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La meta es el camino

¿Qué pasaría si tomáramos la vida como un viaje? Debiéramos hacer el ejercicio de entender el camino como un fin, un instrumento que nos lleva a alcanzar una determinada meta.

camino¿Qué debería poner en mi equipaje?

  1. Sentido de trascendencia. Si mi vida (o mi viaje) no tienen un destino, una razón de ser, cualquier camino será bueno.
  2. Conocimiento, debiéramos asegurarnos de tener una dosis necesaria que es la que el mundo (laboral, social, familiar) nos va a solicitar ya que de no tenerlo nos la va a cobrar con intereses.
  3. Talentos, entendiendo el talento como hacer sencillo lo que para otros es muy difícil. Identificar cuáles son los nuestros es una tarea inaplazable.
  4. Valores. Sobran discursos sobre valores, nos falta práctica. La gente que lidera desde el ejemplo no predica mucho. Cuando quieran conocer los valores de una persona, pídanle su agenda, de Lunes a Domingo,  porque el tiempo define nuestras prioridades, nuestros valores. ¿Cuánto tiempo le dedico a mi hijo? Solo con esta pregunta me doy cuenta que me falta mucho para mejorar. Si no tienes tiempo para renovar algo que se vuelve peligrosamente rutinario como tu matrimonio por ejemplo, ¿de que valores hablamos? El tiempo es un estricto juez que nos muestra quienes somos ante los demás.

Es necesario también elegir nuestro camino y nuestro destino, y no vivir la vida ni perseguir los sueños que a lo mejor son de otros o que otros quieren que vivamos. No es nuestra misión ser fotocopiadora.

Este año la vida me ha enseñado que la vida es incierta por definición. Es como un río con dos orillas, en una está la victoria y en otra la derrota, y a las dos, como decía Kippling, las tienes que tratar como dos impostoras, porque no sabes cuándo una aparente derrota esconde tras de sí una gran victoria y viceversa. Solo se puede ganar los grandes partidos de la vida si haces las paces con la posibilidad de perder, solo ganan aquellos que aprenden a perder.

Saboreen el momento, el hoy, el presente, el camino, ya luego vendrá el destino final. La felicidad no depende de la realidad sino de cómo la interpretes. El problema no es el despido, la bancarrota, la muerte de un ser querido, el problema es el que surge a raíz de ese reproche, de la lectura que le damos a eso. Si solo pensamos en ser felices siempre y en ganar, entonces seremos firmes candidatos a un infarto o a un ataque de estrés.  Hoy en día hay mucha gente depresiva, muchísimas pastillas, tal vez porque andamos buscando algo que no existe.

Santiago Alvarez decía que el hombre busca certezas y tropieza con inseguridades. La vida, a medida que vas avanzando kilómetros te va mostrando preguntas. El que sabe, duda, pregunta, y escucha. En lugar de precipitar algunas recetas con atajos que no te llevan a ningún lado. Las personas más serenas son las que han hecho las paces con lo irreversible, que no buscan lo que no existe. Hay que aceptar las reglas de la vida, que implican ganar y perder. Para ganar, no puedo romperme cada vez que pierdo, tengo que levantarme.

Para ello, que importante es la gestión del tiempo. Muchos perdemos por querer seguir viviendo en el pasado, por no dejarlo ir, convirtiéndonos en esclavos de circunstancias o de errores que marcan de por vida.

La otra cara de la moneda, viajar innecesariamente al futuro, es una fuente de ansiedad. El hecho de no saber qué viene nos produce un desmedido miedo anticipado, y este es el peor de los temores, ya que provoca más sufrimiento que la propia situación desagradable que intentamos evitar. Un estudio neurológico realizado en USA mediante resonancias magnéticas descubrió que la preocupación por lo que pueda suceder se nos graba en el cerebro igual que si hubiese ocurrido de verdad. Es lo que en psiquiatría se  le llama el circuito del miedo.

Para desactivarlo, en lugar de preocuparnos por lo que pueda ocurrir, debemos fijarnos en lo que está sucediendo aquí y ahora. Enrique Rojas, destacado psiquiatra español, dice que si dejamos de ocupar nuestra mente con pensamientos negativos a futuro y los concentramos en el presente de forma positiva, romperemos el círculo vicioso del miedo anticipatorio.

El futuro siempre será una interrogante. Bien dicen que mucho consiguió quien no dejó nada para mañana. El terco es primo hermano del vago, “Mañana” es su vocablo preferido. Mañana dejaré el trago, mañana le declararé mi amor, mañana comenzaré a esforzarme por trabajar bien, mañana, mañana, mañana.

Alvarez de Mon decía que “el futuro por definición, es una inmensa pregunta, una misteriosa incertidumbre, y fiel a su naturaleza, no desvela las respuestas que solo él atesora en su regazo.  Es más, si se desnudara y prostituyera, contándonos todos sus secretos, vivir sería insoportablemente aburrido. El factor sorpresa es vital para casi todo. Siempre habrá una grieta entre nuestros planes y el dictamen final de la vida. Ándese ese trecho y estúdiense los porqués de la desviación incurrida. Una respuesta sincera, humilde y humorística afianzará el proceso de autoconocimiento y aprendizaje personal. La desigualdad entre los planes y la vida se estrechará.”

Muchas veces no vivimos el hoy por estar mirando el ayer, teniendo miedo del mañana, y entre tanto, se nos va la vida.

Valero Rivera, ex entrenador del equipo de balonmano más exitoso del Barcelona decía que “el objetivo final es el proceso, no el resultado (llámese el camino y no la meta). Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es una consecuencia. Ganar es tan importante, tan imprescindible para un equipo que quiere ver extendido su cheque anual de confianza y apoyo que no se habla de ello. Ganar es el penúltimo objetivo, el último es la felicidad, como la quieras cazar se te escurre, solo se queda contigo si te esfuerzas al máximo, y por eso se convierte en consecuencia. Obsesionados con ganar los músculos se tensan y las neuronas se embotan. ¿Vamos a ganar la liga este año? No , este año vamos a ganar el partido de mañana y luego el próximo y al final haremos balance.”

