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Decidir bien no siempre es acertar

Esta semana me he permitido transcribir un artículo publicado en el último boletín del IESE de Barcelona por Miguel Angel Ariño, uno de sus mejores profesores y a quien tuve el honor de escuchar personalmente justamente una clase sobre este tema.

Tomar decisiones y ponerlas en práctica es la tarea más importante no sólo de los directivos en el ejercicio de sus cargos, sino de cualquier persona en su día a día. Decidir bien es fundamental para solucionar los problemas a medida que van apareciendo pero a la hora de hacerlo se debe pensar más allá de la dificultad concreta que se plantea y analizar las posibles repercusiones que esa decisión tendrá en un futuro.

Los autores ponen el acento sobre una cuestión fundamental: para tomar una buena decisión hay que perder el miedo a no acertar. De hecho, una decisión puede tener resultados desfavorables y no por ello ser incorrecta. El profesor Miguel Ángel Ariño y el colaborador científico Pablo Maella, dibujan cuatro posibles escenarios que permiten entender la importancia de interiorizar unos principios básicos a la hora de decidir.

  • Una decisión correcta con resultados favorables es la situación ideal, pero no siempre se produce.
  • Una decisión correcta con resultados desfavorables puede deberse a la mala suerte o a un factor exógeno y de imposible previsión. En este caso se obtiene un aprendizaje que mejorará futuras decisiones y el éxito acabará por llegar.
  • Una decisión incorrecta con resultados desfavorables también permite aprender, pero hay que hacer todo lo posible para evitar que la situación se vuelva a producir.
  • Una decisión incorrecta con resultados favorables es el escenario más peligroso, ya que los errores se perpetuarán mientras que la suerte se acabará. Y el resultado de una empresa no puede depender de la suerte.

De estas cuatro posibles situaciones se desprende que lo importante no son los resultados, si no el proceso que lleva a tomar una decisión.
Definir objetivos y ser realista
Acotar claramente lo que se pretende conseguir, plantearse metas ambiciosas y comprometerse con su logro son elementos básicos para decidir bien. A la hora de definir objetivos es imprescindible priorizar adecuadamente para evitar que lo secundario se confunda con lo principal y, como resultado, se tome una decisión que no ayude a conseguir lo verdaderamente esencial.

Una vez definidos claramente los objetivos, es necesario ser realista. Muchas decisiones se toman en función de presupuestos erróneos repetidos hasta alcanzar la consideración de verdad incuestionable. Cuando un consenso común es la base de la toma de una decisión, ésta tendrá los pies de barro. Ser realista implica también plantear los problemas de manera adecuada. Es decir, centrarse en las causas principales del mismo, preguntarse por las razones últimas que lo provocan. Sólo así se podrá obtener una solución adecuada.

Ser realista es no intentar justificar lo injustificable. En ocasiones se fundan decisiones sobre explicaciones convincentes pero alejadas de la realidad. El ser humano puede justificar con palabras sus acciones y decisiones, pero el recurso a sofismos son el primer paso hacia el fracaso. Y es que el autoengaño es el peor enemigo para la toma de decisiones.

Uno de los pilares necesarios para ser realista es contar con la información necesaria para poder tomar una decisión correcta. A más elementos de análisis, más posibilidades de decidir correctamente. Sin embargo, el coste de la información nunca debe ser superior a los beneficios esperados de la toma de decisión.
La irracionalidad también cuenta
Si bien todos los principios apuntados en el libro Iceberg a la vista, principios para tomar decisiones sin hundirse, conducen hacia una racionalidad y objetivación del proceso decisorio, hay que tener en cuenta que el elemento irracional también juega un papel importante.

En ocasiones, las decisiones tomadas de forma intuitiva pueden funcionar, pero para ello son necesarias tres condiciones:

  • Llevar a cabo esa solución ha de suponer un riesgo controlado.
  • Esa solución intuitiva sólo debe ensayarse una vez se haya analizado todo lo que sea posible analizar.
  • Tanto si van bien las cosas como si salen mal, es bueno aprender el camino para evitar posibles errores en el futuro.

