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Y la vida continúa…

 pusruit%20of%20hapiness%20oopshi%20comNo logro entender aun el concepto de ganar y perder en la vida. “Sale tantas veces derrotado el aparente vencedor”.  Buscamos la felicidad y nos sale al encuentro la depresión, anhelamos la paz y nuestra vida se llena de conflictos internos, apostamos a ganador y quedamos últimos, trabajamos para la excelencia y nos visita el error. Nos enfocamos en las respuestas y olvidamos las preguntas. Se entrecruzan constantemente, quizá por ser dos caras de la misma moneda.

A lo mejor solo interiorizando los segundos se alcanza los primeros. Si no aprendemos a perder, nunca ganaremos. «La aceptación tranquila, serena, humilde y consciente de esa realidad irrefutable, el acto humano de perder, es la única plataforma válida para desafiar los límites y ganar partidos “imposibles”.» decía Santiago Alvarez de Mon.

Perder…sufrir…¿Qué tan necesario es el sufrimiento en la vida? Cómo cuesta entender esto! Van Gogh decía: «No quiero de ninguna manera suprimir el sufrimiento; porque a menudo es lo que lleva a que los artistas se expresen con mayor energía.» Cuanta razón, si la sabes aprovechar, aprender la lección, te cambia para bien, en lugar de quebrarte lo puedes utilizar como aliciente que motiva, “con viento en contra el avión vuela”.

Le teoría dice que cuando uno sufre, ayuda mucho compararse con otros que sufrieron más, sin embargo, no es del todo cierto, solo quien juega el partido y no lo ve de la tribuna, sabe de lo que hablo. Quizá ayude, quizá las realidades sean completamente diferentes y haya gente que tenga mil razones más para sufrir de las que uno tiene, pero el cerebro se encarga de dimensionar las cosas y de hacer algo insoportable para una persona, mientras que para otra pueda ser fácilmente solucionable. La felicidad o el sufrimiento no depende de la realidad, sino de como los interpretes.

Antoine de Saint Exupery, en su obra maestra, El Principito, decía que «Solo a través de experiencias de sufrimiento y prueba, el alma del ser humano se fortalece, la visión se aclara, y el verdadero éxito se alcanza.” Para salir a flote y sentir la sensación de respirar con el alma, hay que estar ahogándose.

El error y la pérdida nos dan la posibilidad de sacar lo mejor de nosotros, a lo mejor esta vez he perdido, pero eso no significa que haya fracasado.

Y cuando eso pasa, ¿Cómo seguimos viviendo? ¿Cómo hacemos que la vida continúe de la mejor manera posible?. No somos felices cuando nos empeñamos en conseguir aquello que no depende de nosotros. Lo que he aprendido últimamente es que soñar continuamente con lo que está fuera de nuestras posibilidades y, en cambio, olvidar lo que podemos hacer, conduce a una vida de tristeza y amargura.

Séneca decía que es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que fueran, y es amigo de lo que tiene. Es feliz aquel para quien la razón es lo que da valor a todas las cosas de su vida.

Últimamente no puedo evitar la costumbre de viajar mentalmente al pasado para recordar momentos melancólicos (entendiendo la melancolía como la dicha de estar tristes). Y es que cuando vienen ese tipo de pensamientos, si no se pueden evitar, lo mejor es cambiar de actividad, leer periódico, un libro, ver tele, hacer deporte, aunque sea sin ganas, sin ilusión, que difícil hacerlo realidad, pero no he encontrado otra forma mejor.

¿Cómo disminuir el sufrimiento? Dejaré que un experto en el tema, Enrique Rojas, psiquiatra español con más de media docena de libros escritos,  se adueñe de las siguientes frases:  El primer error y más común es magnificar los eventos negativos que nos han ocurrido, hay que distinguirlos de un drama. En segundo lugar la incapacidad para perdonar nuestros propios errores ya que les equivocaciones son parte del curso que hemos venido a pasar. En tercer lugar, no ser capaz de cerrar las heridas del pasado. Este debe ser el arsenal que nos ayude a aprender de cara al futuro, pero no un freno. En cuarto lugar, no tener ilusiones, que es lo que nos mantiene vivos.  “ilusión” proviene de illudere, que significa “jugar”. Ilusionarse es pues, la habilidad de obrar magia con la vida. Magia mental. Eso es lo que el ser humano necesita, y de hecho, el amor es magia”.

La auténtica felicidad no es un estado perfecto y permanente, sino un balance existencial positivo. Los altibajos, frustraciones, dificultades, sinsabores y errores, son inevitables y en la mejor de las vidas todo eso asoma en distintas dosis y circunstancias.  Como lo he dicho en varios de mis posts, NADIE es feliz siempre. La felicidad absoluta no existe, hay que aspirar a la felicidad razonable.

