Archivo de la etiqueta: superación

Mindfood: Charlas de calidad al alcance de todos

Gracias a las sugerencias de algunos de ustedes, he creado con otro amigo Mindfood, una organización que busca democratizar el conocimiento y transformar a la gente brindando a través de conferencias, conceptos y herramientas en los temas que ayudan a mejorar en el día a día.

Una vez al mes, se realizarán conferencias sobre temas como Felicidad, Superación, Marketing Personal, Competencias Directivas, Administración de carrera, Formación de los hijos, Clima Familiar, Finanzas personales, etc, a cargo de expertos y a precios accesibles. Contamos con más de 20 conferencistas expertos en dichos temas, quienes además de tener un sólido expertisse tienen el don de saber compartirlo con ideas fácilmente aplicables.

Las Conferencias de este Sábado 3 de Diciembre

Esta sesión se basa en la Superación personal, está dirigida a hombres y mujeres, autodidactas curiosos de cualquier edad interesados en mejorar. Será en el Cineplanet Alcazar, en el Ovalo Gutierrez, Miraflores, Lima, Perú. El costo es de 150 soles. Es de 9am a 1pm.  Las entradas se pueden comprar ingresando a www.mindfoodperu.com o en la misma sala el Sábado 3 (sujeto a espacio y solo para pagos en cash).

 

La primera conferencia estará a cargo de Rafael Zavala, Gerente General de Laborum Perú.

¿Cómo convertir el trabajo que tienes en el trabajo que sueñas? 9:00 am a 10:45 am. 

 “Que importante es reinventar tu trabajo cada día, crearte tus propios retos, saberse dueño de tu propio destino, soñar con una forma de trabajar que incluya esfuerzo, pasión y diversión, porque así se trabaja y se vive mejor.”

Todos tenemos etapas en el trabajo que por más interesante que sea, se vuelve rutinario, aburrido, lo cual nos lleva a mirar otros trabajos o peor aun a bajar nuestro nivel de rendimiento, con los riesgos que ello implica. En todos los trabajos y en todas las posiciones, no importa la jerarquía, puede aparecer la rutina, esa arma de doble filo que nos lleva a la mediocridad. En esta conferencia, Rafael brindará herramientas y fundamentos prácticos para sobreponerse y vencerla. Ingredientes necesarios son la planificación estratégica de tu vida, el vivir valores como la automotivación, la actitud, la resiliencia, la ilusión, el orden mental. Empezar a conocerlos y vivirlos puede ser nuestra tarea más inaplazable.

Rafael Zavala Batlle

Es Gerente General de Laborum Perú. Asimismo es Profesor extraordinario del Programa de Alta Dirección de la Universidad de Piura y Director Secretario General de la Asociación de Centros Comerciales del Perú. (ACCEP). Ha sido Gerente de Marketing del Jockey Plaza, Gerente de Inversiones de Peruval Corp, Jefe de Compras de Lan Peru y Asesor de la Presidencia del Centro Comercial Boulevard de Asia.

Ha dictado talleres y conferencias en más de 15 Programas de Maestría y Universidades en el Perú, así como entrevistas a nivel internacional. Autor del libro “Aprende a ser feliz” con más de 3 mil ediciones vendidas y del blog “Ideas para vivir mejor” www.rafaelzavala.com con más de 2 millones de visitantes. MBA y Licenciado en Administración de Empresas. Ha seguido un Programa de Competencias Directivas en el IESE de España y un Programa de Dirección en el Arizona State University.

La segunda conferencia, estará a cargo de Paul Ingebretsen, Gerente General del Westin Lima Hotel and Convention Center.  “De Lavaplatos a Gerente General”

“Si yo pude, usted puede”

En esta conferencia Paul compartirá las razones que lo llevaron a ascender en cada una de las empresas en  las que estuvo, aportando ideas practicas y aterrizables, enfocándose en conceptos relacionados

a la calidad del servicio, el como mantener y mejorar las relaciones interpersonales, inteligencia

emocional y otras competencias necesarias que los profesionales hoy en día deben aprender y ejercitar

para lograr el éxito no solo profesional, sino personal y familiar, en el futuro.

Paul es Gerente General del Westin Lima Hotel & Convention Center.   Cuenta con una gran experiencia a cargo de hoteles de cinco estrellas en todo el Continente entre los que destacan el Hilton y el Presidente Intercontinental, entre otros, y en los que ha sido premiado como Empleado del Año y Gerente del Año en más de una oportunidad, a lo largo de su carrera hotelera. Asimismo, posee una amplia trayectoria como docente reconocido en universidades en Latinoamérica como la de Cuauhtémoc en San Luis Potosí, del Valle de México y Rafael Landívar, entre otras

Estudió Administración de Hoteles y Restaurantes en la Washington State University, USA y realizó postgrados en el Tecnológico de  Monterrey, México, así como en la Cornell University School USA.  Llegó a Perú para abrir el primer hotel Westin en Sudamérica, que inició operaciones en el mes de mayo último con un equipo de más de 390 colaboradores.

Cuando tenemos un por qué vivir, soportamos cualquier como

Hoy en día se habla mucho sobre la crisis mundial que supuestamente está por venir, sin embargo, hay crisis mucho más importantes e impactantes que esa, la crisis personal, también llamada adversidad. ¿Alguien puede decir que no conoce la adversidad? Una “exigente maestra” que se suele presentar a distancia de días disfrazada de muerte de un ser querido, despido, desilusión, angustia, etc.  Muchos la evitamos a como sea, pero ¿Cómo seríamos si no hubiésemos tropezado con la adversidad? Seguramente orgullosos, superficiales, y probablemente no tan felices. Dicen que quien no ha pasado un gran sufrimiento, no ha conocido una gran felicidad, ya que es justamente en los cambios de un estado a otro cuando la valoras. Una persona que siempre ha tenido todo en su vida, probablemente la mayoría de las cosas le aburran, si lo comparamos contra uno que después de pasar muchos problemas y encausar su vida, disfruta de cosas que nunca ha tenido antes.

