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¿Dónde hago falta?

david-luiz-consolo-jamesConstantemente necesitamos demostrar nuestro talento, nuestro valor o nuestros logros. Somos incapaces de creernos algo si los demás no lo confirman así mediante un “like”. No nos creemos exitosos si es que no salimos en periódicos, o en las fotos de sociales o si no hablan de nosotros. Necesitamos vernos reflejados en los demás, como un espejo, para convencernos de que somos importantes. De hecho, muchos inclusive pierden familia y amigos a cambio de un “ideal” de realización personal. Sin embargo el éxito de una persona está en lo que es, no en lo que posee o en lo que otros piensen o digan de ella.

Y partiendo de ello, creo que una pregunta que deberíamos hacernos para ser realmente exitosos no es como aparentar más, sino “¿Dónde hago falta?”. Es decir, enfocarme en hacerle la vida más feliz a los que me rodean. Hoy en día, mucha gente necesita ayuda, o simplemente que la escuchen, sentirse acompañada. Muchos piensan que lo están, pero nadie los escucha realmente.

Un buen ejemplo son las redes sociales, en las que parecemos coleccionar amigos como monedas, sin diferenciar entre calidad y cantidad; reduciendo una verdadera amistad a un intercambio de fotos, saludos de cumpleaños y opiniones por messenger. Al hacer esto sacrificamos una buena conversación por simple conexión. Es paradójico porque aseguramos tener muchos amigos cuando en realidad estamos solos.

Y es que Facebook nos hace creer que siempre seremos escuchados y que nunca estaremos solos y esto crea una nueva mentalidad: “Comparto, luego existo”. Posteamos para comunicar algo y así sentirnos vivos. Creemos que al estar siempre conectados nos sentiremos menos solos, pero en realidad ocurre sin darnos cuenta lo contrario. Obviamente no estoy en contra de Facebook, lo uso, y al margen de que creo que es un canal para vender felicidad a granel, creo también que, bien utilizado, es una excelente herramienta para reconectar con muchos amigos y posicionarse en el mercado.

Decía Shini Cohen que el sentimiento de soledad, al principio, hace que una persona intente relacionarse con otras, pero con el tiempo la soledad puede fomentar el retraimiento, porque parece una alternativa mejor que el dolor del rechazo o la vergüenza. Cuando la soledad se vuelve crónica, las personas tienden a resignarse. Pueden tener familia, amigos o un gran círculo de seguidores en las redes sociales, pero no se sienten verdaderamente en sintonía con nadie.

Desde luego, tampoco debemos llegar a extremos huyendo de la soledad, porque hay una soledad buena, buscada, querida, que tiene mucho que ver con el silencio y la reflexión. Y es que si no somos capaces de estar solos ,terminaremos mal acompañados. Saber estar solo y en silencio es un aprendizaje que sirve para reconectar con uno mismo, nos dice Nuria Chinchilla del IESE en un reciente artículo en el que analiza la soledad que sufren hoy en día muchas personas.

Escuchar! Escuchar para comprender, escuchar para ayudar. Benedicto decía que callando se permite hablar a la persona que tenemos delante, expresarse a sí misma; Hablando nunca aprendemos nada. En el silencio, se acogen los momentos más auténticos de la comunicación: la gestualidad, la expresión del rostro, el cuerpo, como signos que manifiestan la persona. En el silencio hablan la alegría, las preocupaciones, el sufrimiento, que precisamente en él encuentran una forma de expresión particularmente intensa.

Y termino preguntándome nuevamente, ¿Donde hago falta?. Pablo Ferreiro me decía que se trata de pensar más en los demás y menos en uno mismo. “El YO es el gran problema porque no da espacio al TU. No se trata de estar pendientes de lo que YO necesito. Estás ofendiendo a un TU que está esperando que lo atiendas. Búscalo. Sé capaz de percibir qué hace falta en un lugar determinado y como puedes ayudar.”

A final, el ingrediente para ser feliz, y por ende ser exitoso, es hacer felices a otros y la felicidad sin personas es como una empresa sin gente.

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Mi relación con la felicidad

De todas las relaciones que he tenido en mi vida, quizá la más problemática, atípica y hasta algunas veces ingrata ha sido la que mantengo con la felicidad. A veces somos grandes amigos, los mejores, otras y sobre todo recientes, nos hemos peleado, aunque ambos añoramos vivir los viejos tiempos.

