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¿Cómo estás?

Esta pregunta sencilla, es a veces muy complicada de contestar, sobre todo cuando no estamos bien, cuando no nos llevamos bien con nosotros mismos.

A lo mejor porque hemos hecho algo mal, a lo mejor por un factor externo que nos hace sentir así (trabajo, familia, etc). A lo mejor por no trazarse un plan de vida coherente, o querer vivir una vida que no necesariamente es nuestra. A veces nuestros sueños nunca se cumplen porque jamás fueron nuestros, sin darnos cuenta, los alquilamos solamente, y en ese caso, luchar por conseguirlos no sirve de mucho, es como estar por un camino que no te lleva a ningún lugar y querer seguir caminándolo, eso más que perseverancia, puede ser imprudencia, o irresponsabilidad. Podemos tener la energía y decisión de mantenernos allí, sin medir bien que no nos lleva a ningún lado.

A veces nos cuesta mucho el reconocer esos errores, los cuales se adueñan de nosotros. El orgullo, el pensar que todo lo que hacemos está bien, nos impiden reconocerlos y enmendar el camino. Solo entendiéndolos y enfrentándolos en su real dimensión, podremos disfrutar de un camino para que el vinimos.

Aunque a veces, debo reconocerlo, hay cosas que nos pasan, que no terminamos de entenderlas, ¿Por qué a mi? ¿Justo ahora tenía que pasarme? Lucho, pero no encuentro la salida, ¿no es un sinsentido?. Estas son las preguntas más difíciles, aquellas que no tienen respuesta. Ante ellas, no hay receta, o no la tengo en todo caso. Como le decía a un amigo, cuando se aparecen estas preguntas, vienen con ellas el miedo, la ansiedad, la tristeza, la melancolía, la frustración, y quisiéramos resetear el cerebro para anularlo, tarea nada fácil, porque nunca pensaba que se podía caer tan abajo, pero fue justamente él, quien me dio una de las claves que mejor me ha funcionado, que es el cuestionarse temas trascendentales.

Así, podríamos preguntarnos ¿Cómo estamos realmente? ¿Qué hemos hecho para estar como estamos? ¿Queremos cambiar, hay alguna manera de hacerlo?¿Cómo van nuestros triunfos y derrotas? ¿Qué hemos aprendido de ambos? ¿Nos han hecho mejores o han sacado lo peor de nosotros?  ¿Nos sentimos fracasados? ¿Distinguimos un error de lo que es un fracaso realmente?

Alvarez de Mon nos sugiere además algunas otras preguntas para momentos de reflexión que vale la pena tenerlas a mano y en la mesita de noche en momentos complicados: “¿Se percibe a sí mismo como un ganador? ¿Cómo un perdedor, aunque nadie lo sepa? ¿En qué nivel de consciencia vive? ¿Piensa sus pensamientos, siente sus sentimientos, o unos y otros, inconscientes, le restan libertad, autonomía y paz? ¿Cuáles son las conexiones profundas entre los actos y acontecimientos de su vida, y las lecturas e interpretaciones que de ellos hace usted? ¿Qué es el éxito? ¿Quién lo define? ¿Qué factor –profesional, social, familiar, personal…– predomina en su respuesta? A futuro, ¿cómo contempla la ineludible posibilidad de perder?¿Qué objetivos se ha trazado en su carrera profesional? ¿Qué metas a corto plazo se ha fijado para lograrlos? ¿Qué dice su agenda al respecto? ¿Qué pasaría si no los consigue? ¿Y si llega allí y no merecen la pena? ¿Cuáles son sus aspiraciones más íntimas? ¿Dónde fija su frontera, donde están sus límites? ¿Qué sueños tiene despierto? ¿Está abierto a la sorpresa, a lo inesperado, la verdad más valiosa suele presentarse de esa manera, o sigue rigurosamente lo planificado en su plan de vida?”

