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Sueño con volver a soñar

“Parece que no somos felices”, como lo dijo a principios del siglo pasado Enrique Mac Iver. Parece que todo lo que nos vende la vida en verdad no es tan bonito ni dura tanto como pareciera. Algunos días parece que alguna vez fuimos felices pero hoy no y que tal vez la paciencia, esa oriental virtud, sea la única alternativa en días así para reflexionar y recordar que el tiempo era lo que teníamos que priorizar y no el dinero, que la cabeza tenía que estar por encima del corazón, que la persona siempre fue más importante que la cosa, que el esfuerzo es más importante que el resultado, que la capacidad de soñar e ilusionarse era más importante que la realidad y que el hoy es más importante que el mañana.

Cuando tenía 18 años pensaba que cuando entre a una buena universidad, sería feliz. Y llegué a una buena universidad y fui feliz por un mes y luego volví a mi hábitat natural. Luego me dije cuando consiga un excelente trabajo seré feliz, y lo conseguí y fui feliz por un mes, y luego regresé a mi hábitat natural. Quizá pasaba mi vida pensando en que cuando logre el siguiente reto sería completamente feliz y eso no pasaba nunca y es que las ilusiones son peligrosas porque no tienen defectos. La vida me enseñó que la felicidad no depende de los retos que consiga, de las cosas o posesiones que tenga, sino de cuan feliz estoy con mi conciencia. Creo que el concepto de verdadera felicidad está muy relacionado a hacer lo que creo que tengo que hacer.

Tal Ben Shahar, profesor de Harvard de Psicología Positiva decía que “Es más feliz la persona que tiene unas expectativas moderadas. La felicidad consiste en la administración inteligente del deseo. En no equivocarse con las expectativas.” La felicidad consiste en el sufrimiento superado. La capacidad para superar las adversidades del pasado es buena para la salud mental. En el fondo todo está en la cabeza. La felicidad depende de la interpretación de la realidad que uno hace.

En circunstancias adversas, complicadas, uno puede ser feliz. Nelson Mandela, en la cárcel de Robben Island, era feliz luchando por la libertad de Sudáfrica, tenía la posibilidad de dejar la cárcel con solo arrepentirse de lo que dijo, y nunca lo hizo. Nguyên van Thuân, estuvo trece años en una cárcel de Hanoi, nueve de ellos en régimen de aislamiento, y escribió un gran libro “Testigos de esperanza”. Y en el otro lado del ring, existe gente que lo tiene aparentemente “todo” para ser feliz, dinero, poder y está muy lejos de serlo, gente que se ahoga en un jacuzzi, mientras otros nadan a puro pulmón en plena tempestad.

Uno de los grandes errores que cometen las personas sobre la felicidad es que piensan que ser feliz significa felicidad siempre. Por eso, cuando experimentan problemas, tristeza o rabia piensan que hay algo malo en ellos. Y no es así. Una vida feliz incluye dificultades, momentos duros, momentos de éxito y de fracaso, de lucha, de caer y levantarse.

Nadie es feliz todo el tiempo, todos en algún momento de nuestras vidas, tarde o temprano, soñamos con volver a soñar despiertos, con volver a tener la ilusión, la felicidad, que es ingrata, porque es como la sombra, mientras más te obsesionas por tenerla y la persigues, más se te escapa, sin embargo, cuando haces lo que tienes que hacer, te persigue sin que te des cuenta. Por ello, que importante el tener referentes de donde sacar un modelo a seguir, el aprender a pensar, el cuestionarse continuamente con preguntas sencillas como “¿Para qué hago lo que hago?, el leer, el orar, San Josemaría Escrivá de Balaguer decía que “el efecto catártico de la oración se hace realidad porque, cada vez que el hombre reza, experimenta la misericordia de Dios y comparte sus preocupaciones y problemas, cuando y donde quiere, recibiendo al mismo tiempo una señal casi intangible de su Amor. Te quiero feliz en la tierra. No lo serás, si no pierdes ese miedo al dolor. Porque, mientras ‘caminamos’, en el dolor está precisamente la felicidad. La vida sin dolor es como un cuadro sin sombras, solo lleno de luces, no tiene sentido, que sería del mundo sin dolor, sería una pena, el dolor llevado por amor es valiosísimo.”

Además, son los momentos de sufrimiento y dolor, los más valiosos, de los que más aprende uno en la vida. Aunque el dolor es una de las experiencias más comunes de la vida, siempre sorprende y continuamente nos exige aprender y adaptarnos a las nuevas circunstancias. Sin embargo, hay momentos en este recorrido en los que la experiencia del dolor forja la vida de un hombre. No se trata ya de una cuestión de aceptación o rechazo del dolor, sino de aprender a considerar el sufrimiento como parte de nuestra propia existencia.

Ya lo decía el Papa Benedicto, No hay amor sin sufrimiento, sin el sufrimiento de la renuncia a sí mismos. Muchas veces no entendemos el porqué de las cosas, cuestionamos a Dios, una vieja oración decía: “Le pedí a Dios fuerzas y me dio dificultades para hacerme más fuerte, le pedí valor y me dio peligros para vencer”, y es que normalmente no recibimos lo que deseamos sino lo que necesitamos en ese momento. Las cosas no vienen gratis, hay que ganárselas, hay que lucharlas. Justamente la paz interior es consecuencia de la guerra que hemos ganado contra nosotros mismos.

