Archivo de la etiqueta: competencias

Desnudando a los mentirosos

En su libro, “59 segundos, piense poco para lograr mucho”, Richard Wiseman, dedica todo un capítulo a este tema. Resumiendo las partes más importantes de dicho capítulo: “Para detectar con éxito las mentiras, deshazte de los mitos sobre el comportamiento que rodean la hipótesis de la ansiedad y busca indicios que suelen relacionarse con alguien que piensa detenidamente. Olvídate de la idea de las palmas sudorosas, los movimientos y la falta de contacto visual, busca a una persona que, de repente, está más quieta y hace menos gestos.

 Además, aprende a escuchar. Estate atento a una disminución súbita de los detalles, a un aumento de las pausas y a la vacilación, o a una repentina ausencia de las expresiones yo, mío y a mí, y a un aumento de los su y suyo.

 Si, de repente, alguien empieza con evasivas, presiona para que te dé una respuesta directa. Para ayudar a localizar posibles cambios, intenta establecer o que los investigadores llaman una “base de referencia sincera”. Antes de hacer preguntas que puedan dar lugar a respuestas engañosas, empieza con las que crees que se contestarán con sinceridad. Durante dichas preguntas iniciales, intenta comprender cómo se comportan cuando son sinceros, observando su lenguaje corporal y escuchando lo que dicen. Después, durante las respuestas a las preguntas más peliagudas, busca los cambios de comportamiento que he mencionado antes.

 Los resultados revelaron que había mentiras en el 14 % de los correos electrónicos, el 21% de los sms, el 27% de las conversaciones y el 37 % de las llamadas telefónicas. Según Hancock, somos  más reacios a mentir en los correos electrónicos porque quedan registrados, así que nuestras palabras podrían volver para atormentarnos.

 

Cualidades necesarias para ser exitoso

Esta semana les traigo un extracto de la entrevista que le hicieron recientemente a Santiago Alvarez de Mon, uno de los referentes mundiales en temas de liderazgo y profesor del IESE de España.

-Como autor de numerosos libros sobre liderazgo, ¿qué cualidades debe tener un buen líder?

-Muchísimas cualidades. La primera, humildad para abrir los ojos, tener una mente flexible y un corazón humilde, para estar en contacto con la realidad. Hay que tener una mirada ingenua -entiéndase ingenua por cándida y virgen- y, a partir de ahí, talento para entender los retos planteados, talento para apoyarse en el talento. El problema de la mediocridad es que busca la mediocridad; en cambio, el talento invita al talento. Al respecto, no hay que tener carácter, el carácter sólo para tomar decisiones, a veces ingratas, para asumir responsabilidades, para no c
creerse el éxito cuando te visita, para levantarte cuando tropieza.

-¿Qué entiende usted por talento?

-El talento requiere esfuerzo, trabajo y disciplina. A mí siempre me gusta decir que «lo que la naturaleza no da, Salamanca no lo presta». No conozco a nadie que no tenga talento, pero sí conozco a mucha gente que está desubicada.

-¿Se puede hacer algo excepcional sin involucrar al corazón?

-No, creo que no. Ya lo dijo el matemático Pascal, «el corazón tiene razones que la razón no entiende». La razón en su cumbre, en su cúspide, es prudente y humilde e invita al corazón, porque sabe que, al final, es el que da el toque mágico, ese toque de distinción. Hay cosas indispensables que pertenecen al ámbito del corazón y, como dijo ‘El Principito’, «lo esencial es invisible a los ojos, sólo se puede ver con el corazón».

-¿Cuál es el ingrediente clave para conseguir el éxito tanto personal como profesional?

