Archivo mensual: diciembre 2012

Palabras a mi mismo

Fin de año es siempre una buena fecha para cuestionarse y trazarse nuevas metas. Me animo a compartir con ustedes algunas reflexiones que hice para mí, a lo mejor el hecho de hacerlo hace que las interiorice más.

Nada mejor que comenzar por replantearse por completo los temas de fondo. Comienzo con  preguntas, aquellas de las que Peter Drucker decía que eran más importantes que las respuestas. ¿Cómo me defino? ¿Cuáles son mis talentos, les saco el jugo? ¿Qué principios y valores rigen mi vida? ¿Qué prioridades tengo? ¿Qué persigo en mi carrera, por qué? ¿Qué sitio ocupa el trabajo? ¿Qué peso tiene mi familia? ¿Qué es la amistad y el amor? ¿Ganar es igual a tener éxito? ¿Cómo gestionarme a mí mismo?

Si bien es cierto,  en cada una de ellas podríamos quedarnos horas, son dos temas en los que me quiero centrar, justamente porque son quizá los que más podrán ayudarme de cara al 2013. El cómo gestionar el presente y cómo aprender de mis errores.

En estos días en los que todos hacen un resumen del año, se acuerda de lo que pasó y luego miran al futuro, que importante es anclarse en el presente, ese regalo fugaz. Y es que el pasado nos sirve únicamente para aprender de él, sin embargo en el hoy, podemos planificar lo que se viene. Solo una vez realizada esa tarea podemos mirar al futuro. Cuantas veces en este año recordé con pena un pasado que se fue y viví con muchísima ansiedad pensando en un futuro que todavía no ha llegado y que nadie me puede garantizar que llegará. Sólo se vive el presente. Lo demás, o se ha vivido o es incierto. Cuanto he perdido este año por no coserme al presente y priorizar mis actos. Hoy por ejemplo, le quité el miedo a mi hijo de 2 años de bañarse en la playa y solo en ese momento me di cuenta que gracias a mi afán obsesivo de trabajar, me estoy  perdiendo gran parte de su infancia, época maravillosa que no vuelve y que se cobra facturas carísimas.

El incontrolable futuro, por supuesto, es parte de mi agenda. Bien dicen que la gestión del futuro tiene mucho que ver con tener muy presente la inseguridad. Y es que la seguridad plena no existe, todo es incertidumbre, uno planea una cosa y termina saliendo otra, esto la vida te lo enseña. La única seguridad que se puede alcanzar, paradójicamente es la que aprende a vivir con la inseguridad. Cuanto más la aceptemos, más seguros nos sentiremos. Curiosamente, cuanto más busco y anhelo la seguridad, más inquieto y ansioso me vuelvo. Uno de mis retos para el año que viene es convertir la ansiedad (el miedo a lo que viene) en esperanza y la pena en aprendizaje para poder aprender de mis errores.

George Santayana decía que aquellos que no aprenden de los errores están condenados a repetirlos. Muchos, estamos enfocados en ganar, en la victoria únicamente, pero muchas veces, ésta es imposible de alcanzar sino buscamos, entendemos y aprendemos de  la otra cara de la misma moneda, que es la derrota, el error. Un buen ejercicio es el reconocer los errores de este año y entender que hicimos y por qué lo hicimos, justamente para no repetirlo.

Este año, en lo personal, ha sido el más intenso de todos, de lejos. Con todo lo que me ha pasado, me imagino que la realidad me está enseñando lecciones que no quería aprender. Muchas alegrías, pero también muchos problemas, que continúan aun. Resolverlos se ha vuelto mi tarea más urgente.

Para tener una idea de cómo hacerlo, acudo a uno de mis escritores preferidos, el psiquiatra español Enrique Rojas. Dice lo siguiente: “Diseccionar los problemas, comprenderlos a través de la razón, relativizarlos, hallar nuevas alternativas…este proceso de artesanía emocional es el mejor antivirus que podemos instalar en un disco duro que rige nuestro devenir diario. El secreto es aplicar los instrumentos de la razón, pero con algunas gotas de afectividad. Este es el mejor remedio en momentos difíciles.”

