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Antes de morir quisiera…

set-them-free¿Para qué vives? Esta es quizá la pregunta más importante que podemos hacernos en la vida. Y mi respuesta (muy personal por cierto) es para ser feliz acá en este viaje y luego felicísimo en el cielo. Pero esta pregunta, nos lleva necesariamente a otra, ¿Estoy haciendo lo necesario para ser consecuente con mis objetivos? Y es allí donde nace la idea de escribir sobre este tema. ¿Qué me falta por hacer? Es cuestión de mirar las cosas con perspectiva. Siempre es bueno estar dentro de la vida y fuera de ella al mismo tiempo.

Candy Chang hizo una charla en TED sobre este tema y cambió la forma de pensar a millones de personas. Hay muchas cosas que no hemos hecho en la vida. No hace falta tener una enfermedad terminal para cuestionárselas. ¿Por qué no conectarte con tus emociones o sumarte a nuevas aventuras? Necesitamos saborear mejor los minutos que tenemos. Retomar una amistad, aprender un idioma nuevo, escribir un blog, pedirle perdón, o perdonar a alguien (pedir perdón no cambia el pasado pero si el futuro), o correr una maratón, hacer un viaje a un sitio que nunca se te hubiese ocurrido, tomar riesgos (medidos por supuesto). La vida rutinaria, sin sobresaltos, es muy aburrida!! El Lunes es muy fácil acertar los partidos del Domingo. A toro pasado todos somos muy listos. Cuantos amigos tengo que hicieron las maletas y sin mirar atrás vivieron al 100% la decisión que tomaron. Ni nostalgias ni dudas existenciales, se vive hacia adelante. No podemos conformarnos con reprimir cobardías, que continuamente habrá que apagarlas. El que tenga miedos que se los trague pero que no desanime a los demás. El desaliento nunca ha creado nada y ha provocado la muerte en vida a muchos.

La creencia de que nuestra historia personal ha llegado a un final, que acabamos de convertirnos en las personas que estábamos destinadas a ser y así seremos el resto de nuestras vidas, entorpece nuestra toma de decisiones sobre estos temas. Pensamos que las canciones, los amigos, la ropa, la comida, que nos gustan, ya no cambiarán, serán esas. Sin embargo, Daniel Gilbert, profesor e investigador de Harvard, hizo un experimento y preguntó a la gente hace 10 años sobre sus gustos y su esperanza de cambiarlos y comprobó que la mayoría afirmó que no cambiaría su forma de ser, sus gustos, hobbys, etc, que ya habían llegado a encontrarse realmente con su versión final de sí mismos y luego 10 años después, comprobó que todo eso había cambiado en las personas.

Obvio que no es cuestión de “living la vida loca” tampoco. Hay que descubrir la felicidad en las pequeñas cosas en nuestra familia y trabajo, que nos toca hacerlas todos los días. Si sólo hay trabajo en la vida, ésta se convierte en sinónimo de estrés, angustia, pero si no lo hay, si se quiere ahorrar esfuerzo y sudor, es muy complicado que llegue la paz y la satisfacción de haberse dado por el todo, y por ende de conseguir la felicidad.

La felicidad no consiste en dinero, juergas y fama. Robert Waldinger, psiquiatra de Harvard, condujo el estudio más largo de la historia sobre la felicidad (75 años), y decía en una charla de TED “¿Por qué es tan difícil de entender y tan fácil de ignorar? Porque queremos algo rápido, fácil y que dure por la eternidad, y las relaciones son difíciles, y cuidar a la familia y a los amigos y trabajar bien no es fancy ni glamoroso, es tedioso.” Resaltaba la importancia de cultivar buenas relaciones. Pasemos más tiempo con personas que con pantallas. Caminatas largas o acercarse a ese familiar que no hemos visto en años. La buena vida se construye con buenas relaciones. Pensemos más en los demás que en nosotros.

Uno puede disfrazarse de jefe, y actuar como tal, pero en el fondo la función llega a su fin y el actor se volverá nuevamente la persona que siempre ha sido. Por lo tanto, que importante invertir en ella, en su desarrollo y crecimiento, en descubrir nuevos objetivos, en lugar de preocuparse o angustiarse en exceso por el personaje que representa.

