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El factor X del éxito

Liderazgo y decisión son dos de los principales ingredientes para tener éxito. Cualquier compañía que cuente con gerentes capaces de tomar las decisiones adecuadas tendrá en sus manos la capacidad de triunfar. Pero, ¿Qué otros factores inciden en el desarrollo profesional de un trabajador?

 

Se publicó recientemente en la revista Psychology Today un artículo en el que se trataba de definir el factor X del éxito. A continuación un resumen obtenido del servicio de resumidos www.derevistas.com ya que me pareció muy útil.

 

En toda universidad o escuela elemental hay siempre alguien que se diferencia por su personalidad especial, más allá de su inteligencia, talento o belleza. Los franceses lo llaman “je ne sais quoi” (“un no sé qué”), pero en realidad contamos con términos para nombrarlo: carisma, chutzpah, joie de vivre y gracia. Estos son los factores X que escapan a toda definición si bien los reconocemos en la gente que admiramos.

 

Los psicólogos han relegado siempre atributos como el chutzpah y el carisma en parte porque son difíciles de definir. Si bien requiere de mucho esfuerzo para cultivarla, la gracia es la más fácil de aprender a través de disciplina mental y emocional. Por otra parte, el carisma es algo que se tiene o no se tiene, pero puede ser potenciado. Todo el mundo puede tener chutzpah, pero pareciera correr sólo por las venas de unos cuantos. Todos podemos incrementar estos factores.

 

1. Carisma: consiste en un conjunto de elementos, tales como: expresividad, sensibilidad, control, elocuencia, visión y confianza. Rakesh Khurana, profesor de comportamiento organizacional de la Escuela de Negocios de Harvard, señala que las compañías estadounidenses buscan nuevos líderes con carisma, pues, en mercados inciertos, el gerente general carismático propicia un alza en los precios accionarios. Sin embargo, esta situación no dura mucho tiempo, pues el carisma tiene más que ver con la imagen que proyectamos que con nuestras habilidades innatas.

 

2. Chutzpah: la chutzpah nos deja boquiabiertos porque desafía el conformismo. Es un comportamiento que traspasa las normas sociales por el simple hecho de traspasarlas. Es el afán por no contentarse y querer mejorar cada día más en todo lo que hacemos. En mayo de 1998, tres docenas de los mejores investigadores del Proyecto Genoma Humano se reunieron con Craig Venter, uno de los biólogos del proyecto. Todos estaban furiosos con él, pues había comenzado un proyecto que pondría en tela de juicio la investigación biológica más importante del siglo XXI. ¿Qué desató la ira de los colegas de Venter? Este sugirió que daría un paso al frente: descifraría el genoma humano. No se conformaba como sus colegas con dar el paso previo de descifrar el genoma de un ratón.

 

3. Gracia: la gracia es el factor X más silencioso. Además, es quizá el único en el que el poder de la persona no amenaza la sustancia de lo dicho o hecho. La gente graciosa trasciende su vida privilegiada para conectarse con el público. Así pues, en vez de sucumbir ante su propia rabia, Jackie Kennedy permitió estoicamente que su hijo diera aquel famoso saludo en el funeral de su padre. Esto conectó a todos los estadounidenses.

Carta para trabajar mejor

Nuestra vocación profesional es una de las variables que más debemos tener en cuenta a la hora de pensar en ideas para mejorar. Y es que en nuestro trabajo pasamos la mayor cantidad de horas del día, es la fuente de nuestros recursos económicos, puede ser también la fuente de satisfacción o insatisfacción de muchos que se sienten que han triunfado o también fracasado según sea el caso. Es por ello que conviene estar siempre atentos de cómo trabajar mejor, como ser más productivos. De ello dependerán nuestros ascensos, nuestra línea de carrera y en algunos casos nuestro nivel de recompensa.

