Archivo de la etiqueta: felicidad

Solo gana el que acepta la derrota…

Actualmente uno encuentra fácilmente cursos y diplomados para todo, ventas, contabilidad, marketing, etc. Sin embargo, cuando tiene un gran problema personal, que difícil saber como gestionarlo. Si algo he aprendido sobre esto, es que cuando uno sufre momentos complicados en su vida, éstos no nos dejan indiferentes, o sacan lo mejor de nosotros o nos quiebran de manera definitiva. Hay un antes y un después de nuestra propia crisis. Y generalmente, si sabemos gestionarla, lo que sale es una persona más madura y fuerte. Michel Jordan dijo: «He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera.  He perdido más de 300 partidos.  En 26 ocasiones se me concedió la responsabilidad de encestar la última canasta y me equivoqué.  He fallado una y otra vez en mi vida deportiva.  Por este motivo triunfé.” El error es la otra cara de la excelencia.

Tarde o temprano llegará de visita la adversidad, siempre inoportuna por cierto, disfrazada de la muerte de un ser querido o de un desencanto amoroso, ya sea divorcio o enfriamiento de la relación, o de una pérdida de trabajo o de la marcha de un amigo del alma.

¿Cómo gestionarla?

Nadie mejor que Santiago Alvarez de Mon, Profesor principal del IESE de España y uno de los mejores coach del mundo para darnos una respuesta coherente. Nos dice que ante la visita de esa “exigente maestra” (ya que nos obliga a estudiarla, a aprender  de ella y a sacar lo mejor de nosotros), hay que reconocerla y hacer las paces con ella. JK Rowling, la autora de Harry Potter comentó recientemente en una entrevista que el fracaso le enseñó cosas de sí misma que no hubiera podido aprender de otra manera.  Descubrió que tenía más voluntad y disciplina de lo que pensaba. Uno nunca acaba de conocerse ni conocer hasta donde es capaz, hasta que no sea probado por la adversidad. «Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo.  Lo que cura al hombre no es huir del dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella» decía Benedicto XVI.

No transformas una realidad que niegas, tienes derecho al “bajón”, al miedo inicial, a la frustración y una vez que interiorizas esas emociones eres capaz de gobernarlas. Esto nos obliga a hacer “arqueología interior”, a recurrir a recursos que están allí inexplotados, profundizar, identificar nuestras fortalezas y debilidades y saber utilizarlas. Hay varios que pueden quebrarse, normalmente aquellos que han tenido la intención de salir pero la fuerza de voluntad ha estado débil.

Nos dice Alverez de Mon: “Cuando se presenta la adversidad, fabricar una respuesta esperanzada, me parece patrimonio de gente singular y creo que allí más que nunca, es donde  movilizas tu talento, donde cosechas todo lo que has invertido antes, en paciencia, perseverancia, lucha, disciplina y una mentalidad de optimismo. En los desiertos de la adversidad es cuando más lo necesitas. Con la forma habitual de pensar, con el andamiaje meramente  intelectual, no llegas, no ganas el partido, necesitas de todos tus recursos. Necesitas sacar a la superficie emociones, afectos, lucha interior y mucha fuerza de voluntad y energía.”

Menciona también que el tiempo tiene una relación directa con la adversidad. En 1993, final de  Wimbledon, jugaban la final Jana Novotna contra Steffi Graff, en ese entonces No1. del ranking. Iba 6-7 el primer set, 6 a 1 el segundo y 4 a 1 y 30 a cero a favor de Novotna, decir, a dos pasos del 5 a 1 y  campeonar. Perdió el punto y en 10 minutos Steffi remontó y ganó el set y el campeonato. ¿Qué pasó con Novotna? Su cabeza en lugar de quedarse en el presente, viajó al futuro, se imaginó la gloria, el recibimiento apoteósico en su país celebrando su primer triunfo, como le cambiaría la vida, y cuando se fue dos pasos adelante, la concentración se fue y perdió. No ganó Steffi, perdió Novotna.

En otro episodio, Greg Norman, el mejor golfista en ese año, en 1997, jugando el Abierto de Augusta, a 4 hoyos tenía 5 golpes de ventaja, la pelota cae en una zona difícil del campo, viajó al pasado, se acordó que había fallado hace dos años en una situación muy parecida, entrena el swing y con el pensamiento de no tirarla al lago y se dice a sí mismo: “Greg, acuérdate de la vez pasada, fallaste, ten cuidado” y vuelve a tirarla al lago, se desconcentra y pierde el campeonato. El siguiente torneo le pasó exactamente lo mismo. Su cabeza en lugar de viajar para adelante como en el caso anterior, viajó hacia atrás.

En ambos casos hay una mente hiperactiva, viajera, que no es capaz de coserse al presente y en ese sentido pierden tenista y golfista. En la adversidad, la vida te urge a descifrar, a exprimir, las claves del presente, que no es capaz de quebrarnos, incluso cuando es más cruel.

Cuando hay angustia (el miedo a lo que pasará en el futuro) es que nos hemos ido al mañana, la incertidumbre, el hábitat natural del ser humano, llega a niveles altísimos innecesariamente. Y cuando nuestra mente piensa demasiado en el pasado, nos vamos a la nostalgia, en la que algunos viven anclados en lo peor.

Que importante tener una visión circular del tiempo, en la que el presente está lleno de un futuro que sueñas para ti y para tus seres queridos y de un pasado agradecido cuando piensas en tus padres o cuando ves fotos de cuando eres pequeño. Al final, lo único que tienes es el presente. Y si uno escucha o lee a muchas personas que han pasado por grandes problemas y han salido de ellos, todas ellas hablan de la intensidad, la energía, el nivel de concentración que tenían para limitarse a estar en el presente. Las mentes dispersas no pueden conquistar el futuro, el futuro se hace hoy, con esfuerzo, con capacidad de luchar, solo eso ya es suficiente para triunfar en nuestro fuero interno, los resultados, ganar o perder, las consecuencias de lo que hacemos, forman parte de otro partido en el que no llevamos las riendas. Que importante pero a la vez difícil es aprender a gestionar la adversidad, en lugar de tratar de escapar de la misma. Deberíamos tener muy claro que parte del camino que lleva a la felicidad implica, necesariamente, luchar y gestionar  la adversidad.

