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2014: No pienso en ganar dinero…

la-navidad-2014-246497432013, año complicado en muchos aspectos. Sin embargo, balance final: positivo. Vuelvo a escribir después de muchas lunas, y es que la última quincena de Diciembre es ideal para reflexionar y preguntarnos “¿En qué fallamos?”, El problema no es fallar, o tener  defectos sino el no plantearse algo concreto para corregirlos. Prometo escribir más seguido ahora.

¿Cumplimos nuestros objetivos?  ¿Cuáles serán los del 2014? ¿Éxito?, ¿Felicidad?, ¿Ganas más dinero? ¿Tener más? ¿Ser más? ¿Servir más?

A lo mejor, antes de eso, debiéramos preguntarnos ¿Qué es el éxito para nosotros? ¿Quién lo define? Si nos vamos a pasar la vida persiguiendo un éxito que es definido por alguien que no somos nosotros,  medido por factores y variables ajenos, siempre estaremos frustrados. Nunca habrá suficientes victorias, porque una vez que lo consigamos, nos daremos cuenta que seguimos siendo infelices.

a lo decía Valero Rivera, el entrenador más exitoso del equipo del Balonmano del Barcelona, cuando definía las reglas del éxito.  “No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y en una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán luego, los leeremos con cuidado y atención, y extraeremos consecuencias.”

Una vez hecha la tarea de aprender de nuestros errores, comenzamos por definir nuestro objetivo 2014 y aquí muchos apuntamos mal. El bull no puede ser ganar más dinero, ni tener más, ni siquiera debiera ser buscar el éxito, sino algo más trascendental, acaso nuestra principal meta en la vida, que es vivir (ser y estar) más felices. Tarea nada fácil.

Y para ello, nada mejor que una mentalidad optimista y luchadora. Bien dicen que la felicidad se encuentra en esforzarse por llenar un vaso poco a poco y no en heredar uno lleno. Curiosamente la gente más feliz no es la que tiene lo mejor de todo sino la que lucha por conseguirlo y sabe sacar lo mejor de lo que encuentra en su camino. Al final, yo creo que el grado de felicidad de una persona es la diferencia entre lo que se propone versus lo que logra, y esto se aplica a cualquier contexto: personal, profesional y familiar. Por lo tanto, no seamos tontos, no busquemos la felicidad donde no se encuentra.

También necesitaremos una mentalidad de líderes. Tenemos por estos días el ejemplo más claro y que conociendo su vida podemos seguir: Jesús, el más grande líder de todos los tiempos. Y es que liderazgo es transformar la realidad y vaya si Jesús lo hizo. Liderazgo es visión clara de la meta a la que se quiere llegar, deseo firme de conseguir los objetivos, inteligencia para dotarse de las herramientas y de los medios necesarios para el viaje y determinación de concluir el trayecto iniciado, dejando huella, para que los demás sigan el ejemplo.

Al arte de conversar muchos le llaman liderazgo, sin embargo, saber hablar es don de muchos, saber escuchar es don de pocos. ¿Por qué nos cuesta tanto escuchar? ¿Cómo no nos damos cuenta  de que solo escuchando y leyendo a los demás podemos aprender algo nuevo? ¿Cómo no captamos la indirecta de tener dos orejas y una boca?

No cabe la conversación con el otro sino hay conversación conmigo mismo. Todos los líderes saben que el cambio empieza con nosotros mismos. En nuestras conversaciones internas debemos ayudarnos a descubrir nuestros talentos, expectativas, ilusiones, sueños, aspiraciones, creencias y valores. Por eso comentaba al inicio de este artículo, la importancia de estos días para reflexionar, para identificar cuáles son los valores que más nos faltan, para cuestionarnos a nosotros mismos, ¿Por qué hacemos lo que hacemos?.  No hay conversación inteligente sin preguntas inteligentes. Pregunta el que sabe, el que duda no se puede permitir ese lujo. Y es que los valores no vienen de fábrica, hay que trabajarlos, hay que adquirirlos. No se predican, se practican.

Vale la pena también revisar nuestra relación con los que más queremos, nuestra familia, y no me refiero solamente a esposa (enamorada) o hijos, sino incluir a padres y hermanos. Revisar bien el equilibrio trabajo – familia en nuestra vida. En la oficina podemos y debemos ver el vaso medio vacío para poder sacarlo siempre adelante, pero en el hogar el vaso siempre debemos verlo medio lleno, siempre con optimismo, sino los pleitos, separaciones y divorcios, suelen asomarse. Hoy en día, me he dado cuenta que tenemos hijos huérfanos de padres vivos, y eso porque no les dedicamos el tiempo necesario.

Al final, es en la familia es en el único lugar donde te quieren por lo que eres y no por lo que haces. Yo lamentablemente este año he visto a mi hijo más con los ojos cerrados que con los ojos abiertos.

Muchas veces, nos hemos movido en la superficie, en la espuma de los acontecimientos. Este 2014 nos toca retomar el rumbo para caminar en la dirección correcta. Como ya lo he dicho en un artículo anterior, el camino es la meta. No me importan tanto las metas, sino el camino que elijo, el mismo me mostrará cuando doblar y cuando seguir adelante.  La meta es ese sueño que espero tener despierto.

