Archivo mensual: septiembre 2008

Tiempos de crisis en el matrimonio, el peso de los días

Esta semana y la próxima vamos a hablar de un tema que nos toca, nos ha tocado o nos tocará, que es la crisis en el matrimonio. Nadie está libre de eso. Ocurre en todos los esposos, a veces dura más, a veces pasa inadvertida, pero como tenemos la seguridad de que pasará y no una sino varias veces, es mejor estar preparados, y es justamente por ello que me dediqué a buscar que dicen los expertos al respecto.

 

Pero primero es necesario saber que es el matrimonio y que elementos lo componen. La definición es simple y no creo que nadie sepa lo que es. Si me interesa profundizar un poquito más en lo 3 elementos esenciales que tiene:

         Unidad,

         Indisolubilidad y

         Fecundidad

          La fidelidad no se reduce a evitar la traición al otro cónyuge, sino de una conquista que debe hacerse día a día, y de previsión de situaciones que pudieran poner a alguno de ellos en dificultad.

         La indisolubilidad explica que es para siempre. ¿Qué tipo de donación sería la de quién se comprometiera mientras le resulta agradable?

         La fecundidad, fruto y signo del amor de los esposos implica la ordenación a la procreación y la educación de los hijos.

 

Según Antonio Vásquez, experto en español en crisis matrimoniales, las causas recurrentes del fracaso matrimonial son las siguientes:

          Quien se casa considerando el matrimonio desde la perspectiva del yo, se sale de la pista ya desde el punto de partida. La pregunta no es: ¿Cuánto me puedo beneficiar, sino cuanto puedo dar en el matrimonio.?

         La falta de auténtico conocimiento recíproco. Al comienzo es un flash que se apaga rápido, con la convivencia la tendencia a idealizar al otro disminuye.

         Las expectativas exageradas: esperar demasiado del matrimonio, en lugar de ir a él para entregarse. Se pretende que el cónyuge sea perfecto, o a eternizar momentos de los primeros días del enamoramiento.

         No encontrar tiempo para estar juntos

          Mal carácter de cada uno, que no se quiere reconocer, controlar o mejorar

         Falta de comunicación

         Ausencia de donación en el acto conyugal

         Rutina

         Provenir de una familia con problemas

         Actitudes negativas: machismo y feminismo

         Intervención constante de terceros en el hogar (padres, parientes, amigos falsos o equivocados que influyen.)

         Dificultades económicas

         Medios de comunicación que transmiten antivalores

 

Existe una creencia  tan falsa como difusa según la cual, cuando el amor existe, no deberían presentarse dificultades ni obstáculos. De esta forma, cuando llegan los conflictos, se interpreta que el amor está perdiendo fuerza y calidad. Entonces, valdría la pena preguntarse, ¿Un conflicto es signo de falta de amor, o una llamada para hacerlo madurar, para quererse más y mejor?

 

Dice A. Vazquez: “¿Obstáculos, como afrontarlos? Andando por la vida, cogido de la mano de nuestro Padre Dios. Allí es cuando importa muchísimo el hecho de haberse casado versus el convivir con otra persona. Dios mismo es el que da la gracia especial, la fuerza adicional para seguir adelante. ¿Cómo actúan las creencias religiosas en el amor conyugal? Le dan firmeza a esa unión, ayudan en los momentos de calma pero sobre todo en los de crisis que hacen entender el valor de la renuncia y de buscar soluciones.”

 

Una crisis matrimonial puede presentarse a los 2, 5 u 8 años de matrimonio, en el momento en el que el impulso sentimental pierda fuerza. Si una pareja no logra superar este período crítico, el matrimonio embocará en una especie de precipicio descendente. En la actualidad apenas despuntan las primeras dificultades conyugales, hay quienes experimentan la tentación de pensar que han elegido mal a su pareja.

 

El hombre y la mujer reflexionan, actúan y sienten de forma diferente.  Se debe respetar y comprender. Hay matrimonios que después de 40 años no se han enterado de esta gran verdad y le piden al otro algo que no puede dar.