Y quisiera no solo recordarlos sino volverlos a vivir, y para ello quiero y debo cambiar, esto que parece sencillo, ¿Cómo se hace? ¿Cómo se cambia personalmente, solo a base de esfuerzo y fuerza de voluntad? No estoy seguro. Cuanto más quiero cambiar, más resistencia interna encuentro en el proceso. Cuanto más reconozco y lucho con mis debilidades, más permanecen. Quizá el orgullo de creer que tengo la fuerza para hacerlo es justamente lo que no me deja cambiar. Bien dicen que no se cambia una realidad que se ignora o se desconoce. A lo mejor me falta interiorizar mis problemas, mis fortalezas, debilidades y el alcance de éstas. Uno no puede cambiar ni gestionarse a si mismo, sino se acepta en su totalidad con sus virtudes y defectos.

Si es que realmente estamos acá para ser felices, cabe la pena cuestionarse si esta es una consecuencia de un modo de ser, de estar, de vivir, de pensar, de trabajar,  o un objeto de deseo que defino a priori para ir tras de él. Creo que hay más de lo primero que de lo segundo.

A veces la teoría es importante conocerla, pero la realidad enseña mucho más. Uno puede escribir o hasta dar conferencias de felicidad, otra cosa es si el corazón sigue los dictados de la palabra. He descubierto que es mucho más útil aprender sobre la adversidad, o de como gestionar las prolongadas ausencias de la felicidad en nuestra vida que hablar de sus fugaces e impredecibles apariciones, las cuales, cuando se dan, hay que vivirlas aceptando sus condiciones.

Lo he repetido ya muchas veces en este blog, al final, la felicidad no está emparentada con la riqueza, si, ayuda, sobre todo cuando no hay dinero para cubrir necesidades básicas, pero nada más, y tampoco es prima ni de la salud ni menos aun de la pobreza. Miguel Dórs lo dice claramente en su poema:

“Ellos

que viven bajo los focos glamorosos

del éxito y que poseen

suaves descapotables y piscinas de plácido turquesa con rosales

y perros importantes y emparejados con rubias satinadas

bellas como el champan y no son felicidad.

y yo que no entiendo nada más que estas calles

gregarias y un horario

oscuro y mis domingos baratos junto al rio

con una esposa y un niño que me quieren

tampoco soy feliz…”

Ayudaría también y mucho el saber ¿Qué somos nosotros, como nos definimos? ¿Cuál es nuestra esencia? ¿Para qué estamos en la vida? En la película “Lo que queda del día”, en una parte, al mayordomo le preguntan, “¿Qué es usted además de mayordomo? Mayordomo. ¿Cuál es su papel en la vida? Servir a Lord Carrington. ¿Algo más? No, servirle leal y profesionalmente. ¿Dónde reside la causa de su dignidad? En el oficio de mayordomo.”  Claramente se confunde la esencia de su ser con su profesión.

No dudo que nos pase a muchos de nosotros, si no tenemos clara nuestra verdadera misión en la vida, ya que nos enfocaremos en cosas que no necesariamente nos darán la felicidad que necesitamos.

Daniel Goleman, creador del concepto de la inteligencia emocional decía que no nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Como recibimos y procesamos y almacenamos los hechos en la vida es un proceso decisivo en nuestra interlocución con la misma. Los hechos son aquellos en lo que uno los convierte. Vale decir, la felicidad no depende de la realidad, sino de como la interpretas.

Como bien dice Santiago Alvarez de Mon, “La felicidad juega con nosotros porque impone sus reglas. Llega sin previo aviso y se va cuando quiere. Trabajo, inocencia, humildad, éstas si viven en las cercanías de la felicidad. También la esperanza, virtud personal que no renuncia a un mañana mejor y que no desespera ante el misterio. Sonreír es imprescindible para los asuntos trascendentes. Solo el humor y la humildad aciertan a conocer las reglas de juego de la vida, se atreven a rebelarse ante tanta desdicha e infelicidad humanas y transformarlas en esperanza e ilusión.”

