Ideas para vivir mejor

Entradas de Enero 2008

Para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos

Enero 27, 2008 · 7 comentarios

11Dicen que la vida es sueño y los sueños, sueños son. Yo normalmente soy un soñador, pero un soñador de sueños reales, soy de los que creen que hay que vivir los sueños y no soñar la vida. Y es que para alcanzar un sueño hay que estar bien despiertos. Yo personalmente no tengo sueños brillantes dormido aunque sí los tengo despierto. Hay una frase que dice “Soñad y os quedareis cortos”. Pero claro, la pregunta es ¿qué tan complicado es alcanzar nuestros sueños? ¿Existe algún método para eso?  

Soñar, que importante hacerlo despierto

Según el profesor del IESE de Barcelona, Luis Huete, para cumplir los sueños es necesario esforzarse por trazar y cumplir metas concretas, pero también planificar y cultivar una serie de disciplinas de autoliderazgo.  En un artículo publicado en el IESE Insight recientemente, nos cuenta que la construcción de los sueños requiere tener un plan personal de futuro, una lista de deseos y de sueños muy concretos.  Para ello, es importante tener una ambición personal, es decir, en qué me quiero convertir.

El énfasis se pone en uno mismo: los hábitos que se quieren desarrollar o las características de la personalidad que se quieren potenciar. Los sueños han de empezar con la ambición de mejorar los recursos personales. Lo que acabamos haciendo con nosotros mismos es la base de todo lo que nos acaba sucediendo en la vida. Decidir en qué tres o cuatro cosas se quiere destacar y convertirse en una autoridad mundial. Pueden ser ambiciones personales o profesionales.  

Las restricciones a vencer

Uno de los peores enemigos para hacer que se cumplan los sueños es el miedo, es nuestro temor a fallar, a equivocarnos, y por ello simplemente preferimos no tomar la iniciativa para empezar a cumplirlos. Al respecto decía Alvarez de Mon en su libro Desde la Adversidad que existen dos tipos de personas,  “los primeros, bombardeados y acosados por la posibilidad de equivocarse, tienden a pecar por defecto, la cautela y el control excesivo les atenazan. Los segundos, salvo aquellos que crezcan hiper protegidos y anestesiados, tienden a pecar por exceso, en su discurrir hay que ponerles quitamiedos, ruedas de goma y colchones porque les gusta vivir cerca del precipicio. Ahí les espera el error, con él mantienen una comunicación fluida y llevadera, no les pesa como una piedra en la mochila. ¿Qué nos pasa a los que tenemos vértigo, a los que sufrimos miedo a las alturas? Miramos para abajo, temblamos y nos caemos.  El miedo a caer nos hace caer. “ 

Al respecto, Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de de Francia, nos cuenta:  “He encontrado en mi carrera que la reducción del miedo ha contribuido más a mis éxitos deportivos que el desarrollo del propio talento. Ciertamente tenemos que cultivar nuestras habilidades, pero al final es la voz de la duda la que las destruye. Todos tenemos dos personalidades distintas, la del crítico y la del campeón. Ignorar al crítico y escuchar al campeón es esencial para vivir”.  

Mantener el espíritu joven

Un punto a tomar en cuenta es el optimismo, el ver las cosas siempre por el lado bueno, eso hará crecernos frente a las dificultades. Ello implica también mantener el espíritu joven, los sueños vigentes, el anhelo de que nos falta mucho por vivir y muchos sueños por alanzar, independientemente de la edad que tengamos. Al respecto, me viene a la memoria el poema preferido de Matsushita, aquel japonés visionario, fundador de Panasonic: “La juventud no es un período de vida, es una forma de pensar, no son mejillas sonrosadas, labios rojos y rodillas flexibles, es fuerza de la voluntad, calidad de la imaginación, vigor de los sentimientos. La juventud significa el predominio temperamental del valor sobre la timidez, del ansia de aventura sobre el amor a la tranquilidad. No es raro encontrar más vigor en un hombre de sesenta años que en un muchacho de veinte. Nadie se hace viejo por el número de años. Nos hacemos viejos al traicionar nuestros sueños, nuestros ideales. Los años pueden arrugar la piel, pero la renuncia al entusiasmo arruga el alma. La preocupación, el temor, la falta de confianza en uno mismo agobian al corazón y convierten en polvo al espíritu. Con ochenta o quince años, todos los corazones humanos sienten la atracción de la maravilla, el apetito infantil de lo que está por venir y la alegría del juego de vivir.”  21

Claves para triunfar en la vida

Me he permitido revisar las revistas más importantes de negocios del mundo persiguiendo las pistas reales, y concretas que nos ayuden a triunfar en la vida y lograr nuestros sueños. Según un artículo reciente de la revista Entrepeneur, se mencionan cuatro principios esenciales que debe implementar cualquier persona que quiera conocer el éxito.  

