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Cualidades necesarias para ser exitoso

Esta semana les traigo un extracto de la entrevista que le hicieron recientemente a Santiago Alvarez de Mon, uno de los referentes mundiales en temas de liderazgo y profesor del IESE de España.

-Como autor de numerosos libros sobre liderazgo, ¿qué cualidades debe tener un buen líder?

-Muchísimas cualidades. La primera, humildad para abrir los ojos, tener una mente flexible y un corazón humilde, para estar en contacto con la realidad. Hay que tener una mirada ingenua -entiéndase ingenua por cándida y virgen- y, a partir de ahí, talento para entender los retos planteados, talento para apoyarse en el talento. El problema de la mediocridad es que busca la mediocridad; en cambio, el talento invita al talento. Al respecto, no hay que tener carácter, el carácter sólo para tomar decisiones, a veces ingratas, para asumir responsabilidades, para no c
creerse el éxito cuando te visita, para levantarte cuando tropieza.

-¿Qué entiende usted por talento?

-El talento requiere esfuerzo, trabajo y disciplina. A mí siempre me gusta decir que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta». No conozco a nadie que no tenga talento, pero sí conozco a mucha gente que está desubicada.

-¿Se puede hacer algo excepcional sin involucrar al corazón?

-No, creo que no. Ya lo dijo el matemático Pascal, «el corazón tiene razones que la razón no entiende». La razón en su cumbre, en su cúspide, es prudente y humilde e invita al corazón, porque sabe que, al final, es el que da el toque mágico, ese toque de distinción. Hay cosas indispensables que pertenecen al ámbito del corazón y, como dijo ‘El Principito’, «lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver con el corazón».

-¿Cuál es el ingrediente clave para conseguir el éxito tanto personal como profesional?

-El ego al trabajo. No conozco a nadie que haya conseguido el éxito sin trabajo, constancia y paciencia. La humildad también es importante, para que, cuando llegue el éxito, no creérselo demasiado, asumir los errores e identificar el fracaso. También son importantes los valores, como la integridad, la bondad, la amistad

En cuanto a las consecuencias de esa capacidad de decisión, marcó la diferencia entre errar y fracasar. En el primer caso, considera que se trata de cometer una equivocación, mientras que el segundo añadiría un cambio en nuestro mapa mental que nos hace dejar de creer que “hemos fracasado para pensar que somos unos fracasados”. “Si te dejas la piel, movilizas tu talento, llegas exhausto y has perdido tras dar lo mejor, ¿has fracasado?”, se preguntaba. “Para un emprendedor no existe el fracaso; el problema es que tenemos miedo al error y al fracaso y, o recuperamos una relación fácil, fluida y humilde con el error o truncamos lo que es necesario para entrar en el mercado, que está complicado”.

¿Cuál es la fórmula del éxito?

Hay que definir primero que es el éxito para ti. Si dejas que los demás definan tu éxito estás mal, ya que perseguirás el éxito de otros. Es algo que tienes que definir tu mismo, no es igual al éxito exterior.

Nada se improvisa, la espontaneidad es hija de la disciplina del esfuerzo. Si das lo mejor, puedes haber perdido, pero no fracasado, esa palabra no existe para mi.

¿Algún comentario adicional?

Hay que desarrollar tus talentos mediante el esfuerzo, la ilusión y el trabajo. La gente se aferra a algo que no existe que es la seguridad. Hay que gobernar esa vida incierta.
Nos peleamos con la realidad. La vida es incierta. Tenemos mucho más preguntas que respuestas. El hombre busca respuestas y tropieza con preguntas. El futuro no pertenece a la gente dogmática e insegura que necesita fórmulas mágicas sino que se adentra , que acepta la incertidumbre y a partir de allí trabaja. La vida no es un problema a resolver sino una aventura a disfrutar, de ti depende escoger como la veas. El partido interior es el que importa, si lo jugamos con nosotros o contra nosotros.

La Fortaleza y su verdadero significado

Acabo de ver la película “El efecto mariposa”, entretenida, aunque con un mensaje muy profundo que lo recibes casi al final de la película. Se trata de un chico que tiene la capacidad de volver al pasado para cambiar su historia y rehacerla varias veces hasta que le guste. Se da cuenta que en esta vida, no hay alegrías sin sufrimiento, ya que en ninguna situación podrá ahorrarse la adversidad, sin embargo, se da cuenta lo importante que es tener la valentía de decir que no a secas a alguna situación cuando recién estás empezándola, si de arranque sabes que no te llevará a buen término.

