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Conversando sobre la felicidad

Francesc Mirailles, un famoso escritor español ha escrito Conversaciones sobre la felicidad, un libro en el que resume la visión de ésta de 25 personajes y gurús. Sin duda, un buen libro para quien esté interesado en estos temas, dado que su enfoque, lejos de ser facilista y poco útil, es más bien aterrizable. A continuación un extracto de una reciente entrevista que nos ayuda a reflexionar.

¿Qué es para usted la felicidad?
Definirla es algo difícil. He llegado a la conclusión de que sólo nos referimos a la felicidad precisamente cuando la hemos perdido. Nadie que esté en un buen momento de su vida dice qué feliz que soy. Sólo cuando pierdes algo dices qué feliz que era. La felicidad sería todo lo bueno que hemos perdido, o bien porque ha pasado el tiempo, o bien porque nos lo han quitado. Es una etiqueta que se coloca en retrospectiva. La felicidad siempre es nostalgia o el sueño de algo inalcanzable.

Así, si la felicidad es nostalgia o un sueño inalcanzable, ¿es realmente posible vivir momentos de felicidad aquí y ahora?
Es posible alcanzar la felicidad si no la buscas. Ésta es muy caprichosa. Las personas que siempre quieren ser felices son las más desgraciadas que conozco. Uno es feliz cuando se conforma con lo que tiene, en el lugar y en el momento en el que está.

Dicen que la felicidad depende más de cómo vivimos las cosas que de las cosas que vivimos. ¿Comparte esta idea?
Totalmente. No sabemos qué es la felicidad, pero sí qué es la infelicidad y ésta está causada por un exceso de deseos. Vivimos en una sociedad consumista que nos empuja a desear bienes materiales o de otro tipo como una relación de pareja ideal que hemos visto en las películas, pero que en la realidad no existe. La infelicidad sobreviene cuando nos marcamos unos deseos tan elevados que nuestra realidad choca con eso. La mejor manera de ser feliz es no desear nada y conformarse con lo que tienes en cada momento. Eso es lo más parecido a la felicidad que puedes experimentar.

¿Cree que la felicidad es ausencia de dolor o se puede ser feliz en el sufrimiento?
La felicidad es intrínseca a la ausencia de dolor ya que la salud sólo se valora desde su contrario, que es la enfermedad.

En última instancia, ¿podemos llegar a la conclusión de que la clave de la felicidad estaría en darle un sentido a nuestra vida?
Viktor Frankl, el autor de “El hombre en busca de sentido”, decía que para curar a una persona lo único que necesitas es ayudarle a que encuentre un sentido a su vida, a que haya un motivo cada día por el cual levantarse. El que tiene un porqué vivir puede resistir casi cualquier cómo.

Sebastià Serrano en su último libro, “Els secrets de la felicitat”, dice que la mejor dieta para la felicidad es la comunicativa. ¿Está de acuerdo?
Desde luego. La comunicación nos saca de nosotros mismos. He conocido a muchas personas depresivas que sólo están pendientes de lo que les pasa a ellos. Es sólo cuando miras hacia afuera y te comunicas y ayudas a otras personas que tus problemas se te olvidan. A una persona que sabe comunicarse, que es sociable y sabe escuchar le queda poco espacio para los sentimientos negativos.

Muy personal

Tres ingredientes para ser feliz:
Pensar poco en uno mismo. Pensar mucho en los demás. Reírte de ti mismo y del mundo.

Tres ingredientes para combatir la infelicidad:
Dejar de analizar. Cultivar las amistades. Soñar que tu vida puede ser diferente de lo que es ahora.

¿Somos los dueños de nuestro destino? Primera Parte

Vivir es enfrentarse con dificultades, ¿Cómo hacer las paces con ellas y aprovecharlas?

Esta semana me pasaron un video que me dejó pensando en la forma como manejamos nuestra vida familiar y en la importancia que le damos. Creo que en estos tiempos en los que el trabajo nos abruma, dejamos de lado el “arte de vivir” y de redescubrir las cosas que han estado siempre allí. Decía Tomás Melendo, autor de varios libros sobre la familia:”Mañana cuando llegue a casa, ¿por qué no redescubro a mi mujer? Es distinta a la persona que me despidió ayer. Ese es el mejor antivirus para no aburrirme de mi familia, morir cada noche…para nacer cada mañana”.

