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Cualidades necesarias para ser exitoso

Esta semana les traigo un extracto de la entrevista que le hicieron recientemente a Santiago Alvarez de Mon, uno de los referentes mundiales en temas de liderazgo y profesor del IESE de España.

-Como autor de numerosos libros sobre liderazgo, ¿qué cualidades debe tener un buen líder?

-Muchísimas cualidades. La primera, humildad para abrir los ojos, tener una mente flexible y un corazón humilde, para estar en contacto con la realidad. Hay que tener una mirada ingenua -entiéndase ingenua por cándida y virgen- y, a partir de ahí, talento para entender los retos planteados, talento para apoyarse en el talento. El problema de la mediocridad es que busca la mediocridad; en cambio, el talento invita al talento. Al respecto, no hay que tener carácter, el carácter sólo para tomar decisiones, a veces ingratas, para asumir responsabilidades, para no c
creerse el éxito cuando te visita, para levantarte cuando tropieza.

-¿Qué entiende usted por talento?

-El talento requiere esfuerzo, trabajo y disciplina. A mí siempre me gusta decir que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta». No conozco a nadie que no tenga talento, pero sí conozco a mucha gente que está desubicada.

-¿Se puede hacer algo excepcional sin involucrar al corazón?

-No, creo que no. Ya lo dijo el matemático Pascal, «el corazón tiene razones que la razón no entiende». La razón en su cumbre, en su cúspide, es prudente y humilde e invita al corazón, porque sabe que, al final, es el que da el toque mágico, ese toque de distinción. Hay cosas indispensables que pertenecen al ámbito del corazón y, como dijo ‘El Principito’, «lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver con el corazón».

-¿Cuál es el ingrediente clave para conseguir el éxito tanto personal como profesional?

-El ego al trabajo. No conozco a nadie que haya conseguido el éxito sin trabajo, constancia y paciencia. La humildad también es importante, para que, cuando llegue el éxito, no creérselo demasiado, asumir los errores e identificar el fracaso. También son importantes los valores, como la integridad, la bondad, la amistad

En cuanto a las consecuencias de esa capacidad de decisión, marcó la diferencia entre errar y fracasar. En el primer caso, considera que se trata de cometer una equivocación, mientras que el segundo añadiría un cambio en nuestro mapa mental que nos hace dejar de creer que “hemos fracasado para pensar que somos unos fracasados”. “Si te dejas la piel, movilizas tu talento, llegas exhausto y has perdido tras dar lo mejor, ¿has fracasado?”, se preguntaba. “Para un emprendedor no existe el fracaso; el problema es que tenemos miedo al error y al fracaso y, o recuperamos una relación fácil, fluida y humilde con el error o truncamos lo que es necesario para entrar en el mercado, que está complicado”.

¿Cuál es la fórmula del éxito?

Hay que definir primero que es el éxito para ti. Si dejas que los demás definan tu éxito estás mal, ya que perseguirás el éxito de otros. Es algo que tienes que definir tu mismo, no es igual al éxito exterior.

Nada se improvisa, la espontaneidad es hija de la disciplina del esfuerzo. Si das lo mejor, puedes haber perdido, pero no fracasado, esa palabra no existe para mi.

¿Algún comentario adicional?

Hay que desarrollar tus talentos mediante el esfuerzo, la ilusión y el trabajo. La gente se aferra a algo que no existe que es la seguridad. Hay que gobernar esa vida incierta.
Nos peleamos con la realidad. La vida es incierta. Tenemos mucho más preguntas que respuestas. El hombre busca respuestas y tropieza con preguntas. El futuro no pertenece a la gente dogmática e insegura que necesita fórmulas mágicas sino que se adentra , que acepta la incertidumbre y a partir de allí trabaja. La vida no es un problema a resolver sino una aventura a disfrutar, de ti depende escoger como la veas. El partido interior es el que importa, si lo jugamos con nosotros o contra nosotros.

La educación de nuestros sentimientos

Esta semana les traigo un resumen de la entrevista que leí hace unos días a Alfonso Aguiló, Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación (IEEE) sobre la educación de los sentimientos, un tema del que muy poca gente se preocupa pero que genera un impacto grande en nuestra forma de ser.

“-Siendo tan importante la educación de los sentimientos, ¿por qué tantas personas consideran el coeficiente intelectual como el principal indicador del talento personal?

-El asunto viene de antiguo. Desde comienzos del siglo XX, se difundió mucho la idea de que el coeficiente intelectual es un dato de partida invariable y decisivo en la vida de una persona. Afortunadamente, esa idea entró en crisis hace ya bastantes años, pues está claro que poseer un elevado coeficiente intelectual puede predecir tal vez quién obtendrá éxito académico -tal como suele evaluarse hoy en nuestro sistema educativo-, pero no mucho más. No es una garantía de éxito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz.

Hay otras muchas capacidades que tienen más importancia, y entre ellas están las relativas a la educación de los sentimientos, como el conocimiento propio, el autocontrol y el equilibrio emocional, la capacidad de motivarse a uno mismo y a otros, el talento social, el optimismo, la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos de los demás, etc.

-¿Y cómo puede buscarse ese equilibrio?

