Ideas para vivir mejor

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Las cualidades de un ganador en la vida

Octubre 10, 2009 · 2 comentarios

Javier_Villa_primer_ganador_espanol_GP2Comparto con ustedes, el resumen de un artículo de Jack Welch, Ex Presidente de General Electric publicado en The New York Times y Semana Económica recientemente acerca de lo que es necesario tener para ser un ganador:

 “Contratar gente buena es difícil. Pero para ser ganador no hay nada más importante que contar con la gente adecuada. Cuando se está valorando a los candidatos para un empleo hay cuatro características realmente importantes:

 1. Autenticidad: ¿Por qué? Es simple, Una persona no puede tomar decisiones difíciles, tener un puesto poco popular o defender lo que cree a menos que él mismo se conozca y se sienta cómodo con su postura. Estoy hablando de la confianza en si mismo y convicción.  Cuando trabajé en General Electric, ocasionalmente nos encontrábamos con un ejecutivo muy exitoso que simplemente no podía ser promovido al siguiente nivel. Esos ejecutivos demostraron valores correctos y lograban las metas, pero normalmente sus trabajadores no se conectaban con ellos.

¿Cuál era el problema? Finalmente descubrimos que esos ejecutivos siempre tenían cierta falsedad. Pretendían ser algo que no eran: más controladores, más alegres, más astutos. No sudaban, no lloraban. Se retorcían en su propio ser, actuando un papel inventado por ellos mismos.

2. Capacidad para prever lo inesperado: En el mundo empresarial, los mejores líderes en ambientes brutalmente competitivos tienen un sexto sentido para percibir cambios en el mercado y las acciones de la competencia existente y recién entrante. De cierta forma, un ganador, debido a su intuición y astucia, podía ponerse en los zapatos de la personas con la que negociaba, y eso le permitía predecir cada jugada en una negociación. Nunca nadie estuvo cerca de ganarle la partida –porque sabía lo que pensaba su adversario antes que el propio adversario lo supiera-.

3. Rodearse de gente mejor que uno mismo: Cada vez que teníamos una crisis en General Electric, rápidamente se reunía un grupo integrado por la gente más inteligente y valiente que podía encontrar en cualquier nivel de la empresa y algunas veces de fuera. Me aseguraba de que todos abordaran el problema desde un ángulo distinto, y después hacía que todos nos empapáramos de información mientras trabajábamos para solucionar la crisis.

Un buen líder tiene el coraje de ensamblar un equipo que algunas veces lo hace ver como la persona más tonta de la sala. Se que esto suena contraintuitivo: se quiere que las cabezas sean los más inteligentes, pero si usted actúa como si lo fuera, no obtendrá ni la mitad de retroalimentación que debe obtener para tomar las mejores decisiones.

4. Resiliencia: Todo líder comete errores: todo líder tropieza y cae. La pregunta para un líder de alto rango es si él o ella aprende de sus errores, se reagrupa y sigue andando con nuevo paso, convicción y confianza.

 El mundo empresarial global de la actualidad va a tumbar del caballo a cualquier gerente más de una vez. Los líderes deben saber cómo subirse a la silla otra vez.

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¿Qué te ha enseñado la vida?

Septiembre 6, 2009 · 7 comentarios

tytyTremenda pregunta. Me hizo reflexionar bastante y la planteo hoy para que lo hagan ustedes también. El sólo hecho de pensarla, ya nos puede traer muchos beneficios, sobre lo que hemos vivido, y sobre todo de cómo lo hemos aprovechado para el futuro.

La he preguntado a algunos amigos, sus respuestas han sido tan variadas como originales, a algunos les ha enseñado saber a perder, a valerse por si mismos, a tener humildad, a correr por la vida sin frenos, en fin.

A mi me ha enseñado a entender que las cosas pasan por algo y para los que actúan con rectitud de conciencia, todo es para bien. Me enseña cada día que todo exige un esfuerzo, no hay lonche gratis, me enseña que sólo pierde el que no da todo lo que lleva dentro, una extraordinaria frase que leí de Valero Rivera.