Para ello, lo primero que se necesita es la intención de querer cambiar. Aunque suene a frase repetida, quizá este sea el gran secreto. Es distinto subsistir en la vida que nos ha tocado vivir, sea cual sea, que exprimirla y sacar lo mejor de ella en cada instante y hacer limonada del limón.

Como bien dice Nelson Mandela, líder mundial, ex presidente de Sudáfrica, que estuvo preso injustamente por más de 25 años, somos dueños de nuestro destino y capitanes de nuestra alma. Un reciente estudio realizado por Luis Huete, profesor de Harvard y el IESE concluye que una de las variables más importantes que definen el resultado de nuestras acciones comienza con la manera de pensar, que influye en nuestra manera de mirar la realidad, de sentirla y de interpretar lo cotidiano. Eso definirá nuestra manera de actuar y nuestros resultados que finalmente definirán la persona que terminaremos siendo y las recompensa que tendremos por ello, lo cual alimentará nuevamente nuestra forma de pensar. En el caso el comienzo haya sido en positivo, es probable que luego de completado el círculo el resultado también lo sea, con lo cual se crea un círculo vicioso saludable.  Y es que al final, todos somos hijos de los estímulos que recibimos, al mundo lo mueven las convicciones.

Hay partidos que no los ganamos porque no los intentamos ganar. Por ejemplo, el partido de los mineros en Chile era un partido imposible y gracias a que estos valientes hombres desafiaron la realidad lograron salir sin mayores traumas. Esa fue una prueba evidente de que para que actuemos, tenemos que tener un motivo de peso para hacerlo, una fuente de energía humana, que en muchos casos no es más que la propia auto motivación.

Es decir, si bien es cierto existen variables impredecibles que aparecen en nuestro camino, gran parte de nuestro destino depende de nosotros mismos, del cristal con el que lo miremos y de la actitud y acciones que tomemos. Dicen que la suerte te visita únicamente cuando has hecho todos tus deberes.

¿Y qué puedo hacer para empezar a ser más optimista e iniciar ese círculo de acciones de manera positiva? Quien mejor que Santiago Alvarez de Mon, aquel brillante escritor, coach y profesor del IESE de España (una de las 5 mejores Escuelas de Negocios en el mundo) para darnos la respuesta: “La actitud tiene mucho que ver en esto. El optimismo y el buen humor. Si la vida fuese un teatro, mientras esté en el escenario, me gustaría pensar que los espectadores la vean como una comedia, es mi género preferido, que otros representen una tragedia, yo ya estoy saturado de caras largas y amagadas. Si algo falta en el mundo son payasos que nos hagan reír. Creo que el buen humor es una de las competencias más necesarias no sólo para conseguir un buen trabajo sino para conseguir el éxito. Lo curioso es que no hacemos bien ni una cosa ni otra, ya no sabemos reír, ni llorar, así está el circo humano, muchas veces lleno de mediocres. El éxito es territorio conquistado por aquellas personas que aprenden a perder. Sólo gana el que acepta la derrota, sólo cae el que camina, sólo se equivoca el que decide.”

El circo de la mariposa

La semana pasada vi por tv un reportaje que me dejó pensando bastante sobre Nick Vujicic, un hombre que nació sin brazos ni piernas y que sin embargo es un ejemplo para los demás. Una de sus frases que se me quedó grabada es que cuando esperas que te pase el milagro y no llega, no te desalientes, porque significa que Dios quiere que seas el milagro para alguien más. Grabó un documental que adjunto al final de este artículo que sugiero lo vean, denominado “El circo de la mariposa”.

Cuantas enseñanzas se pueden sacar de un hombre como Nick. Cuantas veces nos ahogamos en vasos de agua cuando hay gente que es visitada por esa gran maestra que es la adversidad y una vez que asume e interiorza lo ocurrido, sabe sacar lo mejor de lo que le pasa en su camino. Y es que la vida no siempre es como queremos que sea.