Todo comienza por aceptar mis problemas, saber que todos tienen los suyos y encima son aún peores. Pretender estar feliz siempre es otra fuente indudable de insatisfacción, ya que las alegrías y las tristezas son temporales y cíclicas. Martin Seligman nos dice que raramente duran más de 3 meses estos períodos. La felicidad no se deja atrapar por mucho tiempo, no está en la meta sino en el camino, en el “como”, “por qué” y “con quién” lo recorremos.

Para los momentos de felicidad, solo me queda averiguar cómo hacerlos más duraderos, finalmente es un “problema feliz”, lo difícil es aprender a luchar y salir adelante en los momentos de adversidad.  Por ello este año más allá de hablar de felicidad, he preferido rebuscar y escribir sobre su contraparte, la adversidad. Y para gestionarla, nada mejor que la resiliencia, esa capacidad de sacar fuerzas e incluso extraer beneficios de una experiencia traumática y que implica quizá una nueva forma de ver la vida, siempre con el vaso medio lleno, desacostumbrándonos a pensar en lo que no tenemos y valorando lo que tenemos.

Ese ejercicio de cuestionarnos adelantándonos a los hechos es crítico porque nos ayuda a recordar el valor de lo que tenemos y somos. ¿Cuándo nos empezamos a interesar por nuestra salud? Normalmente cuando a nosotros o alguien cercano lo ataca un infarto o recibe la visita de alguna grave enfermedad. ¿Cuándo apreciamos el amor y la amistad de personas muy queridas? Cuando nos faltan o se van. ¿Cuándo le damos el peso que tiene a nuestro trabajo? Cuando nos quedamos sin empleo. La pérdida, una gran maestra,  encierra dentro de si, lecciones que tardamos en aprender y lo hacemos cuando viene a buscarnos disfrazada de adversidad. A través suyo es que podemos extraer enseñanzas muy valiosas para aprender a gestionarnos.

Vuelvo con el tema de la gestión del tiempo, del presente. A manera de reflexión final, usaré de guía a uno de mis maestros, Santiago Alvarez de Mon, gran coach y profesor del IESE, con un mensaje final que calza perfecto para recibir bien este 2013. El describe con la asertividad de un genio y el nivel de exactitud de un cirujano la forma de vivir que tenemos ahora: “Que olvido tan necio de los ejecutivos, diferir para cuando cumplan 50 años, los buenos propósitos, y querer dar principio a la vida desde esa edad a la que pocos han llegado. Séneca decía “Que tarde es comenzar a vivir cuando hay que abandonar la vida.” Y tu tan ocupado, mientras la vida se apresura hasta su fin. Algunos se sentirán motivados a cambiar prioridades, cotejar agendas, a hacerle un hueco a la charla con el ser querido, a pensar sobre el sentido último de la existencia, pero pensarán que el día tiene 24 horas y no da más de si, no es un chicle que se puede estirar sin romper. “Estoy agotado, he hecho un montón de cosas, he resuelto varios trámites, he producido, me siento realizado… pero en esa incesante actividad siempre encuentro tiempo para leer el periódico por ejemplo. Esa mera lectura dice mucho sobre mi interés de estar informado. ¿He habilitado tiempo para otro tipo de lecturas, para jugar con mis hijos, para recuperar tiempo de pareja, para hablar con el abuelo? ¿No? Pues a lo mejor no son tan importantes. El trabajo frenético, la reunión de gerentasos, la charla intrascendente en el bar de la empresa, el periódico falto de rigor e independencia, el deporte, el Facebook (droga moderna), si tienen en cambio su momento.  Curiosamente, las personas más activas, apasionadas y competentes, suelen ser las que disponen de más tiempo.  Las otras siempre tienen excusas para retrasar sus citas con la vida. “No es breve la vida, largo es en el hombre el descuido del tiempo”. No existe nada menos propio de un hombre ocupado que vivir. De ninguna cosa existe una ciencia más difícil. Hay que aprender a vivir y a morir a lo largo de toda la vida.”

