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No pensemos en ganar dinero

dont-look-back copia2015, año complicado en muchos aspectos. ¿Estamos cumpliendo nuestros objetivos? ¿Cuáles eran? ¿Éxito?, ¿Felicidad?, ¿Ganar más dinero? ¿Tener más? ¿Ser más? ¿Servir más?

A lo mejor, antes de eso, debiéramos preguntarnos ¿Qué es el éxito para nosotros? ¿Quién lo define? Si nos vamos a pasar la vida persiguiendo un éxito que es definido por otros, siempre estaremos frustrados. Nunca habrán suficientes victorias, porque una vez que las consigamos, nos daremos cuenta que seguimos siendo infelices.

Ya lo decía Valero Rivera, el entrenador más exitoso del equipo del Balonmano del Barcelona, “No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero, eso es una feliz consecuencia. Se piensa en una misión y en una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán luego, los leeremos con cuidado y atención, y extraeremos consecuencias.”

Para ello, que importante el aprender de nuestros errores. En lugar de descalificarnos y ponernos nerviosos, fijarnos en el error, y utilizarlo como herramienta de aprendizaje. Es distinto pensar que me he equivocado o he tropezado a decir que soy un fracasado.

Una vez que aprendemos de nuestros errores, comenzamos por definir nuestro objetivo y aquí muchos apuntamos mal. El bull no puede ser ganar más dinero, sino algo más trascendental, acaso nuestra principal meta en la vida, que es vivir (ser y estar) más felices (que por cierto son muy diferentes).

Y para ello, nada mejor que una mentalidad optimista (pero abrochada a la realidad) y luchadora. Son más felices los que se esfuerzan por llenar un vaso poco a poco y no los que heredan uno lleno. Curiosamente la gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo sino la que lucha por conseguirlo y sabe sacar lo mejor de lo que encuentra en su camino.

También necesitaremos del liderazgo, pero para liderar nuestra propia vida. Liderazgo es visión clara de la meta a la que se quiere llegar, inteligencia para conseguir las herramientas necesarias para el viaje, dejando huella, para que los demás sigan el ejemplo.

En nuestras conversaciones internas debemos descubrir nuestros talentos, expectativas, ilusiones, sueños, aspiraciones, creencias y valores.¿Por qué hacemos lo que hacemos?. No hay conversación inteligente sin preguntas inteligentes. Pregunta el que sabe, el que duda no se puede permitir ese lujo. Y es que los valores no vienen de fábrica, hay que adquirirlos y hacerlos crecer. Y eso cuesta. No se predican, se practican. Que nuestra gente vea que no son un brindis al sol sino que nos preocupemos de vivirlos y entrenarlos en la disciplina y el esfuerzo.

Vale la pena también revisar nuestra relación con los que más queremos, nuestra familia, y no me refiero solamente a esposa (enamorada) o hijos, sino incluir a padres y hermanos. Revisar bien el equilibrio trabajo – familia en nuestra vida. En la oficina podemos y debemos ver el vaso medio vacío para poder sacarlo siempre adelante, pero en el hogar el vaso siempre debemos verlo medio lleno, siempre con optimismo, sino los pleitos, separaciones y divorcios, suelen asomarse. Hoy en día, me he dado cuenta que tenemos hijos huérfanos de padres vivos, y eso porque no les dedicamos el tiempo necesario.

Al final, es en la familia es en el único lugar donde nos quieren por lo que somos y no por lo que hacemos. Yo lamentablemente este año he visto a mi hijo más con los ojos cerrados que con los ojos abiertos.

Muchas veces, nos hemos movido en la superficie, en la espuma de los acontecimientos. Este año nos toca retomar el rumbo para caminar en la dirección correcta. No me importan tanto las metas, sino el camino que elijo, el mismo me mostrará cuando doblar y cuando seguir adelante. La meta es ese sueño que espero tener despierto.

