Archivo mensual: agosto 2011

Se ha ido mi coach

Un buen amigo del PAD de la Universidad de Piura me ha pasado este mail. Una vez que lo leí me pareció conveniente compartirlo con ustedes. Comentándolo Pablo Ferreiro, acaso el mejor profesor que hay en el Perú, decía lo siguiente: “Quizás les interese este texto…Como verán se trata de un sacerdote, y sería una “mala” conclusión pensar que cada uno de nosotros no lo es, y pasar de largo del tema. Creo que esto es ser coach… Quizás alguno pueda pensar “bueno, este es un tipo de coach”, en mi opinión esto expresa la esencia del coach. En definitiva un coach solo pregunta, pero las preguntas para que merezcan ser respondidas o, simplemente, para que obtengan respuestas “motivantes” (o cambiantes e innovadoras), requieren que sean sinceras, es decir que respondan a un esfuerzo ejemplar interior.”

Este artículo fue publicado el 17 de Mayo de 2010 por Jaime Pereira:

“El pasado día 17 de mayo, fecha muy entrañable para él, mi coach me dejó definitivamente. Fue una relación profesional que duró algo más de doce años. Se llamaba Alfonso de Cárdenas Rosales y su acreditación como coach profesional no se la dio ni la ICF ni AECOP ni ninguna escuela de coaching. Su acreditación se la ganó a pulso dedicando miles de horas a sus coaches a los que no cobraba nada por sus servicios. Siempre estaba a tu disposición, a la hora que fuese, dispuesto a ayudarte en lo personal y en lo espiritual. Su metodología empezaba con un fuerte abrazo que casi te dejaba KO. Alguna persona no se olvidará nunca de tan peculiar saludo. Luego y como si fuera lo más natural del mundo se iba introduciendo en tu persona y en tu espíritu hasta llegar un momento en que su conocimiento sobre uno mismo era total. No se le escapaba una, sabia de tu vida todo. Era un lector empedernido y te ponía al corriente de lo que pasaba por el mundo.

Como buen coach nunca te decía lo que tenias que hacer, y solo con sus preguntas te daba la pauta para diseñarte un plan de acción. A mí personalmente me ayudó muchísimo. Recuerdo cuando fui despedido de mi trabajo como se identificó  conmigo en todo y como supo darme ánimos para superar una prueba tan dura. Cada vez que nos veíamos, cosa que hacíamos todas las semanas, solo con la mirada me transmitía unas sensaciones muy especiales que al mismo tiempo eran retadoras. Era un coach amigo pero exigente, no se callaba y decía las cosas muy claras, daba un feedback muy autentico. De cada sesión salías dispuesto a comerte el mundo.

Como buen profesional impartía todos los meses alguna conferencia, a la que asistían un buen número de personas. Vivía intensamente lo que decía llevándole incluso, en alguna ocasión, a dar fuertes puñetazos en la mesa, como para poner más énfasis en sus palabras. Su voz era potente y pasaba del tono bajo al alto con mucha naturalidad. No se cansaba de hacer la “ruleta” con sus gordos dedos, como un molinillo de viento que produce energía contagiosa. Se animaba tanto hablando y hablando que tenían que recordarle, con frecuencia, que el tiempo se había acabado, incluso alguno de sus ayudantes tenía que toser en voz alta para avisarle que se había pasado de la hora.

Tambien daba con frecuencia seminarios de “fin de semana”, en los que te ponía las pilas. Seminarios dirigidos al desarrollo personal y espiritual. De forma insistente decía que lo espiritual es lo que tonifica y da fuerzas para luchar en lo personal. Antes de que nadie hablará del coaching espiritual, él ya lo practicaba siendo un autentico maestro. Siempre decía que si le dabas sentido a tu trabajo este sería de muchísima más calidad. Fue uno de los pioneros en el tema de conciliación de familia y trabajo. Recuerdo haberle oído muchas veces decir que aunque el trabajo es muy importante, la familia lo es mucho más. Cada vez que nos veíamos lo primero que me preguntaba era ¿a que hora estás llegando a casa? Si descuidaba a la familia me decía que no estaba haciendo bien mi trabajo y esto me obligaba mucho.