Robert Braul decía “Disfruta de las pequeñas cosas, porque tal vez un día vuelvas la vista atrás y te des cuenta de que eran las cosas grandes”.

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

Unos 55,000 turistas visitan a Liechtenstein cada año. Este blog ha sido visto cerca de 850.000 veces en 2012. Si fuera Liechtenstein, se necesitarían alrededor de 15 años para que todos lo vean. Tu blog tuvo más visitas que un pequeño país en Europa!

Haz click para ver el reporte completo.

¿Le daremos espacio?

nacimiento-de-jesusDecìa el Papa Benedicto que lo màs maravilloso de este mundo es conocer a Cristo y darlo a conocer a los demás y que mejor motivo para hacerlo que en Navidad.

Lamentablemente no se puede amar a quien no se conoce. Por ello, que importante recordar nuevamente al Papa que nos dice que la mejor manera de conocerlo es en la oración, Hablar con El como quien le cuenta las penas y alegrìas a un amigo del alma y también dejar un tiempo para escucharlo. Tiene mucho que decirnos, y lamentablemente no le damos espacio. Pasa lo mismo que pasò hace poco màs de 2 mil años: “Y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo reclinò  en un pesebre, porque no había lugar para ellos en la posada”. Probablemente siga Jesùs buscando un lugar donde nacer, y que triste que haya venido a buscarnos y le neguemos el espacio…a alguien que vino a salvarnos, y al final de cuentas, también a hacernos mejores y màs felices acà y en la otra vida.

Para terminar aprovecho en copiarles las respuestas a las 3 primeras preguntas que le hicieron al Papa por tweet:

“¿Cómo podemos celebrar mejor el Año de la fe en nuestra vida diaria?”. Respuesta: “Dialoga con Jesús en la oración, escucha a Jesús que te habla en el Evangelio, encuentra a Jesús, presente en el necesitado”.

Segunda: “¿Cómo vivir la fe en Jesucristo en un mundo sin esperanza?”. Respuesta: “Con la certeza de que, quien cree, nunca está solo. Dios es la roca segura sobre la que construir la vida, y su amor es siempre fiel”.

Tercera: “¿Qué nos aconseja para rezar más en medio de nuestras obligaciones profesionales, familiares y sociales?”. Respuesta: “Ofrece al Señor todo lo que haces, pide su ayuda en todas las circunstancias de la vida diaria, y recuerda que él está siempre a tu lado”.

Y bueno, recibì este video de navidad en los centros comerciales  que vale la pena verlo!

Mi relación con la felicidad

De todas las relaciones que he tenido en mi vida, quizá la más problemática, atípica y hasta algunas veces ingrata ha sido la que mantengo con la felicidad. A veces somos grandes amigos, los mejores, otras y sobre todo recientes, nos hemos peleado, aunque ambos añoramos vivir los viejos tiempos.

Y quisiera no solo recordarlos sino volverlos a vivir, y para ello quiero y debo cambiar, esto que parece sencillo, ¿Cómo se hace? ¿Cómo se cambia personalmente, solo a base de esfuerzo y fuerza de voluntad? No estoy seguro. Cuanto más quiero cambiar, más resistencia interna encuentro en el proceso. Cuanto más reconozco y lucho con mis debilidades, más permanecen. Quizá el orgullo de creer que tengo la fuerza para hacerlo es justamente lo que no me deja cambiar. Bien dicen que no se cambia una realidad que se ignora o se desconoce. A lo mejor me falta interiorizar mis problemas, mis fortalezas, debilidades y el alcance de éstas. Uno no puede cambiar ni gestionarse a si mismo, sino se acepta en su totalidad con sus virtudes y defectos.

