Ideas para vivir mejor

Entradas de Julio 2007

Los ricos también lloran…especialmente si hay alguien mas rico que ellos

Julio 29, 2007 · Dejar un comentario

55Parafraseando a esa conocida novela, de los años 80, continúo con la segunda parte de este artículo sobre la felicidad y su relación con el dinero. Los dejo con un resumen del estudio realizado por Manel Baucells, Profesor del IESE de Barcelona, sobre la relación del dinero con la felicidad.  

“Daniel Goleman me explicó que puedes adivinar que hará en la vida un niño de 5 años si le das un caramelo y le prometes: “Si mañana no te lo has comido, te daré dos”. Los niños que serían delincuentes, aseguraba, están entre los incapaces de no comérselo en seguida.” El estudio de Baucells, del IESE y Rakes de UCLA, cuantifica ahora esa capacidad humana de planificar el esfuerzo y su gratificación mas allá del instinto y de la proyección subjetiva en el futuro de lo que sentimos en cada momento. Con su rigurosa ecuación de la felicidad imponen la razón sobre la obsesión sobre lo que los demás pueden y piensan de nosotros y sobre el error de pensar que la ilusión de estrenar auto o casa va a durar tanto como ellos. Es sorprendente relacionar el dinero que la gente gana y gasta con la felicidad que obtiene. Y es que la mayor parte de todas las decisiones de compra se toman para impresionar a los demás y después nos buscamos excusas. 

Baucells explica que hay dos tipos de bienes, tal como vimos en el artículo pasado, los de primera necesidad, entre los que se incluyen la salud, las reuniones familiares, sociales, la religión, el trabajo, y los bienes adaptables o bienes de adaptación, aquellos que una vez obtenidos tienden a disminuir el grado de felicidad con el tiempo, como una casa nueva, un vestido nuevo, un par de zapatillas nuevas, etc. Los ricos suelen centrarse más en bienes de adaptación  que en productos básicos como la comida, la vivienda, dormir, la amistad, las actividades espirituales, etc.  

Asimismo, el estudio demuestra que el sesgo de proyección que todos tenemos incluido, desvía recursos de los bienes básicos a los de adaptación, incluso cuando antes se planifican racionalmente. Hasta los segmentos mas pobres de la sociedad caen en la trampa de asignar mas dinero a productos adictivos como el alcohol o las drogas que a bienes de primera necesidad como alimentos nutritivos o la higiene. Se necesita mucha disciplina para concentrarse en los placeres sencillos, pero eso, es lo que nos da felicidad. 

Para desechar la posibilidad de que la infelicidad se deba únicamente a la falta de dinero los investigadores citan algunos ejemplos. Uno de ellos es el caso de una mujer que conduce un auto relativamente viejo en su época de estudiante y se alegra al comprarse un auto nuevo  cuando consigue su primer trabajo. Sin embargo, pronto se adapta al nuevo vehículo y lo asimila como parte de su estilo de vida. Lo mismo podría decirse de quien acostumbra a pasar sus vacaciones anuales en el extranjero. Este proceso se llama adaptación: la gente se olvida  de que acabará adaptándose a un estilo de vida mas alto a medida que vayan aumentando sus ingresos. Cuanto mas tienen, mas quieren.88 

La otra gran fuerza es la comparación social, que empuja a compararse con los vecinos mas ricos. Cuando uno se hace socio de un club o se muda de barrio mejor, las comparaciones sociales se hacen con un grupo de semejantes mas acaudalados. En vez de compararse con vecinos mas pobres, la comparación es con aquellos que mas tienen, con mejor status y con rentas similares.  

Cuando las dos fuerzas, la de la adaptación y la de la comparación social se juntan, pueden dar lugar, y así suele ocurrir, a una profunda insatisfacción personal. Este fenómeno se ha observado a escala mundial, en estudios de medición de felicidad realizados en todos los países.  La planificación óptima, sin embargo, requiere que se prediga el impacto correctamente del consumo corriente sobre la futura utilidad. Un aumento del consumo tiene dos efectos peligrosos sobre la futura utilidad. Primero, el nivel de adaptación sube y por lo tanto en el futuro la utilidad experimentada disminuye (es el caso de la gente que se acostumbra a un auto elegante, una casa mas grande, o las vacaciones en el extranjero.) Segundo, el nivel de comparación social también puede subir, reduciendo otra vez la utilidad experimentada.  

La felicidad está unida también al positivismo, una forma de vivir la vida que manifiestan más algunas personas que otras, y que también tiene su corriente psicológica como fundamento. El fundador de la psicología positiva es Martin Seliger (ex presidente de la Asociación Psicológica de USA). Distingue al optimista del pesimista a través de lo que llama estilos explicativos, o de que forma explica cada uno la misma realidad. Según esta teoría el optimista reacciona a los golpes de la vida desde una presunción de poder personal, e interpreta los hechos negativos como reveses: temporarios, específicos y reversibles con habilidad y esfuerzo.

