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La adversidad, ese túnel doloroso

Captura de pantalla 2015-01-06 a la(s) 01.42.54Tristeza, frustración, impotencia, rabia, miedo, angustia, pesimismo; devoradores de nuestra salud, parásitos que se hacen fuertes en la adversidad. Sentimientos por los que todos hemos pasado, o estamos pasando o pasaremos. “Ríe y el mundo entero reirá contigo, llora, y llorarás solo.” A. Wilcox.

La adversidad es una visita siempre inoportuna que separa a personas admirables que saben como vencerla de otras que se ahogan el mar. Es inútil querer huir de ella. No se puede cambiar. Lo que sí podemos es elegir nuestra respuesta y utilizarla como palanca de aprendizaje. Es un despertador, que nos llama a afianzar la auto-confianza, y a desempolvar la ilusión, el coraje, la perseverancia y las ganas de salir de ese túnel doloroso.

Yo no admiro a la gente que ve cuando hay luz, sino a aquellos que ven desde la oscuridad, es decir, a la gente que aún cuando las cosas se han puesto feas sigue creyendo en sí misma. La semana pasada fui a visitar a un cliente y además amigo, que me contó que le acababan de diagnosticar leucemia. La hora que estuve con él, me hizo el día. Un gran ejemplo realmente, la forma como había tomado las cosas y estaba llevando la enfermedad. Y es que el miedo a perder te encoje los músculos. Perder a un ser querido, una relación, una illusion, un trabajo. Es fácil escribir, pero difícil, muy difícil ser el protagonista de estos episodios y adoptar una actitud positiva y luchar por salir adelante.

Otras veces no es un hecho puntual lo que desencadena una tristeza, la mayoría de las personas tenemos viejas heridas que no han terminado de cicatrizar. Y a veces se hacen más presentes para recordarnos que siguen allí, abiertas, y que deberíamos ponernos a trabajar para cerrarlas de una manera definitiva. Creemos que el tiempo lo cura todo y eso sería muy cómodo, pero no es cierto, el dolor no desaparece por cerrar los ojos. El tiempo solamente pasa, pero las viejas heridas seguirán presentes en nuestra vida a no ser que nos ocupemos de sanarlas.

Y la pregunta del millón, ¿Cómo salimos de una gran crisis personal? Acudo a Bernabé Tierno, psicólogo español y autor de más de 10 libros sobre resiliencia. Nos dice “En primer lugar considera otras formas de interpretar y leer los hechos problemáticos. Frena en seco tu mente calenturienta, corta por lo sano pensamientos negativos que tu mente desarrolla al dramatizar sobre la situación preocupante. Busca lo positivo de ese hecho problemático. No vale la pena pelearte con lo que no puedes modificar. Hay que estar en paz con lo irreversible.

No digo que seamos perdedores, todos queremos ganar pero ¿qué va a pasar si pierdes? Reinterpreta el pasado con actitud mental positiva y reafírmate en la idea de que hasta las mayores desgracias y los hechos más dolorosos te reportaron algún beneficio. Busca alternativas y soluciones practicas. No es cuestión de encontrar la solución perfecta, sino de dar con una salida airosa que te alivie y permita recuperarte. Después de la tempestad viene la calma.

Por último acepta lo irreversible, lo inevitable, lo que no admite otra estrategia que la simple aceptación serena de algo que ya es y no puede dejar de ser, pero hazlo con mente positiva, recordando que hasta lo inevitable nos enriquece y nos enseña a vivir.” Hellen Keller, sorda, muda y ciega desde los primeros meses de vida, escribe: “La mayoría de la gente mide su felicidad en términos de placer físico y posesión material. Si la felicidad se pudiera medir y palpar, yo que no puedo ver ni oír, tengo todos los motivos para sentarme en una esquina y llorar sin parar. Si a pesar de mis privaciones, soy feliz. Si mi felicidad es tan profunda que se convierte en una filosofía de vida, entonces resulta que soy una persona optimista por elección.”