Cuando pasamos por etapas en las que parece que no hay en que soñar, que las ilusiones se han ido, que el sufrimiento se asoma, quizá valga la pena acordarse de que no hay mal que dure cien años, que son etapas donde hay que cosechar y sacar a relucir las virtudes que antes aprendimos como la fortaleza y la paciencia, y saber que no será la primera ni la última vez que nos pase. El sufrimiento es un fiel compañero de camino, que no se nos despegará nunca. Donde no hay nada por lo que valga la pena sufrir, incluso la vida misma pierde su valor.

El difícil arte de doblarse sin partirse

¿Cómo gestionar la adversidad? Aprende a ser feliz el que sabe sufrir y en ese aspecto, la resiliencia, concepto que procede de la física y designa la capacidad de algunos materiales para doblarse sin partirse y de recobrar rápidamente su forma original, tiene mucho que decir. Si aplicamos a nosotros dicho concepto se refiere a nuestra capacidad de soportar golpes y salir fortalecido. Es el arte de cambiar el dolor y darle un sentido, de saber aprender de las derrotas, de sacar un grado de felicidad incluso cuando tienes abiertas las heridas.

Algunas personas son como el limón, cuando la vida las exprime su respuesta es ácida, en cambio otras, las resilientes, son como el durazno que cuando hay presión el resultado es aun más dulce.

Si bien es cierto la palabra es relativamente nueva, el concepto viene de los griegos, quienes nos dejaron el pensamiento como herencia. Y es que el saber ser fuerte y no dejarse vencer ante la adversidad (una virtud que me encantaría tener) es un tema que ha sido analizado y hay mucha información al respecto. Esta semana me dediqué a buscar algunas recetas de buena mano para ser más fuertes.

La fortaleza tiene como objetivo principal robustecer la voluntad para que no desista en la búsqueda del bien, a pesar de las dificultades y obstáculos que uno encuentra en el camino. San Josemaría decía que es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. “En todo atribulados, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.”

Nuestra vida es una lucha constante, a veces hay que atacar al enemigo y otras veces hay que resistir sus ataques. La fortaleza nos da decisión, valor, coraje, energía, constancia y aguante para ATACAR Y RESISTIR, porque ningún daño es irreversible.

En palabras de Juan Pablo II, “La virtud de la fortaleza requiere siempre una cierta superación de la debilidad humana y, sobre todo, del miedo. El hombre, en efecto, por naturaleza teme el peligro, las molestias y los sufrimientos. Por ello es necesario buscar hombres valientes no solamente en los campos de batalla, sino también en los pasillos de los hospitales o junto al lecho de dolor. Deseo rendir homenaje a todos estos valientes desconocidos. A todos los que tienen el valor de decir “no” o “sí” cuando esto cuesta. A los hombres que dan un testimonio singular de dignidad humana y de profunda humanidad.”

Todo esto suena muy bien, pero a la hora de aplicarla, como cuesta!! ¿Qué hacer para adquirir la fortaleza? Ayuda mucho el ejercitarse con otras virtudes. Por ejemplo la paciencia, virtud que nos hace soportar los males con buen ánimo. La perseverancia que lleva a proseguir en el ejercicio de la virtud, a pesar de las dificultades y de la duración del esfuerzo, la templanza, que domina la voluntad sobre el instinto, con la finalidad de saber dominar el cuerpo.

Muchos de nosotros,  nos creemos fuertes, pero llegan veces donde uno se termina cayendo, nos quedamos en aprendiz de héroe, y lo peor es que no aprovechamos esas caídas, esos fracasos.  El fracaso enseña lo que el éxito oculta. Justamente lo que nos hace crecer son las derrotas. Cuantos amigos con éxitos fáciles, se han convertido en fracasos grandes, por no haber sabido digerir esos hechos de forma adecuada. Prefiero siempre a los que saben asumir su derrota y que vuelven a empezar y retomar el camino que a los que nunca se caen porque cuando éstos se caigan, su ego no los dejará levantarse fácilmente.

Ayuda mucho también el tener una buena ecuación entre corazón y cabeza. La personali­dad equilibrada es aquella ni demasiado fría ni demasiado sensible, aunque la razón siempre debe primar, es decir, el corazón nunca le puede ganar a la cabeza. Kendrick decía que no hay que seguir al corazón, es cortoplacista y a veces traicionero, por ello, es bueno guiarlo para que nos ayude a decidir mejor.

Y por último, el buen humor y el aprender a reírse de uno mismo. Es algo así como un seguro de salud psicológica que nos permite ver los problemas con perspectiva y actuar de forma más eficiente y desapasionada.

Qué fácil es escribir sobre esto, y que difícil ponerlo en práctica, lo vivo en carne propia y la verdad cuesta  muchísimo, ya que siempre tenemos algo que nos tira para abajo, pero bueno, justamente para eso están los ejemplos de aquellos que lucharon duro por conseguir lo que querían y lo hicieron, vamos atrás de ellos!

No te rindas!

Dicen que no es la victoria lo que hace grandes a las personas, sino su capacidad para luchar por dar lo mejor de sí mismos. Hoy me he puesto a reflexionar sobre la adversidad. Ya cansado de hablar y leer sobre felicidad, miro la otra cara de la moneda. Y es que creo que solo los locos y los muertos son los únicos que no sufren. Nadie es feliz siempre, a todos nos visita esa “exigente maestra” que es la adversidad, de nosotros depende aprender de ella y madurar o dejar que pase por encima de nosotros.

