Ideas para vivir mejor

Entradas de Febrero 2008

Prioridades para dirigir en el siglo XXI

Febrero 23, 2008 · 1 comentario

2Leí hace poco en la revista Business Week un artículo sobre las variables a tomar en cuenta para dirigir en estos tiempos. Si bien es cierto, no existen características que garanticen el éxito, está demostrado que hay valores que comparten todos los ejecutivos, como la autoexigencia, el conocimiento, la honestidad, el servicio, el equilibrio personal o el saber gestionar conflictos que ayudan en la labor de dirección.  

Además, se establece que los ejecutivos organizan su trabajo en torno a tres elementos: el futuro, el modelo de negocio y las personas.  El modelo de dirección que se desprende de dichas prioridades deja atrás una concepción del ejecutivo como un mero estratega que busca competir y apropiarse del valor generado por proveedores, clientes, sociedad, o incluso empleados. La sociedad y las personas ya no son vistas sólo como una fuente de la que se debe extraer recursos para lograr objetivos económicos. El ejecutivo debe tener una visión de futuro y saber comunicarla y ha de situar a las personas en el centro de la organización.

El futuro, por definición, es una gran pregunta, y, fiel a su naturaleza, como dice Santiago Alvarez, no revela las respuestas que sólo el atesora en su regazo. Es más, si se desnudara  contándonos todos sus secretos, vivir sería insoportablemente aburrido. El factor sorpresa es vital para casi todo. Es importante tomar en cuenta el futuro, ir con las luces altas siempre prendidas, para ver más allá de lo evidente y saber planificar lo que pueda pasar. Pero es igual de importante también, estar muy metido en el presente.

Dicen que punto a punto se gana un partido memorable, paso a paso se corona una larga caminata, minuto a minuto se protagoniza una vida fértil. ¿Has perdido un partido en el último minuto por exceso de relajación? Saca las enseñanzas oportunas y utiliza el coraje y la rabia que da para afrontar el siguiente al 200 por ciento.  Alvarez, decía también que nada de esto significa que no se hagan planes, que no se proyecte el futuro. Estos se necesitan para organizar unas buenas vacaciones, para elegir universidad, para reservar las entradas al teatro, para diseñar un plan de carrera profesional, para preparar un planeamiento estratégico para la empresa. Pero una vez hecho esto, hay que devolver la cabeza al presente y dejar el futuro en la agenda, quietecito y controlado, ahí nos hemos citado con él. En ocasiones no se vive el presente por estar mirando el ayer, teniendo miedo del mañana, y entre tanto, se te va la vida. 

Christopher Reeve, el actor que caracterizó a Superman, comentaba después de haber quedado hemipléjico por una caída: “Tengo que parar esta cascada de memorias o al menos sacarlas del armario por un instante, echarles una mirada rápida y volverlas a guardar. Ahora sé como hacerlo: tengo que coger la llave de actor y utilizarla en mi propia vida. No hay otro modo de sobrevivir que estar en el presente. Del mismo modo que mi accidente y sus secuelas me obligaron a redefinir lo que entiendo por héroe, he tenido que profundizar en lo que de verdad significa vivir intensamente el presente. ¿Cómo sobrevives en el momento cuando es sombrío y doloroso, y el pasado es seductor y grato? En el escenario o en una película, vivir el presente es relativamente sencillo y muy estimulante, se trata de un logro artístico sin consecuencias personales. Vivir en la vida real de esa manera cuando el momento es tan difícil es una cuestión totalmente diferente”.  

Por último, además del tiempo en el que vivimos, es necesario para saber dirigir el aprovechar el tiempo, el nuestro y el de los demás. “Si no vives como piensas, acabarás pensando como vives”, decía Marcel Proust. Muchos de nosotros pasamos el tiempo, desaprovechándolo, dejando que pase, sin tomar en cuenta, que si fuese solamente oro quizá podríamos darnos el lujo de perderlo, pero el tiempo es vida, y no sabemos cuanta nos queda. ¿Nos hemos dado cuenta la forma como perdemos el tiempo todos los días? Cuantas largas horas frente a la televisión, el Chat,  Internet, el trabajo en exceso, (necesitamos trabajar mejor, no mas) que al final se convierten en una excelente excusa que nos libera de cultivar el gratificante pero ya casi olvidado arte de la conversación, y guardar tiempo para temas tan importantes como conversar con mi enamorada o esposa a la que quizá no le cuento mis cosas del día a día, o de tener una meditación a la que normalmente le tengo pánico, o de contactar a un amigo que lo necesita, o de practicar un deporte  que disfrutaría. Vale la pena interiorizar esto y ajustar algunos temas internos. ¿Lo intentamos?

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¿Todo te da igual?