Recientes estudios de Harvard realizados por Martin Seligman y Tal Ben Shahar confirman que las personas sin un Dios son más infelices en promedio que las que sí lo tienen. La religión a lo mejor no te hace mucho más feliz cuando estás bien, pero si es un remedio infalible el utilizarla cuando estás de malas. En mi experiencia personal, aunque tenga ahora y haya tenido mil razones para estar triste, como católico siempre tendré por lo menos una para estar alegre, que Dios está conmigo. Por paradójico que parezca, afirma Martin Seligman, las personas que logran mas cosas buenas en la vida, no son, en general, más felices que las menos afortunadas. Hay varios estudios que demuestran que las cosas buenas y los grandes logros ejercen una influencia sorprendentemente baja en el incremento de la felicidad.

En un reciente estudio realizado por Bernabé Tierno, indica que en cuanto a los multimillonarios con patrimonios por encima de los 100 millones de dólares, con grandes mansiones, yates y aviones privados, tan solo se sienten ligeramente más felices que el ciudadano medio. Lo que si influye son los demás: cuanto más feliz es alguien, más desea comunicar su estado a quienes le rodean, y cuando más hundido está, más necesita de una compañía que le ayude a salir de ese estado. Nadie puede ser feliz solo. Las cosas que nos gustan suelen venir de fuera. La clave de la felicidad está en el modo en el que usamos el tiempo.

El dinero si puede dar felicidad y mucha, siempre y cuando, lo compartas, o con los que mas quieres o en obras de ayuda social. Tierno decía que así como el hombre mira con los ojos, pero ve con la mente, no nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Como recibimos procesamos y almacenamos los cuentos de la vida es un proceso decisivo en nuestra relación con la misma.

Los hechos son aquello en lo que uno los convierte. La adversidad y las tristezas no provienen de la realidad, sino de cómo la interpretamos. La felicidad tiene que ver con saber que quiero hacer con mi vida. El que no sabe lo que quiere no puede ser feliz. Cada día está lleno de posibilidades, si sabemos leerlo adecuadamente. Podemos convertirlo en un valle de lágrimas o en un paraíso. Cambiemos ahora, antes de que sea tarde. Vamos para adelante!

Que alguien me motive por favor!

cover-upTodos queremos motivar (a hijos, esposos, empleados, clientes, etc.) y ser motivados. Veamos, una cosa es conseguir que alguien haga algo y otra muy distinta conseguir que alguien quiera hacer algo. Nadie está motivado todo el tiempo, así como nadie es feliz todo el tiempo. Pasadas las vacaciones, volvemos a nuestro hábitat natural, la oficina y claro, cuesta volver a agarrar el ritmo, y no solo a nosotros sino a nuestros equipos.

Pero bueno, antes de hablar de motivación, me gustaría definirla. Según José Marina, destacado psicólogo a nivel mundial, “Son los deseos que nos lanzan a la acción, los antecedentes de nuestros actos, la energía que nos mueve.” Todos conocemos nuestros deseos, lo que no sabemos son las causas que los determinan. ¿Por qué quiero esto o aquello? Y esas causas tienen mucho que ver con las ganas de salir adelante. “Con ganas, ganas”, pero no somos dueños de nuestras ganas, por lo tanto, aquello que defina nuestras ganas, definirá nuestro nivel de motivación.

Habría que identificar que es lo que nos mueve, ¿Cuáles son nuestros tesoros en la vida? Y es que esos tesoros son las necesidades que nos creamos. Si los hacemos más atractivos, si somos capaces de alcanzarlos y sabemos como, probablemente, estaremos aumentando nuestras ganas. Pero no todo son las ganas. La otra parte es nuestra lectura de la realidad.

Hoy en día, y con la desaceleración en su máxima expresión, muchos son pesimistas sobre el futuro, y por ende les termina saliendo todo mal. Su única virtud, es que son pitonisos, tienen la habilidad de adivinar su futuro, y como siempre lo ven negro, pues ya se imaginan el final.

El pesimismo es una forma de cobardía porque es mucho más cómodo refugiarse en el lamento , en la queja, y en no hacer nada para enfrentarse a los acontecimientos, por adversos que sean. Hay que huir del pesimista como de la peste, es una enfermedad altamente contagiosa porque el pesimista es un estirilizador de ilusiones. Y peor si es de los que te dice “Yo no soy pesimista, soy realista”. Cuando escuchen eso, corran, el pata es peligrosísimo.