El buscar la verdadera felicidad en la vida es quizá la cuestión más urgente e importante que tenemos, y que solo nosotros podemos despejar. Los libros, videos, artículos, consejos de personas, se tienen que retirar sutilmente y hacerle un espacio a nuestra relación con Dios, la cual está directamente relacionada a nuestra relación con la felicidad, y obviamente también a nuestra mente y corazón, tándem imparable, pareja capaz de ayudarnos si están realmente alineados.

¿Qué nos hace estar felices?

La pregunta de las preguntas es “Qué nos hace ser felices” y en varios artículos he comentado que está muy relacionada con la tranquilidad de conciencia, con saber que estamos haciendo y luchando por hacer lo que debemos hacer en ese momento. Sin embargo, pocas veces he tocado el tema de “estar felices” un concepto más relacionado a bienestar, a algo pasajero, pero no por ello menos importante.

Para ensayar una respuesta que nos sirva, me he apoyado en Tal Ben Shahar, quizá el referente a nivel mundial en este tema, Psicólogo y a cargo del curso con más alumnos inscritos en la Historia de Harvard “Psicología Positiva”.  En su bestseller Happier definió la felicidad como una combinación entre significado y placer. “Si trabajo en algo que es significativo para mí, si siento que es importante, si creo que hace la diferencia, y si además disfruto de mi trabajo y experimento placer, entonces, mi trabajo me entrega felicidad”, ejemplifica. Si lo que hacemos es sólo significativo o sólo placentero, aquello no es suficiente para sostener la felicidad, es imposible experimentar significado y placer todo el tiempo, “pero si lo experimentas la mayor parte del tiempo, es una relación feliz”.

Ben-Shahar cita constantemente estudios que avalan su planteamiento: “hay investigaciones”, asegura, “que muestran que la gente que escribe una lista de cinco cosas por las cuales debe agradecer es gente más feliz, más optimista, más exitosa, físicamente saludable, más simpática y más generosa con los demás”.

Uno de los temas que llama la atención de su libro es la relación entre religión y felicidad que da a entender. Dice  que  cuando uno observa las investigaciones, la gente religiosa generalmente es más feliz que la no religiosa. La religión entrega significado: sé por qué me levanto cuando despierto en las mañanas, sé lo que estoy haciendo cuando voy a la iglesia los domingos. Sabemos que la gente que expresa gratitud es más feliz que la que no lo hace, y en la religión hay un mecanismo interno, que te conduce a la gratitud.

Algunos consejos que da para estar felices:

1. Permítase ser humano. Cuando aceptamos las emociones, como el miedo, la tristeza o la ansiedad, como naturales, somos más propensos a superarlas. Rechazar nuestras emociones, positivas o negativas, conduce a la frustración y la infelicidad.

2. Tenga en cuenta que la felicidad depende principalmente de nuestro estado de ánimo, no del estado de nuestra cuenta bancaria. Salvo en circunstancias extremas, nuestro nivel de bienestar está determinado por aquello en lo que elegimos enfocarnos, y por nuestra interpretación de los acontecimientos externos.  Por ejemplo, ¿Cómo vemos el vaso, medio lleno  o medio vacío? ¿Vemos al fracaso como algo catastrófico, o como una oportunidad de aprendizaje?

3.  ¡Simplifique! Estamos, en general, demasiado ocupados tratando de hacer cada vez más actividades en menos tiempo.  La cantidad influye en la calidad, y comprometemos nuestra felicidad cuando tratamos de hacer demasiado.

4. Recuerde la conexión mente-cuerpo. Lo que hacemos,  o no hacemos, con nuestro cuerpo, influye en nuestra mente. Hacer  ejercicio regularmente, dormir lo suficiente y comer de forma saludable, lleva tanto a la salud física como mental. Sigue leyendo

How to engineer a happy life

Esta vez quiero postear un artículo excelente aparecido en el Washington Post sobre este experto español en tema de felicidad. Vale la pena leerlo:

Manel Baucells This week, at the United Nations conference on Happiness, the tiny kingdom of Bhutan nestled between India and China will showcase its Gross National Happiness index (GNH) as an alternative to gross national product (GNP). In 1968, Robert F. Kennedy had said that the gross national product “measures everything… except that which makes life worthwhile.” Now, the world is coming around with United Nations resolution 65/309 — “Happiness: Towards a holistic approach to development.”