La hora de la ejecución
Tomar decisiones es complejo. Valorar los diferentes escenarios, considerar todas las variables y estudiar las posibles repercusiones de una decisión supone un gasto de tiempo significativo. Sobre todo si se hace correctamente. Por este motivo, una vez tomada la decisión es necesario ejecutarla. Si no hay una ejecución de la decisión, el tiempo invertido habrá sido perdido y el tiempo tiene un coste. Además, no implementar una decisión tomada inevitablemente crea frustración y ésta puede condicionar futuras decisiones.

Los autores también ponen de relieve la importancia de ganar aliados a la hora ejecutar una decisión. Muchas veces una buena idea no se aplica porque alguien dentro de la misma organización ve la decisión como una amenaza hacia su departamento o hacia su propia persona. Para evitar esta situación es necesario recurrir a la pedagogía, modular el lenguaje en función del interlocutor y, sobre todo, hacer entender a la otra parte las ventajas que la ejecución de dicha decisión le reportará.

Nada puede asegurar que después de seguir todos estos principios los resultados sean favorables. Decidir bien no es sinónimo de éxito y la corrección de una decisión no puede medirse en función de sus resultados. Lo que sí se puede afirmar es que si se interiorizan estos principios de decisión, los buenos resultados, tarde o temprano, llegarán.

Carta para trabajar mejor

Nuestra vocación profesional es una de las variables que más debemos tener en cuenta a la hora de pensar en ideas para mejorar. Y es que en nuestro trabajo pasamos la mayor cantidad de horas del día, es la fuente de nuestros recursos económicos, puede ser también la fuente de satisfacción o insatisfacción de muchos que se sienten que han triunfado o también fracasado según sea el caso. Es por ello que conviene estar siempre atentos de cómo trabajar mejor, como ser más productivos. De ello dependerán nuestros ascensos, nuestra línea de carrera y en algunos casos nuestro nivel de recompensa.

 

Buscando algunas ideas concretas que nos sirvan para trabajar mejor, encontré en la web, una carta de mejores deseos que un trabajador escribe y que me pareció muy interesante como para publicarla en este espacio. Ustedes perdonen que vuelva con el mismo autor, el profesor del IESE Santiago Alvarez, pero es realmente espectacular su visión del mundo, su facilidad para plasmar en pocas palabras y con una nitidez y verso privilegiado, lo que a muchos nos cuesta decir. Mi sugerencia es que la lean varias veces, y pongan un plan para ver como la ponen en práctica, ya que cada petición es todo un objetivo a mejorar. A continuación un extracto:

 

“Que mis jefes no se obsesionen con motivarme, de eso me encargo yo. Que se limiten a diseñar un ambiente profesional grato, desafiante, justo y libre. Que no se confunda horas de presencia física con tiempo de calidad, recurso carísimo en esta sociedad dispersa. Que otras dimensiones de mi persona –familia, amigos, cultura, deporte…– sean atendidas como merecen.

 

Que tenga la personalidad para manejar soledades, para elegir un no constructivo y leal, contraste independiente de mis síes. Que aprenda a dominar el arte de vivir, clave esencial para doctorarme en el oficio de dirigir. Que mi razón y corazón hagan la paz, base de la credibilidad y persuasión personales.

 

Que mi mente hiperactiva escuche los recados de mi cuerpo, prematuramente avejentado. Que no me tome mi trabajo tan en serio, que la persona que soy gobierne con mano firme al personaje que represento. Que quien quiera que soy se dé cuenta de que estoy de paso, que aprenda a reírme de mí mismo, la última y gran asignatura que sólo los sabios aprueban con nota.

 

Pensaréis Majestades que me he pasado. Ahora que sólo se habla de derechos, os prometo hacer mis deberes. El resto lo confío en vuestras manos. Hasta el año que viene.

 

Captar y sentir la corriente del río humano, atraer y gobernar el talento de mi empresa, conocer y educar a mis hijos, mantener una relación amable conmigo mismo, renovando mi equipaje intelectual, emocional y espiritual, son tareas cruciales que, pese a su naturaleza y jerarquía, un día sí y otro también son arrinconadas en la vorágine de días clonados en serie.”

 

Para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos

11Dicen que la vida es sueño y los sueños, sueños son. Yo normalmente soy un soñador, pero un soñador de sueños reales, soy de los que creen que hay que vivir los sueños y no soñar la vida. Y es que para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos. Yo personalmente no tengo sueños brillantes dormido aunque sí los tengo despierto. Hay una frase que dice “Soñad y os quedareis cortos”. Pero claro, la pregunta es ¿qué tan complicado es alcanzar nuestros sueños? ¿Existe algún método para eso?  

