Archivo mensual: enero 2010

¿Cómo administrar mi carrera? 2da parte

Eligiendo un nuevo trabajo

Si luego de hacer la evaluación del post anterior nos damos cuenta que estamos en el trabajo equivocado, o si es que estamos en un proceso de recolocación laboral, comienza nuestra etapa de búsqueda, en la cual, es crucial saber escoger la mejor opción. Muchos de nosotros basamos la elección del nuevo trabajo en base al sueldo bruto mensual. Pero no es la única variable a tomar en cuenta, hay otras que vale la pena incluirlas para nuestro proceso de toma de decisiones. A continuación algunas de estas:

       Remuneración:

–         Sueldo fijo y sueldo variable

–         Bonos e incentivos al contado y a largo plazo

       Oportunidades de desarrollo

–         Capacitación

       Condiciones y características del trabajo

–         Naturaleza del trabajo

–         Libertad y autonomía

–         Ubicación geográfica

–         Flexibilidad horaria

       Gusto y habilidad por las funciones

       Ambiente y relaciones de trabajo

–         Clima laboral

–         Jefatura

–         Balance vida – trabajo / Calidad de vida

       Características de la organización

–         Prestigio de la empresa

–         Título y nivel del cargo

–         Estabilidad laboral

       Conveniencia general para la persona y la familia

       Qué nos dice el subconsciente

Vale la pena tomar en cuenta todas estas variables, ponderarlas, para tener una visión mucho más clara del trabajo que más nos conviene.

¿Cómo administrar mi carrera? Primera parte

Hoy en día no basta estar trabajando en un buen trabajo. Para surgir en este competitivo mundo es necesario tener un plan de administración de carrera muy claro que nos indique si vamos en la dirección correcta y cuestionarlo cada año.

Un buen comienzo es hacerse las siguientes preguntas:

  • ¿Mi trabajo actual me reta? ¿Disfruto lo que hago?
  • ¿Cómo me gustaría  que fuera mi vida personal, estoy contento con la que tengo actualmente?
  • ¿En qué situación me gustaría estar en 5, 10, 15 años?
  • ¿Qué tipos de trabajo me gustan, en qué ambientes me desarrollo mejor?
  • ¿Las personas con las que trabajo me hacen sentir bien?
  • ¿Cuáles son mis destrezas más destacadas?

Son algunas preguntas de auto análisis que buscan validar o cuestionar nuestro trabajo actual. No digo que haya que cambiarlo, y menos en estos tiempos, sino que identifiquemos si realmente nos apasiona y si no lo hace, encontrar el porqué, tratar de modificar nuestros hábitos o comportamientos para que lo haga e inclusive logremos el tan esperado ascenso y si no, sólo en ese caso, ver en el mercado otras opciones.

Una manera de identificar lo anterior es mirarse a si mismo, conocer que es lo que nos distingue, qué es lo que más valoramos, qué nos hace sentir felices. Luego de ello, preguntar a los demás qué nos caracteriza, quizá una rápida descripción, que tipo de trabajo sería el ideal para nosotros, y finalmente hay también herramientas psicológicas de evaluación para validar lo anterior.

Jack Welch, Ex CEO de General Electric y nombrado por la revista Fortune como el mejor gerente de todos los tiempos, nos dice que es posible acelerar la progresión de nuestra carrera para llegar de manera más rápida al objetivo que deseamos. Para ello recomienda su método 10-10-10, que no es más que el proceso de considerar sistemáticamente las consecuencias de una decisión a lo largo de los siguientes 10 minutos, 10 meses y 10 años.

Recomienda cuestionarse si el trabajo nos permite trabajar con aquellos que comparten nuestra forma de ver la vida, o debemos asumir una personalidad distinta para trabajar durante el día. Nuestra motivación, nuestra satisfacción laboral, dependerá en gran medida del nivel de compenetración (valores, comportamientos, características personales) con aquellos a quienes vemos por más de 8 o 12 horas cada día.

Otro punto importante que recomienda es identificar si el actual trabajo nos reta, nos hace pensar cada día más, logra sacar lo mejor de nosotros o nos emociona cuando lo hacemos bien.