Leí un relato de un caracol que emprendió la ascensión a un cerezo a finales de primavera. Al verlo, unos gorriones que se hallaban en un árbol cercano estallaron en carcajadas. Y uno de ellos le dijo: Oye tu, pedazo de estúpido! No sabes que no hay cerezas en esta época del año? El caracol sin detenerse, replicó: “No importa. Ya las habrá cuando llegue arriba.”

Ante el contexto en el que vivimos, enfocado en su mayoría en el corto plazo, me interesa enfocarme en el lento, firme y seguro caminar del caracol del cuento. Sabe a donde quiere ir, se pone en marcha, no se distrae con el ruido e impaciencia exterior, lo suyo es una maratón interior que prioriza el esfuerzo y la rigurosidad para terminar el trabajo bien hecho.

Viviendo así estamos sembrando un futuro que cuando llegue no será fruto de la casualidad, ni de la buena o mala suerte, es realmente allí cuando podremos decir que ganamos porque dimos todo lo que llevamos dentro.

Dediquemos tiempo a soñar cosas irrealizables, aterricemos los sueños en tareas concretas, los sueños se construyen a base de esfuerzo. Aterricemos con ideas concretas como ser mejores padres, hijos, esposos, trabajadores y amigos. Pongámosle sal a la vida, y hagamos cosas diferentes este segundo semestre del año, y es que cuando te acostumbras a la rutina y estabilidad de una vida sin grandes sobresaltos, la vida te pasa sin que te des cuenta. Salgamos más, olvidémonos de estar pegados a la computadora, al Facebook (la droga moderna). Saquémosle el jugo a la vida, que te trata según la tratas tú a ella, exprímela y disfruta el regalo de la misma. Afrontemos desafíos que a lo mejor aun estaban pendientes.

Ojalá que este artículo pueda ayudarlos en esa aventura. ¿Lo intentamos?

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Los peligros del éxito

el limite es el cielo“Si trabajo más duro tendré más éxito y si tengo más éxito seré más feliz.” Falso! Porque cuando llegamos al éxito la meta cambia y si la felicidad viene después, nunca la vamos a alcanzar.

¿Qué perseguimos en la vida y que deberíamos perseguir? A lo mejor si enfocamos bien el objetivo, el impacto en los resultados cambiará significativamente.

Si, lo sé. Estamos muy interesados en ser exitosos, pero ¿Qué es el éxito para ti?. El problema es que nuestra idea de éxito, no es necesariamente nuestra. La tomamos del marketing, los periódicos, las revistas, que son los que nos definen quienes son exitosos: actores de cine, grandes empresarios, los ricos y famosos, etc.

No es que deberíamos abandonar nuestras ideas de éxito sino que deberíamos asegurarnos de que sean nuestras. Cada uno, tiene una realidad distinta, una escala de valores distinta, y una forma de interpretar el contexto en el que vive, distinta.

Decía un buen amigo, Luis Huete, Profesor del IESE que la sociedad te valora por el dinero, el poder, la imagen que das a los demás y las relaciones que tienes. El riesgo es que te valores a ti mismo en función de estas 4 variables, porque si lo haces, vas a matar por conseguirlas. Y entre más las persigas, más vivirás de la apariencia, de tener todo en la vitrina, y más infeliz te sentirás.

Solemos comparamos con nuestro “marco de referencia” y siempre hay gente “más exitosa”, “con mejores sueldos, mejores cargos, mejores carros”. La envidia de no tener ese éxito nos corroe. Entre más cercanas sean dos personas, en edad, carrera, etc. mayor el peligro de la envidia. Llega a su cuota máxima en los almuerzos de exalumnos.

Tal Ben Shahar, Profesor de psicología positiva en Harvard decía que la felicidad no es la culminación del éxito, sino sólo su inicio. Las personas que no aspiran a ser el más listo, guapo o rico, sino que aprecian lo que ya son, son más felices. Y, a partir de ello, suelen tener éxito.

