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Y la vida continúa…

 pusruit%20of%20hapiness%20oopshi%20comNo logro entender aun el concepto de ganar y perder en la vida. “Sale tantas veces derrotado el aparente vencedor”.  Buscamos la felicidad y nos sale al encuentro la depresión, anhelamos la paz y nuestra vida se llena de conflictos internos, apostamos a ganador y quedamos últimos, trabajamos para la excelencia y nos visita el error. Nos enfocamos en las respuestas y olvidamos las preguntas. Se entrecruzan constantemente, quizá por ser dos caras de la misma moneda.

A lo mejor solo interiorizando los segundos se alcanza los primeros. Si no aprendemos a perder, nunca ganaremos. «La aceptación tranquila, serena, humilde y consciente de esa realidad irrefutable, el acto humano de perder, es la única plataforma válida para desafiar los límites y ganar partidos “imposibles”.» decía Santiago Alvarez de Mon.

Perder…sufrir…¿Qué tan necesario es el sufrimiento en la vida? Cómo cuesta entender esto! Van Gogh decía: «No quiero de ninguna manera suprimir el sufrimiento; porque a menudo es lo que lleva a que los artistas se expresen con mayor energía.» Cuanta razón, si la sabes aprovechar, aprender la lección, te cambia para bien, en lugar de quebrarte lo puedes utilizar como aliciente que motiva, “con viento en contra el avión vuela”.

Le teoría dice que cuando uno sufre, ayuda mucho compararse con otros que sufrieron más, sin embargo, no es del todo cierto, solo quien juega el partido y no lo ve de la tribuna, sabe de lo que hablo. Quizá ayude, quizá las realidades sean completamente diferentes y haya gente que tenga mil razones más para sufrir de las que uno tiene, pero el cerebro se encarga de dimensionar las cosas y de hacer algo insoportable para una persona, mientras que para otra pueda ser fácilmente solucionable. La felicidad o el sufrimiento no depende de la realidad, sino de como los interpretes.

Antoine de Saint Exupery, en su obra maestra, El Principito, decía que «Solo a través de experiencias de sufrimiento y prueba, el alma del ser humano se fortalece, la visión se aclara, y el verdadero éxito se alcanza.” Para salir a flote y sentir la sensación de respirar con el alma, hay que estar ahogándose.

El error y la pérdida nos dan la posibilidad de sacar lo mejor de nosotros, a lo mejor esta vez he perdido, pero eso no significa que haya fracasado.

Y cuando eso pasa, ¿Cómo seguimos viviendo? ¿Cómo hacemos que la vida continúe de la mejor manera posible?. No somos felices cuando nos empeñamos en conseguir aquello que no depende de nosotros. Lo que he aprendido últimamente es que soñar continuamente con lo que está fuera de nuestras posibilidades y, en cambio, olvidar lo que podemos hacer, conduce a una vida de tristeza y amargura.

Séneca decía que es feliz el que está contento con las circunstancias presentes, sean las que fueran, y es amigo de lo que tiene. Es feliz aquel para quien la razón es lo que da valor a todas las cosas de su vida.

Últimamente no puedo evitar la costumbre de viajar mentalmente al pasado para recordar momentos melancólicos (entendiendo la melancolía como la dicha de estar tristes). Y es que cuando vienen ese tipo de pensamientos, si no se pueden evitar, lo mejor es cambiar de actividad, leer periódico, un libro, ver tele, hacer deporte, aunque sea sin ganas, sin ilusión, que difícil hacerlo realidad, pero no he encontrado otra forma mejor.

¿Cómo disminuir el sufrimiento? Dejaré que un experto en el tema, Enrique Rojas, psiquiatra español con más de media docena de libros escritos,  se adueñe de las siguientes frases:  El primer error y más común es magnificar los eventos negativos que nos han ocurrido, hay que distinguirlos de un drama. En segundo lugar la incapacidad para perdonar nuestros propios errores ya que les equivocaciones son parte del curso que hemos venido a pasar. En tercer lugar, no ser capaz de cerrar las heridas del pasado. Este debe ser el arsenal que nos ayude a aprender de cara al futuro, pero no un freno. En cuarto lugar, no tener ilusiones, que es lo que nos mantiene vivos.  “ilusión” proviene de illudere, que significa “jugar”. Ilusionarse es pues, la habilidad de obrar magia con la vida. Magia mental. Eso es lo que el ser humano necesita, y de hecho, el amor es magia”.