Siempre estemos inquietos, vivamos una vida que podamos recordar, y no la vida de otros. ¿Y tú, que quieres hacer antes de morir? Hoy, aquí, ahora! Arma tu lista de actividades ya!

 

¿Adios mundo cruel?

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Hace ya varios días vengo pensando en la muerte, tema apasionante y en muchos casos relacionado al sufrimiento. Lo curioso es que muchos sufren porque ya se les acaba la vida, les duele dejarla, otros al contrario, porque dura, y ya no soportan estar más en ella. En todo caso, lo realmente triste es vivir sin ninguna esperanza, pensando en que la vida se acabará acá abajo. Nada podría sumergirme más en una depresión que eso. Un santo de nuestros días decía “Que hueca vanidad centrar la existencia en esta vida”.

Yo creo que uno muere de acuerdo a como ha vivido. Me imagino siempre la torre inclinada de Pisa, ¿El día que se caiga, hacia qué lado será? No es difícil acertar. Si en su vida uno hizo su tarea, luchó por lo que valía la pena (ganando y perdiendo batallas pero luchó al fin), y su forma de pensar, hablar y actuar estaba alineada pues asumo que le será más fácil el encuentro final. Un amigo decía que la muerte no es el derrumbe, es solo una liquidación de existencias por cambio de domicilio. Y es que la vida no se pierde, solo se transforma, sólo se cambia, y es un cambio para bien.

Por desgracia, normalmente los únicos que piensan en ella son aquellos que sufren una depresión complicada, ¿pero por qué esperar a eso para cuestionarla? Muchas veces ya es tarde y uno la ve con el deseo de que venga pronto. Enrique Rojas, famoso psiquiatra español, decía que no somos más que personas que habitan una personalidad y de nosotros va a ser lo que nosotros queramos hacer con nuestro proyecto de vida.

Y si, a veces nos llega la depresión – sin duda la enfermedad más importante del estado de ánimo- , también llamada enfermedad de la melancolía y de la tristeza persistente y duradera que se cuela por los rincones del alma y se agarra fuerte. Pues bien, si llega, no nos queda más que aprender a vivir con ella mientras dure, porque no es eterna, así como también, y  como lo he dicho en varios posts, nadie es feliz todo el tiempo, o dicho de otra forma, la felicidad absoluta no existe, es una utopía. Lo que hay es una felicidad relativa, que consiste en estar contento con uno mismo, producto de la relación entre lo que se desea y lo que se consigue. Por ello, que importante saber gestionar nuestros deseos.

Mi padre decía que cuando llega el momento de sufrir el dolor, ayuda más un poco de valor que un conocimiento abundante, algo de compasión humana más que un gran valor, y la más leve tintura del amor de Dios más que ninguna otra cosa, así que cuando uno sufre, es el momento ideal para pedírsela.

En fin, si algo nos debiera enseñar la muerte es que hay que aprender a vivir. Amar, pensar, decidir, luchar, reir, abrazar, perdonar, escuchar, creer, hablar son acaso los mejores compañeros de camino. Y es que al final, cuando llega el momento de cruzar el río y ya estamos llegando a la otra orilla, ¿De qué nos arrepentimos? Salvo algún tarado que sólo piensa después de haber actuado, los demás lamentamos aquello que no hemos hecho.  Si hubiera cambiado de carrera a tiempo, si hubiera dejado ese trabajo antes, si hubiera callado en aquella discusión, si hubiese amado de verdad, si hubiese luchado más por conseguir lo que quería, si la hubiese besado en esa fiesta, si hubiese ido contracorriente y me hubiese arriesgado más por eso que valía la pena… La cantidad de lamentos puede ser tan grande y tan fuerte que arrase con todo. Entre nuestra vida real, con sus pros y sus contras, compromisos y deberes y la alternativa idealizada, siempre gana esta última.  A lo mejor es una comparación irreal, y por ello injusta, pero no deja de ser en muchos casos cierta. Por ello, como decía Santiago Alvarez, “cuando una voz interior susurre acciones y decisiones suficientemente ponderadas y asumidas, lo mejor es seguir sus dictados.  Si no, el futuro nos mostrará el presente, hoy, transformado en pasado hipotecante.”

