Ideas para vivir mejor

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Un matrimonio feliz y para siempre, ¿Cuál es la clave?

Julio 12, 2009 · 9 comentarios

matrimonio-felizEsta semana tuve la suerte de asistir a una Conferencia cuyo tema principal fue “Un matrimonio feliz y para siempre, ¿Cuál es la clave?”. Un título bastante sugerente y que me hubiese parecido uno más del montón, sin embargo, al enterarme de que lo dictaba Tomás Melendo, no dudé en asistir. El Dr. Melendo es Doctor en Filosofía, Master y Doctor en Ciencias de la Educación por la Universidad de Navarra. Experto conferencista a nivel mundial sobre temas de familia. Era su primera vez en el Perú. A continuación un resumen de su conferencia.

 Uno de los temas que más me llamó la atención de su exposición es que uno tiene tiempo para aquello que le da importancia, y si no es así, claramente hay algo que está caminando mal en el día a día. Me vino como anillo al dedo, en estos tiempos en los que reconozco que por la empresa he descuidado mis labores en la casa. Cuando tenemos más trabajo es cuando tenemos que tener nuestra escala de valores más clara. Y es que aquello a lo que uno le presta atención es lo que se multiplica. Obviamente en tiempos de crisis, la empresa también necesita una atención y un esfuerzo especial. Es cuestión de encontrar un equilibrio.

 ¿Cómo hacer para amar más a tu esposa, con grandes discursos? No, con el trato más cariñoso del día a día. Una buena sugerencia es descubrir sólo lo positivo que hay en nuestras esposas por un mes.

 La fidelidad no es conservar el amor de novios, es empeñarse en amar cada día un poco más al otro y se concreta en cada día tener un detalle especial, aunque sea pequeño, de cariño. Muchos se ilusionan con el amor de enamorados y piensan que al casarse la mecha estará igual de prendida, y la verdad, los que estamos casados lo sabemos, es que no es así. El amor madura, ya no ves estrellitas, sin embargo, es un amor que da paso al cerebro y no se centra únicamente en el corazón, en el feeling del momento, pero no por ello disminuye, al contrario, madura y crece. El matrimonio es el inicio de un gran amor, no el final, como muchos piensan.

 Mencionaba también Tomás Melendo, que el amor no es siempre dulce, es a veces recio, lo que importa es que ambos crezcan. Se puede medir la capacidad de amar a tu familia en la medida que la hagas sufrir siempre y cuando este sufrimiento sea por su bien. Un amor es verdadero cuando busca el bien del otro. Lo importante es que el otro quiera sacar de ti, tu mejor tu.

 Finalmente, concluyó que la clave para que un matrimonio sea feliz es obsesionarse en hacer feliz al otro. Dedicar toda la energía a amar a la otra persona. Para eso lo primero que hay que hacer es capacitarse para amar de esa manera, leyendo libros adecuados, poniéndose metas concretas y claras sobre detalles de cariño, y sobre todo haciendo un seguimiento de las mismas cada semana, para que no sean flor de un día.

 Otras recomendaciones finales que dio:

  • Poner el bien de los demás por delante del mío.
  • Construir entre ambos un amor de más kilates “No sabrás todo lo que valgo hasta que pueda dar junto a ti todo lo que soy.”
  • Aprender a disfrutar al máximo las cosas del matrimonio (disfrutar haciendo el bien)
  • En el plano humano lo más importante de mi vida es orientar el amor hacia mi esposa.
  • Abrirse a las consecuencias maravillosas del amor, no tener miedo a quererse cada día más.
  • Ser siempre novios, en el sentido de mantener los detalles que uno tenía cuando era novio.

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Te amaré toda la vida….con la condición de que no tengas defectos (Segunda Parte)

Abril 18, 2009 · 4 comentarios

Va la segunda parte del artículo de la semana pasada.

Claves para construir una parparejas-raraseja feliz

Una vez que sabemos las causas y aquello que contamina el matrimonio, es necesario comentar como solucionarlo. Dejaré que sean expertos a nivel mundial como Tomás Melendo, Alberto Vásquez, Aníbal Cuevas y Enrique Rojas, los que se encarguen de dar las recomendaciones.

 

          Cuando pelean, saber pelear, lo mejor es como los chinos, que ganan las peleas sin pelear, pero sino se puede, decir todo claramente siempre y cuando no se hiera ni se ofenda, atacar el hecho y no a la persona. Es peor no pelear porque se explota.

          Si se dice algo ofensivo o injusto retirarlo inmediatamente, reconocer defectos y errores.

          Permitirle al cónyuge llegar hasta el final antes de responder

          Centrarse en un tema concreto para no traer hechos del pasado y/o la lista de agravios.

          Hablar suprimiendo frases como “Siempre haces…”, Nunca me dices, Todos tus amigos…”

          Solos pueden discutir, delante de terceros ya no.

          Los problemas se calman no con un grito, sino con una caricia.

          Cuando uno no quiere, dos no pelean.