Al respecto, se me vino a la mente un artículo escrito por José Ricardo Stock, en el que, refiriéndose a la fortaleza, cita a un gran filósofo y directivo, Carlos Llano, recientemente fallecido, “la fortaleza nace en la mente y vive a partir de un centro medular de ideas y convicciones inalterables, que generan una poderosa motivación capaz de superar todos los obstáculos. Nunca existirá capacidad para atacar y para resistir -actos fundamentales de la fortaleza- si no hay convicciones fuertes. Un hombre sin un núcleo esencial de principios es siempre pusilánime, medroso, débil. La fortaleza se mide, pues, en primer lugar por la consistencia de las ideas. Las personas sin carácter -los hombres de barro- no deciden; viven en la voz pasiva de los verbos, son manipuladas, determinadas, plasmadas, por las circunstancias. Nada más antipático, sin duda, que una falsa fortaleza, manifestada en una actitud mental intolerante, inflexible, arrogante o dura. Pero también nada más lamentable que un hombre hecho de nata, con el cerebro flojo de una criatura sin contornos, como una ameba, siempre dependiente del medio en que vive”.

Completamente de acuerdo con esa definición, sin embargo, el tenerla es la primera parte, quizá la segunda, algo más complicada, es el contagiarla en tu equipo. Se me vienen a la mente las declaraciones de un brillante director de orquesta, Stone Sander, que dice lo siguiente: “Después de casi 20 años dirigiendo, de repente me di cuenta que el Director de orquesta no emite ni un solo sonido. Su foto puede aparecer en la portada de l CD pero no es significativo. Su poder real deriva de la habilidad de hacer fuertes a otros. Me empecé a hacer preguntas del estilo “al equipo, ¿qué le hace sentirse vivo y comprometido? En lugar de ¿cómo soy de bueno?” Tan palpable fue el cambio de mi visión personal de lo que es dirigir, director silencioso, que los músicos empezaron a preguntarme, “qué te ha pasado”. Antes, mis principales preocupaciones tenían que ver con si el público iba a apreciar mi interpretación y, para ser honestos, con la opinión de los críticos. Si a ellos les gustaba, se abrían oportunidades para éxitos mayores. Para llevar a cabo mi trabajo, parecía que todo lo que tenía que hacer era que los músicos sonaran bien, enseñarles mi interpretación y hacer que acataran mi visión musical. Ahora, a la luz de mi descubrimiento, he empezado a cambiar el foco y centrar mi atención en esforzarme por permitir a los músicos tocar cada línea de la mejor forma de la que son capaces. De eso va el liderazgo y la fortaleza, de dar pequeños, pacientes, anónimos y decididos pasos para alcanzar una tierra lejana, acogedora y abierta. En ella el mitin y la demagogia no encuentran ningún eco. El silencio sonoro de los hechos les ponen en evidencia.”

¿Qué cualidades debe tener un buen líder?

Esta semana he decidido publicar parte de una reciente entrevista a uno de los gurús a nivel mundial en temas de liderazgo, Santiago Alvarez de Mon, la cual nos invita a reflexionar acerca de la importancia del enfoque y lo que realmente importa en nuestra vida:

-Como autor de numerosos libros sobre liderazgo, ¿qué cualidades debe tener un buen líder?

-Muchísimas cualidades. La primera, humildad para abrir los ojos, tener una mente flexible y un corazón humilde, para estar en contacto con la realidad. Hay que tener una mirada ingenua -entiéndase ingenua por cándida y virgen- y, a partir de ahí, talento para entender los retos planteados, talento para apoyarse en el talento. El problema de la mediocridad es que busca la mediocridad; en cambio, el talento invita al talento. Al respecto, no hay que tener carácter, el carácter sólo para tomar decisiones, a veces ingratas, para asumir responsabilidades, para no creerse el éxito cuando te visita, para levantarte cuando tropiezas…

-¿Qué entiende usted por talento?

-El talento requiere esfuerzo, trabajo y disciplina. A mí siempre me gusta decir que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta». No conozco a nadie que no tenga talento, pero sí conozco a mucha gente que está desubicada.

-¿Se puede hacer algo excepcional sin involucrar al corazón?

-No, creo que no. Ya lo dijo el matemático Pascal, «el corazón tiene razones que la razón no entiende». La razón en su cumbre, en su cúspide, es prudente y humilde e invita al corazón, porque sabe que, al final, es el que da el toque mágico, ese toque de distinción. Hay cosas indispensables que pertenecen al ámbito del corazón y, como dijo ‘El Principito’, «lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver con el corazón».

