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¿Por qué las esposas son tan difíciles de amar?

wb1_the-five-year-engagement-movie-posterComienzo aclarando que este no es un artículo de “Casos del corazón”. No es el foco de lo que escribo, sin embargo, es un tema que me interesa mucho porque resulta que no somos robots, sino personas con alma, cabeza y corazón y en la medida en que tengamos un buen matrimonio, podremos vivir y trabajar mejor. El matrimonio es el proyecto más importante que tenemos, por lejos. Sí, más que nuestro trabajo. Es muy difícil que alguien que le dedique su vida al trabajo, tenga una buena familia.

Pues bien, ¿Quién en su sano juicio no se ha planteado alguna vez por qué le resulta tan difícil amar? (porsiacaso me refiero a esposas Y esposos). ¿No es lo más natural que los esposos se amen? ¿Por qué se iban a casar si no fuera así?.

Pensamos que no hace falta preocuparnos del matrimonio. Nunca, ni en los mejores días, hay que dar nada por supuesto. Desde el primer momento hay que cuidar ese amor para que crezca y se haga cada vez más fuerte.

Nadie se casa para separarse. Nadie decide amar a otra persona para hacerla infeliz. Brad Pitt y Angelina Jolie tenían la receta perfecta para el matrimonio feliz y para siempre: dinero, apariencia física, fama, poder… y se acabó. ¿Qué pasó? A lo mejor no son los ingredientes más importantes y apostar solo por ellos puede ser el error más grande de nuestras vidas.

Es más importante el obsesionarse con hacer feliz al cónyuge, no solo con grandes cosas, sino sobretodo, en los detalles diarios (que son por lo general una tarea más difícil), y esto, a pesar de que muchas veces las cosas se pongan feas. Y es que es bien ingenuo pensar que una vez que dos personas deciden casarse, todo irá bien.

Es como la chica que le dice a su enamorado: “Casémonos y vivamos felices”. El la mira y le dice, “Mujer, Decídete!”

Hay aspectos de la vida que de tan naturales no se les presta mucha atención. Pareciera que su desarrollo y crecimiento fueran automáticos. Así pasa con el amor matrimonial. Es curioso que en esta vida nos preparamos para todo, para la universidad, para el éxito profesional, hasta para viajar nos informamos, sin embargo en el matrimonio procedemos al azar.

Nuria Chinchilla profesora del IESE y Fundadora del movimiento mundial de “Empresas familiarmente responsables”, decía que cuando desaparecen los fuegos artificiales del flechazo y posterior enamoramiento tiene que haber una decisión de amar, y de mantener ese amor. El amor es como un fuego, que hay que avivarlo día a día, sino se apaga. Siempre habrán tentaciones (estamos casados pero no muertos), pero vale la pena luchar con todo. Si no blindamos el matrimonio, cada vez amaremos menos, cada vez habrán más fracasos.

Cuando amar resulta sencillo, todos somos capaces de hacerlo, pero ese amor aguanta poco. Después de los primeros años, dedicar un tiempo a reflexionar, darnos cuenta de nuestros errores y aplicar remedios prácticos es vital para relanzar nuestra relación. Bien dicen que para salvar matrimonios, es preferible un año antes que un día después.

Uno de estos remedios es controlar nuestros pensamientos. Nuestra imaginación es la responsable del amor, no la otra persona. Muchos problemas de “crisis” sólo existen en la cabeza de quien los piensa que al no tener un dominio de su imaginación, provoca que realmente contaminen el matrimonio.

Debemos tener en cuenta que no nos hemos casado con una persona sino con tres. La persona que pensamos que es, la persona que realmente es, y la persona en la que se va a convertir como resultado de estar casada con nosotros. Y ello implica que necesitamos amoldarnos a las 3 y no solo a la primera. Nuestras parejas no son perfectas, pero (pequeño detalle), nosotros tampoco! No existe la perfección acá abajo, y mal hacemos cuando la exigimos en el otro y peor aun cuando nos frustramos al no encontrarla. Si se espera demasiado del matrimonio, necesariamente se acabara desilusionado. Así se explican muchos divorcios. Pero ojo, tampoco hay que rendirse en la tarea de sacar lo mejor de nuestros cónyuges.