The pursuit of happiness explains the billions of dollars spent each year on consumer goods, from cosmetics and fashion apparel to computers and new cars. Who among us does not want to be happy?

But, happiness is elusive. Scientists have found that American millionaires living in huge, luxurious houses are barely happier than Masai warriors in Kenya who live in huts.

Over the past 10 years, we have examined and analyzed data and evidence from all over the world to come up with a set of laws that govern our happiness. These laws are supported by findings from scientific experiments, examples from ancient literature and pearls of wisdom from the world’s religions and spiritual practices. These laws of happiness are universal and apply to all of us. For example, we two coauthors were born and raised in different countries, India and Spain. We were reared in different religions, Hinduism and Catholicism. These large differences in culture and background make us perceive many things differently. The laws of happiness, however, apply equally to both of us.

A logical implication of our laws of happiness is the fundamental equation:

Happiness equals reality minus shifting expectations

As we try to improve our reality, by working harder so we can make more money, buy a bigger house, or drive a fancier car, our expectations also shift. We are happy for a little while, but soon enough expectations catch up with reality. At first blush, this equation paints a gloomy picture. It is no wonder that some scientists have concluded that, “Trying to be happier is as futile as trying to be taller.” Let us look on the bright side of the equation. We will give you two strategies for improving happiness and then you can come up with many more on your own.

1. Less to More (Crescendo)

You should plan your life carefully so that the gap between reality and expectations stays the same or increases. That is, the way to be happy is not just to have a lot, but to follow a crescendo strategy in life choices — less to more. On a small, short-term scale, this can be done on a vacation; rather than immediately visiting the most spectacular museum or historic site, save those experiences for the end of your trip. But as a philosophy of life, you can work to organize the chapters in your book of life from less to more (that is, follow a crescendo strategy). In raising children, for example, do not give them too much too fast. In organizations such as those with call centers or service employees, more frequent promotions associated with achieving some well-defined milestone or goal will improve employee satisfaction. Crescendo strategy is very similar to what is used in karate by awarding different color belts for progress.

2. Basic Goods

Our equation suggests that new material aspirations arise as previous ones are satisfied, making all of us work harder and harder to see ourselves in exactly the same situation all over again: wanting something new. We face a sort of emotional “global warming,” if we get used to consuming too much too soon, our future happiness is put at risk. One typical example is that of the children of wealthy parents who are not able to keep up with the lifestyle they’ve always known.

When it comes to fame and fortune, beware: The equation predicts that your expectations will also rise and any gain in happiness will be temporary.

So, if expectations catch up with reality, is there an easy and foolproof way to be happy? Basic goods escape this paradox, because expectations for these goods do not fluctuate much and these are less susceptible to social comparison. The treasure of happiness that is in reach for most of us is found in basic goods. The simplest example of a basic good is food. We will always enjoy a meal when hungry. But basic goods are present everywhere in our life. How can we tell whether a good or experience is basic or not?

TEST — Is X a basic good: Ask yourself the following two questions:

1. If nobody knew I am buying or experiencing X, would I still want X?

2. Will I enjoy X in the future, say five years from now, as much as I do now?

If the answer is yes to both questions, then X is a basic good for you.

We can think of basic goods in three categories: the needs of the body, the needs of the heart, and the needs of the mind. Food, health, shelter, sex, and rest are the needs of the body. Basic goods that meet the needs of the heart and mind are things like spending time with friends and family and listening to music we love — things that consistently make us happy.

Some people say that happiness is like a pendulum — some days you are happy, some days not, and there’s not much you can do to change that. Our view is different. We believe that happiness is like a sailboat. Indeed the wind and ocean currents influence its movements, but you have control of the rudder. Without your exerting control, the sailboat drifts. Our key premise is that happiness is a choice; and regardless of our circumstances or where we are in the world or in our lives, we can all improve our level of happiness. The control lever for extracting happiness from the equation is in your hands. We would love to hear your ideas on how to engineer a happier life.