El pesimista en cambio, se siente impotente ante la adversidad, y piensa que los problemas se perpetuarán en el tiempo, contaminarán el resto de su vida y son culpa suya. Del mismo modo se contraponen en la interpretación de los hechos positivos: el optimista se siente responsable de las buenas cosas que le pasan y mentalmente extiende los hechos afortunados hacia el futuro y hacia todas las áreas de su vida. Como consecuencia de mirar la vida de formas diferentes surgen actitudes distintas. Al sentirse con el control de su destino, el optimista afrontará una enfermedad, un fracaso amoroso y hasta la pérdida de un ser querido como un desafío, el pesimista tenderá a deprimirse y abandonar la lucha. 

La propuesta de Seliger para inyectar positividad a la vida de las personas es en primer lugar aprender a identificar las reacciones que tiene uno ante los eventos desafortunados y luego entrenarse para disputarlas, generando explicaciones alternativas. Los optimistas tienen una serie de ilusiones autocomplacientes que les permite mantener el buen ánimo y la buena salud, en un universo básicamente indiferente a su bienestar. Revelándose como un pesimista converso. Esa mirada complaciente del optimista impregna también su forma de percibir al otro y al mundo, achicando amenazas y fabricando recursos.

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Autoayuda : Se puede ser feliz con el mismo sueldo

Julio 22, 2007 · 4 comentarios

1A pesar de los avances económicos cada vez menos personas se sienten felices, dejando evidencia que no siempre la relación dinero felicidad es directamente proporcional.  

Al respecto, hace poco leí uno de esos artículos que te cambian la forma de ver la vida y quise compartirlo con ustedes. Lo ha escrito Manel Baucells, Profesor Principal de Gestión de Personas en el IESE de Barcelona, basado en un estudio realizado por él y por Rakesh Sarin de UCLA de California, cuyo nombre fue “Does more Money buy you more hapiness?” ¿Mas dinero puede comprar mas felicidad?. Le pedí que me mande y autorice a publicar dicho artículo y otros relacionados al tema de la felicidad para hacer un resumen y publicarlos, así que a continuación el primer resumen. 

Muchas veces las personas hablan de la falta de dinero como una de las causas de sus males. Atribuyen que por eso no pueden ser completamente felices, que no tienen todo lo que desean y que siempre les está faltando algo para ser “iguales” a los demás, incluyendo en “todos los demás” a unos pocos que pueden tener alguna superioridad en un bien material por ejemplo. Sin embargo el dinero no siempre les permitirá cubrir las necesidades y lograr satisfacciones, y una vez que lo obtienen, se dan cuenta de que se trata de otras falencias.  

El problema parte de mucho tiempo atrás. La economía tradicional consideraba todos los bienes como básicos, y para nosotros en cambio, existe una enorme diferencia entre la felicidad que proporcionan los bienes básicos y los adaptativos. Un bien básico satisface una necesidad objetiva y genera siempre la misma cantidad de satisfacción; en cambio, un bien adaptativo  proporciona una satisfacción subjetiva y variable según las propias expectativas y las referencias. Por ejemplo, tener un auto es un bien básico, pero cuando pasas del Toyota del año 80 a la Porsche Cayenne del año, lo conviertes en un bien adaptativo. Un Toyota viejo puede proporcionar mucha satisfacción y un Porsche muy poca…, si lo comparas con el Ferrari del vecino. 

El tema es que se puede vivir feliz aunque no te envidien. Vivimos pendientes de lo que los demás piensan de nosotros, pero los demás están demasiado preocupados por lo que tú piensas de ellos para fijarse en ti. Es decir, que tu te compras la 4 x 4 para quedar bien con todos y para lucirla, y en realidad a la gente le importa un pepino tu 4 x 4. 

Una forma de autoengañarse es decir que nosotros compramos para nosotros mismos, nos convencemos de que lo compramos porque lo necesitamos, cuando la verdadera causa a menudo es impresionar al resto. En cualquier caso la satisfacción y la insatisfacción siempre se obtienen al momento del incremento o decremento del estatus, después se diluyen. Es decir, el aumento de sueldo alegra el primer día, si te sacas la lotería igual, a los cuatro días te has acostumbrado a tus nuevos millones y ya envidias a tus nuevos vecinos que tienen más…Incluso puedes llegar a sentirte mas pobre que antes de la lotería. 

El otro problema es nuestra incapacidad de racionalizar las proyecciones. Creemos que el nuevo auto nos reportará tanta satisfacción durante los próximos cinco años como los cinco primeros días y no es así. En general, es mas feliz quien edifica su felicidad sobre los bienes básicos y posterga los adaptativos. Pero, cuanto necesita uno para ser feliz? Según el estudio realizado, la cifra son US$ 12,000 anuales. Esa cantidad satisfaría todas nuestras necesidades básicas, lo demás es adaptativo. A partir de un nivel de renta determinado, la felicidad no aumenta significativamente por mucho que lo hagan los ingresos. De hecho, todos los indicadores  del grado de felicidad han permanecido intactos en todo el mundo a pesar de aumentos de la renta media considerables, un fenómeno conocido como la Paradoja de Easterlin. El ejemplo mas llamativo es Japón, donde a pesar de que la renta per cápita real ha aumentado cinco veces, prácticamente no se ha incrementado  la media del nivel de satisfacción. El ciudadano de hoy se adapta rápidamente a un cierto nivel de estándar (su propia casa, su propio auto, vacaciones, restaurantes) y no se sentirá mejor que el de hace sesenta años cuando circulaba en bicicleta y escuchaba una vieja radio. La paradoja de Easterlin se puede explicar por el hecho de que la felicidad depende también de otros factores además del dinero, como las relaciones familiares, los amigos, la salud, el trabajo,  ambiente externo (libertad, seguridad, etc.) y valores personales (visión de la vida, religión y espiritualidad).