Los matrimonios como el de mis padres, felices, con más de 50 años de casados, no son fruto de la buena suerte, son hijos del esfuerzo, la disciplina, el compromiso, el no darse por vencidos cuando hay temporales, y sobre todo de un amor sincero que busca el bien en el otro.

¿Nuestro reto para el 2017? Enamorarnos muchas veces… de la misma persona.

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Enamorarse es la parte fácil…

boyfriend-couple-death-forever-Favim.com-3173828Dicen que cuando hay amor, lo demás no importa. No lo creo. El matrimonio hay que trabajarlo. El corazón, sin el acompañamiento de la cabeza, se vuelve muy peligroso, es cortoplacista, se guía únicamente de los sentimientos.

Comenzar es bien fácil, eso lo hacen todos. Lo importante es seguir caminando juntos ese primer día que amanece nublado en el que se siente el peso de la rutina. Estaría equivocado quien piense que al tropezar con esas dificultades se acaba el amor. Es justamente allí cuando necesita de la razón, para que saque a flote las armas para luchar como el esfuerzo y el compromiso. Bien dicen que los amantes son los que se quieren y los esposos los que se comprometen a quererse.

Existe una creencia tan falsa como incongruente según la cual, cuando el amor existe, no deberían presentarse dificultades. De esta forma, cuando llegan los conflictos, se interpreta que el amor está perdiendo fuerza. ¿Un conflicto es signo de falta de amor, o una llamada para hacerlo madurar, para quererse más y mejor? Es lo mismo que pasa con la desaceleración económica de este año, algunos la ven como una debacle y otros como una oportunidad para salir adelante.

La fidelidad no es conservar el amor de novios, es empeñarse en amar cada día un poco más al otro y se concreta en cada día tener un detalle especial, aunque sea pequeño, de cariño. Muchos se ilusionan con el amor de enamorados y piensan que al casarse la mecha estará igual de prendida, y la verdad, los que estamos casados lo sabemos, es que no es así. El amor madura, ya no ves estrellitas, sin embargo, es un amor que da paso al cerebro y no se centra únicamente en el corazón, en el feeling del momento, pero no por ello disminuye, al contrario, madura y crece.

Tomás Melendo, autor de más de 20 libros sobre matrimonios, decía que la clave para que un matrimonio sea feliz es obsesionarse en hacer feliz al otro. Para eso hay que leer libros adecuados, ponerse metas concretas, tener detalles de cariño, y sobre todo hacer un seguimiento de los mismos diariamente.

El problema acá es que la gente se casa pero no está dispuesta a aguantarle pulgas a nadie. Para que se termine el amor no hace falta violencia familiar, basta con dejar pasar como invitados a aspectos tan insignificantes como el aburrimiento o la falta de ilusión.

El infierno lo representa el pequeño desinterés del día a día, la cocina insípida porque a uno no le gusta la sal, las medias sucias en la cama, el baño desordenado y sucio, imponer mi orden en las cosas, y así sucesivamente, de menudencia en menudencia, hasta construir una pared de costumbres, que siendo naturales para cada uno, acaban siendo asfixiantes para el otro.

Y claro, como no están dispuestos a ceder, entonces optan por terminar, sin darse cuenta que los principales perjudicados son ellos mismos. Creen que ya no hay amor porque no tienen el mismo “sentimiento de cuando se conocieron”.

Mantener y hacer crecer la relación cuesta mucho esfuerzo pero no es imposible. Los sentimientos (que suben y bajan) pueden ser buenos aliados y por ello nos corresponde a los esposos avivarlos y hacerlos crecer cada día para que acompañen al compromiso adquirido.