          Crecer en virtudes, enfocarse en las principales para que el matrimonio funcione: humildad, paciencia, servicio, perseverancia, fidelidad y alegría.

          Aceptar al otro tal cual es y quererle con sus defectos.

          Hablar sin miedo sobre aquello que molesta del otro y el modo de superarlo.

          Hablar después de un pleito, no cerrar las heridas en falso.

          El matrimonio debe cultivarse día tras día, el enemigo mas insidioso es la rutina. El amor se nutre de multitud de pequeños gestos y atenciones.

          Si la relación con Dios es buena, por ende la relación con los esposos será también buena.

          Hablar sobre lo que va bien y lo que podría ir mejor.

          Conocer el equilibrio entre los sentimientos y la razón. Al principio todo es sentimiento, emoción y varía conforme el paso de los años.

          No hay matrimonio feliz sin sacrificio mutuo. Pero no es un buen principio esperar que sea el otro el que empiece. Pon amor y encontrarás amor.

          Tres días a la semana quedarnos media hora a hablar, sin televisión, antes de irnos a la cama.

          Incidir siempre en la parte afectiva, un beso puede darse de mil maneras, esa agarrada de mano, ese abrir la puerta.

          Los días rosas, “Dime lo que te gusta que te voy a dedicar un día”, no es mas que engreír al cónyuge y cumplir todo lo que le gusta.

          Pedir sinceramente al otro que nos explique su pensamiento. Nos sitúa en una condición óptima para contrastar objetivamente su deseo de fondo y provoca en el otro la actitud de apertura.

          Cambiar uno mismo como invitación para que el otro modifique su conducta. El principio es el siguiente: si quieres cambiar al otro, cambia tu primero en algo. Siempre existe algo en el tono de la voz, en el modo de recriminar, en el de presentar el problema, en el que uno puede mejorar. Basta que lo hagamos para que la otra persona también adopte esa actitud de inmediato y cambie.

          Cuando las parejas se pelean, se establece una progresión: primero, perciben que han sido agraviados de alguna manera, segundo, se enojan; después se sienten impulsados a atacar, y por último, atacan. Es posible interrumpir esta secuencia en cualquier etapa.

 

Buscando la FELICIDAD en el matrimonio

 

Uno de los errores más extendidos acerca del matrimonio es casarse para ser feliz. Y es que la felicidad no se consigue empeñándose en ser feliz, sino procurando que lo sean los demás. Ya lo decía Kierkegaard: “Curiosamente, la puerta de la felicidad no se abre hacia dentro, quien se empeña en empujar en ese sentido sólo consigue cerrarla con más fuerza. Se abre hacia fuera, hacia los otros”.

 

La experiencia enseña con creces que cuando uno se siente triste, es cuando más necesita pensar en los demás, ya que muchas de las causas de la tristeza están relacionadas a enfocarse en uno mismo y ver su propia realidad sin tener en cuenta la de las demás. Muchos problemas de “crisis” en el matrimonio sólo existen en la cabeza de quien los piensa que al no tener un dominio de su imaginación, provoca que realmente contaminen el matrimonio.

 

Uno de los mejores escritores actuales sobre estos temas, Javier Vidal Quadras, nos dice en su libro, Después de amar te amaré, que empeñarse en la propia felicidad es billete seguro a la frustración, a la depresión. La felicidad, es como el sueño en una noche de insomnio: cuanto más se concentra uno en conseguirlo,  más esquivo se hace. Sin embargo, si, como dicen los especialistas en sueño, uno  se olvida, se levanta, lee…entonces es más probable que el sueño acuda. Amar a los demás requiere esfuerzo. Pero es un esfuerzo muy bien remunerado: olvidarnos de nuestra felicidad tiene como recompensa esa misma felicidad: ¿Una extravagancia de la naturaleza humana? Por el momento, un dato de la experiencia.

 

Las personas más felices son las que pueden controlarse a sí mismas, que están preparadas para afrontar los problemas de la vida y sacar provecho de ellos. Lo confirman diversos estudios, hace poco leí uno en que indicaban que ante una crisis matrimonial, quienes deciden luchar y seguir adelante son mucho más felices que quienes decidieron divorciarse.

 

La felicidad que proporciona el saberse querido, la realización de una buena obra o el éxito  de una actividad que costó mucho esfuerzo superan con creces la felicidad “material” del tener, y además se alarga en el tiempo.

 

La conclusión final es que uno no va al matrimonio para ser feliz, sino para hacer feliz al otro. Se trata de esforzarse cada día. Quien renuncie al esfuerzo ha firmado la sentencia de muerte de su matrimonio. Con la conciencia tranquila de saber que estamos dando todo lo que esté a nuestro alcance y lo que no para mejorar en nuestra familia y en nuestro trabajo, la alegría está asegurada, pase lo que pase. Se trata de luchar, no de vencer siempre. Sólo pierde el que no da todo lo que lleva dentro.