Febrero 16, 2008 · 3 comentarios

00En estos días ha entrado una fuerte corriente llamada Relativismo en la cual los hechos, comportamientos y acciones no son ni buenos ni malos, todo depende. Así, vemos por ejemplo que engañar no es malo, si se hace por una razón noble, robar y mentir tampoco.  El desenlace de casi todas las novelas es siempre el mismo, el/la esposo/a deja a su cónyuge “malo, abusivo, etc” y se consigue un amante “bueno, que la ama de verdad”, y lo peor de todo es que lo presentan de tal forma que el televidente finalmente se pone del lado de la nueva relación.

Poco a poco se ha ido sustituyendo la razón por el sentimiento, es decir, uno se comporta guiado más por lo que siente el corazón que por lo que racionalmente debiera de hacer. Y claro, si no hay cimientos ni principios sólidos que ayuden a uno a priorizar y saber decidir que es lo bueno y que no, la cosa se complica bastante más.

Si a una botella de lejía, uno le quita la etiqueta y le pone una de Coca Cola, cuando te la tomes te va a matar, independientemente de cómo quieras llamarla, la lejía siempre será lejía. Eso nos pasa muchas veces. Tratamos de autosugestionarnos para justificar nuestros malos comportamientos, pero lamentablemente lo único que hacemos es engañarnos y a la larga somos los principales perjudicados.

Si la regla para medir la Verdad o el Bien es relativa, si las cosas dependen de como las vea cada cuál ¿Cómo hacemos para vivir mejor, para trazarnos un plan a futuro que nos ayude a ser mejores?. ¿En que criterios estables, imprescindibles para crecer como personas, podemos basarnos?.¿Que valores y virtudes nos esforzaremos por aprender si todo es relativo?.

El Papa Benedicto dijo hace poco lo siguiente: “El relativismo se ha convertido en una actitud de moda, mientras que tener una fe clara según el credo de la Iglesia católica es despachado a menudo como fundamentalismo. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias”.

Muchas de las crisis que pasan los países son fruto del relativismo, de la falta de criterio, de la falta de exigencia, de la falta de orientación. El relativismo nos lleva a una sociedad de ensueño, nebulosa, ideal …. que no es real. Es la sociedad del buenismo, de lo agradable, del hacer lo que a mí me gusta porque es tan bueno como cualquier otra opción. Sin embargo, para triunfar hacen falta criterios objetivos, modelos claros, metas concretas. Mientras no sepamos cuáles son, no avanzaremos. Por el contrario seremos cada vez menos humanos, menos capaces y por lo tanto menos felices.

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¿Disculpas? No gracias, arrepentimiento

Febrero 10, 2008 · Dejar un comentario

3Hace poco leí en la revista INC un artículo en el cual se hablaba de la importancia de saber pedir disculpas correctamente. Y es que a nadie le gusta confesar sus errores, y muchos de nosotros nos resistimos  a ello. No es que sea muy complicado pero exige una cuota grande de humildad, virtud muy devaluada en estos tiempos y que sin embargo es una de las principales para saber destacar como persona.  

Lo cierto es que el simple hecho de decir “perdón” sirve de muy poco a la persona agraviada si es que éste no viene acompañado de un gesto que indique el arrepentimiento, pero sobre todo de una actitud y un compromiso, no con el otro, sino con uno mismo, de no volver a fallar en ese aspecto. 

En el artículo publicado, se explica que un grupo de profesores de la Universidad de Ohio analizó recientemente cuáles son los componentes de una disculpa. Los investigadores les pidieron a 90 estudiantes de negocios que imaginaran que el dueño de otra compañía les hacía perder dinero. Luego les presentaron a los 90 estudiantes diversas disculpas y compararon qué tan bien fueron recibidas estas últimas.  Los investigadores descubrieron que las disculpas menos efectivas son aquellas en las que la persona no asume su responsabilidad por los errores y trata de mitigar el problema con algún tipo de compensación (por ejemplo, un descuento sobre futuras compras).

Las disculpas son más efectivas cuando la parte ofendida asume la responsabilidad por sus actos, explica cuál es el origen del problema, muestra cómo evitará el problema en el futuro y ofrece, si es apropiado, alguna forma de compensación.  ¿Nos hemos puesto a pensar cuanta gente tenemos a nuestro alrededor que está esperando unas sinceras disculpas de parte nuestra? Bueno pues, es un buen momento para disculparnos, pero de corazón, no para quedar bien, sino para estar tranquilos con nuestra propia conciencia. Vale la pena. ¿Lo intentamos?

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¿Cómo enfrentar las adversidades?

