Archivo mensual: junio 2012

Los 5 lamentos más comunes antes de morir

Hace unas semanas Harvard Business Review publicó un artículo relacionado las razones más comunes por las que nos sentimos mal antes morir.

En el artículo se comentaba el estudio que realizó una enfermera que registró por años las disculpas más comunes de los moribundos. Bronnie Ware es una enfermera australiana que pasó varios años trabajando en la unidad de cuidados paliativos, la atención de pacientes en las últimas 12 semanas de sus vidas. Grabó sus epifanías que mueren en un blog llamado La inspiración y Chai.

 

Ware habla de la claridad de la visión espectacular que la gente obtiene al final de sus vidas, y cómo podemos aprender de su sabiduría. Cuando se le preguntó acerca de cualquier lamento que tenían o cualquier cosa que harían de manera diferente”, dice ella, “temas comunes surgieron una y otra vez. No había ninguna mención de más sexo o saltos de bungee.

Aquí están los cinco lamentos que más se dijeron:

1. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir una vida de acuerdo a mis principios, no a lo que los demás esperaban de mi.

Este era el lamento más común de todos. Cuando las personas se dan cuenta que su vida está a punto de terminar y mirar hacia atrás con claridad en ella, es fácil ver cuántos sueños se han cumplido. La mayoría de la gente no había cumplido aún la mitad de sus sueños y tenía que morir sabiendo que era debido a las opciones que habían hecho, o que no hicieron.

2. Ojalá no hubiese trabajado tan duro.

Esto vino principalmente de lo shombres. Echaban de menos la juventud de sus hijos y la compañía de su pareja. Las mujeres también hablaron de este lamento, pero la mayoría eran de una generación anterior, muchos de los pacientes de sexo femenino no habían sido sostén de la familia.

3. Ojalá hubiera tenido el coraje de expresar mis sentimientos.

Mucha gente suprimió sus sentimientos con el fin de mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a ser lo que eran realmente capaces de llegar a ser.

4. Me gustaría haber estado en contacto con mis amigos.

A menudo no se dan cuenta verdaderamente de todos los beneficios de sus viejos amigos hasta que mueren y no siempre fue posible localizarlos. Muchos de ellos habían llegado a estar  tan atrapados en sus propias vidas que se habían dejado caer por la única amistad del dinero en los últimos años. Hubo muchos lamentos profundos acerca de no dar la amistad el tiempo y esfuerzo que merecían. Todo el mundo echa de menos a sus amigos cuando se está muriendo.

5. Me gustaría haber sido más feliz.

Muchos no se dan cuenta hasta el final de que la felicidad es una elección. Pasaron más tiempo en hacer creer a los demás que son felices que en tratar de serlo.

 Has pensado ¿De que te lamentarías si mañana fueses a morir? Piensas hacer algo para cambiarlo? La vida se pasa en un instante, cambia ahora!

El dinero no da la felicidad, pero ¿La puede comprar?