Por estos días ando peleado con mi ego, porque siento que no he dado el todo por el todo, pero tengo el firme compromiso por darlo este 2014. Paciencia, no gano nada molesto con el tiempo. Todo lo que he sembrado este año, lo cosecharé el 2014. Como decía San Agustín, Señor, dame la virtud de la paciencia, pero dámela ya!

Dediquemos tiempo a soñar cosas irrealizables, aterricemos los sueños en tareas concretas, los sueños se construyen a base de esfuerzo. Plantémonos  ser mejores padres, hijos, esposos, trabajadores y amigos, pidamos sabiduría para exprimir el arte de vivir. Pongámosle sal a la vida, y hagamos cosas diferentes este año que viene, y es que cuando te acostumbras a la rutina y estabilidad de una vida sin grandes sobresaltos, la vida te pasa sin que te des cuenta. Salgamos más, olvidémonos de estar pegados a la computadora, al Facebook, bien dicen que si no sabemos desconectarnos, es mejor que no nos conectemos.

Ojalá que este artículo pueda ayudarlos en esa aventura. ¿Lo intentamos?

 

 

Lo que capta tu atención, controla tu vida

Me he permitido traducir y resumir este artículo de Kare Anderson publicado hace 3 semanas en Harvard Business Review y que de hecho se ha convertido en el más leído en su versión online. Hace unos años, los ejecutivos de Disneyworld se preguntaban que es lo que más llamaba la atención de niños pequeños en su parque de diversiones en Orlando. Para ello contrataron a Kare Anderson y a un antropólogo para observar a su paso todos los miembros del elenco y todos los visitantes. Pero después de horas de observación, nos dimos cuenta de que lo que más captó la atención de los niños pequeños no era de Disney sino los teléfonos celulares de sus padres, especialmente cuando los padres los estaban usando.

Esos niños entendían claramente lo que mantuvo la atención de sus padres – y que cuando éstos los usaban, dejaban de tener atención a ellos, y eso era lo que acaparaba su atención.

Dar toda la atención es el primer y principal ingrediente en cualquier relación. Es imposible comunicarse, con alguien que no puede o no quiere centrarse en usted. Al mismo tiempo, a menudo no nos damos cuenta en que es lo que realmente nos centramos, ya que eso al final podría terminar controlando nuestros pensamientos, acciones y al final nuestras vidas. .

Por ejemplo, las personas pesimistas ven los reveses y los acontecimientos desgraciados como algo  personal (siempre me pasa lo peor), generalizado (Todo lo que me está pasando ahora es lo  peor) y permanente (siempre será de esta manera). Sin embargo, de acuerdo a Seligman Marty, con la práctica, se encontró que podemos aprender a prestar más atención a las posibilidades positivas en situaciones para elaborar un círculo virtuoso de la historia de nuestra vida.

Por ejemplo, el psicólogo Richard E. Nisbett, mostró una escena bajo el agua a los estudiantes en los EE.UU. y también a los asiáticos del este. Mientras que los estadounidenses comentaron sobre el pez gordo que nadaba entre los peces más pequeños, los asiáticos también tuvieron una visión m+as global,  incluyendo las plantas y las rocas. Nisbett llegó a la conclusión de que los asiáticos se centran en las relaciones, mientras que los occidentales tienden a ver los objetos aislados, en lugar de las conexiones entre ellas.

Esto es lo que llevó al Dr. Anderson de estos dos conclusiones: La primera que cualquier cosa  a la que le prestas atención tiene un efecto enorme sobre la forma de ver el mundo y entenderlo, y en segundo lugar, es mucho más fácil ver los patrones de la propia atención si se toma el tiempo para aprender acerca de otra persona.

Volvamos al ejemplo de Disney. Los padres probablemente pensaron que estaban pagando un montón de dinero para que sus hijos puedan prestar atención a los diferentes estímulos de DisneyWorld. Pero el comportamiento de sus hijos nos dice en lo que realmente estaban prestando su atención, sus teléfonos móviles. La mayoría de nosotros hemos sido culpables de una mayor atención a nuestros teléfonos celulares de lo que somos conscientes.

Para obtener información sobre nuestros patrones de atención, el autor sugiere examinar a otra persona. La mayoría de los oradores de motivación, auto-ayuda escritores, terapeutas y farmacéuticos nos animan a centrarse en “yo”. Ellos sugieren que hay que mirar hacia adentro para entender y mejorar y para una vida más feliz. Eso no está mal, pero no es suficiente. En lugar de simplemente preguntar: “¿Qué es lo que más me preocupa? Pregúntate ¿Qué es lo que más le preocupa al resto?. Sé el mejor oyente que he tenido en meses. Este es el primer ingrediente y el más básico en cualquier interacción. Simplemente mirando fijamente y con gusto a esa persona, asintiendo con la cabeza, a veces, y reiterando lo que ha escuchado se activará una empatía.

Dar y recibir toda la atención, aunque sea brevemente, es lo mínimo que un individuo puede hacer por otro – y además, atendiendo a los demás no sólo les ayuda – sino que nos ayuda, al evocar las respuestas que nos ayudan a sentirnos útiles, y conectados con el mundo real y no el virtual. Prestar atención puede ser un esfuerzo individual , pero también es una especie de cemento social que mantiene a los grupos y les ayuda a sentirse parte de algo mayor que ellos mismos. No siempre es fácil, pero puede mejorar con la práctica – sobre todo si se encuentra cada vez más flexible, más abierto a nuevas ideas, y más capaz de resonar con los demás. Es inevitable que ello conduce a una vida más rica y más significativa.