-El ego al trabajo. No conozco a nadie que haya conseguido el éxito sin trabajo, constancia y paciencia. La humildad también es importante, para que, cuando llegue el éxito, no creérselo demasiado, asumir los errores e identificar el fracaso. También son importantes los valores, como la integridad, la bondad, la amistad

En cuanto a las consecuencias de esa capacidad de decisión, marcó la diferencia entre errar y fracasar. En el primer caso, considera que se trata de cometer una equivocación, mientras que el segundo añadiría un cambio en nuestro mapa mental que nos hace dejar de creer que “hemos fracasado para pensar que somos unos fracasados”. “Si te dejas la piel, movilizas tu talento, llegas exhausto y has perdido tras dar lo mejor, ¿has fracasado?”, se preguntaba. “Para un emprendedor no existe el fracaso; el problema es que tenemos miedo al error y al fracaso y, o recuperamos una relación fácil, fluida y humilde con el error o truncamos lo que es necesario para entrar en el mercado, que está complicado”.

¿Cuál es la fórmula del éxito?

Hay que definir primero que es el éxito para ti. Si dejas que los demás definan tu éxito estás mal, ya que perseguirás el éxito de otros. Es algo que tienes que definir tu mismo, no es igual al éxito exterior.

Nada se improvisa, la espontaneidad es hija de la disciplina del esfuerzo. Si das lo mejor, puedes haber perdido, pero no fracasado, esa palabra no existe para mi.

¿Algún comentario adicional?

Hay que desarrollar tus talentos mediante el esfuerzo, la ilusión y el trabajo. La gente se aferra a algo que no existe que es la seguridad. Hay que gobernar esa vida incierta.
Nos peleamos con la realidad. La vida es incierta. Tenemos mucho más preguntas que respuestas. El hombre busca respuestas y tropieza con preguntas. El futuro no pertenece a la gente dogmática e insegura que necesita fórmulas mágicas sino que se adentra , que acepta la incertidumbre y a partir de allí trabaja. La vida no es un problema a resolver sino una aventura a disfrutar, de ti depende escoger como la veas. El partido interior es el que importa, si lo jugamos con nosotros o contra nosotros.

La Fortaleza y su verdadero significado

Acabo de ver la película “El efecto mariposa”, entretenida, aunque con un mensaje muy profundo que lo recibes casi al final de la película. Se trata de un chico que tiene la capacidad de volver al pasado para cambiar su historia y rehacerla varias veces hasta que le guste. Se da cuenta que en esta vida, no hay alegrías sin sufrimiento, ya que en ninguna situación podrá ahorrarse la adversidad, sin embargo, se da cuenta lo importante que es tener la valentía de decir que no a secas a alguna situación cuando recién estás empezándola, si de arranque sabes que no te llevará a buen término.

Al respecto, se me vino a la mente un artículo escrito por José Ricardo Stock, en el que, refiriéndose a la fortaleza, cita a un gran filósofo y directivo, Carlos Llano, recientemente fallecido, “la fortaleza nace en la mente y vive a partir de un centro medular de ideas y convicciones inalterables, que generan una poderosa motivación capaz de superar todos los obstáculos. Nunca existirá capacidad para atacar y para resistir -actos fundamentales de la fortaleza- si no hay convicciones fuertes. Un hombre sin un núcleo esencial de principios es siempre pusilánime, medroso, débil. La fortaleza se mide, pues, en primer lugar por la consistencia de las ideas. Las personas sin carácter -los hombres de barro- no deciden; viven en la voz pasiva de los verbos, son manipuladas, determinadas, plasmadas, por las circunstancias. Nada más antipático, sin duda, que una falsa fortaleza, manifestada en una actitud mental intolerante, inflexible, arrogante o dura. Pero también nada más lamentable que un hombre hecho de nata, con el cerebro flojo de una criatura sin contornos, como una ameba, siempre dependiente del medio en que vive”.