-¿España puede presumir de tener líderes excepcionales?

-Conozco a muchos líderes excepcionales, pero no aparecen en los periódicos. Todos los días me tropiezo con gente extraordinaria, con personas con mucho talento en el mundo empresarial, educativo… pero muy pocos de ellos salen en prensa. Probablemente, los que salen son profesionales del poder, pero no líderes. El líder seduce, conversa… Estamos muy faltos de liderazgo en este país.

-¿Cuál es el ingrediente clave para conseguir el éxito tanto personal como profesional?

-El ego al trabajo. No conozco a nadie que haya conseguido el éxito sin trabajo, constancia y paciencia. La humildad también es importante, para que, cuando llegue el éxito, no creérselo demasiado, asumir los errores e identificar el fracaso. También son importantes los valores, como la integridad, la bondad, la amistad…

-Dicen que hay gente que nace con estrella y otros estrellados. ¿Qué opina usted al respecto?

-Cuando hablo con la gente de la calle, muchos me hablan de que han tenido suerte y otros, apelan a la mala suerte. ¡Qué casualidad! La suerte es una señorita que, generalmente, te viene a visitar cuando has hecho muchas cosas, cuando, claro está, haces los deberes.

Las cualidades de un ganador en la vida

Javier_Villa_primer_ganador_espanol_GP2Comparto con ustedes, el resumen de un artículo de Jack Welch, Ex Presidente de General Electric publicado en The New York Times y Semana Económica recientemente acerca de lo que es necesario tener para ser un ganador:

 “Contratar gente buena es difícil. Pero para ser ganador no hay nada más importante que contar con la gente adecuada. Cuando se está valorando a los candidatos para un empleo hay cuatro características realmente importantes:

 1. Autenticidad: ¿Por qué? Es simple, Una persona no puede tomar decisiones difíciles, tener un puesto poco popular o defender lo que cree a menos que él mismo se conozca y se sienta cómodo con su postura. Estoy hablando de la confianza en si mismo y convicción.  Cuando trabajé en General Electric, ocasionalmente nos encontrábamos con un ejecutivo muy exitoso que simplemente no podía ser promovido al siguiente nivel. Esos ejecutivos demostraron valores correctos y lograban las metas, pero normalmente sus trabajadores no se conectaban con ellos.

¿Cuál era el problema? Finalmente descubrimos que esos ejecutivos siempre tenían cierta falsedad. Pretendían ser algo que no eran: más controladores, más alegres, más astutos. No sudaban, no lloraban. Se retorcían en su propio ser, actuando un papel inventado por ellos mismos.

2. Capacidad para prever lo inesperado: En el mundo empresarial, los mejores líderes en ambientes brutalmente competitivos tienen un sexto sentido para percibir cambios en el mercado y las acciones de la competencia existente y recién entrante. De cierta forma, un ganador, debido a su intuición y astucia, podía ponerse en los zapatos de la personas con la que negociaba, y eso le permitía predecir cada jugada en una negociación. Nunca nadie estuvo cerca de ganarle la partida –porque sabía lo que pensaba su adversario antes que el propio adversario lo supiera-.

3. Rodearse de gente mejor que uno mismo: Cada vez que teníamos una crisis en General Electric, rápidamente se reunía un grupo integrado por la gente más inteligente y valiente que podía encontrar en cualquier nivel de la empresa y algunas veces de fuera. Me aseguraba de que todos abordaran el problema desde un ángulo distinto, y después hacía que todos nos empapáramos de información mientras trabajábamos para solucionar la crisis.

Un buen líder tiene el coraje de ensamblar un equipo que algunas veces lo hace ver como la persona más tonta de la sala. Se que esto suena contraintuitivo: se quiere que las cabezas sean los más inteligentes, pero si usted actúa como si lo fuera, no obtendrá ni la mitad de retroalimentación que debe obtener para tomar las mejores decisiones.

4. Resiliencia: Todo líder comete errores: todo líder tropieza y cae. La pregunta para un líder de alto rango es si él o ella aprende de sus errores, se reagrupa y sigue andando con nuevo paso, convicción y confianza.

 El mundo empresarial global de la actualidad va a tumbar del caballo a cualquier gerente más de una vez. Los líderes deben saber cómo subirse a la silla otra vez.

El Liderazgo, ese reto permanente

64138_24_36 Esta semana he tenido que pasar una de esas pruebas de fuego en el trabajo. Han ocurrido hechos en los que me he sentido realmente muy preocupado y a la vez triste, sin embargo, es parte del trabajo.