Luis de Moya, un tetrapléjico, habla en su libro, “La quinta esencia del sufrimiento” sobre la falta de sentido en el dolor humano: sufre de verdad el que no sabe por qué. Esto sucede, por ejemplo, cuando el dolor es muy intenso y prolongado o sin esperanza de mejora y sin una visión trascendente de la propia existencia.

Peter Drucker, el padre del Management, decía que la mayoría de problemas en el mundo no ocurren porque s presentan mal las soluciones, sino porque las preguntas están mal planteadas. Cuando llega la adversidad, la pregunta correcta no es ¿Por qué? Sino ¿Para qué? ¿Qué quiere Dios de mi con este dolor? ¿Para qué me lo he enviado? Es decir, ,encontrarle un sentido al sufrimiento, un sentido a la vida. Recomiendo leer el libro de Victor Frankl, el hombre en búsqueda del sentido. Frankl fue un psicólogo judío que sobrevivió a los campos de concentración luego de haber visto como asesinaban a sus padres y a su esposa.

Luis de Moya decía que con frecuencia, si se habla de dolor es sólo para quejarse o para intentar acabar con lo molesto a cualquier precio; se oculta el fracaso que es no lograr el objetivo buscado y se fomenta la ilusión en un mundo sin problemas, en el que viviríamos siempre triunfadores. La experiencia nos demuestra que todo es inútil: no hay, en este mundo, quien acabe con el sufrimiento y se logra el efecto contrario: “una actitud que incapacita para soportar el padecer y aumenta con ello el sufrimiento” (R. Spaemann. El Sentido del sufrimiento). Sufrir puede ser bueno y, como veremos, fuente de gozo. Sólo si se debe a un mal moral, al pecado, siempre es un sufrimiento negativo; el pecado, entendido como tal, siempre entristece.

Nos dice también que “Podemos plantearnos diversas formas de remediar nuestro dolor. Quizá pensamos ante todo en la ayuda y el consuelo que pueden ofrecer los demás, pero esto es la segunda parte. El primer remedio para el sufrimiento está en uno mismo, en el que sufre. “La enfermedad -por ejemplo- me es dada como una tarea; me encuentro con la responsabilidad de lo que voy a hacer con ella” (V. Frankl, El hombre doliente). Cualquier circunstancia humana es una oportunidad de bien y solemos admirar a los que muestran la virtud, sobre todo si es en situaciones adversas. Pero el dolor también es ocasión de desmoronamiento para los débiles y los cómodos.

“Cuando un hombre tiene un por qué vivir, soporta cualquier cómo” (Citado en V. Frankl, El hombre en busca de sentido). Es como decir que le vale la pena sufrir; porque, aunque el sufrimiento siempre cuesta, gracias a que soy capaz de sufrir, finalmente logro más de lo que pierdo. Es lo de todos los días: el sacrificio del estudiante por sus calificaciones, el del atleta que se entrena para mejorar su marca, el del enfermo que acepta el tratamiento por su salud.

Algunos necesitan forzar periódicamente la diversión, si no -incapaces de ver atractivo en el trabajo, en la amistad, en la generosidad…, en lo ordinario de cada día- la vida les resulta insípida cuando no amarga, porque no ven otro atractivo que la juerga.”

Buscar ser y estar felices es en todo caso muy necesario para vivir mejor, es un equipaje absolutamente decisivo para viajar por este mundo, pero esa felicidad, a veces necesita de adversidad, de trabajo por conseguirla. El que por nada del mundo quiere sufrir, no puede vivir.

Los dejo con un ejemplo extraordinario de alguien que sabe como vivir. http://www.youtube.com/watch?v=38f1Qo92_nA&feature=player_embedded

Consejos para mejorar tu matrimonio

A continuación un resumen de uno de los artículos de Pasquale Ionata, experta a nivel mundial en temas de matrimonio.

“Entre los múltiples motivos que pueden provocar crisis en un matrimonio están:

  1. Expectativas exageradas: a veces esperamos y pretendemos demasiado del otro, pidiendo cosas que bastarían para hacer huir a todos nuestros amigos si nos mostráramos con ellos tan exigentes.
  2. Deseo de cambiar al otro: al parecer, la mayor parte de los casados empiezan a hacerlo al poco de casarse y se empeñan en modelar a la pareja según sus categorías. Y se lucha y se pelea por culpa de las mismas cualidades que nos habían hecho escoger a la otra persona. Pero cuando nos percatamos de que él o ella tienen intención de hacernos cambiar, protestamos y nos rebelamos. Sentimos que no somos aceptados por lo que somos, y, por consiguiente, nos resultará imposible poder amar con ternura y autenticidad.
  3. Cuando faltan las pequeñas muestras de amor: descuidar las pequeñas atenciones cotidianas una vez casados, cosas que durante el noviazgo eran la regla: detalles, palabras dulces, muestras concretas de afecto, mimos, caricias, etc.
  4. Cuando no se tiene tiempo para estar juntos: los matrimonios entran en crisis porque no tienen tiempo para estar juntos, para mirarse a la cara, para hablarse, para salir juntos ellos solos. Nada podrá sustituir nunca el tiempo de estar juntos. Ni el dinero, ni los nuevos electrodomésticos, ni las joyas, ni las pieles, ni una casa más bonita, ni una cuenta bancaria más abultada, etc. podrán sustituir el tiempo pasado juntos escuchándose, amándose, compartiéndolo, etc..

 

Pero aparte de las causas de crisis, de las causas psíquicas que crean conflictos conyugales, hay que preguntarse: ¿cuáles son los síntomas más frecuentes de la crisis conyugal, los signos que nos dicen que estamos en crisis?

 

- Dificultad creciente de comunicar o, peor, no hablar nada durante días enteros.