Soñar, que importante hacerlo despierto

Según el profesor del IESE de Barcelona, Luis Huete, para cumplir los sueños es necesario esforzarse por trazar y cumplir metas concretas, pero también planificar y cultivar una serie de disciplinas de autoliderazgo.  En un artículo publicado en el IESE Insight recientemente, nos cuenta que la construcción de los sueños requiere tener un plan personal de futuro, una lista de deseos y de sueños muy concretos.  Para ello, es importante tener una ambición personal, es decir, en qué me quiero convertir.

El énfasis se pone en uno mismo: los hábitos que se quieren desarrollar o las características de la personalidad que se quieren potenciar. Los sueños han de empezar con la ambición de mejorar los recursos personales. Lo que acabamos haciendo con nosotros mismos es la base de todo lo que nos acaba sucediendo en la vida. Decidir en qué tres o cuatro cosas se quiere destacar y convertirse en una autoridad mundial. Pueden ser ambiciones personales o profesionales.  

Las restricciones a vencer

Uno de los peores enemigos para hacer que se cumplan los sueños es el miedo, es nuestro temor a fallar, a equivocarnos, y por ello simplemente preferimos no tomar la iniciativa para empezar a cumplirlos. Al respecto decía Alvarez de Mon en su libro Desde la Adversidad que existen dos tipos de personas,  “los primeros, bombardeados y acosados por la posibilidad de equivocarse, tienden a pecar por defecto, la cautela y el control excesivo les atenazan. Los segundos, salvo aquellos que crezcan hiper protegidos y anestesiados, tienden a pecar por exceso, en su discurrir hay que ponerles quitamiedos, ruedas de goma y colchones porque les gusta vivir cerca del precipicio. Ahí les espera el error, con él mantienen una comunicación fluida y llevadera, no les pesa como una piedra en la mochila. ¿Qué nos pasa a los que tenemos vértigo, a los que sufrimos miedo a las alturas? Miramos para abajo, temblamos y nos caemos.  El miedo a caer nos hace caer. “ 

Al respecto, Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de de Francia, nos cuenta:  “He encontrado en mi carrera que la reducción del miedo ha contribuido más a mis éxitos deportivos que el desarrollo del propio talento. Ciertamente tenemos que cultivar nuestras habilidades, pero al final es la voz de la duda la que las destruye. Todos tenemos dos personalidades distintas, la del crítico y la del campeón. Ignorar al crítico y escuchar al campeón es esencial para vivir”.  

Mantener el espíritu joven

Un punto a tomar en cuenta es el optimismo, el ver las cosas siempre por el lado bueno, eso hará crecernos frente a las dificultades. Ello implica también mantener el espíritu joven, los sueños vigentes, el anhelo de que nos falta mucho por vivir y muchos sueños por alanzar, independientemente de la edad que tengamos. Al respecto, me viene a la memoria el poema preferido de Matsushita, aquel japonés visionario, fundador de Panasonic: “La juventud no es un período de vida, es una forma de pensar, no son mejillas sonrosadas, labios rojos y rodillas flexibles, es fuerza de la voluntad, calidad de la imaginación, vigor de los sentimientos. La juventud significa el predominio temperamental del valor sobre la timidez, del ansia de aventura sobre el amor a la tranquilidad. No es raro encontrar más vigor en un hombre de sesenta años que en un muchacho de veinte. Nadie se hace viejo por el número de años. Nos hacemos viejos al traicionar nuestros sueños, nuestros ideales. Los años pueden arrugar la piel, pero la renuncia al entusiasmo arruga el alma. La preocupación, el temor, la falta de confianza en uno mismo agobian al corazón y convierten en polvo al espíritu. Con ochenta o quince años, todos los corazones humanos sienten la atracción de la maravilla, el apetito infantil de lo que está por venir y la alegría del juego de vivir.”  21

Claves para triunfar en la vida

Me he permitido revisar las revistas más importantes de negocios del mundo persiguiendo las pistas reales, y concretas que nos ayuden a triunfar en la vida y lograr nuestros sueños. Según un artículo reciente de la revista Entrepeneur, se mencionan cuatro principios esenciales que debe implementar cualquier persona que quiera conocer el éxito.  