-De entrada, no podemos desacreditar el corazón porque algunos lo consideren simple sentimentalismo; ni la inteligencia porque otros la vean como un mero racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntarismo. La clave está en encontrar una buena armonía.

Por ejemplo, en las últimas décadas se han declarado diversas cruzadas contra diferentes problemas que amenazan nuestra sociedad: fracaso escolar, alcoholismo, embarazos de adolescentes, drogas, violencia juvenil, etc. Sin embargo, una y otra vez se comprueba que suele llegarse demasiado tarde, cuando la situación ha alcanzado ya grandes proporciones y está fuertemente arraigada en la vida de esas personas.

Y eso sucede porque la información, siendo importante, por sí sola suele resolver muy poco. La mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas, y que les llevan a buscar refugio en esos errores.

-¿La solución entonces es educar mejor los sentimientos?

-En gran parte sí. Al hombre no siempre le basta con comprender lo que es razonable para luego, sólo con eso, practicarlo. El comportamiento humano está lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la lógica, y que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la voluntad y los sentimientos.

-Pero tener mucho corazón a veces también traiciona…

-Está claro que hay numerosos vicios y defectos que pueden coexistir con un gran corazón. Hay gente de mucho corazón que son alcohólicos, irascibles, mentirosos o poco honrados. Pero de modo general puede decirse que la riqueza y la plenitud de una persona dependen en gran medida de su capacidad afectiva.

Lo más propiamente humano es ser una persona de corazón, pero sin dejar que nos tiranice. Es decir, sin considerarlo la guía suprema de nuestra vida, sino logrando que sea la inteligencia quien se encargue de educarlo. Educarlo para que nos lleve a apasionarnos con cosas grandes, con ideales por los que merezca la pena luchar. Es verdad que las pasiones hacen llorar y sufrir, pero no por eso han de ser algo negativo, porque ¿acaso se puede dar una buena clase, o sacar adelante un proyecto importante, o amar de verdad a otra persona, desde la indiferencia? Sin apasionamiento, ¿habrían existido los grandes hombres que han llenado de luz y de fuerza nuestra historia, nuestra literatura, nuestra cultura? Educar bien nuestras pasiones nos hace más humanos, más libres, más valiosos.

-¿Y cree que la educación de los sentimientos es una tarea un tanto descuidada?

-Sí. Como ha señalado José Antonio Marina, la confusa impresión de que los sentimientos son una realidad oscura y misteriosa, poco racional, casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un considerable desinterés por profundizar en su educación. Sin embargo, los sentimientos son influenciables, corregibles, estimulables. Pueden modelarse bastante más de lo que a primera vista parece.

Es cierto que la mayoría de los sentimientos no se pueden producir directa y libremente. No podemos generar sentimientos de alegría o de tristeza con la misma facilidad con que hacemos otros actos de voluntad (como gobernamos, por ejemplo, los movimientos de los brazos). Pero sí podemos influir en nuestra alegría o nuestra tristeza de modo indirecto, preparando el terreno en nuestro interior, estimulando o rechazando las respuestas afectivas que van surgiendo espontáneamente en nuestro corazón.

-Algunos consideran que eso es esconder los sentimientos espontáneos para sustituirlos por otros que en realidad no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

-Pienso que no debe verse así, pues lo que se busca no es el falseamiento de los sentimientos, sino construir nuestro propio estilo emocional. Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida, en vez de pensar que estamos atados a un inexorable destino sentimental.

Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los correspondientes sentimientos positivos. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquellos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.

-¿Los sentimientos influyen en las virtudes?

 -Cada estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicológicamente sana, y favorece o entorpece la práctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa.”

¿Cuáles son los valores más importantes para triunfar en el trabajo?

A continuación les presento un extracto de una entrevista reciente que le hicieron a Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE, uno de los pensadores más brillantes de España y recientemente nombrado Director del BBVA en España.
Usted ha entrevistado y ha seguido la trayectoria no sólo de líderes empresariales, sino en
general de personas que han hecho frente a la adversidad. ¿Qué valores son denominadores
comunes en estas personas?
Uno de ellos es la humildad. Es un valor que maneja bien el error y maneja bien el éxito. La humildad
está educada en el aprendizaje. Te abre la mente. Estas personas cuando se han equivocado alzan
el vuelo y siguen caminando. Y cuando parece que les van bien las cosas no se lo creen demasiado.
Otro es la constancia, la gente grande llega muy lejos porque no sólo está en “el aquí” y “el ahora”.
Están pacientemente dando pasos firmes en la dirección correcta. Además es gente curiosa, y quiere
rodearse de gente de talento a su alrededor. Quieren gente brillante a su lado. Y es gente optimista, cuando tienen muchos motivos para ser pesimistas. Eligen el optimismo como mirada vital, justa. Y tienen sentido del humor. Creo que esto es un corolario natural de ser humilde. En lugar de tomárselo a la tremenda, tienen el humor como filtro para vivir. El humor realmente te salva de la depresión. No sólo es gente que cuenta chistes, sino que se ríen de sí mismos. Cobran distancia y perspectivas frente a sí mismos y deciden armar una relación comprensiva, amable con ellos mismos y para ello se requiere del humor. Una vez que te conoces, o te deprimes o te ríes.