Sí, el poder adquisitivo influye en la felicidad de una persona, pero hasta cierto punto. Ni que decir que algunas personas con dinero se torturan comparándose con otras personas aun mas ricas que ellas.  Los autores sugieren que la gente podría sacar mas provecho a su dinero en términos de felicidad si calcularan correctamente el efecto de adaptación. Cuando el cálculo es erróneo, se debe a lo que los psicólogos denominan un sesgo de proyección. Este concepto, aplicado a las decisiones de consumo significa que predecimos un ritmo lento de adaptación a un bien nuevo. De hecho, la adaptación se produce mucho mas rápidamente de lo que esperábamos, lo que nos lleva a gastar mas de la cuenta en bienes adictivos y ser menos felices de lo que pensamos. 

La buena noticia es que la felicidad se puede planificar. Manel Baucells lo hace de acuerdo a una ecuación: relaciona la capacidad de adaptación con el incremento de riqueza y la comparación con otros. Funciona de la siguiente manera: Ustedes cuando compran algo asumen que ingresan 100 de felicidad y creen que el resto de su vida ese dinero les va a dar la felicidad 20 que sienten el primer día pero en realidad al cabo de un año solo han obtenido un 1. Si hubieran planificado su felicidad racionalmente con esta ecuación hubieran obtenido un 7. 

Por el contrario, la desgracia también es planificable. Las pérdidas de patrimonio y estatus se notan el doble que las ganancias. La bajada de nivel genera el doble de insatisfacción que la subida de satisfacción. En este caso, la proyección de expectativas funciona al revés. Al principio duele mucho, y luego cuando te acostumbras, te das cuenta que no es para tanto. Acabas adaptándote a la triste situación mas rápido de lo que habías previsto. El arte de la planificación en este tema nos permitirá conseguir mas felicidad por menos dinero y esfuerzo.

El autor recomienda también no retrasar las cosas. Anticipar lo malo es lo inteligente, también lo es dilatar la gratificación de las cosas positivas.  La lección es que deberíamos programar racionalmente en el tiempo, la gratificación que nos reportan nuestros ingresos. Por ejemplo si tenemos un aumento de sueldo, no hacer todas las cosas de golpe y graduar el incremento de satisfacción. Lo mejor es ir subiendo poco a poco de nivel sin cambiar las referencias anteriores.

“Lo que da la felicidad es el cambio, el paso de un escalón al otro, por ello mantenerse siempre en  uno, aunque sea muy elevado, deja de hacernos felices”, explica Manel Baucells. Para  solucionarlo, el profesor del IESE tiene una receta: “Si te toca un millón de euros, debes hacer tus cálculos para que la mejora de tu situación sea paulatina y gastar sólo un 1% de lo ganado el primer año, un 2,5% al siguiente, y así progresivamente hasta alcanzar incrementos del 20% y el 30%”.

Dos investigadores dieron a elegir en 1998 a los alumnos de la Escuela Pública de Salud de Harvard entre dos escenarios: en uno, ellos ganarían 50.000 dólares cuando el resto del mundo  lograría 25.000, es decir, la mitad, mientras que en el segundo escenario ellos ganarían 100.000 dólares cuando el resto ganaría 250.000, más del doble. Todos prefirieron el primer escenario. “Por eso la felicidad social no ha avanzado pese a que mejore la calidad de vida en un país, porque nos peleamos siempre por tener lo que tiene el vecino Seguir con los amigos de siempre nos hará sentir  mas afortunados con menos. En el barrio de los millonarios, el suertudo al que le tocó la lotería, solo es un millonario más. 

Para finalizar, copio textualmente una reciente entrevista que le hicieron respecto al tema: 

El dinero da la felicidad, ¿verdadero o falso?

Verdadero.

¿Por qué?

Porque con el dinero tienes más control, acceso a cosas que antes no tenías y más capacidad de decisión. Pero se comete un error de cálculo: se piensa que va a dar más de lo que da.

Este error de cálculo, ¿cuándo lo comete una persona?

Cuando cree que el dinero le va a dar diez de felicidad, y en realidad le ofrece tres.

Es decir, no es una cuestión de cantidad, sino de expectativas.

Exactamente.