 

Según Tomás Melendo, en su libro “Y vivieron felices” cita algunas conductas que hacen muy difícil mantener el amor:

         La soberbia y el orgullo: son el origen de casi todos los defectos, del mismo modo que la humildad, la sencillez, es el fundamento de casi todas las cualidades. Son el mayor enemigo del trato conyugal: en las pequeñas reyertas, ninguno de los dos tiene razón. El que está más sereno ha de decir una palabra, que contenga el mal humor hasta más tarde. Y más tarde —a solas— discutan, que ya harán en seguida las paces.

         Cuando se vive sin reglas ni principios. Cuando todo es cuestionable. “Acepto tu voluntad si coincide con la mía”

         El descuido permanente y sistemático de lo pequeño

 

Para corregirlas, es necesario previamente tomar conciencia de que es lo que está originando estas conductas, y quien mejor que el gran psicólogo español Enrique Rojas para comentar los principales errores acerca del amor. Según él son los siguientes:

         Pensar que es suficiente con estar enamorado, es sólo el empujón, pero el amor es como un fuego, que hay que avivarlo día a día, sino se apaga.

         Creer que la vida conyugal no necesita ser aprendida. Dar y recibir amor requiere de un saber, un conocer de las maneras y los modos mas adecuados. Es de gran inmadurez pensar que una vez que dos personas deciden compartir su vida todo irá viento en popa.

         Ignorar que existen crisis de pareja

         No conocerse a uno mismo antes que a la pareja.

         Divinizar el amor

 

Una vez identificadas, nos da algunos consejos para superar la crisis:

         Esforzarse por comenzar de nuevo, cancelando la lista de agravios.

         Evitar por todos los medios, las ofensas de palabra, acción o gestos.

         Procurar resolver los conflictos que nos hacen estar mal con nosotros mismos.

         Aprender a callar, evitando discusiones inútiles.

         Aceptar al otro tal cual es y quererle con sus defectos. Hay dos tipos de defectos, las manías y los graves, son solo los últimos los que deberás ayudarlo a cambiar.

         Pensar que no podemos acumular las posibles ofensas del otro en el baúl de los recuerdos. Cultivar el olvido.

         Hablar sin miedo sobre aquello que molesta del otro y el modo de superarlo.

         Hablar después de un pleito, no cerrar las heridas en falso.

 

Como nos hemos quedado cortos porque hay una serie de conceptos y sobre todo sugerencias que me gustaría comentarles, la próxima semana seguiré con la segunda parte de este tema.

¿Cómo te ves dentro de 5 años?

Esta es una de esas preguntas que suelen hacerse en una entrevista de trabajo, la he hecho varias veces, puede medir varios factores, capacidad de enfoque de la persona, pensamiento estratégico, sinceridad, capacidad de abstracción, etc. Sin embargo, es una pregunta completamente válida y necesaria para que cada uno de nosotros se la haga y pueda reflexionar. No hay respuestas buenas ni malas, sin embargo, pasaré a copiar textualmente una que leí la semana pasada en el libro “No soy Superman” de Santiago Alvarez de Mon, invitado de la casa a este blog. Ocurre en un proceso de coaching y la respuesta me sacó de cuadro, realmente me pareció extraordinaria, me dio mucho gusto leer una respuesta en la que se establece claramente el orden, la importancia y la jerarquía que se le da a las cosas más importantes de la vida:

 

“¿Cómo visualizas tu carrera a medio y largo plazo?, ¿Cómo te ves dentro de tres años? ¿Qué es lo que más te ocupa y preocupa?

 

No tengo la más remota idea. No soy hombre de proyectarme al futuro, de trazar grandes planes, luego viene la vida con las rebajas. Miguel de Unamuno decía: “Nada de plan previo, que no eres edificio. No hace el plan a la vida, sino que ésta la traza viviendo. No te creas más, ni menos, ni igual que otro cualquiera, que no somos los hombres cantidades. Cada cual es único e irrepetible, en serlo a conciencia pon tu principal empeño.” En ese nombre, legítimo y ambicioso afán, ser yo mismo, el factor que más me preocupa es el uso de mi tiempo.