Algunas recomendaciones del Dr. Rojas:

  1. Saberse tomar la vida con sentido del humor, patrimonio de personas con buena salud mental.
  2. Conocerse a sí mismo (fortalezas, debilidades)
  3. Fortalecer la voluntad (la capacidad para aplazar la recompensa) Es la capacidad de hacer algo positivo para si mismo pero sabiendo que los resultados no serán inmediatos sino mediatos). Una persona con voluntad llega más lejos que una persona inteligente.
  4. Saber superar las crisis de la vida, saber que el tiempo cura casi todas las heridas.
  5. Tener una concepción correcta del tiempo: Una persona madura es aquella que vive instalada en el presente, tiene asumido y superado el pasado con todo lo que eso significa, y vive empapada y abierta hacia el provenir.
  6. Tener el apoyo de la familia y los amigos
  7. Buscarle el sentido a la vida: Descubrir para que vivimos. Vivimos en un mundo apurado, pero que no se sabe hacia donde corre.

Y por último, darle la vuelta al juego de la vida. “Donde la mano siente un pinchazo, los ojos descubren rosas”, decía San Josemaría. Toda depresión viene con ansiedad (el miedo al futuro). Está en nosotros transformarla en esperanza, que es la columna vertebral de la vida, la ilusión por completar nuevos proyectos personales, familiares, espirituales y laborales. Ayer en un almuerzo me preguntó un amigo cuales eran mis metas para este año, y no supe que responderle, lo cual me ha obligado hoy a replantear mis metas en la vida. Si salen bien o mal al final de año, no depende de mi, en mi cancha está el esfuerzo que ponga por sobreponerme  y por cumplirlas. Y es que no siempre tendremos éxito, pero la esperanza nos dará ánimos para superar las adversidades y los fracasos.

Seguramente a más de uno nos ha pasado que muchas veces la esperanza se nos pierde en un mar de ideas confusas, el tiempo, se convierte en una carga, que lo único que queremos es que pase rápido, al pasado lo visitamos con pena, el presente no lo vivimos y el futuro se convierte en un miedo a lo que viene.

¿Cómo recuperar esa fuerza interior que se ha perdido y que es necesaria para seguir adelante, para hacer que la vida continúe? Llámenle esperanza o cualquier otro sinónimo, pero sin ella, nada es posible. “En todo final, descubre siempre un nuevo principio”.

¿Adios mundo cruel?

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Hace ya varios días vengo pensando en la muerte, tema apasionante y en muchos casos relacionado al sufrimiento. Lo curioso es que muchos sufren porque ya se les acaba la vida, les duele dejarla, otros al contrario, porque dura, y ya no soportan estar más en ella. En todo caso, lo realmente triste es vivir sin ninguna esperanza, pensando en que la vida se acabará acá abajo. Nada podría sumergirme más en una depresión que eso. Un santo de nuestros días decía “Que hueca vanidad centrar la existencia en esta vida”.

Yo creo que uno muere de acuerdo a como ha vivido. Me imagino siempre la torre inclinada de Pisa, ¿El día que se caiga, hacia qué lado será? No es difícil acertar. Si en su vida uno hizo su tarea, luchó por lo que valía la pena (ganando y perdiendo batallas pero luchó al fin), y su forma de pensar, hablar y actuar estaba alineada pues asumo que le será más fácil el encuentro final. Un amigo decía que la muerte no es el derrumbe, es solo una liquidación de existencias por cambio de domicilio. Y es que la vida no se pierde, solo se transforma, sólo se cambia, y es un cambio para bien.

Por desgracia, normalmente los únicos que piensan en ella son aquellos que sufren una depresión complicada, ¿pero por qué esperar a eso para cuestionarla? Muchas veces ya es tarde y uno la ve con el deseo de que venga pronto. Enrique Rojas, famoso psiquiatra español, decía que no somos más que personas que habitan una personalidad y de nosotros va a ser lo que nosotros queramos hacer con nuestro proyecto de vida.

Y si, a veces nos llega la depresión – sin duda la enfermedad más importante del estado de ánimo- , también llamada enfermedad de la melancolía y de la tristeza persistente y duradera que se cuela por los rincones del alma y se agarra fuerte. Pues bien, si llega, no nos queda más que aprender a vivir con ella mientras dure, porque no es eterna, así como también, y  como lo he dicho en varios posts, nadie es feliz todo el tiempo, o dicho de otra forma, la felicidad absoluta no existe, es una utopía. Lo que hay es una felicidad relativa, que consiste en estar contento con uno mismo, producto de la relación entre lo que se desea y lo que se consigue. Por ello, que importante saber gestionar nuestros deseos.

Mi padre decía que cuando llega el momento de sufrir el dolor, ayuda más un poco de valor que un conocimiento abundante, algo de compasión humana más que un gran valor, y la más leve tintura del amor de Dios más que ninguna otra cosa, así que cuando uno sufre, es el momento ideal para pedírsela.