¿Junto al dinero y la felicidad, que son los ejes sobre los que gira este estudio, se podría incluir un tercer término, la envidia.?Efectivamente. Y si no lo gestionas de manera adecuada, puedes acabar pensando: “¿Me siento contento por haber tenido que trabajar cinco horas más al día para tener una casa mejor en un barrio determinado, y en el que sigue habiendo gente más rica que yo?”. Y en todo este proceso igual esta persona ha perdido amigos y familia. Por tanto, ¿no hubiera sido más inteligente pensar si le interesaba entrar en esta batalla o no?

Pero, ¿cómo se puede conseguir que las personas venzan esa tendencia natural?

No es nada fácil porque es tu instrumental de medida. Hay que educar a la gente en los colegios, en las familias… a que se comparen con los otros en determinadas cosas buenas, como “mira ése qué buenas notas saca, a ver si tú también haces como él”, y que eviten otras, como cuando se dice “mira a ése que se ha comprado un auto mejor”. En eso es mejor no entrar.Otro temas importante es que somos muy malos en anticipar la rapidez de habituación a los bienes. Ésta es la idea. Piensas que el auto nuevo lo disfrutarás como el primer día durante mucho tiempo, pero a los tres meses te parecerá normal, o cuando vas a un hotel de una estrella más te parece impresionante, pero no calculas que a la tercera vez eso te parece lógico y que volver a un hotel con una estrella menos es una pérdida. En un terreno donde compras bienes básicos (comida, calefacción, el descanso, estar con amigos…) la satisfacción está asegurada porque cuanto más los tienes, más te dan. Pero la lista es muy limitada. Entonces estamos pensando que muchos bienes que compramos son básicos. Y no lo son, son adaptativos.

¿Cree que el ciudadano de a pie hace esta distinción entre los bienes básicos y los adaptativos?

No, y por eso se cree que el dinero da muchísimo, porque cuando piensa que un auto grande es un bien básico se cree que lo disfrutará como el primer día, como la calefacción. No, al auto grande te acostumbrarás y te parecerá lo normal.

Siguiendo su razonamiento, ¿considera que ofrece la misma satisfacción degustar una buena comida entre amigos que tener un Ferrari?

No. Degustar una comida con amigos te va a gustar hoy, dentro de diez años volverás a disfrutarlo igual que hoy, y dentro de 20 igual que hoy. Cuando te compres el Ferrari, durante un tiempo estarás impresionantemente feliz, pero al cabo de un año te parecerá la mitad de impresionante, al cabo de dos años la mitad de la mitad y cuando un amigo se compre un Ferrari mejor que el tuyo entonces aquel día vendrás enfadado porque creerás que te has quedado sin dinero.Y es que la gente se vuelve loca por el dinero, gastan mucho. Si por lo menos fueran muy felices, diría “perfecto”, pero es que no lo son. Entonces aquí hay un problema.

¿Cuál sería la fórmula para solucionarlo?

Ves cosas que son bienes adaptativos y tu cabeza te dice que son básicos, entonces las quieres comprar, ganar mucho dinero… y todo el mundo está solamente atrás de eso. No, lo que voy a hacer es entrenar al niño a bajar una pendiente más difícil, de modo que cuando salga por ahí pueda bajar. Es entrenarlo para pensar a largo plazo.

Por cierto, ¿usted piensa a largo plazo?

Sí, yo lo hago

Por lo tanto, ¿es feliz?

Sí, sí, yo soy muy feliz. Me gusta llevar las luces largas. Siempre voy anticipando cosas con dos o tres años de antelación.

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Ideas para ser feliz

Julio 14, 2007 · 8 comentarios

H9oy cumplo 32 años y he decidido escribirles sobre la felicidad. Pero la verdadera felicidad. Aquella que está dada por vivir con la conciencia en paz, que está  por encima de la enfermedad, por encima de los problemas o sufrimientos que todos pasamos y con los que tenemos que convivir. No me refiero a la alegría fácil y pasajera, fisiológica, “de animal sano”, la que viene por el lado de una buena fiesta, la compra de algún bien, cosas que me parecen muy buenas pero que no logran darnos esa alegría permanente. La alegría a la que me refiero es algo más íntimo: algo que nos hace estar tranquilos, rebosantes de gozo, aunque a veces el rostro permanezca sereno, pero con la tranquilidad de saber que lo que estamos haciendo está bien. Esa es la alegría que vive con nosotros para siempre. 

Conseguirla no es fácil. Muchas veces tiene “sus raíces en forma de cruz”. Muchos la han encontrado de casualidad, y en donde menos la buscaban, que es en los problemas, en la adversidad. 