Jorge Luis Borges tiene un poema tremendo, titulado «El remordimiento»:

He cometido el peor de los pecados

Que un hombre puede cometer,

No he sido feliz.

Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé.  No fui feliz.

Cumplida no fue su voluntad.

Me legaron valor.  No fui valiente.

No me abandona, siempre está a mi lado,

la sombra de haber sido un desdichado.

Gracias Jorge Luis, tienes ese don único de escanear el corazón y expresar lo que uno siente con la precisión de un cirujano.

 

Historia de una sonrisa

Nadie es feliz todo el tiempo, mientras unos nos ahogamos en un vaso de agua y pareciera que somos adictos a la infelicidad, otros nadan a puro pulmón a oscuras y en un mar lleno de tiburones y logran llegar a la orilla. Sufren, luchan, lloran, pero consiguen una tranquilidad de conciencia, que les da paz, alegría. Imposible dejar de ver este video de Alvaro, un hombre de mi edad, pero valiente, enamorado de la vida, que acaba de morir a causa de un sarcoma de Ewing, contra el que luchó hasta el final de su vida. “Con su muerte perdió todas las cosas materiales y ambiciones humanas que pudiera tener. Pero se llevó, y eso es lo importante, un gran corazón que supo amar, sufrir, darse a los demás”.

Los 5 lamentos más comunes antes de morir

Hace unas semanas Harvard Business Review publicó un artículo relacionado las razones más comunes por las que nos sentimos mal antes morir.

En el artículo se comentaba el estudio que realizó una enfermera que registró por años las disculpas más comunes de los moribundos. Bronnie Ware es una enfermera australiana que pasó varios años trabajando en la unidad de cuidados paliativos, la atención de pacientes en las últimas 12 semanas de sus vidas. Grabó sus epifanías que mueren en un blog llamado La inspiración y Chai.

 

Ware habla de la claridad de la visión espectacular que la gente obtiene al final de sus vidas, y cómo podemos aprender de su sabiduría. Cuando se le preguntó acerca de cualquier lamento que tenían o cualquier cosa que harían de manera diferente”, dice ella, “temas comunes surgieron una y otra vez. No había ninguna mención de más sexo o saltos de bungee.

Aquí están los cinco lamentos que más se dijeron:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida de acuerdo a mis principios, no a lo que los demás esperaban de mi.

Este era el lamento más común de todos. Cuando las personas se dan cuenta que su vida está a punto de terminar y mirar hacia atrás con claridad en ella, es fácil ver cuántos sueños se han cumplido. La mayoría de la gente no había cumplido aún la mitad de sus sueños y tenía que morir sabiendo que era debido a las opciones que habían hecho, o que no hicieron.

2. Ojalá no hubiese trabajado tan duro.

Esto vino principalmente de lo shombres. Echaban de menos la juventud de sus hijos y la compañía de su pareja. Las mujeres también hablaron de este lamento, pero la mayoría eran de una generación anterior, muchos de los pacientes de sexo femenino no habían sido sostén de la familia.

3. Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar mis sentimientos.

Mucha gente suprimió sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a ser lo que eran realmente capaces de llegar a ser.

4. Me gustaría haber estado en contacto con mis amigos.

A menudo no se dan cuenta verdaderamente de todos los beneficios de sus viejos amigos hasta que mueren y no siempre fue posible localizarlos. Muchos de ellos habían llegado a estar  tan atrapados en sus propias vidas que se habían dejado caer por la única amistad del dinero en los últimos años. Hubo muchos lamentos profundos acerca de no dar la amistad el tiempo y esfuerzo que merecían. Todo el mundo echa de menos a sus amigos cuando se está muriendo.

5. Me gustaría haber sido más feliz.

Muchos no se dan cuenta hasta el final de que la felicidad es una elección. Pasaron más tiempo en hacer creer a los demás que son felices que en tratar de serlo.

