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La meta es el camino

¿Qué pasaría si tomáramos la vida como un viaje? Debiéramos hacer el ejercicio de entender el camino como un fin, un instrumento que nos lleva a alcanzar una determinada meta.

camino¿Qué debería poner en mi equipaje?

  1. Sentido de trascendencia. Si mi vida (o mi viaje) no tienen un destino, una razón de ser, cualquier camino será bueno.
  2. Conocimiento, debiéramos asegurarnos de tener una dosis necesaria que es la que el mundo (laboral, social, familiar) nos va a solicitar ya que de no tenerlo nos la va a cobrar con intereses.
  3. Talentos, entendiendo el talento como hacer sencillo lo que para otros es muy difícil. Identificar cuáles son los nuestros es una tarea inaplazable.
  4. Valores. Sobran discursos sobre valores, nos falta práctica. La gente que lidera desde el ejemplo no predica mucho. Cuando quieran conocer los valores de una persona, pídanle su agenda, de Lunes a Domingo,  porque el tiempo define nuestras prioridades, nuestros valores. ¿Cuánto tiempo le dedico a mi hijo? Solo con esta pregunta me doy cuenta que me falta mucho para mejorar. Si no tienes tiempo para renovar algo que se vuelve peligrosamente rutinario como tu matrimonio por ejemplo, ¿de que valores hablamos? El tiempo es un estricto juez que nos muestra quienes somos ante los demás.

Es necesario también elegir nuestro camino y nuestro destino, y no vivir la vida ni perseguir los sueños que a lo mejor son de otros o que otros quieren que vivamos. No es nuestra misión ser fotocopiadora.

Este año la vida me ha enseñado que la vida es incierta por definición. Es como un río con dos orillas, en una está la victoria y en otra la derrota, y a las dos, como decía Kippling, las tienes que tratar como dos impostoras, porque no sabes cuándo una aparente derrota esconde tras de sí una gran victoria y viceversa. Solo se puede ganar los grandes partidos de la vida si haces las paces con la posibilidad de perder, solo ganan aquellos que aprenden a perder.

Saboreen el momento, el hoy, el presente, el camino, ya luego vendrá el destino final. La felicidad no depende de la realidad sino de cómo la interpretes. El problema no es el despido, la bancarrota, la muerte de un ser querido, el problema es el que surge a raíz de ese reproche, de la lectura que le damos a eso. Si solo pensamos en ser felices siempre y en ganar, entonces seremos firmes candidatos a un infarto o a un ataque de estrés.  Hoy en día hay mucha gente depresiva, muchísimas pastillas, tal vez porque andamos buscando algo que no existe.

Santiago Alvarez decía que el hombre busca certezas y tropieza con inseguridades. La vida, a medida que vas avanzando kilómetros te va mostrando preguntas. El que sabe, duda, pregunta, y escucha. En lugar de precipitar algunas recetas con atajos que no te llevan a ningún lado. Las personas más serenas son las que han hecho las paces con lo irreversible, que no buscan lo que no existe. Hay que aceptar las reglas de la vida, que implican ganar y perder. Para ganar, no puedo romperme cada vez que pierdo, tengo que levantarme.

Para ello, que importante es la gestión del tiempo. Muchos perdemos por querer seguir viviendo en el pasado, por no dejarlo ir, convirtiéndonos en esclavos de circunstancias o de errores que marcan de por vida.

La otra cara de la moneda, viajar innecesariamente al futuro, es una fuente de ansiedad. El hecho de no saber qué viene nos produce un desmedido miedo anticipado, y este es el peor de los temores, ya que provoca más sufrimiento que la propia situación desagradable que intentamos evitar. Un estudio neurológico realizado en USA mediante resonancias magnéticas descubrió que la preocupación por lo que pueda suceder se nos graba en el cerebro igual que si hubiese ocurrido de verdad. Es lo que en psiquiatría se  le llama el circuito del miedo.