1. Claridad: Deben estar absolutamente claros de quiénes son y a donde quieren llegar en la vida, tanto a nivel personal, como laboral, y espiritual. Para ello necesitan objetivos y planes por escrito para cada etapa de su vida. Comiencen con sus valores. ¿Qué visión tienen de ustedes y de su futuro? ¿Cuál es la misión de su negocio? ¿Cuál es el sentido de su vida? ¿Qué es realmente lo que ustedes quieren hacer con su vida?   

2. Competencia: para ser realmente exitoso y feliz. Ustedes deben ser muy buenos en lo que hacen. Propónganse pertenecer a los mejores de su área. Su principal objetivo en este sentido es lograr un desempeño excepcional, un trabajo realizado a la perfección.  

3. Enfoque: su habilidad para concentrarse en las cosas más importantes hasta que hayan sido terminadas será un prerrequisito esencial para el éxito.  

4. Coraje: se requiere mucho coraje para tomar los riesgos necesarios para ser exitoso. Y ser exitoso en la vida no es sinónimo de ser millonario, es un concepto mucho más amplio, uno es exitoso si es feliz, y es feliz si está con la conciencia tranquila de saber que hace lo correcto para él y para los que lo rodean. Es decir, ser exitoso es sinónimo de ser un excelente padre, amigo, hijo, enamorado y empleado.  

Según la Revista Harvard Business Review en un artículo reciente escrito por Peter Drucker señala que algunos de los mejores Gerentes con los que ha trabajado en su carrera de 65 años como consultor no eran los líderes típicos.  Lo que los hacía efectivos era que se cuestionaban constantemente ¿Qué debe ser hecho? y ¿Qué es lo mejor para los demás o para la compañía?. 

Otra de las respuestas más sorprendentes sobre las claves para conseguir los sueños la da Juan Oiarzabal, el único alpinista que ha coronado los 14 ocho miles (montañas de mas de 8 mil metros de altura) sin oxígeno. Nos dice: “El factor ambición, tener hambre de llegar es importante. También lo es la preparación previa que hayas desarrollado antes, pero lo mas crítico es la capacidad de sufrimiento. Si no has aprendido a sufrir, si no te has endurecido en situaciones extremas, estás perdido. Contra lo que se tiende a pensar, uno puede educar la capacidad de sufrimiento. Por ejemplo, recuerdo la última ascensión al Everest, sin oxígeno, después de terminar el tercer escalón. Es una escalada empinadísima, me tiré 20 minutos cara al cielo tratando de recuperar algo de oxígeno. Si no te has entrenado y sufrido antes, te aseguro que no sigues ascendiendo. La montaña es incierta e imprevisible, te pueden pasar muchos imprevistos que ni sospechabas momentos antes. Un cambio brusco de temperatura, una avalancha, una niebla espesa que te impide ver mas allá de dos metros. Te preparas, planificas todo, y luego surgen un sinfín de imponderables de los que pueden depender tu vida. Uno está obligado a organizar y controlar todo lo que depende de él, pero luego, ante la Madre naturaleza, tienes que rebajarte y adaptarte a las circunstancias del momento”.    

Lance Armstrong, 4 veces campeón del Tour de Francia, una vez interrogado sobre qué placer le llevaba a montar bicicleta respondió sorprendido: “¿placer?, ninguno, lo hago por el sufrimiento.” Los maratonistas, los “ironman” en el fondo, son grandes profesionales del sufrimiento. Alguno pudiera pensar que sus actividades lindan con el masoquismo y la locura, pero lo que es indudable es que si estuvieran “cuerdos” como los demás, si no tuvieran el coraje de forzar sus limites físicos y mentales, no serían lo que son.   

A título personal creo que la gente altamente exitosa es aquella que vive con las luces altas, es decir, que se traza objetivos a largo plazo en los distintos escenarios de su vida, en el plano de desarrollo personal, familiar, espiritual y profesional, y busca la manera de hacerles un seguimiento perseverando en todo aquello que deba mejorar. Ayudará también el tener una coherencia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que hacen.  Otra de las cualidades más importantes es la humildad para saber reconocer a tiempo los errores y la perseverancia para ser constante en los objetivos trazados, vale más concentrarse en pocos objetivos pero no parar hasta terminarlos que querer estar en todo y al final no lograr nada. 