Y es que el optimista no es un pesimista mal informado, no es alguien que niega y manipula la realidad, ni que vive de espaldas a la misma, divorciado de hechos objetivos, ése más bien es un irresponsable. Es más bien, una persona que entiende la realidad, sabiendo los riesgos, los calcula, mide y toma las acciones correctas.“ ¿Por qué es usted tan optimista? Porque no le veo ninguna ventaja a no serlo.” Dijo Winston Churchill.

¿Cuánto vale una mentalidad positiva que permanece optimista cuando los demás se rinden? Su peso en oro. Que importante rodearse de gente que se crece ante la adversidad, encuentra luces en un cielo oscuro, ve oportunidades donde otros se nublan y paralizan y toma decisiones valientes y oportunas. Los partidos más difíciles de la vida nos obligan a trabajar todos los músculos del cuerpo hasta que nos duela el alma.

Y qué hacemos?

Betsabé Tierno, uno de los mejores psiquiatras actuales, nos dice: “Si aprendemos a pensar bien, aprenderemos a vivir bien. Los problemas que nos hemos creado hasta hoy son el resultado de un pensamiento erróneo y cualquier problema real o imaginario está en nosotros mismos.

Aquello en lo que pienses con mayor frecuencia determina lo que eres, la vida que llevas, tus niveles de felicidad o desdicha y en lo que te has convertido. La mente es la dueña y puede hacer un cielo del infierno o un infierno del cielo. El miedo está siempre dispuesto a ver las cosas peores de lo que son. Nunca cargues con más de un problema al mismo tiempo. Hay personas que cargan con tres: los que tuvieron, los que tienen ahora y los que esperan tener.”

¿A quién no le gusta estrenar algo nuevo para el 2015? Estrenemos pues, una nueva forma de pensar. El que puede cambiar sus pensamientos puede cambiar su destino. Al pasado solo para aprender de él, el futuro, dependerá de lo que hagamos hoy. Así que a vivir el presente, a seguir pa´ delante, dando todo lo que llevamos dentro, “all in”.

En esta vida eso es lo que hay y pájaro que no vuela, pronto viene el gato y se lo come.

Ah, y a lo mejor no necesitan que alguien los motive, primero intenten solos, sino, ya piden ayuda.

Mi relación con la felicidad

De todas las relaciones que he tenido en mi vida, quizá la más problemática, atípica y hasta algunas veces ingrata ha sido la que mantengo con la felicidad. A veces somos grandes amigos, los mejores, otras y sobre todo recientes, nos hemos peleado, aunque ambos añoramos vivir los viejos tiempos.

Y quisiera no solo recordarlos sino volverlos a vivir, y para ello quiero y debo cambiar, esto que parece sencillo, ¿Cómo se hace? ¿Cómo se cambia personalmente, solo a base de esfuerzo y fuerza de voluntad? No estoy seguro. Cuanto más quiero cambiar, más resistencia interna encuentro en el proceso. Cuanto más reconozco y lucho con mis debilidades, más permanecen. Quizá el orgullo de creer que tengo la fuerza para hacerlo es justamente lo que no me deja cambiar. Bien dicen que no se cambia una realidad que se ignora o se desconoce. A lo mejor me falta interiorizar mis problemas, mis fortalezas, debilidades y el alcance de éstas. Uno no puede cambiar ni gestionarse a si mismo, sino se acepta en su totalidad con sus virtudes y defectos.

Si es que realmente estamos acá para ser felices, cabe la pena cuestionarse si esta es una consecuencia de un modo de ser, de estar, de vivir, de pensar, de trabajar,  o un objeto de deseo que defino a priori para ir tras de él. Creo que hay más de lo primero que de lo segundo.