En fin, si algo nos debiera enseñar la muerte es que hay que aprender a vivir. Amar, pensar, decidir, luchar, reir, abrazar, perdonar, escuchar, creer, hablar son acaso los mejores compañeros de camino. Y es que al final, cuando llega el momento de cruzar el río y ya estamos llegando a la otra orilla, ¿De qué nos arrepentimos? Salvo algún tarado que sólo piensa después de haber actuado, los demás lamentamos aquello que no hemos hecho.  Si hubiera cambiado de carrera a tiempo, si hubiera dejado ese trabajo antes, si hubiera callado en aquella discusión, si hubiese amado de verdad, si hubiese luchado más por conseguir lo que quería, si la hubiese besado en esa fiesta, si hubiese ido contracorriente y me hubiese arriesgado más por eso que valía la pena… La cantidad de lamentos puede ser tan grande y tan fuerte que arrase con todo. Entre nuestra vida real, con sus pros y sus contras, compromisos y deberes y la alternativa idealizada, siempre gana esta última.  A lo mejor es una comparación irreal, y por ello injusta, pero no deja de ser en muchos casos cierta. Por ello, como decía Santiago Alvarez, “cuando una voz interior susurre acciones y decisiones suficientemente ponderadas y asumidas, lo mejor es seguir sus dictados.  Si no, el futuro nos mostrará el presente, hoy, transformado en pasado hipotecante.”

Jorge Luis Borges tiene un poema tremendo, titulado «El remordimiento»:

He cometido el peor de los pecados

Que un hombre puede cometer,

No he sido feliz.

Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé.  No fui feliz.

Cumplida no fue su voluntad.

Me legaron valor.  No fui valiente.

No me abandona, siempre está a mi lado,

la sombra de haber sido un desdichado.

Gracias Jorge Luis, tienes ese don único de escanear el corazón y expresar lo que uno siente con la precisión de un cirujano.

 

¿Le daremos espacio?

nacimiento-de-jesusDecìa el Papa Benedicto que lo màs maravilloso de este mundo es conocer a Cristo y darlo a conocer a los demás y que mejor motivo para hacerlo que en Navidad.

Lamentablemente no se puede amar a quien no se conoce. Por ello, que importante recordar nuevamente al Papa que nos dice que la mejor manera de conocerlo es en la oración, Hablar con El como quien le cuenta las penas y alegrìas a un amigo del alma y también dejar un tiempo para escucharlo. Tiene mucho que decirnos, y lamentablemente no le damos espacio. Pasa lo mismo que pasò hace poco màs de 2 mil años: “Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo reclinò  en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”. Probablemente siga Jesùs buscando un lugar donde nacer, y que triste que haya venido a buscarnos y le neguemos el espacio…a alguien que vino a salvarnos, y al final de cuentas, también a hacernos mejores y màs felices acà y en la otra vida.

Para terminar aprovecho en copiarles las respuestas a las 3 primeras preguntas que le hicieron al Papa por tweet:

“¿Cómo podemos celebrar mejor el Año de la fe en nuestra vida diaria?”. Respuesta: “Dialoga con Jesús en la oración, escucha a Jesús que te habla en el Evangelio, encuentra a Jesús, presente en el necesitado”.

Segunda: “¿Cómo vivir la fe en Jesucristo en un mundo sin esperanza?”. Respuesta: “Con la certeza de que, quien cree, nunca está solo. Dios es la roca segura sobre la que construir la vida, y su amor es siempre fiel”.

Tercera: “¿Qué nos aconseja para rezar más en medio de nuestras obligaciones profesionales, familiares y sociales?”. Respuesta: “Ofrece al Señor todo lo que haces, pide su ayuda en todas las circunstancias de la vida diaria, y recuerda que él está siempre a tu lado”.

Y bueno, recibì este video de navidad en los centros comerciales  que vale la pena verlo!

Mi relación con la felicidad

De todas las relaciones que he tenido en mi vida, quizá la más problemática, atípica y hasta algunas veces ingrata ha sido la que mantengo con la felicidad. A veces somos grandes amigos, los mejores, otras y sobre todo recientes, nos hemos peleado, aunque ambos añoramos vivir los viejos tiempos.

Y quisiera no solo recordarlos sino volverlos a vivir, y para ello quiero y debo cambiar, esto que parece sencillo, ¿Cómo se hace? ¿Cómo se cambia personalmente, solo a base de esfuerzo y fuerza de voluntad? No estoy seguro. Cuanto más quiero cambiar, más resistencia interna encuentro en el proceso. Cuanto más reconozco y lucho con mis debilidades, más permanecen. Quizá el orgullo de creer que tengo la fuerza para hacerlo es justamente lo que no me deja cambiar. Bien dicen que no se cambia una realidad que se ignora o se desconoce. A lo mejor me falta interiorizar mis problemas, mis fortalezas, debilidades y el alcance de éstas. Uno no puede cambiar ni gestionarse a si mismo, sino se acepta en su totalidad con sus virtudes y defectos.

Si es que realmente estamos acá para ser felices, cabe la pena cuestionarse si esta es una consecuencia de un modo de ser, de estar, de vivir, de pensar, de trabajar,  o un objeto de deseo que defino a priori para ir tras de él. Creo que hay más de lo primero que de lo segundo.