 

- Nos limitamos a existir uno junto al otro, aplastado cada uno por una enorme soledad que nos lleva a la idea de la incompatibilidad y de que no vale la pena hacer nada para superar esa crisis: «¡Somos incompatibles, y basta!» 

 

- Por último, no olvidemos que un gran sufrimiento es buena señal en la pareja, porque mientras logremos «sufrir» significa que todavía queremos al otro, y hay un hilo de esperanza. El amor está muerto y sepultado cuando ya nada nos importa.

Indicaré ahora algunos atributos del amor incondicional que merecen ser subrayados y sobre todo meditados por el lector:

 

1) «Renunciar a querer tener siempre razón». Es la única, inagotable fuente de problemas y de ruptura de relaciones: la necesidad de decirle al otro que se ha equivocado o, si se prefiere, la necesidad de tener siempre razón, de decir siempre la última palabra, de demostrar al otro que no sabe lo que dice, de imponerse como superior. Una pareja sana es una relación entre iguales: ninguno de los dos ha de sentirse equivocado. No existe un modo «acertado» o un argumento «vencedor»: cada uno tiene derecho a tener su punto de vista. Antes de negarle la razón al otro, hemos de poder detenernos a hablar con nosotros mismos y decirnos simplemente: «Sé lo que pienso sobre este tema y sé que su opinión no coincide con la mía, pero no importa. Basta que yo lo sepa dentro de mí; no es necesario quitarle la razón».

2) «Borrar la idea de posesión». Tratemos de gozar el uno del otro, no de poseernos mutuamente. Nadie quiere ser dominado. A nadie le gusta sentirse propiedad privada de otro, ni sujeto ni controlado. Todos nosotros tenemos en la vida una misión que cumplir, que resulta obstaculizada cada vez que otro ser humano intenta entrometerse. Querer poseer a los demás es, sin duda, el obstáculo mayor en la toma de conciencia de la propia misión.

 

Recordemos que dos están juntos no para entenderse, sino para ofrecerse ayuda mutua y realizar su misión de mejorar. Y una grandísima aportación a todo esto es el llamado «arte de la conversación», un arte que tiene cinco reglas: sintonizar el canal del otro; mostrar que estamos escuchando; no interrumpir; preguntar con perspicacia; tener diplomacia y tacto.

 

De estas reglas me parece importante detenernos en la escucha porque, parecerá raro, pero las parejas en crisis no saben escuchar; y en mi actividad profesional tengo que trabajar a menudo sobre cómo reactivar la atención y poner el acento en el proceso de escucha, pidiendo a cada uno que se concentre no en las palabras que se dicen sino en otra cosa. ¿Qué oye. por ejemplo. en la voz del que habla? ¿Está bien calibrada y suave. o es dura y agresiva? Lo mismo con el tono y la inflexión: ¿llana, metálica, monótona o excitada y contagiosa? A veces nos sorprendemos de mensajes totalmente nuevos o diferentes con respecto a las acostumbradas comunicaciones familiares, que se captan cuando uno deja de escuchar las palabras y presta atención a otros aspectos. Una actitud típica de la falta de escucha se tiene cuando se usan las siguientes palabras: «Sí,… pero». «si al menos…».

Se ha ido mi coach

Un buen amigo del PAD de la Universidad de Piura me ha pasado este mail. Una vez que lo leí me pareció conveniente compartirlo con ustedes. Comentándolo Pablo Ferreiro, acaso el mejor profesor que hay en el Perú, decía lo siguiente: “Quizás les interese este texto…Como verán se trata de un sacerdote, y sería una “mala” conclusión pensar que cada uno de nosotros no lo es, y pasar de largo del tema. Creo que esto es ser coach… Quizás alguno pueda pensar “bueno, este es un tipo de coach”, en mi opinión esto expresa la esencia del coach. En definitiva un coach solo pregunta, pero las preguntas para que merezcan ser respondidas o, simplemente, para que obtengan respuestas “motivantes” (o cambiantes e innovadoras), requieren que sean sinceras, es decir que respondan a un esfuerzo ejemplar interior.”

Este artículo fue publicado el 17 de Mayo de 2010 por Jaime Pereira:

“El pasado día 17 de mayo, fecha muy entrañable para él, mi coach me dejó definitivamente. Fue una relación profesional que duró algo más de doce años. Se llamaba Alfonso de Cárdenas Rosales y su acreditación como coach profesional no se la dio ni la ICF ni AECOP ni ninguna escuela de coaching. Su acreditación se la ganó a pulso dedicando miles de horas a sus coaches a los que no cobraba nada por sus servicios. Siempre estaba a tu disposición, a la hora que fuese, dispuesto a ayudarte en lo personal y en lo espiritual. Su metodología empezaba con un fuerte abrazo que casi te dejaba KO. Alguna persona no se olvidará nunca de tan peculiar saludo. Luego y como si fuera lo más natural del mundo se iba introduciendo en tu persona y en tu espíritu hasta llegar un momento en que su conocimiento sobre uno mismo era total. No se le escapaba una, sabia de tu vida todo. Era un lector empedernido y te ponía al corriente de lo que pasaba por el mundo.

Como buen coach nunca te decía lo que tenias que hacer, y solo con sus preguntas te daba la pauta para diseñarte un plan de acción. A mí personalmente me ayudó muchísimo. Recuerdo cuando fui despedido de mi trabajo como se identificó  conmigo en todo y como supo darme ánimos para superar una prueba tan dura. Cada vez que nos veíamos, cosa que hacíamos todas las semanas, solo con la mirada me transmitía unas sensaciones muy especiales que al mismo tiempo eran retadoras. Era un coach amigo pero exigente, no se callaba y decía las cosas muy claras, daba un feedback muy autentico. De cada sesión salías dispuesto a comerte el mundo.