 

«Los muros existen para darnos la oportunidad de demostrar hasta qué punto deseamos algo.  Los muros están para frenar a la gente que no desea suficientemente algo.  Están para frenar a los demás. Sin embargo, el éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide.” Santiago Álvarez de Mon

Conversando sobre el dolor

Hoy en la mañana estuve con un gran amigo, que lamentablemente está pasando por una, no se si considerarla ligera o mediana, depresión. Me comentaba que tiene problemas serios en su matrimonio, ha empezado a cuestionar varias cosas, lo cual le generaba ansiedad por su futuro, a corto, mediano y largo plazo, ya que es una persona que pensaba que tenía todo controlado, y que además, es o por lo  menos se creía “de una sola pieza”. Me decía que tenía “el sentimiento de la falta de sentimiento”, algo tan intenso y profundo, que hasta llegó a decirme “Ya no puedo estar más triste”. Me decía lo fácil que era enamorarse, y lo difícil que era mantenerse enamorado, y es que así es, un matrimonio es siempre difícil, quien está casado lo sabe, es casi siempre cuesta arriba, y pocas veces cuesta abajo.

Había entrado en esta lucha interna entre cabeza y corazón, quienes normalmente caminan cada una por su lado, me viene a la memoria aquella tremenda frase de Pascal “El corazón tiene razones que la razón no entiende”. Era como si estuviese mirando únicamente al pasado, como si no tuviese forma de proyectarse al futuro, o si lo hacía, éste se volvía incierto y aterrador. Probé mis mejores consejos, repetir las mejores frases de expertos, lo escuché y traté de compadecerlo, le dije que quizá por lo que estaba luchando eran espejismos de felicidad, que enfoque bien sus motivaciones, le recomendé un par de libros, mis mejores artículos de este blog sobre esos temas, pero nada, no logré absolutamente nada. Hay momentos en los que la teoría no sirve, no es suficiente, ayuda si, pero tiene un límite, y hoy lo comprobé. Hoy me sentí frustrado de no haber podido ayudarlo.

 

Quizá lo que necesite es ayuda especializada. Igual, uno nunca sabe, le acabo de mandar una frase que por casualidad leí esta semana y que de alguna manera creo que podría ayudarlo: “¿Qué como se lleva el dolor con paz y alegría? Viendo detrás de todo la mano de Dios, que no es un tirano, es un padre. No es un padrastro, es nuestro padre, que no desea ningún mal para sus hijos, de manera que acepta lo que venga así no lo entiendas, que de allí saldrá mucho bien.” San Josemaría

Woody Allen decía irónicamente que la única forma de ser feliz es que te guste sufrir el dolor, me imagino que porque cuando sales de él, descubres una nueva alegría, la saboreas más, bien dicen que después de todo final, siempre hay un nuevo principio. Donde hay vida, hay problemas, hay dificultades, crisis, en resumen, adversidades que hay que vencer para salir reforzados y salir adelante.  Ya lo decía Winston Churchill “Si estás pasando por un infierno, sigue caminando”, “…y terminarás saliendo de él” Enrique Rojas.

El post de esta semana, no es como los demás, no tiene un final feliz, sino uno real. Los dejo con este video que le pasé también, en el que uno a veces se ahoga en su propio dolor, sin saber que es poco, comparado con lo que sufren los demás.

¿Querer es poder?

Es común escuchar esta frase para automotivarse. “Nada es imposible para el que quiere”. Sin embargo, si uno la analiza mejor, es bastante más complicado de lo que parece. Cuantas veces nosotros queremos hacer algo, o deseamos hacerlo, pero sabemos que no es válido, sabemos que no debemos, y/o que no podemos. Y aun así lo terminamos haciendo.

No soy juez para juzgar a nadie por sus acciones, ya que hay mil variables que entran en juego, solo me interesa poner sobre la mesa, un tema, en el que todos hemos caído, que es el de sobreponer lo que queremos hacer sobre lo que debemos. Quizá el “querer” está más ligado a lo que dicta el corazón, y el “poder” más ligado a lo que dicta la mente.

Alinearlos, no es un tarea fácil, por el contrario, pocas cosas hay tan complicadas en la vida. Y dado que estoy constantemente en ese dilema, me dediqué a buscar información que pueda ayudarme y ayudar a todos aquellos que hayan pasado o estén pasando por un dilema similar.

Como regla general, y esto ya lo he dicho antes, el corazón nunca le puede ganar a la cabeza, es decir, el puedo nunca “debe” estar sublevado al “quiero”,  cuesta, y cuesta muchísimo, los que han pasado por esto lo saben. Pero sabiendo esto, y en las situaciones que nos toque pasar, ¿Cómo mejorar? Sabiendo que el enemigo es uno mismo, que vive en nuestra conciencia, aquella que al final, es la que nos debe dictar la manera de vivir, pero claro, si no la tenemos bien formada, bien alimentada y por el contrario tenemos una bacteria enquistada que tergiversa la realidad, pues las decisiones que tomemos y la lectura de los acontecimientos que hagamos tendrán un sesgo muy peligroso.

Una vez detectado el enemigo, el mejor remedio para vencerlo, es decir, para obrar de acuerdo a lo que tenemos que hacer y no a lo que queremos, (llámese lo que nos provoque) es la fuerza de voluntad. Enrique Rojas, Psiquiatra español autor de numerosos libros, decía que la voluntad es una joya que adorna la personalidad del hombre maduro. Cuando es frágil y no está templada en una lucha perseverante, convierte a ese sujeto en alguien débil, blando, voluble, caprichoso, incapaz de ponerse objetivos concretos, ya que todos se desvanecen ante el primer estímulo que llega de fuera y le hace abandonar la tarea que iba a tener entre manos. Es la imagen del niño mimado que tanta pena produce; traído y llevado y tiranizado por lo que le apetece, por lo que le pide el cuerpo en ese momento. Que no sabe decir que no, ni renunciar. Alguien echado a perder, consentido, malcriado, estropeado por cualquier exigencia seria. Un ser que ha aprendido a no vencerse, sino a seguir sus impulsos inmediatos. Por ese derrotero se ha ido convirtiendo en voluble, inconstante, ligero, superficial, frívolo, que se entusiasma fácilmente con algo, para abandonarlo cuando las cosas se tornan mínimamente difíciles.