La sonrisa, ese abrepuertas

Esta semana les traigo un artículo que me envió la semana pasada Marco Suarez, un buen amigo, Director de Chopin. Marco fue Gerente de Marketing de Supemercados Wong por lo que es todo una autoridad para escribir sobre estos temas. Los dejo con su artículo:

Está comprobado, la sonrisa es contagiosa. Igualmente, los gestos de afirmación mientras se conversa predisponen positivamente al otro, y al revés, los micro-gestos que denotan negatividad inflaman el espíritu del cliente. Cuando los clientes se enfrentan a un colaborador que los recibe con una sonrisa y sabe mantener una actitud positiva durante la transacción, se sienten muy bien. Al sentirse bien, buscarán saber el nombre del colaborador, porque íntimamente se les despierta el deseo de desarrollar una relación con esta persona que lleva alegría a su vida. La sonrisa de los colaboradores  predispone positivamente a los clientes frente a la empresa y logra sean más benévolos en su evaluación.

 Es posible enseñar a sonreír. Por supuesto no estamos hablando de simular una sonrisa aunque, increíblemente, esto también ayuda. Los niños se parecen mucho a los padres más por imitación que por genética; lo mismo sucede con los colaboradores: se parecen mucho a sus jefes. Por ello, si tienes gente a tu cargo, tienes que sonreir más. Una regla sencilla para sonreir más es imaginar que tienes un lapicero puesto horizontalmente entre tus dientes. Verás cuán útil es iniciarse con ese gesto.

Estas fiestas navideñas abren una gran oportunidad para que tus clientes y tu gente sientan una nueva disposición positiva mutua. ¡Todos lo agradecerán!

Recientemente las neurociencias han redescubierto (esta vez científicamente) lo que la intuición dice: la clave del éxito de un buen gerente está directamente relacionada a cómo se siente su gente. David Rock, profesor de la Universidad de Nueva York, acaba de publicar un artículo en el que explica el SCARF, que en inglés significa bufanda, tal vez queriéndonos decir, subliminalmente, que nuestra gente necesita la calidez y el calor de sus jefes. Esto es, servicio al cliente puro.

SCARF es el acróstico de Status, Certainty, Autonomy, Relatedness, Fairness (www.chopin.pe   casos de negocio ). Veamos suscintamente qué necesita nuestra gente de nosotros:

1.        Status . Todos sabemos que el trabajo dignifica al hombre, pero también sabemos que hay trabajos más pesados, más “sucios” y de aparente menor importancia. Si el colaborador no siente (mejor dicho no le hacemos sentir) que la pieza del rompecabezas que le corresponde poner en el mapa de procesos es clave para la satisfacción del cliente, entonces hará su trabajo de mala gana y acumulará sentimientos negativos contra la gerencia, contra los clientes.

Decir “¡Buen trabajo!”, con una mirada franca y una sonrisa de reconocimiento, activa las mismas zonas cerebrales que se activarían con un reconocimiento económico inesperado. Dar status no sólo es dar promociones o aumentos. No hay sentido alguno en que el jefe sea egoísta en elogios.

2.        Certeza. Nuestra gente necesita tener la certeza de que su trabajo es bueno y el jefe la debe transmitir. El dolor emocional que las personas sufren al sentirse ignorados es comparable al dolor físico (Antonio Damasio – El error de Descartes), las fMRI (resonancias magnéticas) lo demuestran. Tal vez el pecado más grave que atenta contra el buen servicio al cliente es que nuestra gente se sienta ignorada por el jefe. Es tan simple de corregir con un saludo al pasar, con una mirada democrática, con una sonrisa, o con unos cuantos minutos de cuando en cuando con cada persona de nuestro equipo…

3.        Autonomía. La percepción de autonomía de una persona aumenta su sensación de seguridad y disminuye el stress. Pensemos cuánto de nuestra propia inseguridad la trasladamos al respirar en la nuca a nuestros colaboradores. Una regla simple de “empowerment” no es dar autonomía plena al primer frente, sino darles la posibilidad de conversar, de llamar libremente por teléfono al jefe, o al jefe de su jefe, o si ellos lo consideran, al jefe del jefe del jefe. Esta línea abierta hacia arriba genera una sensación de equipo inconmensurable.