Como buen profesional impartía todos los meses alguna conferencia, a la que asistían un buen número de personas. Vivía intensamente lo que decía llevándole incluso, en alguna ocasión, a dar fuertes puñetazos en la mesa, como para poner más énfasis en sus palabras. Su voz era potente y pasaba del tono bajo al alto con mucha naturalidad. No se cansaba de hacer la “ruleta” con sus gordos dedos, como un molinillo de viento que produce energía contagiosa. Se animaba tanto hablando y hablando que tenían que recordarle, con frecuencia, que el tiempo se había acabado, incluso alguno de sus ayudantes tenía que toser en voz alta para avisarle que se había pasado de la hora.

Tambien daba con frecuencia seminarios de “fin de semana”, en los que te ponía las pilas. Seminarios dirigidos al desarrollo personal y espiritual. De forma insistente decía que lo espiritual es lo que tonifica y da fuerzas para luchar en lo personal. Antes de que nadie hablará del coaching espiritual, él ya lo practicaba siendo un autentico maestro. Siempre decía que si le dabas sentido a tu trabajo este sería de muchísima más calidad. Fue uno de los pioneros en el tema de conciliación de familia y trabajo. Recuerdo haberle oído muchas veces decir que aunque el trabajo es muy importante, la familia lo es mucho más. Cada vez que nos veíamos lo primero que me preguntaba era ¿a que hora estás llegando a casa? Si descuidaba a la familia me decía que no estaba haciendo bien mi trabajo y esto me obligaba mucho.

Su afán de llegar a más gente a la que pudiera ayudar le llevo a registrar la Fundación Cárdenas-Rosales Fondo de Cooperación y Desarrollo Asistencial, con el objetivo de promocionar, tanto en España como en el extranjero, iniciativas de carácter social y de cooperación al desarrollo, en favor de la familia, tendentes a resolver la falta de formación humana, científica y cultural; la carencia de recursos básicos para subsistir; y la dificultad de acceder a una asistencia sanitaria adecuada.

He pasado horas y horas con él, aprendiendo, reflexionando, charlando del trabajo, de los amigos, de mis hijos, de mi mujer, de la sociedad y de muchísimas más cosas. Solo discutíamos, y con fuerza, cuando hablábamos de futbol. El del Real Madrid y yo del Barça, casi nada. La última vez que nos vimos fue dos semanas antes de morir, como si la enfermedad no fuera con él. Me recibió como siempre, con su cara regordeta, con esa mirada penetrante, con ese cariño especial que un coach siente por su coache y preguntando, siempre preguntando, como el mejor de los coaches para obligarte a pensar. Fue mi última y más grata sesión de coaching, no la olvidaré nunca. La mejor confesión.

Gracias Alfonso, desde el cielo seguirás siendo mi coach y ahora tus preguntas serán para mí un regalo de Dios.”

Lecciones de un tetraplégico

Esta semana les traigo un artículo que me enviaron hace unos días, que me dio mucho que pensar. Muchos nos ahogamos en un vaso de agua cuando hay otros que nadan a puro pulmón en medio de un tsunami:

Joaquín Romero es un barcelonés de 41 años que desde hace unos 18 años vive sobre una silla de ruedas, a causa de una esclerosis múltiple.

Él querìa conocer la verdad, sin tapujos. Por eso, hace casi veinte años, cuando le diagnosticaron esclerosis mùltiple -una enfermedad incurable, progresiva y degenerativa- pidió que le explicaran exactamente a qué debía atenerse en adelante: “Te puedes quedar tetrapléjico, ciego, mudo y en cama; pero lo peor es que no consigas superarlo y lo que solo es una enfermedad psicosomática, acabe siendo algo psíquico”.

Joaquín Romero tiene 41 años, y hace unos dieciocho que va en silla de ruedas. No puede andar, el brazo izquierdo lo tiene casi perdido, apenas ve, le cuesta respirar y la cabeza le está fallando. Cuando se dio cuenta de que no podría valerse por sí mismo decidió adaptar su casa y montar, con su hermano Borja una empresa que ayudara a personas discapacitadas como él. Un arquitecto técnico y un ingeniero. B&J Adaptaciones es hoy la única empresa española en su campo y, gracias a ella, Joaquín ha podido hablar y ayudar a muchas personas… “de silla a silla”, como dice. Y es que, a pesar de ser plenamente consciente de su situación, el pesimismo no le hace mella y no duda en definir su situación como de “un milagro; una caricia de Dios”.

Tendría 22 ó 23 años. Lo tenía todo perfectamente calculado: había cumplido el servicio militar; estudié lo que quise, Arquitectura técnica… Ya pensaba en subirme a andamios y dirigir obras. Me gustaba el fútbol. Un día, jugando con mis amigos, fui a chutar el balón, le di con el empeine y entonces empecé a notar como miles de hormigas por todo el cuerpo; luego vino la doble visión y fui al médico.

 ¿Qué le dijo?

Mis esquemas se me fueron rompiendo poco a poco. Quería que me recetara las medicinas y ya está, todo solucionado. “No, no, Joaquín” me dijo. “La esclerosis es incurable”. “Vale, pues conviviré con ella” le respondí. No tenía ni idea de a qué me enfrentaba. “Es una enfermedad progresiva y degenerativa: no es una carrera de velocidad, sino una maratón. Tendrás que ir bien preparado, dosificar tus energías; no a grandes zancadas sino paso a paso”, me explicó.

¿Qué pensó entonces?

Aún era un poco inconsciente de lo que me ocurría. Me pasaban cosas totalmente inauditas para mí. Mi condición de “cerebrotónico” hacía que quisera tener todo amarrado, pero era imposible. Gracias a Dios, llevaba unos años en el Opus Dei y ahí siempre he tenido a alguien en quien confiar y a quien contar mis problemas. Tenía la sensación de que cualquier cosa nueva que me ocurría era algo muy grave. Y lo contaba, y me escuchaban, y nos íbamos a tomar unas copas cerca del mar -soy un apasionado del mar-…; con esa excusa, me conocí todos los chiringuitos de la costa barcelonesa…

¿Así se solucionan las cosas?