A veces la teoría es importante conocerla, pero la realidad enseña mucho más. Uno puede escribir o hasta dar conferencias de felicidad, otra cosa es si el corazón sigue los dictados de la palabra. He descubierto que es mucho más útil aprender sobre la adversidad, o de como gestionar las prolongadas ausencias de la felicidad en nuestra vida que hablar de sus fugaces e impredecibles apariciones, las cuales, cuando se dan, hay que vivirlas aceptando sus condiciones.

Lo he repetido ya muchas veces en este blog, al final, la felicidad no está emparentada con la riqueza, si, ayuda, sobre todo cuando no hay dinero para cubrir necesidades básicas, pero nada más, y tampoco es prima ni de la salud ni menos aun de la pobreza. Miguel Dórs lo dice claramente en su poema:

“Ellos

que viven bajo los focos glamorosos

del éxito y que poseen

suaves descapotables y piscinas de plácido turquesa con rosales

y perros importantes y emparejados con rubias satinadas

bellas como el champan y no son felicidad.

y yo que no entiendo nada más que estas calles

gregarias y un horario

oscuro y mis domingos baratos junto al rio

con una esposa y un niño que me quieren

tampoco soy feliz…”

Ayudaría también y mucho el saber ¿Qué somos nosotros, como nos definimos? ¿Cuál es nuestra esencia? ¿Para qué estamos en la vida? En la película “Lo que queda del día”, en una parte, al mayordomo le preguntan, “¿Qué es usted además de mayordomo? Mayordomo. ¿Cuál es su papel en la vida? Servir a Lord Carrington. ¿Algo más? No, servirle leal y profesionalmente. ¿Dónde reside la causa de su dignidad? En el oficio de mayordomo.”  Claramente se confunde la esencia de su ser con su profesión.

No dudo que nos pase a muchos de nosotros, si no tenemos clara nuestra verdadera misión en la vida, ya que nos enfocaremos en cosas que no necesariamente nos darán la felicidad que necesitamos.

Daniel Goleman, creador del concepto de la inteligencia emocional decía que no nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Como recibimos y procesamos y almacenamos los hechos en la vida es un proceso decisivo en nuestra interlocución con la misma. Los hechos son aquellos en lo que uno los convierte. Vale decir, la felicidad no depende de la realidad, sino de como la interpretas.

Como bien dice Santiago Alvarez de Mon, “La felicidad juega con nosotros porque impone sus reglas. Llega sin previo aviso y se va cuando quiere. Trabajo, inocencia, humildad, éstas si viven en las cercanías de la felicidad. También la esperanza, virtud personal que no renuncia a un mañana mejor y que no desespera ante el misterio. Sonreír es imprescindible para los asuntos trascendentes. Solo el humor y la humildad aciertan a conocer las reglas de juego de la vida, se atreven a rebelarse ante tanta desdicha e infelicidad humanas y transformarlas en esperanza e ilusión.”

El buscar la verdadera felicidad en la vida es quizá la cuestión más urgente e importante que tenemos, y que solo nosotros podemos despejar. Los libros, videos, artículos, consejos de personas, se tienen que retirar sutilmente y hacerle un espacio a nuestra relación con Dios, la cual está directamente relacionada a nuestra relación con la felicidad, y obviamente también a nuestra mente y corazón, tándem imparable, pareja capaz de ayudarnos si están realmente alineados.

Historia de una sonrisa

Nadie es feliz todo el tiempo, mientras unos nos ahogamos en un vaso de agua y pareciera que somos adictos a la infelicidad, otros nadan a puro pulmón a oscuras y en un mar lleno de tiburones y logran llegar a la orilla. Sufren, luchan, lloran, pero consiguen una tranquilidad de conciencia, que les da paz, alegría. Imposible dejar de ver este video de Alvaro, un hombre de mi edad, pero valiente, enamorado de la vida, que acaba de morir a causa de un sarcoma de Ewing, contra el que luchó hasta el final de su vida. “Con su muerte perdió todas las cosas materiales y ambiciones humanas que pudiera tener. Pero se llevó, y eso es lo importante, un gran corazón que supo amar, sufrir, darse a los demás”.

Gracias!!

Gracias, una palabra muy usada y a la vez devaluada últimamente. Se usa como una muletilla, sin darse cuenta su verdadero valor.

Me pregunto a veces si agradezco por lo que tengo. El hecho de hacerlo, ya es un buen ejercicio, todas las noches, pensar en las cosas buenas que nos hayan pasado, nos ayuda a enfocarnos en lo bueno. ¿Quién no tiene problemas? ¿Quién no la pasa mal? Este video que me enviaron hace poco, me ayudó a darme cuenta de que puedo pensar que estoy mal, pero a lo mejor me ahogo en un vaso de agua, mientras otros nadan a brazo partido por un temporal.

La superación del desencanto de la vida diaria

En un reciente artículo publicado en Zenith Madrid  la semana pasada, entrevistaban a José Benigno Freire, autor del reciente libro “La felicidad inadvertida”. A continuación los dejo con un resumen que me pareció importante compartirlo.