4.        Pertenencia.  Maslow ponía esta necesidad humana como posterior a sus necesidad básicas; hoy queda claro que la pertenencia es una necesidad básica. Una relación sana con nuestra gente requiere confianza y empatía. Y no podemos tener empatía si no tenemos una mirada para las otras personas. Dejemos de rumiar nuestros propios problemas y miremos a nuestra gente. La ganancia secundaría será, además, que pondremos nuestros problemas en su real dimensión y no los sobreestimaremos. El sentido de pertenencia a un grupo, a un gran equipo, es fun-da-men-tal.

5.        Transparencia. La percepción (y las percepciones hacen realidades) de que una situación es injusta, es un brutal golpe al plexo del servicio al cliente. La transparencia, el compartir información, el evitar grupos de privilegio hace que la gente esté motivada y lista a atender a los clientes como ellos son atendidos por la empresa.

Como vemos, la receta es simple. Pero no nos engañemos, implementar esta receta en la vida personal de cada uno de nosotros tomará tiempo, de modo que podríamos recomenzar hoy. Por ejemplo, podrías pasar este mail a los jefes que están debajo tuyo, a tus pares, a tus jefes. Sin embargo, lo más importante está en el trabajo con uno mismo.

Mis metas laborales del 2010

Uno siempre se traza metas, y el comienzo de un nuevo año siempre es un buen momento para revisar lo pasado, ver en que fallamos y trazarse una serie de objetivos concretos y medibles para el año que viene.

En el plano laboral, mi ilusión es:

Dentro de las limitaciones de recursos y sobre todo propias, hacer mi mejor esfuerzo para administrar de la mejor manera la compañía en la que trabajo.

Ganarme los corazones y las mentes de todo mi equipo de trabajo. Preguntar más, escuchar mejor, ponerme en sus zapatos de ustedes para ver una película distinta, ni mejor ni peor, sino con otra perspectiva.

No aspirar a dominar, sino tratar de limitarme a ser de utilidad.

Formar una empresa muy competitiva, muy rentable para el accionista y para todos los que trabajamos en ella, económica y financieramente sólida, con unos niveles de gestión de máxima eficiencia, pero cuyo índice final para definirla como verdaderamente exitosa sea la “sonrisa y bienestar” de aquellas personas que dan sentido a nuestra vida, que son nuestras familias. Si mi liderazgo permite, fomenta y cultiva esta meta, si promueve el crecimiento profesional, personal y espiritual, en resumen, de mejorar la calidad de vida de todo el equipo que trabaja conmigo, me sentiré satisfecho. A eso aspiro, nada  más…y nada menos.

Que la empresa en la que trabajo, rompa esquemas, rompa paradigmas, rompa records de ventas, utilidades, comisiones, pero sobre todo records de satisfacción de la gente que forma parte de ella. Se que en papel suena muy bonito, muy prometedor, pero en la cancha, la cosa es distinta,

Mezclar posiciones aparentemente opuestas como trabajar y divertirse, sudar y disfrutar, razonar e imaginar, pensar y actuar, esforzarse y relajarse, perder y ganar. Nuestro éxito estará en saber utilizar en su debido momento cada una de estas variables. Dicen que bajo el sol existe un tiempo para cada actividad.

Convertir a Laborum (la empresa en la que trabajo) en una fuente inagotable de talento, que los mejores profesionales maten por venir a trabajar con nosotros (como ha pasado hasta ahora). Una vez que se nos unan y conozcan, que decidan quedarse, porque sientan que son felices en el trabajo, la pasan bien, ganan muy bien, y sientan que se dan al máximo, que el trabajo los reta. Que sientan que con la misma vara que se les exige, se les retribuye.

Sueño con una empresa de profesionales que sean los mejores del Perú cada uno en su especialidad, responsables, automotivados, que se ayudan y respetan unos a otros en un contexto muy exigente pero a la vez familiar.

Sueño con una forma de trabajar que incluya pasión y diversión, porque así se trabaja mejor. Nuestros gestos al entrar y salir dirán si entre todos lo hemos conseguido. ¿Qué necesitamos? Un equipo que no necesariamente sean los Superamigos, pero que si se respeten, que sepan que si uno se cae, inmediatamente saldrá el del costado a dar la cara por él, que se miren a los ojos, que se rían, que tengan hambre de crecer, que sean humildes para reconocer errores y carencias, que cuando se caigan se levanten rápido e insistan cuando el resto se cierra y se retira, que no caigan en la tentación de hablar a espaldas del otro, que cuando se peleen, sean los que tiendan la mano para amistarse así tengan la razón.