 Has pensado ¿De que te lamentarías si mañana fueses a morir? Piensas hacer algo para cambiarlo? La vida se pasa en un instante, cambia ahora!

Vivir es una cuestión urgente

Hace un par de semanas murió un familiar de un amigo cercano, al buscar algún texto para enviárselo, encontré éste en el que Santiago Alvarez nos deja ideas claras de lo importante de aprovechar la vida. Y es que cómo vivimos nos permite darnos una idea de cómo moriremos. Nos dice lo siguiente: “Si se han hecho los deberes, si se ha sido íntegro, es decir, si ha habido correlación entre los valores, principios e ideales que se proclaman, y los comportamientos y actos de nuestra vida, si uno se ha viciado con alegría y naturalidad, no a impulsos dirigidos por escrúpulos culpabilizadores, se hace factible lidiar el toro final con un estado de ánimo sereno y esperanzado. 

Jorge Borges tiene un poema tremendo, titulado «El remordimiento»:

“He cometido el peor de los pecados

Que un hombre puede cometer            
No he sido feliz.              
Que los glaciares del olvido       
me arrastren y me pierdan despiadados.           
Mis padres me engendraron para el juego        
arriesgado y hermoso de la vida,            
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé.  No fui feliz.         
Cumplida no fue su voluntad.  
Mi mente se aplicó a las simétricas porfías         
del arte, que entreteje naderías.           
Me legaron valor.  No fui valiente.         
No me abandona, siempre está a mi lado,         
la sobra de haber sido un desdichado.”

Si algo nos debiera enseñar la pérdida de seres queridos es que vivir es una cuestión urgente.  Amar, confiar, creer, esperar, conversar, perdonar, decidir, abrazar, actuar, es urgente.  ¿De qué nos arrepentimos los hombres y las mujeres?  Salvo algún tarado que sólo piensa después de haber actuado, los demás lamentamos aquello que no hemos hecho.  Si hubiera cambiado de carrera a tiempo, si hubiera dejado la empresa antes, si no le hubiera insultado en aquella discusión, etc.  La cantidad de lamentos y nostalgias puede ser tan grande que nos deje una huella indeleble en nuestro estado de ánimo.

Continúa diciendo que la vida es aquello que ocurre, que acontece, que fluye, una vez que hemos hechos nuestros deberes, que hemos cumplido nuestras tareas.  Entonces, como consecuencia de ello, soñamos y vivimos.  ¿Fácil propuesta?  En absoluto, que nadie se engañe.. Es un desafío para mentalidades sabias y fuertes. Los muros existen para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto deseamos algo.  Los muros están para frenar a la gente que no desea suficientemente algo.  Están para frenar a los demás.

Entre la realidad, con sus pros y sus contras, y la alternativa idealizada, siempre gana esta última.  Entre la realidad llena de compromisos y deberes y la alternativa mitificada, se impone ésta desangrándonos en el oportunismo e injusticia de una comparación irreal.  Por tanto, en cuanto una voz interior susurre acciones y decisiones suficientemente ponderadas y asumidas, lo mejor es seguir sus dictados.  Si no, el futuro nos mostrará el presente, hoy, transformado en pasado hipotecante.

Aves de paso

dsc005001Hoy me enteré que murió un amigo de 49 años haciendo deporte. Hace dos semanas le detectaron un tumor maligno a una tía. Estos dos hechos tan seguidos me han hecho recapacitar sobre la única cosa que tengo segura en esta vida, que es la muerte, haga lo que haga, pasará a recogerme.

 

Uno lee siempre en los diarios que hay países en los que la gente muere como si nada, pero es cuando te toca vivirla en carne propia, ya sea la tuya o la de un ser querido, cuando le tomas mayor importancia, cuando realmente te impacta. ¿Alguna vez nos hemos puesto a pensar en eso? ¿Estaremos preparados para darle la bienvenida?