 En todas las circunstancias de nuestra vida nos gustaría contar con la “facultad de elegir”. Elegir el lugar de vacaciones, la profesión, vivir donde nos provoque, viajar donde queramos, estudiar lo que nos interese, trabajar donde nos guste, etc. Soñamos con la vida como si esta fuese un inmenso supermercado en el que podemos escoger lo que más nos guste de una enorme oferta.

¿Hasta que punto nos damos cuenta del valor de lo que tenemos.? Lo que para mí es un derecho normal, decidir que tipo de vida quiero llevar, para muchos hombres y mujeres del planeta es una utopía, una posibilidad nula. Y lo peor es que vivimos sin darnos cuenta de ello, protestando sin sentido por las cosas malas que nos pasan.

Etty Hillesum, judía sobreviviente del holocausto decía: “Cuando experimentamos un sufrimiento, lo que más daño nos hace no es tanto éste como su rechazo, porque entonces al propio dolor le añadimos otro tormento: el de nuestra oposición, nuestra rebelión, nuestro resentimiento y la inquietud que provoca en nosotros”. Es cierto, en mi vida ha tenido más relevancia mi reacción que la acción que la provocaba. Desde un accidente menor, brecha en la ceja de un hijo, lesión deportiva, ataque de asma, suspenso académico…hasta una circunstancia mayor, pérdida de un ser querido, enfermedad de un amigo, pérdida de otro…En todos esos momentos mi respuesta cobraba más protagonismo que el evento original que lo suscitaba. Desde el momento en que me he mostrado dispuesta a afrontarlas, las pruebas siempre se han transformado en belleza…Los peores sufrimientos del hombre son los que se temen. El sufrimiento malo no es el vivido, sino el “representado”, ese que se apodera de la imaginación y nos coloca en situaciones falsas”.

Es fuerte el que aprende a llevarse bien con la adversidad, con el error, con la situación que le toca vivir, el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, como Nick Vijicic, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. Cuando la contradicción arrecia, no se dobla, sino por el contrario se convierte en un ejemplo viviente que inspira a muchos. ¿Te atreves a ser el ejemplo de alguien? . 

Pueden ver un resumen del documental, ganador de varios premios, en http://www.youtube.com/watch?v=vfdTVdJpaXA

Los desafíos de la adversidad

Aprovechando que en Perú se celebra mañana el día de la madre, quise colocar un artículo sobre el valor de los padres. Hace poco me enteré de un caso emblemático, que es el de la familia Hoyt. Un padre que tuvo un hijo tetrapléjico que hace unos años le pidió hacer la prueba de ironman. Esta prueba consiste en nadar 4 km, luego pasar un trayecto de 180 km en bicicleta y finalmente correr 42 km. Una prueba que a todas luces dejaría exhausto a cualquier deportista profesional, pero que sin embargo, era un reto a vencer por un padre que muere de amor por su hijo. Una hazaña realmente heroica ya que a diferencia de la prueba normal, en este caso el trayecto lo hace cargando a su hijo.  Y es que cuando hay espíritu de lucha, el cuerpo humano no tiene límites. Eso es justamente lo que demostró su padre, porque lo hizo. Al final de este artículo adjunto el video.

Es este un claro ejemplo de que la adversidad nos desafía, o  saca lo mejor  de nosotros o nos quiebra. Cuando en la vida se presenta la adversidad es cuando cosechas lo que has invertido antes: humildad, disciplina, esfuerzo, perseverancia. Christopher Reeve, (Superman) quien tuvo un accidente y sólo podía mover del cuello para arriba, decía que la adversidad lo ha unido a su mujer, si no tuviera esos cimientos mencionados anteriormente que sembró cuando estaba bien, hubiese terminado separándose.

En la adversidad hay que “coserse” al presente. Ir al pasado nos da nostalgia y al futuro nos da angustia. El futuro lo hacemos hoy y el hoy es saber que estoy haciendo lo que debo en ese momento. En el presente no hay ansiedad, hay tareas, hay encargos por realizar.