Una de las actividades realizadas fue el feedback que lo hago semestralmente con todo el equipo, uno por uno para evaluar su desempeño y también para que evalúen el mío. Y es justamente en esa última parte cuando me vienen las dudas sobre el liderazgo que quiero ejercer en el equipo. No es fácil ser un buen líder, se hablar mucho del tema, sin embargo, es poca la información que realmente nos ayuda a serlo. Por todas esas dudas, recurrí a uno de mis autores preferidos en estos temas, Santiago Alvarez de Mon. De su libro, “No soy Superman”, saqué algunas conclusiones sobre lo que siginifca ser un líder en la empresa que me he permitido copiar y resumir:

“El directivo que busca ser querido me preocupa, hará todo lo que esté a su alcance para ser míster Simpatía. Ha de ser respetado, que no es lo mismo.  Es tan fácil poner un ocho cuando se merece un seis, confundir motivar con una dirección blandita y permisiva, que no deja de ser una variante del género manipulación.

Hazte invisible, señal de autoridad y confianza. Pregunta más, escucha mejor, utiliza la empatía para ponerte en el lugar del otro y ver una película distinta , ni mejor ni peor, diferentes tonalidades y perspectivas.

¿Cuál es la función, actividad, tarea, cometido, en el que te sientes en perfecto dominio de la situación? En nada, así de sencillo. Sé un poco de todo y lo que no sé, lo oculto con mis disfraces y el saber hacer. Aprendiz de todo, maestro de nada, dice nuestro viejo y sabio refranero. Toda persona viene al mundo con una serie de talentos y habilidades naturales. Vivir tiene mucho que ver con descubrirlos, disfrutarlos y ponerlos al servicio de una causa mayor que uno mismo.

En ocasiones, cada vez más frecuentes, me siento que no doy la talla. Me digo a mi mismo “Si te conocieran de verdad, si te hicieran una radiografía, te degradarían, te despedirían, en primera instancia, no te hubieran contratado”. Luego me consuelo y salgo del hoyo echando un vistazo al exterior.  Veo cada patán dirigiendo realidades que les desbordan! La política ofrece una muestra inagotable y deprimente, pero también la empresa formal, paga, promociona y retiene a verdaderos idiotas.

El gran Saint Exupery, en El Principito, decía que lo “esencial es invisible a los ojos”, máxima sabia que habría que grabar en tantos despachos y suites directivas donde se pugna por ser visible e imprescindible. Esa es la ambición de los egos más necios, el buen directivo pasa oculto y desapercibido. Ortega, un pensador brillante, plasma bellamente que es dirigir “Mandar es dar quehaceres a la gente, meterla en su destino, en si quicio, impedir su extravagancia, la cual suele ser vagancia, vida vacía, desolación. Cambias la palabra mandar por liderar y ahí tienes toda la propuesta para todas aquellas personas que tienen responsabilidades directivas.

Albert Einstein le escribió a Hendrik Lorenz un magnífico discurso en homenaje: “Su vida se organizó como una obra de arte, hasta el detalle más ínfimo. Su bondad y magnanimidad inagotables y su sentido de la justicia, junto con un entendimiento intuitivo de la gente y las cosas le otorgaban un liderazgo de cualquier ámbito en el que ingresara. Todos lo seguían gustosos porque sentían que nunca aspiraba a dominar sino que siempre se limitaba a ser de utilidad. Su obra y ejemplo perdurarán como inspiración y guía para generaciones futuras” Brian, D. Einstein. Bondad, sentido de justicia, intuición, ser de utilidad…ahí se encierra todo lo que para mí es liderazgo en su acepción más digna.”

La función principal de un líder en tiempos de crisis

brilliance-of-the-seas_fotografia-buqueUna de las competencias que más deben salir a flote en estos tiempos de crisis es el liderazgo no sólo para manejar la empresa sino para todo en tu vida, para liderar tu familia, tus amigos a ti mismo, tomando en cuenta que el liderazgo es la capacidad para influir positivamente en la gente. Peter Senge, uno de los autores de Management más serios y comentados, en La Quinta Disciplina utiliza un ejemplo que nos viene bien a todos los que queremos ser líderes:

 