La auténtica felicidad no es un estado perfecto y permanente, sino un balance existencial positivo. Los altibajos, frustraciones, dificultades, sinsabores y errores, son inevitables y en la mejor de las vidas todo eso asoma en distintas dosis y circunstancias.  Como lo he dicho en varios de mis posts, NADIE es feliz siempre. La felicidad absoluta no existe, hay que aspirar a la felicidad razonable.

Algunas recomendaciones del Dr. Rojas:

  1. Saberse tomar la vida con sentido del humor, patrimonio de personas con buena salud mental.
  2. Conocerse a sí mismo (fortalezas, debilidades)
  3. Fortalecer la voluntad (la capacidad para aplazar la recompensa) Es la capacidad de hacer algo positivo para si mismo pero sabiendo que los resultados no serán inmediatos sino mediatos). Una persona con voluntad llega más lejos que una persona inteligente.
  4. Saber superar las crisis de la vida, saber que el tiempo cura casi todas las heridas.
  5. Tener una concepción correcta del tiempo: Una persona madura es aquella que vive instalada en el presente, tiene asumido y superado el pasado con todo lo que eso significa, y vive empapada y abierta hacia el provenir.
  6. Tener el apoyo de la familia y los amigos
  7. Buscarle el sentido a la vida: Descubrir para que vivimos. Vivimos en un mundo apurado, pero que no se sabe hacia donde corre.

Y por último, darle la vuelta al juego de la vida. “Donde la mano siente un pinchazo, los ojos descubren rosas”, decía San Josemaría. Toda depresión viene con ansiedad (el miedo al futuro). Está en nosotros transformarla en esperanza, que es la columna vertebral de la vida, la ilusión por completar nuevos proyectos personales, familiares, espirituales y laborales. Ayer en un almuerzo me preguntó un amigo cuales eran mis metas para este año, y no supe que responderle, lo cual me ha obligado hoy a replantear mis metas en la vida. Si salen bien o mal al final de año, no depende de mi, en mi cancha está el esfuerzo que ponga por sobreponerme  y por cumplirlas. Y es que no siempre tendremos éxito, pero la esperanza nos dará ánimos para superar las adversidades y los fracasos.

Seguramente a más de uno nos ha pasado que muchas veces la esperanza se nos pierde en un mar de ideas confusas, el tiempo, se convierte en una carga, que lo único que queremos es que pase rápido, al pasado lo visitamos con pena, el presente no lo vivimos y el futuro se convierte en un miedo a lo que viene.

¿Cómo recuperar esa fuerza interior que se ha perdido y que es necesaria para seguir adelante, para hacer que la vida continúe? Llámenle esperanza o cualquier otro sinónimo, pero sin ella, nada es posible. “En todo final, descubre siempre un nuevo principio”.

¿Adios mundo cruel?

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Hace ya varios días vengo pensando en la muerte, tema apasionante y en muchos casos relacionado al sufrimiento. Lo curioso es que muchos sufren porque ya se les acaba la vida, les duele dejarla, otros al contrario, porque dura, y ya no soportan estar más en ella. En todo caso, lo realmente triste es vivir sin ninguna esperanza, pensando en que la vida se acabará acá abajo. Nada podría sumergirme más en una depresión que eso. Un santo de nuestros días decía “Que hueca vanidad centrar la existencia en esta vida”.

Yo creo que uno muere de acuerdo a como ha vivido. Me imagino siempre la torre inclinada de Pisa, ¿El día que se caiga, hacia qué lado será? No es difícil acertar. Si en su vida uno hizo su tarea, luchó por lo que valía la pena (ganando y perdiendo batallas pero luchó al fin), y su forma de pensar, hablar y actuar estaba alineada pues asumo que le será más fácil el encuentro final. Un amigo decía que la muerte no es el derrumbe, es solo una liquidación de existencias por cambio de domicilio. Y es que la vida no se pierde, solo se transforma, sólo se cambia, y es un cambio para bien.