Sé muy bien que los artículos como éste no cambian la vida de nadie, las palabras resbalan, pero si tuviese que resumirlo para dejar una idea es que la meta es el camino, no nos obsesionemos con el futuro, no tenemos ni idea de que pasará. Dejemos que el futuro llegue y será en función de lo que hagamos hoy. Caminar despacio y concentrado es la mejor receta para correr lejos, muy lejos, sabiendo que al auténtico reto es saborear y apreciar cada kilómetro del trayecto. Carpe Diem.

¿Cómo estás?

Esta pregunta sencilla, es a veces muy complicada de contestar, sobre todo cuando no estamos bien, cuando no nos llevamos bien con nosotros mismos.

A lo mejor porque hemos hecho algo mal, a lo mejor por un factor externo que nos hace sentir así (trabajo, familia, etc). A lo mejor por no trazarse un plan de vida coherente, o querer vivir una vida que no necesariamente es nuestra. A veces nuestros sueños nunca se cumplen porque jamás fueron nuestros, sin darnos cuenta, los alquilamos solamente, y en ese caso, luchar por conseguirlos no sirve de mucho, es como estar por un camino que no te lleva a ningún lugar y querer seguir caminándolo, eso más que perseverancia, puede ser imprudencia, o irresponsabilidad. Podemos tener la energía y decisión de mantenernos allí, sin medir bien que no nos lleva a ningún lado.

A veces nos cuesta mucho el reconocer esos errores, los cuales se adueñan de nosotros. El orgullo, el pensar que todo lo que hacemos está bien, nos impiden reconocerlos y enmendar el camino. Solo entendiéndolos y enfrentándolos en su real dimensión, podremos disfrutar de un camino para que el vinimos.

Aunque a veces, debo reconocerlo, hay cosas que nos pasan, que no terminamos de entenderlas, ¿Por qué a mi? ¿Justo ahora tenía que pasarme? Lucho, pero no encuentro la salida, ¿no es un sinsentido?. Estas son las preguntas más difíciles, aquellas que no tienen respuesta. Ante ellas, no hay receta, o no la tengo en todo caso. Como le decía a un amigo, cuando se aparecen estas preguntas, vienen con ellas el miedo, la ansiedad, la tristeza, la melancolía, la frustración, y quisiéramos resetear el cerebro para anularlo, tarea nada fácil, porque nunca pensaba que se podía caer tan abajo, pero fue justamente él, quien me dio una de las claves que mejor me ha funcionado, que es el cuestionarse temas trascendentales.

Así, podríamos preguntarnos ¿Cómo estamos realmente? ¿Qué hemos hecho para estar como estamos? ¿Queremos cambiar, hay alguna manera de hacerlo?¿Cómo van nuestros triunfos y derrotas? ¿Qué hemos aprendido de ambos? ¿Nos han hecho mejores o han sacado lo peor de nosotros?  ¿Nos sentimos fracasados? ¿Distinguimos un error de lo que es un fracaso realmente?

Alvarez de Mon nos sugiere además algunas otras preguntas para momentos de reflexión que vale la pena tenerlas a mano y en la mesita de noche en momentos complicados: “¿Se percibe a sí mismo como un ganador? ¿Cómo un perdedor, aunque nadie lo sepa? ¿En qué nivel de consciencia vive? ¿Piensa sus pensamientos, siente sus sentimientos, o unos y otros, inconscientes, le restan libertad, autonomía y paz? ¿Cuáles son las conexiones profundas entre los actos y acontecimientos de su vida, y las lecturas e interpretaciones que de ellos hace usted? ¿Qué es el éxito? ¿Quién lo define? ¿Qué factor –profesional, social, familiar, personal…– predomina en su respuesta? A futuro, ¿cómo contempla la ineludible posibilidad de perder?¿Qué objetivos se ha trazado en su carrera profesional? ¿Qué metas a corto plazo se ha fijado para lograrlos? ¿Qué dice su agenda al respecto? ¿Qué pasaría si no los consigue? ¿Y si llega allí y no merecen la pena? ¿Cuáles son sus aspiraciones más íntimas? ¿Dónde fija su frontera, donde están sus límites? ¿Qué sueños tiene despierto? ¿Está abierto a la sorpresa, a lo inesperado, la verdad más valiosa suele presentarse de esa manera, o sigue rigurosamente lo planificado en su plan de vida?”

Nada mejor en los momentos complicados, que arroparse con preguntas que te ayuden a pensar, para darle la vuelta a la vida y volver a empezar de nuevo. Es realmente increíble la capacidad que podemos tener de sobreponernos a los mayores embates de la vida y ofrecer nuestra mejor versión.

Cuestionarse, trabajar, estudiar, ganar, perder, triunfar, fallar, son los secretos de una buena vida, de una vida buena. Que nada ni nadie nos quite la manera de disfrutarla! Los dejo con este video que habla sobre ello, no dejen de verlo!

¿Cómo ser infeliz?

Reflexionaba sobre las veces que intencional e inexplicablemente realizamos cosas que nos harán infelices. Increíble pero cierto.  Paradojas de la vida, a veces justamente para ser realmente feliz hay que haber sufrido una gran pena. No podemos brillar, si no identificamos la sombra. Dicen que un cuadro todo lleno de luz,  sin sombras no es una pintura real, es un garabato. El hombre, por naturaleza es paradójico, lo demuestra con muchos de sus actos. Por ejemplo, mucha gente cree que porque habla mucho cae simpática y es exactamente al contrario, quien no sabe guardar silencio, no debería hablar. Para aprender a gestionar el silencio, nada mejor que la soledad, la otra cara de la compañía. Quien no sabe estar solo, generalmente acaba mal acompañado.