“Imagine usted que su organización es un buque, y que usted es el líder. ¿Qué función cumple? He formulado esta pregunta a muchos grupos de gerentes. La respuesta más común naturalmente, es el capitán. Otros responden “el navegante porque que fija el curso”, “el jefe de máquinas, que alimenta el fuego para dar energía”, “el director social, cerciorándose de que todos están enlistados, involucrados, comunicados”. Aunque todos estos roles son legítimos, hay uno cuya importancia eclipsa a todos los demás. Aun así, pocos piensan en él. Este papel descuidado es el del diseñador del buque. Nadie tiene influencia más grande que el diseñador. ¿De qué le sirve al capitán virar 30 grados a estribor si el diseñador construyó un timón que solo vira a babor, o que tarda seis horas en girar a estribor? Es infructuoso ser líder en una organización que esté mal diseñada. “

 

Y ese es justamente el corazón de nuestro trabajo, diseñar buques sólidos, seguros, modernos, adaptables, resistentes, que se enfrenten a grandes tormentas y que pueda ser controlado por el capitán, el jefe de máquinas, el navegante, y que se luzcan ellos haciéndolo bien para que los pasajeros salgan finalmente agradecidos por la travesía.´

 

Senge nos dice también que debemos ser arquitectos que se dedican a diseñar ambientes claros en los que los inquilinos se desarrollan profesional, intelectual, psicológica y espiritualmente. Es una actividad que se realiza en la sombra, casi en tinieblas, lejos del fulgor de los focos.

Sugerencias para ejercer tu liderazgo en el día a día (Segunda Parte)

1200-204leadership-postersContinuando con el artículo del libro resumido de la semana pasada de Dale Carnegie, El líder en ti, va la segunda y última parte:

 

Escuche y aprenda

“Nadie es tan persuasivo como el que sabe escuchar”

Saber escuchar es la habilidad de comunicación más importante, incluso más que una buena presentación o habilidades de escritura.

¿Por qué es importante?

Usted no puede saberlo todo y escuchar a los demás es la mejor manera para aprender. Escuche a sus empleados, clientes,amigos, familia y críticos. Siempre tiene la opción de escoger si actuar o no basado en lo que ellos le dicen, pero al menos escucharlos le puede ampliar los horizontes. Las personas que saben escuchar, se concentran, hacen preguntas y dan respuestas concisas y llenas de reflexión. Al escuchar, no diga simplemente “si” o “no”. Inclínese para mostrar interés, sonría o frunza el ceño y mire directamente los ojos de su interlocutor. Saber escuchar le otorga más poder

 

Forme equipos para el mañana

 

Cómo manejar errores y aprender a criticar

Critique con gentileza, o no lo haga

Nada hiere más el ego, que saber que hemos fallado o tomado una mala decisión. El criticismo negativo puede dañar en gran medida a una persona y finalmente daña a la organización, ya que la gente que ha sido criticada negativamente, se arriesga menos y es menos creativa al hacer su trabajo.

 

Usted puede manejar los problemas de las personas sin herir sus egos ni dañar a la organización, orientándose por estos principios básicos:

1.- Hágale saber a las personas que equivocarse está permitido: usted puede hacer llegar este mensaje, admitiendo sus propios errores. Ríase de ellos si puede, pero no trate de minimizar el impacto que estos han ocasionado en el negocio.

2.- Piense dos veces antes de criticar o culpar a alguien: los empleados motivados quieren desempeñarse bien; ellos no van al trabajo a dañar expresamente sus trabajos. Por esto, si una persona sabe que cometió un error, sabe por qué y qué necesita a hacer para que no vuelva a ocurrir, entonces no le diga nada. Esta persona ya se siente mal ¿para qué hacerlo sentir peor? Recuerde la meta final: una organización productiva y manejable.

3.- Cuando tenga que criticar, hágalo con respeto y de forma constructiva: algunas veces es inevitable tener que hacer una crítica –cuando los errores se cometen muy seguido o cuando crea una situación de peligro-. Empiece siempre con un cumplido y apreciación honesta hacia la persona; comuníquele que usted esta consciente de los logros que ha alcanzado dentro de la organización, luego háblele de lo que usted cree que debería mejorar y finalmente, termine con una conversación acerca de cuán importante es esta persona para la compañía.

 

Establezca metas claras y desafiantes

Las metas mantienen los esfuerzos canalizados y permiten medir el éxito; es muy fácil vagar al no tener metas, porque nada es urgente, se desperdicia el tiempo, no hay fechas límites y nunca hay nada que hacer. Sin embargo, tener metas es la única forma de alcanzar un éxito extraordinario; si usted no posee meta alguna, bien vale la pena preguntarse:

- ¿Qué quiero ser yo realmente?