Quizá la tarea mas inaplazable sea definir concretamente como empezar a implementar esto en nuestras vidas.  ¿Lo intentamos?

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Soñar, que importante hacerlo despierto!!!

Enero 19, 2008 · 4 comentarios

11Esta vez no he escrito ningún artículo, he leído uno muy bueno que quise transcribirlo tal cual. Apareció en el blog uno de mis escritores favoritos, se llama, Soñar, excelencia o evasión: 

“La capacidad de proyectarse hacia delante desde la lanzadera del presente, la posibilidad de imaginar un futuro mejor, de soñar despierto, es una de las opciones humanas más nobles y sublimes. La biografía de Muhammad Yunnus, fundador y Presidente del Grameen Bank, el banco de los pobres, Premio Nóbel de Paz 2006, es un testimonio ejemplarizante de esta loable actitud. En su viaje hacia un mundo sin pobreza, el primer paso lo dio la imaginación, y a partir de ahí, inspirado por una visión enraizada en torno a la sagrada dignidad del ser humano, se movilizó con determinación y paciencia. 

¡Soñar!, que importante hacerlo despierto, que decisivo que verse sobre un argumento real, personal y genuino; me explico. Sigo el tranco de dos directivos que conozco bien. Dos carreras profesionales, dos sueños distintos, dos resultados diametralmente diferentes.

Uno vive consciente su sueño, no lo toma prestado de nadie. Está íntimamente relacionado con sus talentos naturales, con el gusto que siente por la tarea que realiza. Además, está guiado por sus valores y convicciones filosóficas más auténticas. Por todo ello, el sueño es vivido con ilusión, coraje, constancia y humildad. El hecho de estar abierto a la realidad y variar el rumbo original confirma la bondad y calado del sueño. El acto de soñar es la cumbre de su responsabilidad e inteligencia. 

El otro es una imitación. Vive los sueños que esta sociedad le vende y que él compra ingenuamente. No tiene nada que ver con sus dones, éstos permanecen ocultos e inexplorados. El hartazgo, la mediocridad y los pobres resultados jalonan su camino; ante estas alarmas, él insiste, transformando la perseverancia en terquedad numantina. Sus valores quedan apartados produciendo una desconexión espiritual que pasa dividendos.

¿Válvula de escape? Incapaz de realizar su sueño, ahora sueña por sus hijos. Ellos llegarán a ser lo que él nunca conseguirá. ¡Pobrecitos!, compensar un déficit arrastrado por un padre desorientado no es la misión de unos hijos libres e independientes. Soñar se convierte entonces en una forma de evadirse de la realidad. 

Querido lector, ¿sueña usted? ¿Sobre que versa? ¿Responde a su ser e ideal más profundos? ¿Cómo verifica que la ruta emprendida es la correcta? Pienso que parte de nuestra felicidad y salud mental depende de nuestra respuesta a las interrogantes planteadas. Por tanto, toca contestar.

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La felicidad y la asignación del tiempo

Enero 13, 2008 · 1 comentario

1En los últimos años, la ciencia de la felicidad ha nacido como una nueva área de investigación que intenta definir qué es lo que nos hace felices. Y es que a pesar de los avances económicos cada vez menos personas se sienten felices, dejando evidencia que no siempre la relación dinero – felicidad es directamente proporcional.   

Al respecto, hace poco leí uno de esos artículos que te cambian la forma de ver la vida, el cual me he permitido resumir con la venia de mi profesor y autor del estudio sobre el dinero y su relación con la felicidad, el Sr. Manel Baucells, Profesor Principal de Gestión de Personas en el IESE de Barcelona. 

En nuestro mundo está tan arraigada la creencia de que el dinero compra la felicidad, que muchos que se la creen terminan estrellándose contra una realidad esquiva y diametralmente opuesta a ese razonamiento. Si bien es cierto, el dinero no da la felicidad, pero sí la puede comprar, la única duda es cuánta cantidad. Y no es tanta como uno espera porque no sabemos administrar el dinero, nos acostumbramos demasiado rápido al nuevo tren de vida y nos comparamos con personas mas afortunadas, lo cual disminuye nuestra felicidad.   

