sufrimiento se asoma, quizá valga la pena acordarse de que no hay mal que dure cien años, que son etapas donde hay que cosechar y sacar a relucir las virtudes que antes aprendimos como la fortaleza y la paciencia, y saber que no será la primera ni la última vez que nos pase. El sufrimiento es un fiel compañero de camino, que no se nos despegará nunca. Donde no hay nada por lo que valga la pena sufrir, incluso la vida misma pierde su valor.

Cuando tenemos un por qué vivir, soportamos cualquier como

Hoy en día se habla mucho sobre la crisis mundial que supuestamente está por venir, sin embargo, hay crisis mucho más importantes e impactantes que esa, la crisis personal, también llamada adversidad. ¿Alguien puede decir que no conoce la adversidad? Una “exigente maestra” que se suele presentar a distancia de días disfrazada de muerte de un ser querido, despido, desilusión, angustia, etc.  Muchos la evitamos a como sea, pero ¿Cómo seríamos si no hubiésemos tropezado con la adversidad? Seguramente orgullosos, superficiales, y probablemente no tan felices. Dicen que quien no ha pasado un gran sufrimiento, no ha conocido una gran felicidad, ya que es justamente en los cambios de un estado a otro cuando la valoras. Una persona que siempre ha tenido todo en su vida, probablemente la mayoría de las cosas le aburran, si lo comparamos contra uno que después de pasar muchos problemas y encausar su vida, disfruta de cosas que nunca ha tenido antes.

Luis de Moya, un tetrapléjico, habla en su libro, “La quinta esencia del sufrimiento” sobre la falta de sentido en el dolor humano: sufre de verdad el que no sabe por qué. Esto sucede, por ejemplo, cuando el dolor es muy intenso y prolongado o sin esperanza de mejora y sin una visión trascendente de la propia existencia.

Peter Drucker, el padre del Management, decía que la mayoría de problemas en el mundo no ocurren porque s presentan mal las soluciones, sino porque las preguntas están mal planteadas. Cuando llega la adversidad, la pregunta correcta no es ¿Por qué? Sino ¿Para qué? ¿Qué quiere Dios de mi con este dolor? ¿Para qué me lo he enviado? Es decir, ,encontrarle un sentido al sufrimiento, un sentido a la vida. Recomiendo leer el libro de Victor Frankl, el hombre en búsqueda del sentido. Frankl fue un psicólogo judío que sobrevivió a los campos de concentración luego de haber visto como asesinaban a sus padres y a su esposa.

Luis de Moya decía que con frecuencia, si se habla de dolor es sólo para quejarse o para intentar acabar con lo molesto a cualquier precio; se oculta el fracaso que es no lograr el objetivo buscado y se fomenta la ilusión en un mundo sin problemas, en el que viviríamos siempre triunfadores. La experiencia nos demuestra que todo es inútil: no hay, en este mundo, quien acabe con el sufrimiento y se logra el efecto contrario: “una actitud que incapacita para soportar el padecer y aumenta con ello el sufrimiento” (R. Spaemann. El Sentido del sufrimiento). Sufrir puede ser bueno y, como veremos, fuente de gozo. Sólo si se debe a un mal moral, al pecado, siempre es un sufrimiento negativo; el pecado, entendido como tal, siempre entristece.

Nos dice también que “Podemos plantearnos diversas formas de remediar nuestro dolor. Quizá pensamos ante todo en la ayuda y el consuelo que pueden ofrecer los demás, pero esto es la segunda parte. El primer remedio para el sufrimiento está en uno mismo, en el que sufre. “La enfermedad -por ejemplo- me es dada como una tarea; me encuentro con la responsabilidad de lo que voy a hacer con ella” (V. Frankl, El hombre doliente). Cualquier circunstancia humana es una oportunidad de bien y solemos admirar a los que muestran la virtud, sobre todo si es en situaciones adversas. Pero el dolor también es ocasión de desmoronamiento para los débiles y los cómodos.