¿Cuál es la solución cuando ya no hay amor? Amar más. Hay un conocido proverbio que dice: Si ya no estás enamorado, actúa como si lo estuvieses, y terminarás enamorándote de nuevo. Quizás sea esta una de las claves de la diferencia entre el enamoramiento y el amor. El enamoramiento viene y va, el amor se quiere, se busca, se defiende y se trabaja.

Ya lo decía Aníbal Cuevas, “Dedicar parte del tiempo a pensar en cosas pequeñas que puedan mejorar la relación con el cónyuge, buscar minutos para estar a solas con ella, impedir que otro/a ocupe en la cabeza el lugar que sólo le corresponde a él/ella,  es “blindar” el matrimonio.

Melendo decía también que muchas personas piensan que el amor fuerte es el que despierta pasiones y sentimientos volcánicos y ello encierra un gran peligro para el amor verdadero. El amor más fuerte es el que supone querer al otro cada día, no haciéndolo depender de emociones fuertes.

“El secreto de la felicidad en el matrimonio está en lo cotidiano, no en ensueños. Está en encontrar la alegría escondida que da la llegada al hogar, en el trato cariñoso con los hijos; en el trabajo bien hecho de todos los días, en el que colabora la familia entera. En el buen humor ante las dificultades, que hay que afrontar con deportividad”, decía un santo de nuestros días.

Los consejos sobre el matrimonio que me hubiera gustado tener

imagesGerald Rogers es un profesional estadounidense que tiene cuatro hijos y hasta julio de este año, llevaba un matrimonio de 16 años con su esposa Jana. Pero su relación llegó oficialmente a su fin. Luego del rompimiento y afligido por lo sucedido, decidió escribir todo lo que haría diferente si tuviera otra oportunidad.

El mensaje despierta un interés especial, pues recomendaciones similares abundan en la web y no con tanta acogida. Tal vez la explicación del éxito en este caso, se debe a que proviene de una persona que fracasó y por eso lo convierte en algo más real y cercano, ya que nadie está libre es esto.

Acá les mando un resumen de sus consejos:

1. Nunca dejes de coquetearla (lo). Nunca dejen de salir. Nunca jamás creas que la tienes asegurada. Nunca te olvides de que ella te eligió, así que no puedes ponerte flojo con tu amor.

2. Enamórate una y otra y otra vez. Siempre habrá cambios, tanto en ella como en ti, y es por eso que ambos tendrán que reelegirse todos los días. Cuida su corazón, sino ella puede dárselo a otro y quizás nunca lo recuperes. Siempre lucha por ganar su amor tal como lo hiciste cuando la cortejabas.

3. Siempre ve lo mejor de ella. Enfócate en lo que amas y no en lo que te molesta, y así te darás cuenta de que eres el hombre más afortunado sobre la Tierra por tener a esa mujer como esposa.

4. No es tu trabajo corregirla. Debes amarla tal como es, sin esperar que ella cambie. Y si lo hace, ama en lo que se convierta.

5. Hazte responsable de tus propias emociones. No es trabajo de tu esposa hacerte feliz, tú debes buscar tu propia felicidad y cuando la encuentres, tu alegría inundará tu relación de pareja.

6. Nunca culpes a tu esposa si tú te frustras o enojas con ella. Son tus emociones y es tu responsabilidad. Cuando te sientas así, tómate tu tiempo y mira hacia tu interior.

7. Déjala ser. Cuando esté triste o molesta, tu único trabajo es abrazarla y apoyarla. Hazle saber que la escuchas, que ella es importante y que tú eres el pilar sobre el cual siempre puede apoyarse. Así confiará en ti y te abrirá su alma. Nunca escapes a estos momentos, quédate y sé fuerte.

8. Sé tonto. No te tomes todo tan seriamente. Ríe y haz que ella se ría. La risa hace todo mucho más fácil.

9. Llena todos los días su alma. Conoce las maneras en que ella se siente importante, validada y apreciada. Pídele que haga una lista con 10 cosas que la hacen sentir amada, memorízalas y aplícalas todos los días para hacerla sentir como una reina.