Una de las respuestas que más me hizo pensar la leí en el libro “Yo no soy superman” de Coaching, en el que le hacen la pregunta a la persona que le hacían el coaching y responde: “He aprendido a cuidar el tiempo como un regalo único. Así veo el día de hoy como un obsequio que he de agradecer y aprovechar. Ayer se fue y mañana no ha llegado, voto por quedarme en el presente. Viajo al pasado para aprender de su fantástico almacén de datos. Cuando lo hago, el presente se colma de agradecimientos y de una sana tristeza. Teniendo la nostalgia bajo control, el recuerdo de seres queridos que ya se fueron, las imágenes de una edad tierna e irrepetible, las amistades urdidas entre clases, partidos, libros, y diversión., las fotos de los primeros pasos de mi familia, aportan al presente un halo de serenidad, dulzura y unas gotas de melancolía. ¿Qué hago con esas cuotas de pena? Leer sus enseñanzas para administrar mejor la realidad. Me proyecto al futuro para anticipar escenarios, para cobrar impulso, para irradiar ilusión y esperanza en un presente invernal. Completada la excursión  galáctica y futurista regreso a  mi tiempo preferido, el presente, a él me coso en las duras y en las maduras. Si todo va bien, no arruino esa felicidad con el miedo a que se canse pronto, Si las cosas se tuercen, me consuela pensar que no se eternizarán, que también pasarán los nubarrones, que me curtiré y hará más fuerte, y que cuando salga el sol, nadie gozará más de él como yo. La vida enseña a no tomarte las cosas y los acontecimientos que suceden con tanta seriedad y tremendismo. Estamos aquí dos días, como para amargarnos la propia existencia y las de los demás.“

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Controlando mis emociones

Diciembre 14, 2008 · 10 comentarios

emocion-del-1-al-10Hace poco leyendo el blog de Anibal Cuevas (uno de los blogs mas leídos de España) gran amigo y experto en temas de familia e inteligencia emocional: http://www.anibalcuevas.blogs.com/ y me encontré con un muy buen artículo, corto pero directo que quise incluir en mi blog, que habla sobre inteligencia emocional:

Las emociones pueden y deben ser moduladas de manera inteligente, en otras palabras se puede ser dueño de uno mismo. Una de las características de la inmadurez es la inestabilidad emocional. Esta se expresa mediante cambios de estados de ánimo en cortos espacios de tiempo pasando de la euforia a la melancolía sin razones aparentes.

 

Las personas inmaduras suelen actuar movidas por las emociones dejando en segundo lugar la voluntad, los principios. Se trata de una característica de la adolescencia, actuar en función de la apetencia: me apetece, no me apetece, algo que, por otro lado, es tan común hoy a muchas personas adultas.

 

Las personas que tienen un proyecto de vida, unos principios en los que basan su actuar suelen ser más estables, maduras, y por tanto felices. No se trata de controlar fríamente las emociones, los sentimientos o los estados de ánimo, eso no sería humano, sino de mantenerlos en su sitio y que no se conviertan en dirigentes de las decisiones que se toman.

 

Una personalidad madura sabe sobreponerse a los extremos anímicos y los mantiene dentro de unas variables moderadas. No se frustra ante el fracaso y no se cree insuperable ante el éxito. Vive su vida sin perder de vista ese proyecto personal que es el que le da sentido a todo lo que hace.

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¿Qué yo puedo ser un santo??? ¿Y para qué?

Octubre 20, 2008 · 4 comentarios

Aquellos que no han escuchado este concepto nunca en su vida, me creerán loco, que me falta un tornillo, o sino una suerte de cucufato radical, pues lamento desilusionarlos, ni lo uno ni lo otro, aunque pensándolo bien, quizá si tenga algo, o peor aun, quizá mucho de loco, pero creo que es necesario serlo para entender muchas cosas. Entendiendo loco como aquella persona que se atreve a pensar diferente al resto, y sostener sus ideas a pesar de que a priori sabe que será difícil que lo entiendan.

 

Y si pues, cuando me enteré sobre este tema de la santidad, me imaginé un curita en una iglesia con harta vela prendida, pero la verdad es que el concepto está muy lejos de eso. Uno puede ser santo en su vida, en la que le haya tocado, siendo deportista, empresario, ama de casa, rockero, futbolista, lo que sea, lo que se trata es de lo que uno haga, hacerlo bien y esforzarse por hacer feliz a los demás.

 

Me han dicho, “Oe Rafa, que haces hablando de esa vaina, quédate con lo de autoayuda nomás. Eso de hablar de Dios está “out”, ya no está de moda, es para los tarados, los nerds.” No lo creo, no digo que no los hayan, si pues, y muchos, pero también hace falta que se hable de esto, porque valgan verdades, es lo más importante que nos pasará en nuestra vida, nuestro destino eterno.

 

“Ah si? ¿Y que gano con eso? Mucha complicación, mejor me quedo así nomás.” Esa fue mi primera respuesta, pero me quedé con la duda, le di vueltas al tema, y el idiota no era el que me lo dijo, sino yo. No tenía nada que perder, pero si muchísimo que ganar. Si hago ese esfuerzo para hacer las cosas bien y vivir “como Dios quiere”, pues lo más probable es que me vaya al cielo, y me ahorro el sufrimiento de irme al infierno, así de claro, así de sencillo. Me podrán decir: “Si claro, pero esa vaina del infierno no existe, es puro cuento nomás, que, te la estás creyendo?” ¿No existe? Ok, buena suerte cuando te mueras, porque la vas a necesitar en cantidades industriales….No te das cuenta que te la estás jugando? Si no existe, no pasó nada, no perdiste nada por vivir una vida digna, pero si existe y te vas al infierno, ay ay ay, ahí te quiero ver, quemandote de por vida.