Muchas veces somos mezquinos a la hora de darnos, y no somos capaces de saber hasta dónde podemos llegar. La familia Hoyt me enseña que hay que regalar nuestra mejor energía cuando más se necesita, porque eso es justamente lo que nos hace mejores.  A todos nos ha tocado la puerta la adversidad en algún momento. ¿Qué sería de nosotros si no nos hubiese visitado? Seríamos orgullosos, superficiales, fatuos, ya que no sabemos manejar bien la abundancia.

La adversidad no es el momento para que nuestra autoestima se retire sino por el contrario para que se haga más fuerte y se convierta en nuestra brújula interior.

Alvarez de Mon decía que a la hora de viajar por la vida, la felicidad tiene mucho que ver con las personas que te acompañan (familia, amigos, jefe, etc.)  y la dirección del tráfico. Cuídense de viajar con pesimistas. El optimismo irradia energía. Hoy en día los optimistas son admirados porque el día a día nos da muchos motivos para ser pesimistas. El optimismo no es esconder la realidad sino enfrentarse a ella con esperanza, paciencia e ilusión.

Los dejo con esta lección de amor familiar: http://www.youtube.com/watch?v=nQaBewYgvcE&feature=fvsr

Aprendiendo a tomar la actitud de vivir feliz (Primera parte)

 “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

 J. Kierkegaard

Actualmente hay diversos estudios sobre la felicidad que tratan de explicar que es lo que nos hace realmente felices. La antigua creencia de que el dinero es la principal fuente de felicidad está quedando obsoleta a la luz de nuevas investigaciones que prueban lo contrario. Y es que aunque el progreso económico es uno de los factores que mejora nuestro bienestar, nos seguimos engañando pensando que tener más dinero nos hará más felices de lo que en realidad nos hace.

Para entender bien estos conceptos, es importante en primer lugar definir que es felicidad. Una de las definiciones más actuales gira en relación a la  satisfacción que nos procura el consumo de bienes y servicios, ya sean las necesidades y comodidades de la vida o el tiempo que pasamos con la familia y amigos, haciendo deporte, descansando, etc. A partir de este concepto, la felicidad se puede definir como la maximización de los comportamientos propios capaces de aumentar esas variables, es decir, la capacidad de satisfacer nuestras necesidades.

Bajo este esquema, se desprende que el recurso escaso es el tiempo. ¿Qué relación guarda el tiempo con el dinero y la felicidad?

En su artículo “Happiness and Time Allocation” (“Felicidad y reparto del tiempo”), el profesor del IESE Manel Baucells y Rakesh K. Sarin, de la UCLA Anderson School of Management de la Universidad de California, plantean que las personas más felices son aquellas que alcanzan un equilibrio adecuado entre trabajo y descanso. Si el trabajo proporciona dinero para consumir, y el consumo proporciona felicidad, lo mismo sucede con el descanso. La amistad, la familia, dormir bien y hacer ejercicio aumentan la satisfacción personal. Aun así, muchos suelen renunciar a las actividades de descanso para trabajar y ganar más dinero en la falsa creencia de que en la medida que tengan más ingresos más felices serán.

Si bien es cierto, los autores señalan que los ricos son generalmente más felices que los pobres,  demuestran también que la evolución de los índices de felicidad ha permanecido constante a lo largo de los años a pesar del espectacular aumento del PBI y de la renta real en los países desarrollados. En Japón, por ejemplo, aunque el PBI per cápita se ha quintuplicado, no se ha registrado un aumento del índice medio de satisfacción personal. Una de las razones es justamente que lo que ha aumentado también es la cantidad de trabajo para llegar a ese nivel de desarrollo, que sin embargo se ha hecho a costa de perder horas con la familia, los amigos, o el descanso personal. Es decir, tienen más dinero, pero son más infelices porque no tienen tiempo para gastarlo ni en ellos ni en sus seres queridos, que quizá hayan sido momentos inolvidables que ninguna suma de dinero hubiese sido suficiente para satisfacerlos.  Ya lo decía Picasso: “Quisiera tener más dinero para vivir tranquilo como los pobres”.