Así de duros sus comentarios, pero llenos de sabiduría, y es que así somos muchos de nosotros (en mayor o menor grado), nos falta cultivar la fuerza de voluntad. Este defecto además, trae consigo  otros defectos como  baja tolerancia a las frustraciones, ser mal perdedor, ya que tiene poca capacidad para remontar las adversidades, pues no está acostumbrado a vencerse en casi nada y  la tendencia a refugiarse en un mundo fantástico, para alejarse de la realidad.

¿Y cómo cultivamos esta fuerza de voluntad tan necesaria? Tomando en cuenta que es como un músculo, que para ejercitarlo, pues hay que ir al gimnasio, solo no puede, y en el gimnasio empezar con pequeñas pesas, para luego ir aumentando el peso. Lo mismo pasa con la fuerza de voluntad, aquellos que no tienen ni una pizca de ella, no pueden pretender hacer grandes sacrificios, o grandes obras, sería como pedirle a un junior que levante 100 kilos.

Algunas de las virtudes que nos ayudan a cultivarla son la fortaleza, llamada también resiliencia, que es la capacidad para recibir golpes en la vida y salir fortalecidos, esa capacidad de luchar es lo que al final importa. Las escuelas de negocio y el mundo en general, tratan de enseñar que el éxito lo tienen las personas que “triunfan” en todo, sin embargo, quizá la esencia del crecimiento personal es la lucha por afrontar de la mejor manera que podemos y con las limitaciones que tenemos, los fracasos y sinsabores de la vida y aprender de ellos. En la lucha aprendemos y maduramos. En la persona inmadura todo está cogido por alfileres y fácilmente se deshilacha y se rompe.

Sin duda, otra virtud que nos ayuda es la paciencia. Nos conduce a saber sufrir en silencio, a sobrellevar las contrariedades que se desprenden del cansancio, del contexto en contra, de las tristezas de cada día que aparecen sin buscarlas, de las injusticias, etc. La paciencia es prima hermana de la perseverancia, que es la persistencia en el ejercicio de obras buenas a pesar de la dificultad y del cansancio derivado de su prolongación en el tiempo. Se me vienen a la mente las palabras de Enrique Rojas para graficar con un ejemplo esta virtud: “Es fácil enamorarse, lo difícil es mantenerse enamorado.” Lo difícil es esa perseverancia por saber pasar buenos y malos ratos en el matrimonio. Al final, no hay mal que dure cien años: “Si estás pasando por un infierno, sigue caminando, “…y acabarás saliendo de él.” decía Winston Churchill.

Para terminar, copio textualmente un par de recomendaciones que da Enrique Rojas sobre este tema. “Algo muy importante para no rendirse es tener una visión larga de la jugada. La visión corta significa la inmediatez,  y en ella todos somos deficitarios, es decir, cualquier análisis de la vida personal en la inmediatez tiene más vacíos que llenos. En nuestro carácter, en nuestras relaciones personales, en la familia, en el trabajo, hay siempre flecos por resolver. Aceptarlos y crecer con ellos es signo de madurez y salud mental. La visión larga nos lleva a pasar por encima de las cosas negativas.

 

No sólo se consigue tener voluntad superando los problemas momentáneos, sino que la clave está en la constancia, en no abandonarse. Primero dar un primer paso y luego otro, y más tarde hacer un esfuerzo suplementario. De ahí surgen y allí es donde se forjan los hombres de una pieza; los  que saben saltar por encima del cansancio, la dificultad, la frustración, la desgana y los mil y un avatares que la vida trae consigo. El que lucha está siempre alegre, porque ha aprendido a dominarse, por eso se mantiene joven. Todo lo que es válido cuesta lograrlo. Pero merece la pena vencer la resistencia y perder el miedo al esfuerzo. Hay que aprender a subir poco a poco, aunque

sean unos metros y no nos encontremos en las mejores condiciones. La voluntad recia, consistente y pétrea es la clave del éxito de muchas vidas y uno de los mejores adornos de la personalidad; hace al hombre valioso y lo transporta al mundo donde los sueños se hacen realidad.”

¿Qué nos hace estar felices?

La pregunta de las preguntas es “Qué nos hace ser felices” y en varios artículos he comentado que está muy relacionada con la tranquilidad de conciencia, con saber que estamos haciendo y luchando por hacer lo que debemos hacer en ese momento. Sin embargo, pocas veces he tocado el tema de “estar felices” un concepto más relacionado a bienestar, a algo pasajero, pero no por ello menos importante.

Para ensayar una respuesta que nos sirva, me he apoyado en Tal Ben Shahar, quizá el referente a nivel mundial en este tema, Psicólogo y a cargo del curso con más alumnos inscritos en la Historia de Harvard “Psicología Positiva”.  En su bestseller Happier definió la felicidad como una combinación entre significado y placer. “Si trabajo en algo que es significativo para mí, si siento que es importante, si creo que hace la diferencia, y si además disfruto de mi trabajo y experimento placer, entonces, mi trabajo me entrega felicidad”, ejemplifica. Si lo que hacemos es sólo significativo o sólo placentero, aquello no es suficiente para sostener la felicidad, es imposible experimentar significado y placer todo el tiempo, “pero si lo experimentas la mayor parte del tiempo, es una relación feliz”.

Ben-Shahar cita constantemente estudios que avalan su planteamiento: “hay investigaciones”, asegura, “que muestran que la gente que escribe una lista de cinco cosas por las cuales debe agradecer es gente más feliz, más optimista, más exitosa, físicamente saludable, más simpática y más generosa con los demás”.