No, pero sí consigues objetivarlas un poco más. Muchas veces, el gran problema de personas afectadas con esta enfermedad es que se quedan trabadas por tonterías que en minutos se pueden aclarar. El médico me lo dijo muy claro, ya que yo quería conocer exactamente a qué atenerme. Me explicó que estaba enfermo, pero no tonto. Podría quedarme tetrapléjico, ciego, mudo y en cama. Pero lo peor era -me advirtió- que lo físico afectara a lo psíquico y entrara en depresión.

Pero eso no se detuvo…

Claro. Cuando vi que si no hacía algo acabaría por no poderme valer por mí mismo, mi hermano Borja y yo adaptamos mi casa de forma que pudiera controlarlo todo desde la silla, o desde la cama, o desde el ordenador. Así fue cómo lo que comenzó en esos poco más de treinta metros cuadrados, hoy es ya una empresa -única en España- que construye, adapta y soluciona la vida de miles de discapacitados con problemas similares, peores o iguales al mío. Y lo mejor es que puedo hablar a mis clientes de silla a silla…

Desde entonces, ¿ha visto mucho dolor?

Una vez me llamó una señora pidiéndome una solución para su marido enfermo. Le dije que lo miraría. Pasado poco tiempo, la llamé, pero no estaba. Había ido al funeral de su marido…

Fue entonces cuando me prometí no desperdiciar ni un segundo para ayudar a quien se me acercara. A veces viene un cliente y te pregunta por unas máquinas y al final les digo: “Y tú ¿cómo lo llevas?”.

¿Qué les dice? ¿Se puede amar el dolor?

No. Por sí mismo, no. El dolor no tiene ningún sentido: el sentido lo tienes que buscar tú. Yo les digo la verdad. Lo que siento y lo que veo. Les explico que estoy atravesando uno de los mejores momentos de mi vida porque sólo ahora he comenzado a intuir un poco el valor tan grande que se esconde detrás de esta enfermedad. El dolor es un misterio; no nacemos con un manual debajo del brazo en el que se explica: número uno, cómo se lleva; número dos, qué hacer cuando dura más de dos semanas… ¡Qué fácil sería si ya lo supiéramos! Quizá, como Dios nos ha hecho libres, nos deja a nosotros la oportunidad de descubrirlo… “¡Qué padre más injusto!”, podrías pensar. Pero eso es lo fácil. ¿Por qué no echarte la culpa a ti mismo? En cuanto a inteligencia e intuición, no creo que a Dios le falte. Quizá te falte a ti; entonces, pregúntate por qué no lo entiendes. Te animo a que te acerques a Él a través de los Sacramentos…

Pero esto es una solución solo para los que creen…

¿Qué esperabas que te contara? ¿Que fueras a quejarte de lo difícil de nuestra situación…? No. Sólo te puedo decir una cosa: he conseguido vivir con alegría dentro del dolor. En términos de salud, lo he perdido todo. Pero hay algo que tengo dentro que me da una gran paz; una seguridad de saber que lo que he elegido, funciona. Si repaso los años que tengo, no recuerdo nunca haber estado tan bien como ahora: cuando estaba sano y jugaba al fútbol, cuando estaba con los amigos, cuando estudiaba y estudiaba mucho… y me funcionaba. Lo sigo usando ahora que estoy enfermo… Para mí, lo que estoy viviendo es como un milagro, una caricia de Dios. Puede sonar a ironía, a locura… Pero no. Esto no lo hace un hombre. Eso solo lo sabe y puede hace Dios.

¿No le ha entrado ningún momento de desesperación, una tentación de decir “basta”? ¡También somos de carne y hueso!

Sí, claro. Muchos. Momentos en que pensaba que Dios se estaba ensañando conmigo y que ya había tocado fondo… Recuerdo un cliente que, después de las preguntas “comerciales” pertinentes, me dijo que quería suicidarse. Le respondí que también lo había pensado alguna vez y comencé a explicarle mi “plan”. Un “plan de suicidio” perfectamente trazado: voy al metro adaptado que tengo cerca de casa, pago, me acerco al andén, me preparo para accionar el joystick de la silla y… ¡Es muy fácil! Pero entonces, cuando ya lo tenía totalmente encantado, le di la vuelta y reconduje la conversación: ¿No te parece más bello luchar por la vida?

 Hay gente que dice que la eutanasia es una solución.

¿Quién lo dice? ¿Los enfermos, o los que tienen que aguantar a los enfermos? En cuanto a éstos, si realmente aman al enfermo, no pueden encerrarse sencillamente con su “solución”. Eso es un egoísmo injusto. Tienen la obligación de formarse y ver que hay muchas opciones. No se puede zanjar un tema tan importante diciendo simplemente: “buena muerte”. Si quieres realmente al enfermo -si lo amas de veras-, tienes que buscar, todo lo que puedas, una solución.

¿Y si es el mismo enfermo quien lo pide?

En ese caso me pongo más en su lugar. Hay que hablarle de tú a tú. Le diría: “No pienses que eres un trasto inútil, una sanguijuela… no. Todo lo contrario,… tienes la oportunidad de hacer ver el valor tan grande que esconde el dolor. Es una misión”. Es importante que la gente entienda que una persona con discapacidad no es una persona inservible.

Todo esto, ¿lo descubrió de la noche a la mañana?

¡No, no! A los quince años ni siquiera se me pasarían por la cabeza estas respuestas. Son cosas que he ido madurando, y ahora veo más claras…

¿Qué le dirá a Dios cuando llegue al Cielo?

Le daré un “gracias” y un besazo por la vida que me ha dado. Porque además, no hubiera deseado otra vida. Deseo lo que Él ha querido. Me pondré de rodillas -porque entonces sí podré- y le diré: “Increíble. Lo has bordado”.