 

Aunque todavía soy joven, cada vez soy más conciente de que el tiempo es el recurso por antonomasia, los días perdidos no vuelven, y al final del trayecto los echaremos de menos. No quiero que a mí se me pase. Antes que profesional, soy persona, padre, marido, ciudadano… y todas esas dimensiones de mi personalidad se ven sacrificadas si no trabajo de un modo más riguroso y eficiente. Si hay que quedarse un día hasta las doce de la noche, si una semana hay que dejarse la piel para sacar un proyecto a tiempo, se arrima el hombro, se hace un esfuerzo extra y adelante. Lo que no tolero es que se confunda cantidad de horas en la empresa, algunas ociosas, otras dedicadas al peloteo y el que dirán, con calidad, lealtad y compromiso. Esa forma maniquea y reduccionista de medir a profesionales supuestamente maduros e independientes me repugna.

 

Retomando la pregunta, no me preocupa dónde  estaré en unos años, hasta me divierte no tener ni la más remota idea. Sí me da vueltas a la cabeza, en cambio, pensar que va a ser de mis hijos. Como serán, a que se dedicarán, con quien compartirán sus vidas, si alzarán el vuelo por sí solos, son interrogantes que frecuentemente pululan en mi mente. En mi vida las palabras éxito y fracaso tienen mucho más que ver con la suerte de mi esposa y mis hijos, su bienestar y felicidad futuros que con mis logros y consecuciones profesionales. No sé quien dijo que si alguien te hace daño es porque tú le autorizas, tú le has dado ese  poder. Pues bien, las posibilidades de que los avatares de mi carrera profesional me puedan desestabilizar son remotas. No hablo de indolencia y de impasibilidad, me atrae encontrar en el trabajo fuentes de desarrollo personal, además de la ansiada independencia económica. Así, y con todo, no me  sentiría frustrado si ciertas posiciones no me son dadas. Si llegan intentaré responder a la confianza depositada en mi persona, y si no, no es ninguna tragedia, no se va a derrumbar mi mundo personal. Con mi familia es bien distinto. Ahí están puestas mis ilusiones, mis sueños, mis afectos y sentimientos más íntimos Mi felicidad pasa por la de ellos, ni más ni menos. Sé que esta postura, llevada a su extremo, me puede granjear grados de impotencia y angustia. Me digo todos los días que es su vida, no la mía que la libertad es una palabra sagrada pero no puedo evitar reír y respirar hondo cuando están bien, y sufrir y encogérseme el corazón cuando la vida, ésta es una sociedad muy agresiva y cruel, les pega y pone a prueba.”

 

 

 

Aprender a discutir

Este es uno de los temas que sin pensarlo, ha agrupado la mayor cantidad de comentarios en mi blog. Y es que muchos de nosotros tenemos mal carácter, a veces temporalmente, a veces como parte de nuestro día a día y no nos damos cuenta de ello. Y lo peor de esto es que las consecuencias son muy graves, si se tiene en cuenta que pueden terminar con matrimonios sólidos, o excelentes trabajos en los que uno tenía un gran futuro.

Uno de los principales valores que nos ayudan a cambiar nuestro genio, o hacer que las discusiones no lleguen a agrandarse es la serenidad, que nos hace mantener un estado de ánimo tranquilo aún en las circunstancias más adversas, esto es, sin exaltarse o deprimirse, encontrando soluciones a través de una reflexión detenida y cuidadosa, sin engrandecer o minimizar los problemas.

Dicen que lo peor que uno puede hacer es tratar de resolverlos en el momento. Es recomendable dejar que pasen unas horas, o si es necesario días, y luego, resolver las cosas, ya que nuestra lectura del problema será otra, no habrá esa vehemencia que nos hace decir cosas que no queremos. De la discusión no puede salir la luz porque la apaga el apasionamiento.