“Cuando un hombre tiene un por qué vivir, soporta cualquier cómo” (Citado en V. Frankl, El hombre en busca de sentido). Es como decir que le vale la pena sufrir; porque, aunque el sufrimiento siempre cuesta, gracias a que soy capaz de sufrir, finalmente logro más de lo que pierdo. Es lo de todos los días: el sacrificio del estudiante por sus calificaciones, el del atleta que se entrena para mejorar su marca, el del enfermo que acepta el tratamiento por su salud.

Algunos necesitan forzar periódicamente la diversión, si no -incapaces de ver atractivo en el trabajo, en la amistad, en la generosidad…, en lo ordinario de cada día- la vida les resulta insípida cuando no amarga, porque no ven otro atractivo que la juerga.”

Buscar ser y estar felices es en todo caso muy necesario para vivir mejor, es un equipaje absolutamente decisivo para viajar por este mundo, pero esa felicidad, a veces necesita de adversidad, de trabajo por conseguirla. El que por nada del mundo quiere sufrir, no puede vivir.

Los dejo con un ejemplo extraordinario de alguien que sabe como vivir. http://www.youtube.com/watch?v=38f1Qo92_nA&feature=player_embedded

Lecciones de un tetraplégico

Esta semana les traigo un artículo que me enviaron hace unos días, que me dio mucho que pensar. Muchos nos ahogamos en un vaso de agua cuando hay otros que nadan a puro pulmón en medio de un tsunami:

Joaquín Romero es un barcelonés de 41 años que desde hace unos 18 años vive sobre una silla de ruedas, a causa de una esclerosis múltiple.

Él querìa conocer la verdad, sin tapujos. Por eso, hace casi veinte años, cuando le diagnosticaron esclerosis mùltiple -una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa- pidió que le explicaran exactamente a qué debía atenerse en adelante: “Te puedes quedar tetrapléjico, ciego, mudo y en cama; pero lo peor es que no consigas superarlo y lo que solo es una enfermedad psicosomática, acabe siendo algo psíquico”.

Joaquín Romero tiene 41 años, y hace unos dieciocho que va en silla de ruedas. No puede andar, el brazo izquierdo lo tiene casi perdido, apenas ve, le cuesta respirar y la cabeza le está fallando. Cuando se dio cuenta de que no podría valerse por sí mismo decidió adaptar su casa y montar, con su hermano Borja una empresa que ayudara a personas discapacitadas como él. Un arquitecto técnico y un ingeniero. B&J Adaptaciones es hoy la única empresa española en su campo y, gracias a ella, Joaquín ha podido hablar y ayudar a muchas personas… “de silla a silla”, como dice. Y es que, a pesar de ser plenamente consciente de su situación, el pesimismo no le hace mella y no duda en definir su situación como de “un milagro; una caricia de Dios”.

Tendría 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había cumplido el servicio militar; estudié lo que quise, Arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.

 ¿Qué le dijo?

Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le respondí. No tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”, me explicó.

¿Qué pensó entonces?

Aún era un poco inconsciente de lo que me ocurría. Me pasaban cosas totalmente inauditas para mí. Mi condición de “cerebrotónico” hacía que quisera tener todo amarrado, pero era imposible. Gracias a Dios, llevaba unos años en el Opus Dei y ahí siempre he tenido a alguien en quien confiar y a quien contar mis problemas. Tenía la sensación de que cualquier cosa nueva que me ocurría era algo muy grave. Y lo contaba, y me escuchaban, y nos íbamos a tomar unas copas cerca del mar -soy un apasionado del mar-…; con esa excusa, me conocí todos los chiringuitos de la costa barcelonesa…

¿Así se solucionan las cosas?

No, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos se pueden aclarar. El médico me lo dijo muy claro, ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Me explicó que estaba enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero lo peor era -me advirtió- que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.

Pero eso no se detuvo…

Claro. Cuando vi que si no hacía algo acabaría por no poderme valer por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue cómo lo que comenzó en esos poco más de treinta metros cuadrados, hoy es ya una empresa -única en España- que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Desde entonces, ¿ha visto mucho dolor?

Una vez me llamó una señora pidiéndome una solución para su marido enfermo. Le dije que lo miraría. Pasado poco tiempo, la llamé, pero no estaba. Había ido al funeral de su marido…

Fue entonces cuando me prometí no desperdiciar ni un segundo para ayudar a quien se me acercara. A veces viene un cliente y te pregunta por unas máquinas y al final les digo: “Y tú ¿cómo lo llevas?”.