Uno de los temas que llama la atención de su libro es la relación entre religión y felicidad que da a entender. Dice  que  cuando uno observa las investigaciones, la gente religiosa generalmente es más feliz que la no religiosa. La religión entrega significado: sé por qué me levanto cuando despierto en las mañanas, sé lo que estoy haciendo cuando voy a la iglesia los domingos. Sabemos que la gente que expresa gratitud es más feliz que la que no lo hace, y en la religión hay un mecanismo interno, que te conduce a la gratitud.

Algunos consejos que da para estar felices:

1. Permítase ser humano. Cuando aceptamos las emociones, como el miedo, la tristeza o la ansiedad, como naturales, somos más propensos a superarlas. Rechazar nuestras emociones, positivas o negativas, conduce a la frustración y la infelicidad.

2. Tenga en cuenta que la felicidad depende principalmente de nuestro estado de ánimo, no del estado de nuestra cuenta bancaria. Salvo en circunstancias extremas, nuestro nivel de bienestar está determinado por aquello en lo que elegimos enfocarnos, y por nuestra interpretación de los acontecimientos externos.  Por ejemplo, ¿Cómo vemos el vaso, medio lleno  o medio vacío? ¿Vemos al fracaso como algo catastrófico, o como una oportunidad de aprendizaje?

3.  ¡Simplifique! Estamos, en general, demasiado ocupados tratando de hacer cada vez más actividades en menos tiempo.  La cantidad influye en la calidad, y comprometemos nuestra felicidad cuando tratamos de hacer demasiado.

4. Recuerde la conexión mente-cuerpo. Lo que hacemos,  o no hacemos, con nuestro cuerpo, influye en nuestra mente. Hacer  ejercicio regularmente, dormir lo suficiente y comer de forma saludable, lleva tanto a la salud física como mental. Sigue leyendo

Sueño con volver a soñar

“Parece que no somos felices”, como lo dijo a principios del siglo pasado Enrique Mac Iver. Parece que todo lo que nos vende la vida en verdad no es tan bonito ni dura tanto como pareciera. Algunos días parece que alguna vez fuimos felices pero hoy no y que tal vez la paciencia, esa oriental virtud, sea la única alternativa en días así para reflexionar y recordar que el tiempo era lo que teníamos que priorizar y no el dinero, que la cabeza tenía que estar por encima del corazón, que la persona siempre fue más importante que la cosa, que el esfuerzo es más importante que el resultado, que la capacidad de soñar e ilusionarse era más importante que la realidad y que el hoy es más importante que el mañana.

Cuando tenía 18 años pensaba que cuando entre a una buena universidad, sería feliz. Y llegué a una buena universidad y fui feliz por un mes y luego volví a mi hábitat natural. Luego me dije cuando consiga un excelente trabajo seré feliz, y lo conseguí y fui feliz por un mes, y luego regresé a mi hábitat natural. Quizá pasaba mi vida pensando en que cuando logre el siguiente reto sería completamente feliz y eso no pasaba nunca y es que las ilusiones son peligrosas porque no tienen defectos. La vida me enseñó que la felicidad no depende de los retos que consiga, de las cosas o posesiones que tenga, sino de cuan feliz estoy con mi conciencia. Creo que el concepto de verdadera felicidad está muy relacionado a hacer lo que creo que tengo que hacer.

Tal Ben Shahar, profesor de Harvard de Psicología Positiva decía que “Es más feliz la persona que tiene unas expectativas moderadas. La felicidad consiste en la administración inteligente del deseo. En no equivocarse con las expectativas.” La felicidad consiste en el sufrimiento superado. La capacidad para superar las adversidades del pasado es buena para la salud mental. En el fondo todo está en la cabeza. La felicidad depende de la interpretación de la realidad que uno hace.

En circunstancias adversas, complicadas, uno puede ser feliz. Nelson Mandela, en la cárcel de Robben Island, era feliz luchando por la libertad de Sudáfrica, tenía la posibilidad de dejar la cárcel con solo arrepentirse de lo que dijo, y nunca lo hizo. Nguyên van Thuân, estuvo trece años en una cárcel de Hanoi, nueve de ellos en régimen de aislamiento, y escribió un gran libro “Testigos de esperanza”. Y en el otro lado del ring, existe gente que lo tiene aparentemente “todo” para ser feliz, dinero, poder y está muy lejos de serlo, gente que se ahoga en un jacuzzi, mientras otros nadan a puro pulmón en plena tempestad.

Uno de los grandes errores que cometen las personas sobre la felicidad es que piensan que ser feliz significa felicidad siempre. Por eso, cuando experimentan problemas, tristeza o rabia piensan que hay algo malo en ellos. Y no es así. Una vida feliz incluye dificultades, momentos duros, momentos de éxito y de fracaso, de lucha, de caer y levantarse.

Nadie es feliz todo el tiempo, todos en algún momento de nuestras vidas, tarde o temprano, soñamos con volver a soñar despiertos, con volver a tener la ilusión, la felicidad, que es ingrata, porque es como la sombra, mientras más te obsesionas por tenerla y la persigues, más se te escapa, sin embargo, cuando haces lo que tienes que hacer, te persigue sin que te des cuenta. Por ello, que importante el tener referentes de donde sacar un modelo a seguir, el aprender a pensar, el cuestionarse continuamente con preguntas sencillas como “¿Para qué hago lo que hago?, el leer, el orar, San Josemaría Escrivá de Balaguer decía que “el efecto catártico de la oración se hace realidad porque, cada vez que el hombre reza, experimenta la misericordia de Dios y comparte sus preocupaciones y problemas, cuando y donde quiere, recibiendo al mismo tiempo una señal casi intangible de su Amor. Te quiero feliz en la tierra. No lo serás, si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras ‘caminamos’, en el dolor está precisamente la felicidad. La vida sin dolor es como un cuadro sin sombras, solo lleno de luces, no tiene sentido, que sería del mundo sin dolor, sería una pena, el dolor llevado por amor es valiosísimo.”