Hace unas semanas, Harvard Business Review escribió un artículo relacionado a este tema en el que comentaban que es lo que nos hace ser infelices.  Y es que muchas veces es mucho más fácil ser infeliz que feliz. Nuevos estudios ofrecen una serie de consejos para el genuino descontento. He aquí algunos de los comportamientos mencionados en el  artículo que maximizan la infelicidad:

Ríndete: Acepta que no puedes cambiar tu realidad. Vive en la complacencia y rehúsa luchar por algo mejor.

Compara tu vida con la de otros: Es la raíz de muchas miserias. Juzga tu éxito basado en el de otras personas, especialmente otros que tienen otras experiencias distintas a la tuya. Hazlo seguido, siempre buscando un nuevo ídolo o competidor en el cual tu ideal de infelicidad descansará.

Busca la felicidad solo al final, no en el camino: No celebres pequeños éxitos, y nunca te pares a reflexionar sobre lo lejos que has llegado, simplemente continua haciendo lo mismo que los demás, nunca te cuestiones.

Deja que otros marquen la agenda de tu vida: no tengas responsabilidad sobre tus horarios o preferencias, déjate llevar por lo que los demás quieren que seas.

Permite que otros determinen tus valores y prioridades. No tengas un punto central para tu vida, déjate llevar por el viento .

Déjate llevar por la rutina. El stress es malo, busca llevar tu vida sin esfuerzos, sin cambios y tan relajada como sea posible.

Se pesimista y contágialo a los que te escuchen. Explícales que el mundo es malo y que no puedes hacer nada para cambiarlo. Bonus point: Esta practica además permite contribuir con la infelicidad de otros.

Enfócate solo en ti mismo: Nunca perdones. Mira y saca lo peor de cada persona. 

Compra cosas que no necesites o no puedas pagar: Cuando compras cosas que no quieres, te mientes a ti mismo pensando que con eso superarás tu infelicidad, se acabará por unos minutos, luego volverá. Y si gastas lo que no tienes, aumentas tu deuda, lo cual te limita a adquirir otras cosas que si hubieses querido.

Aprendiendo de nuestros errores

Hoy les traigo un extracto de un gran artículo de Santiago Alvarez de Mon, brillante profesor del IESE, sobre la diferencia entre errar y fracasar, no es lo mismo, y según él, quien se confunde y maneja los dos términos como sinónimos, comete un error gravísimo.  Nos dice: “El error es un modo más de hacer las cosas, como el acierto.  El fracaso precisa de una interpretación interior que transforma esa equivocación en fuente de descalificación y reproche.  El fracaso es un error al que se enchufa una cd mental que repite una canción triste, pesarosa e implacable. «Que desastre, no sirves para nada, qué malo eres, nunca llegarás a ningún sitio…», no son expresiones de una persona humilde e inteligente que va aprendiendo a gobernarse a sí misma, sino pensamientos y sentimientos que hablan de una mentalidad rígida, tensa, soberbia e inmadura. 

 Un deportista que ha desplegado su mejor juego pero que ha perdido con un oponente excepcional es tildado de fracasado.  Lo peor es que él mismo interioriza así el partido.  Ha corrido, ha sudado, ha aprendido, hasta ha llegado a disfrutar fases de match, ha cobrado unos honorarios más que decentes, y la resolución final es que ha fracasado. «Soy un perdedor», musita cabizbajo en su camino hacia los vestuarios.  En lugar de una ducha caliente y reparadora, se inflige a sí mismo un jarro de agua fría.  Lamentable error, penosa confusión.

 Entendido el error, erradicada la idea de fracaso, se está en condiciones de afrontar las adversidades de la vida, experiencias desequilibrantes que amagan con romper nuestro equilibrio y estabilidad.  La adversidad es una escuela inmisericorde, o te arrastra por el fango del rencor y la autocompasión, o te envuelve y transporta a un paraje incomparable y libertador. 

 Tal Ben-Shahar, el profesor cuyo curso fue el más solicitado el año pasado en Harvard, habla desde su propia experiencia.  Campeón de squash en Israel, aspirante frustrado a serlo del mundo, también sus primeros años de Bachelor en Harvard estaban dominados por la necesidad perentoria de sacar A, ni siquiera B era aceptable.  Más adelante enriquece su planteamiento con la declaración de una escritora muy famosa, J.K. Rowling, autora de los libros de Harry Potter.  Donde ella hablaba de failure, yo traduzco error.  «El fracaso me dio una seguridad interior que nunca me dieron los aprobados de mis exámenes.  El fracaso me enseño cosas de mí misma que no hubiera podido aprender de otra manera.  Descubrí que tenía más voluntad y disciplina de lo que pensaba.  La evidencia de que los contratiempos emerges más sabia y fuerte significa que estás capacitado para sobrevivir.  Nunca acabarás de conocerte, ni tampoco la fortaleza de tus relaciones y amistades, hasta que no sean probadas por la adversidad».

 Como vemos, lo importante no es no cometer errores, sino aprender de ellos y reaccionar rápidamente.

La educación de nuestros sentimientos

Esta semana les traigo un resumen de la entrevista que leí hace unos días a Alfonso Aguiló, Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación (IEEE) sobre la educación de los sentimientos, un tema del que muy poca gente se preocupa pero que genera un impacto grande en nuestra forma de ser.

“-Siendo tan importante la educación de los sentimientos, ¿por qué tantas personas consideran el coeficiente intelectual como el principal indicador del talento personal?

-El asunto viene de antiguo. Desde comienzos del siglo XX, se difundió mucho la idea de que el coeficiente intelectual es un dato de partida invariable y decisivo en la vida de una persona. Afortunadamente, esa idea entró en crisis hace ya bastantes años, pues está claro que poseer un elevado coeficiente intelectual puede predecir tal vez quién obtendrá éxito académico -tal como suele evaluarse hoy en nuestro sistema educativo-, pero no mucho más. No es una garantía de éxito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz.