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Te amaré toda la vida…con la condición de que no tengas defectos

Abril 12, 2009 · 6 comentarios

amar_en_tiempos_revueltos“Es muy afortunado quien se ha casado con la mujer a quien amaba pero lo es más quien ama a la mujer con quien está casado.” Anónimo

 

En esta edición he querido escribir sobre un tema que pasa en todos los matrimonios que es la crisis y el enfoque que hay que darle para superarla. Nadie está libre de eso. A veces dura más, a veces pasa inadvertida, pero como tenemos la seguridad de que pasará y no una sino varias veces, es mejor estar preparados, y es justamente por ello que me dediqué a buscar las opiniones de los expertos al respecto.

 

Al momento de casarnos todos vivimos de alguna manera con la siguiente ilusión: “Me caso con la mujer perfecta!”, ya que en el noviazgo tratamos de mostrar nuestro mejor lado, vivimos el “romance”. Pero una vez casados nos damos cuenta que la mujer o el hombre ideal no existen!

Luego viene la vida de casados, pasan los años,  y es necesario aprender a amarse en el día a día. Se puede pero exige esfuerzo y a veces en cantidades industriales. “No la/lo entiendo!” es lógico porque muchas cosas nunca las vamos a entender, somos diferentes. No vale encapricharse en que el otro sea como yo quiero. Quizá el truco está en esperar del otro lo que pueda dar y no lo que me gustaría recibir.

 

Es curioso ver como a  las virtudes del otro nos acostumbramos rápido, ¿pero a los defectos? Acá el tema es amar a la otra persona con todo, carne, hueso y pellejo, ya que vienen juntos. Esto no impide que con cariño, comprensión y paciencia, le ayudemos a corregir, sin ponernos rígidos, exigentes y sin la manía de tratar de cambiarle. De igual manera, es necesario que uno trate de corregir sus propios defectos.

¿Cuando hay amor, lo demás no importa…?

Existe una creencia  tan falsa como incongruente según la cual, cuando el amor existe, no deberían presentarse dificultades ni obstáculos. De esta forma, cuando llegan los conflictos, se interpreta que el amor está perdiendo fuerza y calidad. Entonces, valdría la pena preguntarse, ¿Un conflicto es signo de falta de amor, o una llamada para hacerlo madurar, para quererse más y mejor? Es lo mismo que pasa con la crisis económica de este año, algunos la ven como una debacle y otros como una oportunidad para salir adelante.

 

No hay que dejarle todo el trabajo al sentimiento. En estos casos es necesario tomar en cuenta también la razón. Un tandem imparable es aquel conformado por una lógica sensible y un corazón inteligente.

 

Según Antonio Vásquez, experto español en crisis matrimoniales, explica en su libro: El matrimonio y los días, que las causas recurrentes del fracaso matrimonial son las siguientes:

           Quien se casa considerando el matrimonio desde la perspectiva del yo, se sale de la pista ya desde el punto de partida. La pregunta no es: ¿Cuánto me puedo beneficiar, sino cuanto puedo dar en el matrimonio.?

          La falta de auténtico conocimiento recíproco. Al comienzo es un flash que se apaga rápido, con la convivencia la tendencia a idealizar al otro disminuye.

          Las expectativas exageradas: esperar demasiado del matrimonio, en lugar de ir a él para entregarse. Se pretende que el cónyuge sea perfecto, o a eternizar momentos de los primeros días del enamoramiento.

          No encontrar tiempo para estar juntos

          Mal carácter de cada uno, que no se quiere reconocer, controlar o mejorar

          Falta de comunicación

          Ausencia de donación en el acto conyugal

          Rutina

          La reducción del amor a mero sentimiento y la aplicación de esa idea al matrimonio, en la medida que siento, amo.

          Intervención constante de terceros en el hogar (padres, parientes, amigos)

          Dificultades económicas

          Medios de comunicación que transmiten antivalores (telenovelas) que hacen que lo malo parezca algo normal y aceptado por la sociedad.

 

Por otro lado, según Tomás Melendo, otro de los más celebres expositores sobre temas de matrimonio, en su libro “Y vivieron felices” cita algunas conductas que hacen muy difícil mantener el amor:

          La soberbia y el orgullo: son el origen de casi todos los defectos, del mismo modo que la humildad y la sencillez, son el fundamento de casi todas las cualidades.

          Cuando se vive sin reglas ni principios. Cuando todo es cuestionable.

          El descuido permanente y sistemático de lo pequeño

 

Para corregirlas, es importante previamente tomar conciencia de que es lo que está originando estas conductas, y quien mejor que el gran psicólogo español Enrique Rojas para comentar los principales errores acerca del amor. Según él son los siguientes:

          Pensar que es suficiente con estar enamorado, es sólo el empujón, pero el amor es como un fuego, que hay que avivarlo día a día, sino se apaga.

          Es de gran inmadurez pensar que una vez que dos personas deciden compartir su vida todo irá viento en popa. Es decir, ignorar que existen crisis de pareja

          No conocerse a uno mismo antes que a la pareja.

 

La próxima semana continuo con la segunda parte de este artículo. 