10. Hazte presente. No sólo le des tu tiempo, sino también tu atención y tu alma. Trátala como si fuera tu cliente más valioso, al que no puedes perder.

11. Estimula su sexualidad. Déjala que se derrita en su suavidad femenina, mientras sepa que puede confiar plenamente en ti.

12. Dale su espacio. Las mujeres son buenas para entregar y entregar, y a veces necesitan que se les recuerde que se tomen el tiempo para ellas mismas, sobre todo si tienen niños. Ellas necesitan ese espacio para renovarse, recentrarse y reencontrarse.

13. Sé vulnerable. Puedes perder tu entereza de vez en cuando, y compartir tus miedos y sentimientos.

14. Nunca dejen de crecer juntos. Cuando dejas de trabajar los músculos, éstos se atrofian. Lo mismo ocurre con las relaciones. Busquen metas comunes, sueños y visiones en las que pueden trabajar como un equipo.

15. No te preocupes por el dinero. Trabajen juntos y busquen la forma de equilibrar las fuerzas de ambos para ganarlo.

16. Perdona de inmediato y concéntrate en el futuro. Aferrarse a los errores del pasado que tú o ella hayan cometido, es una pesada ancla que siempre detendrá el matrimonio. El perdón es libertad.

17. Siempre elige el amor. En definitiva, este es el único consejo que necesitas. Si éste es el principio que te guía, nada amenazará la felicidad de tu matrimonio.

“Si tu matrimonio no es lo que tú querías que fuera, toma 100% de tu responsabilidad y comprométete a aplicar estos consejos mientras sea tiempo”.

¿San Valentin o San Cobardín?

Acabamos de celebrar el día del amor, tomé del blog de Nuria Chinchilla, abanderada a nivel mundial de las Empresas familiarmente responsables y de todo lo relacionado a realzar la familia, este video que habla sobre el compromiso de cohabitación, es decir,  las dificultades que tenemos para comprometernos de por vida en algo, como el matrimonio por ejemplo, independientemente de que por épocas vaya bien y por épocas se ponga algo pesado. Me hace acordar a la frase, Te quiero y estaré contigo hasta la muerte, siempre y cuando no tengas defectos.

http://www.youtube.com/watch?v=B1KyDyKQ7Bw&feature=player_embedded

Técnicas para blindar el matrimonio

 Esta semana, he querido resumir por última vez un capítulo del libro el Desafío del amor, de Kendrick, que dio paso en su momento a la película Prueba de fuego.  “El amor se sacrifica. Te mantiene tan sintonizado con las necesidades de tu pareja que a menudo respondes sin que te lo pida. Y cuando no te das cuenta de antemano y tu cónyuge debe decirte lo que sucede, el amor va directamente al centro del problema.

Sin embargo, muchas veces, la única forma de darnos cuenta de que la vida es difícil para nuestro cónyuge es cuando comienza a quejarse. Entonces, en lugar de preocuparnos de verdad o de correr a ayudar, quizá pensemos que tiene una mala actitud. No nos damos cuenta del dolor y la presión que él atraviesa de la misma manera que lo hacemos con nuestro dolor y nuestras presiones. Cuando queremos quejamos, esperamos que todos comprendan y se compadezcan de nosotros.

Esto no sucede cuando hay amor. No es necesario que las señales evidentes de angustia despierten de un sacudón al amor. Antes de que las preocupaciones y los problemas comiencen a asediar a tu cónyuge, el amor ya se ha puesto en acción. Discierne la carga que se comienza a acumular e interviene para ayudar porque el amor quiere que seas sensible con tu cónyuge.

Esta es la clase de necesidades que deberías buscar en tu esposa o tu esposo. En lugar de andar enojado porque no te trata como crees que debería, deja que el amor te saque de la autocompasión y vuelva tu atención a las necesidades de tu cónyuge.