 

Al respecto, decía el Papa en su discurso de comienzos de mes por el día de todos los muertos que la muerte prematura de una persona que nos es querida supone una invitación a no detenerse viviendo de modo mediocre, sino a tender lo antes posible hacia la plenitud de la vida, es decir a dedicarse a vivir como si fuera el último día de nuestra vida, y esto no significa vvir pesimistas ni deprimidos, sino todo lo contrario, entusiastas,  terminando el trabajo muy bien hecho, buscando apoyar a los que te necesitan, teniendo rectitud de conciencia en el obrar, porque de esa manera, no habrá nada que temer si llega el momento.

 

Continuando con lo que dijo El Papa, recordó que “si Dios llama a sí a un justo antes del tiempo, es porque sobre él tiene un diseño de predilección que nosotros no conocemos. Existe un contraste entre lo que aparece a la mirada superficial de los hombres y lo que en cambio ven los ojos de Dios. El mundo considera afortunado a quien vive muchos años, pero Dios, más que a la edad, mira la rectitud del corazón. Todo acaba, todos en este mundo estamos de paso. Sin embargo, quien acoge a Dios puede vivir ya durante su existencia terrena un anticipo de la eterna ya que es la felicidad a que aspira en profundidad el corazón de todo hombre”.

 

Conversaba hace un tiempo con un amigo sobre el tema que me decía, si pues, puede que tengas razón, pero todavía soy joven, cuando tenga 60 años ya me dedicaré a cambiar mi estilo de vida. Le comenté, el día que la torre de Pisa se caiga, para que lado crees que se va a caer? Obviamente para el lado que ha estado inclinada durante toda su vida. Pues lo mismo con nosotros, el día que nos toque, nos agarrará del lado que hemos escogido vivir.

 

Mi papá, extraordinario médico, escribió un folleto sobre la muerte que se llama “Una puerta que se abre al amor.” En resumen, lo que él explica es que la vida no se pierde, solo se cambia, y es un cambio para bien, porque Dios siempre “cosecha” en el mejor momento. 

 

Les copio algunas frases del folleto que seleccioné y que me parecieron muy ciertas:

 

  • La muerte es bifronte, tiene dos caras: una da hacia nosotros, los que nos movemos en el tiempo; es más bien fea, triste, deforme, repugna al poco de producirse. Pero tiene otro rostro, el que da a la eternidad. Éste es como el rostro de un niño recién nacido, porque el día de la muerte es, «el día del verdadero nacimiento», porque inicia la vida que ya no muere. Es un cambio ventajoso.

 

  • A los “otros”, la muerte les para y sobrecoge. -A nosotros, la muerte -la Vida- nos anima y nos impulsa. Para ellos es el fin: para nosotros, el principio. (Camino, 738)

 

  • Cómo amaba la Voluntad de Dios aquella enferma a la que atendí!: veía en la enfermedad, larga, penosa y múltiple (no tenía nada sano), la bendición y las predilecciones de Jesús: y, aunque afirmaba en su humildad que merecía castigo, el terrible dolor que en todo su organismo sentía no era un castigo, era una bendición, porque le ahorra un buen tiempo de purgatorio.  

 

  • Cara a la muerte, ¡sereno! Así te quiero. No con el estoicismo frío del pagano; sino con el fervor del hijo de Dios, que sabe que la vida se muda, no se quita. ¿Morir?… ¡Vivir!

 

  • La muerte llegará inexorable. Por lo tanto, ¡qué hueca vanidad centrar la existencia en esta vida! Mira cómo padecen tantas y tantos. A unos, porque se acaba, les duele dejarla; a otros, porque dura, les aburre… No cabe, en ningún caso, el errado sentido de justificar nuestro paso por la tierra como un fin.

 

  • ¡No me hagas de la muerte una tragedia!, porque no lo es. Sólo a los hijos desamorados no les entusiasma el encuentro con sus padres.

 

No tengas miedo a la muerte. Vendrá en el tiempo, en el lugar y del modo que más convenga. “En esta vida todo tiene arreglo menos la muerte, y la muerte, lo arregla todo.”