Un caso que leí recientemente y me impresionó fue el de John de Zulueta, exitoso empresario español. Tal como en el caso de Christopher Reeve, Superman, que revisamos hace tres semanas en el artículo “Bienvenida la Adversidad” quien sufrió tontamente un accidente que lo dejó paralizado por el resto de su vida, en este caso también el destino vuelve a adoptar un rostro cruel. Este ejecutivo, amante del deporte, es paralizado por una insignificante garrapata que le picó. Sin embargo, en lugar de deprimirse aprendió y grabó enseñanzas valiosísimas. En una entrevista con Alvarez de Mon en su libro “Desde la adversidad” le dice: “¿Cual es tu primera reacción cuando te dicen que vas a vivir en una silla de ruedas por culpa de la picazón de una garrapata?. Al principio te preguntas, ¿como me ha pasado esto? ¿Es una broma del destino? ¿Por qué a mi, habiendo sólo dos o tres casos por año? Luego te pones a interrogar a los médicos, a estudiar sobre temas neurológicos…tu mundo viejo se ha ido, y de este nuevo no tienes ni idea… ¿Por qué de un boleto entre un millón, me ha tocado a mi esta lotería? Ha sido porque la vida me ha tratado tan bien y ahora tengo que pagar el precio justo?” A pesar de su justificable reacción, supo salir adelante, como el caso de tantos que hemos visto en los artículos pasados de este blog. 8

La pregunta del millón es: ¿Que hacer en ese tipo de situaciones? ¿Volver a leer notas tomadas de un curso de motivación, de superación? Probablemente sirvan de poco. Lo único que sirve en ese momento es la seguridad de que todo pasa por algo y nada es casualidad en esta vida – Dios sabe porqué hace las cosas – y la capacidad de luchar para mantener el espíritu positivo. Cuesta abandonarse y mirar con buenos ojos lo que pasa, pero es lo mas valioso en esos momentos. Uno de los consejos mas sabios que he leído sobre la alegría la dice San Josemaría:  “¿No hay alegría? —Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo. —Casi siempre acertarás.” 

Mar Cogollos, a quien mencioné un par de artículos atrás, aquella joven psicóloga mundialmente famosa que por un accidente quedó hemipléjica, nos dice en plena depresión en su libro: “Descubrí que podía hacer mucho por los demás. Ayudarme y volcarme con ellos hizo que pasase de puntillas por la fase de la depresión. A todos les sorprendió, a mi también, lo pronto que aterricé y acepté mi nueva condición. Pensé que si aquel día no me quedé allí es porque aún tenía cosas importantes que hacer en esta vida.” Esto me trae a colación una frase que leí hace algún tiempo: “¿Quieres un secreto para ser feliz?: date y sirve a los demás, sin esperar que te lo agradezcan.” No nos damos cuenta que el principal beneficiado en un acto de dar a los demás, no es el que recibe, sino el que da, porque es el que se queda con la alegría interna de haber hecho lo correcto. 

Al respecto, Santiago Alvarez de Mon nos dice que “No hay persona que en sus cabales sea capaz de aguantar una continua observación de si misma. El que se presta mucha atención, el que se embadurna solazadamente en su propio barro es mas propenso a cazar este virus moderno de la depresión. Por el contrario, las personas que tienden a vivir hacia fuera, que expansivas abren brazos donde todos entran, son fuertes y resistentes al contagio depresivo. No es que estén inmunes, quien puede decir de esta agua no beberé, pero las personas serviciales y generosas llevan mejor los embates de esta epidemia que solo a los psiquiatras tiene felices.”  

Estoy seguro que podemos aprender mucho mas de la gente discapacitada, de las personas que viven en los suburbios y llenas de problemas, de las que sufren injusticias, de las que han sido golpeadas y heridas, que de las listos, inteligentes y famosas. Y es que las adversidades enseñan más que las explicaciones perfectas de científicos eminentes o pedagogos enredados en sus esquemas. A través de su crecimiento, aceptación y entrega, la gente herida nos ha enseñado que debemos aceptar nuestras debilidades y no pretender ser siempre fuertes y capaces porque es allí donde creamos barreras para ser felices. Esto no quita que siempre luchemos incansablemente por ser mejores.

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Bienvenida la adversidad 3: El valor se prueba en la dificultad

Julio 8, 2007 · Dejar un comentario

11Esta semana hemos invitado virtualmente a este blog a Bosco Gutierrez, un hombre que vivió todo un calvario durante 9 meses secuestrado. Tuve la suerte de verlo en un dvd que me prestaron, y estuve buscando por Internet alguna entrevista publicada para transcribirla y dejarles que él les cuente su drama y como hizo para salir adelante. A través de este impresionante testimonio podemos concluir que la actitud tiene una importancia singular. No importa lo que venga, nuestra actitud en la adversidad, ejemplar y valiente, es lo que nos hará vivir mejor.  

La historia de Bosco Gutiérrez, un conocido y prestigioso arquitecto mexicano, es muy dura. Fue secuestrado en 1991 y permaneció retenido durante nueve meses en un pequeño cuarto. Gracias a su fe en Dios no se amilanó y supo sacarle provecho a esta situación. Dejemos que el mismo nos cuente su historia: “Una mañana me dirigí al coche. De pronto, un brazo me agarró fuerte y me dieron un golpe con un arma para dejarme inconsciente», relata. Lo siguiente que recuerda es que se despertó cuando le cambiaron de auto para llevarle al cuarto de 2 metros cuadrados donde permanecería por 9 meses: “Tenía la esperanza de salir a los dos o tres días, nunca pensé que se prolongaría tanto”, reconoce Bosco. 