 

No soy ningún alarmista, pero si me gusta decir las cosas como son y mi punto de vista bien clarito. Y bueno, creo que esta idea de la santidad es realmente bien potente, muy importante porque al final, es lo que define nuestra eternidad.

 

Bueno pues, y como serlo? No es fácil pero tampoco imposible, dicen que es más fácil ser un genio que un santo, pero es más asequible ser un santo que un genio, es decir, está al alcance de todos. Es trazarse una plan de vida sin concesiones ante las dificultades y tentaciones. Exige pasos firmes, concretos, la decisión de serlo implica dejar de hacer varias cosas que hacemos que no son correctas y que eso sea una forma de vida, no flor de un día; pues, de ordinario, los propósitos generales sirven para poco.


¿Quieres una receta para ser santo? Te la doy de primera mano, de San Josemaría un santo de nuestra época: “…Por eso, me convenceré de que tus intenciones para alcanzar la meta son sinceras, si te veo marchar con determinación. Obra el bien, revisando tus actitudes ordinarias ante la ocupación de cada instante; practica la justicia, precisamente en los ámbitos que frecuentas, aunque te dobles por la fatiga; fomenta la felicidad de los que te rodean, sirviendo a los otros con alegría en el lugar de tu trabajo, con esfuerzo para acabarlo con la mayor perfección posible, con tu comprensión, con tu sonrisa, con tu actitud cristiana. Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces. Rectificar. -Cada día un poco. Y todo, por Dios, con el pensamiento en su gloria, con la mirada alta, anhelando la Patria definitiva, que sólo ese fin merece la pena.

 

Acá los dejo con el testimonio de un actor, Eduardo Verástegui, que se dio cuenta de este tema e hizo algunos comentarios muy interesantes: http://www.youtube.com/watch?v=y9c8NwcC7LY

 

Hoy no bastan mujeres u hombres buenos. –Además, no es suficientemente bueno el que sólo se contenta con ser casi… bueno: es preciso ser “revolucionario”. ¿Lo intentamos?

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¿Y en qué me afecta la crisis financiera?

Octubre 13, 2008 · 4 comentarios

 

Esta debe ser una de las preguntas de moda hoy en día, porque de alguna manera nos afecta a todos. Tanto los millonarios que han visto desaparecer sus fortunas como los ciudadanos del día a día, que nos preocupamos porque la caída de la Bolsa nos ha dejado sin fondos de pensiones para nuestra vejez, o en nuestro trabajo la crisis se haya sentido o se vaya a hacer sentir en el 2009.

 

Y es que ¿es justo que por la forma de actuar de inescrupulosos o inmorales banqueros de inversión americanos todos tengamos que pagar los platos rotos? Más allá de centrarnos en contestar estas preguntas, creo que es una advertencia que nos llama a pensar más allá de eso.

 

En el fondo lo que ha contribuido a los problemas no sólo ha sido una falta de capital monetario, sino también una falta de capital espiritual. James Malloch, una de las cabezas del Lehman Brothers, Banco de Inversión americano, dijo esta semana que el capital espiritual, que se aumenta a través del cultivo y la práctica de las virtudes, añade algo que el capital social no tiene. Este capital espiritual, debe ser algo más que sólo un ejercicio de relaciones públicas, que en nuestros días se suele denominar responsabilidad social corporativa, pero que con frecuencia no es sino un dispositivo para rechazar las críticas de las organizaciones no gubernamentales. Tiene que estar más relacionado hacia la forma en que uno trabaja, esforzarse por hacerlo lo mejor posible, con compromiso, con afán de terminar las cosas bien hechas, de forma ética, en beneficio de la empresa y no de uno mismo. Esa es exactamente la forma en la que no se tomaron las decisiones que ocasionaron esta crisis. Se veía venir, sin embargo, prefirieron elevar el riesgo por hacerse más ricos, sin medir las consecuencias.

 

Las actuales crisis financieras nos muestran la importancia de construir la vida sobre las cosas que realmente tienen valor en la vida.  Esta semana, el Papa a pesar de no ser un economista se pronunció respecto a la crisis y dijo lo siguiente: “…Lo vemos ahora en la caída de los grandes bancos: este dinero desaparece, no es nada. Y así todas estas cosas, que parecen la verdadera realidad con la que contar, y que son realidades de segundo orden. Debemos cambiar nuestra idea de que la materia, las cosas sólidas, que tocamos, sean la realidad más sólida, más segura.”

 

Invitó también a reflexionar donde construir la casa de nuestra propia vida, sobre la arena o sobre la roca. “Sobre la arena construye quien construye solo sobre las cosas visibles y tangibles, sobre el éxito, sobre la carrera, sobre el dinero. Aparentemente estas son las verdaderas realidades. Pero todo esto un día pasará. Quien construye la vida sobre estas realidades, construye sobre arena. Es innegable que las demás realidades, cuando son comparadas con Dios, descubren sus límites. Son verdades penúltimas, pero no son la verdad última”.