Se puede ser feliz con el mismo sueldo

Muchas veces las personas hablan de la falta de dinero como una de las causas de sus males. Atribuyen que por eso no pueden ser completamente felices, que no tienen todo lo que desean y que siempre les está faltando algo para ser “iguales” a los demás, incluyendo en “todos los demás” a unos pocos que pueden tener alguna superioridad en un bien material por ejemplo. Sin embargo, el dinero no siempre les permitirá cubrir las necesidades y lograr satisfacciones, y una vez que lo obtienen, se dan cuenta de que igual les sigue faltando otros bienes. 

Para Baucells, el problema parte de mucho tiempo atrás. Explica en su estudio que la economía tradicional consideraba todos los bienes como básicos, y para nosotros en cambio, existe una enorme diferencia entre la felicidad que proporcionan los bienes básicos y los adaptativos. Un bien básico satisface una necesidad objetiva y genera siempre la misma cantidad de satisfacción; en cambio, un bien adaptativo  proporciona una satisfacción subjetiva y variable según las propias expectativas y las referencias.

Por ejemplo, tener un auto es un bien básico, pero cuando pasas del Toyota del 90 a la Porsche Cayenne del año, lo conviertes en un bien adaptativo. Un Toyota antiguo puede proporcionar mucha satisfacción y una Porsche muy poca…, si la comparas con el Ferrari del vecino.  

A los deportistas profesionales por ejemplo, les ocurre igual. Una encuesta reveló en 1995 que los medallistas olímpicos de bronce estaban más contentos que los que habían ganado la de plata, ya que se comparaban con aquellos que no habían subido al podio, mientras los clasificados en segundo lugar tenían pesadillas porque creían que se les había escapado la medalla de oro.  

El tema es que se puede vivir feliz aunque no te envidien. Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, es más, nos pasamos más tiempo haciendo creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo, pero los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. Es decir, que tu te compras la 4 x 4 para quedar bien con todos y para lucirla, y en realidad a la gente le importa un pepino tu 4 x 4.  

¿Con más dinero se puede comprar más felicidad?

En una encuesta del 2006 realizada en los Estados Unidos, se preguntó a la gente que especificara el factor que más mejoraría su calidad de vida, y la respuesta más frecuente fue “más dinero.” De hecho, todos los indicadores del grado de felicidad han permanecido intactos en todo el mundo a pesar de aumentos de la renta media considerables. Un claro ejemplo de esto es Japón, en el que la el PBI per cápita se ha quintuplicado en los últimos años, y sin embargo casi no se ha incrementado el nivel medio de satisfacción. Y es que ello se explica porque la felicidad depende también de otros factores además del dinero, como las relaciones familiares, los amigos, la salud, el trabajo,  ambiente externo (libertad, seguridad, etc.) y valores personales (visión de la vida, religión y espiritualidad).  

Una forma de autoengañarse es decir que nosotros compramos para nosotros mismos, nos convencemos de que lo compramos porque lo necesitamos, cuando la verdadera causa a menudo es impresionar al resto. En cualquier caso la satisfacción y la insatisfacción siempre se obtienen al momento del incremento o decremento del estatus, después se diluyen. Es decir, el aumento de sueldo alegra el primer día, si te sacas la lotería igual, a los cuatro días te has acostumbrado a tus nuevos millones y ya envidias a tus nuevos vecinos que tienen más…Incluso puedes llegar a sentirte mas pobre que antes de la lotería.  

La otra variable mencionada en el Estudio de Baucells es nuestra incapacidad de racionalizar las proyecciones. Creemos que el nuevo auto nos reportará tanta satisfacción durante los próximos cinco años como los cinco primeros días y no es así. En general, es más feliz quien edifica su felicidad sobre los bienes básicos y posterga los adaptativos. A partir de un nivel de renta determinado, la felicidad no aumenta significativamente por mucho que lo hagan los ingresos.  

La felicidad y la asignación del tiempo

Otra conclusión del estudio es que la mala asignación del tiempo entre el trabajo y  la vida personal es otra de las causas de la insatisfacción. El problema está en sobreestimar la satisfacción que nos pueden dar los bienes y por consiguiente asignar un porcentaje del tiempo superior al debido para conseguirlos. ¿Qué podemos hacer al respecto? Vale la pena preguntarse si uno se siente feliz habiendo tenido que trabajar 4 horas más de lo normal cada día para vivir en un departamento más lujoso en una zona donde sigue habiendo gente más rica que uno, pero a costa de haber perdido horas valiosísimas de disfrutar con la familia, con los amigos. Quizá hubiera sido más inteligente pensar si nos interesaba entrar en esta batalla o no y en todo caso compararnos con los demás en como ser mejor que ellos otro en términos de logros, virtudes, valores, más que en términos de bienes adquiridos. 

