Ideas para vivir mejor

Entradas de Enero 2007

Dios existe, yo me lo encontré

Enero 28, 2007 · Dejar un comentario

5Hace ya tiempo que quería escribir un artículo sobre André Frossard, uno de los mejores escritores de esta era. No encontré mejor opción que transcribirles de él mismo, una suerte de recopilación de hechos que lo hicieron cambiar rotundamente de pensar, dado que era un ateo recalcitrante,  y encontrar a Dios. 

Creo que cae a pelo para muchos de nosotros en los que existe un catolicismo displicente que se saca del armario para los bautizos, las comuniones, los matrimonios, los funerales y nada mas.  

André Frossard nació en Francia en 1915. Fue educado en un ateísmo total. Encontró
la Fe a los veinte años, de un modo sorprendente, en una capilla del Barrio Latino, en la que entró ateo y salió minutos más tarde “católico, apostólico y romano”.
 

Nos lo cuenta él mismo: “Eramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, exactamente igual que lo serían unos historiadores esforzándose por refutar la fábula de Caperucita roja. Su celo no hacia más que prolongar en vano un debate cerrado mucho tiempo atrás por
la razón. Pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema.
 

Dios no existía. Su imagen o las que evocan su existencia no figuraban en parte alguna de nuestra casa. Nadie nos hablaba de Él. (…)No había Dios. El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios. 

¿Necesito decir que no estaba bautizado? Según el uso de los medios avanzados, mis padres habían decidido, de común acuerdo, que yo escogería mi religión a los veinte años, si contra toda espera razonable consideraba bueno tener una. Era una decisión sin cálculo que presentaba todas las apariencias de imparcialidad. ¿A los veinte años quiere creer? Que crea. De hecho, es una edad impaciente y tumultuosa en la que los que han sido educados en la fe acaban corrientemente por perderla antes de volverla a encontrar, treinta o cuarenta años más tarde, como una amiga de
la infancia… Los que no la han recibido en la cuna tienen pocas oportunidades de encontrarla al entrar en el cuartel…
 

Mi padre era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación que, durante el día, servía a mi padre de despacho, frente a un retrato de Karl Marx, el cual  me fascinaba. Era un león, escapaba al tiempo. Había en él algo de indestructible que era, transformada en piedra, la certidumbre de que tenía razón.  

En Navidad, las campanas de los pueblos cercanos, que no encontraban eco entre nosotros, extendían como un manto de ceremonia sobre la campiña muerta. Nosotros también nos poníamos nuestros trajes domingueros para ir a ninguna parte (…) Almorzábamos en la mejor habitación, sobre el blanco mantel de los días señalados. 

Pero ni el moscatel de Alsacia, ni la cerveza, ni la frambuesa, volvían a la familia más habladora. La comida, más rica que de costumbre, y el abeto, completamente barbudo de guirnaldas plateadas, nada conmemoraban. Era una Navidad sin recuerdos religiosos, una Navidad amnésica que conmemoraba la fiesta de nadie. 

Mi madre vendía al pregón el periódico de
la Federación Socialista, completamente redactado por mi padre, entonces maestro destituido por amaños revolucionarios y reducido a
la miseria. Pero la política llenaba la vida de mi padre. (…)
 

Rechazábamos todo lo que venía del catolicismo, con una señalada excepción para la persona -humana- de Jesucristo, hacia quien los antiguos del partido mantenían (con bastante parquedad, a decir verdad) una especie de sentimiento de origen moral y de destino poético. No éramos de los suyos, pero él habría podido ser de los nuestros por su amor a los pobres, su severidad con respeto a los poderosos, y sobre todo por el hecho de que había sido la víctima de los sacerdotes, en todo caso de los situados más alto, el ajusticiado por el poder y por su aparato de represión”. 

Pero sin tener mérito alguno Frossard, porque Dios quiso y no por otra razón, fue el afortunado en recibir el regalo de
la conversión. El no buscaba a Dios. Se lo encontró: “Sobrenaturalmente, sé la verdad sobre la más disputada de las causas y el más antiguo de los procesos: Dios existe. Yo me lo encontré.
 

Me lo encontré fortuitamente -diría que por casualidad si el azar cupiese en esta especie de aventura-, con el asombro de paseante que, al doblar una calle de París, viese, en vez de la plaza o de la encrucijada habituales, una mar que batiese los pies de los edificios y se extendiese ante él hasta el infinito. 

Fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios. 

Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra. 