 

Es decir, los temas espirituales, los principios, los valores de una persona se construyen sobre roca. todo lo demás es un medio, no es un fin en si mismo, sólo cuando nosotros le damos un nivel de importancia tal y confundimos las cosas. El dinero es sólo un medio (como muchos) para llegar a ser más feliz, tanto en esta tierra como en la otra. Al final podemos llegar a serlo con mucho o con poco, Y esto me trae a colcación,  un antiguo artículo de este blog: ¿Con cuánto dinero se puede comprar más felicidad? La verdad es que más dinero, nos da más felicidad, la pregunta es cuánto más felicidad nos dará y todo lo que uno hace para conseguir ese dinero. Manel Baucells decía que había que reflexionar si había valido la pena matarse trabajando, a costa de disminuir tiempo con la familia, con un nivel de estrés al borde del colapso, a fin de ganar más dinero para comprarse un auto y una casa nuevo, y mudarse a un barrio exclusivo en el cual siempre habría gente más rica que uno. Y en todo ese proceso haber perdido amigos, familia, tiempo para darlo a los demás.

 

Donde está nuestro tesoro está nuestro corazón dice aquella vieja frase andaluza. Si nuestro tesoro está en la Bolsa, en nuestros ahorros, pues habrán razones y muchas para alterarse, pero si reorientamos nuestro tesoro y nos enfocamos en cuales son la actividades más importantes para nosotros, para nuestras familias, nos daremos cuenta que el enfoque cambia completamente, los problemas son menos problemas, y en todo caso la solución está al alcance de nuestras manos y no de lo que hagan la FED, el G7 ni los grandes empresarios, y es que en mi vida mando YO! Y por ende soy el único con derecho a autorizar quien puede interrumpir mi tranquilidad y en que nivel.

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Aprender a discutir

Septiembre 14, 2008 · 6 comentarios

Este es uno de los temas que sin pensarlo, ha agrupado la mayor cantidad de comentarios en mi blog. Y es que muchos de nosotros tenemos mal carácter, a veces temporalmente, a veces como parte de nuestro día a día y no nos damos cuenta de ello. Y lo peor de esto es que las consecuencias son muy graves, si se tiene en cuenta que pueden terminar con matrimonios sólidos, o excelentes trabajos en los que uno tenía un gran futuro.

Uno de los principales valores que nos ayudan a cambiar nuestro genio, o hacer que las discusiones no lleguen a agrandarse es la serenidad, que nos hace mantener un estado de ánimo tranquilo aún en las circunstancias más adversas, esto es, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.

Dicen que lo peor que uno puede hacer es tratar de resolverlos en el momento. Es recomendable dejar que pasen unas horas, o si es necesario días, y luego, resolver las cosas, ya que nuestra lectura del problema será otra, no habrá esa vehemencia que nos hace decir cosas que no queremos. De la discusión no puede salir la luz porque la apaga el apasionamiento.

Cuando surgen los problemas y discusiones uno puede caer fácilmente en la desesperación, tristeza y ansiedad. Y allí es donde justamente se necesita la capacidad de ser serenos, tranquilos. Esto no significa tontos ni que nos pasen por delante, significa tener la inteligencia para resolver los problemas en el momento oportuno, y cuando las dos partes tengan la cabeza tranquila y la disposición para solucionar y no para hundir al otro.

En la página de www.encuentra.com se recomiendan 3 pasos puntuales para adquirir esta virtud:

- Evitar “encerrarse” en sí mismo: Encontramos mejores soluciones cuando buscamos el apoyo y el consejo de aquellas personas que gozan de nuestra confianza (los padres, un buen amigo).

- Concentrarse en una labor o actividad: Parece contradictorio pensar en mantener la atención rodeados de tanta tensión y preocupación, pero es posible salir de ese estado encaminando nuestros esfuerzos a realizar nuestras labores con la mayor perfección posible. Lo que necesitamos es liberar nuestra mente, salir del círculo vicioso y estar en condiciones de analizar las cosas con calma. No existe mejor distracción que el propio trabajo y la actividad productiva.

- Gozar de la alegría ajena: Normalmente las personas que nos rodean se percatan de nuestro estado de ánimo. ¿Por qué volvernos chocantes y agresivos? Los hijos, el cónyuge, los compañeros de trabajo no tienen la culpa, tampoco son indolentes a nuestro sentir, simplemente intentan hacernos pasar un momento agradable, no debemos alejarnos, ni rechazar estas pequeñas luces que iluminan nuestro día. Escucha las anécdotas, sonríe, ayuda a tus hijos a hacer la tarea… ¡Aprovéchalos!