Reflexiones para comenzar bien el 2010

Feliz año para todos ustedes!!!!!!! Espero que este 2010 sea realmente un gran año, que se aleje el 2009 y que no vuelva más. Esta semana, me he permitido repetir un artículo que ya había escrito pero que sin embargo, cae muy bien para estos días, en los que vale la pena revisar varios conceptos para empezar muy bien este año.

“Si uno avanza con confianza en la dirección de sus sueños, y se esfuerza por vivir la vida que se ha imaginado, se encontrará con un éxito inesperado” Thoureau


Ya estamos terminando el 2009 y estos días son ideales para revisar si hemos logrado nuestros objetivos, si hemos alcanzado el éxito y en qué nos hemos equivocado, para en base ello, planificar el 2010. En él,  viven nuestros sueños, ideales y proyectos, pero sólo entendiendo las claves del presente, hurgando en sus secretos y pliegues, podemos hacer que algunos de esos sueños tengan lugar durante el año que viene.

Siempre, en mayor o menor grado, habrá una diferencia entre nuestros planes y el dictamen final de la vida.  El secreto está en caminar ese trecho y analizar el porqué de la desviación, el porqué del error, y eso es justamente lo que trataré de mostrar en este artículo, guiándome de algunos expertos que ya lo han hecho antes, y les ha ido muy bien.

Dice la conocida frase, Errare humanum est, pero también es humano y útil analizar los fracasos que hemos tenido este año. Quien mejor que Lance Armstrong, 4 veces campeón mundial de ciclismo, para que nos explique como aprendió de sus errores:  “El día de mi debut profesional, la clásica de San Sebastián, llovía a mares. Muchos corredores iban abandonando y estuve tentado de hacer lo mismo, pero no podía, era mi primera carrera profesional. Sería demasiado humillante, ¿Qué pensarían mis compañeros de equipo? De ciento once corredores acabé último, terminé a media hora del ganador. Todo el mundo se reía de mí. Unas pocas horas después, sentado en el aeropuerto de Madrid, pensé en dejarlo todo. Cuando iba a San Sebastián pensé en que podía ganar. Llamé a Chris Charmichael, mi entrenador. Le dije que estaba muy afectado y que estaba pensando en dejar el ciclismo profesional.  Chris me escuchó atentamente y contestó: “Lance, vas a aprender más de esta derrota que de ninguna otra de tu carrera en toda tu vida”  Ok, le respondí al colgar. Después de dos días de descanso, competí en Zurich. De un grupo preparado de cien ciclistas, quedé segundo. Después de todo, parece que valgo para esto. “

Al respecto, comentaba Santiago Álvarez de Mon: “Gracias Lance, necesitaba oír a un deportista en términos tan familiares y esperados. En la derrota hay que tragarse el orgullo, comerse la furia que te da el desprecio público, sentir el coraje y la frustración internos de tu mediocre rendimiento y bregar con la alternativa fatalista y cobarde de escapar del lugar de los hechos. En la victoria, así cabe calificar ese segundo puesto en Zurich, reaparece la mirada altiva y confiada, las ganas de batir a los demás como revancha de su vergüenza anterior, la vanidad restablecida que cosecha aplausos en lugar de pitos, y sobre todo, esa sensación de poder y dominio imperiales. Ganar es placentero, embriagador y además el mejor salvoconducto social que se puede expedir. La victoria es un fenomenal abrelatas, nada se le resiste. Al ganador se le abren todos los despachos, ningún gerentaso está reunido cuando llama, todos los políticos y periodistas están disponibles. Es la persona que todos quieren visitar, ver, tocar y agarrar. Perder, por el contrario, es doloroso, desconsolador, hiriente, y además antisocial y discriminatorio. Las puertas se cierran, las llamadas de teléfono se atragantan incontestadas, las reuniones se prolongan. Al menos sirve para prepararse para la soledad futura, los políticos, periodistas y amigos de antes, aduladores profesionales, te ignoran y ningunean. Solo quedan los sufridos familiares, flaco consuelo. La victoria es saludable y gozosa, la derrota es masoquista y desoladora, así de sencillo.” Álvarez recomienda nunca estudiar el pasado buscando fracasos sino más bien, analizarlo como una gran experiencia.