Nada mejor en los momentos complicados, que arroparse con preguntas que te ayuden a pensar, para darle la vuelta a la vida y volver a empezar de nuevo. Es realmente increíble la capacidad que podemos tener de sobreponernos a los mayores embates de la vida y ofrecer nuestra mejor versión.

Cuestionarse, trabajar, estudiar, ganar, perder, triunfar, fallar, son los secretos de una buena vida, de una vida buena. Que nada ni nadie nos quite la manera de disfrutarla! Los dejo con este video que habla sobre ello, no dejen de verlo!

Solo gana el que acepta la derrota…

Actualmente uno encuentra fácilmente cursos y diplomados para todo, ventas, contabilidad, marketing, etc. Sin embargo, cuando tiene un gran problema personal, que difícil saber como gestionarlo. Si algo he aprendido sobre esto, es que cuando uno sufre momentos complicados en su vida, éstos no nos dejan indiferentes, o sacan lo mejor de nosotros o nos quiebran de manera definitiva. Hay un antes y un después de nuestra propia crisis. Y generalmente, si sabemos gestionarla, lo que sale es una persona más madura y fuerte. Michel Jordan dijo: «He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera.  He perdido más de 300 partidos.  En 26 ocasiones se me concedió la responsabilidad de encestar la última canasta y me equivoqué.  He fallado una y otra vez en mi vida deportiva.  Por este motivo triunfé.” El error es la otra cara de la excelencia.

Tarde o temprano llegará de visita la adversidad, siempre inoportuna por cierto, disfrazada de la muerte de un ser querido o de un desencanto amoroso, ya sea divorcio o enfriamiento de la relación, o de una pérdida de trabajo o de la marcha de un amigo del alma.

¿Cómo gestionarla?

Nadie mejor que Santiago Alvarez de Mon, Profesor principal del IESE de España y uno de los mejores coach del mundo para darnos una respuesta coherente. Nos dice que ante la visita de esa “exigente maestra” (ya que nos obliga a estudiarla, a aprender  de ella y a sacar lo mejor de nosotros), hay que reconocerla y hacer las paces con ella. JK Rowling, la autora de Harry Potter comentó recientemente en una entrevista que el fracaso le enseñó cosas de sí misma que no hubiera podido aprender de otra manera.  Descubrió que tenía más voluntad y disciplina de lo que pensaba. Uno nunca acaba de conocerse ni conocer hasta donde es capaz, hasta que no sea probado por la adversidad. «Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo.  Lo que cura al hombre no es huir del dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella» decía Benedicto XVI.

No transformas una realidad que niegas, tienes derecho al “bajón”, al miedo inicial, a la frustración y una vez que interiorizas esas emociones eres capaz de gobernarlas. Esto nos obliga a hacer “arqueología interior”, a recurrir a recursos que están allí inexplotados, profundizar, identificar nuestras fortalezas y debilidades y saber utilizarlas. Hay varios que pueden quebrarse, normalmente aquellos que han tenido la intención de salir pero la fuerza de voluntad ha estado débil.

Nos dice Alverez de Mon: “Cuando se presenta la adversidad, fabricar una respuesta esperanzada, me parece patrimonio de gente singular y creo que allí más que nunca, es donde  movilizas tu talento, donde cosechas todo lo que has invertido antes, en paciencia, perseverancia, lucha, disciplina y una mentalidad de optimismo. En los desiertos de la adversidad es cuando más lo necesitas. Con la forma habitual de pensar, con el andamiaje meramente  intelectual, no llegas, no ganas el partido, necesitas de todos tus recursos. Necesitas sacar a la superficie emociones, afectos, lucha interior y mucha fuerza de voluntad y energía.”