Finalmente, Manel Baucells recomienda que a través de algunas actividades como las prácticas espirituales, la meditación o el rezo, uno pueda obtener una mejor perspectiva de la vida y reducir los efectos perjudiciales de la comparación. Recomienda también no retrasar las cosas. Anticipar lo malo es lo inteligente, también lo es dilatar la gratificación de las cosas positivas.  La lección es que deberíamos programar racionalmente en el tiempo, la gratificación que nos reportan nuestros ingresos. Por ejemplo si tenemos un aumento de sueldo, no hacer todas las cosas de golpe y graduar el incremento de satisfacción. Lo mejor es ir subiendo poco a poco de nivel sin cambiar las referencias anteriores.  

Quizá el secreto de la verdadera felicidad como dicen, mas allá del tema económico, está en querer lo que uno hace mas que en hacer lo que uno quiere. Y es que Las personas más felices no siempre tienen lo mejor de todo, sólo saben sacar lo mejor de lo que les pasa en su camino.

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Mi regla de oro

Enero 5, 2008 · 3 comentarios

12Leía hace poco un artículo en la revista Business 2.0 sobre las reglas de oro de exitosos empresarios y deportistas. Les preguntaron cuál es su filosofía en la vida y en los negocios. A continuación, las respuestas: 

1. Chris Albrecht, CEO, Home Box Office: Rodéese de gente más inteligente que usted. Yo estudié en una escuela para niños excepcionales y resulté ser el último del salón. Pero siempre me sentí cómodo con esa situación porque aprendí de gente que era tanto o más inteligente que yo.  

2. Steve Ballmer, CEO, Microsoft: Contratar gente competente: invierto mucho tiempo en asegurarme que contamos con la mejor gente. Es importante disponer de gente capaz de desarrollar buenos productos. El mejor regalo que le puedes hacer a tu competencia es contratar a la gente equivocada. 

3. Richard Branson, fundador y presidente, Virgin Group: Déle una segunda oportunidad a la gente que falla: un buen líder debe concentrarse en sacar lo mejor de su gente. Todo el mundo sabe cuando falló, así que nadie necesita que su jefe se lo esté recordando constantemente.  

4. Randy Snow: Campeón mundial de Tenis en los Juegos Paraolímpicos cuenta una anécdota: “Sin necesidad de dramatizar, un mal manejo del factor tiempo, una concentración disipada, puede ser la causa principal de que perdamos en cuestiones menos trascendentales, pero no insignificantes. O lo pondré en positivo: puede ser la razón de triunfos importantes. Hablemos de uno de ellos, final del Open de Japón, jugaba contra Laurent Giamantini. Primer set. 6-0 a favor de Giamantini, que domina en el segundo 5-0.

La desazón de perder una final de ese modo era tan fuerte que me dejó de preocupar, lo único que quería era ganar algunos puntos. Esta actitud de querer ganar un punto, de ponerme en posición de ganar el próximo punto me distrajo del apuro que sentía por el resultado, once juegos seguidos para Giamantini, y conseguí ganar un juego. Ahora estaba 0-6, 1-5.  

En vista del éxito, decidí concentrarme en ganar el siguiente punto. Así, punto a punto conseguí ganar el segundo set en tye break y el tercero 6-1. No hay motivo para alabar mi fortaleza mental porque era inexistente, estaba muerto de miedo. La respuesta a este partido, también la clave para la vida en general, quedaba demostrada. No podía ni debía preocuparme de los puntos que había perdido porque ya estaban en el pasado. Y tampoco podía preocuparme de los próximos puntos porque no estaban ahí todavía. Sin embargo estas dos áreas del partido dominaban mi pensamiento hasta el punto de la autodestrucción.

Cuando me concentré en el presente, fui capaz de protagonizar una de las mayores recuperaciones de la historia en tenis sobre silla de ruedas. Aunque tengamos miedo, tenemos que vivir la vida punto a punto. Punto a punto se gana un partido memorable, paso a paso se corona una larga caminata, minuto a minuto se protagoniza una vida fértil. Has perdido un partido en el último minuto por exceso de relajación? Saca las enseñanzas oportunas y utiliza el coraje y la rabia que da para afrontar el siguiente 200 por cien.

¿Has cometido un fallo profesional, has tenido una torpeza imperdonable con un amigo, has herido a un familiar con tu verbo mordaz, palabra que sale ya no vuelve, es del otro, has elegido a la persona menos válida? Reconózcase, corríjase el yerro, discúlpese…y, como vulgarmente se diría, a vivir que son dos días.”

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