 

Buscando algunas ideas concretas que nos sirvan para trabajar mejor, encontré en la web, una carta de mejores deseos que un trabajador escribe y que me pareció muy interesante como para publicarla en este espacio. Ustedes perdonen que vuelva con el mismo autor, el profesor del IESE Santiago Alvarez, pero es realmente espectacular su visión del mundo, su facilidad para plasmar en pocas palabras y con una nitidez y verso privilegiado, lo que a muchos nos cuesta decir. Mi sugerencia es que la lean varias veces, y pongan un plan para ver como la ponen en práctica, ya que cada petición es todo un objetivo a mejorar. A continuación un extracto:

 

“Que mis jefes no se obsesionen con motivarme, de eso me encargo yo. Que se limiten a diseñar un ambiente profesional grato, desafiante, justo y libre. Que no se confunda horas de presencia física con tiempo de calidad, recurso carísimo en esta sociedad dispersa. Que otras dimensiones de mi persona –familia, amigos, cultura, deporte…– sean atendidas como merecen.

 

Que tenga la personalidad para manejar soledades, para elegir un no constructivo y leal, contraste independiente de mis síes. Que aprenda a dominar el arte de vivir, clave esencial para doctorarme en el oficio de dirigir. Que mi razón y corazón hagan la paz, base de la credibilidad y persuasión personales.

 

Que mi mente hiperactiva escuche los recados de mi cuerpo, prematuramente avejentado. Que no me tome mi trabajo tan en serio, que la persona que soy gobierne con mano firme al personaje que represento. Que quien quiera que soy se dé cuenta de que estoy de paso, que aprenda a reírme de mí mismo, la última y gran asignatura que sólo los sabios aprueban con nota.

 

Pensaréis Majestades que me he pasado. Ahora que sólo se habla de derechos, os prometo hacer mis deberes. El resto lo confío en vuestras manos. Hasta el año que viene.

 

Captar y sentir la corriente del río humano, atraer y gobernar el talento de mi empresa, conocer y educar a mis hijos, mantener una relación amable conmigo mismo, renovando mi equipaje intelectual, emocional y espiritual, son tareas cruciales que, pese a su naturaleza y jerarquía, un día sí y otro también son arrinconadas en la vorágine de días clonados en serie.”

 

¿Disculpas? No gracias, arrepentimiento

3Hace poco leí en la revista INC un artículo en el cual se hablaba de la importancia de saber pedir disculpas correctamente. Y es que a nadie le gusta confesar sus errores, y muchos de nosotros nos resistimos  a ello. No es que sea muy complicado pero exige una cuota grande de humildad, virtud muy devaluada en estos tiempos y que sin embargo es una de las principales para saber destacar como persona.  

Lo cierto es que el simple hecho de decir “perdón” sirve de muy poco a la persona agraviada si es que éste no viene acompañado de un gesto que indique el arrepentimiento, pero sobre todo de una actitud y un compromiso, no con el otro, sino con uno mismo, de no volver a fallar en ese aspecto. 

En el artículo publicado, se explica que un grupo de profesores de la Universidad de Ohio analizó recientemente cuáles son los componentes de una disculpa. Los investigadores les pidieron a 90 estudiantes de negocios que imaginaran que el dueño de otra compañía les hacía perder dinero. Luego les presentaron a los 90 estudiantes diversas disculpas y compararon qué tan bien fueron recibidas estas últimas.  Los investigadores descubrieron que las disculpas menos efectivas son aquellas en las que la persona no asume su responsabilidad por los errores y trata de mitigar el problema con algún tipo de compensación (por ejemplo, un descuento sobre futuras compras).

Las disculpas son más efectivas cuando la parte ofendida asume la responsabilidad por sus actos, explica cuál es el origen del problema, muestra cómo evitará el problema en el futuro y ofrece, si es apropiado, alguna forma de compensación.  ¿Nos hemos puesto a pensar cuanta gente tenemos a nuestro alrededor que está esperando unas sinceras disculpas de parte nuestra? Bueno pues, es un buen momento para disculparnos, pero de corazón, no para quedar bien, sino para estar tranquilos con nuestra propia conciencia. Vale la pena. ¿Lo intentamos?