Para desactivarlo, en lugar de preocuparnos por lo que pueda ocurrir, debemos fijarnos en lo que está sucediendo aquí y ahora. Enrique Rojas, destacado psiquiatra español, dice que si dejamos de ocupar nuestra mente con pensamientos negativos a futuro y los concentramos en el presente de forma positiva, romperemos el círculo vicioso del miedo anticipatorio.

El futuro siempre será una interrogante. Bien dicen que mucho consiguió quien no dejó nada para mañana. El terco es primo hermano del vago, “Mañana” es su vocablo preferido. Mañana dejaré el trago, mañana le declararé mi amor, mañana comenzaré a esforzarme por trabajar bien, mañana, mañana, mañana.

Alvarez de Mon decía que “el futuro por definición, es una inmensa pregunta, una misteriosa incertidumbre, y fiel a su naturaleza, no desvela las respuestas que solo él atesora en su regazo.  Es más, si se desnudara y prostituyera, contándonos todos sus secretos, vivir sería insoportablemente aburrido. El factor sorpresa es vital para casi todo. Siempre habrá una grieta entre nuestros planes y el dictamen final de la vida. Ándese ese trecho y estúdiense los porqués de la desviación incurrida. Una respuesta sincera, humilde y humorística afianzará el proceso de autoconocimiento y aprendizaje personal. La desigualdad entre los planes y la vida se estrechará.”

Muchas veces no vivimos el hoy por estar mirando el ayer, teniendo miedo del mañana, y entre tanto, se nos va la vida.

Valero Rivera, ex entrenador del equipo de balonmano más exitoso del Barcelona decía que “el objetivo final es el proceso, no el resultado (llámese el camino y no la meta). Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es una consecuencia. Ganar es tan importante, tan imprescindible para un equipo que quiere ver extendido su cheque anual de confianza y apoyo que no se habla de ello. Ganar es el penúltimo objetivo, el último es la felicidad, como la quieras cazar se te escurre, solo se queda contigo si te esfuerzas al máximo, y por eso se convierte en consecuencia. Obsesionados con ganar los músculos se tensan y las neuronas se embotan. ¿Vamos a ganar la liga este año? No , este año vamos a ganar el partido de mañana y luego el próximo y al final haremos balance.”

Sé muy bien que los artículos como éste no cambian la vida de nadie, las palabras resbalan, pero si tuviese que resumirlo para dejar una idea es que la meta es el camino, no nos obsesionemos con el futuro, no tenemos ni idea de que pasará. Dejemos que el futuro llegue y será en función de lo que hagamos hoy. Caminar despacio y concentrado es la mejor receta para correr lejos, muy lejos, sabiendo que al auténtico reto es saborear y apreciar cada kilómetro del trayecto. Carpe Diem.

¿Cómo estás?

Esta pregunta sencilla, es a veces muy complicada de contestar, sobre todo cuando no estamos bien, cuando no nos llevamos bien con nosotros mismos.

A lo mejor porque hemos hecho algo mal, a lo mejor por un factor externo que nos hace sentir así (trabajo, familia, etc). A lo mejor por no trazarse un plan de vida coherente, o querer vivir una vida que no necesariamente es nuestra. A veces nuestros sueños nunca se cumplen porque jamás fueron nuestros, sin darnos cuenta, los alquilamos solamente, y en ese caso, luchar por conseguirlos no sirve de mucho, es como estar por un camino que no te lleva a ningún lugar y querer seguir caminándolo, eso más que perseverancia, puede ser imprudencia, o irresponsabilidad. Podemos tener la energía y decisión de mantenernos allí, sin medir bien que no nos lleva a ningún lado.

A veces nos cuesta mucho el reconocer esos errores, los cuales se adueñan de nosotros. El orgullo, el pensar que todo lo que hacemos está bien, nos impiden reconocerlos y enmendar el camino. Solo entendiéndolos y enfrentándolos en su real dimensión, podremos disfrutar de un camino para que el vinimos.