Una de las variables que más influyen en la felicidad es la comparación social.  Y es que solemos compararnos con personas de un estatus y nivel de vida parecidos al nuestro. Por ejemplo, es poco probable que un gerente se compare con un futbolista famoso, lo más probable es que se compare con un empresario u otro gerente como él. Y dicha comparación normalmente genera infelicidad, porque uno se compara con alguien mejor. Los autores recomiendan no compararse en sueldos, sino en virtudes y valores. Primero porque nadie conoce la vida de nadie a fondo, y detrás de ese gran salario, se pueden esconder mil dificultades. Normalmente la gente está más interesada en hacer creer a los demás que son felices que realmente tratar de serlo. En la medida en la que uno se enfoque comparándose en virtudes, la comparación será mucho más productiva, ya que el enfocarse en conseguirlas, hará que el éxito caiga por su propio peso.

Los autores concluyen también que la meditación y la oración son algunos “ejercicios de reencuadre” que pueden ayudarnos a ver las cosas en su justa medida y atenuar la insatisfacción que produce la insidiosa comparación social.

Otra de las conclusiones más interesantes del artículo se basa en lo que llaman el “sesgo de proyección”.  Nosotros tendemos a pensar que el dinero nos dará más felicidad de la que realmente nos da. Baucells comenta: “Por eso creemos que tener más dinero nos hará más felices. Trabajamos más y ganamos más dinero, nos mudamos a una casa más grande en un barrio mejor, pero el sesgo de proyección hace que subestimemos los efectos de la adaptación y demos más valor del que tiene a la utilidad derivada de los artículos de consumo. Disfrutamos de un nivel de vida mayor que antes, pero no cuando nos comparamos y empezamos a identificarnos con nuestros nuevos vecinos. Un efecto pernicioso del sesgo de proyección es que empezamos a dedicar más y más tiempo al trabajo a costa del descanso, creyendo en vano que si trabajamos más seremos más felices, cuando en realidad el aumento de nuestro salario simplemente conlleva una menor utilidad total y, perversamente, una menor felicidad.”

Claramente la utilidad real obtenida bajo los efectos del sesgo de proyección es menor de la esperada. Lamentablemente el día tiene sólo 24 horas y la idea es como optimizar ese tiempo para trabajar fuerte pero también para poder disfrutarlo entre nosotros y con nuestras familias.

¿Cómo enfrentar las adversidades?

12“Solo aciertan a alcanzar el éxito quienes han llegado a comprender que toda adversidad lleva en su entraña la semilla de un beneficio.” Anónimo 

¿Quién puede decir de esta agua no beberé? En algún momento de nuestras vidas, a todos nos toca recibir “la visita imprevista de una vieja y exigente maestra: La adversidad”, de la que podemos lamentarnos o de otro lado, aprender muchísimo. Pues bien, si igual va a venir, no nos queda otra que mirarla con buenos ojos y darle la bienvenida. Sólo de esa forma podremos aprovechar su visita para mejorar.

A continuación veremos casos de personas que le agradecen que los haya visitado, porque los cambió para bien, y quizá un acontecimiento tan duro como ese, fue lo único que los hubiese hecho cambiar.  El primero es el de Andrea Bocelli, a los 12 años, a causa de una rara enfermedad y un pelotazo en la cara accidental, se quedó ciego.  El mismo Bocelli comenta en su libro autobiográfico: The music of silence, ”Curiosamente la naturaleza, mientras me quitaba algo valiosísimo, la vista, me daba otro regalo, la música. Con una mano soltaba algo tan querido como la visión, pero con otra agarraba fuerte una muleta y una compañera inestimable, la música, otra forma de “ver”.  Muchos de los logros de Bocelli se han dado gracias al coraje y persistencia de un hombre que aprendió a mirar de otra manera, porque “lo esencial es invisible a los ojos” tal como dice el Principito.  