A veces la teoría es importante conocerla, pero la realidad enseña mucho más. Uno puede escribir o hasta dar conferencias de felicidad, otra cosa es si el corazón sigue los dictados de la palabra. He descubierto que es mucho más útil aprender sobre la adversidad, o de como gestionar las prolongadas ausencias de la felicidad en nuestra vida que hablar de sus fugaces e impredecibles apariciones, las cuales, cuando se dan, hay que vivirlas aceptando sus condiciones.

Lo he repetido ya muchas veces en este blog, al final, la felicidad no está emparentada con la riqueza, si, ayuda, sobre todo cuando no hay dinero para cubrir necesidades básicas, pero nada más, y tampoco es prima ni de la salud ni menos aun de la pobreza. Miguel Dórs lo dice claramente en su poema:

“Ellos

que viven bajo los focos glamorosos

del éxito y que poseen

suaves descapotables y piscinas de plácido turquesa con rosales

y perros importantes y emparejados con rubias satinadas

bellas como el champan y no son felicidad.

y yo que no entiendo nada más que estas calles

gregarias y un horario

oscuro y mis domingos baratos junto al rio

con una esposa y un niño que me quieren

tampoco soy feliz…”

Ayudaría también y mucho el saber ¿Qué somos nosotros, como nos definimos? ¿Cuál es nuestra esencia? ¿Para qué estamos en la vida? En la película “Lo que queda del día”, en una parte, al mayordomo le preguntan, “¿Qué es usted además de mayordomo? Mayordomo. ¿Cuál es su papel en la vida? Servir a Lord Carrington. ¿Algo más? No, servirle leal y profesionalmente. ¿Dónde reside la causa de su dignidad? En el oficio de mayordomo.”  Claramente se confunde la esencia de su ser con su profesión.

No dudo que nos pase a muchos de nosotros, si no tenemos clara nuestra verdadera misión en la vida, ya que nos enfocaremos en cosas que no necesariamente nos darán la felicidad que necesitamos.

Daniel Goleman, creador del concepto de la inteligencia emocional decía que no nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Como recibimos y procesamos y almacenamos los hechos en la vida es un proceso decisivo en nuestra interlocución con la misma. Los hechos son aquellos en lo que uno los convierte. Vale decir, la felicidad no depende de la realidad, sino de como la interpretas.

Como bien dice Santiago Alvarez de Mon, “La felicidad juega con nosotros porque impone sus reglas. Llega sin previo aviso y se va cuando quiere. Trabajo, inocencia, humildad, éstas si viven en las cercanías de la felicidad. También la esperanza, virtud personal que no renuncia a un mañana mejor y que no desespera ante el misterio. Sonreír es imprescindible para los asuntos trascendentes. Solo el humor y la humildad aciertan a conocer las reglas de juego de la vida, se atreven a rebelarse ante tanta desdicha e infelicidad humanas y transformarlas en esperanza e ilusión.”

El buscar la verdadera felicidad en la vida es quizá la cuestión más urgente e importante que tenemos, y que solo nosotros podemos despejar. Los libros, videos, artículos, consejos de personas, se tienen que retirar sutilmente y hacerle un espacio a nuestra relación con Dios, la cual está directamente relacionada a nuestra relación con la felicidad, y obviamente también a nuestra mente y corazón, tándem imparable, pareja capaz de ayudarnos si están realmente alineados.

El éxito ¿Una ilusión peligrosa o un anhelo impostergable?

¿Soy exitoso? ¿A quién no le interesa serlo? Quizá una de las preguntas más trascendentales de nuestra vida, no la estemos enfocando por el camino correcto.

Y si la respuesta fue positiva, ¿nos preguntamos el porqué?

Aquí algunas típicas respuestas en las que seguramente nos veremos reflejados:

  1. Si, porque tengo mucho dinero, vivo en un departamento grande, soy gerentaso, super bien contactado, muchos amigos…
  2. Si, porque soy muy hábil, muy inteligente, tengo MBA del extranjero, inglés fluido…
  3. Si, porque me preocupo por las necesidades de los demás, por mis necesidades reales y estoy dispuesto a servir.