Hay otras muchas capacidades que tienen más importancia, y entre ellas están las relativas a la educación de los sentimientos, como el conocimiento propio, el autocontrol y el equilibrio emocional, la capacidad de motivarse a uno mismo y a otros, el talento social, el optimismo, la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos de los demás, etc.

-¿Y cómo puede buscarse ese equilibrio?

-De entrada, no podemos desacreditar el corazón porque algunos lo consideren simple sentimentalismo; ni la inteligencia porque otros la vean como un mero racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntarismo. La clave está en encontrar una buena armonía.

Por ejemplo, en las últimas décadas se han declarado diversas cruzadas contra diferentes problemas que amenazan nuestra sociedad: fracaso escolar, alcoholismo, embarazos de adolescentes, drogas, violencia juvenil, etc. Sin embargo, una y otra vez se comprueba que suele llegarse demasiado tarde, cuando la situación ha alcanzado ya grandes proporciones y está fuertemente arraigada en la vida de esas personas.

Y eso sucede porque la información, siendo importante, por sí sola suele resolver muy poco. La mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas, y que les llevan a buscar refugio en esos errores.

-¿La solución entonces es educar mejor los sentimientos?

-En gran parte sí. Al hombre no siempre le basta con comprender lo que es razonable para luego, sólo con eso, practicarlo. El comportamiento humano está lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la lógica, y que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la voluntad y los sentimientos.

-Pero tener mucho corazón a veces también traiciona…

-Está claro que hay numerosos vicios y defectos que pueden coexistir con un gran corazón. Hay gente de mucho corazón que son alcohólicos, irascibles, mentirosos o poco honrados. Pero de modo general puede decirse que la riqueza y la plenitud de una persona dependen en gran medida de su capacidad afectiva.

Lo más propiamente humano es ser una persona de corazón, pero sin dejar que nos tiranice. Es decir, sin considerarlo la guía suprema de nuestra vida, sino logrando que sea la inteligencia quien se encargue de educarlo. Educarlo para que nos lleve a apasionarnos con cosas grandes, con ideales por los que merezca la pena luchar. Es verdad que las pasiones hacen llorar y sufrir, pero no por eso han de ser algo negativo, porque ¿acaso se puede dar una buena clase, o sacar adelante un proyecto importante, o amar de verdad a otra persona, desde la indiferencia? Sin apasionamiento, ¿habrían existido los grandes hombres que han llenado de luz y de fuerza nuestra historia, nuestra literatura, nuestra cultura? Educar bien nuestras pasiones nos hace más humanos, más libres, más valiosos.

-¿Y cree que la educación de los sentimientos es una tarea un tanto descuidada?

-Sí. Como ha señalado José Antonio Marina, la confusa impresión de que los sentimientos son una realidad oscura y misteriosa, poco racional, casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un considerable desinterés por profundizar en su educación. Sin embargo, los sentimientos son influenciables, corregibles, estimulables. Pueden modelarse bastante más de lo que a primera vista parece.

Es cierto que la mayoría de los sentimientos no se pueden producir directa y libremente. No podemos generar sentimientos de alegría o de tristeza con la misma facilidad con que hacemos otros actos de voluntad (como gobernamos, por ejemplo, los movimientos de los brazos). Pero sí podemos influir en nuestra alegría o nuestra tristeza de modo indirecto, preparando el terreno en nuestro interior, estimulando o rechazando las respuestas afectivas que van surgiendo espontáneamente en nuestro corazón.

-Algunos consideran que eso es esconder los sentimientos espontáneos para sustituirlos por otros que en realidad no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

-Pienso que no debe verse así, pues lo que se busca no es el falseamiento de los sentimientos, sino construir nuestro propio estilo emocional. Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida, en vez de pensar que estamos atados a un inexorable destino sentimental.

Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los correspondientes sentimientos positivos. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquellos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.

-¿Los sentimientos influyen en las virtudes?

 -Cada estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicológicamente sana, y favorece o entorpece la práctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa.”

Dueños de nuestro destino (2da parte)

Confucio decía que para ser exitoso en la vida necesitas 3 cosas:

  • Algo que hacer (que te guste tu trabajo).
  • Algo que esperar (tener proyecto personal a futuro).
  • Alguien a quien amar.

Creo que no hay una definición general para todos, ya que cada uno tiene un concepto y una forma de ver el éxito distinta. En mi caso particular, tengo 4 objetivos fundamentales en mi vida y para medir que tan exitoso soy mido cada cierto tiempo  los retos propuestos y el estado actual de los mismos para saber cuanto me he acercado a ellos. El primer objetivo gira en torno al plano espiritual, el segundo al plano familiar, el tercero al laboral y el cuarto al social.  Sin embargo, mi éxito más profundo es la relación conmigo mismo,  con mi conciencia. Es ella quien me deja dormir en paz o me tortura en la infinidad de veces que he hecho las cosas mal. No mido el éxito en términos de números, en la mayoría de los casos, se basa en la felicidad de los que me rodean, y en ganarme el respeto y el cariño de la gente cercana a mi. Si enfocamos el tema desde el punto de vista familiar, mi éxito depende de la sonrisa y bienestar de aquellas personas que forman parte de mi vida, si hablo de mi hijo, me sentiré exitoso si es que cuando tenga uso de razón pueda sentirse orgulloso de si mismo, si hablo del trabajo, mi definición de éxito estará ligada a la rentabilidad económica sobre las expectativas y al crecimiento personal y laboral del gran equipo que trabaja conmigo.

¿Y para ello, qué nos motiva? ¿Qué nos hace vivir felices? ¿Cuáles son nuestras inquietudes, sueños e ideales más profundos? ¿Qué problemas nos quitan el sueño? ¿Qué nos apasiona? La respuesta a estas preguntas es una pista segura para descubrir nuestros reales motivadores y objetivos en la vida.