¿Quién podría decir hoy que no aspira a la felicidad? Sin embargo, si se hace una encuesta en la calle, cada persona cifrará su felicidad en cosas muy diferentes, en objetos materiales, estados de ánimo, casi siempre en objetivos que dependen de las circunstancias. José Benigno Freire, Doctor en Pedagogía, Licenciado en Psicología y Filosofía y profesor de Psicología de la Personalidad en la Universidad de Navarra, afirma en cambio que la felicidad está en el meollo del propio ser humano y allí hay que buscarla, cuidarla y desarrollarla, no sin fatiga.

Para probarlo, el profesor Freire emprendió una búsqueda de lo que llama “felicidad inadvertida”, en el ambiente menos propicio del mundo y tal vez de la historia: los campos de concentración nazis. Comenta sobre los “trozos de felicidad” que resultarían increíbles si no es porque los mismos prisioneros los han dejado escritos: momentos de ternura, de contemplación de la belleza, de generosidad, que relatan los protagonistas, con dulces palabras en claro contraste con la grisura de la cotidiana lucha por la supervivencia.

ZENIT ha repasado, en esta entrevista con el profesor José Benigno Freire, esos pasos que conducen a ser más felices en el día a día.

Usted habla de “nostalgia de lo cotidiano” en un campo de concentración, una nostalgia que humaniza, y extrae una lección para el hombre de a pie. ¿Cuál?

–Prof. Freire: Resultaba curioso que, en los escasos momentos de un cierto sosiego o tranquilidad, los prisioneros regresaban con añoranza a su vida anterior. Y no se acordaban de sus éxitos o de sus logros sociales o personales; generalmente recordaban detalles menudos de la vida habitual: el sofá de casa, una ducha en agua caliente, la calidez del pan recién hecho, el beso nocturno al despedirse de la madre… Unos detalles que Primo Levi describió con una expresión agraciada: sentían dolor de hogar. Esta experiencia no debe interpretarse en clave emotiva, porque eran los sentimientos de unas personas que vivían con la muerte escondida detrás de un cercano amanecer. En esas condiciones uno no está para lirismos sentimentales. Por lo tanto, constituyen un valor objetivo. Por eso animo a los lectores a que los disfruten, y que por su cotidianidad no los dejen pasar inadvertidamente.

El humor tiene una función en la psicología. ¿puede explicar cuándo el humor hace más humana a una persona?

–Prof. Freire: El humor puede tener múltiples orígenes. Desde lo chabacano o rudo, hasta representar un chispazo de la exquisitez de la inteligencia humana. De todos esos posibles orígenes el más humano es el humor que germina en el amor: cuando una persona utiliza todos sus recursos para aliviar el sufrimiento de otro, para ayudar a otro sin ser notado. Así, el humor brota espontáneo, afable y expansivo. Muchos malos momentos de la vida se pueden esconder en el hueco interior de una sonrisa.

La contemplación de la belleza ¿puede salvar del envilecimiento o la locura? ¿por qué?

–Prof. Freire: Sí. Pero más que un antídoto es un síntoma de la madurez interior. La percepción de la belleza y la conmoción emocional o estética, surgen como una manifestación de que la persona atiende a unas solicitaciones que traspasan las apetencias exclusivamente corporales. Disfrutar con la naturaleza, la música, la pintura, la belleza de una película, el apagado resplandor de una puesta de sol… es señal de que las entretelas de la persona se activan por el regusto de la belleza, un trascendental del ser.

¿La dignidad humana tiene una gran relación con el saber gobernarse a sí mismo?

–Prof. Freire: Sí, porque en la intimidad anidan las bridas del comportamiento. Si una persona actúa siguiendo el dictamen de su coherencia interior, mantiene una fuerza y constancia más intensa que si actuara en función de los movedizos intereses de los requerimientos o instigaciones externos a su dignidad.

¿Qué entiende por aceptar la limitación de lo real?

–Prof. Freire: Una cosa muy sencilla, que nos suele alejar de la felicidad. La felicidad absoluta –completa y total- no existe por la limitación inherente al ser humano. Si anheláramos esa felicidad viviríamos con una sensación de desencanto habitual. Hay que convencerse que la única felicidad razonable, real, es la que permite disfrutar de la vida, con sus alegrías y bonanzas, en el espacio realista de los problemas, enfermedades, fracasos, dificultades, obstáculos… Todo lo demás pertenece al terreno de la fantasía.

Su última propuesta en este libro es una invitación a superar el desencanto en la vida de cada uno. Entonces, ¿la felicidad se construye día a día?

–Prof. Freire: El desencanto ha de entenderse en el sentido de la pregunta anterior: situarse en el espacio de la limitación de lo real. La vida puede ser un experimento fantástico, engatusante y engatusador, siempre que no perdamos de vista las coordenadas de lo real. Y para disfrutar de la vida hay que zambullirse de bruces en el único tiempo capaz de sentir la hondura de vivir: ahora, hoy.