Los dejo con un artículo de Manel Baucells, excelente profesor del IESE y experto en temas de motivación. “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”.
Groucho Marx no andaba tan
desencaminado. El
dinero no da la felicidad, pero la puede
comprar, la única duda es cuánta cantidad. Y no es tanta
como uno espera porque no sabemos administrar el dinero,
nos acostumbramos
demasiado rápido al
nuevo tren de vida y
nos comparamos
con personas más
afortunadas, según
un estudio elaborado
por Manuel Baucells, profesor de la escuela de negocios
IESE, y Rakesh K.
Sarín, de la UCLA
Anderson School of
Management de la
Universidad de California.
La investigación
cifra en 15.000 dólares (unos 11.500 euros) los ingresos mí-
nimos para ser feliz.
A partir de ahí, poder adquisitivo y felicidad no
crecen al mismo ritmo y el largo
inventario de pobres niños ricos
que ha dado la historia es buena
prueba de ello.
Una mujer que conduce un
viejo utilitario en su época de
estudiante puede hallar una dicha temporal cuando empieza a
trabajar y logra comprarse un
bonito deportivo, pero pronto
se acostumbrará a conducirlo,
lo integrará como una parte habitual de su vida y dejará de alegrarla. Es lo mismo que le ocurre a los ganadores de lotería:
un estudio de Brickman, Coates
y Janojj-Bullman señala que
aquellos a los que les toca un
gran premio económico sólo experimentan un incremento de felicidad el primer año, mientras
que los consecutivos se mantienen igual porque ya se han acostumbrado al nuevo tren de vida
y no les resulta extraordinario.
“Lo que da la felicidad es el
cambio, el paso de un escalón al
otro, por ello mantenerse siempre en uno, aunque sea muy elevado, deja de hacernos felices”,
explica Manuel Baucells. Para
solucionarlo, el profesor del
IESE tiene una receta: “Si te toca un millón de euros, debes hacer tus cálculos para que la mejora de tu situación sea paulatina
y gastar sólo un 1% de lo ganado el primer año, un 2,5% al
siguiente, y así progresivamente
hasta alcanzar incrementos del
20% y el 30%”.
La sociedad sobrevalora los
beneficios que el dinero le reportará. “Los nuevos ricos pasan
de repente de un grupo social de
menos ingresos a otro mayor y
su bienestar sí crecerá, al menos
de forma temporal”, señala el
estudio. Pero llega el día en que
esos nuevos ricos pierden a sus
antiguos vecinos del barrio como referencia y comienzan a fijarse en el nuevo grupo social al
que pertenecen. Es entonces
cuando el éxtasis desaparece.
Y es que conducir un deportivo deja de ser tan agradable
cuando uno se encuentra en el
garaje con el nuevo Lexus del
vecino. Tras la unificación de
Alemania, los niveles de felicidad de los vecinos del Este cayeron en picado, ya que pasaron de compararse con ciudadanos del bloque soviético a mirarse en el estilo de vida de sus
vecinos de la Alemania Occidental.
A los deportistas de élite les
ocurre igual. Unas encuestas revelaron en 1995 que los medallistas olímpicos de bronce estaban
más contentos que los que habían ganado la plata, ya que se
comparaban con aquellos que
no habían subido al podio, mientras los clasificados en segundo
lugar tenían pesadillas porque
creían que se les había escapado
el oro.
Dos investigadores dieron a
elegir en 1998 a los alumnos de
la Escuela Pública de Salud de
Harvard entre dos escenarios: en
uno, ellos ganarían 50.000 dólares cuando el resto del mundo
lograría 25.000, es decir, la mitad, mientras que en el segundo
escenario ellos ganarían 100.000
dólares cuando el resto ganaría
250.000, más del doble. Todos prefirieron
el primer escenario.
“Por eso la felicidad social no ha
avanzado pese a que
mejore la calidad de
vida en un país, porque nos peleamos
siempre por tener lo
que tiene el vecino”,
según Baucells. “Si
eres capaz de llegar
al trabajo y decir qué
alegría, hoy no me
han atracado viniendo, has conseguido
bajar tu nivel de referencia y tienes más
posibilidades de ser
feliz”, añade.
En aquellas naciones en las que la economía ha crecido de
forma extraordinaria, sus ciudadanos
no han experimentando ese mismo salto cualitativo. El estudio pone como
ejemplo Japón, donde los ingresos per cápita se
quintuplicaron entre 1958 y
1991, de 3.000 a 15.000 dólares
anuales, pero los niveles de felicidad se mantuvieron entre el
2,5 y el 3 (sobre cuatro) a lo
largo de esas tres décadas.
El informe habla de dos tipos de bienes: los básicos, como comer, descansar o disfrutar con los amigos, que son básicos y su placer dura siempre, y
los de consumo —bienes de
consumo como un coche o un
viaje al extranjero—, a los que
uno se acostumbra mucho más
rápido de lo esperado y, por tanto, el éxtasis dura poco. “Son
adaptativos”, aclara. El dinero
puede comprar la mayoría, pero la dicha de los bienes materiales dura menos.
Por ello es más feliz aquel que
centra el bienestar en esos bienes
básicos y no los de consumo.
Además, el estudio recalca que
influyen otras variables como
la salud y el hecho de vivir o no
en un régimen democrático,
con libertad y derechos individuales garantizados. Así que, según el estudio, el viejo latiguillo
de que lo importante de la vida
es la salud, el dinero y el amor
sólo admite discusión respecto
al orden de los elementos.
En general, los índices de
contento en los países ricos son
superiores a los que declara la
población de los países pobres.
Británicos, estadounidenses y
también españoles se sienten
mucho más felices que los rusos, los ucranios o los búlgaros
(ver cuadro). En cualquier caso,

a la luz de este nuevo informe, hacerse rico, incluso si es
por la vía rápida, no es un proyecto nada descabellado.”