- ¿Qué tipo de vida quiero llevar?

- ¿Voy en dirección correcta?

 

Mantenga la preocupación y el estrés alejados

Dale Carnegie advierte que es imposible vivir en el pasado o futuro y que tratar de hacerlo puede afectar negativamente nuestros cuerpos y mentes; es por esto que recomienda que vivamos plenamente el único tiempo que es posible vivir: el presente. Enfoque su atención en el “hoy” y “ahora”, ya que es el único lugar en donde usted puede actuar para lograr sus metas. Considere las probabilidades. Muchos de nosotros pasamos mucho tiempo preocupándonos por cosas que nunca llegan a ocurrir. Una forma de mantener esas preocupaciones alejadas de nuestras mentes, es estando conscientes de las probabilidades matemáticas de que un evento ocurra; esto lo ayudará a ver sus inquietudes desde otra perspectiva. Manténgase ocupado

 

Preocupaciones Genuinas

Algunas veces existen razones reales para preocuparse (ej: si comete algún error grave en su organización), si esto ocurre, trate de mejorar la situación, siguiendo este proceso:

- Pregúntese qué es lo peor que puede pasar.

- Prepárese para aceptar lo peor.

- Trabaje de forma calmada y metódica para mejorar lo malo.

 

Deje que el entusiasmo lo guíe

Su entusiasmo es vital si quiere que las demás personas respondan positivamente, por ejemplo: a un proyecto, cambios dentro de un departamento, etc. No trate de realzar el entusiasmo con una voz o actitud exagerada; recuerde que el entusiasmo, es un sentimiento que viene de adentro. Dale Carnegie escribió: “la forma de adquirir el entusiasmo es creyendo en lo que hace, en usted mismo y en querer cumplir un objetivo determinado. Así, el entusiasmo llegará de forma natural y sin presiones”.

 

Reflexiones para comenzar bien el 2008

21Ya estamos terminando el 2007 y estos días son ideales para revisar si hemos logrado nuestros objetivos, si hemos alcanzado el éxito y en qué nos hemos equivocado, para en base ello, planificar el 2008. En él,  viven nuestros sueños, ideales y proyectos, pero sólo entendiendo las claves del presente, hurgando en sus secretos y pliegues, podemos hacer que algunos de esos sueños tengan lugar durante el año que viene.  

Siempre, en mayor o menor grado, habrá una diferencia entre nuestros planes y el dictamen final de la vida.  El secreto está en caminar ese trecho y analizar el porqué de la desviación, el porqué del error, y eso es justamente lo que trataré de mostrar en este artículo, guiándome de algunos expertos que ya lo han hecho antes, y les ha ido muy bien.  

Dice la conocida frase, Errare humanum est, pero también es humano y útil analizar los fracasos que hemos tenido este año. Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores:  “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, llovía a mares. Muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante, que pensarían mis compañeros de equipo? De ciento once corredores acabé último, terminé a media hora del ganador. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional.  Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida”  Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo preparado de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “ 

Al respecto, comentaba Santiago Álvarez de Mon, Ex Director del IESE de Barcelona y uno de los mejores oradores de España: Gracias Lance, necesitaba oír a un deportista en términos tan familiares y esperados. En la derrota hay que tragarse el orgullo, comerse la furia que te da el desprecio público, sentir el coraje y la frustración internos de tu mediocre rendimiento y bregar con la alternativa fatalista y cobarde de escapar del lugar de los hechos. En la victoria, así cabe calificar ese segundo puesto en Zurich, reaparece la mirada altiva y confiada, las ganas de batir a los demás como revancha de su vergüenza anterior, la vanidad restablecida que cosecha aplausos en lugar de pitos, y sobre todo, esa sensación de poder y dominio imperiales. Ganar es placentero, embriagador y además el mejor salvoconducto social que se puede expedir. La victoria es un fenomenal abrelatas, nada se le resiste. Al ganador se le abren todos los despachos, ningún gerentaso está reunido cuando llama, todos los políticos y periodistas están disponibles. Es la persona que todos quieren visitar, ver, tocar y agarrar. Perder, por el contrario, es doloroso, desconsolador, hiriente, y además antisocial y discriminatorio. Las puertas se cierran, las llamadas de teléfono se atragantan incontestadas, las reuniones se prolongan. Al menos sirve para prepararse para la soledad futura, los políticos, periodistas y amigos de antes, aduladores profesionales, te ignoran y ningunean. Solo quedan los sufridos familiares, flaco consuelo. La victoria es saludable y gozosa, la derrota es masoquista y desoladora, así de sencillo. Álvarez recomienda nunca estudiar el pasado buscando fracasos sino más bien, analizarlo como una gran experiencia.  23