¿Qué papel tiene el sentido del humor en el liderazgo?
El sentido del humor es el que te permite manejar el poder y no quedar pegado en sus telarañas,
porque liderazgo no es sinónimo de poder. El lenguaje es muy rico, y no porque una persona ocupe el
puesto de consejero delegado, de director general o de presidente tiene liderazgo. Tiene el poder, el
estatus, pero no la credibilidad, la influencia, el “plus” de influencia del liderazgo. Otras personas
tienen liderazgo pero a lo mejor precisamente por tenerlo no lo ven reconocido por cuotas de poder.
¿Cuánto poder tuvo Tomás Moro? Sin embargo, para mi es un referente. ¿Cuánto poder tuvo Gandhi,
en algunos pasajes de su vida? ¿Cuánto poder tuvo Mandela en la cárcel, aunque luego fuera
presidente de Sudáfrica? ¿Cuánto poder tenía Lincoln? Iba recogiendo errores tras errores, fracaso
tras fracaso hasta llegar a la presidencia. Toda esta gente son curiosamente seres sociales, solidarios
y expansivos pero que manejan muy bien su soledad. El liderazgo tiene que ver con gente que se
rodea de gente competente, influye sobre sus colaboradores pero también sabe estar en soledad. El
drama del hombre moderno es que no sabe estar solo. Con respecto al humor, si el liderazgo es un
proceso de transformación, de liberar la energía y el talento de los seres humanos a los que se dirige,
sí tiene que ver con institucionalizar los procesos de aprendizaje; dada nuestra condición humana,
nuestra fragilidad y vulnerabilidad, siempre habrá errores. ¿Cómo manejo el error, para que sea una
fuente de aprendizaje? El humor es el que te evita caer en la desesperanza, el que te evita deprimirte,
el humor es el que te permite no dimitir. Creo que el humor es la tribuna desde la que puedes
gobernar tu vida. Decía Ortega “Si quieres liderar impera sobre ti mismo”. Y para imperar sobre ti
mismo hay que ir a la base de tus carencias y entonces requieres de esa mirada amable y
comprensiva, cariñosa y simpática que es el humor.

Dueños de nuestro destino (2da parte)

Confucio decía que para ser exitoso en la vida necesitas 3 cosas:

  • Algo que hacer (que te guste tu trabajo).
  • Algo que esperar (tener proyecto personal a futuro).
  • Alguien a quien amar.

Creo que no hay una definición general para todos, ya que cada uno tiene un concepto y una forma de ver el éxito distinta. En mi caso particular, tengo 4 objetivos fundamentales en mi vida y para medir que tan exitoso soy mido cada cierto tiempo  los retos propuestos y el estado actual de los mismos para saber cuanto me he acercado a ellos. El primer objetivo gira en torno al plano espiritual, el segundo al plano familiar, el tercero al laboral y el cuarto al social.  Sin embargo, mi éxito más profundo es la relación conmigo mismo,  con mi conciencia. Es ella quien me deja dormir en paz o me tortura en la infinidad de veces que he hecho las cosas mal. No mido el éxito en términos de números, en la mayoría de los casos, se basa en la felicidad de los que me rodean, y en ganarme el respeto y el cariño de la gente cercana a mi. Si enfocamos el tema desde el punto de vista familiar, mi éxito depende de la sonrisa y bienestar de aquellas personas que forman parte de mi vida, si hablo de mi hijo, me sentiré exitoso si es que cuando tenga uso de razón pueda sentirse orgulloso de si mismo, si hablo del trabajo, mi definición de éxito estará ligada a la rentabilidad económica sobre las expectativas y al crecimiento personal y laboral del gran equipo que trabaja conmigo.

¿Y para ello, qué nos motiva? ¿Qué nos hace vivir felices? ¿Cuáles son nuestras inquietudes, sueños e ideales más profundos? ¿Qué problemas nos quitan el sueño? ¿Qué nos apasiona? La respuesta a estas preguntas es una pista segura para descubrir nuestros reales motivadores y objetivos en la vida.

Santiago Alvarez de Mon decía lo siguiente sobre lo que significa el éxito: “Para mi, es hacer las cosas y entrenar hasta el límite de mis habilidades.  Ese universo de intenciones, esfuerzos y trabajo preparado a conciencia lo controlo yo, es donde me cito a diario con lo mejor de mi persona. Los resultados, ganar, perder, las consecuencias de mi labor, los aplausos, las pifias, forman parte de otro partido en el que no llevo las riendas. Del otro sí sé  y entiendo. Desde la paz y tranquilidad que da el saber que te has vaciado íntegro, que no has dejado nada en la recámara, entonces se puede apuntar a otros tiempos y lugares por los que suele transitar y perderse el auténtico éxito.”

Tiene mucha razón, y complementando su comentario se me viene a la memoria aquella inolvidable frase de Valero Rivera, “Solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro”. Dicho de otro modo, solo ganamos, solo conseguimos el éxito, cuando nos damos el todo por el todo, cuando (como dicen los españoles) “nos jugamos la piel en la cancha”, independientemente del resultado. Éste es una consecuencia, si hacemos las cosas bien, que vendrá tarde o temprano, de nada sirve andar enfadados con el tiempo. Y eso depende exclusivamente de nosotros, de nadie más, del esfuerzo, ganas y pasión que pongamos por hacer de nuestro destino el mejor posible. Ojalá este artículo les permita pensar y volar con la imaginación, pero sobre todo aterrizar las ideas con acciones concretas que los lleven a cumplir sus objetivos, que mis palabras no sirvan más que de aperitivo para que empiece un cambio en sus formas de pensar y en sus vidas. Vale la pena.