Libros que no se pueden dejar de leer

Es siempre complicado el tratar de comunicar una idea completa si es que solo se lee un artículo. En este blog suelo comentar, escribir o resumir de otros autores ideas que me ayudan (y espero que los ayude a ustedes) a vivir mejor, sin embargo, el espacio es muy corto.

Es por ello que para todos los que quieren profundizar en dichos temas, he querido esta semana hacer un resumen de los mejores libros que he leído en mi vida. No los he colocado en ningún orden de prioridades. Una de las cosas que más disfruto es leer, a los que no tienen el hábito todavía, prueben con uno de estos, y les aseguro que no pararán hasta terminarlos. Son adictivos!

Felicidad / Adversidad

  1. Desde la adversidad, Santiago Alvarez de Mon
  2. El hombre en búsqueda del sentido, Victor Frankl
  3. Happier, Tal Ben Shahar
  4. Engineering Hapiness, Manel Baucells

Competencias Directivas

  1. Influence, Robert Cialdini
  2. La lógica del corazón, Santiago Alvarez de Mon
  3. Gobierno de personas en la empresa, Pablo Ferreiro
  4. El mito del líder: Santiago Alvarez de Mon
  5. Triunfar, Jack Welch
  6. Dueños de nuestro destino, Nuria Chinchilla
  7. Con ganas, ganas, Santiago Alvarez de Mon

Vida personal

  1. Como ganar amigos, Dale Carnegie
  2. Como suprimir las preocupaciones y disfrutar de la vida, Dale Carnegie
  3. Camino, San Josemaría Escriva de Balaguer
  4. Las trampas del deseo, Dan Ariely
  5. Decisiones Instintivas, Gerd Gigerzenger

Amor conyugal y formación de padres

  1. Remedios para el desamor, Antonio Vasquez
  2. Más allá del si, te quiero, Anival Cuevas
  3. El desafío del amor, Kendrick
  4. Y vivieron felices, Tomás Melendo

Diálogo de bebés: ¿Crees en la vida después del nacimiento?

Recibí este diálogo del blog de Nuria Chinchilla, muy curioso por cierto, entre dos bebés Vale la pena leerlo porque algo así nos pasa exactamente a nosotros, muchas veces nos portamos como si todo se acabar aquí abajo.

En el vientre de una mujer embarazada estaban dos hermanitos conversando cuando una le preguntó al otro:

- ¿Crees en la vida después del nacimiento?…

La respuesta fue inmediata:

- Claro que sí. Algo tiene que haber después del nacimiento. Tal vez estemos aquí porque precisamos prepararnos para lo que seremos más tarde.

- Bobadas, ¡no hay vida después del nacimiento! ¿Cómo sería esa vida?…

- No lo sé exactamente, pero ciertamente habrá más luz que aquí. Tal vez caminemos con nuestros propios pies y comamos con la boca…

- ¡Eso es un absurdo! Caminar es imposible. ¿Y comer con la boca? Es totalmente ridículo! El cordón umbilical es lo que nos alimenta. La vida después de nacimiento es una hipótesis excluida, el cordón umbilical es muy corto.

- En verdad, creo que ciertamente habrá algo. Tal vez sea bastante diferente a lo que estamos habituados a tener aquí.

- Pero nadie vino de allá, nadie volvió después del nacimiento. El parto termina con la vida. Vida que es nada más que esta absoluta oscuridad.

- Bueno, yo no sé exactamente cómo será después del nacimiento, pero, con certeza, veremos a mamá y ella cuidará de nosotros.

-¿Mamá?… ¿Tú crees en mamá?… ¿Y dónde supuestamente estaría ella?..

- ¿Dónde?… ¡En todo alrededor nuestro! … a través de ella vivimos. Sin ella todo esto no existiría.

- ¡Yo no creo! nunca vi ninguna mamá, lo que comprueba que mamá no existe.

- Bueno… es cierto que no la hemos visto nunca, pero, a veces, cuando estamos en silencio, puedes oírla cantando, o sientes cómo ella acaricia nuestro mundo. ¿Sabes qué? Pienso que la vida real es la que nos espera y que ahora, estamos preparándonos para ella..