Aunque a veces, debo reconocerlo, hay cosas que nos pasan, que no terminamos de entenderlas, ¿Por qué a mi? ¿Justo ahora tenía que pasarme? Lucho, pero no encuentro la salida, ¿no es un sinsentido?. Estas son las preguntas más difíciles, aquellas que no tienen respuesta. Ante ellas, no hay receta, o no la tengo en todo caso. Como le decía a un amigo, cuando se aparecen estas preguntas, vienen con ellas el miedo, la ansiedad, la tristeza, la melancolía, la frustración, y quisiéramos resetear el cerebro para anularlo, tarea nada fácil, porque nunca pensaba que se podía caer tan abajo, pero fue justamente él, quien me dio una de las claves que mejor me ha funcionado, que es el cuestionarse temas trascendentales.

Así, podríamos preguntarnos ¿Cómo estamos realmente? ¿Qué hemos hecho para estar como estamos? ¿Queremos cambiar, hay alguna manera de hacerlo?¿Cómo van nuestros triunfos y derrotas? ¿Qué hemos aprendido de ambos? ¿Nos han hecho mejores o han sacado lo peor de nosotros?  ¿Nos sentimos fracasados? ¿Distinguimos un error de lo que es un fracaso realmente?

Alvarez de Mon nos sugiere además algunas otras preguntas para momentos de reflexión que vale la pena tenerlas a mano y en la mesita de noche en momentos complicados: “¿Se percibe a sí mismo como un ganador? ¿Cómo un perdedor, aunque nadie lo sepa? ¿En qué nivel de consciencia vive? ¿Piensa sus pensamientos, siente sus sentimientos, o unos y otros, inconscientes, le restan libertad, autonomía y paz? ¿Cuáles son las conexiones profundas entre los actos y acontecimientos de su vida, y las lecturas e interpretaciones que de ellos hace usted? ¿Qué es el éxito? ¿Quién lo define? ¿Qué factor –profesional, social, familiar, personal…– predomina en su respuesta? A futuro, ¿cómo contempla la ineludible posibilidad de perder?¿Qué objetivos se ha trazado en su carrera profesional? ¿Qué metas a corto plazo se ha fijado para lograrlos? ¿Qué dice su agenda al respecto? ¿Qué pasaría si no los consigue? ¿Y si llega allí y no merecen la pena? ¿Cuáles son sus aspiraciones más íntimas? ¿Dónde fija su frontera, donde están sus límites? ¿Qué sueños tiene despierto? ¿Está abierto a la sorpresa, a lo inesperado, la verdad más valiosa suele presentarse de esa manera, o sigue rigurosamente lo planificado en su plan de vida?”

Nada mejor en los momentos complicados, que arroparse con preguntas que te ayuden a pensar, para darle la vuelta a la vida y volver a empezar de nuevo. Es realmente increíble la capacidad que podemos tener de sobreponernos a los mayores embates de la vida y ofrecer nuestra mejor versión.

Cuestionarse, trabajar, estudiar, ganar, perder, triunfar, fallar, son los secretos de una buena vida, de una vida buena. Que nada ni nadie nos quite la manera de disfrutarla! Los dejo con este video que habla sobre ello, no dejen de verlo!

¿Cómo ser infeliz?

Reflexionaba sobre las veces que intencional e inexplicablemente realizamos cosas que nos harán infelices. Increíble pero cierto.  Paradojas de la vida, a veces justamente para ser realmente feliz hay que haber sufrido una gran pena. No podemos brillar, si no identificamos la sombra. Dicen que un cuadro todo lleno de luz,  sin sombras no es una pintura real, es un garabato. El hombre, por naturaleza es paradójico, lo demuestra con muchos de sus actos. Por ejemplo, mucha gente cree que porque habla mucho cae simpática y es exactamente al contrario, quien no sabe guardar silencio, no debería hablar. Para aprender a gestionar el silencio, nada mejor que la soledad, la otra cara de la compañía. Quien no sabe estar solo, generalmente acaba mal acompañado.