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Claves para crecer como matrimonio (Segunda parte)

Noviembre 30, 2008 · 9 comentarios

matriqui-en-el-carroContinuamos con esta segunda parte que prometí sobre las sugerencias para mejorar la relación matrimonial que faltaban que definidas un experto en el tema de matrimonios, el Dr. Gerardo Castillo, profesor del IESE de Barcelona:

 

  1. Cultivar de forma especial algunas virtudes y actitudes que favorecen la convivencia: amistad, complicidad, sacrificio, servicio, renuncia, saber ceder, comprensión, sinceridad, tolerancia, paciencia, el saber pedir perdón y perdonar, el saber olvidar.
  2. Descubrir y admirar de modo permanente nuevas facetas y cualidades del otro cónyuge.
  3. Luchar por el logro de la armonía entre trabajo y familia: atención prioritaria al matrimonio y a las familias procurando hacerlo compatible con la actividad profesional.
  4. Confiar en el amor, en el matrimonio y en el cónyuge y saber esperar los frutos sin recogerlos antes de tiempo.
  5. Ser amigos además de cónyuges, de ese modo se refuerza la comunicación interpersonal, evitando el individualismo.
  6. Practicar cada día el diálogo ameno, sabiendo preguntar y escuchar.
  7. No conformarse con “quererse”, hay que querer quererse, como efecto de un compromiso de por vida. Saber que los matrimonios que duran no suelen ser los que pusieron el énfasis en el amor sino los que lo pusieron en un amor – decisión – compromiso de quererse.
  8. La actitud con que se une el matrimonio influye mucho en su éxito.
  9. Vivir el uno para el otro.
  10. Vivir la comprensión mutua  hasta el grado de complicidad.

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Claves para crecer como matrimonio

Noviembre 23, 2008 · 5 comentarios

22516_y490Si, yo se que este título suena medio trillado, y que probablemente existan 1 millón de libros con títulos como éste, claves para ser feliz, secretos para tener éxito, y demás, y la verdad que están muy devaluados, porque la gente no es tonta, ya no creen en eso. Y entonces, sabiendo esto, ¿por qué insisto en ponerle un título así a este artículo? Pues porque hay unos poquísimos que merecen este título, y éste es uno de ellos, entonces, por qué no darle el reconocimiento que se merece?

 

Estas claves no han sido producto de mi imaginación, ni de la de cualquier pseudo gurú en matrimonios, sino que es el resultado de un profundo estudio en el que participaron una cantidad enorme de matrimonios, además que viene con el sello del IESE, la mejor escuela de negocios del mundo según el ranking de The Economist del año pasado.

 

Su autor es uno de sus profesores que es Gerardo Castillo y son justamente las conclusiones de su reciente libro publicado con el mismo nombre. Son las siguientes:

 

  1. Renovar el amor: Sorprender a la persona amada, introducir novedades. Luchar contra el acostumbramiento y la rutina. Saber que la  rutina es el principal enemigo de la vida conyugal, más que el egoísmo.
  2. Actualizar el amor de entrega: Lucha constante por seguir dándose sin reservas.
  3. Construir el amor de cada día: Esforzarse para amar más, para volver a empezar, para mantener la ilusión y ternura.
  4. Dar afecto y ternura: Expresar los sentimientos.
  5. Compartir: Practicar de modo permanente en la vida del otro sabiendo hacerlo con tacto, prudencia, compartir experiencias, estar al lado del otro cuando lo necesita.
  6. Adaptarse al otro: A su forma de ser y a sus costumbres, sin pretender cambiarle, quererle con sus virtudes y defectos, aprender a vivir con las diferencias.
  7. Elaborar conjuntamente proyectos laborales en labores comunes, seguir miando los dos en la misma dirección.
  8. Mantener el respeto mutuo de palabra y obra, cuidar los modales y la cortesía, nuestro aprecio.
  9. Encontrar un tiempo para estar juntos y a solas cada día, tiempo para hablar de todo.

 

El próximo Lunes continuará la segunda parte.

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Más allá del sí te quiero, segunda parte

Noviembre 4, 2008 · 2 comentarios

this_is_what_loving_couple_looks_like_Como me quedé corto la semana pasada paso a colocar las mejores frases del libro de Anibal Cuevas que resumen como se puede vivir la felicidad en el matrimonio:

 

Las personas más felices son las que son dueñas de sí mismas, que están preparadas para afrontar los problemas de la vida. El sufrimiento existe, el mal también, preparémonos para no sucumbir ante ellos. Que mi hogar y mi matrimonio sean felices depende básicamente de mi.

 

La felicidad que proporciona el saberse querido, la realización de una buena obra o el éxito  de un empeño superan con creces la felicidad “material” del tener, y además se alarga en el tiempo.

 

Las personas que aman piensan más en el otro que en el propio yo. Darse al otro es una buena manera de estar alegre ya que muchos de los motivos de la tristeza tienen que ver con la imaginación, el egoísmo y la envidia. Muchos grandes problemas de la convivencia existen sólo en la cabeza de quien los sufre o provoca y cuando no se es capaz de dominar la imaginación ésta se hace dueña de la situación.