La serenidad hace a la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

Un gran educador, escritor y consultor de temas matrimoniales, Tomás Melendo, ha diseñado algunos pasos para aprender a discutir, los cuales he encontrado muy útiles:

1.       Pedir sinceramente al otro que nos explique su pensamiento. Nos sitúa en una condición óptima para contrastar objetivamente su deseo de fondo y provoca en el otro la actitud de apertura.

2.       Cambiar uno mismo como invitación para que el otro modifique su conducta. El principio es el siguiente: si quieres cambiar al otro, cambia tu primero en algo. Siempre existe algo en el tono de la voz, en el modo de recriminar, en el de presentar el problema, en el que uno puede mejorar. Basta que lo hagamos para que la otra persona también adopte esa actitud de inmediato y cambie. Ahora bien, sería exagerado pretender que desde ese momento no caiga más en el defecto admitido, basta que luche. Lo importante es que cada uno reconozca las propias deficiencias.

3.       De nuevo el olvido de si mismo y la aceptación del otro. Si la discusión es con nuestro cónyuge, lo mas importante es el cariño, la comprensión honda y esforzada, la aceptación radical del modo de ser de nuestra pareja, y la falta de apego a nuestro yo.

4.       No eludas la discusión por encima de todo, ni la cortes saliendo ostentosamente de la escena, cuando temes estar equivocado. Y si hubieses obrado así ten la honradez de volver, pasado el momento del enfado, y replantear el asunto hasta alcanzar el acuerdo deseable.

5.       Ten la disposición habitual de reconocer tus defectos y errores

6.       Si adviertes que has dicho algo no objetivo o injusto, retíralo de inmediato lealmente, pidiendo perdón si es necesario (es decir: casi siempre).

7.       Evita agresivas y descalificadotas ofensas personales y actitudes irónicas o despreciativas.

8.       No levantes actas de las culpas de tu cónyuge o de con quien estés discutiendo, ni te empeñes en seguir echándole en cara otras cosas ya pasadas: menos cuanto mas graves o dolorosas hayan podido ser. Intenta vivir en el presente y mirar hacia adelante.

9.       Permite al otro llegar hasta el final en la exposición de su malestar, intentando por todos los medios comprender su punto de vista, a menudo le bastará esa posibilidad amable de desfogue para calmarse en un 50%.

10.   Procura exponer tus razones de forma clara y breve, con la máxima calma posible y, si eres capaz, con un tanto de humor (que equivale a saber reírte de ti mismo, a no tomarte demasiado en serio) pero jamás con ironía.

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No abandones

Agosto 24, 2008 · 3 comentarios

Hoy terminan las Olimpiadas. He visto desfilar por la tv más que deportistas, a grandes hombres y mujeres, personas con un extraordinario talento pero también con una capacidad de perseverar, de seguir adelante a pesar de las dificultades, de ser fuertes y no abandonar sus objetivos.

 

¿Qué hay detrás de un medallista de oro? ¿Talento puro? No lo creo. Randy Snow, el único medallista de los juegos paraolímpicos de tres deportes distintos dice: “Los 25 mejores jugadores del mundo tienen dos cosas en común. Primera, ninguno de ellos ha llegado tan lejos por el mismo camino. Segunda, ninguno abandona. Nada puede sustituir a la perseverancia. No está y todo lo demás se desmorona en un santiamén. Su increíble talento  es pulido y abrillantado en sesiones maratonianas de trabajo en la sombra. Michael Jordan era el primero en llegar al entrenamiento, cuando sus compañeros estaban ya con una cerveza, el seguía ensayando tiros a distancia. No son casualidad esos milimétricos tiros. ¿Talento? A raudales, pero en las mismas dosis generosas y abundantes de trabajo, mucho trabajo.“

 

Cuánta gente se ha mencionado en este blog que son ejemplos de perseverancia, de fortaleza, Christopher Reeve (Superman) que dejó el ventilador artificial para respirar por si mismo, con todo  el enorme esfuerzo que ello implicó, luchar contra el cáncer a los 25 años (Louis Armstrong), sobrevivir en un campo de concentración a fuerza de rezar y confiar cuando la indignidad humana se supera así misma (Victor Frankl), perdonar y saludar a los cuidantes de su cárcel, luego de 25 años de estar encerrado y humillado injustamente (Nelson Mandela), y  Santiago Alvarez de Mon, fuente inagotable de este blog, quien me ha dado motivos para ser feliz y hacer feliz a muchos más, cuando habían días en los que provocaba llorar amargamente y quien dijo a su vez que una de las razones que alimentan su respeto y admiración por este tipo de personas,  es que esas decisiones sabias, esas acciones valerosas no son producto de un intervalo lúcido, de una locura pasajera, de un farol efímero. En absoluto, son resultado de un compromiso mantenido en la rutina y monotonía de días grises.