Los errores son parte principal del proceso de construcción, tienen que ser cometidos. Cómo actúas cuando tienes un error es crítico. Así es como las personas y las empresas crecen y mejoran. El fracaso es parte del éxito. Leía hace poco parte de la biografía de Valero Rivera, el técnico de balonmano más exitoso de todos los tiempos. DT del Barcelona que lo ganó todo, la copa Europea y muchos campeonatos nacionales. En una parte decía que estaba agradecido a sus errores. Cada vez que ganaba algo se volvía para atrás, buscaba  en el cofre de los recuerdos, encontraba una derrota anterior, le guiñaba el ojo cómplice y le reconocía su apoyo. Ojalá esa fuera la tónica general en personas y empresas.  

En estas fecha, es común ver a los ejecutivos exitosos que se comprometen a prestarle mayor atención a sus vidas, sus familias, sus trabajos y a hacer planes para el próximo año. Sin embargo, en cuestión de semanas, la mayoría de dichos planes fracasan invariablemente. No es difícil entender por qué. En la mayoría de los casos, la causa principal es que las metas estuvieron mal definidas, el concepto de éxito no fue el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a una buena oficina, un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia, la tranquilidad personal, el desarrollo de las virtudes humanas.  De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir.  

¿Cómo escapar de los peligros del éxito? Dejaré que Rivera lo diga con sus palabras:  “Estando muy encima, alerta, teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán, luego los leeremos con cuidado y atención y extraeremos consecuencias. Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia. Ganar es tan importante, tan imprescindible, para un equipo que quiere ver extendido su cheque anual de confianza y apoyo, que no se habla de ello. Ganar es el penúltimo objetivo, el último es la felicidad. Como la quieras cazar se te escurre, sólo se queda contigo si eres limpio en el juego. Ganar, pero no a toda costa, los modos y medios de conseguir la victoria son cruciales. Regla # 2: No persigas al número 1, te persigues a ti mismo. Si vas detrás de alguien que se cae, cuando caiga, tu te caerás inmediatamente. Los grandes campeones sólo compiten consigo mismos, ellos son el único adversario que merece la pena. Las comparaciones son odiosas desde muchos puntos de vista, y en aspectos de mejora, castrantes y nocivas. Los demás son sólo una referencia externa, un estímulo – despertador. La lucha es interior y personal, y sólo vale ganar. Regla # 3: Nunca compitas para no perder. Los que juegan a no perder ya han perdido. Son mediocres que apuestan por estrategias defensivas, por plagios intolerables, por fotocopias retrasadas y en serie que expulsan el talento y el aprendizaje de su horizonte visual.  

Como contrapartida se ha trabajado la humildad, única arma para protegerse de la autocomplacencia y la vanidad, administrar el presente y edificar el futuro. Con el éxito los equipos se aburguesan, se miran el ombligo, se acostumbran al aplauso, y sin darse cuenta, se autodestruyen. “ 

En este 2007 he sentido muchas veces que me he esforzado mucho pero el resultado ha sido malo. Y es que hay una cierta incompatibilidad de las formas de evaluación en nuestros quehaceres diarios. Por un lado, a Dios no le importan nuestros resultados, le importa nuestro esfuerzo para conseguirlos. Lo demás depende de El. Por otro lado, en el trabajo es al contrario, normalmente en las empresas lo que importa es el resultado final. Sabemos que no todo esfuerzo genera un resultado positivo, como también, no todo resultado positivo es fruto del esfuerzo de una persona o equipo, hay muchas variables adicionales que intervienen. Pero al final, qué es más importante?  Siguiendo con nuestro invitado virtual, nos responde Valero: “Si te vas a pasar la vida persiguiendo un éxito que no es definido por alguien que no eres tú, que es medido por variables y factores exógenos, ajenos a ti mismo, siempre estarás frustrado. Nunca habrá suficientes victorias. Y, si eres afortunado y las consigues, sólo serán números. Alguien te dirá que eres grande, que eres un ganador, pero en tu fuero interno sabes que es un éxito vacío. La única forma de salir de allí es que cada uno defina constantemente su propia idea de éxito, en términos deportivos, debería tener mayor profundidad y calado que ganar. Debería estar relacionada con la pasión interior que hace sentir y vibrar a nuestro corazón. 8

No estoy hambriento de victorias, estoy hambriento de excelencia profesional y personal. Mi meta, mi pasión, mi último objetivo no es el éxito sino la excelencia. Si se alcanza y se renueva periódicamente, el éxito, tarde o temprano le sigue. Si desarrollar todo nuestro potencial se convierte en el gran objetivo, si la búsqueda de la excelencia es la pulsión interior que moviliza fibras y nervios oxidados e indiferentes cuando se trata de fines más vulgares, no sólo se modifica el concepto de victoria, sino que se redefine también qué entendemos por derrota.  Sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro”.  