Hace unas semanas, Harvard Business Review escribió un artículo relacionado a este tema en el que comentaban que es lo que nos hace ser infelices.  Y es que muchas veces es mucho más fácil ser infeliz que feliz. Nuevos estudios ofrecen una serie de consejos para el genuino descontento. He aquí algunos de los comportamientos mencionados en el  artículo que maximizan la infelicidad:

Ríndete: Acepta que no puedes cambiar tu realidad. Vive en la complacencia y rehúsa luchar por algo mejor.

Compara tu vida con la de otros: Es la raíz de muchas miserias. Juzga tu éxito basado en el de otras personas, especialmente otros que tienen otras experiencias distintas a la tuya. Hazlo seguido, siempre buscando un nuevo ídolo o competidor en el cual tu ideal de infelicidad descansará.

Busca la felicidad solo al final, no en el camino: No celebres pequeños éxitos, y nunca te pares a reflexionar sobre lo lejos que has llegado, simplemente continua haciendo lo mismo que los demás, nunca te cuestiones.

Deja que otros marquen la agenda de tu vida: no tengas responsabilidad sobre tus horarios o preferencias, déjate llevar por lo que los demás quieren que seas.

Permite que otros determinen tus valores y prioridades. No tengas un punto central para tu vida, déjate llevar por el viento .

Déjate llevar por la rutina. El stress es malo, busca llevar tu vida sin esfuerzos, sin cambios y tan relajada como sea posible.

Se pesimista y contágialo a los que te escuchen. Explícales que el mundo es malo y que no puedes hacer nada para cambiarlo. Bonus point: Esta practica además permite contribuir con la infelicidad de otros.

Enfócate solo en ti mismo: Nunca perdones. Mira y saca lo peor de cada persona. 

Compra cosas que no necesites o no puedas pagar: Cuando compras cosas que no quieres, te mientes a ti mismo pensando que con eso superarás tu infelicidad, se acabará por unos minutos, luego volverá. Y si gastas lo que no tienes, aumentas tu deuda, lo cual te limita a adquirir otras cosas que si hubieses querido.

Aprendiendo de nuestros errores

Hoy les traigo un extracto de un gran artículo de Santiago Alvarez de Mon, brillante profesor del IESE, sobre la diferencia entre errar y fracasar, no es lo mismo, y según él, quien se confunde y maneja los dos términos como sinónimos, comete un error gravísimo.  Nos dice: “El error es un modo más de hacer las cosas, como el acierto.  El fracaso precisa de una interpretación interior que transforma esa equivocación en fuente de descalificación y reproche.  El fracaso es un error al que se enchufa una cd mental que repite una canción triste, pesarosa e implacable. «Que desastre, no sirves para nada, qué malo eres, nunca llegarás a ningún sitio…», no son expresiones de una persona humilde e inteligente que va aprendiendo a gobernarse a sí misma, sino pensamientos y sentimientos que hablan de una mentalidad rígida, tensa, soberbia e inmadura. 

 Un deportista que ha desplegado su mejor juego pero que ha perdido con un oponente excepcional es tildado de fracasado.  Lo peor es que él mismo interioriza así el partido.  Ha corrido, ha sudado, ha aprendido, hasta ha llegado a disfrutar fases de match, ha cobrado unos honorarios más que decentes, y la resolución final es que ha fracasado. «Soy un perdedor», musita cabizbajo en su camino hacia los vestuarios.  En lugar de una ducha caliente y reparadora, se inflige a sí mismo un jarro de agua fría.  Lamentable error, penosa confusión.

 Entendido el error, erradicada la idea de fracaso, se está en condiciones de afrontar las adversidades de la vida, experiencias desequilibrantes que amagan con romper nuestro equilibrio y estabilidad.  La adversidad es una escuela inmisericorde, o te arrastra por el fango del rencor y la autocompasión, o te envuelve y transporta a un paraje incomparable y libertador. 