¿Alguno optó por la última opción?  No lo creo, y al final, es la verdadera razón de ser del éxito. La primera respuesta se basa en motivos extrínsecos, es decir, del entorno (plata, propiedades, (soy lo que tengo), la segunda por motivos intrínsecos (retos que cumplo) y la tercera por motivos trascendentes, es decir, el enfoque está en las personas. Soy exitoso cuando ayudo a los demás a serlo (familia, amigos, trabajadores, accionistas), y esta forma de ver las cosas, curiosamente no es excluyente, por el contrario, termina por incluir las dos primeras razones, que muchas veces son una consecuencia de vivir de cada a la tercera respuesta.

Actualmente la gente vive de afuera hacia adentro, tienen un error de enfoque. Les importa más hacer creer a los demás que son exitosos, que son felices, que en tratar de serlo realmente. Todo lo tienen en la vitrina y nada en el inventario.

En estos casos es muy importante definir para ti que es el éxito. Si vives persiguiendo el éxito de los demás, probablemente te des un portazo en la cara cuando lo consigas y veas que eso no te satisface. Cuantas veces hemos dejado muchas horas con la familia, con los amigos, para comprar algo que cuando por fin lo conseguimos, nos alegra el primer día y luego con el correr de los días, nos deja de encantar, y claro, el tiempo perdido ya no lo devuelve nadie.

Es por ello muy importante definir para nosotros que es el éxito, y hacernos las preguntas correctas para estar alineados con lo que queremos finalmente conseguir. Una primera y gran pregunta es ¿Para qué?. Ayuda mucho preguntarse, ¿Para que hago lo que hago?, ¿Para qué le dedico tanto tiempo a esto? ¿Vale la pena?

Mucha gente me dice que lo más importante en su vida es su familia, sin embargo, se han preguntado:

¿Cuántas horas trabajo al día?

¿Cuántas horas le dedico a mi familia al día?

¿Cuántas horas tengo para mi al día?

En el análisis de resultados encontraremos algunas conclusiones que podrán reorientar lo que hacemos. Al final, el tener una familia bien constituida, ayuda a ser más productivos en el trabajo. No son posiciones excluyentes sino por el contrario, complementarias. Muchas veces las causas de la baja productividad son los problemas familiares.  Robert Andrerson decía que “En todo matrimonio que ha durado más de una semana existen motivos para el divorcio. La clave consiste en encontrar siempre motivos para el matrimonio.”

Otro de los principales males que nos tratan de vender gato por liebre y nos hacen perseguir metas falsas es el “workaholismo” o adicción al trabajo, mal del que sufro, pero que poco a poco estoy tratando de salir (justamente escribiendo artículos como éste). Al final, no es la cantidad de horas, sino la forma de  utilizarlas, el que lo hace a uno adicto al trabajo. Nuria Chinchilla, experta enconciliación Trabajo y familia decía que “El trabajo es como un gas. Se esparce por toda la agenda, y si nos descuidamos, ocupa sin piedad cualquier hueco de tiempo libre.”  Quizá sea esa una buena medida para saber si lo somos, o estamos en camino a serlo. También existen otros síntomas como pensar constantemente en el trabajo o  buscar excusas para seguir trabajando.

Recordemos que al final uno trabaja para ser feliz, ser feliz implica vivir con la conciencia tranquila de saber que estás haciendo lo que tienes que hacer en ese momento, y la mejor forma de encontrar un trabajo que nos haga felices es en aquel que nos ayude a maximizar la remuneración emocional, es decir, la remuneración relacionada a la calidad de vida que queremos vivir para ser exitosos y la calidad de vida no es el número de cosas que tienes sino un conjunto de variables que incluyen la felicidad que puedes dar a los demás, el porcentaje de cosas que disfrutas, el tiempo que puedes dedicarle a tus seres más queridos y a ti mismo y el nivel de retos que puedes trazarte.

Consejos para mejorar tu matrimonio

A continuación un resumen de uno de los artículos de Pasquale Ionata, experta a nivel mundial en temas de matrimonio.