Ideas para trabajar feliz II Parte

A continuación  la segunda y última parte de este artículo.

El estrés, ese fiel compañero de camino

Tomando en cuenta, querido lector, que en promedio nos quedan 30 años de vida laboral (10,000 días aprox), y que en el trabajo es donde pasamos la mayor parte de nuestra vida, es imperativo el descubrir cómo hacer para pasarla bien aprendiendo a manejar las variables que dependen de nosotros incluyendo, como no, a ese amigo inseparable, culpable de canas, gastritis, enfermedades y cambios de humor que es el estrés.

 Aquel brillante psicólogo, escritor y sobreviviente a Auschwitz, Victor Frankl decía que lo que el hombre realmente necesita no es vivir sin tensiones, sino esforzarse y luchar por una meta que le merezca la pena. El hastío es hoy causa de más problemas que la tensión y, desde luego, lleva más casos a la consulta psiquiátrica.

 Existe actualmente una idea de que el estrés debe eliminarse a cualquier costo para vivir una vida relajada, sin embargo, lo curioso es que cuanto más lo intentamos, más estresados acabamos. La vida sin estrés no sería vida. Estamos tan presionados para evitarlo que nos perdemos el placer que conlleva afrontar desafíos estimulantes.

 Stone Zander, nos dice que el problema no es nuestra exposición al estrés – un despertador que nos saca de la pereza y la somnolencia – sino nuestra escasa capacidad para responder a sus demandas y requerimientos. “No existe el mal tiempo, sino ropa inapropiada”. Si no me abrigo bien cuando hace frio, sino saco el paraguas cuando llueve, el problema no es el clima, sino mi imprudencia e insensatez al salir de casa. Si no aprendemos a vivir en la incertidumbre, a nadar en aguas movedizas, a desvelar misterios eternos, el estrés es un ladrón que nos roba salud, paz, alegría, tiempo y concentración. La gente dice que la vida moderna es estresante, pero el estrés no es una característica de la vida ni del tiempo, sino de las personas. El estrés no llega desde el entorno, viene de las mentes de los estresados. Sufrimos desde el pensamiento. Hacemos ciertos supuestos sobre el mundo y nos quedamos apegados a esos supuestos.

 Noto los primeros síntomas de estrés cuando llego a casa y sigo conectado mentalmente al trabajo. Son ocasiones cuando necesito encontrar el equilibrio. Las salidas o el deporte pasan entonces no a ser una diversión, sino un punto más en mi agenda. Empiezo a querer estructurar todo, a controlar todo para tenerlo equilibrado.

 Una genial maestra es la película “La Vida es bella”. En ella el padre, se esfuerza heroicamente por ahorrarle sufrimientos a su hijo y le hace creer que todo es una comedia. Gracias al “payaso” de su padre, no será perjudicado con ningún trauma de tremenda experiencia. Mantenerse fuertes en la adversidad, esconder tus debilidades y saber enfocarte en tus puntos fuertes es una manera inteligente de gestionar el estrés.

 Conclusiones

Mi meta laboral para este 2011 es ayudar a formar una empresa muy competitiva, muy rentable para el accionista y para los que trabajan en ella; con un nivel de gestión de máxima eficiencia, pero cuyo índice final para definirla como verdaderamente exitosa sea la “sonrisa y bienestar” de aquellas personas que dan sentido a mi vida, que son mi familia. A eso aspiro, nada  más…y nada menos. Todos queremos trabajar en una empresa que rompa esquemas, que rompa paradigmas, que rompa records de ventas, utilidades, bonos, pero quizá sea uno de los temas más importantes y descuidados es el enfocarse en que rompa records de satisfacción de la gente que forma parte de ella. Eso depende en gran parte de nosotros, y como bien dice el dicho que aplica en los matrimonios, mi felicidad depende de la felicidad de mi mujer, luego, debería estar más enfocado en hacerla feliz a ella que a mi. Extrapolando esa realidad, si quiero ser feliz en mi trabajo, debiera enfocarme mucho más en hacerlo llevadero y divertido a los demás.

 ¿Y cuál es la fórmula? Inviertan más en la persona que en el profesional. Ayudaría bastante comenzar haciendo algo de arqueología interior para conocer nuestros puntos fuertes y nuestras áreas de mejora, las competencias y valores que nos faltan y una vez identificados éstos últimos trazarse un plan concreto para adquirir los que nos falten y potenciar las que tenemos en un nivel bajo a través de un plan de mejora personal que implique el desarrollo de actividades concretas, practicarlas (la única forma de adquirirlas es con la repetición continua de la misma), y controlar los resultados cada cierto tiempo. El trabajo perfecto será perfecto si nos hace felices, si nos reta, no si somos gerentasos, o si recibimos un sueldaso, son variables que ayudan pero no definen el nivel de satisfacción.