Nada es gratuito, Nadal lo sabe

A continuación comparto un excelente artículo de Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE especializado en liderazgo y dirección de personas, publicado en el IESE Insight y del que podemos aprender muchas lecciones. “Rafa Nadal es un campeón de ley. No es una cuestión de talento, aunque está claro que lo tiene. Muchos nacen con habilidad, pero pocos se preparan tan a conciencia como él para llegar a lo más alto. Y todavía menos luchan como él cuando están contra las cuerdas. Nadal, uno de los mejores tenistas del mundo, es un ejemplo. Un ejemplo, ahora más que nunca, para España, sus empresas y sus trabajadores.

Los primeros pasos
Rafael Nadal Parera nació en Mallorca el 3 de junio de 1986, en el seno de una familia muy unida. Sus abuelos habían creado lazos muy fuertes y de hecho, muchos miembros del clan hacen negocios juntos. También era una familia unida al deporte, y de hecho su tío Miquel Ángel Nadal había llegado a la élite del fútbol. Un día, con tres años, su padre le llevó a ver a su tío Toni Nadal, entrenador del club de tenis de Manacor. “Coge la raqueta, a ver si le das”, le dijeron. Y el niño golpeó la bola como la cosa más natural del mundo. Toni se quedó sorprendido, y ahí empezó todo. Tenía talento.

Aunque no hay que confundir talento con facilidad, avisa su tío y entrenador. Muchos jóvenes tienen facilidad pero no llegan a la élite. “La cabeza no les da para más”, dice. El talento es la capacidad de aprender, de perfeccionar una habilidad. No se trata tan sólo de dar los primeros pasos, sinó también querer llegar a los últimos. Cuando Rafa fue campeón de España con diez años, Toni Nadal le mandó un aviso: le enseñó la lista de los últimos 25 jugadores que habían ganado ese torneo. Nadal sólo reconoció a uno: Àlex Corretja. Los demás se quedaron en el camino.

Una base sólida
Los padres de Rafa han cuidado mucho su educación, aunque compaginar libros y raqueta le llevara a jornadas maratonianas de 8 a 23h. Completar la Escuela no fue fácil para el jugador, y por ello, en los momentos clave, los estudios pasaron por delante de torneos tan importantes como Roland Garros Junior. Pese a estudiar la posibilidad de trasladarse al Centro de Alto Rendimiento de Sant Cugat, la fábrica del tenis de élite español, decidieron que se quedase en Palma. Lo querían cerca de la familia.

En lo deportivo, los entrenamientos de su tío Toni se basan simple y llanamente en el esfuerzo. Cree que el éxito se entrena a los 7 u 8 años, no a los 20. Siempre le ha exigido el máximo a Rafa, aún a costa de una tensión a veces excesiva y de mandarlo a casa agotado. Las sesiones van desde las 3 horas entre torneos hasta jornadas casi de sol a sol en pretemporada. Le ha preparado para los momentos difíciles, para la frustración, y sobre todo, para la perseverancia.

Nunca le ha permitido excusas: por ejemplo, en un partido contra el estadounidense Blake, Rafa se quejaba de que las pelotas no cogían efecto. Toni le respondió: “pierde, vete a casa, deja de quejarte tanto”. Nadal perdió, pero la semana siguiente ganó un torneo con las mismas pelotas. Las excusas no valen, porque el rival juega en las mismas condiciones. Otro detalle: nadie verá a Rafa tirar una raqueta al suelo. Sabe lo caras que son y que mucha gente no puede permitírselas. Tampoco le han dejado acomodarse. Incluso después de victorias importantes como su primer Roland Garros, su entrenador le ha obligado a analizar los puntos débiles de su juego. Siempre hay tiempo para la crítica constructiva.

Crecer con el equipo
Como cualquier otra empresa, el equipo de Rafa ha ido creciendo con la llegada de nuevos triunfos y nuevos retos. Se ha pasado de un núcleo de dos personas (su tío y él) a un grupo compuesto por 7 personas: jugador, entrenador, mánager, fisioterapeuta, preparador físico, segundo entrenador y jefe de prensa. Una ampliación que se ha hecho progresivamente y siguiendo un espíritu de cercanía. El mánager, Carlos Costa, trabaja con ellos desde que el jugador tenía 14 años. Tanto el preparador como el fisioterapeuta son gente de confianza del entorno de Mallorca, profesionales que antes no se movían en la élite. Es decir, no se ha ido a cazar figuras mundiales. Tampoco se ha crecido por crecer. El jefe de prensa llegó cuando ya era imposible atender todos los medios, y el segundo entrenador se incorporó porque Toni, cansado de tantos viajes, quería pasar más tiempo con su familia.

Cada miembro tiene delimitada su función, aunque de manera tácita, sin formalismos. Además, el proceso de decisiones es ahora más rico: el jugador tiene más puntos de vista donde escoger. Pero esta evolución no ha alterado el orden básico de las cosas. El equipo sabe de dónde viene el éxito: del trabajo constante de Rafa, al que su tío le ha llevado desde hace más de 15 años. Todo depende de su esfuerzo y de sus ganas de aprender. Ahora mismo, el jugador lleva meses mejorando su saque, y su tío sigue pensando que los progresos son insuficientes. Igual que las empresas saben que hay que innovar para seguir adelante, Nadal sabe que si no mejora sus rivales le atraparan. Él mismo logró destronar a Federer, el jugador que todos señalan como el más hábil del circuito. En un momento tan duro para muchos como el actual, el mensaje de Rafa es claro: no importan las condiciones, no importa el rival, no sirven las quejas. El esfuerzo lo puede todo y las dificultades están ahí para superarlas: las vences o te vencen.”