Habiendo entrado allí escéptico y ateo de extrema izquierda, y aún más que escéptico y todavía más que ateo, indiferente y ocupado en cosas muy distintas a un Dios que ni siquiera tenía intención de negar -hasta tal punto me parecía pasado, desde hacía mucho tiempo, a la cuenta de pérdidas y ganancias de la inquietud y de la ignorancia humanas-, volví a salir, algunos minutos más tarde, “católico, apostólico, romano”, llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable. 

Al entrar tenía veinte años. Al salir, era un niño, listo para el bautismo, y que miraba entorno a sí, con los ojos desorbitados, ese cielo habitado, esa ciudad que no se sabía suspendida en los aires, esos seres a pleno sol que parecían caminar en la oscuridad, sin ver el inmenso desgarrón que acababa de hacerse en el toldo del mundo. Mis sentimientos, mis paisajes interiores, las construcciones intelectuales en las que me había repantingado, ya no existían; mis propias costumbres habían desaparecido y mis gustos estaban cambiados. 

No me oculto lo que una conversión de esta clase, por su carácter improvisado, puede tener de chocante, e incluso de inadmisible, para los espíritus contemporáneos que prefieren los encaminamientos intelectuales a los flechazos místicos y que aprecian cada vez menos las intervenciones de lo divino en la vida cotidiana. Sin embargo, por deseoso que esté de alinearme con el espíritu de mi tiempo, no puedo sugerir los hitos de una elaboración lenta donde ha habido una brusca transformación; no puedo dar las razones psicológicas, inmediatas o lejanas, de esa mutación, porque esas razones no existen; me es imposible describir la senda que me ha conducido a la fe, porque me encontraba en cualquier otro camino y pensaba en cualquier otra cosa cuando caí en una especie de emboscada: no cuento cómo he llegado al catolicismo, sino como no iba a él y me lo encontré. (…) 

Nada me preparaba a lo que me ha sucedido: también la caridad divina tiene sus actos gratuitos. Y si, a menudo, me resigno a hablar en primera persona, es porque está claro para mí, como quisiera que estuviese enseguida para vosotros, que no he desempeñado papel alguno en mi propia conversión. (…) 

Ese acontecimiento iba a operar en mí una revolución tan extraordinaria, cambiando en un instante mi manera de ser, de ver, de sentir, transformando tan radicalmente mi carácter y haciéndome hablar un lenguaje tan insólito que mi familia se alarmó. 

Se creyó oportuno, suponiéndome hechizado, hacerme examinar por un médico amigo, ateo y buen socialista. Después de conversar conmigo sosegadamente y de interrogarme indirectamente, pudo comunicar a mi padre sus conclusiones: era la “gracia”, dijo, un efecto de la “gracia” y nada más. No había por qué inquietarse. 

Hablaba de la gracia como de una enfermedad extraña, que presentaba tales y cuales síntomas fácilmente reconocibles. ¿Era una enfermedad grave? No. La fe no atacaba a la razón. ¿Había un remedio? No; la enfermedad evolucionaba por sí misma hacia la curación; esas crisis de misticismo, a la edad en que yo había sido atacado, duraban generalmente dos años y no dejaban ni lesión, ni huellas. No había más que tener paciencia. 

Se me toleraría mi capricho religioso a condición de que fuese discreto, como lo serían conmigo. Se me rogó que me abstuviese de todo proselitismo en relación con mi hermana menor. Ella se convertiría a pesar de todo al catolicismo, y mi madre también, bastantes años después de ella”. 

Frossard escribió el libro de su conversión, Dios existe. Yo me lo encontré, que mereció el Gran Premio de
la literatura Católica en Francia en 1969, y que se convertiría en un best-seller mundial.
 

En 1985 fue elegido miembro de
la Academia y trabajó en
la Comisión del Diccionario. Muere en París en 1995 a los 80 años de edad, tras haber sido uno de los intelectuales católicos franceses más influyentes de su país en el presente siglo.
 

Para saber mas sobre el, basta que ingresen a Google y pongan su nombre o algunos articulos en http://humanitas.cl/biblioteca/articulos/d0091/ o http://www.almudi.org/App/Asp/Noticias/noticias.asp?n=1102

Categorías: Ideas para morir mejor

Vale la pena enamorarse?

Enero 21, 2007 · 24 comentarios

5Esta vez me saldré un poco del tema central de este blog, no voy a transmitir ninguna idea, sino algunos recuerdos que en uno de sus comentarios me solicitaron que escriba. Recuerdo cuando tenía 20 años que el tema del enamoramiento ocupaba gran parte de mi tiempo. Me la pasaba elaborando estrategias para llamar a las chicas el fin de semana y plantearles un plan realmente entretenido y único.