1. Claridad: Deben estar absolutamente claros de quiénes son y a donde quieren llegar en la vida, tanto a nivel personal, como laboral, y espiritual. Para ello necesitan objetivos y planes por escrito para cada etapa de su vida. Comiencen con sus valores. ¿Qué visión tienen de ustedes y de su futuro? ¿Cuál es la misión de su negocio? ¿Cuál es el sentido de su vida? ¿Qué es realmente lo que ustedes quieren hacer con su vida?   

2. Competencia: para ser realmente exitoso y feliz. Ustedes deben ser muy buenos en lo que hacen. Propónganse pertenecer a los mejores de su área. Su principal objetivo en este sentido es lograr un desempeño excepcional, un trabajo realizado a la perfección.  

3. Enfoque: su habilidad para concentrarse en las cosas más importantes hasta que hayan sido terminadas será un prerrequisito esencial para el éxito.  

4. Coraje: se requiere mucho coraje para tomar los riesgos necesarios para ser exitoso. Y ser exitoso en la vida no es sinónimo de ser millonario, es un concepto mucho más amplio, uno es exitoso si es feliz, y es feliz si está con la conciencia tranquila de saber que hace lo correcto para él y para los que lo rodean. Es decir, ser exitoso es sinónimo de ser un excelente padre, amigo, hijo, enamorado y empleado.  

Según la Revista Harvard Business Review en un artículo reciente escrito por Peter Drucker señala que algunos de los mejores Gerentes con los que ha trabajado en su carrera de 65 años como consultor no eran los líderes típicos.  Lo que los hacía efectivos era que se cuestionaban constantemente ¿Qué debe ser hecho? y ¿Qué es lo mejor para los demás o para la compañía?. 

Otra de las respuestas más sorprendentes sobre las claves para conseguir los sueños la da Juan Oiarzabal, el único alpinista que ha coronado los 14 ocho miles (montañas de mas de 8 mil metros de altura) sin oxígeno. Nos dice: “El factor ambición, tener hambre de llegar es importante. También lo es la preparación previa que hayas desarrollado antes, pero lo mas crítico es la capacidad de sufrimiento. Si no has aprendido a sufrir, si no te has endurecido en situaciones extremas, estás perdido. Contra lo que se tiende a pensar, uno puede educar la capacidad de sufrimiento. Por ejemplo, recuerdo la última ascensión al Everest, sin oxígeno, después de terminar el tercer escalón. Es una escalada empinadísima, me tiré 20 minutos cara al cielo tratando de recuperar algo de oxígeno. Si no te has entrenado y sufrido antes, te aseguro que no sigues ascendiendo. La montaña es incierta e imprevisible, te pueden pasar muchos imprevistos que ni sospechabas momentos antes. Un cambio brusco de temperatura, una avalancha, una niebla espesa que te impide ver mas allá de dos metros. Te preparas, planificas todo, y luego surgen un sinfín de imponderables de los que pueden depender tu vida. Uno está obligado a organizar y controlar todo lo que depende de él, pero luego, ante la Madre naturaleza, tienes que rebajarte y adaptarte a las circunstancias del momento”.    

Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de Francia, una vez interrogado sobre qué placer le llevaba a montar bicicleta respondió sorprendido: “¿placer?, ninguno, lo hago por el sufrimiento.” Los maratonistas, los “ironman” en el fondo, son grandes profesionales del sufrimiento. Alguno pudiera pensar que sus actividades lindan con el masoquismo y la locura, pero lo que es indudable es que si estuvieran “cuerdos” como los demás, si no tuvieran el coraje de forzar sus limites físicos y mentales, no serían lo que son.   

A título personal creo que la gente altamente exitosa es aquella que vive con las luces altas, es decir, que se traza objetivos a largo plazo en los distintos escenarios de su vida, en el plano de desarrollo personal, familiar, espiritual y profesional, y busca la manera de hacerles un seguimiento perseverando en todo aquello que deba mejorar. Ayudará también el tener una coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen.  Otra de las cualidades más importantes es la humildad para saber reconocer a tiempo los errores y la perseverancia para ser constante en los objetivos trazados, vale más concentrarse en pocos objetivos pero no parar hasta terminarlos que querer estar en todo y al final no lograr nada. 

Quizá la tarea mas inaplazable sea definir concretamente como empezar a implementar esto en nuestras vidas.  ¿Lo intentamos?