El éxito ¿Una ilusión peligrosa o un anhelo impostergable?

¿Soy exitoso? ¿A quién no le interesa serlo? Quizá una de las preguntas más trascendentales de nuestra vida, no la estemos enfocando por el camino correcto.

Y si la respuesta fue positiva, ¿nos preguntamos el porqué?

Aquí algunas típicas respuestas en las que seguramente nos veremos reflejados:

  1. Si, porque tengo mucho dinero, vivo en un departamento grande, soy gerentaso, super bien contactado, muchos amigos…
  2. Si, porque soy muy hábil, muy inteligente, tengo MBA del extranjero, inglés fluido…
  3. Si, porque me preocupo por las necesidades de los demás, por mis necesidades reales y estoy dispuesto a servir.

¿Alguno optó por la última opción?  No lo creo, y al final, es la verdadera razón de ser del éxito. La primera respuesta se basa en motivos extrínsecos, es decir, del entorno (plata, propiedades, (soy lo que tengo), la segunda por motivos intrínsecos (retos que cumplo) y la tercera por motivos trascendentes, es decir, el enfoque está en las personas. Soy exitoso cuando ayudo a los demás a serlo (familia, amigos, trabajadores, accionistas), y esta forma de ver las cosas, curiosamente no es excluyente, por el contrario, termina por incluir las dos primeras razones, que muchas veces son una consecuencia de vivir de cada a la tercera respuesta.

Actualmente la gente vive de afuera hacia adentro, tienen un error de enfoque. Les importa más hacer creer a los demás que son exitosos, que son felices, que en tratar de serlo realmente. Todo lo tienen en la vitrina y nada en el inventario.

En estos casos es muy importante definir para ti que es el éxito. Si vives persiguiendo el éxito de los demás, probablemente te des un portazo en la cara cuando lo consigas y veas que eso no te satisface. Cuantas veces hemos dejado muchas horas con la familia, con los amigos, para comprar algo que cuando por fin lo conseguimos, nos alegra el primer día y luego con el correr de los días, nos deja de encantar, y claro, el tiempo perdido ya no lo devuelve nadie.

Es por ello muy importante definir para nosotros que es el éxito, y hacernos las preguntas correctas para estar alineados con lo que queremos finalmente conseguir. Una primera y gran pregunta es ¿Para qué?. Ayuda mucho preguntarse, ¿Para que hago lo que hago?, ¿Para qué le dedico tanto tiempo a esto? ¿Vale la pena?

Mucha gente me dice que lo más importante en su vida es su familia, sin embargo, se han preguntado:

¿Cuántas horas trabajo al día?

¿Cuántas horas le dedico a mi familia al día?

¿Cuántas horas tengo para mi al día?

En el análisis de resultados encontraremos algunas conclusiones que podrán reorientar lo que hacemos. Al final, el tener una familia bien constituida, ayuda a ser más productivos en el trabajo. No son posiciones excluyentes sino por el contrario, complementarias. Muchas veces las causas de la baja productividad son los problemas familiares.  Robert Andrerson decía que “En todo matrimonio que ha durado más de una semana existen motivos para el divorcio. La clave consiste en encontrar siempre motivos para el matrimonio.”

Otro de los principales males que nos tratan de vender gato por liebre y nos hacen perseguir metas falsas es el “workaholismo” o adicción al trabajo, mal del que sufro, pero que poco a poco estoy tratando de salir (justamente escribiendo artículos como éste). Al final, no es la cantidad de horas, sino la forma de  utilizarlas, el que lo hace a uno adicto al trabajo. Nuria Chinchilla, experta enconciliación Trabajo y familia decía que “El trabajo es como un gas. Se esparce por toda la agenda, y si nos descuidamos, ocupa sin piedad cualquier hueco de tiempo libre.”  Quizá sea esa una buena medida para saber si lo somos, o estamos en camino a serlo. También existen otros síntomas como pensar constantemente en el trabajo o  buscar excusas para seguir trabajando.

Recordemos que al final uno trabaja para ser feliz, ser feliz implica vivir con la conciencia tranquila de saber que estás haciendo lo que tienes que hacer en ese momento, y la mejor forma de encontrar un trabajo que nos haga felices es en aquel que nos ayude a maximizar la remuneración emocional, es decir, la remuneración relacionada a la calidad de vida que queremos vivir para ser exitosos y la calidad de vida no es el número de cosas que tienes sino un conjunto de variables que incluyen la felicidad que puedes dar a los demás, el porcentaje de cosas que disfrutas, el tiempo que puedes dedicarle a tus seres más queridos y a ti mismo y el nivel de retos que puedes trazarte.

Reflexiones para comenzar bien el 2012

Enfoquémonos en maximizar el “Great Place to Live”.