«En el techo de la habitación había una cámara que registraba mis movimientos y un parlante en el que me ponían continuamente música para bloquear mi sentido del oído. Estuve escuchando el mismo caset durante cuatro meses seguidos. Nunca escuché sus voces, siempre nos comunicábamos por escrito. Incluso me interrogaron mediante un cuestionario en el que tuve que dar datos sobre mi familia. Si me negaba, les harían daño.» “El día y la noche eran confusos porque «encendían y apagaban la luz cuando querían y me daban muy mal de comer” señala. Poco a poco, Bosco reconoce que empezó a «volverse loco». «Ofrecí todos los días mi sufrimiento a Dios y, cuando pensaba, me daba cuenta de que Cristo había sufrido mucho más que yo y que había dado su vida por mí al ser crucificado.

El fin de la pesadilla. Tras nueve meses de cautiverio, se acordó el pago del rescate de Bosco. Se desarrollaría en Brasil y se encargarían de realizarlo sus hermanos, pero «por problemas, no se pudo efectuar». «Yo había construido un instrumento para abrir la ventana y algún día utilizarlo para escapar». Ese momento finalmente llegó: una mañana, «el secuestrador que tenía que vigilarme se retrasó y aproveché el descuido para escapar encomendándome en todo momento a Dios». La huída no fue tarea fácil, debido a su falta de fuerzas y al impacto que le causó la luz natural. Tuvo que sortear diversos peligros hasta abrir la puerta exterior del cuarto donde se encontraba, en la ciudad de Puebla, y coger un taxi.  

“Yo entiendo mi secuestro como si Dios me hubiera dicho: no te puedo volver a meter en el vientre de tu madre, pero te voy a meter nueve meses en un cuartito para que con tu inteligencia y tu memoria decidas cómo vas a vivir tu segunda oportunidad. Entendí con todo mi ser que mi tesoro es mi gente y no mi trabajo o mi cuenta bancaria. En el cuarto lo hubiera dado todo por abrazar un minuto a uno de mis hijos. Desde entonces valoro a la gente por sus cosas positivas y no por sus errores”.  

Este hombre tuvo una valentía heroica, cuando tenía todo para echarse al olvido y deprimirse terriblemente aceptó lo que le pasaba. Cuesta hacerlo pero el que se sobrepone a su dolor  llega mucho más lejos. Quien acepta esta situación convierte el hecho doloroso en una tarea: la de reorganizar su vida contando con esa dramática verdad que se ha hecho presente. Exige tomar decisiones y una de ellas, es qué vamos a hacer para cambiar nuestra forma de ver la vida en esos momentos, y darle un sentido positivo, porque las cosas siempre pasan por algo. 

Para que se enteren de primera mano, los dejo con una entrevista a Bosco publicada en http://www.diocesismalaga.es/index.php?mod=videos&secc=vertv&con=dsl&prg=bosco05 en la que él mismo cuenta lo que le pasó: 

- ¿Cómo se sentía?

- Me tuvieron desnudo cuatro meses. Los secuestradores iban con capucha y jamás oí sus voces, se comunicaban por escrito. Después de tenerme tres días a oscuras me pasaron un interrogatorio: “Hasta que conteste no comenzarán las negociaciones”.  

- Contestó, claro…

- Les conté detalles de la vida cotidiana de mi familia y me sentí un traidor, me abandoné y me dejé morir. Trece días tirado en el suelo, haciéndome las necesidades encima.  

- ¿Salió de ese estado?

- Un día, uno de los guardianes me mostró un papel: “¡Viva México! (era el día de la independencia), puede tomar lo que quiera”.  

- ¿Qué pidió?

- Un gran vaso de Chivas. Me lo trajo, yo me arrastré para cogerlo porque estaba totalmente entumecido y me fui al rincón como un animal con su presa. “Esto sí lo voy a gozar”, me dije. Entonces, el otro Bosco que hay dentro de mí comenzó a hablarme: “¡A ver si eres tan hombrecito!, ofrece el whisky”.  

- ¿Y?

- “Yo ofrezco estar secuestrado”, dije. “Eso no depende de ti”, contestó mi voz interior, y tiré el whisky por el wáter. Me quedé pensando que había hecho una estupidez y me dormí. Cuando desperté, cogí el papel sobrante del interrogatorio y escribí: “Hoy gané mi primera batalla, no todo lo deciden ellos”. Así empecé a recuperar la autoestima.  

- ¿Cómo consiguió que creciera?

- Pensé que no sería muy diferente lo que yo le diría a uno de mis hermanos si estuviera en mi lugar y decidí escribir una carta como si el secuestrado fuera otro. Me puse en pie por primera vez en 19 días y recé.  

- ¿Olvidó la carta?

- Sí, pero cuando acabé el rosario la vi dobladita junto a la puerta y me puse a llorar como un idiota: “¡Recibí una carta de mis hermanos, qué maravilla!”, grité. El Bosco realista me decía: “Ya te volviste loco”.  