Cuando surgen los problemas y discusiones uno puede caer fácilmente en la desesperación, tristeza y ansiedad. Y allí es donde justamente se necesita la capacidad de ser serenos, tranquilos. Esto no significa tontos ni que nos pasen por delante, significa tener la inteligencia para resolver los problemas en el momento oportuno, y cuando las dos partes tengan la cabeza tranquila y la disposición para solucionar y no para hundir al otro.

En la página de http://www.encuentra.com se recomiendan 3 pasos puntuales para adquirir esta virtud:

- Evitar “encerrarse” en sí mismo: Encontramos mejores soluciones cuando buscamos el apoyo y el consejo de aquellas personas que gozan de nuestra confianza (los padres, un buen amigo).

- Concentrarse en una labor o actividad: Parece contradictorio pensar en mantener la atención rodeados de tanta tensión y preocupación, pero es posible salir de ese estado encaminando nuestros esfuerzos a realizar nuestras labores con la mayor perfección posible. Lo que necesitamos es liberar nuestra mente, salir del círculo vicioso y estar en condiciones de analizar las cosas con calma. No existe mejor distracción que el propio trabajo y la actividad productiva.

- Gozar de la alegría ajena: Normalmente las personas que nos rodean se percatan de nuestro estado de ánimo. ¿Por qué volvernos chocantes y agresivos? Los hijos, el cónyuge, los compañeros de trabajo no tienen la culpa, tampoco son indolentes a nuestro sentir, simplemente intentan hacernos pasar un momento agradable, no debemos alejarnos, ni rechazar estas pequeñas luces que iluminan nuestro día. Escucha las anécdotas, sonríe, ayuda a tus hijos a hacer la tarea… ¡Aprovéchalos!

La serenidad hace a la persona más dueña de sus emociones, adquiriendo fortaleza no sólo para dominarse, sino para soportar y afrontar la adversidad sin afectar el trato y las relaciones con sus semejantes.

Un gran educador, escritor y consultor de temas matrimoniales, Tomás Melendo, ha diseñado algunos pasos para aprender a discutir, los cuales he encontrado muy útiles:

1.       Pedir sinceramente al otro que nos explique su pensamiento. Nos sitúa en una condición óptima para contrastar objetivamente su deseo de fondo y provoca en el otro la actitud de apertura.

2.       Cambiar uno mismo como invitación para que el otro modifique su conducta. El principio es el siguiente: si quieres cambiar al otro, cambia tu primero en algo. Siempre existe algo en el tono de la voz, en el modo de recriminar, en el de presentar el problema, en el que uno puede mejorar. Basta que lo hagamos para que la otra persona también adopte esa actitud de inmediato y cambie. Ahora bien, sería exagerado pretender que desde ese momento no caiga más en el defecto admitido, basta que luche. Lo importante es que cada uno reconozca las propias deficiencias.

3.       De nuevo el olvido de si mismo y la aceptación del otro. Si la discusión es con nuestro cónyuge, lo mas importante es el cariño, la comprensión honda y esforzada, la aceptación radical del modo de ser de nuestra pareja, y la falta de apego a nuestro yo.

4.       No eludas la discusión por encima de todo, ni la cortes saliendo ostentosamente de la escena, cuando temes estar equivocado. Y si hubieses obrado así ten la honradez de volver, pasado el momento del enfado, y replantear el asunto hasta alcanzar el acuerdo deseable.

5.       Ten la disposición habitual de reconocer tus defectos y errores

6.       Si adviertes que has dicho algo no objetivo o injusto, retíralo de inmediato lealmente, pidiendo perdón si es necesario (es decir: casi siempre).

7.       Evita agresivas y descalificadotas ofensas personales y actitudes irónicas o despreciativas.

8.       No levantes actas de las culpas de tu cónyuge o de con quien estés discutiendo, ni te empeñes en seguir echándole en cara otras cosas ya pasadas: menos cuanto mas graves o dolorosas hayan podido ser. Intenta vivir en el presente y mirar hacia adelante.