Ahora ya casado, y viendo quizá de lejos esos recuerdos, no puedo mas que pensar en aquella famosa frase “Es una lástima que el tesoro de la juventud se lo hayan dado a los jóvenes”. Al no conocer el pensamiento femenino no sabíamos como actuar. Bien dicen que a las mujeres “ámalas pero no intentes comprenderlas”. Como me hubiese gustado aprender a leer en los ojos de las mujeres en ese tiempo. Normalmente si una mujer te decía no, era quizá, si te decía quizá era si, y si te decía Si, no era mujer. A todas, sin distinción les encanta que les rueguen, mis lectoras no me dejarán mentir. Pero en general, tanto hombres y mujeres suelen comportarse de la misma forma, dicen lo que piensan pero hacen lo que sienten.

Pero un tema importante es definir que es estar enamorado. Se ha escrito tanto al respecto. Para empezar, nos enamoramos de que? De un cuerpo bonito, de un alma única, solo de las cosas bonitas de la persona…, en general de allí es que vienen después los pleitos, cuando no sabemos aceptar que la persona de la que estamos enamorados es tan humana como nosotros y capaz de todos los errores y de todos los horrores. Yo en lo personal, soy de esos que saben querer con todo el corazón, y cuando me enamoré lo hice de la persona completa, con sus virtudes y defectos, quizá por eso me vaya tan bien con mi esposa, ya nos sabemos “aguantar” en lo que le molesta al otro, sin embargo luchamos por vencer esos defectos. Y es que quizá ese sea uno de los secretos del enamoramiento. Una frase que se me viene a la memoria al respecto es: “Corazón que no quiera, sufrir dolores, Pase la vida libre, De amores, Quien no sabe de penas, No sabe de cosas buenas, Ni ha gustado de amores, Pues penas es el traje, De amadores…”

El amor no es un traje a la medida, o te queda un poquito mas grande o un poquito mas corto, hay que saber adecuarse, con sus pros y sus contras. Dicen que el amor es una enfermedad que si no la contraes puede que no sobrevivas.

Realmente he llegado a la conclusión de que vale la pena enamorarse, y en ese momento darlo todo por esa persona, pero darlo todo significa hacer el bien para ella, no significa hacer lo que ella quiere, sino lo que sea realmente mejor, muchas veces esto no coincide.

Otra cosa que siempre me gustaba hacer era escribir cartas, se que siempre se corre el riesgo de parecer un baboso con una carta de amor, pero bien escrita, no tiene pierde, de esas que “arrancan una lágrima” cuando se leen. Las lágrimas tienen un lenguaje propio, mudo. No hay en el mundo palabras tan eficaces como las lágrimas, dicen mas que cualquier palabra, son la sangre del alma. Allá donde acaba la fuerza de la palabra empieza la eficacia de las lágrimas. Dicen que después de la propia sangre lo mejor que una persona puede dar son las lágrimas.

En fin, me estoy desviando del tema, a los tímidos que están leyendo este artículo, que no encuentran el momento para declararse, les diría que como dice Visa: la vida es ahora. Tengan en cuenta que es doloroso amar a alguien y no ser correspondido, pero lo mas doloroso es amar a una persona y no encontrar el valor para decirle a esa persona lo que sientes. Te quedas como el eterno “mejor amigo”. Aunque claro, el hecho de ser amigo de alguien, y un verdadero amigo, es muy gratificante también. Y en estos tiempos es cada vez mas difícil conseguirlos. Todos se preocupan por tener buenos amigos, pero pocos se preocupan por serlo. Es bueno ser de esos amigos que dan liebre por gato, he dicho bien, liebre por gato, es decir, darles mucho mas de lo que nos dan. Al final la vida da muchas vueltas.

A los que todavía no han tenido enamorada, no desesperen, el amor es como la muerte, que cuando va a llegar, nadie se lo imagina.

En fin, las palabras nunca son suficientes, así que haré una continuación de este artículo. Mientras tanto los dejo con la famosa frase de Lope de Vega:

No hallar fuera del bien, centro y reposo

Mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,

Enojado, valiente fugitivo,

Satisfecho, ofendido, receloso,

Beber veneno por licor suave

Olvidar el provecho, amar el daño

Creer que un cielo en un infierno cabe,

Dar la vida y el alma a un desengaño:

Esto es amor. Quien lo probó lo sabe”

Lope de Vega

Categorías: Ideas para disfrutar la vida

La importancia de comprometerse en algo

Enero 14, 2007 · 1 comentario

7Esta semana he tomado nota de un artículo  de Anibal Cuevas, http://www.anibalcuevas.blogs.com/ que me pareció realmente bueno. El comenta que en una reciente encuesta publicada en España se podía ver que a mas del 80% de los jóvenes de 14 a 25 años les parecía que era muy bueno ayudar a los demás y hacer algo para que el mundo sea mejor. Cuando se preguntó a esos mismos jóvenes si dedicaban algún tiempo a hacer algo concreto para ayudar a los demás y hacer un mundo mejor (en familia, colaborando con  ONGs , etc) la respuesta afirmativa estaba por debajo del 10%. Hay algo que no cuadra: consideran algo como muy bueno , quieren hacer el bien …… pero muy pocos lo hacen. ¿A que se debe ésta contradicción? 