¿Qué les dice? ¿Se puede amar el dolor?

No. Por sí mismo, no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les explico que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad. El dolor es un misterio; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica: número uno, cómo se lleva; número dos, qué hacer cuando dura más de dos semanas… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que a Dios le falte. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes. Te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…

Pero esto es una solución solo para los que creen…

¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a quejarte de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: he conseguido vivir con alegría dentro del dolor. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay algo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora: cuando estaba sano y jugaba al fútbol, cuando estaba con los amigos, cuando estudiaba y estudiaba mucho… y me funcionaba. Lo sigo usando ahora que estoy enfermo… Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a ironía, a locura… Pero no. Esto no lo hace un hombre. Eso solo lo sabe y puede hace Dios.

¿No le ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!

Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Le respondí que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio” perfectamente trazado: voy al metro adaptado que tengo cerca de casa, pago, me acerco al andén, me preparo para accionar el joystick de la silla y… ¡Es muy fácil! Pero entonces, cuando ya lo tenía totalmente encantado, le di la vuelta y reconduje la conversación: ¿No te parece más bello luchar por la vida?

 Hay gente que dice que la eutanasia es una solución.

¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es un egoísmo injusto. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si quieres realmente al enfermo -si lo amas de veras-, tienes que buscar, todo lo que puedas, una solución.

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?

En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario,… tienes la oportunidad de hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.

Todo esto, ¿lo descubrió de la noche a la mañana?

¡No, no! A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras…

¿Qué le dirá a Dios cuando llegue al Cielo?

Le daré un “gracias” y un besazo por la vida que me ha dado. Porque además, no hubiera deseado otra vida. Deseo lo que Él ha querido. Me pondré de rodillas -porque entonces sí podré- y le diré: “Increíble. Lo has bordado”.

Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Segunda Parte

confused-1Esta semana quería terminar el artículo de la semana pasada, en relación a algunas notas interesantes que tomé del libro “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido” del Dr. Dobson.  Copio textualmente una carta que figura en el libro, que fue escrita de padre a hija y los comentarios del autor que más allá de sentimentalismo barato me pareció muy válida traerla al presente, sobre todo en estos tiempos en los que en el Perú, se ha abierto la polémica por legalizar el aborto. Como saben, mi posición es sumamente clara al respecto y es obviamente en contra. ¿Con qué derecho vamos a asesinar” a un niño indefenso para pagar o remendar los errores de otros? Así que hay pena de muerte para el indefenso que no tiene nada que ver y no para el agresor!!! Inclusive en los casos en los que dicen que “está en riesgo la vida de la madre”, la mayoría de esos casos no existen, no matan para vivir, sino matan para vivir mejor, como decía Gonzalo Zegarra. Esa clase de temas sin sustento ni lógica sólo pueden discutirse en países tan faltos de líderes coherentes como el Perú. Es una lástima que otros países, en teoría más desarrollados se hayan dejado llevar por esa corriente, pero en fin, para no irme del tema, copio a continuación la carta que les mencionaba y los comentarios del autor del libro, el Dr. Bryan Dobson:

 “…Mi querida Bristol:

 Antes que nacieras, oré por ti. En mi corazón yo sabía que serías un pequeño ángel. Y lo fuiste. Cuando naciste, en el mismo día de mi cumpleaños, el 7 de abril, fue evidente que eras un regalo especial enviado por Dios. Pero, qué regalo más maravilloso llegaste a ser! Más que tus hermosos balbuceos y tus mejillas rosadas, más que el gozo indecible de que fueras nuestra primogénita, más que ninguna otra cosa en toda la creación, me mostraste el amor de Dios.

