Hoy en día se habla mucho sobre la crisis mundial que supuestamente está por venir, sin embargo, hay crisis mucho más importantes e impactantes que esa, la crisis personal, también llamada adversidad. ¿Alguien puede decir que no conoce la adversidad? Una “exigente maestra” que se suele presentar a distancia de días disfrazada de muerte de un ser querido, despido, desilusión, angustia, etc. Muchos la evitamos a como sea, pero ¿Cómo seríamos si no hubiésemos tropezado con la adversidad? Seguramente orgullosos, superficiales, y probablemente no tan felices. Dicen que quien no ha pasado un gran sufrimiento, no ha conocido una gran felicidad, ya que es justamente en los cambios de un estado a otro cuando la valoras. Una persona que siempre ha tenido todo en su vida, probablemente la mayoría de las cosas le aburran, si lo comparamos contra uno que después de pasar muchos problemas y encausar su vida, disfruta de cosas que nunca ha tenido antes.
Luis de Moya, un tetrapléjico, habla en su libro, “La quinta esencia del sufrimiento” sobre la falta de sentido en el dolor humano: sufre de verdad el que no sabe por qué. Esto sucede, por ejemplo, cuando el dolor es muy intenso y prolongado o sin esperanza de mejora y sin una visión trascendente de la propia existencia.
Peter Drucker, el padre del Management, decía que la mayoría de problemas en el mundo no ocurren porque s presentan mal las soluciones, sino porque las preguntas están mal planteadas. Cuando llega la adversidad, la pregunta correcta no es ¿Por qué? Sino ¿Para qué? ¿Qué quiere Dios de mi con este dolor? ¿Para qué me lo he enviado? Es decir, ,encontrarle un sentido al sufrimiento, un sentido a la vida. Recomiendo leer el libro de Victor Frankl, el hombre en búsqueda del sentido. Frankl fue un psicólogo judío que sobrevivió a los campos de concentración luego de haber visto como asesinaban a sus padres y a su esposa.
Luis de Moya decía que con frecuencia, si se habla de dolor es sólo para quejarse o para intentar acabar con lo molesto a cualquier precio; se oculta el fracaso que es no lograr el objetivo buscado y se fomenta la ilusión en un mundo sin problemas, en el que viviríamos siempre triunfadores. La experiencia nos demuestra que todo es inútil: no hay, en este mundo, quien acabe con el sufrimiento y se logra el efecto contrario: “una actitud que incapacita para soportar el padecer y aumenta con ello el sufrimiento” (R. Spaemann. El Sentido del sufrimiento). Sufrir puede ser bueno y, como veremos, fuente de gozo. Sólo si se debe a un mal moral, al pecado, siempre es un sufrimiento negativo; el pecado, entendido como tal, siempre entristece.
Nos dice también que “Podemos plantearnos diversas formas de remediar nuestro dolor. Quizá pensamos ante todo en la ayuda y el consuelo que pueden ofrecer los demás, pero esto es la segunda parte. El primer remedio para el sufrimiento está en uno mismo, en el que sufre. “La enfermedad -por ejemplo- me es dada como una tarea; me encuentro con la responsabilidad de lo que voy a hacer con ella” (V. Frankl, El hombre doliente). Cualquier circunstancia humana es una oportunidad de bien y solemos admirar a los que muestran la virtud, sobre todo si es en situaciones adversas. Pero el dolor también es ocasión de desmoronamiento para los débiles y los cómodos.
“Cuando un hombre tiene un por qué vivir, soporta cualquier cómo” (Citado en V. Frankl, El hombre en busca de sentido). Es como decir que le vale la pena sufrir; porque, aunque el sufrimiento siempre cuesta, gracias a que soy capaz de sufrir, finalmente logro más de lo que pierdo. Es lo de todos los días: el sacrificio del estudiante por sus calificaciones, el del atleta que se entrena para mejorar su marca, el del enfermo que acepta el tratamiento por su salud.
Algunos necesitan forzar periódicamente la diversión, si no -incapaces de ver atractivo en el trabajo, en la amistad, en la generosidad…, en lo ordinario de cada día- la vida les resulta insípida cuando no amarga, porque no ven otro atractivo que la juerga.”
Buscar ser y estar felices es en todo caso muy necesario para vivir mejor, es un equipaje absolutamente decisivo para viajar por este mundo, pero esa felicidad, a veces necesita de adversidad, de trabajo por conseguirla. El que por nada del mundo quiere sufrir, no puede vivir.
Los dejo con un ejemplo extraordinario de alguien que sabe como vivir. http://www.youtube.com/watch?v=38f1Qo92_nA&feature=player_embedded

Esta semana quería terminar el artículo de la semana pasada, en relación a algunas notas interesantes que tomé del libro “Cuando lo que Dios hace no tiene sentido” del Dr. Dobson. Copio textualmente una carta que figura en el libro, que fue escrita de padre a hija y los comentarios del autor que más allá de sentimentalismo barato me pareció muy válida traerla al presente, sobre todo en estos tiempos en los que en el Perú, se ha abierto la polémica por legalizar el aborto. Como saben, mi posición es sumamente clara al respecto y es obviamente en contra. ¿Con qué derecho vamos a asesinar” a un niño indefenso para pagar o remendar los errores de otros? Así que hay pena de muerte para el indefenso que no tiene nada que ver y no para el agresor!!! Inclusive en los casos en los que dicen que “está en riesgo la vida de la madre”, la mayoría de esos casos no existen, no matan para vivir, sino matan para vivir mejor, como decía Gonzalo Zegarra. Esa clase de temas sin sustento ni lógica sólo pueden discutirse en países tan faltos de líderes coherentes como el Perú. Es una lástima que otros países, en teoría más desarrollados se hayan dejado llevar por esa corriente, pero en fin, para no irme del tema, copio a continuación la carta que les mencionaba y los comentarios del autor del libro, el Dr. Bryan Dobson:
Este es uno de esos temas de los que no nos vamos a escapar. Por más felices que estemos ahora, llegará la hora de sufrir, y por otro lado, no hay mal que dure 100 años (ni cuerpo que los resista) por lo que si estamos pasando momentos difíciles, tenemos la esperanza que todo pasará. 





