Si es que realmente estamos acá para ser felices, cabe la pena cuestionarse si esta es una consecuencia de un modo de ser, de estar, de vivir, de pensar, de trabajar,  o un objeto de deseo que defino a priori para ir tras de él. Creo que hay más de lo primero que de lo segundo.

A veces la teoría es importante conocerla, pero la realidad enseña mucho más. Uno puede escribir o hasta dar conferencias de felicidad, otra cosa es si el corazón sigue los dictados de la palabra. He descubierto que es mucho más útil aprender sobre la adversidad, o de como gestionar las prolongadas ausencias de la felicidad en nuestra vida que hablar de sus fugaces e impredecibles apariciones, las cuales, cuando se dan, hay que vivirlas aceptando sus condiciones.

Lo he repetido ya muchas veces en este blog, al final, la felicidad no está emparentada con la riqueza, si, ayuda, sobre todo cuando no hay dinero para cubrir necesidades básicas, pero nada más, y tampoco es prima ni de la salud ni menos aun de la pobreza. Miguel Dórs lo dice claramente en su poema:

“Ellos

que viven bajo los focos glamorosos

del éxito y que poseen

suaves descapotables y piscinas de plácido turquesa con rosales

y perros importantes y emparejados con rubias satinadas

bellas como el champan y no son felicidad.

y yo que no entiendo nada más que estas calles

gregarias y un horario

oscuro y mis domingos baratos junto al rio

con una esposa y un niño que me quieren

tampoco soy feliz…”

Ayudaría también y mucho el saber ¿Qué somos nosotros, como nos definimos? ¿Cuál es nuestra esencia? ¿Para qué estamos en la vida? En la película “Lo que queda del día”, en una parte, al mayordomo le preguntan, “¿Qué es usted además de mayordomo? Mayordomo. ¿Cuál es su papel en la vida? Servir a Lord Carrington. ¿Algo más? No, servirle leal y profesionalmente. ¿Dónde reside la causa de su dignidad? En el oficio de mayordomo.”  Claramente se confunde la esencia de su ser con su profesión.

No dudo que nos pase a muchos de nosotros, si no tenemos clara nuestra verdadera misión en la vida, ya que nos enfocaremos en cosas que no necesariamente nos darán la felicidad que necesitamos.

Daniel Goleman, creador del concepto de la inteligencia emocional decía que no nos hacen sufrir las cosas, sino las ideas que tenemos de las cosas. Como recibimos y procesamos y almacenamos los hechos en la vida es un proceso decisivo en nuestra interlocución con la misma. Los hechos son aquellos en lo que uno los convierte. Vale decir, la felicidad no depende de la realidad, sino de como la interpretas.

Como bien dice Santiago Alvarez de Mon, “La felicidad juega con nosotros porque impone sus reglas. Llega sin previo aviso y se va cuando quiere. Trabajo, inocencia, humildad, éstas si viven en las cercanías de la felicidad. También la esperanza, virtud personal que no renuncia a un mañana mejor y que no desespera ante el misterio. Sonreír es imprescindible para los asuntos trascendentes. Solo el humor y la humildad aciertan a conocer las reglas de juego de la vida, se atreven a rebelarse ante tanta desdicha e infelicidad humanas y transformarlas en esperanza e ilusión.”

El buscar la verdadera felicidad en la vida es quizá la cuestión más urgente e importante que tenemos, y que solo nosotros podemos despejar. Los libros, videos, artículos, consejos de personas, se tienen que retirar sutilmente y hacerle un espacio a nuestra relación con Dios, la cual está directamente relacionada a nuestra relación con la felicidad, y obviamente también a nuestra mente y corazón, tándem imparable, pareja capaz de ayudarnos si están realmente alineados.