 Bristol, tú me enseñaste a amar. Por supuesto, te amé cuando eras muy delicada y linda, cuando te diste vuelta y te sentaste balbuceando tus primeras palabras. Te amé cuando sentimos el agudo dolor de saber que algo andaba mal, que tal vez no estabas desarrollándote tan rápido como los demás niños de tu edad, y también te amé cuando supimos que lo que te sucedía era más serio que eso. Te amé cuando fuimos de un médico a otro y de hospital en hospital, tratando de encontrar un diagnóstico que nos diera alguna esperanza. Y, desde luego, siempre oramos por ti incesantemente. Te amé cuando uno de los exámenes produjo que te extrajeran demasiado fluido espinal y te pusiste a gritar. Te amé cuando llorabas y gemías, cuando tu mamá, tus hermanas y yo íbamos por horas en el auto para ayudarte a que te pudieras dormir.

 Te amé, con mis ojos llenos de lágrimas, cuando, confusa, te mordías involuntariamente los dedos o el labio, y cuando te pusiste bizca y luego te quedaste ciega. Naturalmente, te amé cuando ya no podías hablar, pero ¡cómo extrañé no oír más tu voz! Te amé cuando la escoliosis comenzó a torcer tu cuerpo como si fuera una “s”, cuando pusimos un tubo dentro de tu estómago para que pudieras comer porque te ahogabas con la comida, que te dábamos por cucharadas, tardándonos hasta dos horas en cada comida. Pude amarte cuando tus miembros retorcidos me impedían que fácilmente te cambiara los pañales sucios. [Cuántos pañales! Diez años cambiándote pañales.

 Bristol, incluso te amé cuando ya no podías decir las palabras que más anhelaba oír en esta vida: “Papi, te amo”. Bristol, te amé cuando me sentía cerca de Dios, y cuando él parecía estar muy lejos de mí, cuando estaba lleno de fe y también cuando estaba enojado con él. y la razón por la que te amé, mi Bristol, a pesar de todas estas dificultades, fue que Dios puso su amor en mi corazón.

 Esta es la maravillosa naturaleza del amor de Dios, que él nos ama aun cuando estamos ciegos, sordos, o torcidos, en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu. Dios nos ama aun cuando no podemos decirle a él que también le amamos.

 Mi querida Bristol, ¡ahora estás libre! Y espero ansiosamente ese día cuando, de acuerdo con las promesas de Dios, nos reuniremos contigo y con el Señor, completamente libres de imperfecciones y llenos de gozo. Estoy tan contento de que tu recibiste tu corona antes que nosotros. Un día te seguiremos, cuando él así lo quiera. Antes que nacieras, oré por ti. En mi corazón sabía que serías un pequeño ángel. iYlo fuiste!

 Te ama, papá.

 Insisto en que estos ejemplos de aflicción ilustran el hecho de que las personas dedicadas a Dios, que oran, se enfrentan a veces a las mismas clases de dificultades que experimentan los incrédulos. Si negamos esta realidad, creamos un dolor y una desilusión aun mayores para las personas que no están preparadas para afrontar esos problemas. Por eso necesitamos superar nuestra renuencia a aceptar está desagradable realidad. Debemos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a prepararse para que puedan hacerle frente a la barrera de la traición.

 Nuestro mensaje se reduce a este sencillo concepto: no hay nada que Dios desea más de nosotros que el que pongamos en práctica nuestra fe. Dios no hará nada que la destruya, y nosotros no podemos agradarle a El sin ella. Para definir este término otra vez, diré que la fe es creer en aquello de lo cual no tenemos una prueba absoluta. Es mantenernos firmes cuando la evidencia nos está diciendo que nos demos por vencidos. Es decidir confiar en El cuando no ha respondido todas las preguntas y ni siquiera nos ha prometido una vida libre de sufrimientos.

 A esas personas, que acabo de describir, que han tratado de comprender la providencia de Dios, ¡les traigo palabras de esperanza! No, no puedo brindarles pequeñas soluciones satisfactorias para todas las inconsecuencias de la vida que nos molestan. Eso no ocurrirá hasta que veamos a Dios cara a cara. Pero El tiene un corazón especialmente compasivo hacia los afligidos y derrotados. El le conoce a usted por nombre y ha visto cada lágrima que ha derramado. El estaba a su lado en cada ocasión en la que algo malo sucedió en su vida. Y lo que parece ser falta de interés o crueldad de parte de Dios, es un malentendido en el mejor de los casos y una mentira de Satanás en el peor de ellos, porque nunca dejará de estar a su lado.” Dios tarda pero no olvida.