Solo gana el que acepta la derrota…

Actualmente uno encuentra fácilmente cursos y diplomados para todo, ventas, contabilidad, marketing, etc. Sin embargo, cuando tiene un gran problema personal, que difícil saber como gestionarlo. Si algo he aprendido sobre esto, es que cuando uno sufre momentos complicados en su vida, éstos no nos dejan indiferentes, o sacan lo mejor de nosotros o nos quiebran de manera definitiva. Hay un antes y un después de nuestra propia crisis. Y generalmente, si sabemos gestionarla, lo que sale es una persona más madura y fuerte. Michel Jordan dijo: «He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera.  He perdido más de 300 partidos.  En 26 ocasiones se me concedió la responsabilidad de encestar la última canasta y me equivoqué.  He fallado una y otra vez en mi vida deportiva.  Por este motivo triunfé.” El error es la otra cara de la excelencia.

Tarde o temprano llegará de visita la adversidad, siempre inoportuna por cierto, disfrazada de la muerte de un ser querido o de un desencanto amoroso, ya sea divorcio o enfriamiento de la relación, o de una pérdida de trabajo o de la marcha de un amigo del alma.

¿Cómo gestionarla?

Nadie mejor que Santiago Alvarez de Mon, Profesor principal del IESE de España y uno de los mejores coach del mundo para darnos una respuesta coherente. Nos dice que ante la visita de esa “exigente maestra” (ya que nos obliga a estudiarla, a aprender  de ella y a sacar lo mejor de nosotros), hay que reconocerla y hacer las paces con ella. JK Rowling, la autora de Harry Potter comentó recientemente en una entrevista que el fracaso le enseñó cosas de sí misma que no hubiera podido aprender de otra manera.  Descubrió que tenía más voluntad y disciplina de lo que pensaba. Uno nunca acaba de conocerse ni conocer hasta donde es capaz, hasta que no sea probado por la adversidad. «Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo.  Lo que cura al hombre no es huir del dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella» decía Benedicto XVI.

No transformas una realidad que niegas, tienes derecho al “bajón”, al miedo inicial, a la frustración y una vez que interiorizas esas emociones eres capaz de gobernarlas. Esto nos obliga a hacer “arqueología interior”, a recurrir a recursos que están allí inexplotados, profundizar, identificar nuestras fortalezas y debilidades y saber utilizarlas. Hay varios que pueden quebrarse, normalmente aquellos que han tenido la intención de salir pero la fuerza de voluntad ha estado débil.

Nos dice Alverez de Mon: “Cuando se presenta la adversidad, fabricar una respuesta esperanzada, me parece patrimonio de gente singular y creo que allí más que nunca, es donde  movilizas tu talento, donde cosechas todo lo que has invertido antes, en paciencia, perseverancia, lucha, disciplina y una mentalidad de optimismo. En los desiertos de la adversidad es cuando más lo necesitas. Con la forma habitual de pensar, con el andamiaje meramente  intelectual, no llegas, no ganas el partido, necesitas de todos tus recursos. Necesitas sacar a la superficie emociones, afectos, lucha interior y mucha fuerza de voluntad y energía.”

Menciona también que el tiempo tiene una relación directa con la adversidad. En 1993, final de  Wimbledon, jugaban la final Jana Novotna contra Steffi Graff, en ese entonces No1. del ranking. Iba 6-7 el primer set, 6 a 1 el segundo y 4 a 1 y 30 a cero a favor de Novotna, decir, a dos pasos del 5 a 1 y  campeonar. Perdió el punto y en 10 minutos Steffi remontó y ganó el set y el campeonato. ¿Qué pasó con Novotna? Su cabeza en lugar de quedarse en el presente, viajó al futuro, se imaginó la gloria, el recibimiento apoteósico en su país celebrando su primer triunfo, como le cambiaría la vida, y cuando se fue dos pasos adelante, la concentración se fue y perdió. No ganó Steffi, perdió Novotna.

En otro episodio, Greg Norman, el mejor golfista en ese año, en 1997, jugando el Abierto de Augusta, a 4 hoyos tenía 5 golpes de ventaja, la pelota cae en una zona difícil del campo, viajó al pasado, se acordó que había fallado hace dos años en una situación muy parecida, entrena el swing y con el pensamiento de no tirarla al lago y se dice a sí mismo: “Greg, acuérdate de la vez pasada, fallaste, ten cuidado” y vuelve a tirarla al lago, se desconcentra y pierde el campeonato. El siguiente torneo le pasó exactamente lo mismo. Su cabeza en lugar de viajar para adelante como en el caso anterior, viajó hacia atrás.

En ambos casos hay una mente hiperactiva, viajera, que no es capaz de coserse al presente y en ese sentido pierden tenista y golfista. En la adversidad, la vida te urge a descifrar, a exprimir, las claves del presente, que no es capaz de quebrarnos, incluso cuando es más cruel.