Santiago Alvarez de Mon decía lo siguiente sobre lo que significa el éxito: “Para mi, es hacer las cosas y entrenar hasta el límite de mis habilidades.  Ese universo de intenciones, esfuerzos y trabajo preparado a conciencia lo controlo yo, es donde me cito a diario con lo mejor de mi persona. Los resultados, ganar, perder, las consecuencias de mi labor, los aplausos, las pifias, forman parte de otro partido en el que no llevo las riendas. Del otro sí sé  y entiendo. Desde la paz y tranquilidad que da el saber que te has vaciado íntegro, que no has dejado nada en la recámara, entonces se puede apuntar a otros tiempos y lugares por los que suele transitar y perderse el auténtico éxito.”

Tiene mucha razón, y complementando su comentario se me viene a la memoria aquella inolvidable frase de Valero Rivera, “Solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro”. Dicho de otro modo, solo ganamos, solo conseguimos el éxito, cuando nos damos el todo por el todo, cuando (como dicen los españoles) “nos jugamos la piel en la cancha”, independientemente del resultado. Éste es una consecuencia, si hacemos las cosas bien, que vendrá tarde o temprano, de nada sirve andar enfadados con el tiempo. Y eso depende exclusivamente de nosotros, de nadie más, del esfuerzo, ganas y pasión que pongamos por hacer de nuestro destino el mejor posible. Ojalá este artículo les permita pensar y volar con la imaginación, pero sobre todo aterrizar las ideas con acciones concretas que los lleven a cumplir sus objetivos, que mis palabras no sirvan más que de aperitivo para que empiece un cambio en sus formas de pensar y en sus vidas. Vale la pena.

¿Somos los dueños de nuestro destino? Primera Parte

Vivir es enfrentarse con dificultades, ¿Cómo hacer las paces con ellas y aprovecharlas?

Esta semana me pasaron un video que me dejó pensando en la forma como manejamos nuestra vida familiar y en la importancia que le damos. Creo que en estos tiempos en los que el trabajo nos abruma, dejamos de lado el “arte de vivir” y de redescubrir las cosas que han estado siempre allí. Decía Tomás Melendo, autor de varios libros sobre la familia:”Mañana cuando llegue a casa, ¿por qué no redescubro a mi mujer? Es distinta a la persona que me despidió ayer. Ese es el mejor antivirus para no aburrirme de mi familia, morir cada noche…para nacer cada mañana”.

Para ello, lo primero que se necesita es la intención de querer cambiar. Aunque suene a frase repetida, quizá este sea el gran secreto. Es distinto subsistir en la vida que nos ha tocado vivir, sea cual sea, que exprimirla y sacar lo mejor de ella en cada instante y hacer limonada del limón.

Como bien dice Nelson Mandela, líder mundial, ex presidente de Sudáfrica, que estuvo preso injustamente por más de 25 años, somos dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma. Un reciente estudio realizado por Luis Huete, profesor de Harvard y el IESE concluye que una de las variables más importantes que definen el resultado de nuestras acciones comienza con la manera de pensar, que influye en nuestra manera de mirar la realidad, de sentirla y de interpretar lo cotidiano. Eso definirá nuestra manera de actuar y nuestros resultados que finalmente definirán la persona que terminaremos siendo y las recompensa que tendremos por ello, lo cual alimentará nuevamente nuestra forma de pensar. En el caso el comienzo haya sido en positivo, es probable que luego de completado el círculo el resultado también lo sea, con lo cual se crea un círculo vicioso saludable.  Y es que al final, todos somos hijos de los estímulos que recibimos, al mundo lo mueven las convicciones.

Hay partidos que no los ganamos porque no los intentamos ganar. Por ejemplo, el partido de los mineros en Chile era un partido imposible y gracias a que estos valientes hombres desafiaron la realidad lograron salir sin mayores traumas. Esa fue una prueba evidente de que para que actuemos, tenemos que tener un motivo de peso para hacerlo, una fuente de energía humana, que en muchos casos no es más que la propia auto motivación.

Es decir, si bien es cierto existen variables impredecibles que aparecen en nuestro camino, gran parte de nuestro destino depende de nosotros mismos, del cristal con el que lo miremos y de la actitud y acciones que tomemos. Dicen que la suerte te visita únicamente cuando has hecho todos tus deberes.

¿Y qué puedo hacer para empezar a ser más optimista e iniciar ese círculo de acciones de manera positiva? Quien mejor que Santiago Alvarez de Mon, aquel brillante escritor, coach y profesor del IESE de España (una de las 5 mejores Escuelas de Negocios en el mundo) para darnos la respuesta: “La actitud tiene mucho que ver en esto. El optimismo y el buen humor. Si la vida fuese un teatro, mientras esté en el escenario, me gustaría pensar que los espectadores la vean como una comedia, es mi género preferido, que otros representen una tragedia, yo ya estoy saturado de caras largas y amagadas. Si algo falta en el mundo son payasos que nos hagan reír. Creo que el buen humor es una de las competencias más necesarias no sólo para conseguir un buen trabajo sino para conseguir el éxito. Lo curioso es que no hacemos bien ni una cosa ni otra, ya no sabemos reír, ni llorar, así está el circo humano, muchas veces lleno de mediocres. El éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide.”

Ningun éxito en la vida, justifica el fracaso en la familia

Esta semana les traigo el resumen de la conferencia de Fernando Parrado, un sobreviviente del accidente de los Andes, en el que cayó un avión hace casi 36 años en las heladas tierras entre Chile y Argentina y sólo sobrevivieron algunos pasajeros. Agradezco a mi hermana quien me envió este mail.

El título de su conferencia fue ‘Lo importante viene después del trabajo’ y conmovió a 2,500 ejecutivos en Expo Management con una recomendación: Apoyarse en la familia.