 

Hay maneras de combatir la tristeza y la apatía, pensar menos en el propio yo, ser más humildes. Hay que poner buena cara, no resultar desagradables al otro, cuidar los detalles en el trato, intentar ver la botella medio llena, saber perdonar y pedir perdón, no querer siempre llevar la razón.

 

La fidelidad, en general, es fuente de felicidad ya que cumplir un compromiso proporciona una alegría profunda. Conviene tener claro que la única manera de cumplir un compromiso en cualquier faceta de la vida, es renovarlo y luchar. Y lo mismo ocurre en el matrimonio. La infidelidad produce tristeza. Saber que estamos engañando a alguien que nos ama y con quien nos hemos comprometido produce un gran daño moral.

 

La felicidad no se consigue empeñándose en ser feliz, sino procurando que lo sean los demás.

 

Pueden ver más información en su blog: www.anibalcuevas.blogs.com

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Más allá del sí, te quiero

Octubre 26, 2008 · Dejar un comentario

Ayer terminé de leer el libro de Anibal Cuevas, “Más allá del sí, te quiero”, el cual habla sobre como salir adelante en el matrimonio. Pasaré a presentarles algunas frases que me parecieron muy buenas:

 

Nos bombardean continuamente con anuncios de series de televisión, las revistas y tantos otros frentes con la idea de que el hombre tiene derecho a la felicidad y que ésta pasa por satisfacer todos los deseos evitando lo que cuesta. Mensajes publicitarios tales como te lo mereces, date el gusto, date un capricho, hacen mella en el subconsciente y terminan condicionando la situación de muchas personas que huyen del esfuerzo como de la peste. Sin embargo, la grandeza del hombre se sitúa precisamente en su poder para comprometerse libremente en el matrimonio y llevar a término lo asumido, aunque esto requiera esfuerzo.

 

Nuestra sociedad, tan dada al bienestar y el sentimentalismo, ha reducido el amor a mero sentimiento y ha aplicado esta idea al matrimonio: en la medida que siento amo. Pareciera que la prueba del “algodón” del amor matrimonial fuera estar continuamente sintiendo cosquilleo en el estómago. Resulta curioso que ese sentimiento imprescindible para el amor matrimonial no lo sea para el amor a los hijos o a los padres. Cualquier padre o madre afirmaría que quiere a sus hijos a pesar de los problemas que les puedan plantear.

 

En el matrimonio, el éxito comienza teniendo claro que es más importante el proyecto común que el interés personal. Hoy en día esto no se entiende muy bien porque lo que suele primar es lo segundo. Ese éxito supone renuncia personal, esfuerzo y dedicación. Personas que son capaces de dedicar horas y horas al trabajo, no lo son de dedicárselo al matrimonio. El matrimonio no ocupa un lugar tan destacado en su vida, o en todo caso piensan que lo ocupará después. En estos casos las personas dejan de ser felices y no disfrutan su matrimonio porque pasan por alto todos los beneficios que les puede dar. No se dan cuenta de que para disfrutar algo hace falta vivirlo bien

 

Es bueno ser sociables en el matrimonio, aquellos que no tienen proyectos ni inquietudes sociales y que no cultivan la amistad con otros, están llamados a la autocontemplación, y por tanto, a la infelicidad. Además suele generar aburrimiento y situaciones conflictivas.

 

Diversos estudios indican que ante una crisis matrimonial, quienes deciden luchar y seguir adelante son mucho más felices que quienes decidieron divorciarse. Quienes se empeñan y ponen los medios por mantener aquello que crearon y por lo que se comprometieron sólo suelen necesitar la determinación de seguir adelante y en ocasiones una ayuda externa para conseguirlo.

 

La pregunta que nos puede acercar al éxito en el matrimonio ante una crisis es ¿Qué estoy haciendo yo para salvar mi matrimonio?

 

Es muy afortunado quien se ha casado con la mujer a quien amaba pero lo es más quien ama a la mujer con que está casado.

 

Pueden ver más información en su blog: www.anibalcuevas.blogs.com

 

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Sugerencias para una pareja feliz

Octubre 5, 2008 · 5 comentarios

La semana pasada hablamos sobre las causas de crisis en los matrimonios, esta semana quedé con ustedes en analizar las sugerencias para una pareja feliz. Les recuerdo que estas sugerencias no han salido de mi, ya que no soy ningún experto en el tema, sino más bien de lo que dicen especialistas de la talla de los españoles Tomás Melendo, Alberto Vásquez y Enrique Rojas, expertos a nivel mundial en estos temas.

 

Como primera recomendación se basan en mejorar la comunicación, al respecto dan los siguientes consejos:

         Comunicarse es mas que conversar, es compartir los propios sentimientos, necesidades, alegrías y esperanzas.

         Reglas de comunicación: Saber escuchar, repetir para validar lo dicho, responder, adecuar los gestos a la palabra.

