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Libros que no se pueden dejar de leer

Es siempre complicado el tratar de comunicar una idea completa si es que solo se lee un artículo. En este blog suelo comentar, escribir o resumir de otros autores ideas que me ayudan (y espero que los ayude a ustedes) a vivir mejor, sin embargo, el espacio es muy corto.

Es por ello que para todos los que quieren profundizar en dichos temas, he querido esta semana hacer un resumen de los mejores libros que he leído en mi vida. No los he colocado en ningún orden de prioridades. Una de las cosas que más disfruto es leer, a los que no tienen el hábito todavía, prueben con uno de estos, y les aseguro que no pararán hasta terminarlos. Son adictivos!

Felicidad / Adversidad

  1. Desde la adversidad, Santiago Alvarez de Mon
  2. El hombre en búsqueda del sentido, Victor Frankl
  3. Happier, Tal Ben Shahar
  4. Engineering Hapiness, Manel Baucells

Competencias Directivas

  1. Influence, Robert Cialdini
  2. La lógica del corazón, Santiago Alvarez de Mon
  3. Gobierno de personas en la empresa, Pablo Ferreiro
  4. El mito del líder: Santiago Alvarez de Mon
  5. Triunfar, Jack Welch
  6. Dueños de nuestro destino, Nuria Chinchilla
  7. Con ganas, ganas, Santiago Alvarez de Mon

Vida personal

  1. Como ganar amigos, Dale Carnegie
  2. Como suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida, Dale Carnegie
  3. Camino, San Josemaría Escriva de Balaguer
  4. Las trampas del deseo, Dan Ariely
  5. Decisiones Instintivas, Gerd Gigerzenger

Amor conyugal y formación de padres

  1. Remedios para el desamor, Antonio Vasquez
  2. Más allá del si, te quiero, Anival Cuevas
  3. El desafío del amor, Kendrick
  4. Y vivieron felices, Tomás Melendo

Porqué nos gusta hacer cosas, pero no cuando nos pagan por ello

 Esta semana he hecho un breve resumen de uno de los capítulos del libro “Las trampas del deseo” de Dan Ariely, en el que habla de la importancia de las normas sociales. “Hay numerosos ejemplos que muestran que la gente se esfuerza más por una causa que por el dinero. La gente está dispuesta a trabajar gratis,  y también está dispuesta a trabajar por un salario razonable; pero ofrézcales una paga mediocre y se darán la vuelta. Los regalos también resultan eficaces en el caso de los sofás, y ofrecer a la gente un regalo, aunque sea pequeño, es suficiente para conseguir que te ayuden; pero mencione lo que le ha costado el regalo, y verá cómo le dan la espalda antes de que tenga tiempo de decir “normas mercantiles”

El dinero resulta ser con mucha frecuencia la forma más cara de motivar a la gente. La normas sociales no sólo son más baratas, sino que a menudo resultan también mas efectivas.

 

Probablemente existen numerosas situaciones en las que los adolescentes sencillamente no son capaces de controlar sus propias emociones. Una estrategia mejor para quienes desean garantizar que éstos eviten el sexo consiste en enseñarles que deben apartarse del fuego de la pasión antes de hallarse lo bastante cerca como para ser atraídos por él. Puede que aceptar este consejo resulte difícil, pero nuestros resultados sugieren que para ellos es más fácil combatir la tentación antes de que surja que después de verse atraídos hacia ella. En otras palabras: evitar completamente la tentación es más fácil que luchar contra ella. 

La segunda rareza es que prestamos más atención a lo que podemos perder que a lo que podernos ganar. En consecuencia, a la hora de poner precio a nuestro querido carro TICO, pensamos más en lo que perderemos (el uso del cacharro) que en lo que ganaremos (dinero para comprar otra cosa). Y de ahí que lo pongamos a la venta a un precio elevado y poco realista. Del mismo modo, el dueño de la entrada presta atención sobre todo a la pérdida de la experiencia del partido de baloncesto, en lugar de imaginar el disfrute derivado de obtener dinero o de lo que puede comprarse con él. Nuestra aversión a la pérdida es una emoción fuerte, y una emoción que a veces nos hace tomar malas decisiones. ¿Se pregunta el lector por qué nos negamos a vender algo de nuestro preciado montón de trastos viejos y, cuando lo hacemos, le atribuimos un precio desorbitado? A menudo es porque ya estamos lamentando su pérdida.

La tercera rareza es que suponemos que los demás verán la transacción desde la misma perspectiva que nosotros.