Leyendo varios artículos y libros sobre estos temas, me he dado cuenta que es muy fácil hablar y aconsejar en tercera persona, “No sufras”, “No te preocupes”, “De ti depende”, “Piensa en otra cosa”, ¿parece fácil no? A ver pues, tu mismo cambia de pensamiento cuando te pase, la cosa cambia… Siento también que todo esto es muy teórico, las recetas nunca faltan, pero cuando uno está realmente complicado, que difícil se vuelve salir, poco o nada sirven los buenos deseos, los libros y los artículos. La realidad es otra, solo conocida por aquellos que la han vivido (o la hemos vivido). Creo en aquellos que aconsejan cuando están o han estado ya al otro lado de la mesa, que han jugado el partido y no se han dedicado a dar órdenes desde la tribuna, que han perdido la confianza en si mismos y luego la han recuperado y que han hecho quizá lo más difícil, luchar para no caer y cuando se cayeron, se levantaron rápido.

En momentos como esos, la lucha, la resiliencia, la fortaleza se vuelven aliados, amigos del alma a los que uno tiene que acudir, nada fácil por cierto, difícil tarea, pero inaplazable. Mi padre me dijo en algún momento, que cuando llega el momento de sufrir el dolor, vale más sacar de adentro valores como la fortaleza que un gran conocimiento teórico, algo de compasión humana más que un gran valor, y estar más cerca de Dios más que ninguna otra cosa.

Enrique Rojas, gran psiquiatra español decía que para no rendirse hay que tener una visión larga de la jugada que consiste en pasar por encima de las cosas negativas cercanas y lejanas y darle la vuelta a los argumentos que nos ayuden a crecer como personas. Hoy a menudo se tiene una visión corta de la jugada: es la inmediatez; el déficit que encontramos en nuestro día a día y son muchos los que se quedan ahí enganchados sin capacidad de proyectarse hacia adelante.

Es por ello que en momentos de vacilación me sirve de mucho utilizar el mismo grito de guerra que utilizó en su campaña Tony Blair: “No te rindas”. Y claro, superman no existe, todos caemos, el truco está en levantarse rápidamente, luchar por el hoy. “Hoy no”, el mañana, a lo peor no llega. Es el principal argumento de un drogadicto para curarse, “Hoy no”, alguien que no puede pensar en dejar las drogas para siempre, justamente porque su enfermedad no son las drogas, lo que tiene enferma es la voluntad. Por ello, nada mejor que fijarse pequeños objetivos.

Al respecto, nos dice Enrique Rojas: “Hay tres fórmulas para no rendirse: la primera, distinguir entre metas y objetivos. Las metas son muy amplias y vagas, y los objetivos son medibles. Por ejemplo, una persona que sufra anorexia no avanza por la meta genérica de curarse de la enfermedad, sino con objetivos por etapas como «no pesarme cada día», «luchar por no vomitar», «comer en familia» o «no mirarme al espejo». La segunda cuestión importante es tener una buena educación de la voluntad, a la que la psicología moderna considera más importante que la inteligencia. Y, en tercer lugar, nunca hay que sentirse derrotado y hundido. El mensaje de optimismo es que hay que entrenar a la persona no para el éxito, sino para el esfuerzo.”

Sabias palabras las de Rojas, exigen un cambio de paradigmas en la sociedad, ¿el éxito? ¿Qué es el éxito si no viene acompañado de esfuerzo? Valero Rivera, el entrenador  más exitoso de todos los tiempos del equipo de balonmano del Barcelona decía que “Solo pierde el que no da todo lo que lleva dentro” o si lo quieren ver de otra forma, solo es exitoso el que da todo de si, independientemente del resultado.

Esforzarse consiste en vencer poco a poco los obstáculos, cada obstáculo lleva consigo un aprendizaje, el error, “la otra cara de la excelencia”. Aprender es tomar nota de lo que ha ocurrido y extraer de ello una pequeña lección: no es más sabio el que menos se equivoca, sino quien más aprende de los errores. Como diría Tal Ben Shahar, hay que aprender a perder, y perder para aprender o como dejó escrito Unamuno, «no darte por vencido ni aun vencido, no darte por esclavo ni aun esclavo».

Para terminar copio un gran poema de Mario Benedetti que justamente se llama “No te rindas”. No nos demos por vencidos y sigamos luchando, contracorriente y a pesar de las dificultades, reveses y sinsabores. Lo intentamos?

NO TE RINDAS

No te rindas, aún estás a tiempo

De alcanzar y comenzar de nuevo.

Aceptar tus sombras,

Enterrar tus miedos,

Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,

Continuar el viaje,

Perseguir tus sueños.

No te rindas, por favor no cedas,

Aunque el frío queme,

Aunque el miedo muerda,

Aunque el sol se esconda,

Y se calle el viento,

Aún hay fuego en tu alma

Aún hay vida en tus sueños.

Porque lo has querido,

Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,

Quitar los cerrojos,

Abandonar las murallas que te protegieron,

Vivir la vida y aceptar el reto,

Recuperar la risa,

Ensayar un canto,

Bajar la guardia y extender las manos

Desplegar las alas

E intentar de nuevo,

Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas.