Hoy en día está de moda el clima laboral y medirlo con Rankings como el Great Place to Work. Se me ocurrió crear el Great Place to Live, un ranking en el que nos enfoquemos en ello y también en “clima familiar”, y “clima personal”.  Es decir, ¿Hago el mismo esfuerzo en mi trabajo que en mi familia para dedicarle tiempo, para mejorar mi carácter, mis valores familiares? ¿Qué hago para mejorar la vida de aquellos que viven conmigo?

Las empresas, tal como las familias,  vienen a ser la sombra alargada de la personalidad de aquellos que las formamos. Konosuke Matsushita decía que la misión principal de un gerente es responder y satisfacer las ansias del ser humano de tener una vida más plena. Tener un confort material no garantiza la felicidad. Solo la salud espiritual trae la verdadera felicidad. Si esto es así, los negocios solo deben ocuparse del aspecto económico de la vida y dejar de lado lo relativo al espíritu en manos de la religión o la ética? Pienso que no. Los hombres de negocios deben ser capaces de crear una sociedad espiritualmente rica y económicamente próspera.”

La mayoría de profesionales creen que la prosperidad genera felicidad, es decir, que el éxito es la causa y la felicidad el efecto. Grave error. Según numerosas investigaciones, el éxito, en el mejor de los casos genera aumento de placer, pero pasajero. La fórmula correcta, entonces, es ubicar la felicidad como causa y el éxito como efecto. Y es que cuando somos felices, somos más creativos, motivados y eficientes. El éxito es el estado de paz y serenidad en la conciencia  alcanzado como consecuencia de la satisfacción de saber que has hecho todo lo que eres capaz. Si das lo mejor, puedes haber perdido, pero no fracasado. Por ello, una primera tarea para este 2012 es enfocarnos en invertir más en la felicidad de nuestros compañeros de trabajo y nuestra familia. Tal ben Shahar, el profesor más exitoso de Harvard el 2010 y gurú de la Felicidad, dice que cada vez más gerentes se están dando cuenta de que la felicidad paga, es decir, que el preocuparse por su bienestar contribuye a su productividad y que eso beneficia a toda la organización, pero más importante aun, y eso lo digo yo, porque hace que las personas sean mejores, y si son mejores, trabajan y viven mejor. Y es que a la hora de viajar por la vida la felicidad tiene mucho que ver con hacerse las preguntas correctas y con las personas que te acompañan. Bien dicen que pregunta el que sabe y que acaba bien acompañado el que saber estar solo.

Este 2012, además,  me enfocaré en que Laborum, la empresa en la que trabajo,  sea el # 1 en mi Ranking imaginario del Great Place to Live. ¿Y cómo lo haremos? Poniendo cada uno las condiciones para que se de, fomentando un  ambiente estimulante y motivador, un espacio físico en el cual estemos cómodos, un espacio afectivo en el que haya libertad para discrepar pero con el único objetivo de mejorar nuestras relaciones, no de herir, sino de crear un clima de confianza. Ya lo decía Cicerón “Qué cosa más grande que tener a alguien con quien te atrevas a hablar como contigo mismo”.

La actitud que adoptemos, las ganas que pongamos, la energía que contagiemos, el sueño que luchemos por alcanzar y la ilusión que mantengamos es lo que nos debe ocupar y preocupar este 2012.

El error, la otra cara de la excelencia

Hoy les traigo un resumen de un artículo recientemente publicado por Santiago Alvarez de Mon, brillante profesor del IESE y asesor de empresas, quien no deja de sorprenderme con sus artículos.

“Diversión y exigencia son los dos bastones de un maestro que marca un ritmo asfixiante a la carrera.  Los colaboradores deberían desconfiar de unos jefes que confunden un estilo participativo e ilusionante con un liderazgo débil y pusilánime en el que la crítica íntegra, oportuna y justa no tiene cabida.  Uno de esos ídolos de masas a los que la sociedad rinde pleitesía, un icono mediático y fulgurante que ha batido todo tipo de récords, un deportista de élite.  Dios en la cancha como lo bautizó su admirado rival, Larry Bird, de los Boston Celtics –estoy hablando de Michael Jordan-, confiesa: «He fallado más de 9,000 tiros en mi carrera.  He perdido más de 300 partidos.  En 26 ocasiones se me concedió la responsabilidad de encestar la última canasta y me equivoqué.  He fallado una y otra vez en mi vida deportiva.  Por este motivo triunfé».  Lo del error como la otra cara de la excelencia no es una frase elegante, un eslogan paradójico, un juego atrevido de palabras.  Es, simple y llanamente, el patrón universal de todos los que llegan a la cúspide de su profesión.  Así que ya sabe, si hoy se ha equivocado, penetre en los agujeros más oscuros de ese error, y asegúrese de que les da la luz y aprende.

Jordan es un canto al esfuerzo, a la insistencia, al trabajo, más que testimonio de un prodigio natural.  Jordan no pasó el corte con el equipo del colegio.  Tampoco fue elegido por la universidad con la que quería jugar.  Tampoco fue seleccionado por los dos primeros equipos de la NBA que perfectamente le podían haber integrado en sus escuadras. ¿Cómo se sintió el gran Jordan? Devastado, no se lo podía creer.  Su madre confiesa: «Le dije que insistiera y trabajara con más disciplina».  ¿Le hizo caso?  No lo dude.  Salía de casa a las seis de la mañana para ir a entrenar antes de asistir a clase.  En la universidad de North Carolina trabajó constantemente sus debilidades, juego defensivo, manejo del balón y tiro exterior.  Una vez, después de haber perdido el  partido más importante de la liga, se quedó lanzando tiros durante horas.  Para todos los que le conocen, su capacidad de trabajo es legendaria.  ¿Su receta?.  «La fortaleza mental y el corazón son mucho más importantes que algunas de las ventajas técnicas o físicas que puedas tener. » Jordan dixit ¡Sorpresa!