9.       Permite al otro llegar hasta el final en la exposición de su malestar, intentando por todos los medios comprender su punto de vista, a menudo le bastará esa posibilidad amable de desfogue para calmarse en un 50%.

10.   Procura exponer tus razones de forma clara y breve, con la máxima calma posible y, si eres capaz, con un tanto de humor (que equivale a saber reírte de ti mismo, a no tomarte demasiado en serio) pero jamás con ironía.

La importancia del compromiso en el matrimonio

Hace ya un buen tiempo que no escribía sobre el matrimonio y considero un tema más que necesario porque hay que empezar a equilibrar la balanza. Se lee continuamente en los diarios, la cantidad de fracasos, rupturas, términos de matrimonio, y la gente se va haciendo la idea de que es hasta cierto punto normal. Y no es así, lo normal es que funcione, y funcione para siempre.

 

El gobierno cree que ha hecho un gran logro por crear un sistema de agilización de divorcios a través de las Municipalidades y no se da cuenta que lo que hace es darle un remedio eficaz pero para otro problema. Lo que necesita la gente no es que le agilicen el divorcio, sino que le den herramientas para no llegar a divorciarse, para construir, defender y trabajar el matrimonio. En ese sentido, ¿ha hecho algo el gobierno? Me imagino que muy poco porque no he escuchado de nada.

 

Y no es complicado hacerlo. Ayer releía “Mas allá del si, te quiero” de Aníbal Cuevas, el libro de un experto amigo español en temas de matrimonio. Y en él explicaba que contraer matrimonio significa querer mantener el compromiso contra viento y marea, poner los medios cada día para que así sea, poder estar seguro aunque nos acompañen las caídas, los malos momentos y las debilidades propias del ser humano.

 

El problema acá es que la gente se casa pero no está dispuesta a aguantarle pulgas a nadie.  Para que se termine el amor no hacen falta violencia familiar, basta con dejar pasar como invitados permanentes a aspectos tan insignificantes como el aburrimiento, la monotonía, la falta de ilusión la poca delicadeza en el trato con el conyugue, la escasa dedicación, en fin, la mediocridad, que hacen que cada día se vaya deteriorando la relación.

 

Y claro, como no están dispuestos a ceder, entonces optan por terminar, sin darse cuenta que los principales perjudicados son ellos mismos. Creen que ya no hay amor porque no tienen el mismo “sentimiento de cuando s conocieron”. Y es que cuando uno se enamora sólo tienen ojos el uno para el otro y no existe nada más en el mundo. Pero lo que no saben es que en esa etapa  priman los sentimientos. Decía Anibal Cuevas en su libro: “Esta manera apasionada de amar manifiesta algo que es característico del matrimonio: la unidad y la indisolubilidad. Ese primer deseo de unidad y de indisolubilidad que acompaña la primera etapa del amor y que es, hasta cierto punto, irracional de paso a un estado más tranquilo del amor. No es posible vivir exclusivamente del sentimiento y la pasión. Cuando una pareja decide casarse lo que está haciendo es racionalizar en cierta medida lo que está pasando.

 

Hasta ese momento son los sentimientos los que rigen la relación, sobre ellos está fundado el deseo de estar siempre juntos. Al tomar la decisión de casarse lo que se está haciendo es afirmar que lo que ocurre se quiere mantener el tiempo. Estos deseos de estar juntos y para siempre los quieren reafirmar.

 

Es en este momento cuando surge el compromiso real, un acto libre de la voluntad por el cual quienes se casan se comprometen a mantener la unidad y la indisolubilidad de su amor.

 

No aceptar esto supone no entender la verdadera naturaleza del matrimonio, que no consiste en legalizar un sentimiento sino confirmar un compromiso. Hasta antes de casarse no existe un compromiso firme de mantener el amor, por tanto, entra dentro de lo natural que pueda haber una ruptura si desaparece el deseo de estar sólo contigo y para siempre.