Menciona también que el tiempo tiene una relación directa con la adversidad. En 1993, final de  Wimbledon, jugaban la final Jana Novotna contra Steffi Graff, en ese entonces No1. del ranking. Iba 6-7 el primer set, 6 a 1 el segundo y 4 a 1 y 30 a cero a favor de Novotna, decir, a dos pasos del 5 a 1 y  campeonar. Perdió el punto y en 10 minutos Steffi remontó y ganó el set y el campeonato. ¿Qué pasó con Novotna? Su cabeza en lugar de quedarse en el presente, viajó al futuro, se imaginó la gloria, el recibimiento apoteósico en su país celebrando su primer triunfo, como le cambiaría la vida, y cuando se fue dos pasos adelante, la concentración se fue y perdió. No ganó Steffi, perdió Novotna.

En otro episodio, Greg Norman, el mejor golfista en ese año, en 1997, jugando el Abierto de Augusta, a 4 hoyos tenía 5 golpes de ventaja, la pelota cae en una zona difícil del campo, viajó al pasado, se acordó que había fallado hace dos años en una situación muy parecida, entrena el swing y con el pensamiento de no tirarla al lago y se dice a sí mismo: “Greg, acuérdate de la vez pasada, fallaste, ten cuidado” y vuelve a tirarla al lago, se desconcentra y pierde el campeonato. El siguiente torneo le pasó exactamente lo mismo. Su cabeza en lugar de viajar para adelante como en el caso anterior, viajó hacia atrás.

En ambos casos hay una mente hiperactiva, viajera, que no es capaz de coserse al presente y en ese sentido pierden tenista y golfista. En la adversidad, la vida te urge a descifrar, a exprimir, las claves del presente, que no es capaz de quebrarnos, incluso cuando es más cruel.

Cuando hay angustia (el miedo a lo que pasará en el futuro) es que nos hemos ido al mañana, la incertidumbre, el hábitat natural del ser humano, llega a niveles altísimos innecesariamente. Y cuando nuestra mente piensa demasiado en el pasado, nos vamos a la nostalgia, en la que algunos viven anclados en lo peor.

Que importante tener una visión circular del tiempo, en la que el presente está lleno de un futuro que sueñas para ti y para tus seres queridos y de un pasado agradecido cuando piensas en tus padres o cuando ves fotos de cuando eres pequeño. Al final, lo único que tienes es el presente. Y si uno escucha o lee a muchas personas que han pasado por grandes problemas y han salido de ellos, todas ellas hablan de la intensidad, la energía, el nivel de concentración que tenían para limitarse a estar en el presente. Las mentes dispersas no pueden conquistar el futuro, el futuro se hace hoy, con esfuerzo, con capacidad de luchar, solo eso ya es suficiente para triunfar en nuestro fuero interno, los resultados, ganar o perder, las consecuencias de lo que hacemos, forman parte de otro partido en el que no llevamos las riendas. Que importante pero a la vez difícil es aprender a gestionar la adversidad, en lugar de tratar de escapar de la misma. Deberíamos tener muy claro que parte del camino que lleva a la felicidad implica, necesariamente, luchar y gestionar  la adversidad.

 

«Los muros existen para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto deseamos algo.  Los muros están para frenar a la gente que no desea suficientemente algo.  Están para frenar a los demás. Sin embargo, el éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide.” Santiago Álvarez de Mon

Sueño con volver a soñar

“Parece que no somos felices”, como lo dijo a principios del siglo pasado Enrique Mac Iver. Parece que todo lo que nos vende la vida en verdad no es tan bonito ni dura tanto como pareciera. Algunos días parece que alguna vez fuimos felices pero hoy no y que tal vez la paciencia, esa oriental virtud, sea la única alternativa en días así para reflexionar y recordar que el tiempo era lo que teníamos que priorizar y no el dinero, que la cabeza tenía que estar por encima del corazón, que la persona siempre fue más importante que la cosa, que el esfuerzo es más importante que el resultado, que la capacidad de soñar e ilusionarse era más importante que la realidad y que el hoy es más importante que el mañana.