Los hijos deberían sospechar de unos padres que le conceden todo, que nunca les niega nada, que les acunan y mantienen calentitos en cuanto los primeros fríos y sinsabores despuntan en lontananza.  Los estudiantes deberían suspender a los profesores que des aprobado general a todos, que no les exigen y obligan a dar el callo.  Señal de que no les valoran, de que no esperan gran cosa de ellos. 

Parece que la alegría te la da el triunfo, pero si éste no te ha costado nada, la felicidad no es ni mucho menos la misma.  La alegría del triunfo te la da el trabajo que tú has hecho para alcanzar la victoria.  Si no te cuesta, no la valoras.  La pasión, las ganas de triunfar te las dan todas las horas de trabajo que has llevado a cabo.

Una de las cosas que más me sorprende de Rafael Nadal es cómo maneja los errores.  Hay gente  en el golf que falla un putt  le acompaña esa frustración en los próximos cinco hoyos.  Rafa pasa la página, se recupera y gana el siguiente punto, le comento a Toni.  «Porque lo ha entrenado.  Cada vez que cometía un error, parábamos y le preguntaba «¿Qué ha pasado? ¿Cuál es el movimiento correcto? »  Hablamos de los errores con toda naturalidad y sencillez.  Cuando te hundes por un fallo, es una presunción exagerada de su capacidad.  Lo normal es que falles, eres humano.  Si no lo ves así, eres un soberbio, un impaciente.”

¿Así que quieren tener empresas más exitosas no?

Hace poco más de 10 años, en el Congreso mundial de Management, celebrado en Nueva York, ocurrió un hecho inesperado. Los oradores de talla mundial como Phillp Kotler y demás habían terminado y el conferencista de cierre lo habían mantenido en suspenso. Grande fue la sorepresa del auditorio, Gerentes Generales de las empresas más grandes del mundo, cuando vieron ingresar a la Madre Teresa de Calcuta. Lo curioso del caso es que habló 30 segundos y a pesar de que no estaba en las encuestas que los asistentes llenan luego del congreso para calificar a los expositores, pues la incluyeron a lapicero y le dieron el puntaje más alto. ¿Qué mensaje tan potente pudo decir en 30 segundos que la hayan hecho merecedora de ello? Algo muy simple, muy básico, pero a la vez quizá lo que más nos falte. Ella se paró enfrente del auditorio, luego de saludarlos, les dijo “¿Así que quieren tener empresas más exitosas no? Pues a todo su equipo de trabajo, conózcanlos, quiéranlos mucho, y exíjanles mucho.”

Todo parte por allí, no podemos evaluar a quien no conozcamos, porque no sabemos que problemas está teniendo en ese momento, que definitivamente afectan su desempeño. No podemos premiar sino sabemos que es lo que realmente le interesa a esa persona, a veces es sueldo, a veces trato, a veces retos, a veces posición, es decir, la primera regla que nos da la Madre Teresa es quizá la más básica de todas, pero también la menos común en nuestras empresas. Si no somos capaces de identificar los mejores talentos que tenemos, quererlos, exigirles, pero primero que nada, conocerlos, éstos se irán a una empresa que si lo haga.

Para lograr que la gente se apasione por su trabajo , el trabajador tiene que sentir que crece con lo que hace y hace crecer a los demás.

Se habla mucho sobre el salario emocional hoy en día ya que es la principal variable que se toma en cuenta a la hora de retener el talento. Según una reciente encuesta realizada por CNN en Expansión el 77% de empresas latinoamericanas señalan la retención del talento como el principal reto de la organización.
¿Y qué es el talento? La mejor definición que escuché es también la más sencilla: Saber hacer algo bien. Dicen que cada empresa tiene el talento que se merece y no les falta razón, ya que los que están en las principales posiciones son los responsables de la formación de sus directivos y en general de todas las personas que trabajan allí.
Valdría la pena preguntarse en los últimos años o meses, ¿Qué hemos hecho para tener gente talentosa?
¿Simplemente pagarles bien? Hay algo más que el dinero, como hay equipos que pagan más que el Barcelona y sin embargo, no tienen esa magia, esa pasión por jugar el buen futbol y que los ha convertido según muchos entendidos a ser el mejor equipo de la historia.
El talento que se compra con las mismas se vende. Éste se descubre y se desarrolla. Y es justamente cuando uno hace crecer a una persona en una empresa, cuando le genera compromiso, cuando hace que se ponga la camiseta, cuando hace que vaya a trabajar feliz. A eso se le llama salario emocional, a la remuneración, relacionada con la calidad de vida que quiere uno vivir.
Si bien es cierto el concepto de salario emocional está muy ligado al clima laboral que se respire en la empresa, éste no se basa en almuerzos de fin de mes, o entradas para el cine, sino principalmente en tratar a la gente como les gusta que los traten, como quisiera que ellos traten a sus clientes, en ofrecerles un proyecto a futuro que los rete, en definir y establecer sistemas de incentivos personalizados y por supuesto en una compensación adecuada, y eso solo se logra si primero, como bien dice la Madre Teresa, se conoce a fondo al equipo de trabajo. Cuando uno paga más puede también exigir más. Si la empresa hace como si paga, el trabajador hace como si trabaja.
La alegría cambia el comportamiento de la gente y por ende su desempeño y realidad. Dicen que la distancia más corta entre dos personas es la sonrisa.
El amor no se compra, se paga con amor. Si uno quiere maximizar el salario emocional en su empresa, conozca primero a su gente, involúcrese en su éxito, envuélvanlos con su encanto, de corazón, trátelos con justicia pero ello no significa que haya que corregir cuando haya que hacerlo, la gente lo valorará más.