Pero entonces, ¿qué es el éxito? Después de leer cientos de definiciones, comparto con ustedes ésta de Santiago Alvarez, Profesor Principal de Gobierno de Personas del IESE, «Éxito es el estado de paz y serenidad interior alcanzado como consecuencia de la satisfacción de saber que has hecho todo lo que eres capaz. Es hacer las cosas y entrenar hasta el límite de tus habilidades. Los resultados, ganar, perder, las consecuencias de tu labor, forman parte de otro partido en el que no llevas las riendas. El éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide. Sólo lo alcanzan quienes han llegado a comprender que toda adversidad lleva en su entraña la semilla de un beneficio.”

Y aun así, seguimos pensando que primero hay que tener éxito y como consecuencia de ello, ser felices, pero el cerebro trabaja en sentido opuesto.

Shawn Achor, Magna Cum Laude de Harvard en Psicología positiva, en una de las 20 conferencias más vistas de TED, decía que si hoy haces feliz a alguien, te sentirás feliz, es decir, tu serás el principal beneficiado porque el cerebro en positivo funciona mejor que cuando está en negativo porque eleva la energía y la creatividad. Ojo, optimistas pero permanentemente abrochados a la realidad. Si hay algo más peligroso que un pesimista es un optimista divorciado de ésta, ya que va camino al precipicio.

Ahora bien, lo complicado es programar el cerebro en positivo. El contexto actual no ayuda. Comenzamos el día y las noticias son sobre desaceleración económica, robos, corrupción, crisis, etc. Nuestro cerebro está programado sin quererlo en negativo. Achor sostiene que en 21 días podemos readaptar el cerebro con estas acciones:

1. Anotar cada noche 3 cosas por las que agradecer

2. Meditar/Rezar 10 minutos al día (5 al empezar y 5 al terminar)

3. Ejercicio 3 veces por semana

4. Actos de servicio, hacer felices a los que trabajan con nosotros, a nuestra familia y amigos que lo necesiten por la situación que estén pasando.

Al entrenar el cerebro al igual que el cuerpo podemos invertir la fórmula. Pero ese cambio de chip exige un esfuerzo. Ya lo decía Rafael Nadal en una reciente entrevista: “Parece que la alegría te la da el triunfo, pero si éste no te ha costado nada, la felicidad no es ni mucho menos la misma. La alegría del triunfo te la da el trabajo que tú has hecho para alcanzar la victoria. Si no te cuesta, no la valoras. La pasión, las ganas de triunfar te las dan todas las horas de trabajo que has llevado a cabo.”

Y es que la felicidad está en la lucha, en el esfuerzo por tener una conciencia recta. No depende del dinero, del poder, la imagen. En el mundo hay personas felices e infelices en todas las condiciones. Y lo son porque deciden aceptar su condición y su pasado, y asumir la vida tal como es en ese momento.“Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia adentro, quien se empeña en empujar en ese sentido, sólo consigue cerrarla. Se abre hacia afuera, hacia los otros.” Soren Aabye Kierkegaard.

En mi última conferencia una persona se acercó al final a preguntarme ¿Cómo escapar de los peligros del éxito? (por eso se me ocurrió escribir este artículo): Teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No hablemos de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia.

Los libros de autoayuda nos venden la idea de que si somos optimistas y tenemos ganas, seremos muy exitosos, y ojalá fuera así de simple. Es un buen comienzo, pero si no hay otras variables como el talento, esfuerzo, perseverancia y paciencia, los resultados no suelen aparecer. Por ende, que importante cultivar estas virtudes hoy, aquí, ahora. ¿Y la suerte? Se suele aparecer cuando nos hemos enfocado en esos valores antes.

No es el éxito lo que transforma nuestro mundo sino los lentes con los que vemos la realidad. Si conseguimos cambiar de lentes, cambiará nuestra forma de ver nuestra realidad y por ende de interpretar nuestra felicidad. Ésta, no deriva del éxito, sino que lo causa, es decir, no esperemos a tener éxito para ser felices.