 

Si esa lógica la trasladamos a nuestras vidas, ¿cuántas veces abandonamos proyectos, ideales y propósitos al primer obstáculo? Y luego encima, nos quejamos de que las cosas no salen bien. Nuestro camino, no es fácil. Hay días en los que todo parece salir de acuerdo a lo que pensábamos; pero normalmente pasa lo contrario. Vivir es enfrentarse con dificultades, sentir en el corazón alegrías y decepciones; y es en esta batalla interna en la que podemos adquirir perseverancia, fortaleza, paciencia y serenidad.


Es fuerte el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer, según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá, pero se bebe sus lágrimas. Cuando la contradicción arrecia, no se dobla.

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Examínate despacio, con rigurosidad

Agosto 17, 2008 · 2 comentarios

Uno de los mejores consejos que recibí de niño fue hacer todas las noches un examen de conciencia. Ya hemos visto en artículos pasados, que la felicidad es una de las cosas más importantes en nuestra vida, y que sólo se consigue al tener la conciencia tranquila de saber que se está haciendo lo que uno debe hacer en ese momento.

 

¿Pero cómo sabemos lo que tenemos que hacer? ¿Cómo darse cuenta lo que hemos hecho mal durante el día? Si no lo sabemos , no podremos corregirnos. Una de las principales ventajas de hacerlo es que te servirá para abstraerte del día a día, y ver, con otros ojos, todo lo que puedes mejorar para hacerle la vida más agradable a los demás.

 

Así como uno es constante para asistir todos los días al trabajo o para tomar desayuno, pues debemos aplicarle la misma perseverancia para examinarnos por las noches sin olvidarnos.

 

¿Y cómo hacerlo? No es difícil, son preguntas bastante sencillas que nos hacen recordar nuestras acciones durante todo el día. No hay un método único para hacerlo, pero quizá se podría comenzar con estas tres preguntas:

 

¿Qué hice bien hoy? ¿Qué hice mal? Y ¿Qué puedo corregir?. Son simples, aunque es importante para cada una de ellas revisar algunos temas como por ejemplo si aprovechamos el tiempo, como fue nuestro trato con los demás, si nos esforzamos al máximo, si tuvimos oportunidad para ser humildes, o tener caridad con alguien, si ayudamos a nuestra esposa, enamorada, compañero de trabajo, o cualquier otra persona, durante el día, si fuimos puntuales, etc. Es decir, cuando uno profundiza se da cuenta que son muchas cosas que ha hecho mal, o que ha dejado de hacer, y por eso es bueno, identificar cuales son para corregirlas.

 

Ya lo decía un gran santo de nuestros tiempos, San Josemaría: Examen. -Labor diaria. -Contabilidad que no descuida nunca quien lleva un negocio. ¿Y hay negocio que valga más que el negocio de la vida eterna? (Camino, 235). Necesitas un buen examen de conciencia”. Mira tu conducta con detenimiento. Verás que estás lleno de errores, que te hacen daño a ti y quizá también a los que te rodean. –Recuerda, hijo, que no son menos importantes los microbios que las fieras. Y tú cultivas esos errores, esas equivocaciones –como se cultivan los microbios en el laboratorio–, con tu falta de humildad, con tu falta de oración, con tu falta de cumplimiento del deber, con tu falta de propio conocimiento… Y, después, esos focos infectan el ambiente. –Necesitas un buen examen de conciencia diario, que te lleve a propósitos concretos de mejora, porque sientas verdadero dolor de tus faltas y de tus omisiones. (Surco, 481)


Aunque no son sólo santos quienes recomiendan hacer un examen de conciencia, según la edición de Febrero 2007 de la revista Harvard Business Review, en un artículo publicado sobre liderazgo, mencionaban que los líderes se toman el tiempo de examinar y reflexionar sobre sus experiencias, y así crecen como individuos y como líderes. Los auténticos líderes también trabajan en el desarrollo de su autoconciencia a través de una persistente autoexploración. Los auténticos líderes saben pedir y escuchar consejo.  Recomiendan reservar entre 10 a 15 minutos para hacerlo, si es mucho tiempo, pueden comenzar con 5 minutos, e ir aumentando progresivamente.

 

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La fortaleza, ese anhelo

Julio 12, 2008 · 3 comentarios

Muchos de nosotros comenzamos con nuevos proyectos cada cierto tiempo, pero nos damos cuenta que al cabo de pocos días, esa ilusión, se vino abajo. Otras veces, estamos cansados y ya no provoca terminar ese trabajo importante que tenemos, y claro, lo dejamos a medias. ¿Por qué? Quizá uno de los valores que nos esté faltando para ser mejores es la fortaleza, que se refleja en la fuerza de voluntad que tenemos para hacer las cosas bien hechas, esforzarse por conseguirlas y por terminarlas.