Por desgracia, normalmente los únicos que piensan en ella son aquellos que sufren una depresión complicada, ¿pero por qué esperar a eso para cuestionarla? Muchas veces ya es tarde y uno la ve con el deseo de que venga pronto. Enrique Rojas, famoso psiquiatra español, decía que no somos más que personas que habitan una personalidad y de nosotros va a ser lo que nosotros queramos hacer con nuestro proyecto de vida.

Y si, a veces nos llega la depresión – sin duda la enfermedad más importante del estado de ánimo- , también llamada enfermedad de la melancolía y de la tristeza persistente y duradera que se cuela por los rincones del alma y se agarra fuerte. Pues bien, si llega, no nos queda más que aprender a vivir con ella mientras dure, porque no es eterna, así como también, y  como lo he dicho en varios posts, nadie es feliz todo el tiempo, o dicho de otra forma, la felicidad absoluta no existe, es una utopía. Lo que hay es una felicidad relativa, que consiste en estar contento con uno mismo, producto de la relación entre lo que se desea y lo que se consigue. Por ello, que importante saber gestionar nuestros deseos.

Mi padre decía que cuando llega el momento de sufrir el dolor, ayuda más un poco de valor que un conocimiento abundante, algo de compasión humana más que un gran valor, y la más leve tintura del amor de Dios más que ninguna otra cosa, así que cuando uno sufre, es el momento ideal para pedírsela.

En fin, si algo nos debiera enseñar la muerte es que hay que aprender a vivir. Amar, pensar, decidir, luchar, reir, abrazar, perdonar, escuchar, creer, hablar son acaso los mejores compañeros de camino. Y es que al final, cuando llega el momento de cruzar el río y ya estamos llegando a la otra orilla, ¿De qué nos arrepentimos? Salvo algún tarado que sólo piensa después de haber actuado, los demás lamentamos aquello que no hemos hecho.  Si hubiera cambiado de carrera a tiempo, si hubiera dejado ese trabajo antes, si hubiera callado en aquella discusión, si hubiese amado de verdad, si hubiese luchado más por conseguir lo que quería, si la hubiese besado en esa fiesta, si hubiese ido contracorriente y me hubiese arriesgado más por eso que valía la pena… La cantidad de lamentos puede ser tan grande y tan fuerte que arrase con todo. Entre nuestra vida real, con sus pros y sus contras, compromisos y deberes y la alternativa idealizada, siempre gana esta última.  A lo mejor es una comparación irreal, y por ello injusta, pero no deja de ser en muchos casos cierta. Por ello, como decía Santiago Alvarez, “cuando una voz interior susurre acciones y decisiones suficientemente ponderadas y asumidas, lo mejor es seguir sus dictados.  Si no, el futuro nos mostrará el presente, hoy, transformado en pasado hipotecante.”

Jorge Luis Borges tiene un poema tremendo, titulado «El remordimiento»:

He cometido el peor de los pecados

Que un hombre puede cometer,

No he sido feliz.

Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé.  No fui feliz.

Cumplida no fue su voluntad.

Me legaron valor.  No fui valiente.

No me abandona, siempre está a mi lado,

la sombra de haber sido un desdichado.

Gracias Jorge Luis, tienes ese don único de escanear el corazón y expresar lo que uno siente con la precisión de un cirujano.

 

¿Cómo estás?

Esta pregunta sencilla, es a veces muy complicada de contestar, sobre todo cuando no estamos bien, cuando no nos llevamos bien con nosotros mismos.