¿Cuáles son los valores más importantes para triunfar en el trabajo?

A continuación les presento un extracto de una entrevista reciente que le hicieron a Santiago Alvarez de Mon, profesor del IESE, uno de los pensadores más brillantes de España y recientemente nombrado Director del BBVA en España.
Usted ha entrevistado y ha seguido la trayectoria no sólo de líderes empresariales, sino en
general de personas que han hecho frente a la adversidad. ¿Qué valores son denominadores
comunes en estas personas?
Uno de ellos es la humildad. Es un valor que maneja bien el error y maneja bien el éxito. La humildad
está educada en el aprendizaje. Te abre la mente. Estas personas cuando se han equivocado alzan
el vuelo y siguen caminando. Y cuando parece que les van bien las cosas no se lo creen demasiado.
Otro es la constancia, la gente grande llega muy lejos porque no sólo está en “el aquí” y “el ahora”.
Están pacientemente dando pasos firmes en la dirección correcta. Además es gente curiosa, y quiere
rodearse de gente de talento a su alrededor. Quieren gente brillante a su lado. Y es gente optimista, cuando tienen muchos motivos para ser pesimistas. Eligen el optimismo como mirada vital, justa. Y tienen sentido del humor. Creo que esto es un corolario natural de ser humilde. En lugar de tomárselo a la tremenda, tienen el humor como filtro para vivir. El humor realmente te salva de la depresión. No sólo es gente que cuenta chistes, sino que se ríen de sí mismos. Cobran distancia y perspectivas frente a sí mismos y deciden armar una relación comprensiva, amable con ellos mismos y para ello se requiere del humor. Una vez que te conoces, o te deprimes o te ríes.

¿Qué papel tiene el sentido del humor en el liderazgo?
El sentido del humor es el que te permite manejar el poder y no quedar pegado en sus telarañas,
porque liderazgo no es sinónimo de poder. El lenguaje es muy rico, y no porque una persona ocupe el
puesto de consejero delegado, de director general o de presidente tiene liderazgo. Tiene el poder, el
estatus, pero no la credibilidad, la influencia, el “plus” de influencia del liderazgo. Otras personas
tienen liderazgo pero a lo mejor precisamente por tenerlo no lo ven reconocido por cuotas de poder.
¿Cuánto poder tuvo Tomás Moro? Sin embargo, para mi es un referente. ¿Cuánto poder tuvo Gandhi,
en algunos pasajes de su vida? ¿Cuánto poder tuvo Mandela en la cárcel, aunque luego fuera
presidente de Sudáfrica? ¿Cuánto poder tenía Lincoln? Iba recogiendo errores tras errores, fracaso
tras fracaso hasta llegar a la presidencia. Toda esta gente son curiosamente seres sociales, solidarios
y expansivos pero que manejan muy bien su soledad. El liderazgo tiene que ver con gente que se
rodea de gente competente, influye sobre sus colaboradores pero también sabe estar en soledad. El
drama del hombre moderno es que no sabe estar solo. Con respecto al humor, si el liderazgo es un
proceso de transformación, de liberar la energía y el talento de los seres humanos a los que se dirige,
sí tiene que ver con institucionalizar los procesos de aprendizaje; dada nuestra condición humana,
nuestra fragilidad y vulnerabilidad, siempre habrá errores. ¿Cómo manejo el error, para que sea una
fuente de aprendizaje? El humor es el que te evita caer en la desesperanza, el que te evita deprimirte,
el humor es el que te permite no dimitir. Creo que el humor es la tribuna desde la que puedes
gobernar tu vida. Decía Ortega “Si quieres liderar impera sobre ti mismo”. Y para imperar sobre ti
mismo hay que ir a la base de tus carencias y entonces requieres de esa mirada amable y
comprensiva, cariñosa y simpática que es el humor.

El poder del precio: Por qué una aspirina de 50 céntimos puede hacer lo que una aspirina de 1 céntimo no puede

Hoy les traigo un resumen de un capítulo de Las Trampas del deseo de Dan Ariely, muy interesante para descubrir como pensamos: “¿Nos hace sentir mejor un medicamento caro que uno barato? ¿Puedo de verdad hacernos sentir psíquicamente mejor que  una marca más barata?.

Pero ¿de qué modo influye en nosotros la sugestión?

En general, hay dos mecanismos que configuran las expectativas que hacen los placebos funcionen. Uno es la creencia: nuestra confianza o fe en el medicamento, en el procedimiento o en la persona que nos lo suministra. A veces el mero hecho de que un médico o una enfermera nos presten atención y nos tranquilicen no sólo nos hace sentir mejor, sino que además desencadena nuestros procesos de curación internos. Incluso el entusiasmo que muestre el médico por un determinado tratamiento o procedimiento puede predisponemos hacia un resultado positivo. 