Cuando tenía 18 años pensaba que cuando entre a una buena universidad, sería feliz. Y llegué a una buena universidad y fui feliz por un mes y luego volví a mi hábitat natural. Luego me dije cuando consiga un excelente trabajo seré feliz, y lo conseguí y fui feliz por un mes, y luego regresé a mi hábitat natural. Quizá pasaba mi vida pensando en que cuando logre el siguiente reto sería completamente feliz y eso no pasaba nunca y es que las ilusiones son peligrosas porque no tienen defectos. La vida me enseñó que la felicidad no depende de los retos que consiga, de las cosas o posesiones que tenga, sino de cuan feliz estoy con mi conciencia. Creo que el concepto de verdadera felicidad está muy relacionado a hacer lo que creo que tengo que hacer.

Tal Ben Shahar, profesor de Harvard de Psicología Positiva decía que “Es más feliz la persona que tiene unas expectativas moderadas. La felicidad consiste en la administración inteligente del deseo. En no equivocarse con las expectativas.” La felicidad consiste en el sufrimiento superado. La capacidad para superar las adversidades del pasado es buena para la salud mental. En el fondo todo está en la cabeza. La felicidad depende de la interpretación de la realidad que uno hace.

En circunstancias adversas, complicadas, uno puede ser feliz. Nelson Mandela, en la cárcel de Robben Island, era feliz luchando por la libertad de Sudáfrica, tenía la posibilidad de dejar la cárcel con solo arrepentirse de lo que dijo, y nunca lo hizo. Nguyên van Thuân, estuvo trece años en una cárcel de Hanoi, nueve de ellos en régimen de aislamiento, y escribió un gran libro “Testigos de esperanza”. Y en el otro lado del ring, existe gente que lo tiene aparentemente “todo” para ser feliz, dinero, poder y está muy lejos de serlo, gente que se ahoga en un jacuzzi, mientras otros nadan a puro pulmón en plena tempestad.

Uno de los grandes errores que cometen las personas sobre la felicidad es que piensan que ser feliz significa felicidad siempre. Por eso, cuando experimentan problemas, tristeza o rabia piensan que hay algo malo en ellos. Y no es así. Una vida feliz incluye dificultades, momentos duros, momentos de éxito y de fracaso, de lucha, de caer y levantarse.

Nadie es feliz todo el tiempo, todos en algún momento de nuestras vidas, tarde o temprano, soñamos con volver a soñar despiertos, con volver a tener la ilusión, la felicidad, que es ingrata, porque es como la sombra, mientras más te obsesionas por tenerla y la persigues, más se te escapa, sin embargo, cuando haces lo que tienes que hacer, te persigue sin que te des cuenta. Por ello, que importante el tener referentes de donde sacar un modelo a seguir, el aprender a pensar, el cuestionarse continuamente con preguntas sencillas como “¿Para qué hago lo que hago?, el leer, el orar, San Josemaría Escrivá de Balaguer decía que “el efecto catártico de la oración se hace realidad porque, cada vez que el hombre reza, experimenta la misericordia de Dios y comparte sus preocupaciones y problemas, cuando y donde quiere, recibiendo al mismo tiempo una señal casi intangible de su Amor. Te quiero feliz en la tierra. No lo serás, si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras ‘caminamos’, en el dolor está precisamente la felicidad. La vida sin dolor es como un cuadro sin sombras, solo lleno de luces, no tiene sentido, que sería del mundo sin dolor, sería una pena, el dolor llevado por amor es valiosísimo.”

Además, son los momentos de sufrimiento y dolor, los más valiosos, de los que más aprende uno en la vida. Aunque el dolor es una de las experiencias más comunes de la vida, siempre sorprende y continuamente nos exige aprender y adaptarnos a las nuevas circunstancias. Sin embargo, hay momentos en este recorrido en los que la experiencia del dolor forja la vida de un hombre. No se trata ya de una cuestión de aceptación o rechazo del dolor, sino de aprender a considerar el sufrimiento como parte de nuestra propia existencia.