 

Mantener las puertas abiertas

Por qué las opciones nos distraen

de nuestro principal objetivo

 

Tenemos una compulsión irracional a mantener las puertas abiertas. Así es como estamos hechos. Pero eso no significa que no debamos intentar cerrarlas. Piense en este episodio de Lo que el viento se llevó: Rhett Butler dejando a Scarlett O’Hara, en la escena en la que ella se aferra a él y le suplica: “¿Qué será de mí? ¿Adónde iré yo?”. Rhett, que ha tenido que aguantar demasiado de Scarlett y que finalmente se ha hartado de ella, le responde: “Francamente, querida, me importa un bledo”. No es casualidad que esta frase de la versión cinematográfica de la novela de Margaret Mitchell haya sido votada como la más memorable de toda la historia del cine. Es su categórica manera de cerrar una puerta lo que le proporciona su generalizado atractivo. Y debería servirnos a todos de recordatorio de que tenemos puertas —pequeñas y grandes— que deberíamos cerrar.

Debemos deshacernos de los comités que no representan sino una pérdida de tiempo, y dejar de enviar tarjetas de felicitación a personas que se han mudado a vivir otras vidas con otros amigos. Hemos de determinar si realmente tenemos tiempo para ver partidos de baloncesto, jugar al golf y al squash, y mantener unida a nuestra familia; tal vez deberíamos dejar atrás esos deportes. Son puertas que debemos cerrar porque nos roban energía y capacidad de compromiso con otras que sí deberían quedar abiertas; y también porque acaban por volvernos locos.

El efecto de las expectativas, por qué la mente obtiene lo que espera

En su libro, “Las trampas del deseo” Dan Ariely escribe sobre cómo controlar los impulsos que nos llevan al error y hace un resumen bien interesante que habla sobre nuestras expectativas. Así pues, cuando creemos de antemano que algo será bueno, en general resultará serlo; y cuando creemos que será malo, resultará ser malo. Pero ¿cuán profundas son esas influencias?

 Ariely nos dice: “¿Las influencias se limitan a modificar nuestra creencia con respecto a una experiencia determinada, o modifican también la psicología de la propia experiencia? En otras palabras: ¿puede el conocimiento previo modificar realmente la actividad neural que subyace al propio sentido del gusto, de tal modo que, cuando esperamos que algo nos sepa bien (o mal), real y verdaderamente nos sabe así?

 Como ve, las expectativas pueden influir en casi todos los aspectos de nuestra vida. Imagine que tiene que contratar a una empresa de catering para la boda de su hija. La Cocina de Josefina publicita su “delicioso pollo con jengibre al estilo asiático” y su “sabrosa ensalada griega con aceitunas kalamata y queso feta”, mientras que Sensaciones Culinarias le ofrece una “suculenta pechuga de pollo ecológico asada en su punto y regada con una demi-glace de merlot, sobre un lecho de cuscús israelí a las finas hierbas” y una “mélange de tomates cherry con delicias verdes de la huerta, rodeada de un cálido círculo de chèvre en afrutada vinagreta de frambuesa”.

 Aunque no hay forma de saber si la comida de Sensaciones Culinarias es mejor que la de La Cocina de Josefina, la retórica de la descripción de los platos puede llevarnos a esperar algo más que una simple pechuga de pollo y una ensalada de tomate y queso de cabra. Ello, en consecuencia, incrementa también la posibilidad de que nosotros, o nuestros invitados, si les damos la descripción de los platos, nos deshagamos en alabanzas sobre ellos.

 Este principio, que tan útil les resulta a las empresas de catering, está al alcance de cualquiera. Podemos añadir pequeñas cosas que suenen exóticas y modernas a nuestra cocina (en Estados Unidos, por ejemplo, parecen estar en pleno auge las salsas de chipotle y mango, o la moda de servir búfalo en lugar de ternera). Puede que esos ingredientes no mejoren realmente el plato en una cata a ciegas; pero su conocimiento previo, al modificar nuestras expectativas, puede influir de manera eficaz en nuestra percepción del sabor del plato.

 Pero las expectativas, obviamente, no se limitan a la comida. Cuando invite a alguien a ver una película, puede aumentar su disfrute mencionando que ha tenido muy buenas críticas. Esto también resulta esencial a la hora de labrar la reputación de una marca o un producto determinados. De eso precisamente trata el marketing: de proporcionar información que aumente el placer esperado y real de alguien.

 Lo que nos enseñan todos estos experimentos es que las expectativas son algo más que la anticipación del estímulo de un burbujeante vaso de Coca-Cola. Las expectativas nos permiten dar sentido a una conversación en una sala llena de ruido aunque se pierde una palabra aquí y allá; o, del mismo modo, poder leer mensajes de textos en nuestros móviles pese a las abreviaturas que normalmente sustituyen a toda una serie de palabras. Y aunque las expectativas pueden hacernos parecer necios de vez en cuando, también nos resultan tan útiles como potentes.”