Cuando lo que Dios hace no tiene sentido. Segunda Parte

confused-1Esta semana quería terminar el artículo de la semana pasada, en relación a algunas notas interesantes que tomé del libro “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido” del Dr. Dobson.  Copio textualmente una carta que figura en el libro, que fue escrita de padre a hija y los comentarios del autor que más allá de sentimentalismo barato me pareció muy válida traerla al presente, sobre todo en estos tiempos en los que en el Perú, se ha abierto la polémica por legalizar el aborto. Como saben, mi posición es sumamente clara al respecto y es obviamente en contra. ¿Con qué derecho vamos a asesinar” a un niño indefenso para pagar o remendar los errores de otros? Así que hay pena de muerte para el indefenso que no tiene nada que ver y no para el agresor!!! Inclusive en los casos en los que dicen que “está en riesgo la vida de la madre”, la mayoría de esos casos no existen, no matan para vivir, sino matan para vivir mejor, como decía Gonzalo Zegarra. Esa clase de temas sin sustento ni lógica sólo pueden discutirse en países tan faltos de líderes coherentes como el Perú. Es una lástima que otros países, en teoría más desarrollados se hayan dejado llevar por esa corriente, pero en fin, para no irme del tema, copio a continuación la carta que les mencionaba y los comentarios del autor del libro, el Dr. Bryan Dobson:

 “…Mi querida Bristol:

 Antes que nacieras, oré por ti. En mi corazón yo sabía que serías un pequeño ángel. Y lo fuiste. Cuando naciste, en el mismo día de mi cumpleaños, el 7 de abril, fue evidente que eras un regalo especial enviado por Dios. Pero, qué regalo más maravilloso llegaste a ser! Más que tus hermosos balbuceos y tus mejillas rosadas, más que el gozo indecible de que fueras nuestra primogénita, más que ninguna otra cosa en toda la creación, me mostraste el amor de Dios.

 Bristol, tú me enseñaste a amar. Por supuesto, te amé cuando eras muy delicada y linda, cuando te diste vuelta y te sentaste balbuceando tus primeras palabras. Te amé cuando sentimos el agudo dolor de saber que algo andaba mal, que tal vez no estabas desarrollándote tan rápido como los demás niños de tu edad, y también te amé cuando supimos que lo que te sucedía era más serio que eso. Te amé cuando fuimos de un médico a otro y de hospital en hospital, tratando de encontrar un diagnóstico que nos diera alguna esperanza. Y, desde luego, siempre oramos por ti incesantemente. Te amé cuando uno de los exámenes produjo que te extrajeran demasiado fluido espinal y te pusiste a gritar. Te amé cuando llorabas y gemías, cuando tu mamá, tus hermanas y yo íbamos por horas en el auto para ayudarte a que te pudieras dormir.

 Te amé, con mis ojos llenos de lágrimas, cuando, confusa, te mordías involuntariamente los dedos o el labio, y cuando te pusiste bizca y luego te quedaste ciega. Naturalmente, te amé cuando ya no podías hablar, pero ¡cómo extrañé no oír más tu voz! Te amé cuando la escoliosis comenzó a torcer tu cuerpo como si fuera una “s”, cuando pusimos un tubo dentro de tu estómago para que pudieras comer porque te ahogabas con la comida, que te dábamos por cucharadas, tardándonos hasta dos horas en cada comida. Pude amarte cuando tus miembros retorcidos me impedían que fácilmente te cambiara los pañales sucios. [Cuántos pañales! Diez años cambiándote pañales.

 Bristol, incluso te amé cuando ya no podías decir las palabras que más anhelaba oír en esta vida: “Papi, te amo”. Bristol, te amé cuando me sentía cerca de Dios, y cuando él parecía estar muy lejos de mí, cuando estaba lleno de fe y también cuando estaba enojado con él. y la razón por la que te amé, mi Bristol, a pesar de todas estas dificultades, fue que Dios puso su amor en mi corazón.

 Esta es la maravillosa naturaleza del amor de Dios, que él nos ama aun cuando estamos ciegos, sordos, o torcidos, en nuestro cuerpo o en nuestro espíritu. Dios nos ama aun cuando no podemos decirle a él que también le amamos.

 Mi querida Bristol, ¡ahora estás libre! Y espero ansiosamente ese día cuando, de acuerdo con las promesas de Dios, nos reuniremos contigo y con el Señor, completamente libres de imperfecciones y llenos de gozo. Estoy tan contento de que tu recibiste tu corona antes que nosotros. Un día te seguiremos, cuando él así lo quiera. Antes que nacieras, oré por ti. En mi corazón sabía que serías un pequeño ángel. iYlo fuiste!

 Te ama, papá.

 Insisto en que estos ejemplos de aflicción ilustran el hecho de que las personas dedicadas a Dios, que oran, se enfrentan a veces a las mismas clases de dificultades que experimentan los incrédulos. Si negamos esta realidad, creamos un dolor y una desilusión aun mayores para las personas que no están preparadas para afrontar esos problemas. Por eso necesitamos superar nuestra renuencia a aceptar está desagradable realidad. Debemos ayudar a nuestros hermanos y hermanas a prepararse para que puedan hacerle frente a la barrera de la traición.

 Nuestro mensaje se reduce a este sencillo concepto: no hay nada que Dios desea más de nosotros que el que pongamos en práctica nuestra fe. Dios no hará nada que la destruya, y nosotros no podemos agradarle a El sin ella. Para definir este término otra vez, diré que la fe es creer en aquello de lo cual no tenemos una prueba absoluta. Es mantenernos firmes cuando la evidencia nos está diciendo que nos demos por vencidos. Es decidir confiar en El cuando no ha respondido todas las preguntas y ni siquiera nos ha prometido una vida libre de sufrimientos.