A lo mejor porque hemos hecho algo mal, a lo mejor por un factor externo que nos hace sentir así (trabajo, familia, etc). A lo mejor por no trazarse un plan de vida coherente, o querer vivir una vida que no necesariamente es nuestra. A veces nuestros sueños nunca se cumplen porque jamás fueron nuestros, sin darnos cuenta, los alquilamos solamente, y en ese caso, luchar por conseguirlos no sirve de mucho, es como estar por un camino que no te lleva a ningún lugar y querer seguir caminándolo, eso más que perseverancia, puede ser imprudencia, o irresponsabilidad. Podemos tener la energía y decisión de mantenernos allí, sin medir bien que no nos lleva a ningún lado.

A veces nos cuesta mucho el reconocer esos errores, los cuales se adueñan de nosotros. El orgullo, el pensar que todo lo que hacemos está bien, nos impiden reconocerlos y enmendar el camino. Solo entendiéndolos y enfrentándolos en su real dimensión, podremos disfrutar de un camino para que el vinimos.

Aunque a veces, debo reconocerlo, hay cosas que nos pasan, que no terminamos de entenderlas, ¿Por qué a mi? ¿Justo ahora tenía que pasarme? Lucho, pero no encuentro la salida, ¿no es un sinsentido?. Estas son las preguntas más difíciles, aquellas que no tienen respuesta. Ante ellas, no hay receta, o no la tengo en todo caso. Como le decía a un amigo, cuando se aparecen estas preguntas, vienen con ellas el miedo, la ansiedad, la tristeza, la melancolía, la frustración, y quisiéramos resetear el cerebro para anularlo, tarea nada fácil, porque nunca pensaba que se podía caer tan abajo, pero fue justamente él, quien me dio una de las claves que mejor me ha funcionado, que es el cuestionarse temas trascendentales.

Así, podríamos preguntarnos ¿Cómo estamos realmente? ¿Qué hemos hecho para estar como estamos? ¿Queremos cambiar, hay alguna manera de hacerlo?¿Cómo van nuestros triunfos y derrotas? ¿Qué hemos aprendido de ambos? ¿Nos han hecho mejores o han sacado lo peor de nosotros?  ¿Nos sentimos fracasados? ¿Distinguimos un error de lo que es un fracaso realmente?

Alvarez de Mon nos sugiere además algunas otras preguntas para momentos de reflexión que vale la pena tenerlas a mano y en la mesita de noche en momentos complicados: “¿Se percibe a sí mismo como un ganador? ¿Cómo un perdedor, aunque nadie lo sepa? ¿En qué nivel de consciencia vive? ¿Piensa sus pensamientos, siente sus sentimientos, o unos y otros, inconscientes, le restan libertad, autonomía y paz? ¿Cuáles son las conexiones profundas entre los actos y acontecimientos de su vida, y las lecturas e interpretaciones que de ellos hace usted? ¿Qué es el éxito? ¿Quién lo define? ¿Qué factor –profesional, social, familiar, personal…– predomina en su respuesta? A futuro, ¿cómo contempla la ineludible posibilidad de perder?¿Qué objetivos se ha trazado en su carrera profesional? ¿Qué metas a corto plazo se ha fijado para lograrlos? ¿Qué dice su agenda al respecto? ¿Qué pasaría si no los consigue? ¿Y si llega allí y no merecen la pena? ¿Cuáles son sus aspiraciones más íntimas? ¿Dónde fija su frontera, donde están sus límites? ¿Qué sueños tiene despierto? ¿Está abierto a la sorpresa, a lo inesperado, la verdad más valiosa suele presentarse de esa manera, o sigue rigurosamente lo planificado en su plan de vida?”

Nada mejor en los momentos complicados, que arroparse con preguntas que te ayuden a pensar, para darle la vuelta a la vida y volver a empezar de nuevo. Es realmente increíble la capacidad que podemos tener de sobreponernos a los mayores embates de la vida y ofrecer nuestra mejor versión.

Cuestionarse, trabajar, estudiar, ganar, perder, triunfar, fallar, son los secretos de una buena vida, de una vida buena. Que nada ni nadie nos quite la manera de disfrutarla! Los dejo con este video que habla sobre ello, no dejen de verlo!