Completamente de acuerdo con esa definición, sin embargo, el tenerla es la primera parte, quizá la segunda, algo más complicada, es el contagiarla en tu equipo. Se me vienen a la mente las declaraciones de un brillante director de orquesta, Stone Sander, que dice lo siguiente: “Después de casi 20 años dirigiendo, de repente me di cuenta que el Director de orquesta no emite ni un solo sonido. Su foto puede aparecer en la portada de l CD pero no es significativo. Su poder real deriva de la habilidad de hacer fuertes a otros. Me empecé a hacer preguntas del estilo “al equipo, ¿qué le hace sentirse vivo y comprometido? En lugar de ¿cómo soy de bueno?” Tan palpable fue el cambio de mi visión personal de lo que es dirigir, director silencioso, que los músicos empezaron a preguntarme, “qué te ha pasado”. Antes, mis principales preocupaciones tenían que ver con si el público iba a apreciar mi interpretación y, para ser honestos, con la opinión de los críticos. Si a ellos les gustaba, se abrían oportunidades para éxitos mayores. Para llevar a cabo mi trabajo, parecía que todo lo que tenía que hacer era que los músicos sonaran bien, enseñarles mi interpretación y hacer que acataran mi visión musical. Ahora, a la luz de mi descubrimiento, he empezado a cambiar el foco y centrar mi atención en esforzarme por permitir a los músicos tocar cada línea de la mejor forma de la que son capaces. De eso va el liderazgo y la fortaleza, de dar pequeños, pacientes, anónimos y decididos pasos para alcanzar una tierra lejana, acogedora y abierta. En ella el mitin y la demagogia no encuentran ningún eco. El silencio sonoro de los hechos les ponen en evidencia.”

Competencias directivas para el profesional del futuro/ Primera parte

¿Hoy en día bastará ser un genio en números o el vendedor estrella para surgir y ascender en un trabajo? Definitivamente no. Actualmente se toman en cuenta otras habilidades y valores cuyo impacto en los resultados es mayor.

 Comencemos por definir cual es el principal deber de un profesional, y es el estar en contacto y entender la realidad. La realidad de sí mismo, de su familia y de su trabajo. Aparentemente muy sencillo, pero no lo es. Cuantos gerentes hay técnicamente brillantes pero que sin embargo, no supieron anticiparse o reaccionar a la crisis por no entender bien el contexto, cuantos hay que se enfocan en grandes negocios y no se percatan de la realidad de su equipo cercano de trabajo que está muy descontento y rindiendo al 50%, o simplemente cuantos son workaholics y no se percatan de que al final tendrán mucha plata pero pagar el divorcio.

Sin ánimos de extrapolar ningún modelo personal, comencemos por definir que habilidades son las más relevantes para cualquier profesional. Obviamente no pretendo ahondar en ninguna de ellas porque el espacio no lo permite sino únicamente mencionar con una breve explicación las principales y darles algunas ideas concretas para conseguirlas.

Una de las más importantes es la inteligencia emocional, aquella habilidad a través de la cual, reconoces tus emociones, las controlas, identificas las de la otra persona y generas empatía con ella. En un trabajo no asciende el ratón de biblioteca que toda su vida fue número uno de su clase, sino más bien aquel que obviamente fue un buen estudiante, dedicado, pero que en su vida laboral supo cultivar virtudes como la amistad, el ser amigo de sus amigos, entender lo que necesita la empresa, lo que necesita tu equipo de trabajo, persuadir, generar empatía, tener un buen carácter. Muchas veces para viajar de la prédica al compromiso real, el carácter es la pieza más valiosa de nuestro equipaje, es la que traza finalmente los límites entre los que hacen algo transformando la realidad y los pesimistas que se quejan de todo.

Otra competencia que marca la diferencia es la capacidad para tomar decisiones. Y para ello, es necesario tener el criterio suficiente para identificar cuando priorizar la decisión con el corazón y cuando con la cabeza. Al respecto decía Santiago Alvarez de Mon, brillante profesor del IESE que tuve la suerte de escuchar: “El corazón no solo es la sede de los sentimientos, sino también la sede de la inteligencia. El arte de dirigir necesita de un corazón inteligente que incorpore a sus latidos y vibraciones los recados de la razón. Una razón sensible y un corazón inteligente se solicitan el uno al otro. Probablemente este sea el rasgo más notable de una persona serena. En ella se da una armonía inefable entre razón y corazón, tal vez porque este es quien gobierna. En todo lo que hagas pon el corazón, tan falto y escaso en tantas empresas y carreras profesionales. El corazón inteligente escucha atentamente a la razón, le agradece sus consejos y advertencias, pero no está dispuesto a dejar de vibrar y volar muy alto. No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos, decía Antoine de Saint Exupery en El Principito.”