Creo que buena parte se debe a la educación que se da en casa y en el colegio. Un tipo de educación que, potenciada por los medios de comunicación les lleva a identificar amor con sentimiento, lo bueno con lo que les agrada y la libertad con poder hacer lo que les apetezca huyendo de todo compromiso. En nuestra sociedad se da cada vez mas y no solo entre los adolescentes sino también entre los adultos la falta de compromiso. La incapacidad no ya para comprometer la vida sino para comprometerse de una semana para otra. Cada vez se es mas esclavo de lo que apetece en cada momento, como si hubiese que hacer lo que a uno le gusta y no lo que sea bueno para el (muchas veces son caminos opuestos). 

Esa es la gran tragedia de un Occidente lleno de bienestar y ansioso de seguridades. Ante el deseo innato de entrega, de amar y de hacer el bien surgen los miedos al compromiso. La libertad y la felicidad tienen mucho mas que ver con el compromiso y la lucha diaria por ser fiel que con la comodidad, el placer o la apetencia.  

Para tener un proyecto de vida es necesario cultivar la voluntad y estar comprometido con el mismo. Se trata de una piedra preciosa imprescindible para tener una personalidad madura, nos ayuda a decir no cuando es necesario sin hacer de ello un drama.  Hace falta educar ambas virtudes desde
la infancia. Para adquirir la voluntad es necesaria la renuncia a pequeñas cosas cada día, vencerse y no dejarse llevar por los impulsos inmediatos.
 Las personas sin voluntad son capaces de empezar muchas cosas que acabarán dejando cuando falte el entusiasmo, igual que en el amor. Para ser felices hace falta cultivar algo muy humano: la fuerza de voluntad y el compromiso.

Categorías: Ideas para mejorar

Lo mejor del Oscar

Enero 7, 2007 · Dejar un comentario

3Como ustedes recordarán publiqué este artículo hace poco mas de un mes, con el título de El Comercial mas impresionante del mundo. Ayer viendo el Oscar me di con la sorpresa de que ellos también lo habían pensado así y por eso lo incluyeron en la premiación, no exactamente con este comercial, pero si el mismo grupo de coristas imitando el sonido de un conjunto de películas clásicas, todo una obra de arte que vale la pena escucharla. Realmente fue lo que mas me gustó del Oscar. Al márgen de que estoy completamente de acuerdo con el Oscar a Los Infiltrados, como mejor película, no vi en actuación a Forest Whitaker ni a Helen Mirren. Si vi Babel, El Laberinto del Fauno, Cartas de Iwo Jima, y salvo la última, las demás ni siquiera debieron estar nominadas (una opinión muy personal claro está). Pero en fin, para no desviarme del tema, este articulo es el último comercial de Honda para el mercado británico. Es notable, impresionante: un coro ejecuta “a capella” todos los sonidos de un coche al que vemos en segundo plano en el anuncio. Den click a este link:

http://www.honda.co.uk/civic/?campaignid=CM038200W01D&advertiserid=email&bannerid=vemail

Para que vean la importancia de los blogs, Honda decidió preparar el lanzamiento del anuncio en Internet, y lo hizo “sembrando” en foros, blogs y páginas personales una versión de casi 2 minutos diez días antes de la emisión en TV.

El Director de Marketing a nivel mundial de Procter / Gamble, la compañía que tiene el mayor presupuesto a nivel mundial de Marketing, hace poco dijo que el modelo publicitario basado en la interumpción está cerca a la extinción ya que la publicidad se ha sofisticado y es cada vez mas difícil sorprender. Para muestra un botón, un día cualquiera, está probado que vemos en promedio unos 4,000 avisos aprox, entre letreros de la calle, propagandas en radio, televisión, publicherries, afiches, avisos en el periódico, etc. mayoritariamente irrelevantes y en todo caso no solicitados. De cuantos de éstos se acuerdan ustedes? 