Historia de una sonrisa

Nadie es feliz todo el tiempo, mientras unos nos ahogamos en un vaso de agua y pareciera que somos adictos a la infelicidad, otros nadan a puro pulmón a oscuras y en un mar lleno de tiburones y logran llegar a la orilla. Sufren, luchan, lloran, pero consiguen una tranquilidad de conciencia, que les da paz, alegría. Imposible dejar de ver este video de Alvaro, un hombre de mi edad, pero valiente, enamorado de la vida, que acaba de morir a causa de un sarcoma de Ewing, contra el que luchó hasta el final de su vida. “Con su muerte perdió todas las cosas materiales y ambiciones humanas que pudiera tener. Pero se llevó, y eso es lo importante, un gran corazón que supo amar, sufrir, darse a los demás”.

¿Querer es poder?

Es común escuchar esta frase para automotivarse. “Nada es imposible para el que quiere”. Sin embargo, si uno la analiza mejor, es bastante más complicado de lo que parece. Cuantas veces nosotros queremos hacer algo, o deseamos hacerlo, pero sabemos que no es válido, sabemos que no debemos, y/o que no podemos. Y aun así lo terminamos haciendo.

No soy juez para juzgar a nadie por sus acciones, ya que hay mil variables que entran en juego, solo me interesa poner sobre la mesa, un tema, en el que todos hemos caído, que es el de sobreponer lo que queremos hacer sobre lo que debemos. Quizá el “querer” está más ligado a lo que dicta el corazón, y el “poder” más ligado a lo que dicta la mente.

Alinearlos, no es un tarea fácil, por el contrario, pocas cosas hay tan complicadas en la vida. Y dado que estoy constantemente en ese dilema, me dediqué a buscar información que pueda ayudarme y ayudar a todos aquellos que hayan pasado o estén pasando por un dilema similar.

Como regla general, y esto ya lo he dicho antes, el corazón nunca le puede ganar a la cabeza, es decir, el puedo nunca “debe” estar sublevado al “quiero”,  cuesta, y cuesta muchísimo, los que han pasado por esto lo saben. Pero sabiendo esto, y en las situaciones que nos toque pasar, ¿Cómo mejorar? Sabiendo que el enemigo es uno mismo, que vive en nuestra conciencia, aquella que al final, es la que nos debe dictar la manera de vivir, pero claro, si no la tenemos bien formada, bien alimentada y por el contrario tenemos una bacteria enquistada que tergiversa la realidad, pues las decisiones que tomemos y la lectura de los acontecimientos que hagamos tendrán un sesgo muy peligroso.

Una vez detectado el enemigo, el mejor remedio para vencerlo, es decir, para obrar de acuerdo a lo que tenemos que hacer y no a lo que queremos, (llámese lo que nos provoque) es la fuerza de voluntad. Enrique Rojas, Psiquiatra español autor de numerosos libros, decía que la voluntad es una joya que adorna la personalidad del hombre maduro. Cuando es frágil y no está templada en una lucha perseverante, convierte a ese sujeto en alguien débil, blando, voluble, caprichoso, incapaz de ponerse objetivos concretos, ya que todos se desvanecen ante el primer estímulo que llega de fuera y le hace abandonar la tarea que iba a tener entre manos. Es la imagen del niño mimado que tanta pena produce; traído y llevado y tiranizado por lo que le apetece, por lo que le pide el cuerpo en ese momento. Que no sabe decir que no, ni renunciar. Alguien echado a perder, consentido, malcriado, estropeado por cualquier exigencia seria. Un ser que ha aprendido a no vencerse, sino a seguir sus impulsos inmediatos. Por ese derrotero se ha ido convirtiendo en voluble, inconstante, ligero, superficial, frívolo, que se entusiasma fácilmente con algo, para abandonarlo cuando las cosas se tornan mínimamente difíciles.

Así de duros sus comentarios, pero llenos de sabiduría, y es que así somos muchos de nosotros (en mayor o menor grado), nos falta cultivar la fuerza de voluntad. Este defecto además, trae consigo  otros defectos como  baja tolerancia a las frustraciones, ser mal perdedor, ya que tiene poca capacidad para remontar las adversidades, pues no está acostumbrado a vencerse en casi nada y  la tendencia a refugiarse en un mundo fantástico, para alejarse de la realidad.