El segundo mecanismo es el condicionamiento. Como los famosos perros de Pávlov (que aprendieron a salivar al oír un diapasón), el cuerpo crea expectativas a partir de una serie de experiencias repetidas. Suponga que ha pedido una pizza; cuando el repartidor toca el timbre de la puerta, sus jugos digestivos empiezan a fluir aun antes de que haya tenido ocasión de empezar a olerla.

En mi caso, por ejemplo, recuerdo vívidamente yacer en el pabellón de quemados presa de terribles dolores. En cuanto veía acercarse a la enfermera con una jeringa llena casi hasta arriba de analgésico, sentía un alivio inmediato. Mi cerebro empezaba a segregar opioides que mitigaban el dolor un antes de que la aguja penetrara en mi piel. Pero ¿y el precio?¿es posible que el precio de in medicamento influya también en nuestra respuesta a él?

Basándonos sólo en el precio, es fácil imaginar que un sofá de 4.000 euros será más cómodo que uno de 400. Por ejemplo, ¿será un analgésico barato menos eficaz que uno más caro?¿peor nuestro resfriado invernal si nos tomamos un medicamento para el resfriado que esta de oferta que si nos tomamos otro que sale más caro?¿Responderá peor nuestra asma a un fármaco genérico que a otro de la última marca  que ha salido al mercado?¿Podemos suponer que un precio más alto implica una mayor calidad?, y ¿se traducen realmente nuestras expectativas en la eficacia objetiva del producto?

¿Estamos condenados, pues, a obtener un menor beneficio cada vez que se nos hace un descuento? Si dependernos sólo de nuestros instintos irracionales, en efecto, lo estaremos. Si vemos un artículo a mitad de precio, supondremos instintivamente que su calidad es menor que la del artículo al precio normal, y entonces haremos que de hecho lo sea. ¿Y cuál es el remedio? Si nos paramos a considerar racionalmente el producto en relación a su precio, podremos liberarnos de esta tendencia subconsciente a rebajar automáticamente la calidad junto con el precio de éste.

Cuando la gente piensa en un placebo como el toque real, normalmente lo desecha tildándolo de “simple psicología”. Pero lo cierto es que el poder de un placebo no tiene nada de “simple”, y en realidad refleja el asombroso modo en que nuestra mente controla nuestro cuerpo. No está muy claro el modo en que la mente obtiene esos sorprendentes resultados. Sin duda, una parte del efecto tiene que ver con la reducción del nivel de estrés, el cambio de las secreciones hormonales, el cambio del sistema inmunitario, etc. Cuanto más conocemos el vínculo existente entre cerebro y cuerpo, más cosas que antaño parecían perfectamente claras se vuelven difusas. Y en ningún otro caso resulta esto tan evidente como en el de los placebos.

 En otras palabras: cuando se nos aleja de cualquier pauta de pensamiento ético, tendemos a caer en la deshonestidad. Pero si en el momento de la tentación se nos proporciona un recordatorio moral, resulta mucho más probable que seamos honestos.”

 

Cualidades del trabajo en equipo

Ayer estuve en un desayuno que organizó la empresa en la que trabajo y el título de la exposición fue “La nueva gestión del talento”, en la cual uno de los temas más importantes del mismo es saber trabajar en equipo. Pablo Ferreiro, el expositor, comentaba que se necesitaban dos virtudes sobre todas las demás para lograrlo: humildad y generosidad. Trabajar en equipo es aprender a escuchar. Uno forma un equipo para conseguir lo que no puede conseguir solo. Todos nosotros, solos, somos mucho más débiles que juntos. Al respecto, me vienen a la menta las palabras que dijo Santiago Alvarez de Mon, gran profesor del IESE sobre como aprender a trabajar en equipo: “Cuando todo el mundo en el equipo cree de verdad que su firma está estampada en todo lo que hace el equipo, entonces tenemos una posibilidad de ser grandes. Cuando se trata de trabajar en equipo, hay que cerrar el puño, apretar los dientes y vivir estas cinco cualidades: comunicación, confianza, responsabilidad individual y colectiva, cariño y orgullo. Todo eso es mucho más importante que el talento y la experiencia técnica.

Comunicación clara y abierta, que no solo habla, sino que pregunta y escucha. Confianza que suscitar y cultivar, no se puede forjar y exigir. Responsabilidad, atributo personal e intransferible, a partir del cual se comparten éxitos y fracasos. Cariño, valor en la retirada que hable de ternura, amabilidad, afecto, ideas que no tiene por que estar reñidas con la eficiencia y profesionalidad.

Orgullo, estado legítimo de la felicidad y plenitud por pertencer a algo que es digno del mejor esfuerzo.”

 El trabajo en equipo no se da únicamente en el trabajo (valga la redundancia) sino puede ser aplicado al hogar también, como hacer con tu esposa para educar mejor a los hijos, para llevar una mejor relación, etc. Los principios son perfectamente aplicables. Uno de los grandes enemigos de esto son, a pesar de que sirven mucho para otros temas, los celulares, IPODS, Laptops, etc, que en lugar de promover esa comunicación, la debilitan. Al respecto y para aclarar mis ideas, los dejo con este video que habla por si solo. “Desconéctate para conectarte”:

http://www.wimp.com/disconnectconnect/