Su afán de llegar a más gente a la que pudiera ayudar le llevo a registrar la Fundación Cárdenas-Rosales Fondo de Cooperación y Desarrollo Asistencial, con el objetivo de promocionar, tanto en España como en el extranjero, iniciativas de carácter social y de cooperación al desarrollo, en favor de la familia, tendentes a resolver la falta de formación humana, científica y cultural; la carencia de recursos básicos para subsistir; y la dificultad de acceder a una asistencia sanitaria adecuada.

He pasado horas y horas con él, aprendiendo, reflexionando, charlando del trabajo, de los amigos, de mis hijos, de mi mujer, de la sociedad y de muchísimas más cosas. Solo discutíamos, y con fuerza, cuando hablábamos de futbol. El del Real Madrid y yo del Barça, casi nada. La última vez que nos vimos fue dos semanas antes de morir, como si la enfermedad no fuera con él. Me recibió como siempre, con su cara regordeta, con esa mirada penetrante, con ese cariño especial que un coach siente por su coache y preguntando, siempre preguntando, como el mejor de los coaches para obligarte a pensar. Fue mi última y más grata sesión de coaching, no la olvidaré nunca. La mejor confesión.

Gracias Alfonso, desde el cielo seguirás siendo mi coach y ahora tus preguntas serán para mí un regalo de Dios.”

Hombre ciego, enséñame a ver

Dicen que la visión es el arte de ver lo que los demás no ven. Ayer mientras un hombre ciego me hacía unos masajes por una hernia que tengo me hablaba con una naturalidad de cosas que nunca había visto, pero que se las imaginaba y me dejó pensando como hubiese reaccionado ante tamaño problema si es que yo hubiese sido el invidente. Ya lo decía Antoine de Saint Exupery en “El Principito”: Lo esencial es invisible a los ojos.

Este es un mundo de paradojas en el que muchos confundimos los conceptos o creemos tener algo que no tenemos y perseguimos metas que no nos llevan a nada. Cuantas veces nos enfocamos únicamente en tener más dinero por ejemplo. El dinero puede comprar la diversión pero no la felicidad, el remedio pero no la salud, el  lujo pero no la belleza, el nicho de muerte, pero no la paz interior.

Hoy en día tenemos centros comerciales más grandes, pero menos motivos para gastar en regalos, gastamos más dinero y tenemos cada vez menos porque nos creamos más necesidades. Compramos más y disfrutamos menos. Tenemos departamentos más grandes y familias más pequeñas, más educación y menos formación, más conocimiento y menos juicio, más medicinas y menos bienestar.

Andamos más conectados y sin embargo no hablamos con nadie, porque el facebook te aleja de los que tienes cerca y te acerca a los que tienes lejos.

Hemos limpiado el aire pero no el alma, hemos aprendido a hacer cosas más rápido pero no a tener más paciencia. Cada vez tenemos más cantidad y menos calidad, más tiempo libre y menos diversión, departamentos más bonitos pero hogares más rotos.

Esta es la época de los sentimientos falsos, estilos de vida light, la época donde la gente está más feliz pero es menos feliz, donde tenemos todo en la vitrina y nada en el inventario, es decir, estamos más preocupados en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo. Ser feliz no es nada fácil, implica hacer felices a los que están a tu alrededor, apoyándolos en las épocas de sufrimiento y adversidad, pero vale la pena, la felicidad vale todo lo que cuesta.

 Al respecto copio lo que dijo el Papa hace un par de días en la Jornada Mundial de la Juventud: “…Por eso, cuando el dolor aparece en el horizonte de una vida, quedamos desconcertados y quizá nos preguntemos: ¿Puede seguir siendo grande la vida cuando irrumpe en ella el sufrimiento? A este respecto, en mi encíclica sobre la esperanza cristiana, decía: “La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre (…). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana.

Queridos jóvenes, para descubrir y seguir fielmente la forma de vida a la que el Señor os llame a cada uno, es indispensable permanecer en su amor como amigos. Y, ¿cómo se mantiene la amistad si no es con el trato frecuente, la conversación, el estar juntos y el compartir ilusiones o pesares?”