En Harvard se aprende a ser feliz

Recientemente publicaron en el Boletín semanal de Haravard un artículo sobre la felicidad. Curiosamente, el curso con más popularidad y éxito, más que los de economía de los cuales son los grandes especialistas, es sobre la felicidad y está a cargo de Tal Ben Shahar. Aquí un resumen.
La Felicidad, ese estado de plenitud y equilibrio que todo ser humano anhela como ideal de realización y bienestar y que combina una justa proporción entre lo que se es, lo que se tiene y a lo que se aspira, es y será siempre uno de los temas motores de nuestra existencia y por tanto un tema fundamental de estudio, que al parecer no ha escapado de la lista de temas abordados por las más prestigiadas escuelas de negocios.

Dicho curso se llama “Mayor felicidad”, y es dictado por Tal Ben Shahar. Este curso atrae a 1400 alumnos por semestre y 20% de los graduados de Harvard toman este curso electivo (información al 2009) ¿Por qué? Quizás porque este curso, basado en las últimas investigaciones de psicología positiva, los hace cuestionar creencias y supuestos arraigados en nuestra sociedad.

“La vida es similar a una empresa. Una empresa tiene ganancias, costos y tendrá utilidad en la medida en que sus ganancias sean mayores que sus costos. En la vida diaria, nuestros costos son nuestras emociones y pensamientos negativos, y nuestras ganancias, nuestros pensamientos y emociones positivas. Si tenemos en balance más pensamientos y emociones positivas en nuestra vida, la empresa de nuestra vida está logrando utilidades. Una persona con una depresión prolongada, sería como una empresa quebrada. Analice cómo está su vida en cuanto a las utilidades de felicidad, ¿Está en positivo o está en rojo? ¿Cómo lograr estar más en azul en cuanto a felicidad?”

El curso sobre la felicidad está fundamentado en una serie de encuestas y estudios de campo sobre las características y componentes que permiten vivir felizmente, en éste se destacan y proporcionan 10 Consejos Clave o tips para mejorar la calidad de nuestro estado personal y que contribuyen a la generación de una vida positiva. Miles de personas han asistido a él y han logrado cambiar su estado de ánimo:

TIP 1
Practica algún ejercicio: (caminar, ir al gym, natación, etc.). Los expertos aseguran que hacer ejercicio es igual de bueno que tomar un antidepresivo para mejorar el ánimo, 30 minutos de ejercicio es el mejor antídoto contra la tristeza y el estrés.

TIP 2
Desayuna: algunas personas se saltan el desayuno porque no tienen tiempo o porque no quieren engordar. Estudios demuestran que desayunar te ayuda a tener energía, pensar y desempeñar exitosamente tus actividades.

TIP 3
Agradece a la vida todo lo bueno que tienes: Escribe en un papel 10 cosas que tienes en tu vida que te dan felicidad. Cuando hacemos una lista de gratitud nos obligamos a enfocarnos en cosas buenas.

TIP 4
Sé asertivo: pide lo que quieras y di lo que piensas. Está demostrado que ser asertivo ayuda a mejorar tu autoestima. Ser dejado y aguantar en silencio todo lo que te digan y hagan, genera tristeza y desesperanza.

TIP 5
Gasta tu dinero en EXPERIENCIAS no en cosas: Un estudio descubrió que el 75% de personas se sentían más felices cuando invertían su dinero en viajes, cursos y clases; mientras que sólo el 34% dijo sentirse más feliz cuando compraba cosas.

TIP 6
Enfrenta tus retos: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Estudios demuestran que cuanto más postergas algo que sabes que tienes que hacer, más ansiedad y tensión generas. Escribe pequeñas listas semanales de tareas a cumplir y cúmplelas.

TIP 7
Pega recuerdos bonitos, frases y fotos de tus seres queridos por todos lados. Llena tu refrigerador, tu computadora, tu escritorio, tu cuarto. TU VIDA de recuerdos bonitos.

TIP 8
Siempre saluda y sé amable con otras personas: Más de cien investigaciones afirman que sólo sonreír cambia el estado de ánimo.

TIP 9
Escucha música: Está comprobado que escuchar música te despierta deseos de cantar y bailar, esto te va a alegrar la vida.

TIP 10
Lo que comes tiene un impacto importante en tu estado de ánimo.

§  Comer algo ligero cada 3-4 horas mantiene los niveles de glucosa estables, no te saltes comidas.

§  COME DE TODO!