Lance Armstrong, cuatro veces campeón del Tour de Francia, la prueba ciclística más importante del mundo. Diagnóstico: Cáncer testicular con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Edad 25 años. Nos dice en su libro autobiográfico Its not about the bike: My journey back to life: “La verdad es que el cáncer ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, operó un profundo cambio en mi forma de ser, ha hecho maravillas con mi personalidad. ¿Por qué yo? Durante la mayor parte de mi vida había operado bajo un esquema simplista de ganar o perder, pero el cáncer me estaba enseñando a ser tolerante ante la ambigüedad. Ahora corría una carrera bien distinta. ¿Dónde estaba la línea de partida? ¿Cuál era el premio por ganar?” Se da cuenta que es una competencia distinta, que aquí no gana el que llega primero sino el que aprovecha de la mejor manera el kilometraje recorrido.  

Veamos otro caso, Randy Snow, quien sufrió un accidente que le inmovilizó las piernas, el único deportista  en la historia de los juegos paraolímpicos que ha ganado medallas en tres disciplinas diferentes: Atletismo, tenis y baloncesto.  En su libro Pushing forward, a memory of motivation, nos cuenta:  “Mi accidente me dio una nueva perspectiva en la vida. Como si estuviéramos mirando la vida con un solo ojo, curiosamente me dio una claridad que antes permanecía escondida u oculta. Sé que suena de locos pero me alegro de lo que pasó. Gracias a mi situación he adquirido una nueva dimensión de la vida. Nos rodeamos en nuestra zona de confort de cosas y necesidades que nos atan y esclavizan. Gracias al accidente he conseguido desprenderme de muchas ataduras estúpidas.  

Mar Cogollos, joven psicóloga mundialmente famosa que por un accidente quedó hemipléjica, nos dice en plena depresión en su libro Elogio de la debilidad: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Ayudarme y volcarme con ellos hizo que pasase de puntillas por la fase de la depresión. A todos les sorprendió, a mi también, lo pronto que aterricé y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me quedé allí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida. Recuerdo que pensar y ayudar a los demás me ayudó muchísimo en mi recuperación. Mis compañeras tenían que levantarse e ir al gimnasio por la mañana. Les urgía a que se arreglaran, que se peinaran, que siguieran siendo mujeres, la vida continúa. Cuando abandoné el hospital una persona me dijo, que no te miren con pena sino con admiración, y eso va a depender exclusivamente de ti. Y es que cuando te enfrentas a una adversidad, muchas veces te saca de dentro lo que tenemos, esa necesidad de darnos mas generosamente a los demás”.  Esto me trae a colación una frase que leí hace algún tiempo: “¿Quieres un secreto para ser feliz?: date y sirve a los demás, sin esperar que te lo agradezcan.” No nos damos cuenta que el principal beneficiado en un acto de dar a los demás, no es el que recibe, sino el que da, porque es el que se queda con la alegría interna de haber hecho lo correcto.  54

Al respecto, Santiago Alvarez de Mon, uno de los más brillantes pensadores de España, profesor del IESE,  nos dice que “No hay persona que en sus cabales sea capaz de aguantar una continua observación de si misma. El que se presta mucha atención, es más propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.”   

Nuestro último invitado es Christopher Reeve, nada menos que el actor que encarnó paradójicamente a Superman. A los 42 años, mientras montaba a caballo tuvo una caída que le produjo rotura de vértebras y parálisis de la cabeza para abajo incluyendo la falta de respiración (tuvo que vivir permanentemente conectado a un respirador artificial). Luego de ello necesitó 6 horas diarias para las actividades más elementales (vestirse, bañarse, ir al baño). A pesar de ello ganó en los últimos años varios Emmy y un Grammy estando así.   Reeve escribe en su libro autobiográfico: “Tengo que admitir que cuando me despierto cada mañana, tengo que superar el shock de no ser capaz de moverme. Siento envidia de las personas que caminan y corren sin ningún problema. Ser bruscamente privado a los 42 años de muchas de las cosas que disfrutas de la vida es desalentador pero mi optimismo permanece intacto. Empecé a considerar, que vida puedo construir a partir de lo sucedido? ¿Hay alguna forma de ser útil, de echar una mano a los demás, de ponerse a trabajar de nuevo?, ¿Existe algún camino que me conduzca a ser otra vez esposo y padre? No obtuve ninguna respuesta pero el formularme esas preguntas, ya fue una gran ayuda.” 