Quizá una de las competencias que más se ha necesitado con la crisis del pasado año fue la resiliencia, que es la capacidad para soportar golpes y fracasos y salir fortalecido. En contextos de crisis, se necesita profesionales que se automotiven y que si se caen se levanten rápidamente. Las empresas no buscan al infalible porque este tipo de ejecutivos cuando cae es muy complicado que se levante rápido, su ego no lo deja, sino por el contrario, se busca a aquellos que actúen rápidamente cuando se caigan, que no se paralicen, y que sobre todo aprendan de sus errores y puedan afrontar situaciones nuevas con ese aprendizaje.

Rosa García, Ceo de Microsoft en España nos dice: “Yo cometo muchos errores y muchas veces. Mi filosofía es la siguiente: afronta tus equivocaciones, aprende y sigue adelante. Lo que no hago, ni le permito a mi gente, es ocultar los fallos. Si en mi compañía un colaborador, en lugar de reconocer un error y poner las vías para solucionarlo intenta taparlo, es motivo de despido. No sólo se está engañando él, sino también nos engaña al resto y puede provocar un problema grave en la compañía.” Su filosofía claramente está enfocada en tener comprensión con los errores pero tolerancia cero con la mentira y el encubrimiento de malas acciones.

Las cualidades de un ganador en la vida

Javier_Villa_primer_ganador_espanol_GP2Comparto con ustedes, el resumen de un artículo de Jack Welch, Ex Presidente de General Electric publicado en The New York Times y Semana Económica recientemente acerca de lo que es necesario tener para ser un ganador:

 “Contratar gente buena es difícil. Pero para ser ganador no hay nada más importante que contar con la gente adecuada. Cuando se está valorando a los candidatos para un empleo hay cuatro características realmente importantes:

 1. Autenticidad: ¿Por qué? Es simple, Una persona no puede tomar decisiones difíciles, tener un puesto poco popular o defender lo que cree a menos que él mismo se conozca y se sienta cómodo con su postura. Estoy hablando de la confianza en si mismo y convicción.  Cuando trabajé en General Electric, ocasionalmente nos encontrábamos con un ejecutivo muy exitoso que simplemente no podía ser promovido al siguiente nivel. Esos ejecutivos demostraron valores correctos y lograban las metas, pero normalmente sus trabajadores no se conectaban con ellos.

¿Cuál era el problema? Finalmente descubrimos que esos ejecutivos siempre tenían cierta falsedad. Pretendían ser algo que no eran: más controladores, más alegres, más astutos. No sudaban, no lloraban. Se retorcían en su propio ser, actuando un papel inventado por ellos mismos.

2. Capacidad para prever lo inesperado: En el mundo empresarial, los mejores líderes en ambientes brutalmente competitivos tienen un sexto sentido para percibir cambios en el mercado y las acciones de la competencia existente y recién entrante. De cierta forma, un ganador, debido a su intuición y astucia, podía ponerse en los zapatos de la personas con la que negociaba, y eso le permitía predecir cada jugada en una negociación. Nunca nadie estuvo cerca de ganarle la partida –porque sabía lo que pensaba su adversario antes que el propio adversario lo supiera-.

3. Rodearse de gente mejor que uno mismo: Cada vez que teníamos una crisis en General Electric, rápidamente se reunía un grupo integrado por la gente más inteligente y valiente que podía encontrar en cualquier nivel de la empresa y algunas veces de fuera. Me aseguraba de que todos abordaran el problema desde un ángulo distinto, y después hacía que todos nos empapáramos de información mientras trabajábamos para solucionar la crisis.

Un buen líder tiene el coraje de ensamblar un equipo que algunas veces lo hace ver como la persona más tonta de la sala. Se que esto suena contraintuitivo: se quiere que las cabezas sean los más inteligentes, pero si usted actúa como si lo fuera, no obtendrá ni la mitad de retroalimentación que debe obtener para tomar las mejores decisiones.

4. Resiliencia: Todo líder comete errores: todo líder tropieza y cae. La pregunta para un líder de alto rango es si él o ella aprende de sus errores, se reagrupa y sigue andando con nuevo paso, convicción y confianza.