Además, son los momentos de sufrimiento y dolor, los más valiosos, de los que más aprende uno en la vida. Aunque el dolor es una de las experiencias más comunes de la vida, siempre sorprende y continuamente nos exige aprender y adaptarnos a las nuevas circunstancias. Sin embargo, hay momentos en este recorrido en los que la experiencia del dolor forja la vida de un hombre. No se trata ya de una cuestión de aceptación o rechazo del dolor, sino de aprender a considerar el sufrimiento como parte de nuestra propia existencia.

Ya lo decía el Papa Benedicto, No hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismos. Muchas veces no entendemos el porqué de las cosas, cuestionamos a Dios, una vieja oración decía: “Le pedí a Dios fuerzas y me dio dificultades para hacerme más fuerte, le pedí valor y me dio peligros para vencer”, y es que normalmente no recibimos lo que deseamos sino lo que necesitamos en ese momento. Las cosas no vienen gratis, hay que ganárselas, hay que lucharlas. Justamente la paz interior es consecuencia de la guerra que hemos ganado contra nosotros mismos.

Cuando pasamos por etapas en las que parece que no hay en que soñar, que las ilusiones se han ido, que el sufrimiento se asoma, quizá valga la pena acordarse de que no hay mal que dure cien años, que son etapas donde hay que cosechar y sacar a relucir las virtudes que antes aprendimos como la fortaleza y la paciencia, y saber que no será la primera ni la última vez que nos pase. El sufrimiento es un fiel compañero de camino, que no se nos despegará nunca. Donde no hay nada por lo que valga la pena sufrir, incluso la vida misma pierde su valor.

Zapping amoroso

Esta semana estuve leyendo a Enrique Rojas, psiquiatra humanista reconocido a nivel mundial, que ha investigado y trabajado sobre temas médicos (ansiedad, depresión, trastornos conyugales y los caminos que conducen a la felicidad). Me llamó la atención un artículo del que transcribo varias partes sobre un tema que es muy frecuente en la sociedad de hoy y que él le llama “Zapping amoroso”. Algo de lo que nadie está libre y por lo que debemos luchar sin tregua y que según él, surge porque la gente tiene unas expectativas muy altas del matrimonio y cuando ve que comienzan los problemas tiende a querer dejarlo de lado y muchas veces buscando a otras personas.

“Uno de los secretos para ser dichoso radica en abrigar expectativas moderadas, también en el terreno afectivo y en el matrimonio. Idealizar el amor es una de las grandes trampas y errores que ha cometido el ser humano en los últimos tiempos.

Más que transmitir su experiencia y expectativas en términos de “relacionarse” y “rela­ciones”, la gente habla cada vez más de conexiones, de “conectarse” y estar conectado”.  Cuando la calidad no nos da sostén tendemos a buscar remedio en la cantidad. Si el “compromiso no tiene sentido” y las relaciones ya no son confiables y difícilmente duran, nos inclinamos a cambiar; en vez de hablar de parejas preferimos hablar de “redes”.

El problema es que esta manera superficial de relacionarnos nos causa una profunda insatisfacción, ya que el ser humano necesita un terreno firme en el que edificar su casa y sus sueños. Si siempre es­tamos fluyendo de una relación a la siguiente, la sensación de estar empezando constantemente puede abrumarnos hasta el punto de convertirnos en escépticos del amor. ¿Por qué sucede esto y cuál es la solución?.

Nuestra civilización del deseo, hedonista, destruye los senti­mientos. Es un rasgo generacional, al menos masculino, esa enorme dificultad de pasar el resto de tu vida junto a la misma persona. Es como si el mundo estuviera organizado de tal forma que te impide quererte. Tal vez porque el amor es demasiado subversivo, lo cierto es que entre el placer y la felicidad se empuja a la gente a que escoja lo primero. Vivimos en la época del zapping amoroso. Consumimos muchos productos, constantemente, y ello nos conduce a consumir también personas.

 

Esto lo estudió muy bien Sthendhal, que decía que “enamorarse es la cristalización”. El autor de Rojo y Negro dice que si vamos a las minas de Salzburgo y arrojamos una ramita, a los pocos días en la estructura de la rama encontraremos que se han clavado unos crista­les. Extrapola este fenómeno al mundo afectivo. La cristalización es la tendencia a idealizar a alguien de dos maneras: por un lado, la elevas de nivel, y, en segundo lugar, se cuela dentro de tu cabeza.

A este comentario de Sthendhal, yo añadiría que no solamente idealizas al otro, sino que buscas tu complemento. Un hombre pri­mario, activo e impulsivo buscará una mujer secundaria, pasiva y re­flexiva, pues se enamora de la sorpresa de descubrir esas cualidades que él no posee. Enamorarse, dice Ortega y Gasset, es un trastorno de la atención, que normalmente está abierta en forma de abanico y pasa a focalizar­se en una sola dirección. Yo lo llamo tener hipotecada la cabeza.

Don Quijote nombra a Dulcinea la dama de mis pensamientos. Francesco Alberoni, sociólogo, en su libro Amor y enamoramiento dice que es como si todo se iluminara en tu panorama afectivo. Vives la persona a la que amas como una revelación.

Una sociedad que se rige por el hedonismo, el consumismo, la per­misividad, el relativismo y el materialismo creará seres humanos sin re­ferentes, personas desorientadas con dificultades para hallar su lugar en el mundo.”

El difícil arte de doblarse sin partirse

¿Cómo gestionar la adversidad? Aprende a ser feliz el que sabe sufrir y en ese aspecto, la resiliencia, concepto que procede de la física y designa la capacidad de algunos materiales para doblarse sin partirse y de recobrar rápidamente su forma original, tiene mucho que decir. Si aplicamos a nosotros dicho concepto se refiere a nuestra capacidad de soportar golpes y salir fortalecido. Es el arte de cambiar el dolor y darle un sentido, de saber aprender de las derrotas, de sacar un grado de felicidad incluso cuando tienes abiertas las heridas.