¿Y cómo cultivamos esta fuerza de voluntad tan necesaria? Tomando en cuenta que es como un músculo, que para ejercitarlo, pues hay que ir al gimnasio, solo no puede, y en el gimnasio empezar con pequeñas pesas, para luego ir aumentando el peso. Lo mismo pasa con la fuerza de voluntad, aquellos que no tienen ni una pizca de ella, no pueden pretender hacer grandes sacrificios, o grandes obras, sería como pedirle a un junior que levante 100 kilos.

Algunas de las virtudes que nos ayudan a cultivarla son la fortaleza, llamada también resiliencia, que es la capacidad para recibir golpes en la vida y salir fortalecidos, esa capacidad de luchar es lo que al final importa. Las escuelas de negocio y el mundo en general, tratan de enseñar que el éxito lo tienen las personas que “triunfan” en todo, sin embargo, quizá la esencia del crecimiento personal es la lucha por afrontar de la mejor manera que podemos y con las limitaciones que tenemos, los fracasos y sinsabores de la vida y aprender de ellos. En la lucha aprendemos y maduramos. En la persona inmadura todo está cogido por alfileres y fácilmente se deshilacha y se rompe.

Sin duda, otra virtud que nos ayuda es la paciencia. Nos conduce a saber sufrir en silencio, a sobrellevar las contrariedades que se desprenden del cansancio, del contexto en contra, de las tristezas de cada día que aparecen sin buscarlas, de las injusticias, etc. La paciencia es prima hermana de la perseverancia, que es la persistencia en el ejercicio de obras buenas a pesar de la dificultad y del cansancio derivado de su prolongación en el tiempo. Se me vienen a la mente las palabras de Enrique Rojas para graficar con un ejemplo esta virtud: “Es fácil enamorarse, lo difícil es mantenerse enamorado.” Lo difícil es esa perseverancia por saber pasar buenos y malos ratos en el matrimonio. Al final, no hay mal que dure cien años: “Si estás pasando por un infierno, sigue caminando, “…y acabarás saliendo de él.” decía Winston Churchill.

Para terminar, copio textualmente un par de recomendaciones que da Enrique Rojas sobre este tema. “Algo muy importante para no rendirse es tener una visión larga de la jugada. La visión corta significa la inmediatez,  y en ella todos somos deficitarios, es decir, cualquier análisis de la vida personal en la inmediatez tiene más vacíos que llenos. En nuestro carácter, en nuestras relaciones personales, en la familia, en el trabajo, hay siempre flecos por resolver. Aceptarlos y crecer con ellos es signo de madurez y salud mental. La visión larga nos lleva a pasar por encima de las cosas negativas.

 

No sólo se consigue tener voluntad superando los problemas momentáneos, sino que la clave está en la constancia, en no abandonarse. Primero dar un primer paso y luego otro, y más tarde hacer un esfuerzo suplementario. De ahí surgen y allí es donde se forjan los hombres de una pieza; los  que saben saltar por encima del cansancio, la dificultad, la frustración, la desgana y los mil y un avatares que la vida trae consigo. El que lucha está siempre alegre, porque ha aprendido a dominarse, por eso se mantiene joven. Todo lo que es válido cuesta lograrlo. Pero merece la pena vencer la resistencia y perder el miedo al esfuerzo. Hay que aprender a subir poco a poco, aunque

sean unos metros y no nos encontremos en las mejores condiciones. La voluntad recia, consistente y pétrea es la clave del éxito de muchas vidas y uno de los mejores adornos de la personalidad; hace al hombre valioso y lo transporta al mundo donde los sueños se hacen realidad.”

El difícil arte de doblarse sin partirse

¿Cómo gestionar la adversidad? Aprende a ser feliz el que sabe sufrir y en ese aspecto, la resiliencia, concepto que procede de la física y designa la capacidad de algunos materiales para doblarse sin partirse y de recobrar rápidamente su forma original, tiene mucho que decir. Si aplicamos a nosotros dicho concepto se refiere a nuestra capacidad de soportar golpes y salir fortalecido. Es el arte de cambiar el dolor y darle un sentido, de saber aprender de las derrotas, de sacar un grado de felicidad incluso cuando tienes abiertas las heridas.