 

Algo distinto ocurre cuando ya se ha aceptado el compromiso de mantener las características del amor en el matrimonio. Aceptar el matrimonio supone aceptar lo que es sustancial y comprometerse a vivirlo.

 

Aceptado el compromiso, corresponde a los esposos poner los medios para mantener esos deseos consustanciales de unidad e indisolubilidad que ya no sólo se sustentan en los sentimientos, sino también en la libertado y en el querer.

 

Los sentimiento son oscilantes, aparecen y desparecen dependiendo de muchos factores, por ello no deben ser el sustento del amor matrimonial ni se les debe dar un papel determinante. Lo determinante y definitivo del matrimonio es el compromiso adquirido libremente de querer sólo y siempre al cónyuge.

 

Mantener este compromiso puede costar esfuerzo pero no es imposible. Los sentimientos pueden ser buenos aliados y por ello corresponde a los esposos avivarlos y hacerlos crecer cada día para que acompañar al compromiso adquirido.”

Nunca estás solo

Contra lo que muchos piensan, a veces son los días de semana los que se pasan muy rápido y los del fin de semana los que duran y parecen pasar más lentos. Esa es una afirmación constante de aquellos que se sienten solos, porque con el trabajo se distraen, llega el fin de semana y “aparentemente” no tienen a nadie con quien conversar, o si lo tienen, es como si no tuvieran a nadie ya sea porque se llevan muy mal o porque no tienen la confianza necesaria para hacerlo.

 

Un punto importante en este tema, es que nos busquemos amigos, empecemos a crear nuestra red de contactos. Uno de los momentos más felices para una persona es cuando socializa con los demás, sean su familia y sus amigos. Es una felicidad que siempre es grande y pareja, no disminuye, si lo comparamos con otro tipo de felicidades, como la que te produce comprarte algún bien por ejemplo, dado que el primer día estarás muy feliz, pero dicha felicidad va bajando con el transcurso de los días porque uno se acostumbra.

 

Pero para ello es muy importante comprender el valor de la amistad, enfocándose en ver como pueden ayudar a sus amigos, más que en el provecho que pueden sacar de ellos. Es decir, no basta con ser bueno, haz de parecerlo, con el ejemplo de tu conducta y luego con tu consejo si ves que le hace falta a tus amigos.


Muchas veces nos consideramos amigos de alguien porque no le decimos cosas que no le gustan, puede ser, pero si tampoco hay una preocupación porque ellos mejoren, no hay algo que tu hagas por su bien…..vamos por mal camino, esos son los peores amigos.

 

¿Quién no se ha sentido así alguna vez en su vida? Que está solo en este mundo, que nadie lo entiende. Pues leyendo me encontré con un texto del Papa Benedicto que habla sobre ese tema y da mucha paz: “Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración. Cuando ya nadie me escucha, Dios todavía me escucha. Cuando ya no puedo hablar con ninguno ni invocar a nadie, siempre puedo hablar con Dios. Si ya no hay nadie que pueda ayudarme, cuando se trata de una necesidad o de una expectativa que supera la capacidad humana de esperar, El puede ayudarme. Si me veo relegado a la extrema soledad…el que reza no está totalmente solo. De sus trece años de prisión, nueve de los cuales en aislamiento, el inolvidable cardenal Ngouyen Van Thuan, nos ha dejado un precioso opúsculo: Oraciones de esperanza. Durante trece años en la cárcel, en una situación de desesperación aparentemente total , la escucha de Dios, el poder hablarle, fue para él una fuerza creciente de esperanza, que después de su liberación le permitió ser para los hombres de todo el mundo un testigo de la esperanza, esa gran esperanza que no se apaga ni siquiera en las noches de soledad.”

 

No creo en la soledad, como vemos, hay varias formas de evitarla, el que está solo es porque quiere.