Los errores son parte principal del proceso de construcción, tienen que ser cometidos. Cómo actúas cuando tienes un error es crítico. Así es como las personas y las empresas crecen y mejoran. El fracaso es parte del éxito. Leía hace poco parte de la biografía de Valero Rivera, el técnico de balonmano más exitoso de todos los tiempos. DT del Barcelona que lo ganó todo, la copa Europea y muchos campeonatos nacionales. En una parte decía que estaba agradecido a sus errores. Cada vez que ganaba algo se volvía para atrás, buscaba  en el cofre de los recuerdos, encontraba una derrota anterior, le guiñaba el ojo cómplice y le reconocía su apoyo. Ojalá esa fuera la tónica general en personas y empresas.

 

En estas fecha, es común ver a los ejecutivos exitosos que se comprometen a prestarle mayor atención a sus vidas, sus familias, sus trabajos y a hacer planes para el próximo año. Sin embargo, en cuestión de semanas, la mayoría de dichos planes fracasan invariablemente. No es difícil entender por qué. En la mayoría de los casos, la causa principal es que las metas estuvieron mal definidas, el concepto de éxito no fue el adecuado ya que se circunscribe al ámbito profesional, se le suele definir en función a una buena oficina, un salario anual de seis cifras, el bono de fin de año y, quizá, un ascenso, pero no se toman en cuenta variables como la familia, la tranquilidad personal, el desarrollo de las virtudes humanas.

De esa forma, uno tiende a enfrascarse en una carrera interminable en busca de más: más títulos, más dinero, más negocios e independientemente de cuánto se haya logrado, siempre habrá más que buscar y conseguir.

¿Cómo escaparse de los peligros del éxito? Dejaré que Rivera lo diga con sus palabras:  “Estando muy encima, alerta, teniendo claro que el objetivo final es el proceso, no el resultado. No se busca el premio, no se piensa en ganar dinero. Se piensa en una misión y una tarea a realizar. Hay que fijar la cabeza en el proceso, atarla a los deberes contraídos, los resultados no deben tener ninguna cabida en nuestro mapa mental. Ya vendrán, luego los leeremos con cuidado y atención y extraeremos consecuencias. Mirar a corto plazo, el próximo partido, fijarte en lo que hay que hacer para ganar el partido y no relajarte. No se habla de ganar sino de hacer. Ganar es la consecuencia.

Como contrapartida se ha trabajado la humildad, única arma para protegerse de la autocomplacencia y la vanidad, administrar el presente y edificar el futuro. Con el éxito los equipos se aburguesan, se miran el ombligo, se acostumbran al aplauso, y sin darse cuenta, se autodestruyen. “

 

En este 2009 he sentido muchas veces que me he esforzado mucho pero el resultado ha sido malo. Y es que hay una cierta incompatibilidad de las formas de evaluación en nuestros quehaceres diarios. Por un lado, a Dios no le importan nuestros resultados, le importa nuestro esfuerzo para conseguirlos. Lo demás depende de El. Por otro lado, en el trabajo es al contrario, normalmente en las empresas lo que importa es el resultado final. Sabemos que no todo esfuerzo genera un resultado positivo, como también, no todo resultado positivo es fruto del esfuerzo de una persona o equipo, hay muchas variables adicionales que intervienen. Pero al final, ¿Qué es más importante?

Siguiendo con nuestro invitado virtual, nos responde Valero: “Si te vas a pasar la vida persiguiendo un éxito que no es definido por alguien que no eres tú, que es medido por variables y factores exógenos, ajenos a ti mismo, siempre estarás frustrado. Nunca habrá suficientes victorias. Y, si eres afortunado y las consigues, sólo serán números. Alguien te dirá que eres grande, que eres un ganador, pero en tu fuero interno sabes que es un éxito vacío. La única forma de salir de allí es que cada uno defina constantemente su propia idea de éxito, en términos deportivos, debería tener mayor profundidad y calado que ganar. Debería estar relacionada con la pasión interior que hace sentir y vibrar a nuestro corazón.