         Cuando pelean, saber pelear, lo mejor es como los chinos, que ganan las peleas sin pelear, pero sino se puede, decir todo claramente siempre y cuando no se hiera ni se ofenda, atacar el hecho y no a la persona. Es peor no pelear porque se explota.

         Si se dice algo ofensivo o injusto retirarlo inmediatamente, reconocer defectos y errores.

         Permitirle al cónyuge llegar hasta el final antes de responder

         El arte de centrarse en un tema concreto para no traer hechos del pasado y/o la lista de agravios.

         Hablar suprimiendo frases como “Siempre haces…”, Nunca me dices, Todos tus amigos…”

         Solos pueden discutir, delante de terceros ya no.

         Los problemas se calman no con un grito, sino con una caricia.

         Cuando uno no quiere, dos no pelean.

 

Asimismo, sugieren las siguientes claves para construir una pareja feliz:

         El matrimonio debe cultivarse día tras día, el enemigo mas insidioso es la rutina. El amor se nutre de multitud de pequeños gestos y atenciones.

         Si la relación con Dios es buena, por ende la relación con los esposos lo será también buena.

         Hablar sobre lo que va bien y lo que podría ir mejor.

         Instrucciones para la esposa:

         Quiere a tu marido por encima de todo, de tu carrera, de la casa.

         No hables por hablar, aprende a escuchar con paciencia a tu marido.

         No te engañes pensando en que con otro hombre puedes mantener una relación de simple amistad.

         No gastes mas de la cuenta por lujo, capricho o falta de atención.

         No exageres las contrariedades ni finjas un excesivo dolor para inducir a tu marido a hacer lo que quieres.

         Cuida tu aspecto externo

         No envidies a otras mujeres ni pongas como ejemplo a otros maridos.

 

         Consejos para los maridos:

         Quiere a tu mujer mas que a cualquier otra, también cuando el paso de los años la vaya dejando en desventaja

         No pases demasiado tiempo con tu mujer lamentándote del trabajo.

         Escribe bien grande la fecha de cumpleaños, aniversarios y otras fechas importantes.

         No olvides que tu madre es la suegra de tu mujer, a prevenir celos.

         No tengas vergüenza en decir a tu mujer que la amas y demostrárselo en cosas concretas

         Convéncete de que el negocio mas importante de tu vida es tu familia.

 

Por último, nos recomiendan:

         Conocer el equilibrio entre los sentimientos y la razón. Al principio todo es sentimiento, emoción y varía conforme el paso de los años.

         Compartir sentimientos, ideas y creencias.

         En lugar de mirar los obstáculos, descubrir las posibilidades.

         No hay matrimonio feliz sin sacrificio mutuo. Pero no es un buen principio esperar que sea el otro el que empiece. Pon amor y encontrarás amor.

         Esforzarse cada día. Quien renuncie al esfuerzo ha firmado la sentencia de muerte de su matrimonio.

         Potenciar la espiritualidad.

         Dos días a la semana dejar el trabajo a una hora en punto para llegar a casa cuanto antes.

         Hacer un equitativo reparto de tareas de la casa y cumplir cada uno lo que le toca.

         Hablar de dificultades económicas con sentido positivo, proponiendo soluciones antes de hacer tragedias.

         Una vez al mes hacer una excursión por los alrededores.

         Tres días a la semana quedarnos media hora a hablar, sin televisión, antes de irnos a la cama.

         “El matrimonio debe luchar sin tregua contra un monstruo que todo lo devora: La costumbre.” Honorato de Balzac

         Incidir siempre en la parte afectiva, un beso puede darse de mil maneras, esa agarrada de mano, ese abrir la puerta.

         Se trata de luchar, no de vencer siempre.

         Hay que empezar cada día con una página en blanco, olvidando los borrones y tachaduras del día anterior.

         Hacer repetidos esfuerzos de voluntad por mejorar y pulir las dificultades de la convivencia.

         Los días rosas, “Dime lo que te gusta que te voy a dedicar un día”, no es mas que engreír al cónyuge y cumplir todo lo que le gusta.

         Frenar la tendencia a controlar, vigilar e inspeccionar al cónyuge.

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Tiempos de crisis en el matrimonio, el peso de los días

Septiembre 29, 2008 · 24 comentarios

Esta semana y la próxima vamos a hablar de un tema que nos toca, nos ha tocado o nos tocará, que es la crisis en el matrimonio. Nadie está libre de eso. Ocurre en todos los esposos, a veces dura más, a veces pasa inadvertida, pero como tenemos la seguridad de que pasará y no una sino varias veces, es mejor estar preparados, y es justamente por ello que me dediqué a buscar que dicen los expertos al respecto.

 

Pero primero es necesario saber que es el matrimonio y que elementos lo componen. La definición es simple y no creo que nadie sepa lo que es. Si me interesa profundizar un poquito más en lo 3 elementos esenciales que tiene:

         Unidad,

         Indisolubilidad y

         Fecundidad

          La fidelidad no se reduce a evitar la traición al otro cónyuge, sino de una conquista que debe hacerse día a día, y de previsión de situaciones que pudieran poner a alguno de ellos en dificultad.