§  Varía tus alimentos

TIP 13
Arréglate y siéntete atractivo(a)
El 41% de la gente dice que se sienten más felices cuando piensan que se ven bien. !Ponte guapo(a)!

“Hagamos un esfuerzo por lograr un balance en azul en nuestra cuenta de felicidad. No solo nuestro cuerpo nos lo va a agradecer. La buena vibra trae salud, pero al estar más positivos atraeremos también mayor bienestar a nuestras vidas”

Ser feliz, es al final, la construcción de un gran fondo de ahorro de experiencias significativas, pobre de aquel que guarda lo que posee en donde se corre el riesgo de perderlo todo. ¿O no?.

Conversando sobre la felicidad 2da parte

Felipe Ortiz de Zevallos, Presidente del Grupo Apoyo, comentaba en un reciente artículo publicado en Semana Económica, que en el último libro de Martin Seligman, llamado “Flourish”, plantea cinco elementos del bienestar: el sentirse alegre y eufórico, el compromiso con una tarea o causa, la calidad de las relaciones interpersonales, el valor del significado a la vida y los logros concretos. Un concepto muy alineado con el libro Gross National Hapiness, en el que Arthur Brook argumenta que el bienestar no depende tanto  de cuán alegre uno se sienta o de cuánto dinero se tenga, sino del significado que uno encuentra en la vida y del éxito merecido que uno sienta, de la convicción de que uno ha creado valor, para uno o para otros.

Si el objetivo final fuese sólo una felicidad eufórica, las parejas no incurrirían en los importantes sacrificios que representa el criar hijos. Lo hacen por otros elementos de bienestar: el sentido de la vida y las relaciones con otros.

Según Seligman, bastaría reajustar el tiempo que uno le dedica en su vida diaria a cada elemento generador de bienestar, euforia, compromiso relaciones, significado y logros, en función de sus propios valores, para aumentar el bienestar personal.

Lo que si debe quedar muy claro es la diferencia entre ser y estar feliz. El ser feliz es algo más trascendental, más a largo plazo, uno puede ser feliz por naturaleza pero si tuvo un mal día o le pasó algo malo, estuvo molesto, triste o angustiado.

Recientemente la Universidad de Harvard diseño un curso sobre Felicidad, Psicología positiva. Aunque dicho curso está enfocado en estar feliz y no en ser feliz, hay varias sugerencias del a día que son útiles para estar más felices. Acá un resumen:

  1. Practica algún ejercicio: (correr, gimnasio, tenis, etc). Los expertos aseguran que hacer ejercicio es igual de bueno que tomar un antidepresivo para mejorar el ánimo, 30 minutos de ejercicio es el mejor antídoto contra la tristeza y el estrés.
  2. Desayuna: algunas personas se saltan el desayuno porque no tienen tiempo o porque no quieren engordar. Estudios demuestran que desayunar te ayuda a tener energía, pensar y desempeñar exitosamente tus actividades.
  3. Agradece a la vida todo lo bueno que tienes: Escribe en un papel 10 cosas que tienes en tu vida que te dan felicidad. Cuando hacemos una lista de gratitud nos obligamos a enfocarnos en cosas buenas.
  4. Gasta tu dinero en experiencias no en cosas: Un estudio descubrió que el 75% de personas se sentían más felices cuando invertían su dinero en viajes, cursos y clases; mientras que solo el 34% dijo sentirse más feliz cuando compraba cosas.
  5. Enfrenta tus retos: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Estudios demuestran que cuanto más postergas algo que sabes que tienes que hacer, mas ansiedad y tensión generas. Escribe pequeñas listas semanales de tareas a cumplir y cúmplelas.
  6. Siempre saluda y se amable con otras personas: Mas de cien investigaciones afirman que solo sonreír cambia el estado de ánimo.
  7. Escucha música: Esta comprobado que escuchar música te despierta deseos de cantar y bailar, esto te va a alegrar la vida.
  8. Siéntete Guapo (a)
    El 41% de la gente dice que se sienten más felices cuando piensan que se ven bien.  ¡ Arréglate y ponte guapa/o !

 

¿Qué te ha enseñado la vida?