Algunas personas son como el limón, cuando la vida las exprime su respuesta es ácida, en cambio otras, las resilientes, son como el durazno que cuando hay presión el resultado es aun más dulce.

Si bien es cierto la palabra es relativamente nueva, el concepto viene de los griegos, quienes nos dejaron el pensamiento como herencia. Y es que el saber ser fuerte y no dejarse vencer ante la adversidad (una virtud que me encantaría tener) es un tema que ha sido analizado y hay mucha información al respecto. Esta semana me dediqué a buscar algunas recetas de buena mano para ser más fuertes.

La fortaleza tiene como objetivo principal robustecer la voluntad para que no desista en la búsqueda del bien, a pesar de las dificultades y obstáculos que uno encuentra en el camino. San Josemaría decía que es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. “En todo atribulados, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.”

Nuestra vida es una lucha constante, a veces hay que atacar al enemigo y otras veces hay que resistir sus ataques. La fortaleza nos da decisión, valor, coraje, energía, constancia y aguante para ATACAR Y RESISTIR, porque ningún daño es irreversible.

En palabras de Juan Pablo II, “La virtud de la fortaleza requiere siempre una cierta superación de la debilidad humana y, sobre todo, del miedo. El hombre, en efecto, por naturaleza teme el peligro, las molestias y los sufrimientos. Por ello es necesario buscar hombres valientes no solamente en los campos de batalla, sino también en los pasillos de los hospitales o junto al lecho de dolor. Deseo rendir homenaje a todos estos valientes desconocidos. A todos los que tienen el valor de decir “no” o “sí” cuando esto cuesta. A los hombres que dan un testimonio singular de dignidad humana y de profunda humanidad.”

Todo esto suena muy bien, pero a la hora de aplicarla, como cuesta!! ¿Qué hacer para adquirir la fortaleza? Ayuda mucho el ejercitarse con otras virtudes. Por ejemplo la paciencia, virtud que nos hace soportar los males con buen ánimo. La perseverancia que lleva a proseguir en el ejercicio de la virtud, a pesar de las dificultades y de la duración del esfuerzo, la templanza, que domina la voluntad sobre el instinto, con la finalidad de saber dominar el cuerpo.

Muchos de nosotros,  nos creemos fuertes, pero llegan veces donde uno se termina cayendo, nos quedamos en aprendiz de héroe, y lo peor es que no aprovechamos esas caídas, esos fracasos.  El fracaso enseña lo que el éxito oculta. Justamente lo que nos hace crecer son las derrotas. Cuantos amigos con éxitos fáciles, se han convertido en fracasos grandes, por no haber sabido digerir esos hechos de forma adecuada. Prefiero siempre a los que saben asumir su derrota y que vuelven a empezar y retomar el camino que a los que nunca se caen porque cuando éstos se caigan, su ego no los dejará levantarse fácilmente.

Ayuda mucho también el tener una buena ecuación entre corazón y cabeza. La personali­dad equilibrada es aquella ni demasiado fría ni demasiado sensible, aunque la razón siempre debe primar, es decir, el corazón nunca le puede ganar a la cabeza. Kendrick decía que no hay que seguir al corazón, es cortoplacista y a veces traicionero, por ello, es bueno guiarlo para que nos ayude a decidir mejor.

Y por último, el buen humor y el aprender a reírse de uno mismo. Es algo así como un seguro de salud psicológica que nos permite ver los problemas con perspectiva y actuar de forma más eficiente y desapasionada.

Qué fácil es escribir sobre esto, y que difícil ponerlo en práctica, lo vivo en carne propia y la verdad cuesta  muchísimo, ya que siempre tenemos algo que nos tira para abajo, pero bueno, justamente para eso están los ejemplos de aquellos que lucharon duro por conseguir lo que querían y lo hicieron, vamos atrás de ellos!

No te rindas!

Dicen que no es la victoria lo que hace grandes a las personas, sino su capacidad para luchar por dar lo mejor de sí mismos. Hoy me he puesto a reflexionar sobre la adversidad. Ya cansado de hablar y leer sobre felicidad, miro la otra cara de la moneda. Y es que creo que solo los locos y los muertos son los únicos que no sufren. Nadie es feliz siempre, a todos nos visita esa “exigente maestra” que es la adversidad, de nosotros depende aprender de ella y madurar o dejar que pase por encima de nosotros.

Leyendo varios artículos y libros sobre estos temas, me he dado cuenta que es muy fácil hablar y aconsejar en tercera persona, “No sufras”, “No te preocupes”, “De ti depende”, “Piensa en otra cosa”, ¿parece fácil no? A ver pues, tu mismo cambia de pensamiento cuando te pase, la cosa cambia… Siento también que todo esto es muy teórico, las recetas nunca faltan, pero cuando uno está realmente complicado, que difícil se vuelve salir, poco o nada sirven los buenos deseos, los libros y los artículos. La realidad es otra, solo conocida por aquellos que la han vivido (o la hemos vivido). Creo en aquellos que aconsejan cuando están o han estado ya al otro lado de la mesa, que han jugado el partido y no se han dedicado a dar órdenes desde la tribuna, que han perdido la confianza en si mismos y luego la han recuperado y que han hecho quizá lo más difícil, luchar para no caer y cuando se cayeron, se levantaron rápido.

En momentos como esos, la lucha, la resiliencia, la fortaleza se vuelven aliados, amigos del alma a los que uno tiene que acudir, nada fácil por cierto, difícil tarea, pero inaplazable. Mi padre me dijo en algún momento, que cuando llega el momento de sufrir el dolor, vale más sacar de adentro valores como la fortaleza que un gran conocimiento teórico, algo de compasión humana más que un gran valor, y estar más cerca de Dios más que ninguna otra cosa.

Enrique Rojas, gran psiquiatra español decía que para no rendirse hay que tener una visión larga de la jugada que consiste en pasar por encima de las cosas negativas cercanas y lejanas y darle la vuelta a los argumentos que nos ayuden a crecer como personas. Hoy a menudo se tiene una visión corta de la jugada: es la inmediatez; el déficit que encontramos en nuestro día a día y son muchos los que se quedan ahí enganchados sin capacidad de proyectarse hacia adelante.