Febrero 3, 2008 · 8 comentarios

12“Solo aciertan a alcanzar el éxito quienes han llegado a comprender que toda adversidad lleva en su entraña la semilla de un beneficio.” Anónimo 

¿Quién puede decir de esta agua no beberé? En algún momento de nuestras vidas, a todos nos toca recibir “la visita imprevista de una vieja y exigente maestra: La adversidad”, de la que podemos lamentarnos o de otro lado, aprender muchísimo. Pues bien, si igual va a venir, no nos queda otra que mirarla con buenos ojos y darle la bienvenida. Sólo de esa forma podremos aprovechar su visita para mejorar.

A continuación veremos casos de personas que le agradecen que los haya visitado, porque los cambió para bien, y quizá un acontecimiento tan duro como ese, fue lo único que los hubiese hecho cambiar.  El primero es el de Andrea Bocelli, a los 12 años, a causa de una rara enfermedad y un pelotazo en la cara accidental, se quedó ciego.  El mismo Bocelli comenta en su libro autobiográfico: The music of silence, ”Curiosamente la naturaleza, mientras me quitaba algo valiosísimo, la vista, me daba otro regalo, la música. Con una mano soltaba algo tan querido como la visión, pero con otra agarraba fuerte una muleta y una compañera inestimable, la música, otra forma de “ver”.  Muchos de los logros de Bocelli se han dado gracias al coraje y persistencia de un hombre que aprendió a mirar de otra manera, porque “lo esencial es invisible a los ojos” tal como dice el Principito.  

Lance Armstrong, cuatro veces campeón del Tour de Francia, la prueba ciclística más importante del mundo. Diagnóstico: Cáncer testicular con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Edad 25 años. Nos dice en su libro autobiográfico Its not about the bike: My journey back to life: “La verdad es que el cáncer ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida, operó un profundo cambio en mi forma de ser, ha hecho maravillas con mi personalidad. ¿Por qué yo? Durante la mayor parte de mi vida había operado bajo un esquema simplista de ganar o perder, pero el cáncer me estaba enseñando a ser tolerante ante la ambigüedad. Ahora corría una carrera bien distinta. ¿Dónde estaba la línea de partida? ¿Cuál era el premio por ganar?” Se da cuenta que es una competencia distinta, que aquí no gana el que llega primero sino el que aprovecha de la mejor manera el kilometraje recorrido.  

Veamos otro caso, Randy Snow, quien sufrió un accidente que le inmovilizó las piernas, el único deportista  en la historia de los juegos paraolímpicos que ha ganado medallas en tres disciplinas diferentes: Atletismo, tenis y baloncesto.  En su libro Pushing forward, a memory of motivation, nos cuenta:  “Mi accidente me dio una nueva perspectiva en la vida. Como si estuviéramos mirando la vida con un solo ojo, curiosamente me dio una claridad que antes permanecía escondida u oculta. Sé que suena de locos pero me alegro de lo que pasó. Gracias a mi situación he adquirido una nueva dimensión de la vida. Nos rodeamos en nuestra zona de confort de cosas y necesidades que nos atan y esclavizan. Gracias al accidente he conseguido desprenderme de muchas ataduras estúpidas.  

Mar Cogollos, joven psicóloga mundialmente famosa que por un accidente quedó hemipléjica, nos dice en plena depresión en su libro Elogio de la debilidad: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Ayudarme y volcarme con ellos hizo que pasase de puntillas por la fase de la depresión. A todos les sorprendió, a mi también, lo pronto que aterricé y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me quedé allí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida. Recuerdo que pensar y ayudar a los demás me ayudó muchísimo en mi recuperación. Mis compañeras tenían que levantarse e ir al gimnasio por la mañana. Les urgía a que se arreglaran, que se peinaran, que siguieran siendo mujeres, la vida continúa. Cuando abandoné el hospital una persona me dijo, que no te miren con pena sino con admiración, y eso va a depender exclusivamente de ti. Y es que cuando te enfrentas a una adversidad, muchas veces te saca de dentro lo que tenemos, esa necesidad de darnos mas generosamente a los demás”.  Esto me trae a colación una frase que leí hace algún tiempo: “¿Quieres un secreto para ser feliz?: date y sirve a los demás, sin esperar que te lo agradezcan.” No nos damos cuenta que el principal beneficiado en un acto de dar a los demás, no es el que recibe, sino el que da, porque es el que se queda con la alegría interna de haber hecho lo correcto.  54

Al respecto, Santiago Alvarez de Mon, uno de los más brillantes pensadores de España, profesor del IESE,  nos dice que “No hay persona que en sus cabales sea capaz de aguantar una continua observación de si misma. El que se presta mucha atención, es más propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.”   