 Como decía Tony Robbins, acaso el gurú más famoso en temas de motivación hoy en día. “El secreto del éxito en el trabajo, consiste en aprender a usar el sufrimiento y el placer, en lugar que permitir que éstos, le utilicen a uno. Si se hace así, ejercerá el control no sólo sobre su trabajo sino también sobre su propia vida. Si no, la vida le controlará a uno.”

 Los animo a trabajar, vivir y soñar apasionadamente ya que cuando uno encuentra el balance perfecto entre esas tres variables, definitivamente se vive mejor, y de eso se trata la vida. Son momentos inolvidables, instantes muy cortos en los que emociones y sentimientos humanos quedan grabados a fuego de manera indeleble en la memoria. No dudo que en nuestro trabajo han habido muchos de esos acontecimientos centrales y definidores. Yo creo que los mejores momentos de nuestras vidas son aquellos que vienen como resultado de nuestro  esfuerzo al límite en cuerpo y alma para conseguirlos y es que mientras más nos ha costado, más valoramos lo que conseguimos. Eso es lo mejor que tienen los sueños imposibles, que a base de esfuerzo, perseverancia, talento y la ayuda de Dios, se hacen posibles. El simple hecho de soñar despiertos, ya es triunfar.

Lecciones para trabajar mejor de un número uno del mundo: Rafa Nadal

rafael_nadal-fullLa semana pasada leyendo los artículos del Boletín mensual de Wharton, una de las más prestigiosas escuelas de negocio en el mundo, me encontré con este artículo escrito sobre el Rafa Nadal, el mejor tenista del mundo en la actualidad.

 

Me pareció muy curioso porque uno suele tener la idea de que este tipo de personas son superdotadas que nacieron así y que conseguir ese tipo de logros se les hace fácil porque ya nacieron con ese don especial. Y la verdad es que al leer este artículo que sigue a continuación se darán cuenta de que poco de eso ocurre realmente. La escuela de negocios IESE, se ha encargado de utilizar su figura para analizar la importancia de identificar y gestionar el talento desde la infancia.

 

Pero, ¿qué puede aprender un trabajador como cualquiera de nosotros de Rafa Nadal? Según el IESE, hay diez lecciones claves:

 

  1. Talento. Cada persona nace con un talento diferente. La clave está en elegir una profesión que permita desarrollarlo. Si bien el talento está marcado por la genética, es necesario entrenarlo para que aflore con fuerza. Rafa Nadal empezó a jugar al tenis con cinco años, a los siete ganó su primer campeonato, a los doce se proclamó campeón de Europa en su categoría y a los 22 años fue proclamado número uno del mundo.
  2. Carácter. El tenista español es un ejemplo de cómo un carácter fuerte y decidido puede impulsar una carrera hasta la cima. Junto al talento, el carácter es el segundo motor de un tándem invencible.
  3. Aprendizaje. En el deporte y en la empresa, es necesario tener una relación natural con el error y estar dispuesto a emprender. En Nadal, no todo es técnica, sino también control mental e inquietud por aprender constantemente. Hasta desbancar a Federer como número uno del mundo, el español fue derrotado en varias ocasiones por su rival.
  4. Valores. Antes de llegar a ser el número uno, hay que trabajar valores como la humildad para tener raíces sólidas para afrontar el éxito, pero también para saber diferenciar a la persona que está detrás del personaje deportivo y mediático.
  5. Equipo. Un tenista es un ejemplo de un competidor en solitario en la pista, pero siempre cuenta con un equipo que le apoya. El entrenador o el manager ejercen como asesores fuera del terreno de juego, pero una vez que el partido ha comenzado, la responsabilidad recae íntegramente en el tenista, al igual que en el ejecutivo. En la soledad del poder, siempre hay compañía en la sombra.
  6. Mentalidad positiva. Hay deportistas que pierden un partido antes de jugarlo. El secreto radica en ver el problema y convertirlo en oportunidad, aunque para eso, además de perspectiva, también hay que ejercitar la fortaleza mental para dar lo mejor en los momentos más difíciles.
  7. Entorno. El entorno familiar es clave no sólo a la hora de recordar a una estrella mediática quién es y de dónde viene, sino también cuando se está forjando su personalidad.
  8. Coach. Una persona con talento suele ser la última en darse cuenta que lo tiene. La labor del buen coach es identificarlo, seleccionarlo y adiestrarlo correctamente para que éste se desarrolle. En el caso de Nadal, fue su tío Tony quien descubrió el talento del pequeño cuando éste tenía tres años y, al final, se convirtió en el entrenador del número uno del mundo.
  9. Presión. La única forma de soportar la presión de la alta competición es relativizar y saber que hay algo más que ganar una copa.
  10. Colaboradores. El riesgo de un alto ejecutivo o de un deportista de élite es rodearse de gente que sólo dice lo que uno quiere oír.

 

Radiografía del profesional exitoso

Una de las preguntas que más suelo hacerme y a la vez responder en mi trabajo es sobre las cualidades que debería tener el profesional exitoso. Y es que hace pocos años el perfil que se pedía era completamente distinto al de ahora. Antes bastaba con terminar en una universidad o instituto de cierto prestigio y tener experiencia. Al poco tiempo, se exigía también además un post grado llámese Maestría o especialización en algún campo en especial. Pero resulta que ahora, ya hay muchos que cumplen con ese perfil, y las empresas se han vuelto más exquisitas para reclutar personal.