 A esas personas, que acabo de describir, que han tratado de comprender la providencia de Dios, ¡les traigo palabras de esperanza! No, no puedo brindarles pequeñas soluciones satisfactorias para todas las inconsecuencias de la vida que nos molestan. Eso no ocurrirá hasta que veamos a Dios cara a cara. Pero El tiene un corazón especialmente compasivo hacia los afligidos y derrotados. El le conoce a usted por nombre y ha visto cada lágrima que ha derramado. El estaba a su lado en cada ocasión en la que algo malo sucedió en su vida. Y lo que parece ser falta de interés o crueldad de parte de Dios, es un malentendido en el mejor de los casos y una mentira de Satanás en el peor de ellos, porque nunca dejará de estar a su lado.” Dios tarda pero no olvida.

Mi objetivo de hoy

Todos hemos escuchado hablar de los objetivos en una empresa, algunos son claros, otros son una figura utópica imposible de cumplir, o un saludo a la bandera, pero más allá de ello, ¿nos hemos puesto a pensar que nosotros también podríamos trazarnos nuestros propios objetivos. Y es más, podría ser uno para empezar a vivirlo hoy?

 

Decía Santiago Alvarez, ¿Cuál es la misión del presidente?, gobernar la institución y representarla ante la sociedad, ¿El papel del entrenador?, colocar a cada jugador en aquel puesto donde su talento explote, mientras mantiene un ambiente de exigencia y armonía. Malo si compite con ellos en protagonismo y visibilidad, y peor si no se respeta a sí mismo y le hacen la alineación. Esta actitud y filosofía de trabajo permite perder con dignidad y ganar con humildad, sabedores de que el auténtico partido se libra en otra cancha interior, llamada yo, mucho más intimista y desafiante. Si el talento se expresa, si la voluntad y el coraje se movilizan, si el corazón bombea energía y el alma se ensancha, ¡ya hemos triunfado! “Aspira a lo absoluto si en lo relativo quieres progresar”, escribió Unamuno.

 

Y yo, ¿qué puedo hacer hoy? Continuando con lo que decía Alvarez: Voy a disfrutar del deporte sin convertirlo en terapia insufrible y cardiaca. Dormir, sin pastillas, con la placidez de la infancia. Seis horas, calidad, no cantidad. Reírme de mí mismo varias veces al día. Se acabó el perfeccionismo y la autoexigencia implacables. Viajaré al pasado para conocerlo y firmarlo, luego lo soltaré. Soñaré despierto sobre un futuro mejor, para quedarme atento en un presente repleto de oportunidades. Todos los días mantendré una cita conmigo mismo. Saborearé el silencio y, en una soledad insobornable y querida, meditaré sobre preguntas eternas que mi alma se niega a reprimir, ayudaré a alguien que lo necesite.

 

Un objetivo podría ser empezar a acumular virtudes. El Centro Europeo para el desarrollo del Liderazgo recomienda principalmente seis:

 

La magnanimidad, para luchar por cosas grandes y plantearse desafíos a uno mismo y a los demás. La humildad, para superar el egoísmo y acostumbrarse a servir a los otros. La prudencia, para tomar decisiones justas. La valentía, para mantenerse y resistir a todo tipo de presiones, (puedo tener un MBA y ser un ejecutivo de una gran corporación, pero si no tengo valentía, mi capacidad para liderar ante la dificultad queda en tela de juicio.) La competencia profesional exige más que poseer técnicas o conocimientos académicos, implica la capacidad para usar este conocimiento para que dé frutos. Y finalmente el autocontrol, para subordinar las pasiones al espíritu y al cumplimiento de la misión y la justicia, para dar a cada uno lo que merece.

 

Todos ellos son, creo yo, objetivos simples, directos y perfectamente alcanzables. Lo importante es que cada uno de nosotros defina cuales son los que puede y debe cumplir o en todo caso, trazarse sus propios objetivos -el papel de fotocopiadora lo podemos dejar a los demás- y tener la valentía y el coraje de definirlos y cumplirlos. Sola y exclusivamente dependen de mí. No tengo excusas. ¿Cuándo empiezo? Hoy, aquí, ahora, el dilatarlos no sirve de nada, hay que poner plazos exigentes y retadores; ¿Lo intentamos?.

El factor X del éxito

Liderazgo y decisión son dos de los principales ingredientes para tener éxito. Cualquier compañía que cuente con gerentes capaces de tomar las decisiones adecuadas tendrá en sus manos la capacidad de triunfar. Pero, ¿Qué otros factores inciden en el desarrollo profesional de un trabajador?

 

Se publicó recientemente en la revista Psychology Today un artículo en el que se trataba de definir el factor X del éxito. A continuación un resumen obtenido del servicio de resumidos www.derevistas.com ya que me pareció muy útil.

 

En toda universidad o escuela elemental hay siempre alguien que se diferencia por su personalidad especial, más allá de su inteligencia, talento o belleza. Los franceses lo llaman “je ne sais quoi” (“un no sé qué”), pero en realidad contamos con términos para nombrarlo: carisma, chutzpah, joie de vivre y gracia. Estos son los factores X que escapan a toda definición si bien los reconocemos en la gente que admiramos.

 

Los psicólogos han relegado siempre atributos como el chutzpah y el carisma en parte porque son difíciles de definir. Si bien requiere de mucho esfuerzo para cultivarla, la gracia es la más fácil de aprender a través de disciplina mental y emocional. Por otra parte, el carisma es algo que se tiene o no se tiene, pero puede ser potenciado. Todo el mundo puede tener chutzpah, pero pareciera correr sólo por las venas de unos cuantos. Todos podemos incrementar estos factores.

 

1. Carisma: consiste en un conjunto de elementos, tales como: expresividad, sensibilidad, control, elocuencia, visión y confianza. Rakesh Khurana, profesor de comportamiento organizacional de la Escuela de Negocios de Harvard, señala que las compañías estadounidenses buscan nuevos líderes con carisma, pues, en mercados inciertos, el gerente general carismático propicia un alza en los precios accionarios. Sin embargo, esta situación no dura mucho tiempo, pues el carisma tiene más que ver con la imagen que proyectamos que con nuestras habilidades innatas.