 Cada uno de nosotros tiene muy cerca, al alcance de una decisión personal, metas de enorme trascendencia, el empezar a vivirlas puede ser nuestra prioridad principal. 

Técnicas para influir en los demás

Continuando con los resúmenes de los libros de Dan Ariely, este gran psicólogo que a través de estudios científicos aportó varios descubrimientos para mejorar el día a día, esta semana les traigo uno relacionado a la persuasión. “En un experimento, unos investigadores franceses hicieron que una joven se encontrase sin dinero en un restaurante y tuviera que pedir ayuda con la cuenta a otros clientes. Cuando pedía  unos cuantos francos, sólo el 10% le ofrecía el dinero. En cambio, si empezaba pidiendo que le pagasen toda la cuenta, pero después pasaba a pedir unos cuantos francos, el 75% de los comensales soltaba el dinero. De nuevo, esta técnica resulta eficaz en muchas situaciones diferentes. Desde negociar el precio de una casa hasta el horario laboral, pasando por el salario y los límites de descubierto, si estás vendiendo, viene bien empezar desde arriba.

La persuasión se basa en meter el pie en la puerta, que te den con la puerta en las narices, sorprender al interlocutor con una petición inusual y ofrecer un chorro interminable de gangas. Y, lo más importante, las investigaciones demuestran que estas técnicas se pueden aprender en exactamente 47 segundos.

No somos las criaturas racionales que nos gustaría creer, y resulta fácil convencernos utilizando una serie de técnicas rápidas y eficaces. Cuidado con los que utilizan el principio “y eso no es todo”, ofreciendo descuentos y gangas sin venir a cuento para sacarte el dinero. De igual manera, cuidado con los que empiezan pidiendo poco y van a más, o empiezan pidiendo mucho y se conforman con una oferta más “razonable”. Por supuesto, también es posible emplear estas técnicas para influir en los demás.

Late más deprisa, mi tranquilo corazón. Si nos vamos a otro ámbito de la persuasión, para aumentar las posibilidades de que tu cita salga bien, escoge una actividad que suela aumentar las pulsaciones. Evita los conciertos lentos de música clásica, los paseos por el campo, y escoge películas de suspenso, parques temáticos y paseos en bici. La teoría es que tu cita atribuirá la aceleración de su pulso a tu presencia, en vez de a la actividad, lo que la hará convencerse de que tienes algo especial.

Los descubrimientos anteriores realizados por de Aron demuestran otra forma en la que nuestro compartimiento ejerce una poderosa influencia en cómo pensamos y sentimos. Del mismo modo que mirar a un completo desconocido a los ojos puede inducir sentimientos de atracción mutua, realizar  las actividades asociadas con el principio de una relación puede ayudar a reavivar pasiones.

El trabajo de Aron indica que las parejas que llevan mucho tiempo ¡juntas sentirán más atracción mutua si realizan de manera regular actividades que les resulten novedosas y emocionantes, y que supongan trabajar juntos para lograr un objetivo. Este descubrimiento se apoya en los resultados de varias encuestas que demuestran que las parejas estables que son felices en su relación suelen participar en actividades recreativas en las que se involucran los dos, y que resultan relativamente impredecibles, emocionantes y activas, en vez de pasivas.

Por tanto, ya sea haciendo deporte, teatro de aficionados, alpinismo, turismo, baile o viajes a destinos poco comunes, las parejas que se enfrentan unidas a este tipo de obstáculos permanecen unidas.

Algunos otros ejemplos de cómo sorprender a tu pareja y su % de eficiencia:

  • Taparle los ojos y darle una agradable sorpresa: 40%
  • Enviarle un mensaje de texto o correo electrónico romántico, o dejarle una nota en casa: 22%
  • Llevarle el desayuno a la cama: 22%
  • Grabarle una recopilación de su música favorita: 12% 

El imprescindible libro de Dale Carnegie Cómo ganar amigos e influir sobre las personas afirmaba que el mismo principio se aplica a los comentarios que hacemos a amigos y compañeros. Según Carnegie, hasta la crítica más nimia tiene un efecto destructor en las relaciones, por lo que animaba a sus lectores a colmar a sus seres más queridos de halagos. A lo largo de los años, muchos escritores han repetido las ideas de Carnegie, como, por ejemplo, la humorista estadounidense Helen Rowland, que una vez comentó: “Puede que los halagos de una mujer hagan que el ego de un hombre se expanda un poco, pero sus críticas se le clavan directamente en el corazón y lo contraen”.