Algunas personas son como el limón, cuando la vida las exprime su respuesta es ácida, en cambio otras, las resilientes, son como el durazno que cuando hay presión el resultado es aun más dulce.

Si bien es cierto la palabra es relativamente nueva, el concepto viene de los griegos, quienes nos dejaron el pensamiento como herencia. Y es que el saber ser fuerte y no dejarse vencer ante la adversidad (una virtud que me encantaría tener) es un tema que ha sido analizado y hay mucha información al respecto. Esta semana me dediqué a buscar algunas recetas de buena mano para ser más fuertes.

La fortaleza tiene como objetivo principal robustecer la voluntad para que no desista en la búsqueda del bien, a pesar de las dificultades y obstáculos que uno encuentra en el camino. San Josemaría decía que es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. “En todo atribulados, pero no angustiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no aniquilados.”

Nuestra vida es una lucha constante, a veces hay que atacar al enemigo y otras veces hay que resistir sus ataques. La fortaleza nos da decisión, valor, coraje, energía, constancia y aguante para ATACAR Y RESISTIR, porque ningún daño es irreversible.

En palabras de Juan Pablo II, “La virtud de la fortaleza requiere siempre una cierta superación de la debilidad humana y, sobre todo, del miedo. El hombre, en efecto, por naturaleza teme el peligro, las molestias y los sufrimientos. Por ello es necesario buscar hombres valientes no solamente en los campos de batalla, sino también en los pasillos de los hospitales o junto al lecho de dolor. Deseo rendir homenaje a todos estos valientes desconocidos. A todos los que tienen el valor de decir “no” o “sí” cuando esto cuesta. A los hombres que dan un testimonio singular de dignidad humana y de profunda humanidad.”

Todo esto suena muy bien, pero a la hora de aplicarla, como cuesta!! ¿Qué hacer para adquirir la fortaleza? Ayuda mucho el ejercitarse con otras virtudes. Por ejemplo la paciencia, virtud que nos hace soportar los males con buen ánimo. La perseverancia que lleva a proseguir en el ejercicio de la virtud, a pesar de las dificultades y de la duración del esfuerzo, la templanza, que domina la voluntad sobre el instinto, con la finalidad de saber dominar el cuerpo.

Muchos de nosotros,  nos creemos fuertes, pero llegan veces donde uno se termina cayendo, nos quedamos en aprendiz de héroe, y lo peor es que no aprovechamos esas caídas, esos fracasos.  El fracaso enseña lo que el éxito oculta. Justamente lo que nos hace crecer son las derrotas. Cuantos amigos con éxitos fáciles, se han convertido en fracasos grandes, por no haber sabido digerir esos hechos de forma adecuada. Prefiero siempre a los que saben asumir su derrota y que vuelven a empezar y retomar el camino que a los que nunca se caen porque cuando éstos se caigan, su ego no los dejará levantarse fácilmente.

Ayuda mucho también el tener una buena ecuación entre corazón y cabeza. La personali­dad equilibrada es aquella ni demasiado fría ni demasiado sensible, aunque la razón siempre debe primar, es decir, el corazón nunca le puede ganar a la cabeza. Kendrick decía que no hay que seguir al corazón, es cortoplacista y a veces traicionero, por ello, es bueno guiarlo para que nos ayude a decidir mejor.

Y por último, el buen humor y el aprender a reírse de uno mismo. Es algo así como un seguro de salud psicológica que nos permite ver los problemas con perspectiva y actuar de forma más eficiente y desapasionada.

Qué fácil es escribir sobre esto, y que difícil ponerlo en práctica, lo vivo en carne propia y la verdad cuesta  muchísimo, ya que siempre tenemos algo que nos tira para abajo, pero bueno, justamente para eso están los ejemplos de aquellos que lucharon duro por conseguir lo que querían y lo hicieron, vamos atrás de ellos!