 

¿Qué más se pide hoy en día? Que el profesional tenga habilidades o competencias y valores. En cuanto a las competencias, las hay de muchos tipos, pero para efectos prácticos las clasificaré en dos, las personales y las sociales. Las personales se refieren a la capacidad de las personas para tomar decisiones, saber negociar, liderazgo y pensamiento estratégico (ver el panorama completo, a mediano y largo plazo). Si no saben que significa cada una de estas cosas, con gusto pueden escribirme comentarios y puedo enviarles artículos o libros relacionados o bien pueden buscar en Google, ya que además todo esto les servirá para su vida personal y familiar, más allá de su vida laboral. En relación a las competencias sociales las más importantes que las empresas piden son el manejo de conflictos, trabajo en equipo e inteligencia emocional. La relación con los demás es muy importante, ya sea con compañeros de trabajo, subordinados o jefes. Muchas veces se tiende a pensar que el jefe tiene que tratar como capataces al equipo que tiene a cargo para imponer respeto. Nada más falso. Un jefe que dice que es el jefe es una mala señal, implica que el liderazgo en ese jefe ya está por los suelos.

 

Por otro lado están también los valores. Deben ser personas íntegras, de una sola pieza.  Que no trabajen por trabajar, sino que ese trabajo trascienda, tenga motivos más allá de ganar dinero. Hicieron una encuesta en España hace poco en la que le preguntaron a los empleados que le pide al trabajo. Y las respuestas más saltantes fueron independencia económica, posibilidad de expresar su talento, y que los deje vivir de Sábado a Domingo. ¿Por qué la gente se ha acostumbrado a eso? Con esa forma de pensar ven al trabajo como un castigo, cuando es el lugar donde pasan la mayor parte de su tiempo, por ende lo más inteligente debiera ser buscar enamorarse del mismo para disfrutar lo que hacen.

 

Dejaré que esta pregunta sobre como es el profesional exitoso de hoy en día la conteste también Santiago Álvarez de Mon, uno de los principales profesores IESE de España, actualmente considerada como una de las tres escuelas de negocios más prestigiosas del mundo, en una reciente entrevista que le hicieron.

 

“El profesional exitoso debe ser un experto en el tema que maneja, tener capacidad de expresión, ser una persona íntegra, honesta, con carácter, que sea capaz de gestionar la impopularidad de decisiones correctas pero a veces difíciles de tomar. Si no lo es, le hace la vida bastante miserable a los que le soportan y trabajan con él todo el día.  Apasionados por su trabajo y que pasen la página del éxito con rapidez.

 

Con 2 o 3 ideas muy claras, los cimientos morales son intocables, con raíces familiares muy fuertes, aunque también los hay quienes vienen de familias rotas pero hicieron ganancia, la adversidad la mudaron en abundancia.

 

Uno de los valores principales que debe tener es la humildad. Es un valor que maneja bien el error y maneja bien el éxito. La humildad está educada en el aprendizaje. Te abre la mente. Estas personas cuando se han equivocado alzan el vuelo y siguen caminando. Y cuando parece que les van bien las cosas no se lo creen demasiado. (El torpe es el que cree que nunca se equivoca. El inteligente es el que se da cuenta cuando se equivoca, pero más inteligente cuando lo corrige, y más aun cuando pide disculpas.)

 

Otro es la constancia, la gente grande llega muy lejos porque no sólo está en “el aquí” y “el ahora”. Están pacientemente dando pasos firmes en la dirección correcta. Además es gente curiosa, y quiere rodearse de gente de talento a su alrededor. No se “comparan con”, sino que “quieren aprender de”.

 

Quieren gente brillante a su lado. Y es gente optimista, cuando tienen muchos motivos para ser pesimistas. Eligen el optimismo como mirada vital, justa. Y tienen sentido del humor. Creo que esto es un corolario natural de ser humilde. En lugar de tomárselo a la tremenda, tienen el humor como filtro para vivir. El humor realmente te salva de la depresión. No sólo es gente que cuenta chistes, sino que se ríen de sí mismos. Cobran distancia y perspectivas frente a sí mismos y deciden armar una relación comprensiva, amable con ellos mismos y para ello se requiere del humor. Una vez que te conoces, o te deprimes o te ríes.

 

El sentido del humor es el que te permite manejar el poder y no quedar pegado en sus telarañas, porque liderazgo no es sinónimo de poder. El lenguaje es muy rico, y no porque una persona ocupe el puesto de consejero delegado, de director general o de presidente tiene liderazgo. Tiene el poder, el estatus, pero no la credibilidad, la influencia, el “plus” de influencia del liderazgo. Otras personas tienen liderazgo pero a lo mejor precisamente por tenerlo no lo ven reconocido por cuotas de poder. ¿Cuánto poder tuvo Gandhi, en algunos pasajes de su vida? ¿Cuánto poder tuvo Mandela en la cárcel, aunque luego fuera pesidente de Sudáfrica? ¿Cuánto poder tenía Lincoln? Iba recogiendo errores tras errores, fracaso ras fracaso hasta llegar a la presidencia.

 

Toda esta gente son curiosamente seres sociales, solidarios y expansivos pero que manejan muy bien su soledad. El liderazgo tiene que ver con gente que se rodea de gente competente, influye sobre sus colaboradores pero también sabe estar en soledad. El drama del hombre moderno es que no sabe estar solo.