         La indisolubilidad explica que es para siempre. ¿Qué tipo de donación sería la de quién se comprometiera mientras le resulta agradable?

         La fecundidad, fruto y signo del amor de los esposos implica la ordenación a la procreación y la educación de los hijos.

 

Según Antonio Vásquez, experto en español en crisis matrimoniales, las causas recurrentes del fracaso matrimonial son las siguientes:

          Quien se casa considerando el matrimonio desde la perspectiva del yo, se sale de la pista ya desde el punto de partida. La pregunta no es: ¿Cuánto me puedo beneficiar, sino cuanto puedo dar en el matrimonio.?

         La falta de auténtico conocimiento recíproco. Al comienzo es un flash que se apaga rápido, con la convivencia la tendencia a idealizar al otro disminuye.

         Las expectativas exageradas: esperar demasiado del matrimonio, en lugar de ir a él para entregarse. Se pretende que el cónyuge sea perfecto, o a eternizar momentos de los primeros días del enamoramiento.

         No encontrar tiempo para estar juntos

          Mal carácter de cada uno, que no se quiere reconocer, controlar o mejorar

         Falta de comunicación

         Ausencia de donación en el acto conyugal

         Rutina

         Provenir de una familia con problemas

         Actitudes negativas: machismo y feminismo

         Intervención constante de terceros en el hogar (padres, parientes, amigos falsos o equivocados que influyen.)

         Dificultades económicas

         Medios de comunicación que transmiten antivalores

 

Existe una creencia  tan falsa como difusa según la cual, cuando el amor existe, no deberían presentarse dificultades ni obstáculos. De esta forma, cuando llegan los conflictos, se interpreta que el amor está perdiendo fuerza y calidad. Entonces, valdría la pena preguntarse, ¿Un conflicto es signo de falta de amor, o una llamada para hacerlo madurar, para quererse más y mejor?

 

Dice A. Vazquez: “¿Obstáculos, como afrontarlos? Andando por la vida, cogido de la mano de nuestro Padre Dios. Allí es cuando importa muchísimo el hecho de haberse casado versus el convivir con otra persona. Dios mismo es el que da la gracia especial, la fuerza adicional para seguir adelante. ¿Cómo actúan las creencias religiosas en el amor conyugal? Le dan firmeza a esa unión, ayudan en los momentos de calma pero sobre todo en los de crisis que hacen entender el valor de la renuncia y de buscar soluciones.”

 

Una crisis matrimonial puede presentarse a los 2, 5 u 8 años de matrimonio, en el momento en el que el impulso sentimental pierda fuerza. Si una pareja no logra superar este período crítico, el matrimonio embocará en una especie de precipicio descendente. En la actualidad apenas despuntan las primeras dificultades conyugales, hay quienes experimentan la tentación de pensar que han elegido mal a su pareja.

 

El hombre y la mujer reflexionan, actúan y sienten de forma diferente.  Se debe respetar y comprender. Hay matrimonios que después de 40 años no se han enterado de esta gran verdad y le piden al otro algo que no puede dar.

 

Según Tomás Melendo, en su libro “Y vivieron felices” cita algunas conductas que hacen muy difícil mantener el amor:

         La soberbia y el orgullo: son el origen de casi todos los defectos, del mismo modo que la humildad, la sencillez, es el fundamento de casi todas las cualidades. Son el mayor enemigo del trato conyugal: en las pequeñas reyertas, ninguno de los dos tiene razón. El que está más sereno ha de decir una palabra, que contenga el mal humor hasta más tarde. Y más tarde —a solas— discutan, que ya harán en seguida las paces.

         Cuando se vive sin reglas ni principios. Cuando todo es cuestionable. “Acepto tu voluntad si coincide con la mía”

         El descuido permanente y sistemático de lo pequeño

 

Para corregirlas, es necesario previamente tomar conciencia de que es lo que está originando estas conductas, y quien mejor que el gran psicólogo español Enrique Rojas para comentar los principales errores acerca del amor. Según él son los siguientes:

         Pensar que es suficiente con estar enamorado, es sólo el empujón, pero el amor es como un fuego, que hay que avivarlo día a día, sino se apaga.

         Creer que la vida conyugal no necesita ser aprendida. Dar y recibir amor requiere de un saber, un conocer de las maneras y los modos mas adecuados. Es de gran inmadurez pensar que una vez que dos personas deciden compartir su vida todo irá viento en popa.

         Ignorar que existen crisis de pareja

         No conocerse a uno mismo antes que a la pareja.

         Divinizar el amor

 

Una vez identificadas, nos da algunos consejos para superar la crisis:

         Esforzarse por comenzar de nuevo, cancelando la lista de agravios.

         Evitar por todos los medios, las ofensas de palabra, acción o gestos.

         Procurar resolver los conflictos que nos hacen estar mal con nosotros mismos.

         Aprender a callar, evitando discusiones inútiles.

         Aceptar al otro tal cual es y quererle con sus defectos. Hay dos tipos de defectos, las manías y los graves, son solo los últimos los que deberás ayudarlo a cambiar.