Para que una relación tenga éxito y la capacidad de influencia se mantenga intacta, la frecuencia de comentarios positivos tiene que superar el número de comentarios negativos en una proporción de cinco a uno. En otras palabras, hacen falta cinco casos de acuerdo y apoyo para deshacer el daño provocado por una sola critica.

Por último, un tema ya resumido en un post pasado, pero que podemos ampliarlo un poco más, es el poder del tacto como motor de influencia. Muchos estudios han demostrado que tocar a alguien en la parte superior del brazo durante un segundo o dos puede tener un efecto sorprendente en la ayuda que te proporcione. En un experimento, unos investigadores estadounidenses se dedicaron a acercarse a los viandantes y pedirles diez centavos. Un breve toque en la parte superior del brazo aumentaba un 20 % la probabilidad de conseguir el dinero.

Si quieres que alguien te ayude, prueba a tocarlo ligeramente en la parte superior del brazo. El mismo comportamiento aumenta también la probabilidad de que una mujer encuentre atractivo a un hombre, siempre que sea un contacto breve, limitado a la parte superior del brazo y acompañado de un cumplido o petición. Sin embargo, ten cuidado, porque es fácil equivocarse. El contacto físico es una señal social muy fuerte, y unos cuantos centímetros pueden suponer la diferencia entre una invitación a café y una llamada a la policía.

El mensaje es este: para ayudar a convencer a alguien de que hay química entre vosotros, refleja sus movimientos. Inclínate si la otra se inclina, cruza las piernas si ella lo hace y pon las manos en la misma posición. Sin que se den cuenta, estos movimientos insignificantes harán que el objeto de tu afecto sienta que comparten cierto je ne sai quoi, como dirían los franceses.

La educación de nuestros sentimientos

Esta semana les traigo un resumen de la entrevista que leí hace unos días a Alfonso Aguiló, Vicepresidente del Instituto Europeo de Estudios de la Educación (IEEE) sobre la educación de los sentimientos, un tema del que muy poca gente se preocupa pero que genera un impacto grande en nuestra forma de ser.

“-Siendo tan importante la educación de los sentimientos, ¿por qué tantas personas consideran el coeficiente intelectual como el principal indicador del talento personal?

-El asunto viene de antiguo. Desde comienzos del siglo XX, se difundió mucho la idea de que el coeficiente intelectual es un dato de partida invariable y decisivo en la vida de una persona. Afortunadamente, esa idea entró en crisis hace ya bastantes años, pues está claro que poseer un elevado coeficiente intelectual puede predecir tal vez quién obtendrá éxito académico -tal como suele evaluarse hoy en nuestro sistema educativo-, pero no mucho más. No es una garantía de éxito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz.

Hay otras muchas capacidades que tienen más importancia, y entre ellas están las relativas a la educación de los sentimientos, como el conocimiento propio, el autocontrol y el equilibrio emocional, la capacidad de motivarse a uno mismo y a otros, el talento social, el optimismo, la capacidad para reconocer y comprender los sentimientos de los demás, etc.

-¿Y cómo puede buscarse ese equilibrio?

-De entrada, no podemos desacreditar el corazón porque algunos lo consideren simple sentimentalismo; ni la inteligencia porque otros la vean como un mero racionalismo; ni la voluntad porque otros la reduzcan a un necio voluntarismo. La clave está en encontrar una buena armonía.

Por ejemplo, en las últimas décadas se han declarado diversas cruzadas contra diferentes problemas que amenazan nuestra sociedad: fracaso escolar, alcoholismo, embarazos de adolescentes, drogas, violencia juvenil, etc. Sin embargo, una y otra vez se comprueba que suele llegarse demasiado tarde, cuando la situación ha alcanzado ya grandes proporciones y está fuertemente arraigada en la vida de esas personas.