Porque esta es la hora y el mejor momento.

Porque no estás solo.

Mario Benedetti

¿Qué se ha descubierto científicamente sobre la felicidad?

 

El profesor de psicología de Harvard Daniel Gilbert es ampliamente conocido por su best-seller 2006, Tropezar con la felicidad . Su trabajo revela, entre otras cosas, los errores sistemáticos que todos hacemos en imaginar lo feliz (o desgraciado) que vamos a estar. En esta entrevista de Gardiner Morse publicada recientemente por Harvard Business Review, Gilbert examina el campo de la investigación sobre la felicidad y explora sus fronteras. A continuación me he permitido traducir y transcribir la primera parte, la próxima semana publico la segunda.

HBR: Los estudios sobre la felicidad se ha convertido en un tema muy relevante en los últimos 20 años. ¿Por qué?

Gilbert:  -”¿Cuál es la naturaleza de la felicidad humana?” a nuestra nueva forma de obtener respuestas: la ciencia. Hasta hace sólo unas décadas atrás, el problema de la felicidad estaba principalmente en manos de los filósofos y poetas.

Recientemente, los economistas y los neuro científicos se unieron a la fiesta. Los psicólogos quieren entender lo que la gente siente, los economistas quieren saber a que le da valor la gente, y los neuro científicos quieren saber cómo el cerebro responde a las recompensas.

¿Cómo es posible medir algo tan subjetivo como la felicidad?

Las respuestas espontáneas de la gente son una muy buena aproximación de sus experiencias y su estado de ánimo.

La gente puede no ser capaz de decirnos lo felices que eran ayer, ni lo feliz que serán mañana, pero pueden decirnos cómo se sienten en el momento en que les pedimos. ”¿Cómo estás?” Puede ser la pregunta más frecuente en el mundo, y nadie se ha quedado perplejo por ella.

¿Qué se ha descubierto científicamente sobre la felicidad?

Gran parte de la investigación confirma lo que siempre hemos sospechado. Por ejemplo, en general, personas que están enamoradas son más felices que aquellos que no están. Las personas sanas son más felices que las personas enfermas. Las personas que participan en sus iglesias son más felices que aquellos que no lo hacen. La gente rica es más feliz que la gente pobre. Y así sucesivamente.

Dicho esto, ha habido algunas sorpresas. Por ejemplo, mientras que todas estas cosas hacen que la gente sea más feliz, es asombroso lo poco que se valora. Una casa nueva o una nueva pareja te hará más feliz, pero no mucho y no por mucho tiempo. Las personas no son muy buenas para predecir lo que las hará felices y menos aún para evaluar cuánto tiempo va a durar esa felicidad. Esperamos que los acontecimientos positivos nos hagan mucho más felices de lo que realmente nos hacen estar, y a su vez que los pensamos que los acontecimientos negativos nos harán mucho más infelices de lo que finalmente nos hacen.

En ambos estudios, de campo y de laboratorio, hemos encontrado que ganar o perder una elección, ganar o perder una pareja, conseguir o no conseguir un ascenso, aprobar o desaprobar un examen, todos tienen menos impacto en la felicidad de lo que la gente cree. que la gente cree que lo harán. Un estudio reciente mostró que muy pocas experiencias nos afectan por más de tres meses. Cuando suceden cosas buenas, se celebran por un tiempo y después todo vuelve a la normalidad y cuando suceden cosas malas, nos quejamos por un tiempo y luego seguimos adelante. Mucha gente es más resiliente de lo que cree.

Si se quedan ciegos o pierden el trabajo, encontrarán que hay una nueva vida al otro lado de esos eventos. Y encontrarán muchas cosas acerca de esa nueva vida que son bastante buenas. De hecho, sin duda, encontrarán algunas cosas que son incluso mejores de las que tenían antes. Están descubriendo cosas que no sabían- no podían saber hasta que estaban en esa nueva vida que probablemente sea para trazar un futuro mejor.

¿La verdadera felicidad es mejor que la felicidad sintética?

Vamos a tener cuidado con los términos. El nylon es real, es solo que no es natural. La felicidad sintética es perfectamente real, lo que pasa es que es hecha por el hombre. La felicidad sintética es lo que producimos, cuando no obtenemos lo que queremos, y la felicidad natural es lo que experimentamos cuando lo hacemos. Tienen diferentes orígenes, pero no son necesariamente diferentes en términos de cómo se sienten. Una no es, evidentemente, mejor que la otra.

¿Qué más sabemos ahora acerca de las fuentes de la felicidad?

Si tuviera que resumir toda la literatura científica sobre las causas de la felicidad humana en una palabra, esa palabra sería “social.” Si yo quisiera predecir su felicidad, y solo podría saber una cosa acerca de usted, escogería saber que tan fuertes son sus relaciones con amigos y familiares.

Más allá de contar con redes ricas, lo que nos hace felices el día a día?