Muchas veces, los resultados no acompañan, paciencia, dicen que la excelencia anda molesta con las prisas y los nervios. No sé si este habrá sido el caso de algunos de ustedes, si fuese así lo mas importante es analizar las causas, quizá una estrategia mal definida, o mal implementada, o el equipo humano no tiene el perfil necesario, aunque quizá lo más importante sea fijarse si esfuerzo realizado fue realmente el necesario.  

Parafraseando lo dicho anteriormente,   ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro. Antes de acabar un partido, una ya sabe si ha ganado o perdido, independientemente del árbitro, de los demás. Antes de cerrar el año laboralmente hablando, ya sabemos si ha sido bueno o malo para nosotros, independientemente de las metas fijadas por la empresa, ya sabemos si hemos sido realmente productivos, al margen de promociones, traslados, aumentos de remuneración  o despidos. Igual pasa con la vida, antes de acabarla, uno ya sabe si ha sido plena y abundante, si hemos dejado huella o si pasamos desapercibidos. 

Como dice Alvarez de Mon, “¿Quién no ha amonestado a un alumno que saca notable, cuando sus talentos reclaman un sobresaliente? ¿Quién no ha propuesto a un colaborador subir un peldaño en la escalera de la excelencia, cuando él, cómodo y listo, se ha sentado en un descansillo, que, siendo parada y fonda, se transforma en morada y refugio permanente? ¿A qué padre o madre no se le ha caído la baba cuando ve a un hijo sudoroso perder un partido y dejar la cancha fatigado, y, en cambio, fruncir el seño cuando el mismo hijo abandona sobrado y descansado un partido, que pese a ganarlo, no conoció lo mejor de él?”. 

El verdadero éxito es algo más íntimo, no sé si llama felicidad, pero si no lo es, se le parece mucho. Es  equilibrio, es vivir con la conciencia tranquila de saber que se ha esforzado al máximo por hacer las cosas bien. Este concepto difiere muchísimo de lo que pensábamos cuando éramos más jóvenes, en el que definíamos como exitosos únicamente a aquellos que tenían más dinero o a los que tenían su propia empresa.  La gente persigue la meta de maximización de la felicidad y mide su productividad en la cantidad de dinero ganado.

Según una encuesta de este año incluida en una investigación realizada por Manel Baucells y M. Sarin del IESE en la que se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, la respuesta más frecuente fue “más dinero.”. Sin embargo los indicadores de la felicidad han permanecido estables en los últimos 5 años a pesar de los aumentos significativos de la renta real que se han producido a lo largo del tiempo, en el caso de Japón se ha quintuplicado el PBI per cápita en los últimos años sin implicar un aumento en el nivel de felicidad.  Esto no hace más que confirmar que la felicidad depende también de otros factores. Según Baucells estos son la composición genética de una persona, las relaciones familiares, la comunidad y los amigos, la salud, el trabajo (desempleo, seguridad de empleo), el entorno externo (libertad, guerras o trastornos sociales, crimen) y los valores personales (perspectivas sobre la vida, religión, espiritualidad). No obstante, los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad.    

Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. Quizá el reorientar nuestras metas para este 2008 y enfocarlas en los factores que realmente nos darán satisfacción será un buen punto de inicio.  Pero tan importante como fijarlas, es definir como implementarlas y cómo  controlar su cumplimiento durante el año. Año nuevo, lucha nueva. 

En fin, ya se me acabó el material y las ideas por hoy. Tengo que tener sentido de la oportunidad y saber cuando sobro en un lugar o cuando ya el artículo está demasiado largo.  

No quería terminar sin mandarles un saludo especial y mis mejores deseos de que pasen un excelente 2008 y una Feliz Navidad y de que el Niño Jesús encuentre un lugar para nacer y para vivir en nuestros corazones, pero claro, no se puede dejar entrar a quien no se conoce bien, para eso podemos aprovechar estos días de tranquilidad para leer sobre El. Ahora si me despido. El próximo Lunes volveré sin falta.