 

Y es que tener valores como la fortaleza y luchar por conseguirlos ya pasó de moda, es cierto, ahora está de moda la mentalidad Light, la ley del mínimo esfuerzo, para quedar como “el vivo, el que se las sabe todas ante los demás” pero desde cuando es una norma de conducta hacer lo que se ve sin pensar en lo que se hace?¿Dónde está mi libertad para hacer lo que me de la gana si la he vendido para hacer lo que a los demás les da la gana?

 

Sin duda, un ejemplo de lucha constante y fuerza de voluntad es Christopher Reeve, el actor que tantos años encarnó a Superman y que sufrió una caída a los 42 años que lo dejó sin moverse para toda su vida. El mismo cuenta que cuando iba a salir del Hospital Kessler, pensó: “Dios mio, he desistido de respirar por mis propios medios, que me espera ahora? Vivir con un respirador artificial por toda mi vida? Mi diafragma no ha hecho nada desde Mayo y ya estamos en Septiembre.  Si permito que se atrofie, quedará inservible. Decidí entonces que tenía que intentarlo (libro Still me, de Christopher Reeve ,1999). No se de donde vendrá el aire pero tengo que obtenerlo de donde sea y como sea. El doctor Finley me dijo que me iban a quitar el respirador y que intente llegar a 10 respiraciones, pero si hacía 3 estaría bien.  No se como lo hjce, pero respiré diez veces y solo.” Después de ese primer triunfo, alimento vital que provee de seguridad y confianza para proseguir, el número de respiraciones fue aumentando hasta lograr estar 12 horas, años después, sin respirador.

 

Como se ve que Reeve ha ejercitado a contracorriente su fortaleza interna, el músculo más potente y traicionero de todo el organismo humano. Bien dice Santiago Alvarez que si lo utilizas y recuperas a diario adquiere un tono rebosante de energía y fuerza, pero si lo dejas inactivo, aunque solo sea unos días, el ladrón se atrofia y anquilosa con una rapidez vertiginosa.

 

El esfuerzo por conseguirla es nuestro principal aliado. Esforzarse por ser mejores. Concentrarte en lograr la perfección es poco realista y contraproducente. Agranda demasiado la presión de lograr el objetivo. Dicen que al atleta hay que enseñarle a centrarse en su desarrollo y mejora, así avanza más ligero. La idea de mejora elimina el etiquetaje bueno-malo, primando la adaptación sobre el juicio.  Se trata de Progreso, no perfección. La perfección vendrá sola, caerá por su propio peso.

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5.788 kilómetros a pie: Vivir la pobreza es esperar todo de los demás

Mayo 24, 2008 · 3 comentarios

A continuación me he permitido transcribir el resumen de una Entrevista con Edouard y Mathilde Cortès que fue publicada el 25 de Abril en Zenith: http://www.zenit.org/0?l=spanish


«Nos hemos convertido en pobres porque esperábamos todo de los demás». Tras una caminata de casi 6.000 kilómetros, de París a Jerusalén, Edouard y Mathilde Cortès están de regreso. Explican por qué eligieron hacer esto y cómo la han vivido.

 

–La decisión de hacer esta caminata como mendigos ha interpelado profundamente a la gente. Era vista un poco como «una locura». ¿Se han arrepentido de esta decisión?

–E. y M. Cortès: Partimos a pie, sin dinero, sin teléfono móvil, mendigando la comida y un techo para dormir. Esto es loco, sobre todo en una sociedad en la que se recomienda la máxima seguridad y el mínimo riesgo. Teníamos pequeñas alforjas de cuatro kilos para Mathilde y siete para Edouard. Hemos dejado todo (apartamento, tareas, cuentas de banco…), hemos dejado a nuestras familias y nuestros amigos una semana después de nuestro matrimonio. Hemos querido despojarnos del exceso material en el que vivimos. Incluso de nuestra cuenta bancaria. Hemos elegido abandonarnos totalmente en las manos de los hombres y de Dios para ensanchar nuestro corazón. Nos hemos convertido en pobres porque esperábamos todo de los demás.

En siete meses y medio, hemos vivido con poco y no nos ha faltado nada. Hacerse pobre, llegar a ser pobre, no es un juego. Es una urgencia en nuestra sociedad donde el materialismo es un cáncer de los corazones. Es una necesidad si se quiere ir hacia el otro. Estábamos en una posición de mendigos. Hemos recibido de los hombres 103 acogidas para la noche en las casas y más de 250 comidas en familias. Nuestra supervivencia ha tenido una sola palabra: la confianza.

Por supuesto, también hemos pasado hambre. A menudo hemos dormido fuera, 82 acampadas en plena naturaleza o en lugares abandonados. Más que el pan, hemos mendigado lo que hay en el corazón de los hombres.

 

–¿Pueden describirnos uno de los momentos más duros de esta caminata? ¿Y uno de los más bonitos?

–E. y M. Cortès: 232 días, 5.788 kilómetros, sembrados de alegrías y de pruebas, 14 países atravesados, centenares de personas con las que nos hemos cruzado, esto quiere decir una multitud de bonitos momentos y una miríada de dificultades.