 

2. Chutzpah: la chutzpah nos deja boquiabiertos porque desafía el conformismo. Es un comportamiento que traspasa las normas sociales por el simple hecho de traspasarlas. Es el afán por no contentarse y querer mejorar cada día más en todo lo que hacemos. En mayo de 1998, tres docenas de los mejores investigadores del Proyecto Genoma Humano se reunieron con Craig Venter, uno de los biólogos del proyecto. Todos estaban furiosos con él, pues había comenzado un proyecto que pondría en tela de juicio la investigación biológica más importante del siglo XXI. ¿Qué desató la ira de los colegas de Venter? Este sugirió que daría un paso al frente: descifraría el genoma humano. No se conformaba como sus colegas con dar el paso previo de descifrar el genoma de un ratón.

 

3. Gracia: la gracia es el factor X más silencioso. Además, es quizá el único en el que el poder de la persona no amenaza la sustancia de lo dicho o hecho. La gente graciosa trasciende su vida privilegiada para conectarse con el público. Así pues, en vez de sucumbir ante su propia rabia, Jackie Kennedy permitió estoicamente que su hijo diera aquel famoso saludo en el funeral de su padre. Esto conectó a todos los estadounidenses.

Carta para trabajar mejor

Nuestra vocación profesional es una de las variables que más debemos tener en cuenta a la hora de pensar en ideas para mejorar. Y es que en nuestro trabajo pasamos la mayor cantidad de horas del día, es la fuente de nuestros recursos económicos, puede ser también la fuente de satisfacción o insatisfacción de muchos que se sienten que han triunfado o también fracasado según sea el caso. Es por ello que conviene estar siempre atentos de cómo trabajar mejor, como ser más productivos. De ello dependerán nuestros ascensos, nuestra línea de carrera y en algunos casos nuestro nivel de recompensa.

 

Buscando algunas ideas concretas que nos sirvan para trabajar mejor, encontré en la web, una carta de mejores deseos que un trabajador escribe y que me pareció muy interesante como para publicarla en este espacio. Ustedes perdonen que vuelva con el mismo autor, el profesor del IESE Santiago Alvarez, pero es realmente espectacular su visión del mundo, su facilidad para plasmar en pocas palabras y con una nitidez y verso privilegiado, lo que a muchos nos cuesta decir. Mi sugerencia es que la lean varias veces, y pongan un plan para ver como la ponen en práctica, ya que cada petición es todo un objetivo a mejorar. A continuación un extracto:

 

“Que mis jefes no se obsesionen con motivarme, de eso me encargo yo. Que se limiten a diseñar un ambiente profesional grato, desafiante, justo y libre. Que no se confunda horas de presencia física con tiempo de calidad, recurso carísimo en esta sociedad dispersa. Que otras dimensiones de mi persona –familia, amigos, cultura, deporte…– sean atendidas como merecen.

 

Que tenga la personalidad para manejar soledades, para elegir un no constructivo y leal, contraste independiente de mis síes. Que aprenda a dominar el arte de vivir, clave esencial para doctorarme en el oficio de dirigir. Que mi razón y corazón hagan la paz, base de la credibilidad y persuasión personales.

 

Que mi mente hiperactiva escuche los recados de mi cuerpo, prematuramente avejentado. Que no me tome mi trabajo tan en serio, que la persona que soy gobierne con mano firme al personaje que represento. Que quien quiera que soy se dé cuenta de que estoy de paso, que aprenda a reírme de mí mismo, la última y gran asignatura que sólo los sabios aprueban con nota.

 

Pensaréis Majestades que me he pasado. Ahora que sólo se habla de derechos, os prometo hacer mis deberes. El resto lo confío en vuestras manos. Hasta el año que viene.

 

Captar y sentir la corriente del río humano, atraer y gobernar el talento de mi empresa, conocer y educar a mis hijos, mantener una relación amable conmigo mismo, renovando mi equipaje intelectual, emocional y espiritual, son tareas cruciales que, pese a su naturaleza y jerarquía, un día sí y otro también son arrinconadas en la vorágine de días clonados en serie.”

 

¿Disculpas? No gracias, arrepentimiento

3Hace poco leí en la revista INC un artículo en el cual se hablaba de la importancia de saber pedir disculpas correctamente. Y es que a nadie le gusta confesar sus errores, y muchos de nosotros nos resistimos  a ello. No es que sea muy complicado pero exige una cuota grande de humildad, virtud muy devaluada en estos tiempos y que sin embargo es una de las principales para saber destacar como persona.  

Lo cierto es que el simple hecho de decir “perdón” sirve de muy poco a la persona agraviada si es que éste no viene acompañado de un gesto que indique el arrepentimiento, pero sobre todo de una actitud y un compromiso, no con el otro, sino con uno mismo, de no volver a fallar en ese aspecto. 

En el artículo publicado, se explica que un grupo de profesores de la Universidad de Ohio analizó recientemente cuáles son los componentes de una disculpa. Los investigadores les pidieron a 90 estudiantes de negocios que imaginaran que el dueño de otra compañía les hacía perder dinero. Luego les presentaron a los 90 estudiantes diversas disculpas y compararon qué tan bien fueron recibidas estas últimas.  Los investigadores descubrieron que las disculpas menos efectivas son aquellas en las que la persona no asume su responsabilidad por los errores y trata de mitigar el problema con algún tipo de compensación (por ejemplo, un descuento sobre futuras compras).

Las disculpas son más efectivas cuando la parte ofendida asume la responsabilidad por sus actos, explica cuál es el origen del problema, muestra cómo evitará el problema en el futuro y ofrece, si es apropiado, alguna forma de compensación.  ¿Nos hemos puesto a pensar cuanta gente tenemos a nuestro alrededor que está esperando unas sinceras disculpas de parte nuestra? Bueno pues, es un buen momento para disculparnos, pero de corazón, no para quedar bien, sino para estar tranquilos con nuestra propia conciencia. Vale la pena. ¿Lo intentamos?