Fernando Parrado, uno de los 16 sobrevivientes de la tragedia de los Andes, a 36 años de aquella historia que asombró al mundo, consiguió Conmover a un foro de negocios y capacitación empresarial al transmitir las simples moralejas que le dejaron vivir 72 días en plena Cordillera sin agua ni comida

Narró, con un relato íntimo repleto de anécdotas, los momentos que lo marcaron de aquella odisea a 4000 metros de altura en la que perdió a buena parte de sus amigos, además de su madre y su hermana.

“¿Cómo es posible sobrevivir donde no se sobrevive?”, se preguntó. “Sobrevivimos porque hubo liderazgos, toma de decisiones y espíritu de equipo, porque nos conocíamos desde mucho antes”, dijo. Y arrojó un primer disparador. “En la vida el factor suerte es fundamental”.

“Cuando llegué al aeropuerto de Montevideo no daban número de asiento para el avión. A mí me tocó, de casualidad, la fila 9, junto a mi mejor amigo. Cuando el avión chocó en la montaña, se partió en dos. De la fila 9 para atrás no quedó nada. Los 29 sobrevivientes al primer impacto viajaban en la parte que quedó a salvo. De ellos, dijo, 24 no sufrieron un rasguño.

Así, los menos golpeados empezaron a ayudar, actuando como un verdadero equipo. Administramos barritas de chocolate y maní al punto de comer un grano por horas cada uno.

Marcelo, nuestro capitán y líder, asumió su rol para contenernos cuando le preguntábamos qué pasaba porque no llegaba el rescate. Decidimos aguantar. Pero días después el líder se desmoronó. La radio trajo la noticia de que había concluido el rescate.

¿Cómo hubieran reaccionado ustedes?. El líder se quiebra, se deprime y deja de serlo. Imagínense que yo cierro esta sala, bajo la temperatura de -14 grados sin agua ni comida a esperar quién muere primero.”

“Ahí me di cuenta de que al universo no le importa qué nos pasa. Mañana saldrá el sol y se pondrá como siempre. Por lo tanto, tuvimos que tomar decisiones. En la noche 12 o 13 nos dijimos con uno de los chicos: «¿Qué estás pensando?» «Lo mismo que vos. Tenemos que comer, y las proteínas están en los cuerpos.» Hicimos un pacto entre nosotros, era la única opción. Nos enfrentamos a una verdad cruda e inhumana. Desde la primera fila, decenas de chicos llevados por sus padres escuchaban boquiabiertos”.

Parrado apeló a conceptos típicos del mundo empresarial. “Hubo planificación, estrategia, desarrollo. Cada uno empezó a hacer algo útil, que nos ayudara a seguir vivos: zapatos, bastones, pequeñas expediciones humanas. Fuimos conociendo nuestra prisión de hielo.
Hasta que me eligieron para la expedición final, porque la montaña nos estaba matando, nos debilitaba, se nos acababa la comida. Subí aterrado a la cima de la montaña con Roberto Canessa.

Pensábamos ver desde allí los valles verdes de Chile y nos encontramos con nieve y montañas a 360 grados. Ahí decidí que moriría caminando hacia algún lugar. Entonces sobrevino el momento más inesperado. Pero esta no es la historia que vine a contar”, avisó.

Y contó que su verdadera historia empezó al regresar a su casa, sin su madre ni su hermana, sin sus amigos de la infancia y con su padre con una nueva pareja. “¿Crisis? ¿De qué crisis me hablan?. ¿Estrés?, ¿Qué estrés?. Estrés es estar muerto a 6000 metros de altura sin agua ni comida”, enfatizó.

Recordó un diálogo fundamental que tuvo con su padre, que le dijo: “Mira para adelante, anda tras esa chica que te gustaba, ten una vida, trabaja. Yo cometí el error de no decirle a tu madre tantas cosas por estar tan ocupado, de no compartir tantas festividades con tu hermana, no darme el tiempo de platicar con ellas mis vivencias, no decirles cuanto las amaba”. Y cerró, determinado: “Las empresas son importantes, el trabajo lo es, pero lo verdaderamente valioso está en casa después de trabajar: la familia. Mi vida cambio, pero lo más valioso que perdí fue ese hogar que ya no existía al regresar. Si tú tienes un calido hogar, piensa que al igual que yo eres una persona con Suerte !!!.Te tocó de la fila 9 hacia adelante, y créeme que la mayoría viaja de la 9 para atrás”.

No se olviden de quien tienen al lado, porque no saben lo que va a pasar mañana.”

“NINGUN ÉXITO EN LA VIDA, JUSTIFICA EL FRACASO EN LA FAMILIA.

¿Por qué fracasan los ejecutivos inteligentes?

1Hoy publicaré un resumen que lei hace poco de un artículo de la revista del IESE de España, y me pareció muy interesante porque hay muchos ejecutivos que a pesar de ocupar los primeros puestos en sus estudios o programas de post grado, no llegan a triunfar.  

Errare humanum est. Pero también es humano y útil analizar el fracaso. Sydney Finkelstein en su libro “Ejecutivos inteligentes. Conozca sus errores y aprenda de ellos” (“Why Smart Executives Fail: And What You Can Learn from Their Mistakes”), indica que errores de concepción, delirios de grandeza y fallos en la transmisión de la información son los tres grandes conceptos que los líderes deberían revisar para no acabar fracasando en el intento.  

Pero esos líderes pueden tener una serie de patologías. El autor le llama los “siete hábitos de personas que fracasan estrepitosamente”, que son las características indispensables para fallar de forma aplastante. Son las siguientes:  

  • Considerar que tanto ellos como sus compañías dominan en su medio.
  • No separar claramente intereses personales y empresariales.
  • Creer tener todas las respuestas.
  • Eliminar a todo aquel que no les apoye totalmente.
  • Ser portavoces consumados de la compañía (obsesionados con la imagen de la misma).
  • Subestimar los obstáculos de consideración.
  • Aferrarse obstinadamente a lo que funcionó en el pasado.