El psicólogo Ed Diener  muestra que la frecuencia de las experiencias positivas es un predictor mucho mejor de la felicidad que la intensidad de las mismas. Es decir, cuando pensamos acerca de lo que nos haría felices, tendemos a pensar en la compra de un carro nuevo, un viaje a Europa, una cita con una estrella de cine, ganando un premio Pulitzer, la compra de un yate. Sin embargo, Diener y sus colegas han demostrado que lo intenso de sus experiencias no importan tanto como la cantidad de experiencias positivas que uno tiene. Alguien que tiene una docena de cosas medianamente buenas que le pasan en cada día es probable que sea más feliz que alguien que tiene una sola cosa realmente sorprendente cada día. Así que ponerse zapatos cómodos, dar a su esposa un beso grande, salir a dar una vuelta con su hijo los hará más felices.

Creo que esto nos ayuda a explicar por qué es tan difícil para nosotros predecir nuestros estados afectivos. Nos imaginamos que una o dos cosas grandes tendrán un efecto profundo, pero parece que la felicidad es la suma de cientos de pequeñas cosas. El logro de la felicidad requiere el mismo enfoque que la pérdida de peso. Las personas que intentan bajar de peso quieren una píldora mágica que les dará resultados inmediatos. No es así.. Sabemos exactamente cómo las personas pierden peso: comen menos y hacen más ejercicio.

¿Cuáles son esas pequeñas cosas que podemos hacer para aumentar nuestra felicidad?

Los elementos principales son que se comprometan a algunas simples conductas, meditar, hacer ejercicio, dormir lo suficiente, ayudar a los demás. Ofrecerse como voluntario en un refugio para desamparados. Cuando lo haga puede que finalmente ayude poco o mucho en ese refugio, pero es seguro que se ayudará a sí mismo. Y por último fomentar las conexiones sociales.  El secreto de la felicidad es como el secreto de la pérdida de peso: No es un secreto!

 

Lo que capta tu atención, controla tu vida

Me he permitido traducir y resumir este artículo de Kare Anderson publicado hace 3 semanas en Harvard Business Review y que de hecho se ha convertido en el más leído en su versión online. Hace unos años, los ejecutivos de Disneyworld se preguntaban que es lo que más llamaba la atención de niños pequeños en su parque de diversiones en Orlando. Para ello contrataron a Kare Anderson y a un antropólogo para observar a su paso todos los miembros del elenco y todos los visitantes. Pero después de horas de observación, nos dimos cuenta de que lo que más captó la atención de los niños pequeños no era de Disney sino los teléfonos celulares de sus padres, especialmente cuando los padres los estaban usando.

Esos niños entendían claramente lo que mantuvo la atención de sus padres – y que cuando éstos los usaban, dejaban de tener atención a ellos, y eso era lo que acaparaba su atención.

Dar toda la atención es el primer y principal ingrediente en cualquier relación. Es imposible comunicarse, con alguien que no puede o no quiere centrarse en usted. Al mismo tiempo, a menudo no nos damos cuenta en que es lo que realmente nos centramos, ya que eso al final podría terminar controlando nuestros pensamientos, acciones y al final nuestras vidas. .

Por ejemplo, las personas pesimistas ven los reveses y los acontecimientos desgraciados como algo  personal (siempre me pasa lo peor), generalizado (Todo lo que me está pasando ahora es lo  peor) y permanente (siempre será de esta manera). Sin embargo, de acuerdo a Seligman Marty, con la práctica, se encontró que podemos aprender a prestar más atención a las posibilidades positivas en situaciones para elaborar un círculo virtuoso de la historia de nuestra vida.

Por ejemplo, el psicólogo Richard E. Nisbett, mostró una escena bajo el agua a los estudiantes en los EE.UU. y también a los asiáticos del este. Mientras que los estadounidenses comentaron sobre el pez gordo que nadaba entre los peces más pequeños, los asiáticos también tuvieron una visión m+as global,  incluyendo las plantas y las rocas. Nisbett llegó a la conclusión de que los asiáticos se centran en las relaciones, mientras que los occidentales tienden a ver los objetos aislados, en lugar de las conexiones entre ellas.

Esto es lo que llevó al Dr. Anderson de estos dos conclusiones: La primera que cualquier cosa  a la que le prestas atención tiene un efecto enorme sobre la forma de ver el mundo y entenderlo, y en segundo lugar, es mucho más fácil ver los patrones de la propia atención si se toma el tiempo para aprender acerca de otra persona.

Volvamos al ejemplo de Disney. Los padres probablemente pensaron que estaban pagando un montón de dinero para que sus hijos puedan prestar atención a los diferentes estímulos de DisneyWorld. Pero el comportamiento de sus hijos nos dice en lo que realmente estaban prestando su atención, sus teléfonos móviles. La mayoría de nosotros hemos sido culpables de una mayor atención a nuestros teléfonos celulares de lo que somos conscientes.

Para obtener información sobre nuestros patrones de atención, el autor sugiere examinar a otra persona. La mayoría de los oradores de motivación, auto-ayuda escritores, terapeutas y farmacéuticos nos animan a centrarse en “yo”. Ellos sugieren que hay que mirar hacia adentro para entender y mejorar y para una vida más feliz. Eso no está mal, pero no es suficiente. En lugar de simplemente preguntar: “¿Qué es lo que más me preocupa? Pregúntate ¿Qué es lo que más le preocupa al resto?. Sé el mejor oyente que he tenido en meses. Este es el primer ingrediente y el más básico en cualquier interacción. Simplemente mirando fijamente y con gusto a esa persona, asintiendo con la cabeza, a veces, y reiterando lo que ha escuchado se activará una empatía.