Es por ello que en momentos de vacilación me sirve de mucho utilizar el mismo grito de guerra que utilizó en su campaña Tony Blair: “No te rindas”. Y claro, superman no existe, todos caemos, el truco está en levantarse rápidamente, luchar por el hoy. “Hoy no”, el mañana, a lo peor no llega. Es el principal argumento de un drogadicto para curarse, “Hoy no”, alguien que no puede pensar en dejar las drogas para siempre, justamente porque su enfermedad no son las drogas, lo que tiene enferma es la voluntad. Por ello, nada mejor que fijarse pequeños objetivos.

Al respecto, nos dice Enrique Rojas: “Hay tres fórmulas para no rendirse: la primera, distinguir entre metas y objetivos. Las metas son muy amplias y vagas, y los objetivos son medibles. Por ejemplo, una persona que sufra anorexia no avanza por la meta genérica de curarse de la enfermedad, sino con objetivos por etapas como «no pesarme cada día», «luchar por no vomitar», «comer en familia» o «no mirarme al espejo». La segunda cuestión importante es tener una buena educación de la voluntad, a la que la psicología moderna considera más importante que la inteligencia. Y, en tercer lugar, nunca hay que sentirse derrotado y hundido. El mensaje de optimismo es que hay que entrenar a la persona no para el éxito, sino para el esfuerzo.”

Sabias palabras las de Rojas, exigen un cambio de paradigmas en la sociedad, ¿el éxito? ¿Qué es el éxito si no viene acompañado de esfuerzo? Valero Rivera, el entrenador  más exitoso de todos los tiempos del equipo de balonmano del Barcelona decía que “Solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro” o si lo quieren ver de otra forma, solo es exitoso el que da todo de si, independientemente del resultado.

Esforzarse consiste en vencer poco a poco los obstáculos, cada obstáculo lleva consigo un aprendizaje, el error, “la otra cara de la excelencia”. Aprender es tomar nota de lo que ha ocurrido y extraer de ello una pequeña lección: no es más sabio el que menos se equivoca, sino quien más aprende de los errores. Como diría Tal Ben Shahar, hay que aprender a perder, y perder para aprender o como dejó escrito Unamuno, «no darte por vencido ni aun vencido, no darte por esclavo ni aun esclavo».

Para terminar copio un gran poema de Mario Benedetti que justamente se llama “No te rindas”. No nos demos por vencidos y sigamos luchando, contracorriente y a pesar de las dificultades, reveses y sinsabores. Lo intentamos?

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo.

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque lo has querido,

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas.

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo.

Mario Benedetti

¿Qué se ha descubierto científicamente sobre la felicidad? II Parte

Esta semana republico la 2da parte de la entrevista que comencé la semana pasada al profesor de psicología de Harvard Daniel Gilbert, autor del libro Tropezar con la felicidad .

¿Qué más sabemos ahora acerca de las fuentes de la felicidad?

Si tuviera que resumir toda la literatura científica sobre las causas de la felicidad humana en una palabra, esa palabra sería “social.” Si yo quisiera predecir su felicidad, y solo podría saber una cosa acerca de usted, escogería saber que tan fuertes son sus relaciones con amigos y familiares.

Más allá de contar con redes ricas, ¿qué es lo que nos hace felices el día a día?

El psicólogo Ed Diener  muestra que la frecuencia de las experiencias positivas es un predictor mucho mejor de la felicidad que la intensidad de las mismas. Es decir, cuando pensamos acerca de lo que nos haría felices, tendemos a pensar en la compra de un carro nuevo, un viaje a Europa, una cita con una estrella de cine, ganando un premio Pulitzer, la compra de un yate. Sin embargo, Diener y sus colegas han demostrado que lo intenso de sus experiencias no importan tanto como la cantidad de experiencias positivas que uno tiene. Alguien que tiene una docena de cosas medianamente buenas que le pasan en cada día es probable que sea más feliz que alguien que tiene una sola cosa realmente sorprendente cada día. Así que ponerse zapatos cómodos, dar a su esposa un beso grande, salir a dar una vuelta con su hijo los hará más felices.

Creo que esto nos ayuda a explicar por qué es tan difícil para nosotros predecir nuestros estados afectivos. Nos imaginamos que una o dos cosas grandes tendrán un efecto profundo, pero parece que la felicidad es la suma de cientos de pequeñas cosas. El logro de la felicidad requiere el mismo enfoque que la pérdida de peso. Las personas que intentan bajar de peso quieren una píldora mágica que les dará resultados inmediatos. No es así.. Sabemos exactamente cómo las personas pierden peso: comen menos y hacen más ejercicio.

¿Cuáles son esas pequeñas cosas que podemos hacer para aumentar nuestra felicidad?

Los elementos principales son que se comprometan a algunas simples conductas, meditar, hacer ejercicio, dormir lo suficiente, ayudar a los demás. Ofrecerse como voluntario en un refugio para desamparados. Cuando lo haga puede que finalmente ayude poco o mucho en ese refugio, pero es seguro que se ayudará a sí mismo. Y por último fomentar las conexiones sociales.  El secreto de la felicidad es como el secreto de la pérdida de peso: No es un secreto!

¿Qué se ha descubierto científicamente sobre la felicidad?

 

El profesor de psicología de Harvard Daniel Gilbert es ampliamente conocido por su best-seller 2006, Tropezar con la felicidad . Su trabajo revela, entre otras cosas, los errores sistemáticos que todos hacemos en imaginar lo feliz (o desgraciado) que vamos a estar. En esta entrevista de Gardiner Morse publicada recientemente por Harvard Business Review, Gilbert examina el campo de la investigación sobre la felicidad y explora sus fronteras. A continuación me he permitido traducir y transcribir la primera parte, la próxima semana publico la segunda.