- ¿Qué ponía en la carta?

- “Éste no es un problema personal, es un problema familiar, y lo vamos a resolver en equipo, pero tú eres el que tiene el trabajo más importante: cuidar de ti mismo”.  

- ¿Abandonó el papel de víctima?

- Sí, entendí que mi trabajo era entregar mi cuerpo perfecto al equipo. Así estructuré mi vida, que dividí en tres columnas: salud mental, salud física y aprovecha el tiempo incluso en esas circunstancias.  

- ¿Cómo aprovechar el tiempo en un cuarto de 2 metros cuadrados?

- Lo primero era no volverme loco. Entendí que cuanto mayor fuera el rechazo más crecería la angustia, y decidí aceptar mi circunstancia, limpiar mi cuartito y controlar la imaginación. El tiempo lo medía a través de una cinta de música que ellos ponían para que no los oyera. - Eso es muy mortificador… - Yo lo convertí en un instrumento. Vivía días de 32 casetes y acabé ajustando la fecha, esas conquistas mejoran tu autoestima. También pedí una dieta muy sencilla que le recomiendo. Fruta tres veces al día, cereales por la mañana, proteína al mediodía y yogur por la noche. Corría una hora y media al día (tres casetes) y hacía un casete de abdominales. Pero estoy convencido de que el músculo más importante es la voluntad.  

- ¿En qué pensaba?

- En mi madre, que había muerto tres años antes. Recuperé un recuerdo de niño, un sueño. Estaba en el infierno, y un tipo me gritaba: “Estas aquí por no haber ayudado a nadie, fuiste egoísta, y yo estoy aquí porque nadie me echó una mano. Si me hubieras ayudado, los dos estaríamos en el cielo”. Mi madre, que era muy inteligente, me dijo: “Te acabas de dar cuenta de tu responsabilidad como cristiano, hay que ayudar a los demás”.  

- ¿Temía encontrar en el infierno a uno de los secuestradores?

- Pues sí, y que me dijera: “Te pudres en tu perfección, porque nunca pensaste que nosotros somos tan dignos y valiosos para Dios como cualquiera”.  

- ¿Y empezó a hacer apostolado?

- Recé por ellos y cuando llegó Navidad les pasé un papelito: “Señores guardianes, hoy es Navidad y no hay ni secuestradores ni secuestrado, todos somos hijos de Dios y a las ocho de la noche vamos a rezar”. A esa hora abrieron la ventana de la puerta y vi a cinco encapuchados blancos en un fondo negro.  

- ¿Qué les dijo?

- Les hablé de la humildad y les leí el evangelio. Al terminar, uno por uno me dieron la mano y experimenté la felicidad más grande. Salir de mí mismo y pensar en los otros hizo que me sintiera valiente y útil. “Arquitecto Bosco – me escribió uno de los secuestradores-, díganos de dónde saca usted la fuerza”.  

- ¿De dónde?

- Había perdido el miedo, sabía que mi vida no estaba en sus manos, sino en las de Dios. Los cinco meses restantes fueron de gran profundidad espiritual. 

 - ¿Cómo salió de allí?

- Temía que me abandonaran dejándome morir. Durante meses estuve fabricando una ganzúa con un muelle del catre. La idea era usarla si me abandonaban, pero quise probarla, abrí y no pude volver a cerrar. Me veía muerto. Avancé, pasé junto a un guardián que dormía y salté por una ventana.  Cuando volví al ver a mi familia escribí lo siguiente: Todo es providencia, nada es coincidencia. Todo es para bien y ante sus manos sólo hay ganadores y no perdedores. Dios sabe más y nosotros somos muy limitados. Dios nos pide un abandono de nuestros propios juicios. En esta lucha resumo todo mi secreto y quiero quitar cualquier mérito propio. Estoy convencido de que con Él podemos todo y que sin ÉL la más mínima cosa. Cuando no podemos más, nos carga en sus hombros para darnos la libertad. No te olvides de esto. Dios sabe más. Lucha con fe y perseverancia, es hora de responder porque de eso depende nuestra felicidad aquí y en la vida eterna…”  

Pueden ver una de sus conferencias en: http://www.godtube.com/view_video.php?viewkey=558e3779ecc84d72a6d8 

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Bienvenida la adversidad II

Julio 1, 2007 · Dejar un comentario

11Continuando con este tercer artículo sobre la adversidad, me gustaría transcribir un par de casos ejemplares de gente que le tocó vivirla pero que gracias a su fortaleza interna, supieron como triunfar, como darle valor a ese sufrimiento. 

El primero es el de Lance Armstrong, cuatro veces consecutivas campeón del Tour de Francia, la prueba ciclística mas importante del mundo. Diagnóstico: Cáncer testicular con metástasis en los pulmones y en el cerebro. Edad 25 años. 