“Entre los múltiples motivos que pueden provocar crisis en un matrimonio están:

  1. Expectativas exageradas: a veces esperamos y pretendemos demasiado del otro, pidiendo cosas que bastarían para hacer huir a todos nuestros amigos si nos mostráramos con ellos tan exigentes.
  2. Deseo de cambiar al otro: al parecer, la mayor parte de los casados empiezan a hacerlo al poco de casarse y se empeñan en modelar a la pareja según sus categorías. Y se lucha y se pelea por culpa de las mismas cualidades que nos habían hecho escoger a la otra persona. Pero cuando nos percatamos de que él o ella tienen intención de hacernos cambiar, protestamos y nos rebelamos. Sentimos que no somos aceptados por lo que somos, y, por consiguiente, nos resultará imposible poder amar con ternura y autenticidad.
  3. Cuando faltan las pequeñas muestras de amor: descuidar las pequeñas atenciones cotidianas una vez casados, cosas que durante el noviazgo eran la regla: detalles, palabras dulces, muestras concretas de afecto, mimos, caricias, etc.
  4. Cuando no se tiene tiempo para estar juntos: los matrimonios entran en crisis porque no tienen tiempo para estar juntos, para mirarse a la cara, para hablarse, para salir juntos ellos solos. Nada podrá sustituir nunca el tiempo de estar juntos. Ni el dinero, ni los nuevos electrodomésticos, ni las joyas, ni las pieles, ni una casa más bonita, ni una cuenta bancaria más abultada, etc. podrán sustituir el tiempo pasado juntos escuchándose, amándose, compartiéndolo, etc..

 

Pero aparte de las causas de crisis, de las causas psíquicas que crean conflictos conyugales, hay que preguntarse: ¿cuáles son los síntomas más frecuentes de la crisis conyugal, los signos que nos dicen que estamos en crisis?

 

– Dificultad creciente de comunicar o, peor, no hablar nada durante días enteros.

 

– Nos limitamos a existir uno junto al otro, aplastado cada uno por una enorme soledad que nos lleva a la idea de la incompatibilidad y de que no vale la pena hacer nada para superar esa crisis: «¡Somos incompatibles, y basta!» 

 

– Por último, no olvidemos que un gran sufrimiento es buena señal en la pareja, porque mientras logremos «sufrir» significa que todavía queremos al otro, y hay un hilo de esperanza. El amor está muerto y sepultado cuando ya nada nos importa.

Indicaré ahora algunos atributos del amor incondicional que merecen ser subrayados y sobre todo meditados por el lector:

 

1) «Renunciar a querer tener siempre razón». Es la única, inagotable fuente de problemas y de ruptura de relaciones: la necesidad de decirle al otro que se ha equivocado o, si se prefiere, la necesidad de tener siempre razón, de decir siempre la última palabra, de demostrar al otro que no sabe lo que dice, de imponerse como superior. Una pareja sana es una relación entre iguales: ninguno de los dos ha de sentirse equivocado. No existe un modo «acertado» o un argumento «vencedor»: cada uno tiene derecho a tener su punto de vista. Antes de negarle la razón al otro, hemos de poder detenernos a hablar con nosotros mismos y decirnos simplemente: «Sé lo que pienso sobre este tema y sé que su opinión no coincide con la mía, pero no importa. Basta que yo lo sepa dentro de mí; no es necesario quitarle la razón».

2) «Borrar la idea de posesión». Tratemos de gozar el uno del otro, no de poseernos mutuamente. Nadie quiere ser dominado. A nadie le gusta sentirse propiedad privada de otro, ni sujeto ni controlado. Todos nosotros tenemos en la vida una misión que cumplir, que resulta obstaculizada cada vez que otro ser humano intenta entrometerse. Querer poseer a los demás es, sin duda, el obstáculo mayor en la toma de conciencia de la propia misión.

 

Recordemos que dos están juntos no para entenderse, sino para ofrecerse ayuda mutua y realizar su misión de mejorar. Y una grandísima aportación a todo esto es el llamado «arte de la conversación», un arte que tiene cinco reglas: sintonizar el canal del otro; mostrar que estamos escuchando; no interrumpir; preguntar con perspicacia; tener diplomacia y tacto.