         Pensar que no podemos acumular las posibles ofensas del otro en el baúl de los recuerdos. Cultivar el olvido.

         Hablar sin miedo sobre aquello que molesta del otro y el modo de superarlo.

         Hablar después de un pleito, no cerrar las heridas en falso.

 

Como nos hemos quedado cortos porque hay una serie de conceptos y sobre todo sugerencias que me gustaría comentarles, la próxima semana seguiré con la segunda parte de este tema.

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La importancia del compromiso en el matrimonio

Septiembre 8, 2008 · 4 comentarios

Hace ya un buen tiempo que no escribía sobre el matrimonio y considero un tema más que necesario porque hay que empezar a equilibrar la balanza. Se lee continuamente en los diarios, la cantidad de fracasos, rupturas, términos de matrimonio, y la gente se va haciendo la idea de que es hasta cierto punto normal. Y no es así, lo normal es que funcione, y funcione para siempre.

 

El gobierno cree que ha hecho un gran logro por crear un sistema de agilización de divorcios a través de las Municipalidades y no se da cuenta que lo que hace es darle un remedio eficaz pero para otro problema. Lo que necesita la gente no es que le agilicen el divorcio, sino que le den herramientas para no llegar a divorciarse, para construir, defender y trabajar el matrimonio. En ese sentido, ¿ha hecho algo el gobierno? Me imagino que muy poco porque no he escuchado de nada.

 

Y no es complicado hacerlo. Ayer releía “Mas allá del si, te quiero” de Aníbal Cuevas, el libro de un experto amigo español en temas de matrimonio. Y en él explicaba que contraer matrimonio significa querer mantener el compromiso contra viento y marea, poner los medios cada día para que así sea, poder estar seguro aunque nos acompañen las caídas, los malos momentos y las debilidades propias del ser humano.

 

El problema acá es que la gente se casa pero no está dispuesta a aguantarle pulgas a nadie.  Para que se termine el amor no hacen falta violencia familiar, basta con dejar pasar como invitados permanentes a aspectos tan insignificantes como el aburrimiento, la monotonía, la falta de ilusión la poca delicadeza en el trato con el conyugue, la escasa dedicación, en fin, la mediocridad, que hacen que cada día se vaya deteriorando la relación.

 

Y claro, como no están dispuestos a ceder, entonces optan por terminar, sin darse cuenta que los principales perjudicados son ellos mismos. Creen que ya no hay amor porque no tienen el mismo “sentimiento de cuando s conocieron”. Y es que cuando uno se enamora sólo tienen ojos el uno para el otro y no existe nada más en el mundo. Pero lo que no saben es que en esa etapa  priman los sentimientos. Decía Anibal Cuevas en su libro: “Esta manera apasionada de amar manifiesta algo que es característico del matrimonio: la unidad y la indisolubilidad. Ese primer deseo de unidad y de indisolubilidad que acompaña la primera etapa del amor y que es, hasta cierto punto, irracional de paso a un estado más tranquilo del amor. No es posible vivir exclusivamente del sentimiento y la pasión. Cuando una pareja decide casarse lo que está haciendo es racionalizar en cierta medida lo que está pasando.

 

Hasta ese momento son los sentimientos los que rigen la relación, sobre ellos está fundado el deseo de estar siempre juntos. Al tomar la decisión de casarse lo que se está haciendo es afirmar que lo que ocurre se quiere mantener el tiempo. Estos deseos de estar juntos y para siempre los quieren reafirmar.

 

Es en este momento cuando surge el compromiso real, un acto libre de la voluntad por el cual quienes se casan se comprometen a mantener la unidad y la indisolubilidad de su amor.

 

No aceptar esto supone no entender la verdadera naturaleza del matrimonio, que no consiste en legalizar un sentimiento sino confirmar un compromiso. Hasta antes de casarse no existe un compromiso firme de mantener el amor, por tanto, entra dentro de lo natural que pueda haber una ruptura si desaparece el deseo de estar sólo contigo y para siempre.

 

Algo distinto ocurre cuando ya se ha aceptado el compromiso de mantener las características del amor en el matrimonio. Aceptar el matrimonio supone aceptar lo que es sustancial y comprometerse a vivirlo.

 

Aceptado el compromiso, corresponde a los esposos poner los medios para mantener esos deseos consustanciales de unidad e indisolubilidad que ya no sólo se sustentan en los sentimientos, sino también en la libertado y en el querer.

 

Los sentimiento son oscilantes, aparecen y desparecen dependiendo de muchos factores, por ello no deben ser el sustento del amor matrimonial ni se les debe dar un papel determinante. Lo determinante y definitivo del matrimonio es el compromiso adquirido libremente de querer sólo y siempre al cónyuge.

 

Mantener este compromiso puede costar esfuerzo pero no es imposible. Los sentimientos pueden ser buenos aliados y por ello corresponde a los esposos avivarlos y hacerlos crecer cada día para que acompañar al compromiso adquirido.”

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