Alvaro Gonzales, Director de Boca Oreja, prestigiosa agencia española dijo: Una persona que es realmente graciosa no va diciendo que es graciosa, sino que cuenta chistes, sencillamente. Sin embargo, basta encender la televisión para aburrirse con mensajes publicitarios autocomplacientes que ignoran la capacidad crítica de la audiencia y renuncian a establecer un diálogo con ella.” El nuevo modelo exitoso consiste en darle a la gente motivos de hablar de su producto y proporcionarle las herramientas adecuadas para que esas conversaciones se produzcan rápido y muchas veces. Los blogs son un excelente ejemplo de esta nueva corriente.  Este aviso de Honda que se distribuyó en un principio en blogs, logró que lo vean mas de 14 millones de personas en solo dos semanas, impresionante no?

Categorías: Ideas y articulos varios

Casarse o vivir juntos?

Enero 1, 2007 · 7 comentarios

eMis queridos lectores, espero que hayan pasado un buen año 2006 y hayan celebrado a lo grande la llegada de este 2007. Yo realmente la pase extraordinariamente bien. Hoy les quiero mostrar un artículo de un periodista americano, muy agudo, Dennis Prager, www.dennisprager.com en el cual resume en 5 puntos argumentos no religiosos que fundamentan la propuesta del matrimonio. 

El es autor de “La felicidad es un serio problema: manual de reparación de la naturaleza humana”, y al asistir a las bodas de sus hijos, entendió mejor por qué casarse es distinto que simplemente cohabitar. 

 

“Yo siempre he creído que no hay comparación posible entre vivir juntos y el matrimonio. Hay enormes diferencias entre ser esposo o esposa y ser “un compañero”, “un amigo”, o un “compañero sentimental”; enormes diferencias entre un compromiso legal y una asociación voluntaria; entre levantarse ante la sociedad y anunciar públicamente tu compromiso y el vivir, simplemente, junto a otro. Al asistir a las bodas de dos de mis tres hijos este pasado verano vi las diferencias con más claridad.” 

Primera diferencia: desde que te casas, ves la relación con más seriedad 

No importa lo que pensabas cuando cohabitabas; en el momento que te casas tu relación con el otro cambia. Ahora has hecho un compromiso con el otro como esposo o esposa delante de casi toda la gente importante de tu vida. Ahora ves el uno al otro con una luz diferente, más seria. 

Segunda diferencia: las palabras sí importan 

Las palabras nos afectan profundamente. Vivir con tu “novio” no es lo mismo que con tu “esposo”. Y vivir con tu “amiga” o cualquier otro título que le des no es lo mismo que hacer un hogar con tu “esposa”. Cuando presentas a esa persona como tu esposo o esposa, estás haciendo una afirmación más importante sobre el papel de esa persona en tu vida que con cualquier otro título. 

Tercera diferencia: la legalidad sí importa 

Estar legalmente atado y ser responsable por otra persona es algo que importa. Es un anuncio para él/ella y para ti de que tomas esta relación con la máxima seriedad. Ninguna palabra de afecto, promesas de compromiso, etc… no importa lo sinceras que sean, pueden igualar la seriedad de un compromiso legal. 

Cuarta diferencia: jamás reunirás a tanta gente que te importa 

Para ver lo importante que es el matrimonio para la inmensa mayoría de la gente que te importa, piensa en esto: no hay ningún acontecimiento, ninguna ocasión, ningún momento en tu vida en el que tanta gente que te importa se reunirá en un lugar como en tu boda. 

Ni el nacimiento de ninguno de tus hijos, ni un cumpleaños importante, ni la confirmación o la bar-mitzvah de tus hijos… Sólo hay otro momento en que se reunirá en un lugar la mayoría de las personas que aprecias y que te aprecian: es en tu funeral. Pero, a menos que mueras joven, para entonces casi todas las personas que amas mayores que tú ya habrán muerto. 

Así que tu boda es la mayor concentración de seres amados de tu vida. Y eso es por una razón: es el momento más grande de tu vida. Un momento así no sucederá jamás si no tienes una boda. 

Quinta diferencia: sólo el matrimonio convierte ajenos en familia 

Sólo mediante el matrimonio la familia de tu hombre o tu mujer será tu familia. Las dos bodas transformaron a la mujer que estaba en la vida de mi hijo en mi nuera, y transformaron al hombre de la vida de mi hija en mi yerno. E instantáneamente las bodas me convirtieron en suegro, cuando antes era sólo “el padre de su novio/a”. Fue la idea que más me impactó. Ahora yo era pariente de las parejas de mis hijos. Sus parientes y padres se convirtieron en familia. Nada comparable sucede cuando dos personas cohabitan sin casarse.

Categorías: Ideas para matrimonios felices