 El mundo empresarial global de la actualidad va a tumbar del caballo a cualquier gerente más de una vez. Los líderes deben saber cómo subirse a la silla otra vez.

Radiografía del profesional exitoso

Una de las preguntas que más suelo hacerme y a la vez responder en mi trabajo es sobre las cualidades que debería tener el profesional exitoso. Y es que hace pocos años el perfil que se pedía era completamente distinto al de ahora. Antes bastaba con terminar en una universidad o instituto de cierto prestigio y tener experiencia. Al poco tiempo, se exigía también además un post grado llámese Maestría o especialización en algún campo en especial. Pero resulta que ahora, ya hay muchos que cumplen con ese perfil, y las empresas se han vuelto más exquisitas para reclutar personal.

 

¿Qué más se pide hoy en día? Que el profesional tenga habilidades o competencias y valores. En cuanto a las competencias, las hay de muchos tipos, pero para efectos prácticos las clasificaré en dos, las personales y las sociales. Las personales se refieren a la capacidad de las personas para tomar decisiones, saber negociar, liderazgo y pensamiento estratégico (ver el panorama completo, a mediano y largo plazo). Si no saben que significa cada una de estas cosas, con gusto pueden escribirme comentarios y puedo enviarles artículos o libros relacionados o bien pueden buscar en Google, ya que además todo esto les servirá para su vida personal y familiar, más allá de su vida laboral. En relación a las competencias sociales las más importantes que las empresas piden son el manejo de conflictos, trabajo en equipo e inteligencia emocional. La relación con los demás es muy importante, ya sea con compañeros de trabajo, subordinados o jefes. Muchas veces se tiende a pensar que el jefe tiene que tratar como capataces al equipo que tiene a cargo para imponer respeto. Nada más falso. Un jefe que dice que es el jefe es una mala señal, implica que el liderazgo en ese jefe ya está por los suelos.

 

Por otro lado están también los valores. Deben ser personas íntegras, de una sola pieza.  Que no trabajen por trabajar, sino que ese trabajo trascienda, tenga motivos más allá de ganar dinero. Hicieron una encuesta en España hace poco en la que le preguntaron a los empleados que le pide al trabajo. Y las respuestas más saltantes fueron independencia económica, posibilidad de expresar su talento, y que los deje vivir de Sábado a Domingo. ¿Por qué la gente se ha acostumbrado a eso? Con esa forma de pensar ven al trabajo como un castigo, cuando es el lugar donde pasan la mayor parte de su tiempo, por ende lo más inteligente debiera ser buscar enamorarse del mismo para disfrutar lo que hacen.

 

Dejaré que esta pregunta sobre como es el profesional exitoso de hoy en día la conteste también Santiago Álvarez de Mon, uno de los principales profesores IESE de España, actualmente considerada como una de las tres escuelas de negocios más prestigiosas del mundo, en una reciente entrevista que le hicieron.

 

“El profesional exitoso debe ser un experto en el tema que maneja, tener capacidad de expresión, ser una persona íntegra, honesta, con carácter, que sea capaz de gestionar la impopularidad de decisiones correctas pero a veces difíciles de tomar. Si no lo es, le hace la vida bastante miserable a los que le soportan y trabajan con él todo el día.  Apasionados por su trabajo y que pasen la página del éxito con rapidez.

 

Con 2 o 3 ideas muy claras, los cimientos morales son intocables, con raíces familiares muy fuertes, aunque también los hay quienes vienen de familias rotas pero hicieron ganancia, la adversidad la mudaron en abundancia.

 

Uno de los valores principales que debe tener es la humildad. Es un valor que maneja bien el error y maneja bien el éxito. La humildad está educada en el aprendizaje. Te abre la mente. Estas personas cuando se han equivocado alzan el vuelo y siguen caminando. Y cuando parece que les van bien las cosas no se lo creen demasiado. (El torpe es el que cree que nunca se equivoca. El inteligente es el que se da cuenta cuando se equivoca, pero más inteligente cuando lo corrige, y más aun cuando pide disculpas.)