Dar y recibir toda la atención, aunque sea brevemente, es lo mínimo que un individuo puede hacer por otro – y además, atendiendo a los demás no sólo les ayuda – sino que nos ayuda, al evocar las respuestas que nos ayudan a sentirnos útiles, y conectados con el mundo real y no el virtual. Prestar atención puede ser un esfuerzo individual , pero también es una especie de cemento social que mantiene a los grupos y les ayuda a sentirse parte de algo mayor que ellos mismos. No siempre es fácil, pero puede mejorar con la práctica – sobre todo si se encuentra cada vez más flexible, más abierto a nuevas ideas, y más capaz de resonar con los demás. Es inevitable que ello conduce a una vida más rica y más significativa.

Nada es gratuito, Nadal lo sabe

A continuación comparto un excelente artículo de Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE especializado en liderazgo y dirección de personas, publicado en el IESE Insight y del que podemos aprender muchas lecciones. “Rafa Nadal es un campeón de ley. No es una cuestión de talento, aunque está claro que lo tiene. Muchos nacen con habilidad, pero pocos se preparan tan a conciencia como él para llegar a lo más alto. Y todavía menos luchan como él cuando están contra las cuerdas. Nadal, uno de los mejores tenistas del mundo, es un ejemplo. Un ejemplo, ahora más que nunca, para España, sus empresas y sus trabajadores.

Los primeros pasos
Rafael Nadal Parera nació en Mallorca el 3 de junio de 1986, en el seno de una familia muy unida. Sus abuelos habían creado lazos muy fuertes y de hecho, muchos miembros del clan hacen negocios juntos. También era una familia unida al deporte, y de hecho su tío Miquel Ángel Nadal había llegado a la élite del fútbol. Un día, con tres años, su padre le llevó a ver a su tío Toni Nadal, entrenador del club de tenis de Manacor. “Coge la raqueta, a ver si le das”, le dijeron. Y el niño golpeó la bola como la cosa más natural del mundo. Toni se quedó sorprendido, y ahí empezó todo. Tenía talento.

Aunque no hay que confundir talento con facilidad, avisa su tío y entrenador. Muchos jóvenes tienen facilidad pero no llegan a la élite. “La cabeza no les da para más”, dice. El talento es la capacidad de aprender, de perfeccionar una habilidad. No se trata tan sólo de dar los primeros pasos, sinó también querer llegar a los últimos. Cuando Rafa fue campeón de España con diez años, Toni Nadal le mandó un aviso: le enseñó la lista de los últimos 25 jugadores que habían ganado ese torneo. Nadal sólo reconoció a uno: Àlex Corretja. Los demás se quedaron en el camino.

Una base sólida
Los padres de Rafa han cuidado mucho su educación, aunque compaginar libros y raqueta le llevara a jornadas maratonianas de 8 a 23h. Completar la Escuela no fue fácil para el jugador, y por ello, en los momentos clave, los estudios pasaron por delante de torneos tan importantes como Roland Garros Junior. Pese a estudiar la posibilidad de trasladarse al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, la fábrica del tenis de élite español, decidieron que se quedase en Palma. Lo querían cerca de la familia.

En lo deportivo, los entrenamientos de su tío Toni se basan simple y llanamente en el esfuerzo. Cree que el éxito se entrena a los 7 u 8 años, no a los 20. Siempre le ha exigido el máximo a Rafa, aún a costa de una tensión a veces excesiva y de mandarlo a casa agotado. Las sesiones van desde las 3 horas entre torneos hasta jornadas casi de sol a sol en pretemporada. Le ha preparado para los momentos difíciles, para la frustración, y sobre todo, para la perseverancia.

Nunca le ha permitido excusas: por ejemplo, en un partido contra el estadounidense Blake, Rafa se quejaba de que las pelotas no cogían efecto. Toni le respondió: “pierde, vete a casa, deja de quejarte tanto”. Nadal perdió, pero la semana siguiente ganó un torneo con las mismas pelotas. Las excusas no valen, porque el rival juega en las mismas condiciones. Otro detalle: nadie verá a Rafa tirar una raqueta al suelo. Sabe lo caras que son y que mucha gente no puede permitírselas. Tampoco le han dejado acomodarse. Incluso después de victorias importantes como su primer Roland Garros, su entrenador le ha obligado a analizar los puntos débiles de su juego. Siempre hay tiempo para la crítica constructiva.

Crecer con el equipo
Como cualquier otra empresa, el equipo de Rafa ha ido creciendo con la llegada de nuevos triunfos y nuevos retos. Se ha pasado de un núcleo de dos personas (su tío y él) a un grupo compuesto por 7 personas: jugador, entrenador, mánager, fisioterapeuta, preparador físico, segundo entrenador y jefe de prensa. Una ampliación que se ha hecho progresivamente y siguiendo un espíritu de cercanía. El mánager, Carlos Costa, trabaja con ellos desde que el jugador tenía 14 años. Tanto el preparador como el fisioterapeuta son gente de confianza del entorno de Mallorca, profesionales que antes no se movían en la élite. Es decir, no se ha ido a cazar figuras mundiales. Tampoco se ha crecido por crecer. El jefe de prensa llegó cuando ya era imposible atender todos los medios, y el segundo entrenador se incorporó porque Toni, cansado de tantos viajes, quería pasar más tiempo con su familia.