 

Con respecto al humor, si el liderazgo es un proceso de transformación, de liberar la energía y el talento de los seres humanos a los que se dirige, sí tiene que ver con institucionalizar los procesos de aprendizaje; dada nuestra condición humana, nuestra fragilidad y vulnerabilidad, siempre habrá errores. ¿Cómo manejo el error, para que sea una fuente de aprendizaje? El humor es el que te evita caer en la desesperanza, el que te evita deprimirte, el humor es el que te permite no dimitir. Creo que el liderazgo es un encargo universal que nos afecta a todos. El liderazgo es también el liderazgo de un ama de casa modesta, el liderazgo de un maestro que te hace perder el miedo a las matemáticas, el liderazgo de un médico en su consulta, que no sale en los periódicos pero que son ejercicios de influencia sobre el ser humano. Si yo fuera el directivo de una empresa, lo que me agradaría hacer es asimilarme al jardinero en un ambiente donde las plantas puedan crecer, y donde ellas crecen si tú les dejas.

 

Por último, un buen profesional es aquel que no está acostumbrado y centrado en el winner y el loser. Hoy puedo ser campeón, soy winner y mi ego engorda, pero mañana soy loser y me deprimo. Pero esto no es así, el concepto de éxito tiene que basarse en algo más profundo, en algo más sólido. ¿Quién define el éxito? Si lo define tu lugar en el campeonato te vas a ir a la infamia o a la depresión. Pero si soy yo quien define el éxito, seré ganador siempre. Yo he visto a mi hijo ganar partidos de tenis y le he dicho “Hoy has ganado, pero has jugado al tenis sin disfrutar” Y ha habido veces que se me ha caído la baba y realmente ha ganado el partido. Y él me dice “papá, pero si he perdido” Y yo le respondo “¿Te lo has pasado bien? ¿Has jugado tu mejor tenis, has aprendido? ¡Pues has ganado!”. El partido importante es el que se juega dentro. No estoy diciendo que no seamos ambiciosos y que no queramos ganar el partido, pero es que hay muchos partidos que sólo se pueden ganar con los demás, no contra los demás.”

Carta para trabajar mejor

Nuestra vocación profesional es una de las variables que más debemos tener en cuenta a la hora de pensar en ideas para mejorar. Y es que en nuestro trabajo pasamos la mayor cantidad de horas del día, es la fuente de nuestros recursos económicos, puede ser también la fuente de satisfacción o insatisfacción de muchos que se sienten que han triunfado o también fracasado según sea el caso. Es por ello que conviene estar siempre atentos de cómo trabajar mejor, como ser más productivos. De ello dependerán nuestros ascensos, nuestra línea de carrera y en algunos casos nuestro nivel de recompensa.

 

Buscando algunas ideas concretas que nos sirvan para trabajar mejor, encontré en la web, una carta de mejores deseos que un trabajador escribe y que me pareció muy interesante como para publicarla en este espacio. Ustedes perdonen que vuelva con el mismo autor, el profesor del IESE Santiago Alvarez, pero es realmente espectacular su visión del mundo, su facilidad para plasmar en pocas palabras y con una nitidez y verso privilegiado, lo que a muchos nos cuesta decir. Mi sugerencia es que la lean varias veces, y pongan un plan para ver como la ponen en práctica, ya que cada petición es todo un objetivo a mejorar. A continuación un extracto:

 

“Que mis jefes no se obsesionen con motivarme, de eso me encargo yo. Que se limiten a diseñar un ambiente profesional grato, desafiante, justo y libre. Que no se confunda horas de presencia física con tiempo de calidad, recurso carísimo en esta sociedad dispersa. Que otras dimensiones de mi persona –familia, amigos, cultura, deporte…– sean atendidas como merecen.

 

Que tenga la personalidad para manejar soledades, para elegir un no constructivo y leal, contraste independiente de mis síes. Que aprenda a dominar el arte de vivir, clave esencial para doctorarme en el oficio de dirigir. Que mi razón y corazón hagan la paz, base de la credibilidad y persuasión personales.

 

Que mi mente hiperactiva escuche los recados de mi cuerpo, prematuramente avejentado. Que no me tome mi trabajo tan en serio, que la persona que soy gobierne con mano firme al personaje que represento. Que quien quiera que soy se dé cuenta de que estoy de paso, que aprenda a reírme de mí mismo, la última y gran asignatura que sólo los sabios aprueban con nota.

 

Pensaréis Majestades que me he pasado. Ahora que sólo se habla de derechos, os prometo hacer mis deberes. El resto lo confío en vuestras manos. Hasta el año que viene.

 

Captar y sentir la corriente del río humano, atraer y gobernar el talento de mi empresa, conocer y educar a mis hijos, mantener una relación amable conmigo mismo, renovando mi equipaje intelectual, emocional y espiritual, son tareas cruciales que, pese a su naturaleza y jerarquía, un día sí y otro también son arrinconadas en la vorágine de días clonados en serie.”

 

Que la suerte no vuelva más!!!!