Y eso sucede porque la información, siendo importante, por sí sola suele resolver muy poco. La mayoría de las veces el problema no es propiamente la droga, ni el alcohol, ni el fracaso escolar, sino las crisis afectivas que atraviesan esas personas, y que les llevan a buscar refugio en esos errores.

-¿La solución entonces es educar mejor los sentimientos?

-En gran parte sí. Al hombre no siempre le basta con comprender lo que es razonable para luego, sólo con eso, practicarlo. El comportamiento humano está lleno de sombras y de matices que escapan al rigor de la lógica, y que campan por sus respetos moviendo resortes subconscientes de la voluntad y los sentimientos.

-Pero tener mucho corazón a veces también traiciona…

-Está claro que hay numerosos vicios y defectos que pueden coexistir con un gran corazón. Hay gente de mucho corazón que son alcohólicos, irascibles, mentirosos o poco honrados. Pero de modo general puede decirse que la riqueza y la plenitud de una persona dependen en gran medida de su capacidad afectiva.

Lo más propiamente humano es ser una persona de corazón, pero sin dejar que nos tiranice. Es decir, sin considerarlo la guía suprema de nuestra vida, sino logrando que sea la inteligencia quien se encargue de educarlo. Educarlo para que nos lleve a apasionarnos con cosas grandes, con ideales por los que merezca la pena luchar. Es verdad que las pasiones hacen llorar y sufrir, pero no por eso han de ser algo negativo, porque ¿acaso se puede dar una buena clase, o sacar adelante un proyecto importante, o amar de verdad a otra persona, desde la indiferencia? Sin apasionamiento, ¿habrían existido los grandes hombres que han llenado de luz y de fuerza nuestra historia, nuestra literatura, nuestra cultura? Educar bien nuestras pasiones nos hace más humanos, más libres, más valiosos.

-¿Y cree que la educación de los sentimientos es una tarea un tanto descuidada?

-Sí. Como ha señalado José Antonio Marina, la confusa impresión de que los sentimientos son una realidad oscura y misteriosa, poco racional, casi ajena a nuestro control, ha provocado en muchas personas un considerable desinterés por profundizar en su educación. Sin embargo, los sentimientos son influenciables, corregibles, estimulables. Pueden modelarse bastante más de lo que a primera vista parece.

Es cierto que la mayoría de los sentimientos no se pueden producir directa y libremente. No podemos generar sentimientos de alegría o de tristeza con la misma facilidad con que hacemos otros actos de voluntad (como gobernamos, por ejemplo, los movimientos de los brazos). Pero sí podemos influir en nuestra alegría o nuestra tristeza de modo indirecto, preparando el terreno en nuestro interior, estimulando o rechazando las respuestas afectivas que van surgiendo espontáneamente en nuestro corazón.

-Algunos consideran que eso es esconder los sentimientos espontáneos para sustituirlos por otros que en realidad no se tienen, y que por tanto son falsos, o al menos artificiales.

-Pienso que no debe verse así, pues lo que se busca no es el falseamiento de los sentimientos, sino construir nuestro propio estilo emocional. Debemos ser protagonistas de nuestra propia vida, en vez de pensar que estamos atados a un inexorable destino sentimental.

Si una persona advierte, por ejemplo, que está siendo dominada por sentimientos de envidia, o de egoísmo, o de resentimiento, lo que debe hacer es procurar contener esos sentimientos negativos, al tiempo que procura estimular los correspondientes sentimientos positivos. De esa manera, con el tiempo logrará que éstos acaben imponiéndose sobre aquellos, y así irá transformando positivamente su propia vida emocional.

-¿Los sentimientos influyen en las virtudes?

 -Cada estilo sentimental favorece unas acciones y entorpece otras. Por tanto, cada estilo sentimental favorece o entorpece una vida psicológicamente sana, y favorece o entorpece la práctica de las virtudes o valores que deseamos alcanzar. No puede olvidarse que la envidia, el egoísmo, la agresividad, o la pereza, son ciertamente carencias de virtud, pero también son carencias de la adecuada educación de los sentimientos que favorecen o entorpecen esa virtud. La práctica de las virtudes favorece la educación del corazón, y viceversa.”