Cada miembro tiene delimitada su función, aunque de manera tácita, sin formalismos. Además, el proceso de decisiones es ahora más rico: el jugador tiene más puntos de vista donde escoger. Pero esta evolución no ha alterado el orden básico de las cosas. El equipo sabe de dónde viene el éxito: del trabajo constante de Rafa, al que su tío le ha llevado desde hace más de 15 años. Todo depende de su esfuerzo y de sus ganas de aprender. Ahora mismo, el jugador lleva meses mejorando su saque, y su tío sigue pensando que los progresos son insuficientes. Igual que las empresas saben que hay que innovar para seguir adelante, Nadal sabe que si no mejora sus rivales le atraparan. Él mismo logró destronar a Federer, el jugador que todos señalan como el más hábil del circuito. En un momento tan duro para muchos como el actual, el mensaje de Rafa es claro: no importan las condiciones, no importa el rival, no sirven las quejas. El esfuerzo lo puede todo y las dificultades están ahí para superarlas: las vences o te vencen.”

Los 5 lamentos más comunes antes de morir

Hace unas semanas Harvard Business Review publicó un artículo relacionado las razones más comunes por las que nos sentimos mal antes morir.

En el artículo se comentaba el estudio que realizó una enfermera que registró por años las disculpas más comunes de los moribundos. Bronnie Ware es una enfermera australiana que pasó varios años trabajando en la unidad de cuidados paliativos, la atención de pacientes en las últimas 12 semanas de sus vidas. Grabó sus epifanías que mueren en un blog llamado La inspiración y Chai.

 

Ware habla de la claridad de la visión espectacular que la gente obtiene al final de sus vidas, y cómo podemos aprender de su sabiduría. Cuando se le preguntó acerca de cualquier lamento que tenían o cualquier cosa que harían de manera diferente”, dice ella, “temas comunes surgieron una y otra vez. No había ninguna mención de más sexo o saltos de bungee.

Aquí están los cinco lamentos que más se dijeron:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida de acuerdo a mis principios, no a lo que los demás esperaban de mi.

Este era el lamento más común de todos. Cuando las personas se dan cuenta que su vida está a punto de terminar y mirar hacia atrás con claridad en ella, es fácil ver cuántos sueños se han cumplido. La mayoría de la gente no había cumplido aún la mitad de sus sueños y tenía que morir sabiendo que era debido a las opciones que habían hecho, o que no hicieron.

2. Ojalá no hubiese trabajado tan duro.

Esto vino principalmente de lo shombres. Echaban de menos la juventud de sus hijos y la compañía de su pareja. Las mujeres también hablaron de este lamento, pero la mayoría eran de una generación anterior, muchos de los pacientes de sexo femenino no habían sido sostén de la familia.

3. Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar mis sentimientos.

Mucha gente suprimió sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a ser lo que eran realmente capaces de llegar a ser.

4. Me gustaría haber estado en contacto con mis amigos.

A menudo no se dan cuenta verdaderamente de todos los beneficios de sus viejos amigos hasta que mueren y no siempre fue posible localizarlos. Muchos de ellos habían llegado a estar  tan atrapados en sus propias vidas que se habían dejado caer por la única amistad del dinero en los últimos años. Hubo muchos lamentos profundos acerca de no dar la amistad el tiempo y esfuerzo que merecían. Todo el mundo echa de menos a sus amigos cuando se está muriendo.

5. Me gustaría haber sido más feliz.

Muchos no se dan cuenta hasta el final de que la felicidad es una elección. Pasaron más tiempo en hacer creer a los demás que son felices que en tratar de serlo.

 Has pensado ¿De que te lamentarías si mañana fueses a morir? Piensas hacer algo para cambiarlo? La vida se pasa en un instante, cambia ahora!

Libros que no se pueden dejar de leer

Es siempre complicado el tratar de comunicar una idea completa si es que solo se lee un artículo. En este blog suelo comentar, escribir o resumir de otros autores ideas que me ayudan (y espero que los ayude a ustedes) a vivir mejor, sin embargo, el espacio es muy corto.

Es por ello que para todos los que quieren profundizar en dichos temas, he querido esta semana hacer un resumen de los mejores libros que he leído en mi vida. No los he colocado en ningún orden de prioridades. Una de las cosas que más disfruto es leer, a los que no tienen el hábito todavía, prueben con uno de estos, y les aseguro que no pararán hasta terminarlos. Son adictivos!

Felicidad / Adversidad

  1. Desde la adversidad, Santiago Alvarez de Mon
  2. El hombre en búsqueda del sentido, Victor Frankl
  3. Happier, Tal Ben Shahar
  4. Engineering Hapiness, Manel Baucells

Competencias Directivas

  1. Influence, Robert Cialdini
  2. La lógica del corazón, Santiago Alvarez de Mon
  3. Gobierno de personas en la empresa, Pablo Ferreiro
  4. El mito del líder: Santiago Alvarez de Mon
  5. Triunfar, Jack Welch
  6. Dueños de nuestro destino, Nuria Chinchilla
  7. Con ganas, ganas, Santiago Alvarez de Mon

Vida personal

  1. Como ganar amigos, Dale Carnegie
  2. Como suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida, Dale Carnegie
  3. Camino, San Josemaría Escriva de Balaguer
  4. Las trampas del deseo, Dan Ariely
  5. Decisiones Instintivas, Gerd Gigerzenger

Amor conyugal y formación de padres

  1. Remedios para el desamor, Antonio Vasquez
  2. Más allá del si, te quiero, Anival Cuevas
  3. El desafío del amor, Kendrick
  4. Y vivieron felices, Tomás Melendo

El éxito ¿Una ilusión peligrosa o un anhelo impostergable?