El sólo hecho de pensarlo, ya nos puede traer muchos beneficios sobre lo que hemos vivido y sobre cómo podemos aprovechar dichas experiencias para el futuro.

 Como algunos de ustedes saben, trabajo en Laborum, una consultora de selección de personal en la que nos toca manejar procesos de profesionales jóvenes y también de gerentes de primera línea. A veces les he preguntado a los candidatos esta pregunta y sus respuestas han sido tan variadas como originales. A algunos les ha enseñado saber a perder, a valerse por si mismos, a tener humildad, a arriesgarse, pero a otros por el contrario a ser más prudentes, tomar las cosas con calma y con perspectiva, en fin.

A mi me ha enseñado a entender que las cosas pasan por algo y para los que actúan con rectitud de conciencia, todo es para bien. Me enseña cada día que todo exige un esfuerzo, no hay lonche gratis, que sólo pierde el que no da todo lo que lleva dentro.

 Una de las respuestas que más me hizo pensar la leí en el libro “No soy superman” de Santiago Alvarez de Mon, extraordinario profesor del IESE, “He aprendido a cuidar el tiempo como un regalo único. Así veo el día de hoy como un obsequio que he de agradecer y aprovechar. Ayer se fue y mañana no ha llegado, voto por quedarme en el presente. Viajo al pasado para aprender de su fantástico almacén de datos. Cuando lo hago, el presente se colma de agradecimientos y de una sana tristeza. Teniendo la nostalgia bajo control, el recuerdo de seres queridos que ya se fueron, las imágenes de una edad tierna e irrepetible, las amistades urdidas entre clases, partidos, libros, y diversión, las fotos de los primeros pasos de mi familia, aportan al presente un halo de serenidad, dulzura y unas gotas de melancolía. ¿Qué hago con esas cuotas de pena? Leer sus enseñanzas para administrar mejor la realidad. Me proyecto al futuro para anticipar escenarios, para cobrar impulso, para irradiar ilusión y esperanza en un presente invernal. Completada la excursión  galáctica y futurista regreso a  mi tiempo preferido, el presente, a él me coso en las duras y en las maduras. Si todo va bien, no arruino esa felicidad con el miedo a que se canse pronto. Si las cosas se tuercen, me consuela pensar que no se eternizarán, que también pasarán los nubarrones, que me curtiré y haré más fuerte, y que cuando salga el sol, nadie gozará más de él como yo. La vida enseña a no tomarte las cosas y los acontecimientos que suceden con tanta seriedad y tremendismo. Estamos aquí dos días, como para amargarnos la propia existencia y las de los demás.“

 Cuando publiqué hace unas semanas en mi blog – www.rafaelzavala.com – esta pregunta, una de las mejores respuestas la escuché de Cinthia Ottone, psicóloga argentina, decía “Me dejó pensando… que pregunta difícil! La vida me enseñó que los seres humanos queremos certezas y la vida es incertidumbre.  Queremos que las cosas sean de cierta manera y nos cuesta aceptar que las cosas son como son, no como nosotros querríamos que sean. Que en la vida hay que correr riesgos, que uno no sabe como van a resultar las cosas que emprendamos… pero si no nos arriesgamos tampoco vamos a saberlo.

 ¿Qué por qué hago estas preguntas? Porque el sólo hecho de planteártelas te hace pensar. Ahora están de moda los sentimientos y es bueno, pero la gente siente y siente y actúa únicamente guiada por eso y al final no piensa nada. Vale la pena pasar por esta pregunta, y el que se reconoce como un idiota porque piensa que la vida le ha enseñado poco, no lo es, por el contrario, tiene la humildad de reconocerse como es, y de saber que le falta mucho por aprender. Como dice la frase “El que reconoce un punto de locura e irracionalidad en su naturaleza está en camino de la cordura”.

 Un consejo rápido y gratis, desconfía de aquellos que no se cuestionan sus éxitos o peor aun, aquellos que no los agradecen y se piensan superiores por alcanzarlos. Parte de la  madurez de una persona consiste en interrogarse el porqué de las cosas y de sus actos, porque eso le permitirá enmendar el camino cuando haya que hacerlo, y no creérsela demasiado cuando haya alcanzado lo inalcanzable de forma tal que pueda seguir aprovechando las oportunidades que le da la vida con humildad y sencillez.