HBR: Los estudios sobre la felicidad se ha convertido en un tema muy relevante en los últimos 20 años. ¿Por qué?

Gilbert:  -”¿Cuál es la naturaleza de la felicidad humana?” a nuestra nueva forma de obtener respuestas: la ciencia. Hasta hace sólo unas décadas atrás, el problema de la felicidad estaba principalmente en manos de los filósofos y poetas.

Recientemente, los economistas y los neuro científicos se unieron a la fiesta. Los psicólogos quieren entender lo que la gente siente, los economistas quieren saber a que le da valor la gente, y los neuro científicos quieren saber cómo el cerebro responde a las recompensas.

¿Cómo es posible medir algo tan subjetivo como la felicidad?

Las respuestas espontáneas de la gente son una muy buena aproximación de sus experiencias y su estado de ánimo.

La gente puede no ser capaz de decirnos lo felices que eran ayer, ni lo feliz que serán mañana, pero pueden decirnos cómo se sienten en el momento en que les pedimos. ”¿Cómo estás?” Puede ser la pregunta más frecuente en el mundo, y nadie se ha quedado perplejo por ella.

¿Qué se ha descubierto científicamente sobre la felicidad?

Gran parte de la investigación confirma lo que siempre hemos sospechado. Por ejemplo, en general, personas que están enamoradas son más felices que aquellos que no están. Las personas sanas son más felices que las personas enfermas. Las personas que participan en sus iglesias son más felices que aquellos que no lo hacen. La gente rica es más feliz que la gente pobre. Y así sucesivamente.

Dicho esto, ha habido algunas sorpresas. Por ejemplo, mientras que todas estas cosas hacen que la gente sea más feliz, es asombroso lo poco que se valora. Una casa nueva o una nueva pareja te hará más feliz, pero no mucho y no por mucho tiempo. Las personas no son muy buenas para predecir lo que las hará felices y menos aún para evaluar cuánto tiempo va a durar esa felicidad. Esperamos que los acontecimientos positivos nos hagan mucho más felices de lo que realmente nos hacen estar, y a su vez que los pensamos que los acontecimientos negativos nos harán mucho más infelices de lo que finalmente nos hacen.

En ambos estudios, de campo y de laboratorio, hemos encontrado que ganar o perder una elección, ganar o perder una pareja, conseguir o no conseguir un ascenso, aprobar o desaprobar un examen, todos tienen menos impacto en la felicidad de lo que la gente cree. que la gente cree que lo harán. Un estudio reciente mostró que muy pocas experiencias nos afectan por más de tres meses. Cuando suceden cosas buenas, se celebran por un tiempo y después todo vuelve a la normalidad y cuando suceden cosas malas, nos quejamos por un tiempo y luego seguimos adelante. Mucha gente es más resiliente de lo que cree.

Si se quedan ciegos o pierden el trabajo, encontrarán que hay una nueva vida al otro lado de esos eventos. Y encontrarán muchas cosas acerca de esa nueva vida que son bastante buenas. De hecho, sin duda, encontrarán algunas cosas que son incluso mejores de las que tenían antes. Están descubriendo cosas que no sabían- no podían saber hasta que estaban en esa nueva vida que probablemente sea para trazar un futuro mejor.

¿La verdadera felicidad es mejor que la felicidad sintética?

Vamos a tener cuidado con los términos. El nylon es real, es solo que no es natural. La felicidad sintética es perfectamente real, lo que pasa es que es hecha por el hombre. La felicidad sintética es lo que producimos, cuando no obtenemos lo que queremos, y la felicidad natural es lo que experimentamos cuando lo hacemos. Tienen diferentes orígenes, pero no son necesariamente diferentes en términos de cómo se sienten. Una no es, evidentemente, mejor que la otra.

¿Qué más sabemos ahora acerca de las fuentes de la felicidad?

Si tuviera que resumir toda la literatura científica sobre las causas de la felicidad humana en una palabra, esa palabra sería “social.” Si yo quisiera predecir su felicidad, y solo podría saber una cosa acerca de usted, escogería saber que tan fuertes son sus relaciones con amigos y familiares.

Más allá de contar con redes ricas, lo que nos hace felices el día a día?

El psicólogo Ed Diener  muestra que la frecuencia de las experiencias positivas es un predictor mucho mejor de la felicidad que la intensidad de las mismas. Es decir, cuando pensamos acerca de lo que nos haría felices, tendemos a pensar en la compra de un carro nuevo, un viaje a Europa, una cita con una estrella de cine, ganando un premio Pulitzer, la compra de un yate. Sin embargo, Diener y sus colegas han demostrado que lo intenso de sus experiencias no importan tanto como la cantidad de experiencias positivas que uno tiene. Alguien que tiene una docena de cosas medianamente buenas que le pasan en cada día es probable que sea más feliz que alguien que tiene una sola cosa realmente sorprendente cada día. Así que ponerse zapatos cómodos, dar a su esposa un beso grande, salir a dar una vuelta con su hijo los hará más felices.

Creo que esto nos ayuda a explicar por qué es tan difícil para nosotros predecir nuestros estados afectivos. Nos imaginamos que una o dos cosas grandes tendrán un efecto profundo, pero parece que la felicidad es la suma de cientos de pequeñas cosas. El logro de la felicidad requiere el mismo enfoque que la pérdida de peso. Las personas que intentan bajar de peso quieren una píldora mágica que les dará resultados inmediatos. No es así.. Sabemos exactamente cómo las personas pierden peso: comen menos y hacen más ejercicio.

¿Cuáles son esas pequeñas cosas que podemos hacer para aumentar nuestra felicidad?

Los elementos principales son que se comprometan a algunas simples conductas, meditar, hacer ejercicio, dormir lo suficiente, ayudar a los demás. Ofrecerse como voluntario en un refugio para desamparados. Cuando lo haga puede que finalmente ayude poco o mucho en ese refugio, pero es seguro que se ayudará a sí mismo. Y por último fomentar las conexiones sociales.  El secreto de la felicidad es como el secreto de la pérdida de peso: No es un secreto!