Como vemos, ha cambiado su forma de pensar, de quererse suicidar en un comienzo le empieza a dar un sentido a la vida.  Sin embargo, la lucha diaria sigue siendo una constante.  Como todo ser humano, Reeve tenía momentos en los que el desánimo y la tristeza, invadían su corazón. Sin embargo, supo darle un sentido a su sufrimiento, a su vida. Que él nos comente como hizo: “Si me entrego a la autocompasión o expreso mi desaliento delante de mi pequeño hijo Hill estoy poniendo una carga pesada e injusta en un niño de cinco años. Si me vuelvo hacia dentro de mi y paso el tiempo con nostalgia del pasado no puedo estar cerca de Mathew y Alexander, dos adolescentes que necesitan los criterios y consejos de su padre. Por último, que tipo de vida podría compartir con Dana, mi esposa, si me dejo llevar y me transformo en un armatoste deprimido que se arrastra en silla de ruedas?”.

A pesar de que lo mas lógico hubiese sido que se esconda tras su mala suerte, quién hubiese tenido agallas para reprochárselo, nuestro super héroe de carne y hueso luchó por ser ejemplo de padre y esposo ejemplar aún en esas condiciones. Al respecto, Alvarez de Mon, de cuyo libro extraje algunos casos, comenta  que unos nos ahogamos con flotador en el jacuzzi temperado, iluminado y protegido, y otros como Reeve nadan a brazo partido con el mar más bravo, oscuro y helado y finalmente llegan a su destino eterno, con la alegría y la paz interior de saber que lucharon contra la adversidad y no pararon hasta vencerla.  En otra sección de su libro, Reeve tiene una paradoja sobre qué es ser un héroe. Dejaré que él mismo lo cuente: “Cuando salió la primera película de Superman concedí un sinfín de entrevistas y la pregunta que más se repetía era: ¿Qué es para usted un héroe? Con qué facilidad y ligereza contestaba.  Un héroe es alguien que lleva a cabo una acción valerosa sin reparar en las consecuencias.“  Quien iba a imaginar que aquel héroe de fantasía se iba a convertir en uno de carne y hueso, que demostró ser un verdadero héroe a punta de tener la fortaleza para perseverar y resistir, y seguir luchando a pesar de cargas durísimas. Y es que los verdaderos héroes son personas comunes y corrientes, anónimas, ese padre que se amanece trabajando para llevar algo de comida al hogar, esa madre que a pesar del trabajo diario en la empresa, se levanta varias horas antes para preparar el almuerzo de sus hijos, ese directivo que permite crecer a sus empleados, ese chiquillo que decide ir contra contra corriente contra la opinión de sus “valientes” amigos que están en drogas o se dejan llevar por el sexo, en fin, me refiero en general a cualquier persona que lucha por ser perfecta, por ayudar a los demás y hacerles la vida más fácil, olvidándose de ella misma.  

La pregunta del millón es: ¿Qué hacer cuando llega la adversidad? ¿Volver a leer notas tomadas de un curso de motivación? Probablemente sirvan de poco. Lo único que sirve en ese momento es la seguridad de que todo pasa por algo y nada es casualidad en esta vida, Dios sabe porqué hace las cosas . Tenemos dos opciones, o llevamos la adversidad con angustia, molestia, pena y sufrimiento, o le sacamos provecho a la vida, hacemos de tripas corazón y le vemos el lado bueno. Podemos tener el semblante serio y el corazón compungido, pero nadie nos quitará la felicidad de tener la conciencia tranquila, de saber que hacemos lo correcto, que luchamos por salir adelante.  Podemos aprender mucho más de la gente discapacitada, pobre o llena de problemas,  que de los inteligentes y famosos. Y es que las adversidades enseñan más que las explicaciones perfectas de grandes científicos enredados en sus esquemas. A través de su crecimiento, aceptación y entrega, la gente herida nos ha enseñado que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices. Esto no quita que siempre luchemos incansablemente por ser mejores.