Lo más duro para nosotros no ha sido tener hambre o frío sino ser rechazados. Por ejemplo en Siria, sospechosos para los servicios de información, tomados por lo que no éramos, seguidos permanentemente, interrogados todos los días y de hecho en semilibertad y al borde de la paranoia. Lo más difícil fue el miedo de los hombres. Vencer sus temores, he aquí el verdadero desafío. Para esta marcha, para la vida. Era necesario aprender a volver a dar confianza y experimentar que «el amor perfecto ahuyenta el temor».

 

Los bellos momentos, son descubrir lo extraordinario en lo cotidiano. Una mano que se tiende, una puerta que se abre cuando no hay nada que dar a cambio. Especialmente, ese momento en el que tienes hambre y frío y donde sin que tú pidas nada a nadie, alguno te invita. Esto nos ha sucedido muchas veces, como ese día de bruma en Montenegro tras el paso de una colina, donde fuimos acogidos a desayunar por una familia que estaba a punto de hacer mermelada. Continuamos con cinco kilos de patatas en los sacos. Pero nuestra alegría pesaba más todavía.

 

O el recuerdo de Marta, una niña serbia de seis años que nos regaló su único juguete: «Tened, esto será para vuestro primer niño». O Ender, un rico tratante de diamantes en Turquía, musulmán practicante, que lavó nuestras ropas después de ocho días de marcha.

 

–¿Tuvieron la tentación de abandonar? ¿En qué momento? ¿Qué les ayudó a continuar?

–E. y M. Cortès: En varias ocasiones quisimos detener nuestra marcha. Los momentos de desánimo vinieron sistemáticamente tras un golpe duro: discusiones de pareja, rechazos, una agresión en Turquía, la nieve o la lluvia incesante, presiones psicológicas de los servicios de información sirios, tiro de piedras e insultos de niños en Oriente Próximo, la expulsión dos veces de los aduaneros israelíes.

 

Pero nuestra fuerza era ser dos. Raramente el desánimo nos vino a los dos a la vez. Siempre estaba uno para apoyar al otro. Y cuando hemos flaqueado juntos, Él estaba allí, para apoyar a nuestra pareja.

 

–¿Qué «lecciones de vida» extraen de esta larga marcha? En principio, a nivel humano. ¿Qué han aprendido a través de los innumerables encuentros que han hecho?

–E. y M. Cortès: Este camino ha sido para nosotros imagen de la vida. Pues se quiera o no, estamos en ruta y hay que marchar. A pesar de la lluvia, el viento, el sol que quema, los guijarros del camino… Avanzar, a pesar de los obstáculos y la fatiga. Avanzar «mar adentro», hacia el ideal. Ideal que tiene la imagen de la línea del horizonte que no se alcanza nunca, en esta tierra. Toda vida humana es aventura. Asumimos sus riesgos porque de ellos depende una eternidad. Fue un viaje de luna de miel para lo mejor y para lo peor. Hemos visto hombres con el corazón duro y cerrado. Hemos visto el poder del mal y la injusticia. Y por primera vez de manera tan viva lo hemos sentido y experimentado en nuestros corazones y nuestras carnes.

 

Hay hombres de gran corazón. Se cree poco en ellos porque son a menudo discretos o están ocultos. No hablan de caridad, la viven. Con ellos es posible un verdadero encuentro, entre el que acoge y el que recibe. Entonces la alegría se comparte. Surge una armonía y la lengua que era una barrera ya no sirve. Se da un corazón a corazón donde el pobre es tan feliz como el que da. Como si la hospitalidad que practicaban nos humanizara y a ellos con nosotros. Como si lo que daban gratuitamente les trascendiera y a nosotros con ellos.

 

Hemos ido a la escuela de la sencillez: tomar el tiempo como viene, a la gente por lo que es. Durante siete meses y medio, hemos llevado las mismas ropas, comido lo que se nos daba, bebido con la misma sed agua, alcohol, café, té. Como los metrónomos de la ruta, hemos vivido al tic tac del corazón, dejando la prisa y el tiempo a aquellos para los que la vida es una carrera.

 

En fin, hemos hecho la experiencia del esfuerzo y del sacrificio. Hemos sobrepasado muy a menudo nuestros límites. Físicamente, psicológicamente, cuando se está al borde, o cuando se cree estarlo, siempre hay una parte de posibilidad en el Hombre. Esto nos invita a la Esperanza. La ascesis no está de moda. Poco importa, la hemos vivido todos los días. Los hedonistas se burlarán, pero hemos descubierto la alegría profunda que hay en prodigarse por más grande que se sea. Un camino de cruz que se acepta es un camino de alegría.

[La segunda parte ha sidoi publicada en Zenit el 28 de abril de 2008 ]

Por Gisèle Plantec, traducido del francés por Nieves San Martín

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