 Tal Ben-Shahar, el profesor cuyo curso fue el más solicitado el año pasado en Harvard, habla desde su propia experiencia.  Campeón de squash en Israel, aspirante frustrado a serlo del mundo, también sus primeros años de Bachelor en Harvard estaban dominados por la necesidad perentoria de sacar A, ni siquiera B era aceptable.  Más adelante enriquece su planteamiento con la declaración de una escritora muy famosa, J.K. Rowling, autora de los libros de Harry Potter.  Donde ella hablaba de failure, yo traduzco error.  «El fracaso me dio una seguridad interior que nunca me dieron los aprobados de mis exámenes.  El fracaso me enseño cosas de mí misma que no hubiera podido aprender de otra manera.  Descubrí que tenía más voluntad y disciplina de lo que pensaba.  La evidencia de que los contratiempos emerges más sabia y fuerte significa que estás capacitado para sobrevivir.  Nunca acabarás de conocerte, ni tampoco la fortaleza de tus relaciones y amistades, hasta que no sean probadas por la adversidad».

 Como vemos, lo importante no es no cometer errores, sino aprender de ellos y reaccionar rápidamente.

El error, la cara oculta del aprendizaje

A continuación he resumido uno de los capítulos del libro “La lógica del corazón” de Santiago Alvarez de Mon en la que habla sobre el error y nos brinda aportes interesantes.

“Tener razón es un objetivo pobre para personas hambrientas de saber, ganar un argumento es una meta modesta para gente ambiciosa. Si cada encuentro humano lo enfocara con el ánimo de aprender, errar o acertar serían verbos irrelevantes.

El fundador de Honda Soichino dice: Para mi, el éxito solo puede ser conseguido por medio del error repetido y  de la introspección. De hecho, el éxito representa el 1% de un trabajo que consta de un 99% de lo que llamamos fracaso”.

Veamos el camino de Abraham Lincoln a la casa blanca, no precisamente jalonado de victorias fáciles.

Fracasó en un negocio en 1831

Derrotado en la Asamblea Legislativa en 1832

Fracasó en un segundo negocio en 1833

Sufrió una crisis nerviosa en 1836

Fracasó como orador en 1838

Derrotado como candidato en 1840

Derrotado para el congreso en 1843

Derrotado para el congreso en 1848

Derrotado para el Senado en 1855

Derrotado para Vicepresidente en 1856

Derrotado para senador en 1858

Elegido presidente en 1860

Este círculo de errores se llama perseverancia, solamente en sus dominios se puede manejar el error.

En versión empresarial, Young comenta el caso de Goyzueta, famoso presidente de Coca Cola: “En el momento en el que tu motivación fundamental es evitar los errores estás camino a la inactividad. Solo tropiezas si te mueves” y el de Steve Jobs y Steve Wozniacks. Cofundadores de Apple Computer: “Su ordenador personal y su ofrecimiento de trabajar fue rechazado tanto por HP como por Atari” En el ámbito deportivo, es ilustrativo el ejemplo del conocido entrenador de básquet Rick Pitino. “Esta bien equivocarse, es como un fertilizante. Todo lo que se sobre el coaching lo he aprendido de mis errores.

No le preocupa el error, viejo amigo de la infancia y madurez, sino lo que se hace con él, como se reacciona a sus susurros y lecciones. Si uno no se abre humilde y confiando en sus exigentes arrullos, la consecuencia en forma de despido, es mucho más dolorosa. Con el error, comprensión, trabajo y humor. Con la negación desleal y autoprotectora del mismo, tolerancia cero.

Mr K decía que cuando ganamos un partido, no significa que todo hay ido bien, Cuando perdemos, tampoco quiere decir que todo lo hayamos hecho mal. A veces, una derrota puede ser una victoria. Si un equipo juega al límite de sus posibilidades y roza el triunfo, ¡Se puede decir que ha perdido? Pienso que no. Creo que cualquier equipo que saca lo mejor de si es un triunfador. Si constantemente miramos si ganamos o perdemos para ver si lo estamos haciendo bien, no estamos utilizando el barómetro correcto”.

 ¿Qué ha aprendido de los errores?

El peor error es estar detenido y pensar en los pasados errores. Sólo hay que ver atrás para aprender y corregir. Yo me he equivocado mucho en mi vida.