Tienen por delante una vida juntos. Para vivirla más felices, es bueno que conozcas la opinión de tu cónyuge en temas aparentemente sencillos pero que seguramente no conoces al detalle, en todo caso, el solo hecho de hacerlas a tu esposo(a) y que él (ella) te las haga a ti, ya verás como te nutre de nuevas ideas. Aquí algunas preguntas:

 

  • ¿Cuál es tu mayor esperanza o sueño?
  • ¿Qué disfrutas más de tu vida en este momento?
  • ¿Qué disfrutas menos de tu vida en este momento?
  • ¿Cuál sería el trabajo de tus sueños si pudieras hacer algo que te gusta y que te pagaran por ello?
  • ¿Qué has querido hacer siempre pero todavía no se te ha dado la oportunidad?
  • ¿Con quién te sientes más «seguro»? ¿Por qué?
  • Si pudieras almorzar con cualquier persona del mundo, ¿con quién sería y por qué?
  • ¿Cuándo fue la última vez que te sentiste rebosante de alegría?
  • Si tuvieras que regalar un millón de dólares, ¿a quién se lo darías?
  • ¿Qué tres cosas que yo hago te gustan mucho? ¿Qué tres cosas que yo hago te sacan de quicio? En el pasado, ¿qué he hecho para hacerte sentir amado? ¿Qué te ha hecho sentir ignorado?
  • ¿En qué tres puntos puedo mejorar?
  • De los siguiente items, ¿qué te haría sentir más amado?

Que te masajee y acaricie durante una hora.

Sentarnos y hablar durante una hora sobre tu tema preferido.

Contratar a alguien para ayudarte en la casa una tarde.

Recibir un regalo especial.

Escuchar cuánto te aprecio.

  • ¿Qué te gustaría poder borrar de todo lo que ha sucedido en el pasado?
  • ¿Cuál es la próxima decisión importante que crees que Dios quiere que tomemos como pareja?
  • ¿Cómo te gustaría que fuera tu vida dentro de cinco años?
  • ¿Qué palabras te gustaría escuchar de mi boca más a menudo?

No puedes cambiar a tu cónyuge. No importa cuánto lo desees, no puedes hacer el papel de Dios y llegar a su corazón para transformarlo en lo que quieres que sea. Sin embargo, muchas parejas pasan gran parte de su tiempo intentando cambiar a su cónyuge.

Se ha dicho que la locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes. ¿Pero acaso no es lo que sucede cuando intentas cambiar a tu pareja? Obtienes la mayor de las frustraciones. En algún momento, debes aceptar que no es algo que tú puedas hacer.

¿Acaso ha funcionado regañar o fastidiar? La respuesta es no, porque estos métodos no cambian el corazón. En cambio, es hora de intentar hablar con Dios sobre tu cónyuge. Si tu cónyuge no tiene ninguna clase de relación con Dios, entonces está bien claro por qué tienes que comenzar a orar. Más allá de esto, comienza a orar exactamente por lo que tu pareja necesita. Ora por su corazón; por su actitud.”

¿Cómo guío a mi corazón?

Hoy en día está muy de moda todo lo relacionado al feeling. Nos dicen, “que tu corazón decida” y mucha gente se mueve al ritmo de lo que dicte su corazón. Anteriormente publiqué un artículo sobre esto que se llamó “No sigas a tu corazón” en el fondo, lo importante no es seguir al corazón, sino guiarlo. Kendrick, en su libro “EL desafío del amor” comentaba al respecto lo siguiente: “No debes permitir que tus sentimientos y emociones te conduzcan. Colócalos en el asiento trasero y diles adónde irás.” Esto aplica perfectamente a cualquier situación, desde el enfoque matrimonial, en el cual podemos decir “Hoy no siento amor por mi esposa y por ende no la amo”, hasta el profesional. “Hoy siento que no me gusta mi trabajo, y por ende, me buscaré otro”.