 

La muerte, aquella indeseable

Ayer me pasaron un video muy bueno que adjunto al final de este artículo en el que un profesor de la Universidad Carnegie Mellon de USA da a sus alumnos su última clase porque que ha sido informado que tiene un cáncer terminal. Pero lo mejor de esto es la manera como toma la adversidad y hace limonada del limón, es decir, le saca provecho a todo lo que le pasa.

 

Y es que así llegan los problemas, sin pedirlos y sin pensarlo, cuando uno menos lo espere, y así seguramente nos llegará también la muerte. Decía Joaquín Sabina que la muerte es una amante despechada que juega sucio y no sabe perder. Es la única cosa segura en esta vida, porque a todos nos llegará, a unos ya con una edad avanzada y a otros muy jóvenes, pero será cuando más nos convenga. Dios no es un cazador que aprovecha el primer descuido de la presa para cazarla sino es un buen hortelano que sale a la cosecha de la fruta en su mejor momento, en el que más le conviene, ni antes, ni después.

 

Mucha gente se ha prohibido inconcientemente hablar sobre ella y planteársela en serio con el pretexto de no complicarse la vida. Ya lo decía Santiago Alvarez de Mon “Puerta negra, impasible y desaborida, ha sido trasladada al sótano lejano, profundo y tenebroso, allí se le tiene a raya. Nadie baja, solo cuando aporrea salvaje y se lleva a un ser cercano, se la mira de reojo, y se ahogan sus preguntas en una febril actividad.”

 

El mismo Santiago nos cuenta en su libro “Desde la adversidad” la historia de José Carreras, aquel extraordinario tenor diagnosticado con cáncer: “Un viajero de paso, sólo se alojó en el viejo caserón una temporada corta pero intensa, no tuvo más remedio, mal que le pesara, de mantener la mirada. La muerte le guiñó un ojo…él le contestó que se tomara un valium, que se esperara, y desde entonces, aunque la respeta, ya no le tiene miedo. Se registró en recepción bajo las siglas de J.C., responden al nombre de Joseph Carreras.  El, agradecido a la vida, curado de un cáncer, escucha y responde a una voz que le sugiere hacer algo por los demás. El servicio a la comunidad más necesitada, en este caso los enfermos de leucemia, es parte de su pirámide motivacional.”

 

Otro de los casos a destacar es el del ciclista campeón del mundo Armstrong, también diagnosticado con cáncer a los 25 años, quien ha tenido varios encuentros con la muerte. Nos cuenta en su libro: “La víspera de la intervención quirúrgica en mi cabeza, por la noche, pensé acerca de la muerte. Me pregunté por mis valores más auténticos y definitorios. Me cuestioné si en caso de morir quería hacerlo peleando o entregándome pacíficamente. ¿Qué carácter mostraría en ese crítico momento? ¿Estaba contento con mi vida, con lo que había logrado hasta esa fecha? Pensé que básicamente era una buena persona, aunque hubiese podido ser mucho mejor. Medité sobre todo aquello en lo que de verdad creía, nunca he rezado mucho, pero sentí que tenía la capacidad para ser una persona espiritual, que tiene unas creencias sólidas y fervientes. Sencillamente, creía que tenía la responsabilidad de ser una buena persona. Y eso significa ser trabajador, honesto, justo y leal.”

 

Cuantos de nosotros tenemos reprimidas esas preguntas, que sólo aparecerían en momentos tan críticos como ese, y la pregunta es ¿vale la pena llegar a ese momento para preguntarlas?

 

En el juicio final Dios preguntará como hemos administrado nuestra vida. No somos propietarios de nuestras vidas sino administradores, nos encargamos de que nuestra vida dé frutos. Es un examen en el cual ya sabemos las preguntas, y además es el más importante y decisivo de nuestras vidas, porque una vez entregado ya no hay nada que se pueda hacer.

 

Se trata de aprender a vivir mejor porque si vivimos mejor moriremos mejor. ¿Te has preguntado alguna vez por la muerte?

 

Antes que me olvide, los dejo con el video que les prometí al inicio, realmente buenísimo, véanlo: http://www.latercera.cl/contenido/44_33682_9_0.html