Cuando hay angustia (el miedo a lo que pasará en el futuro) es que nos hemos ido al mañana, la incertidumbre, el hábitat natural del ser humano, llega a niveles altísimos innecesariamente. Y cuando nuestra mente piensa demasiado en el pasado, nos vamos a la nostalgia, en la que algunos viven anclados en lo peor.

Que importante tener una visión circular del tiempo, en la que el presente está lleno de un futuro que sueñas para ti y para tus seres queridos y de un pasado agradecido cuando piensas en tus padres o cuando ves fotos de cuando eres pequeño. Al final, lo único que tienes es el presente. Y si uno escucha o lee a muchas personas que han pasado por grandes problemas y han salido de ellos, todas ellas hablan de la intensidad, la energía, el nivel de concentración que tenían para limitarse a estar en el presente. Las mentes dispersas no pueden conquistar el futuro, el futuro se hace hoy, con esfuerzo, con capacidad de luchar, solo eso ya es suficiente para triunfar en nuestro fuero interno, los resultados, ganar o perder, las consecuencias de lo que hacemos, forman parte de otro partido en el que no llevamos las riendas. Que importante pero a la vez difícil es aprender a gestionar la adversidad, en lugar de tratar de escapar de la misma. Deberíamos tener muy claro que parte del camino que lleva a la felicidad implica, necesariamente, luchar y gestionar  la adversidad.

 

«Los muros existen para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto deseamos algo.  Los muros están para frenar a la gente que no desea suficientemente algo.  Están para frenar a los demás. Sin embargo, el éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide.” Santiago Álvarez de Mon

¿Qué nos hace estar felices?

La pregunta de las preguntas es “Qué nos hace ser felices” y en varios artículos he comentado que está muy relacionada con la tranquilidad de conciencia, con saber que estamos haciendo y luchando por hacer lo que debemos hacer en ese momento. Sin embargo, pocas veces he tocado el tema de “estar felices” un concepto más relacionado a bienestar, a algo pasajero, pero no por ello menos importante.

Para ensayar una respuesta que nos sirva, me he apoyado en Tal Ben Shahar, quizá el referente a nivel mundial en este tema, Psicólogo y a cargo del curso con más alumnos inscritos en la Historia de Harvard “Psicología Positiva”.  En su bestseller Happier definió la felicidad como una combinación entre significado y placer. “Si trabajo en algo que es significativo para mí, si siento que es importante, si creo que hace la diferencia, y si además disfruto de mi trabajo y experimento placer, entonces, mi trabajo me entrega felicidad”, ejemplifica. Si lo que hacemos es sólo significativo o sólo placentero, aquello no es suficiente para sostener la felicidad, es imposible experimentar significado y placer todo el tiempo, “pero si lo experimentas la mayor parte del tiempo, es una relación feliz”.

Ben-Shahar cita constantemente estudios que avalan su planteamiento: “hay investigaciones”, asegura, “que muestran que la gente que escribe una lista de cinco cosas por las cuales debe agradecer es gente más feliz, más optimista, más exitosa, físicamente saludable, más simpática y más generosa con los demás”.

Uno de los temas que llama la atención de su libro es la relación entre religión y felicidad que da a entender. Dice  que  cuando uno observa las investigaciones, la gente religiosa generalmente es más feliz que la no religiosa. La religión entrega significado: sé por qué me levanto cuando despierto en las mañanas, sé lo que estoy haciendo cuando voy a la iglesia los domingos. Sabemos que la gente que expresa gratitud es más feliz que la que no lo hace, y en la religión hay un mecanismo interno, que te conduce a la gratitud.

Algunos consejos que da para estar felices:

1. Permítase ser humano. Cuando aceptamos las emociones, como el miedo, la tristeza o la ansiedad, como naturales, somos más propensos a superarlas. Rechazar nuestras emociones, positivas o negativas, conduce a la frustración y la infelicidad.

2. Tenga en cuenta que la felicidad depende principalmente de nuestro estado de ánimo, no del estado de nuestra cuenta bancaria. Salvo en circunstancias extremas, nuestro nivel de bienestar está determinado por aquello en lo que elegimos enfocarnos, y por nuestra interpretación de los acontecimientos externos.  Por ejemplo, ¿Cómo vemos el vaso, medio lleno  o medio vacío? ¿Vemos al fracaso como algo catastrófico, o como una oportunidad de aprendizaje?

3.  ¡Simplifique! Estamos, en general, demasiado ocupados tratando de hacer cada vez más actividades en menos tiempo.  La cantidad influye en la calidad, y comprometemos nuestra felicidad cuando tratamos de hacer demasiado.