 Sólo será posible prevenir los desastres, concluye Finkelstein, pensando en el liderazgo y en las organizaciones de forma radicalmente diferente, dejando de lado las respuestas fáciles y estudiando las causas reales de los fracasos. Eso se aplica no solamente a los negocios, sino a la vida en general.

Reflexiones para comenzar bien el 2008

21Ya estamos terminando el 2007 y estos días son ideales para revisar si hemos logrado nuestros objetivos, si hemos alcanzado el éxito y en qué nos hemos equivocado, para en base ello, planificar el 2008. En él,  viven nuestros sueños, ideales y proyectos, pero sólo entendiendo las claves del presente, hurgando en sus secretos y pliegues, podemos hacer que algunos de esos sueños tengan lugar durante el año que viene.  

Siempre, en mayor o menor grado, habrá una diferencia entre nuestros planes y el dictamen final de la vida.  El secreto está en caminar ese trecho y analizar el porqué de la desviación, el porqué del error, y eso es justamente lo que trataré de mostrar en este artículo, guiándome de algunos expertos que ya lo han hecho antes, y les ha ido muy bien.  

Dice la conocida frase, Errare humanum est, pero también es humano y útil analizar los fracasos que hemos tenido este año. Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores:  “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, llovía a mares. Muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante, que pensarían mis compañeros de equipo? De ciento once corredores acabé último, terminé a media hora del ganador. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional.  Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida”  Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo preparado de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “ 

Al respecto, comentaba Santiago Álvarez de Mon, Ex Director del IESE de Barcelona y uno de los mejores oradores de España: Gracias Lance, necesitaba oír a un deportista en términos tan familiares y esperados. En la derrota hay que tragarse el orgullo, comerse la furia que te da el desprecio público, sentir el coraje y la frustración internos de tu mediocre rendimiento y bregar con la alternativa fatalista y cobarde de escapar del lugar de los hechos. En la victoria, así cabe calificar ese segundo puesto en Zurich, reaparece la mirada altiva y confiada, las ganas de batir a los demás como revancha de su vergüenza anterior, la vanidad restablecida que cosecha aplausos en lugar de pitos, y sobre todo, esa sensación de poder y dominio imperiales. Ganar es placentero, embriagador y además el mejor salvoconducto social que se puede expedir. La victoria es un fenomenal abrelatas, nada se le resiste. Al ganador se le abren todos los despachos, ningún gerentaso está reunido cuando llama, todos los políticos y periodistas están disponibles. Es la persona que todos quieren visitar, ver, tocar y agarrar. Perder, por el contrario, es doloroso, desconsolador, hiriente, y además antisocial y discriminatorio. Las puertas se cierran, las llamadas de teléfono se atragantan incontestadas, las reuniones se prolongan. Al menos sirve para prepararse para la soledad futura, los políticos, periodistas y amigos de antes, aduladores profesionales, te ignoran y ningunean. Solo quedan los sufridos familiares, flaco consuelo. La victoria es saludable y gozosa, la derrota es masoquista y desoladora, así de sencillo. Álvarez recomienda nunca estudiar el pasado buscando fracasos sino más bien, analizarlo como una gran experiencia.  23

Los errores son parte principal del proceso de construcción, tienen que ser cometidos. Cómo actúas cuando tienes un error es crítico. Así es como las personas y las empresas crecen y mejoran. El fracaso es parte del éxito. Leía hace poco parte de la biografía de Valero Rivera, el técnico de balonmano más exitoso de todos los tiempos. DT del Barcelona que lo ganó todo, la copa Europea y muchos campeonatos nacionales. En una parte decía que estaba agradecido a sus errores. Cada vez que ganaba algo se volvía para atrás, buscaba  en el cofre de los recuerdos, encontraba una derrota anterior, le guiñaba el ojo cómplice y le reconocía su apoyo. Ojalá esa fuera la tónica general en personas y empresas.  

En estas fecha, es común ver a los ejecutivos exitosos que se comprometen a prestarle mayor atención a sus vidas, sus familias, sus trabajos y a hacer planes para el próximo año. Sin embargo, en cuestión de semanas, la mayoría de dichos planes fracasan invariablemente. No es difícil entender por qué. En la mayoría de los casos, la causa principal es que las metas estuvieron mal definidas, el concepto de éxito no fue el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a una buena oficina, un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia, la tranquilidad personal, el desarrollo de las virtudes humanas.  De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir.  

¿Cómo escapar de los peligros del éxito? Dejaré que Rivera lo diga con sus palabras:  “Estando muy encima, alerta, teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán, luego los leeremos con cuidado y atención y extraeremos consecuencias. Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia. Ganar es tan importante, tan imprescindible, para un equipo que quiere ver extendido su cheque anual de confianza y apoyo, que no se habla de ello. Ganar es el penúltimo objetivo, el último es la felicidad. Como la quieras cazar se te escurre, sólo se queda contigo si eres limpio en el juego. Ganar, pero no a toda costa, los modos y medios de conseguir la victoria son cruciales. Regla # 2: No persigas al número 1, te persigues a ti mismo. Si vas detrás de alguien que se cae, cuando caiga, tu te caerás inmediatamente. Los grandes campeones sólo compiten consigo mismos, ellos son el único adversario que merece la pena. Las comparaciones son odiosas desde muchos puntos de vista, y en aspectos de mejora, castrantes y nocivas. Los demás son sólo una referencia externa, un estímulo – despertador. La lucha es interior y personal, y sólo vale ganar. Regla # 3: Nunca compitas para no perder. Los que juegan a no perder ya han perdido. Son mediocres que apuestan por estrategias defensivas, por plagios intolerables, por fotocopias retrasadas y en serie que expulsan el talento y el aprendizaje de su horizonte visual.  