No estoy hambriento de victorias, estoy hambriento de excelencia profesional y personal. Mi meta, mi pasión, mi último objetivo no es el éxito sino la excelencia. Si se alcanza y se renueva periódicamente, el éxito, tarde o temprano le sigue. Si desarrollar todo nuestro potencial se convierte en el gran objetivo, si la búsqueda de la excelencia es la pulsión interior que moviliza fibras y nervios oxidados e indiferentes cuando se trata de fines más vulgares, no sólo se modifica el concepto de victoria, sino que se redefine también qué entendemos por derrota.  Sólo pierdes cuando no das todo lo que llevas dentro”.

Muchas veces, los resultados no acompañan, paciencia, dicen que la excelencia anda molesta con las prisas y los nervios. No sé si este habrá sido el caso de algunos de ustedes, si fuese así lo mas importante es analizar las causas, quizá una estrategia mal definida, o mal implementada, o el equipo humano no tiene el perfil necesario, aunque quizá lo más importante sea fijarse si esfuerzo realizado fue realmente el necesario.

Parafraseando lo dicho anteriormente,   ser el mejor no es consuelo cuando sabes que no has dado todo lo que llevas dentro. Antes de acabar un partido, una ya sabe si ha ganado o perdido, independientemente del árbitro, de los demás. Antes de cerrar el año laboralmente hablando, ya sabemos si ha sido bueno o malo para nosotros, independientemente de las metas fijadas por la empresa, ya sabemos si hemos sido realmente productivos, al margen de promociones, traslados, aumentos de remuneración  o despidos. Igual pasa con la vida, antes de acabarla, uno ya sabe si ha sido plena y abundante, si hemos dejado huella o si pasamos desapercibidos.

Como dice Alvarez de Mon, “¿Quién no ha amonestado a un alumno que saca notable, cuando sus talentos reclaman un sobresaliente? ¿Quién no ha propuesto a un colaborador subir un peldaño en la escalera de la excelencia, cuando él, cómodo y listo, se ha sentado en un descansillo, que, siendo parada y fonda, se transforma en morada y refugio permanente? ¿A qué padre o madre no se le ha caído la baba cuando ve a un hijo sudoroso perder un partido y dejar la cancha fatigado, y, en cambio, fruncir el seño cuando el mismo hijo abandona sobrado y descansado un partido, que pese a ganarlo, no conoció lo mejor de él?”.

El verdadero éxito es algo más íntimo, no sé si llama felicidad, pero si no lo es, se le parece mucho. Es  equilibrio, es vivir con la conciencia tranquila de saber que se ha esforzado al máximo por hacer las cosas bien. Este concepto difiere muchísimo de lo que pensábamos cuando éramos más jóvenes, en el que definíamos como exitosos únicamente a aquellos que tenían más dinero o a los que tenían su propia empresa.

La gente persigue la meta de maximización de la felicidad y mide su productividad en la cantidad de dinero ganado. Según una encuesta de este año incluida en una investigación realizada por Manel Baucells y M. Sarin del IESE y UCLA respectivamente y publicada en el boletín de Wharton, en la que se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, la respuesta más frecuente fue “más dinero.”. Sin embargo los indicadores de la felicidad han permanecido estables en los últimos 5 años a pesar de los aumentos significativos de la renta real que se han producido a lo largo del tiempo.  Esto no hace más que confirmar que la felicidad depende también de otros factores. Según Baucells estos son la composición genética de una persona, las relaciones familiares, la comunidad y los amigos, la salud, el trabajo (desempleo, seguridad de empleo), el entorno externo (libertad, guerras o trastornos sociales, crimen) y los valores personales (perspectivas sobre la vida, religión, espiritualidad). No obstante, los ingresos sí influyen hasta cierto punto en la felicidad de una persona y tienen un efecto moderador sobre los efectos adversos de algunos acontecimientos de la vida, pero sólo hasta cierto nivel, en el que cubre las necesidades básicas, luego de éste, más dinero ya no produce necesariamente más felicidad.  

Lo curioso es que seguimos creyendo que con más dinero podremos comprar más felicidad. Quizá el reorientar nuestras metas para este 2010 y enfocarlas en los factores que realmente nos darán satisfacción será un buen punto de inicio.  Pero tan importante como fijarlas, es definir como implementarlas y cómo  controlar su cumplimiento durante el año. Año nuevo, lucha nueva. En fin, ya se me acabó el material y las ideas por hoy. Tengo que tener sentido de la oportunidad y saber cuando sobro en un lugar o cuando ya el artículo está demasiado largo.