4. Recuerde la conexión mente-cuerpo. Lo que hacemos,  o no hacemos, con nuestro cuerpo, influye en nuestra mente. Hacer  ejercicio regularmente, dormir lo suficiente y comer de forma saludable, lleva tanto a la salud física como mental. Sigue leyendo

En Harvard se aprende a ser feliz

Recientemente publicaron en el Boletín semanal de Haravard un artículo sobre la felicidad. Curiosamente, el curso con más popularidad y éxito, más que los de economía de los cuales son los grandes especialistas, es sobre la felicidad y está a cargo de Tal Ben Shahar. Aquí un resumen.
La Felicidad, ese estado de plenitud y equilibrio que todo ser humano anhela como ideal de realización y bienestar y que combina una justa proporción entre lo que se es, lo que se tiene y a lo que se aspira, es y será siempre uno de los temas motores de nuestra existencia y por tanto un tema fundamental de estudio, que al parecer no ha escapado de la lista de temas abordados por las más prestigiadas escuelas de negocios.

Dicho curso se llama “Mayor felicidad”, y es dictado por Tal Ben Shahar. Este curso atrae a 1400 alumnos por semestre y 20% de los graduados de Harvard toman este curso electivo (información al 2009) ¿Por qué? Quizás porque este curso, basado en las últimas investigaciones de psicología positiva, los hace cuestionar creencias y supuestos arraigados en nuestra sociedad.

“La vida es similar a una empresa. Una empresa tiene ganancias, costos y tendrá utilidad en la medida en que sus ganancias sean mayores que sus costos. En la vida diaria, nuestros costos son nuestras emociones y pensamientos negativos, y nuestras ganancias, nuestros pensamientos y emociones positivas. Si tenemos en balance más pensamientos y emociones positivas en nuestra vida, la empresa de nuestra vida está logrando utilidades. Una persona con una depresión prolongada, sería como una empresa quebrada. Analice cómo está su vida en cuanto a las utilidades de felicidad, ¿Está en positivo o está en rojo? ¿Cómo lograr estar más en azul en cuanto a felicidad?”

El curso sobre la felicidad está fundamentado en una serie de encuestas y estudios de campo sobre las características y componentes que permiten vivir felizmente, en éste se destacan y proporcionan 10 Consejos Clave o tips para mejorar la calidad de nuestro estado personal y que contribuyen a la generación de una vida positiva. Miles de personas han asistido a él y han logrado cambiar su estado de ánimo:

TIP 1
Practica algún ejercicio: (caminar, ir al gym, natación, etc.). Los expertos aseguran que hacer ejercicio es igual de bueno que tomar un antidepresivo para mejorar el ánimo, 30 minutos de ejercicio es el mejor antídoto contra la tristeza y el estrés.

TIP 2
Desayuna: algunas personas se saltan el desayuno porque no tienen tiempo o porque no quieren engordar. Estudios demuestran que desayunar te ayuda a tener energía, pensar y desempeñar exitosamente tus actividades.

TIP 3
Agradece a la vida todo lo bueno que tienes: Escribe en un papel 10 cosas que tienes en tu vida que te dan felicidad. Cuando hacemos una lista de gratitud nos obligamos a enfocarnos en cosas buenas.

TIP 4
Sé asertivo: pide lo que quieras y di lo que piensas. Está demostrado que ser asertivo ayuda a mejorar tu autoestima. Ser dejado y aguantar en silencio todo lo que te digan y hagan, genera tristeza y desesperanza.

TIP 5
Gasta tu dinero en EXPERIENCIAS no en cosas: Un estudio descubrió que el 75% de personas se sentían más felices cuando invertían su dinero en viajes, cursos y clases; mientras que sólo el 34% dijo sentirse más feliz cuando compraba cosas.

TIP 6
Enfrenta tus retos: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Estudios demuestran que cuanto más postergas algo que sabes que tienes que hacer, más ansiedad y tensión generas. Escribe pequeñas listas semanales de tareas a cumplir y cúmplelas.

TIP 7
Pega recuerdos bonitos, frases y fotos de tus seres queridos por todos lados. Llena tu refrigerador, tu computadora, tu escritorio, tu cuarto. TU VIDA de recuerdos bonitos.

TIP 8
Siempre saluda y sé amable con otras personas: Más de cien investigaciones afirman que sólo sonreír cambia el estado de ánimo.

TIP 9
Escucha música: Está comprobado que escuchar música te despierta deseos de cantar y bailar, esto te va a alegrar la vida.

TIP 10
Lo que comes tiene un impacto importante en tu estado de ánimo.

§  Comer algo ligero cada 3-4 horas mantiene los niveles de glucosa estables, no te saltes comidas.

§  COME DE TODO!

§  Varía tus alimentos

TIP 13
Arréglate y siéntete atractivo(a)
El 41% de la gente dice que se sienten más felices cuando piensan que se ven bien. !Ponte guapo(a)!

“Hagamos un esfuerzo por lograr un balance en azul en nuestra cuenta de felicidad. No solo nuestro cuerpo nos lo va a agradecer. La buena vibra trae salud, pero al estar más positivos atraeremos también mayor bienestar a nuestras vidas”

Ser feliz, es al final, la construcción de un gran fondo de ahorro de experiencias significativas, pobre de aquel que guarda lo que posee en donde se corre el riesgo de perderlo todo. ¿O no?.