Ya lo decía el Papa Benedicto, No hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismos. Muchas veces no entendemos el porqué de las cosas, cuestionamos a Dios, una vieja oración decía: “Le pedí a Dios fuerzas y me dio dificultades para hacerme más fuerte, le pedí valor y me dio peligros para vencer”, y es que normalmente no recibimos lo que deseamos sino lo que necesitamos en ese momento. Las cosas no vienen gratis, hay que ganárselas, hay que lucharlas. Justamente la paz interior es consecuencia de la guerra que hemos ganado contra nosotros mismos.

Cuando pasamos por etapas en las que parece que no hay en que soñar, que las ilusiones se han ido, que el sufrimiento se asoma, quizá valga la pena acordarse de que no hay mal que dure cien años, que son etapas donde hay que cosechar y sacar a relucir las virtudes que antes aprendimos como la fortaleza y la paciencia, y saber que no será la primera ni la última vez que nos pase. El sufrimiento es un fiel compañero de camino, que no se nos despegará nunca. Donde no hay nada por lo que valga la pena sufrir, incluso la vida misma pierde su valor.

¿Qué se ha descubierto científicamente sobre la felicidad?

 

El profesor de psicología de Harvard Daniel Gilbert es ampliamente conocido por su best-seller 2006, Tropezar con la felicidad . Su trabajo revela, entre otras cosas, los errores sistemáticos que todos hacemos en imaginar lo feliz (o desgraciado) que vamos a estar. En esta entrevista de Gardiner Morse publicada recientemente por Harvard Business Review, Gilbert examina el campo de la investigación sobre la felicidad y explora sus fronteras. A continuación me he permitido traducir y transcribir la primera parte, la próxima semana publico la segunda.

HBR: Los estudios sobre la felicidad se ha convertido en un tema muy relevante en los últimos 20 años. ¿Por qué?

Gilbert:  -”¿Cuál es la naturaleza de la felicidad humana?” a nuestra nueva forma de obtener respuestas: la ciencia. Hasta hace sólo unas décadas atrás, el problema de la felicidad estaba principalmente en manos de los filósofos y poetas.

Recientemente, los economistas y los neuro científicos se unieron a la fiesta. Los psicólogos quieren entender lo que la gente siente, los economistas quieren saber a que le da valor la gente, y los neuro científicos quieren saber cómo el cerebro responde a las recompensas.

¿Cómo es posible medir algo tan subjetivo como la felicidad?

Las respuestas espontáneas de la gente son una muy buena aproximación de sus experiencias y su estado de ánimo.

La gente puede no ser capaz de decirnos lo felices que eran ayer, ni lo feliz que serán mañana, pero pueden decirnos cómo se sienten en el momento en que les pedimos. ”¿Cómo estás?” Puede ser la pregunta más frecuente en el mundo, y nadie se ha quedado perplejo por ella.

¿Qué se ha descubierto científicamente sobre la felicidad?

Gran parte de la investigación confirma lo que siempre hemos sospechado. Por ejemplo, en general, personas que están enamoradas son más felices que aquellos que no están. Las personas sanas son más felices que las personas enfermas. Las personas que participan en sus iglesias son más felices que aquellos que no lo hacen. La gente rica es más feliz que la gente pobre. Y así sucesivamente.

Dicho esto, ha habido algunas sorpresas. Por ejemplo, mientras que todas estas cosas hacen que la gente sea más feliz, es asombroso lo poco que se valora. Una casa nueva o una nueva pareja te hará más feliz, pero no mucho y no por mucho tiempo. Las personas no son muy buenas para predecir lo que las hará felices y menos aún para evaluar cuánto tiempo va a durar esa felicidad. Esperamos que los acontecimientos positivos nos hagan mucho más felices de lo que realmente nos hacen estar, y a su vez que los pensamos que los acontecimientos negativos nos harán mucho más infelices de lo que finalmente nos hacen.