3Hace poco veía en la televisión uno de los mejores comerciales que he visto en años, que lo ha hecho la cerveza Franca: http://www.youtube.com/watch?v=6EV_1t-HoFU Recomiendo que lo vean varias veces. Encierra un mensaje para recordar, y justamente una de sus frases es “Que la suerte no vuelva más”. Y no es que sean unos masoquistas los que la hicieron, sino que nos ayuda a pensar que el éxito y la felicidad que todos perseguimos no es cuestión de suerte, es cuestión de esfuerzo.  

Es necesario planificar, implementar, controlar, aprender de los errores, porfiar y perseverar, para luego dejar que venga la “diosa fortuna”, la “suerte”, ya que normalmente ésta se suele aparecer cuando se han hecho bien todos los pasos previos y cuando uno se esfuerza, y trabaja bien y a conciencia. 

La suerte sola, no sirve para nada, así como viene se va. Crea falsas, distorsionadas visiones de lo que muchos llaman éxito o felicidad, pero que en realidad no lo es, a lo mucho son momentos pasajeros, que se van y ya no regresan. Y es que la verdadera felicidad, cuesta, y cuesta mucho, viene disfrazada en muchos casos de lucha, de esfuerzo, de sufrimiento y dolor. Al respecto, y ya que estamos próximo a entrar en Semana Santa, copio una frase textual de un santo de nuestros tiempos: San Josemaría “Os hablaba antes de dolores, de sufrimientos, de lágrimas. Y no me contradigo si afirmo que, para una persona que busque amorosamente a Jesús, es muy distinto el sabor de las tristezas, de las penas, de las aflicciones: desaparecen en cuanto se acepta de veras la Voluntad de Dios, en cuanto se cumplen con gusto sus designios, como hijos fieles, aunque los nervios den la impresión de romperse y el suplicio parezca insoportable.” 8

Aunque nos cueste aceptarlo, la realidad y el pasado confirman que todo lo que vale cuesta, y cuesta mucho, lo que fácil llega, fácil se va. A los que buscan las cosas fáciles, o que se creen con suerte para conseguirlas sin esfuerzo, la vida les pasa la factura, tarde o temprano. El otro extremo es también malo, es decir, cuando nos obsesionamos con el éxito, con alcanzarlos a de cualquier manera. Relacionado a este tema decía el Papa Benedicto hace unos días lo siguiente: “La conquista del éxito, la obsesión por el prestigio y la búsqueda de las comodidades, cuando absorben totalmente la vida hasta llegar a excluir a Dios del propio horizonte, ¿llevan verdaderamente a la felicidad? ¿Puede haber felicidad auténtica prescindiendo de Dios? La experiencia demuestra que no se es feliz por el hecho de satisfacer las expectativas y las exigencias materiales. En realidad, la única alegría que llena el corazón humano es la que procede de Dios: tenemos necesidad, de hecho, de la alegría infinita. Ni las preocupaciones cotidianas, ni las dificultades de la vida, logran apagar la alegría que nace de la amistad con Dios. La invitación de Jesús a cargar con la propia cruz y a seguirle en un primer momento puede parecer algo duro y en contra de lo que queremos, mortificador para nuestro deseo de realización personal. Pero si lo analizamos con más atención, nos damos cuenta de que no es así. “

Decía S. A. Pan de Soraluce que el éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide. Curiosamente, obtiene resultados espectaculares el que pasa de ellos, su mirada se dirige a la sustancia de su oficio.

En su libro, mencionaba las palabras de Andrea Bocelli, ese gran tenor italiano, invidente, “La idea de hacer todo lo humanamente posible, buscando con todas sus fuerzas cómo mejorar a través del estudio y el trabajo diarios, le hizo estar en paz con su propia conciencia”.  Esa persona del singular es él mismo, así pone un poco de distancia y supera su timidez. El trabajo lo ve como un factor decisivo para recuperarse y ganarle la partida a la adversidad. Aunque si solo hay trabajo en la vida humana, el cansancio, el estrés, el desequilibrio y hasta el aburrimiento reduccionista nos acechan y maniatan. Pero si no hay trabajo, si se elude todo vestigio de esfuerzo y sudor, difícilmente la paz nos anuncia su llegada. Y si finalmente lo hace, su vuelo será como el de una cometa ligera y caprichosa que vuela errática.  

El coraje y el optimismo son primos hermanos de la paciencia, ésta no nace por generación espontánea. A primera vista, fiable y testaruda, la dejas solita sin el escudo del optimismo como decisión y coraje como actitud y hasta ella se marchita y se apaga como una vela. Esta podría ser una buena lección para un mundo impaciente e intransigente que, mide sus proyectos en términos de semanas, como la bolsa de valores, a incluso de días. A la vida hay que darle una oportunidad, con visiones cortoplacistas y guiños nerviosos no se deja seducir, no acaba de mostrar su mejor cara. A muchos de nosotros, nos hace buena falta que invidentes como Bocelli, nos enseñen a mirar y comprender la realidad.” 

Ante ese comentario estupendo de Pan de Soraluce, no me queda mucho por agregar, sino más bien, terminar con aquella frase que se me quedó grabada del comercial: “Y  saben que le digo a la suerte, que no vuelva más, que aquí en el Perú con nuestro esfuerzo, nos basta y nos sobra.!!!”

¿Buena suerte? No gracias. ESFUERZO!!!!