 

De estas reglas me parece importante detenernos en la escucha porque, parecerá raro, pero las parejas en crisis no saben escuchar; y en mi actividad profesional tengo que trabajar a menudo sobre cómo reactivar la atención y poner el acento en el proceso de escucha, pidiendo a cada uno que se concentre no en las palabras que se dicen sino en otra cosa. ¿Qué oye. por ejemplo. en la voz del que habla? ¿Está bien calibrada y suave. o es dura y agresiva? Lo mismo con el tono y la inflexión: ¿llana, metálica, monótona o excitada y contagiosa? A veces nos sorprendemos de mensajes totalmente nuevos o diferentes con respecto a las acostumbradas comunicaciones familiares, que se captan cuando uno deja de escuchar las palabras y presta atención a otros aspectos. Una actitud típica de la falta de escucha se tiene cuando se usan las siguientes palabras: «Sí,… pero». «si al menos…».

Examínate despacio, con rigurosidad

Uno de los mejores consejos que recibí de niño fue hacer todas las noches un examen de conciencia. Ya hemos visto en artículos pasados, que la felicidad es una de las cosas más importantes en nuestra vida, y que sólo se consigue al tener la conciencia tranquila de saber que se está haciendo lo que uno debe hacer en ese momento.

 

¿Pero cómo sabemos lo que tenemos que hacer? ¿Cómo darse cuenta lo que hemos hecho mal durante el día? Si no lo sabemos , no podremos corregirnos. Una de las principales ventajas de hacerlo es que te servirá para abstraerte del día a día, y ver, con otros ojos, todo lo que puedes mejorar para hacerle la vida más agradable a los demás.

 

Así como uno es constante para asistir todos los días al trabajo o para tomar desayuno, pues debemos aplicarle la misma perseverancia para examinarnos por las noches sin olvidarnos.

 

¿Y cómo hacerlo? No es difícil, son preguntas bastante sencillas que nos hacen recordar nuestras acciones durante todo el día. No hay un método único para hacerlo, pero quizá se podría comenzar con estas tres preguntas:

 

¿Qué hice bien hoy? ¿Qué hice mal? Y ¿Qué puedo corregir?. Son simples, aunque es importante para cada una de ellas revisar algunos temas como por ejemplo si aprovechamos el tiempo, como fue nuestro trato con los demás, si nos esforzamos al máximo, si tuvimos oportunidad para ser humildes, o tener caridad con alguien, si ayudamos a nuestra esposa, enamorada, compañero de trabajo, o cualquier otra persona, durante el día, si fuimos puntuales, etc. Es decir, cuando uno profundiza se da cuenta que son muchas cosas que ha hecho mal, o que ha dejado de hacer, y por eso es bueno, identificar cuales son para corregirlas.

 

Ya lo decía un gran santo de nuestros tiempos, San Josemaría: Examen. -Labor diaria. -Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna? (Camino, 235). Necesitas un buen examen de conciencia”. Mira tu conducta con detenimiento. Verás que estás lleno de errores, que te hacen daño a ti y quizá también a los que te rodean. –Recuerda, hijo, que no son menos importantes los microbios que las fieras. Y tú cultivas esos errores, esas equivocaciones –como se cultivan los microbios en el laboratorio–, con tu falta de humildad, con tu falta de oración, con tu falta de cumplimiento del deber, con tu falta de propio conocimiento… Y, después, esos focos infectan el ambiente. –Necesitas un buen examen de conciencia diario, que te lleve a propósitos concretos de mejora, porque sientas verdadero dolor de tus faltas y de tus omisiones. (Surco, 481)


Aunque no son sólo santos quienes recomiendan hacer un examen de conciencia, según la edición de Febrero 2007 de la revista Harvard Business Review, en un artículo publicado sobre liderazgo, mencionaban que los líderes se toman el tiempo de examinar y reflexionar sobre sus experiencias, y así crecen como individuos y como líderes. Los auténticos líderes también trabajan en el desarrollo de su autoconciencia a través de una persistente autoexploración. Los auténticos líderes saben pedir y escuchar consejo.  Recomiendan reservar entre 10 a 15 minutos para hacerlo, si es mucho tiempo, pueden comenzar con 5 minutos, e ir aumentando progresivamente.