Valores para gestionar la adversidad

Transcribo esta excelente entrevista que le hicieron a Santiago Alvarez de Mon, brillante profesor de Gobierno de personas en el IESE, la Escuela de Negocios #2 a nivel mundial en capacitación ejecutiva según el último Ranking de Finantial Times:

Usted ha entrevistado y ha seguido la trayectoria no sólo de líderes empresariales, sino en general de personas que han hecho frente a la adversidad. ¿Qué valores son denominadores comunes en estas personas?

Uno de ellos es la humildad. Es un valor que maneja bien el error y maneja bien el éxito. La humildad está educada en el aprendizaje. Te abre la mente. Estas personas cuando se han equivocado alzan el vuelo y siguen caminando. Y cuando parece que les van bien las cosas no se lo creen demasiado.

Otro es la constancia, la gente grande llega muy lejos porque no sólo está en “el aquí” y “el ahora”. Están pacientemente dando pasos firmes en la dirección correcta. Además es gente curiosa, y quiere rodearse de gente de talento a su alrededor. No se “comparan con”, sino que “quieren aprender de”. Quieren gente brillante a su lado. Y es gente optimista, cuando tienen muchos motivos para ser pesimistas. Eligen el optimismo como mirada vital, justa. Y tienen sentido del humor. Creo que esto es un corolario natural de ser humilde. En lugar de tomárselo a la tremenda, tienen el humor como filtro para vivir. El humor realmente te salva de la depresión. No sólo es gente que cuenta chistes, sino que se ríen de sí mismos. Cobran distancia y perspectivas frente a sí mismos y deciden armar una relación comprensiva, amable con ellos mismos y para ello se requiere del humor. Una vez que te conoces, o te  deprimes o te ríes.

¿Qué papel tiene el sentido del humor en el liderazgo?

El sentido del humor es el que te permite manejar el poder y no quedar pegado en sus telarañas, porque liderazgo no es sinónimo de poder. El lenguaje es muy rico, y no porque una persona ocupe el puesto de consejero delegado, de director general o de presidente tiene liderazgo. Tiene el poder, el estatus, pero no la credibilidad, la influencia, el “plus” de influencia del liderazgo. Otras personas tienen liderazgo pero a lo mejor precisamente por tenerlo no lo ven reconocido por cuotas de poder.

¿Cuánto poder tuvo Tomás Moro? Sin embargo, para mi es un referente. ¿Cuánto poder tuvo Gandhi, en algunos pasajes de su vida? ¿Cuánto poder tuvo Mandela en la cárcel, aunque luego fuera presidente de Sudáfrica? ¿Cuánto poder tenía Lincoln? Iba recogiendo errores tras errores, fracaso tras fracaso hasta llegar a la presidencia. Toda esta gente son curiosamente seres sociales, solidarios y expansivos pero que manejan muy bien su soledad. El liderazgo tiene que ver con gente que se rodea de gente competente, influye sobre sus colaboradores pero también sabe estar en soledad. El drama del hombre moderno es que no sabe estar solo. Con respecto al humor, si el liderazgo es un proceso de transformación, de liberar la energía y el talento de los seres humanos a los que se dirige, sí tiene que ver con institucionalizar los procesos de aprendizaje; dada nuestra condición humana, nuestra fragilidad y vulnerabilidad, siempre habrá errores. ¿Cómo manejo el error, para que sea una fuente de aprendizaje? El humor es el que te evita caer en la desesperanza, el que te evita deprimirte, el humor es el que te permite no dimitir. Creo que el humor es la tribuna desde la que puedes gobernar tu vida. Decía Ortega “Si quieres liderar impera sobre ti mismo”. Y para imperar sobre ti mismo hay que ir a la base de tus carencias y entonces requieres de esa mirada amable y comprensiva, cariñosa y simpática que es el humor.

¿Quién define el éxito?

Si lo define tu lugar en el campeonato te vas a ir a la infamia o a la depresión. Pero si soy yo quien define el éxito, seré ganador siempre. Yo he visto a mi hijo ganar partidos de tenis y le he dicho “Hoy has ganado, pero has jugado al tenis sin disfrutar” Y ha habido veces que se me ha caído la baba y realmente ha ganado el partido. Y él me dice “papá, pero si he perdido” Y yo le respondo  “¿Te lo has pasado bien? ¿Has jugado tu mejor tenis, has aprendido? ¡Pues has ganado!”. El partido importante es el que se juega dentro.