Nos dice en su libro autobiográfico Its not about the bike: My journey back to life: “La verdad es que el cáncer ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.” Cualquiera de nosotros pensará que le falta un tornillo o es un masoquista, pero si seguimos analizando su respuesta no es nada de eso: “No sé como contraje la enfermedad, pero la verdad es que operó un profundo cambio en mi forma de ser, ha hecho maravillas con mi personalidad. Por qué cambiar el acontecimiento, incluso por un día, mas importante y determinante de mi vida?. Cuando estaba enfermo observé mas belleza, triunfo y verdad en un día que en cualquier carrera larga de mi trayectoria profesional” 

Alvarez de Mon, autor del libro Desde la Adversidad, de donde saqué estos comentarios de Armstrong, nos dice: “Cuando el cáncer se apropia de su organismo privilegiado, la perplejidad y el desconcierto reclaman su turno.” Armstrong continua diciendo en su libro: “Por qué yo? Cuáles son mis posibilidades reales de sobrevivir? Estas cuestiones me absorbían por completo. Me vi envuelto en una conversación interior con el cáncer. Intenté ser firme en mis discusiones con él. Has escogido al muchacho equivocado le dije. Cuando buscaste alrededor de un cuerpo donde vivir, cometiste un grave error al elegirme.” Y así continuaba  desafiando al destino, temido adversario. Luego, se da cuenta de que no sirven de mucho sus comentarios porque el partido va en serio, esto no es juego de niños. “Durante la mayor parte de mi vida había operado bajo un esquema simplista de ganar o perder, pero el cáncer me estaba enseñando a ser tolerante ante la ambigüedad. Ahora corría una carrera bien distinta, donde estaba la línea de partida? Que puertos se pasarían? La meta, donde estaba enclavada? Cual era el premio por ganar?” Se da cuenta que es una competencia distinta. Que aquí no gana el que llega primero sino el que aprovecha de la mejor manera el kilometraje recorrido. 22

Veamos otro caso, Randy Snow, el único deportista  en la historia de los juegos paraolímpicos que ha ganado medallas en tres disciplinas diferentes: Atletismo, tenis y baloncesto.  Presidente de No QXS (no excuse). En su libro Pushing forward, a memory of motivation,  traza rápido algunos renglones de su vida y nos cuenta:  “Mi accidente me dio una nueva perspectiva en la vida. Como si estuviéramos mirando la vida con un solo ojo, curiosamente me dio una claridad que antes permanecía escondida u oculta. Se que suena de locos pero me alegro de lo que pasó. Gracias a mi situación he adquirido una nueva dimensión de la vida, de las personas. Hay tantos sucesos, acontecimientos que son efímeros y superficiales, nos rodeamos en nuestra zona de confort de cosas y necesidades que nos atan y esclavizan. Gracias al accidente he conseguido desprenderme de muchas ataduras estúpidas. Muévanse, solo los que caminan tropiezan. Los que están dormidos, ni se caen ni viven”. 

He aquí dos ejemplos de personas que no solo no miran mal a la adversidad sino que le agradecen que los haya visitado, porque los cambió para bien, y quizá un acontecimiento tan duro como ese, fue lo único que los hubiese hecho cambiar. De que les hubiese servido vivir su vida de antes, si el camino por el que caminaban era oscuro, torcido y peligroso? Cuantas veces nos ha pasado a nosotros algo igual? Nos ha pasado algo aparentemente malo, triste, y nuestra reacción, lejos de la de nuestros invitados de arriba, ha sido quejarnos con el típico “Y por qué a mi?”, sin percatarnos que de cada cosa que nos pasa podemos sacarle el jugo y convertir el limón en limonada. 

Santiago Alvarez de Mon decía que “Solo a través de experiencias de sufrimiento y prueba el alma del ser humano se fortalece, la visión se aclara, la ambición se inspira y eleva, y el verdadero éxito se alcanza. Casi todos los hombres y mujeres que han sido históricamente honrados por sus servicios a la humanidad, fueron moldeados con los usos y maneras de la adversidad. Triunfaron porque rehusaron abandonar ante las dificultades y oposiciones encontradas.”

Un aliado muy efectivo para ayudarnos a cambiar de ánimo cuando llegan momentos difíciles es la fe. Leía en el blog de Aníbal Cuevas, que hace unos días se dio a conocer en el Archives of Internal Medicine los resultados de una encuesta realizada por la Universidad de Chicago a más de 1.100 médicos. La mayoría de los encuestados aseguraban que la religión y la espiritualidad pueden tener un efecto positivo en la salud de los pacientes. Así, el 76 % afirmaba que las creencias religiosas ayudaban a los pacientes a sobrellevar la enfermedad.

Otro estudio de la Universidad de Missisipi realizado el año pasado concluía que la asistencia a Misa y la oración pueden proteger a las personas expuestas al stress y demorar los efectos de la hipertensión.Como dice Aníbal, independientemente del valor científico de tales resultados, no cabe duda que las creencias religiosas juegan un papel muy importante en la vida de las personas. En contra de la imagen que desde determinados medios se quiere dar, la religión suele proporcionar una visión más positiva de la vida, ideas y criterios más claros a la hora de actuar y motivos para luchar.

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