Nuestro último invitado es Christopher Reeve, nada menos que el actor que encarnó paradójicamente a Superman. A los 42 años, mientras montaba a caballo tuvo una caída que le produjo rotura de vértebras y parálisis de la cabeza para abajo incluyendo la falta de respiración (tuvo que vivir permanentemente conectado a un respirador artificial). Luego de ello necesitó 6 horas diarias para las actividades más elementales (vestirse, bañarse, ir al baño). A pesar de ello ganó en los últimos años varios Emmy y un Grammy estando así.   Reeve escribe en su libro autobiográfico: “Tengo que admitir que cuando me despierto cada mañana, tengo que superar el shock de no ser capaz de moverme. Siento envidia de las personas que caminan y corren sin ningún problema. Ser bruscamente privado a los 42 años de muchas de las cosas que disfrutas de la vida es desalentador pero mi optimismo permanece intacto. Empecé a considerar, que vida puedo construir a partir de lo sucedido? ¿Hay alguna forma de ser útil, de echar una mano a los demás, de ponerse a trabajar de nuevo?, ¿Existe algún camino que me conduzca a ser otra vez esposo y padre? No obtuve ninguna respuesta pero el formularme esas preguntas, ya fue una gran ayuda.” 

Como vemos, ha cambiado su forma de pensar, de quererse suicidar en un comienzo le empieza a dar un sentido a la vida.  Sin embargo, la lucha diaria sigue siendo una constante.  Como todo ser humano, Reeve tenía momentos en los que el desánimo y la tristeza, invadían su corazón. Sin embargo, supo darle un sentido a su sufrimiento, a su vida. Que él nos comente como hizo: “Si me entrego a la autocompasión o expreso mi desaliento delante de mi pequeño hijo Hill estoy poniendo una carga pesada e injusta en un niño de cinco años. Si me vuelvo hacia dentro de mi y paso el tiempo con nostalgia del pasado no puedo estar cerca de Mathew y Alexander, dos adolescentes que necesitan los criterios y consejos de su padre. Por último, que tipo de vida podría compartir con Dana, mi esposa, si me dejo llevar y me transformo en un armatoste deprimido que se arrastra en silla de ruedas?”.

A pesar de que lo mas lógico hubiese sido que se esconda tras su mala suerte, quién hubiese tenido agallas para reprochárselo, nuestro super héroe de carne y hueso luchó por ser ejemplo de padre y esposo ejemplar aún en esas condiciones. Al respecto, Alvarez de Mon, de cuyo libro extraje algunos casos, comenta  que unos nos ahogamos con flotador en el jacuzzi temperado, iluminado y protegido, y otros como Reeve nadan a brazo partido con el mar más bravo, oscuro y helado y finalmente llegan a su destino eterno, con la alegría y la paz interior de saber que lucharon contra la adversidad y no pararon hasta vencerla.  En otra sección de su libro, Reeve tiene una paradoja sobre qué es ser un héroe. Dejaré que él mismo lo cuente: “Cuando salió la primera película de Superman concedí un sinfín de entrevistas y la pregunta que más se repetía era: ¿Qué es para usted un héroe? Con qué facilidad y ligereza contestaba.  Un héroe es alguien que lleva a cabo una acción valerosa sin reparar en las consecuencias.“  Quien iba a imaginar que aquel héroe de fantasía se iba a convertir en uno de carne y hueso, que demostró ser un verdadero héroe a punta de tener la fortaleza para perseverar y resistir, y seguir luchando a pesar de cargas durísimas. Y es que los verdaderos héroes son personas comunes y corrientes, anónimas, ese padre que se amanece trabajando para llevar algo de comida al hogar, esa madre que a pesar del trabajo diario en la empresa, se levanta varias horas antes para preparar el almuerzo de sus hijos, ese directivo que permite crecer a sus empleados, ese chiquillo que decide ir contra contra corriente contra la opinión de sus “valientes” amigos que están en drogas o se dejan llevar por el sexo, en fin, me refiero en general a cualquier persona que lucha por ser perfecta, por ayudar a los demás y hacerles la vida más fácil, olvidándose de ella misma.  

La pregunta del millón es: ¿Qué hacer cuando llega la adversidad? ¿Volver a leer notas tomadas de un curso de motivación? Probablemente sirvan de poco. Lo único que sirve en ese momento es la seguridad de que todo pasa por algo y nada es casualidad en esta vida, Dios sabe porqué hace las cosas . Tenemos dos opciones, o llevamos la adversidad con angustia, molestia, pena y sufrimiento, o le sacamos provecho a la vida, hacemos de tripas corazón y le vemos el lado bueno. Podemos tener el semblante serio y el corazón compungido, pero nadie nos quitará la felicidad de tener la conciencia tranquila, de saber que hacemos lo correcto, que luchamos por salir adelante.  Podemos aprender mucho más de la gente discapacitada, pobre o llena de problemas,  que de los inteligentes y famosos. Y es que las adversidades enseñan más que las explicaciones perfectas de grandes científicos enredados en sus esquemas. A través de su crecimiento, aceptación y entrega, la gente herida nos ha enseñado que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices. Esto no quita que siempre luchemos incansablemente por ser mejores.

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