Como contrapartida se ha trabajado la humildad, única arma para protegerse de la autocomplacencia y la vanidad, administrar el presente y edificar el futuro. Con el éxito los equipos se aburguesan, se miran el ombligo, se acostumbran al aplauso, y sin darse cuenta, se autodestruyen. “ 

En este 2007 he sentido muchas veces que me he esforzado mucho pero el resultado ha sido malo. Y es que hay una cierta incompatibilidad de las formas de evaluación en nuestros quehaceres diarios. Por un lado, a Dios no le importan nuestros resultados, le importa nuestro esfuerzo para conseguirlos. Lo demás depende de El. Por otro lado, en el trabajo es al contrario, normalmente en las empresas lo que importa es el resultado final. Sabemos que no todo esfuerzo genera un resultado positivo, como también, no todo resultado positivo es fruto del esfuerzo de una persona o equipo, hay muchas variables adicionales que intervienen. Pero al final, qué es más importante?  Siguiendo con nuestro invitado virtual, nos responde Valero: “Si te vas a pasar la vida persiguiendo un éxito que no es definido por alguien que no eres tú, que es medido por variables y factores exógenos, ajenos a ti mismo, siempre estarás frustrado. Nunca habrá suficientes victorias. Y, si eres afortunado y las consigues, sólo serán números. Alguien te dirá que eres grande, que eres un ganador, pero en tu fuero interno sabes que es un éxito vacío. La única forma de salir de allí es que cada uno defina constantemente su propia idea de éxito, en términos deportivos, debería tener mayor profundidad y calado que ganar. Debería estar relacionada con la pasión interior que hace sentir y vibrar a nuestro corazón. 8

No estoy hambriento de victorias, estoy hambriento de excelencia profesional y personal. Mi meta, mi pasión, mi último objetivo no es el éxito sino la excelencia. Si se alcanza y se renueva periódicamente, el éxito, tarde o temprano le sigue. Si desarrollar todo nuestro potencial se convierte en el gran objetivo, si la búsqueda de la excelencia es la pulsión interior que moviliza fibras y nervios oxidados e indiferentes cuando se trata de fines más vulgares, no sólo se modifica el concepto de victoria, sino que se redefine también qué entendemos por derrota.  Sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro”.  

Muchas veces, los resultados no acompañan, paciencia, dicen que la excelencia anda molesta con las prisas y los nervios. No sé si este habrá sido el caso de algunos de ustedes, si fuese así lo mas importante es analizar las causas, quizá una estrategia mal definida, o mal implementada, o el equipo humano no tiene el perfil necesario, aunque quizá lo más importante sea fijarse si esfuerzo realizado fue realmente el necesario.  

Parafraseando lo dicho anteriormente,   ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro. Antes de acabar un partido, una ya sabe si ha ganado o perdido, independientemente del árbitro, de los demás. Antes de cerrar el año laboralmente hablando, ya sabemos si ha sido bueno o malo para nosotros, independientemente de las metas fijadas por la empresa, ya sabemos si hemos sido realmente productivos, al margen de promociones, traslados, aumentos de remuneración  o despidos. Igual pasa con la vida, antes de acabarla, uno ya sabe si ha sido plena y abundante, si hemos dejado huella o si pasamos desapercibidos. 

Como dice Alvarez de Mon, “¿Quién no ha amonestado a un alumno que saca notable, cuando sus talentos reclaman un sobresaliente? ¿Quién no ha propuesto a un colaborador subir un peldaño en la escalera de la excelencia, cuando él, cómodo y listo, se ha sentado en un descansillo, que, siendo parada y fonda, se transforma en morada y refugio permanente? ¿A qué padre o madre no se le ha caído la baba cuando ve a un hijo sudoroso perder un partido y dejar la cancha fatigado, y, en cambio, fruncir el seño cuando el mismo hijo abandona sobrado y descansado un partido, que pese a ganarlo, no conoció lo mejor de él?”. 

El verdadero éxito es algo más íntimo, no sé si llama felicidad, pero si no lo es, se le parece mucho. Es  equilibrio, es vivir con la conciencia tranquila de saber que se ha esforzado al máximo por hacer las cosas bien. Este concepto difiere muchísimo de lo que pensábamos cuando éramos más jóvenes, en el que definíamos como exitosos únicamente a aquellos que tenían más dinero o a los que tenían su propia empresa.  La gente persigue la meta de maximización de la felicidad y mide su productividad en la cantidad de dinero ganado.

Según una encuesta de este año incluida en una investigación realizada por Manel Baucells y M. Sarin del IESE en la que se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, la respuesta más frecuente fue “más dinero.”. Sin embargo los indicadores de la felicidad han permanecido estables en los últimos 5 años a pesar de los aumentos significativos de la renta real que se han producido a lo largo del tiempo, en el caso de Japón se ha quintuplicado el PBI per cápita en los últimos años sin implicar un aumento en el nivel de felicidad.  Esto no hace más que confirmar que la felicidad depende también de otros factores. Según Baucells estos son la composición genética de una persona, las relaciones familiares, la comunidad y los amigos, la salud, el trabajo (desempleo, seguridad de empleo), el entorno externo (libertad, guerras o trastornos sociales, crimen) y los valores personales (perspectivas sobre la vida, religión, espiritualidad). No obstante, los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad.    

Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. Quizá el reorientar nuestras metas para este 2008 y enfocarlas en los factores que realmente nos darán satisfacción será un buen punto de inicio.  Pero tan importante como fijarlas, es definir como implementarlas y cómo  controlar su cumplimiento durante el año. Año nuevo, lucha nueva. 

En fin, ya se me acabó el material y las ideas por hoy. Tengo que tener sentido de la oportunidad y saber cuando sobro en un lugar o cuando ya el artículo está demasiado largo.  

No quería terminar sin mandarles un saludo especial y mis mejores deseos de que pasen un excelente 2008 y una Feliz Navidad y de que el Niño Jesús encuentre un lugar para nacer y para vivir en nuestros corazones, pero claro, no se puede dejar entrar a quien no se conoce bien, para eso podemos aprovechar estos días de tranquilidad para leer sobre El. Ahora si me despido. El próximo Lunes volveré sin falta.