¿Soy exitoso? ¿A quién no le interesa serlo? Quizá una de las preguntas más trascendentales de nuestra vida, no la estemos enfocando por el camino correcto.

Y si la respuesta fue positiva, ¿nos preguntamos el porqué?

Aquí algunas típicas respuestas en las que seguramente nos veremos reflejados:

  1. Si, porque tengo mucho dinero, vivo en un departamento grande, soy gerentaso, super bien contactado, muchos amigos…
  2. Si, porque soy muy hábil, muy inteligente, tengo MBA del extranjero, inglés fluido…
  3. Si, porque me preocupo por las necesidades de los demás, por mis necesidades reales y estoy dispuesto a servir.

¿Alguno optó por la última opción?  No lo creo, y al final, es la verdadera razón de ser del éxito. La primera respuesta se basa en motivos extrínsecos, es decir, del entorno (plata, propiedades, (soy lo que tengo), la segunda por motivos intrínsecos (retos que cumplo) y la tercera por motivos trascendentes, es decir, el enfoque está en las personas. Soy exitoso cuando ayudo a los demás a serlo (familia, amigos, trabajadores, accionistas), y esta forma de ver las cosas, curiosamente no es excluyente, por el contrario, termina por incluir las dos primeras razones, que muchas veces son una consecuencia de vivir de cada a la tercera respuesta.

Actualmente la gente vive de afuera hacia adentro, tienen un error de enfoque. Les importa más hacer creer a los demás que son exitosos, que son felices, que en tratar de serlo realmente. Todo lo tienen en la vitrina y nada en el inventario.

En estos casos es muy importante definir para ti que es el éxito. Si vives persiguiendo el éxito de los demás, probablemente te des un portazo en la cara cuando lo consigas y veas que eso no te satisface. Cuantas veces hemos dejado muchas horas con la familia, con los amigos, para comprar algo que cuando por fin lo conseguimos, nos alegra el primer día y luego con el correr de los días, nos deja de encantar, y claro, el tiempo perdido ya no lo devuelve nadie.

Es por ello muy importante definir para nosotros que es el éxito, y hacernos las preguntas correctas para estar alineados con lo que queremos finalmente conseguir. Una primera y gran pregunta es ¿Para qué?. Ayuda mucho preguntarse, ¿Para que hago lo que hago?, ¿Para qué le dedico tanto tiempo a esto? ¿Vale la pena?

Mucha gente me dice que lo más importante en su vida es su familia, sin embargo, se han preguntado:

¿Cuántas horas trabajo al día?

¿Cuántas horas le dedico a mi familia al día?

¿Cuántas horas tengo para mi al día?

En el análisis de resultados encontraremos algunas conclusiones que podrán reorientar lo que hacemos. Al final, el tener una familia bien constituida, ayuda a ser más productivos en el trabajo. No son posiciones excluyentes sino por el contrario, complementarias. Muchas veces las causas de la baja productividad son los problemas familiares.  Robert Andrerson decía que “En todo matrimonio que ha durado más de una semana existen motivos para el divorcio. La clave consiste en encontrar siempre motivos para el matrimonio.”

Otro de los principales males que nos tratan de vender gato por liebre y nos hacen perseguir metas falsas es el “workaholismo” o adicción al trabajo, mal del que sufro, pero que poco a poco estoy tratando de salir (justamente escribiendo artículos como éste). Al final, no es la cantidad de horas, sino la forma de  utilizarlas, el que lo hace a uno adicto al trabajo. Nuria Chinchilla, experta enconciliación Trabajo y familia decía que “El trabajo es como un gas. Se esparce por toda la agenda, y si nos descuidamos, ocupa sin piedad cualquier hueco de tiempo libre.”  Quizá sea esa una buena medida para saber si lo somos, o estamos en camino a serlo. También existen otros síntomas como pensar constantemente en el trabajo o  buscar excusas para seguir trabajando.

Recordemos que al final uno trabaja para ser feliz, ser feliz implica vivir con la conciencia tranquila de saber que estás haciendo lo que tienes que hacer en ese momento, y la mejor forma de encontrar un trabajo que nos haga felices es en aquel que nos ayude a maximizar la remuneración emocional, es decir, la remuneración relacionada a la calidad de vida que queremos vivir para ser exitosos y la calidad de vida no es el número de cosas que tienes sino un conjunto de variables que incluyen la felicidad que puedes dar a los demás, el porcentaje de cosas que disfrutas, el tiempo que puedes dedicarle a tus seres más queridos y a ti mismo y el nivel de retos que puedes trazarte.

El trabajo más difícil del mundo…es el mejor trabajo del mundo

El próximo 1 de mayo es celebramos el día del trabajo y en un par de semanas más el día de la madre, encontré esté post buenísimo de Nuria Chinchilla, profesora del IESE y líder mundial en los temas de conciliación trabajo y familia, publicado en su blog: “En momentos en que no es fácil encontrar empleo para muchos españoles, sigue habiendo trabajo para todos en el hogar. Sigue leyendo