 

Otro es la constancia, la gente grande llega muy lejos porque no sólo está en “el aquí” y “el ahora”. Están pacientemente dando pasos firmes en la dirección correcta. Además es gente curiosa, y quiere rodearse de gente de talento a su alrededor. No se “comparan con”, sino que “quieren aprender de”.

 

Quieren gente brillante a su lado. Y es gente optimista, cuando tienen muchos motivos para ser pesimistas. Eligen el optimismo como mirada vital, justa. Y tienen sentido del humor. Creo que esto es un corolario natural de ser humilde. En lugar de tomárselo a la tremenda, tienen el humor como filtro para vivir. El humor realmente te salva de la depresión. No sólo es gente que cuenta chistes, sino que se ríen de sí mismos. Cobran distancia y perspectivas frente a sí mismos y deciden armar una relación comprensiva, amable con ellos mismos y para ello se requiere del humor. Una vez que te conoces, o te deprimes o te ríes.

 

El sentido del humor es el que te permite manejar el poder y no quedar pegado en sus telarañas, porque liderazgo no es sinónimo de poder. El lenguaje es muy rico, y no porque una persona ocupe el puesto de consejero delegado, de director general o de presidente tiene liderazgo. Tiene el poder, el estatus, pero no la credibilidad, la influencia, el “plus” de influencia del liderazgo. Otras personas tienen liderazgo pero a lo mejor precisamente por tenerlo no lo ven reconocido por cuotas de poder. ¿Cuánto poder tuvo Gandhi, en algunos pasajes de su vida? ¿Cuánto poder tuvo Mandela en la cárcel, aunque luego fuera pesidente de Sudáfrica? ¿Cuánto poder tenía Lincoln? Iba recogiendo errores tras errores, fracaso ras fracaso hasta llegar a la presidencia.

 

Toda esta gente son curiosamente seres sociales, solidarios y expansivos pero que manejan muy bien su soledad. El liderazgo tiene que ver con gente que se rodea de gente competente, influye sobre sus colaboradores pero también sabe estar en soledad. El drama del hombre moderno es que no sabe estar solo.

 

Con respecto al humor, si el liderazgo es un proceso de transformación, de liberar la energía y el talento de los seres humanos a los que se dirige, sí tiene que ver con institucionalizar los procesos de aprendizaje; dada nuestra condición humana, nuestra fragilidad y vulnerabilidad, siempre habrá errores. ¿Cómo manejo el error, para que sea una fuente de aprendizaje? El humor es el que te evita caer en la desesperanza, el que te evita deprimirte, el humor es el que te permite no dimitir. Creo que el liderazgo es un encargo universal que nos afecta a todos. El liderazgo es también el liderazgo de un ama de casa modesta, el liderazgo de un maestro que te hace perder el miedo a las matemáticas, el liderazgo de un médico en su consulta, que no sale en los periódicos pero que son ejercicios de influencia sobre el ser humano. Si yo fuera el directivo de una empresa, lo que me agradaría hacer es asimilarme al jardinero en un ambiente donde las plantas puedan crecer, y donde ellas crecen si tú les dejas.

 

Por último, un buen profesional es aquel que no está acostumbrado y centrado en el winner y el loser. Hoy puedo ser campeón, soy winner y mi ego engorda, pero mañana soy loser y me deprimo. Pero esto no es así, el concepto de éxito tiene que basarse en algo más profundo, en algo más sólido. ¿Quién define el éxito? Si lo define tu lugar en el campeonato te vas a ir a la infamia o a la depresión. Pero si soy yo quien define el éxito, seré ganador siempre. Yo he visto a mi hijo ganar partidos de tenis y le he dicho “Hoy has ganado, pero has jugado al tenis sin disfrutar” Y ha habido veces que se me ha caído la baba y realmente ha ganado el partido. Y él me dice “papá, pero si he perdido” Y yo le respondo “¿Te lo has pasado bien? ¿Has jugado tu mejor tenis, has aprendido? ¡Pues has ganado!”. El partido importante es el que se juega dentro. No estoy diciendo que no seamos ambiciosos y que no queramos ganar el partido, pero es que hay muchos partidos que sólo se pueden ganar con los demás, no contra los demás.”