En ambos estudios, de campo y de laboratorio, hemos encontrado que ganar o perder una elección, ganar o perder una pareja, conseguir o no conseguir un ascenso, aprobar o desaprobar un examen, todos tienen menos impacto en la felicidad de lo que la gente cree. que la gente cree que lo harán. Un estudio reciente mostró que muy pocas experiencias nos afectan por más de tres meses. Cuando suceden cosas buenas, se celebran por un tiempo y después todo vuelve a la normalidad y cuando suceden cosas malas, nos quejamos por un tiempo y luego seguimos adelante. Mucha gente es más resiliente de lo que cree.

Si se quedan ciegos o pierden el trabajo, encontrarán que hay una nueva vida al otro lado de esos eventos. Y encontrarán muchas cosas acerca de esa nueva vida que son bastante buenas. De hecho, sin duda, encontrarán algunas cosas que son incluso mejores de las que tenían antes. Están descubriendo cosas que no sabían- no podían saber hasta que estaban en esa nueva vida que probablemente sea para trazar un futuro mejor.

¿La verdadera felicidad es mejor que la felicidad sintética?

Vamos a tener cuidado con los términos. El nylon es real, es solo que no es natural. La felicidad sintética es perfectamente real, lo que pasa es que es hecha por el hombre. La felicidad sintética es lo que producimos, cuando no obtenemos lo que queremos, y la felicidad natural es lo que experimentamos cuando lo hacemos. Tienen diferentes orígenes, pero no son necesariamente diferentes en términos de cómo se sienten. Una no es, evidentemente, mejor que la otra.

¿Qué más sabemos ahora acerca de las fuentes de la felicidad?

Si tuviera que resumir toda la literatura científica sobre las causas de la felicidad humana en una palabra, esa palabra sería “social.” Si yo quisiera predecir su felicidad, y solo podría saber una cosa acerca de usted, escogería saber que tan fuertes son sus relaciones con amigos y familiares.

Más allá de contar con redes ricas, lo que nos hace felices el día a día?

El psicólogo Ed Diener  muestra que la frecuencia de las experiencias positivas es un predictor mucho mejor de la felicidad que la intensidad de las mismas. Es decir, cuando pensamos acerca de lo que nos haría felices, tendemos a pensar en la compra de un carro nuevo, un viaje a Europa, una cita con una estrella de cine, ganando un premio Pulitzer, la compra de un yate. Sin embargo, Diener y sus colegas han demostrado que lo intenso de sus experiencias no importan tanto como la cantidad de experiencias positivas que uno tiene. Alguien que tiene una docena de cosas medianamente buenas que le pasan en cada día es probable que sea más feliz que alguien que tiene una sola cosa realmente sorprendente cada día. Así que ponerse zapatos cómodos, dar a su esposa un beso grande, salir a dar una vuelta con su hijo los hará más felices.

Creo que esto nos ayuda a explicar por qué es tan difícil para nosotros predecir nuestros estados afectivos. Nos imaginamos que una o dos cosas grandes tendrán un efecto profundo, pero parece que la felicidad es la suma de cientos de pequeñas cosas. El logro de la felicidad requiere el mismo enfoque que la pérdida de peso. Las personas que intentan bajar de peso quieren una píldora mágica que les dará resultados inmediatos. No es así.. Sabemos exactamente cómo las personas pierden peso: comen menos y hacen más ejercicio.

¿Cuáles son esas pequeñas cosas que podemos hacer para aumentar nuestra felicidad?

Los elementos principales son que se comprometan a algunas simples conductas, meditar, hacer ejercicio, dormir lo suficiente, ayudar a los demás. Ofrecerse como voluntario en un refugio para desamparados. Cuando lo haga puede que finalmente ayude poco o mucho en ese refugio, pero es seguro que se ayudará a sí mismo. Y por último fomentar las conexiones sociales.  El secreto de la felicidad es como el secreto de la pérdida de peso: No es un secreto!