Mal haríamos en tomar una decisión en base a tan frío e irresponsable análisis. La pregunta entonces es ¿Cómo guío a mi corazón? Dejaré nuevamente que Kendrick nos responda aplicando la respuesta al matrimonio: “En primer lugar, es necesario que comprendas que tu corazón está donde se encuentra tu tesoro. Tu corazón se volcará a lo que le dediques tiempo, dinero y energía. Esto era cierto antes de casarte. Escribías cartas, comprabas regalos y pasaban tiempo juntos como pareja, y tu corazón iba detrás. Cuando dejaste de invertir tanto en la relación y comenzaste a dedicarte a otras cosas, tu corazón te siguió. Si hoy no estás enamorado de tu cónyuge, quizá se deba a que ayer tu interés dejó de estar allí.

Examina tu corazón. Una de las claves para guiar con éxito tu corazón es estar permanentemente consciente de dónde se encuentra. ¿Sabes en dónde está tu corazón en este momento? Puedes darte cuenta si observas en qué has invertido tu tiempo durante el último mes, adónde ha ido tu dinero y los temas de los que hablas constantemente.

Haz una inversión de corazón. No esperes a tener ganas de hacer lo correcto. No esperes a sentirte enamorado de tu cónyuge para invertir en la relación. Comienza a volcarte a tu matrimonio y a invertir en donde tu corazón tiene que estar. Pasa tiempo con tu cónyuge. Compra regalos. Escribe cartas. Hagan una cita a solas. Cuanto más inviertas, tu corazón valorará más la relación.

Las malas influencias

Esta semana vuelvo con otro resumen de uno de los capítulos del libro “El desafio del amor” de Kendrick en el que menciona un par de puntos actuales y muy válidos, de esos de los que es fácil hablar o escribir pero complicado ponerlos en practica, no imposible, pero si que requieren un esfuerzo especial, pero claro, al final, ben dicen que al que quiere celeste que le cueste. Todas las cosas que realmente valen en la vida necesitan esfuerzo.

“¿Permites que ciertos hábitos envenenen tu hogar? Internet y la televisión pueden ser adquisiciones productivas y placenteras para tu vida, pero también pueden proveer un contenido destructivo y quitarle preciosas horas a tu familia. Lo mismo sucede con los horarios de trabajo que los mantienen separados durante una cantidad de tiempo poco saludable.

Las relaciones poco saludables. No todos tienen lo necesario para ser buenos amigos. No todos los hombres con los que cazas y pescas hablan con prudencia en lo que se refiere a cuestiones del matrimonio. No todas las mujeres con las que te juntas a almorzar tienen una buena perspectiva con respecto al compromiso y las prioridades. A decir verdad, cualquier persona que socave tu matrimonio no merece recibir el título de “amigo”. Y por cierto, debes estar siempre alerta y no permitir que las relaciones con el sexo opuesto en el trabajo, el gimnasio te alejen, en el ámbito emocional, de la persona a la que ya le diste tu corazón.

Los parásitos. Cuidado con los parásitos. Un parásito es cualquier ente que se te prenda a ti o a tu cónyuge y le quite la vida a tu matrimonio. En general, tienen la forma de alguna adicción, como los juegos de azar, las drogas o la pornografía. Prometen placer pero crecen como una enfermedad y consumen más y más tus pensamientos, tu tiempo y tu dinero. Le roban tu lealtad y tu corazón a las personas que amas. Los matrimonios casi nunca sobreviven si hay parásitos. Si amas a tu cónyuge, debes destruir cualquier adicción que tenga control sobre tu corazón. Si no lo haces, te destruirá.

Los matrimonios que entrelazan sus vidas en una red de otros matrimonios fuertes, aumentan en forma radical sus posibilidades de sobrevivir a la tormenta más intensa. Es fundamental que los esposos busquen consejos piadosos, amistades saludables y mentores experimentados. Todos necesitamos el consejo sabio a lo largo de la vida. Las personas sabias lo buscan constantemente y lo reciben con alegría. Los necios nunca lo buscan y lo ignoran cuando se lo dan.”